Hermione suspiraba, mientras oía los rumores una y otra vez. ¡Ella no estaba embarazada ni...! Bueno, Severus la pasaba peor. Ahora lo tildaban de preocupado por la salud de Hermione y no dejaban de preguntarle, cómo seguía. Harto de escuchar mil veces lo mismo, caminó hacia el despacho de Hermione, cuando el grupo femenino del profesorado, no dejaban de curiosear al respecto. Fingió que le preguntaría y con eso, se las quitó de encima.

La puerta estaba entre abierta así que simplemente entró y decidió perderse en ese abismo rojo dorado. Mientras estaba allí parado, escuchó que algo se movía en la habitación. Caminó con mucho cuidado y notó que Hermione estaba durmiendo.

¡Cómo se movía en la cama! Ya ni siquiera entendía por qué cuando él estaba con ella, no se movía ni un milímetro. Estaba vuelta un desastre en aquella cama.

Se inclinó hacia ella y con una sonrisa maliciosa, acercó su rostro a su oído. Iba a decirle algo, que la despertaría de un dos por tres.

- Ganaste el premio Merlín primera clase.

Hermione se despertó con un salto y miró a su alrededor, con una expresión de felicidad. Mientras contemplaba el lugar, con ansias, Severus se interpuso entre ella y su vista. Hermione alzó la cabeza sin entender.

- Despierta, dormilona- le dijo y ella suspiró, soplando un mechón de cabello, de su rostro. ¡Cómo odiaba que bromeara de esa forma!

- ¿Qué haces aquí?

- Pues fui forzado a venir hasta aquí cuando tu grupo de profesoras amigas, insistían en que debía saber de tu salud. Pero como vives durmiendo, ya ni sé qué decir.

Hermione inspiró con lentitud y se estiró. Caminó hacia su baño y comenzó a cepillarse el cabello, bajo la vista de Snape. Con una sonrisa, se sentó a su lado, cuando él se hubiese sentado en la cama y la mirase.

- Bueno, ¿qué tal si les contamos la verdad? Eso aclararía las cosas y evitaría que tuviésemos que fingir en todo.

- ¿Te caiste de la cama?- preguntó Snape con sorpresa- ¿Es que te has vuelto loca? Si les contara semejante cosa, seguro harían de mi vida, un infierno.

- Sería lindo. Severus Snape, se enamoró...Sería lindo sí.

- Te volviste loca.

Hermione sonrió, mientras Severus la contemplaba fíjamente. Amaba que hiciera eso y muy pronto se lo hizo saber. Sonreía como tonta y lo miraba fíjamente también. Severus la contempló con mucha preocupación. ¿Es que acaso estaba volviéndose loca? Ella ladeó la cabeza y tomó la pequeña margarita que él le había regalado.

- ¿Sabes qué adoro, aparte de esta florecilla?

- ¿Inquietarme?

- No...No seas tonto, Severus. Lo que más adoro, es que me mires de esa forma en que lo estás haciendo, justo ahora. Fíjamente.

Snape pensó que quizá el amor, volvía necia a Hermione. Mientras ella sonreía, sostuvo su mano por un rato y la miró con detalle.

- Gracias por preocuparse por mí, señor director. Sin embargo, como verá, no estoy embarazada ni enferma. Pero puede quedarse si eso desea.

- Estaba pensando, discutir contigo, las visitas a Hogsmade. Minerva se encargaba de eso, así que no sé si tú podrías...

- ¡Oh, por supuesto! ¡Me encantan los niños!

- Y es por ello, que creen que estás embarazada- se burló Snape y Hermione, frunció el ceño con enojo.

- Ya le pusieron nombre a mi hijo, si es niño...- dijo, con cierto enojo. Cierta voz de queja. Severus asintió y meditó.

- Seguro será todo un pelirrojo...

Hermione se levantó y con una sonrisa, colocó su pequeña flor sobre su cabello. Caminó hacia el despacho y recordó que debía irse a almorzar. Severus la siguió, mientras ella se detenía cerca de la puerta. ¿Se habría ofendido con su comentario? Pues continuó siguiéndola, mientras ella abría la puerta.

Al abrirla, se encontró con una pequeña sorpresa que no se imaginó. Había alguien detrás de su puerta.

- ¡Ginny!- pensó- ¿Ginny? ¿Qué estás haciendo aquí?

- Bueno, pensé que una visita...- miró a Severus y suspiró. ¿Por qué seguía sintiéndose extraña de verlo?- Hola, profesor Snape.

- Buenas tardes, señora Potter.

- Y...¡Oh, has traído a la pequeña Lily! ¡Es adorable!- suspiró ella con una sonrisa- ¡Y mira, es pelirroja!

- Por ahora. Los bebés siempre cambian de aspecto- Hermione se apartó para que su amiga de infancia, pudiera pasar. Severus miró a la pequeña Lily, que bostezaba. Sus ojos parecían ser tan claros como los de su padre.

Por una extraña razón, sintió que estaba reviviendo algo que desconocía. Hermione le invitó a sentarse y Severus, caminó hacia la puerta.

- Necesitaba hacerte una pregunta. A ti y al profesor Snape.

Severus dejó de moverse y se mantuvo en su lugar. Hermione asintió con una sonrisa y Ginny prosiguió.

- Quería preguntarte, si querías ser la madrina de mi hija- dijo y Hermione, sintió que había escuchado mal. ¡Qué gran honor! Madrina...

- Oh, ¡Me encantaría!- indicó, mirando a la pequeña- Y supongo que el padrino sería...

- Sí, mi hermano. Harry quiere que lo sea. Aunque yo tengo otro candidato también.

Hermione imaginó que eso sí lo había oído mal. Severus no entendió el mensaje, sino hasta luego de unos minutos. Ginny sonrió.

- El profesor Snape y tú, serían buenos padrinos. Creo que mi hija aprendería muchas cosas, de los tres.

La jefa de la casa Gryffindor, parecía consentirlo. Severus en cambio, lo creía una tontería. ¿Para qué serviría, que él fuese el padrino? No tenía buenos términos con la familia y realmente, tampoco eran de su agrado. No les desagradaban como para morirse, pero tampoco les adoraba. Ginny suspiró, ante el silencio prolongado.

- Sí, es una mala idea.

- No, a Severus y a mí, nos gusta- dijo Hermione y Snape la contempló con sorpresa. Una cosa era ser pareja y otra, que ella tomara sus decisiones.

- En realidad...

- Será un honor- le completo Hermione y Ginny, asintió en silencio- Nos encantará poder servirles en lo que podamos cumplir.

- Muchas gracias, Hermione. Supuse que podrías ayudarme.

- ¿Por qué nos has escogido?

- Por que...Creo que te debo una disculpa, al profesor Snape también. Por eso, siento que mi hija estará segura en sus manos. Por que son capaces de...

- No lo diga. "Enfrentarlo todo con tal de...". Ahórrese las cursilerías...

- Nos encantará ayudarte. ¿Cuándo será la ceremonia?

- Dentro de pocos días. Vendré nuevamente, a avisarles- dijo la mujer, levantándose- bueno, esta pequeña y yo nos vamos. Su padre nos espera. ¿No es así, Lily?

- Entonces nos veremos pronto- dijo Hermione, acariciándole la cabecita a la pequeña Lily- Buena suerte...

- Gracias, la vamos a necesitar. Por cierto, si James hace algo malo, solo castígalo y no escuches sus súplicas...Suele hacerme eso a mí, ya estoy acostumbrada.

- Entendido.

En cuanto se había ido, Severus miró a Hermione, de mala gana. Ella se encogió de hombros y cerró la puerta.

- Supongo que te ha divertido el asunto.

- ¿Y qué íbamos a decir?

- Que no, para empezar.

- Pobre, ella quería solucionar las cosas. Además ¡Imagínate como padrino de una pequeña!

- No me hace gracia...

- Severus, por favor...Hazlo por mí. ¿Sí?- sonrió ella, abrazándolo. Severus frunció el ceño.

- ¿Controlarás mi vida y me obligarás a tomar decisiones que no quiero?

- Llámalo contribución- inspiró ella, apoyando su cabeza en su pecho- no quería ser madrina, sin ti.