Disclaimer: los personajes principales pertenecen a la gran Stephenie Meyer.

Chapter 25

—¿Dónde está Darinka? —fue lo primero que dije al ver a mi esposa de cuclillas junto a mi pequeña April quien sostenía un peluche en su regazo, Bella se irguió de golpe visiblemente nerviosa.

—Amor, por favor ayúdame a llevar al perro a la camioneta es muy grande y pesado para mí —suplicó— Pronto, está muy lastimado.

Sam y yo nos acercamos de inmediato y la cosa peluda no era un peluche era un ¿perro? algo raro pero un perro al final de cuentas y muy grande.

—Bella quizás el perro tiene dueño, no deberíamos llevarlo con nosotros —cuando termine de hablar April se lanzó hacia mí camisa para tirar de ella—.

—Está enfermo papi, no lo podemos dejar aquí… se puede morir —decía mi pequeña demasiado alterada haciendo puños con mi camisa— mami lo va curar, ella es doctora de animales.

No tuve alternativa que llevar a la bola de pelos dentro de la camioneta seguido por los niños quienes se subieron en el asiento trasero mientras Bella se ajustaba el cinturón de seguridad en el lugar del copiloto, iba a protestar cuando mi mujer mencionó segura.

—Darinka viene con Emily.

No hice comentario al respecto solo maneje de regreso a casa al llegar deje al perro en el cuarto de lavandería donde lo deposité en un diván improvisado me percate del cruce de miradas entre Bella y Carmen tampoco mencioné palabra tan sólo salí para cargar en brazos a mi niña quien seguía llorando, decidimos esperar en el comedor hasta que tuviéramos noticias de la bola de pelos. En ese transcurso llegaron Sam junto a Emily quienes se quedaron junto a nosotros, esta última mencionó que mi hija había subido a su recámara.

Minutos después apareció Bella a la vez que April corría hacia ella se abrazó a su cintura elevando su cabeza mirándola con miedo mi mujer le sonrió provocando la euforia de mis niños quienes presurosos se fueron a la lavandería haciendo que todos los siguiéramos; la bola de pelos tenía un cono alrededor de su cabeza para evitar lamiera sus heridas, también llevaba la pata delantera entablillada, seguía estando sucio pero al menos ya no se quejaba.

—¿Qué tipo de raza es? —dije mirando lo grande y peludo que era.

—Es un perro mestizo, es la cruza de un labrador retriever y un caniche estos perros son conocidos como: labradoodle, son perros hipoalergénicos muy obedientes y cariñosos. No entiendo como hay personas que pueden hacerles daño —respondió acariciando el pelaje rizado del perro—.

—Yo te cuidaré oreo —dijo April imitando el gesto de Bella.

—¿Oreo? —intervino Sam— ¿por qué ponerle un nombre tan gay? Porque no le pones dirty o algo así —mi pequeña lo miró ceñuda y Sam levantaba las manos en señal de rendición—.

—Solo por esta noche oreo dormirá en casa —soltó Bella como si nada.

Me recoste en la cama esperando por Bella que estaba en la habitación de Darinka, necesitaba explicaciones…

Abrí los ojos de golpe cuando escuché fuertes carcajadas voltee al lado del ventanal justo donde provenían las risotadas, y mire la claridad que se colaba por las cortinas blancas, me incorpore en la cama frotando mis manos sobre mi rostro ¿me había quedado dormido? ¡Sí, lo hice! Maldije varias veces antes de patear las sábanas y camine hasta el balcón vestido únicamente con unos bóxer, tan sólo para comprobar cómo jugaba mi familia con la bola de pelos quien parecía molesto sacudiendo el agua y jabón con que lo aseaban eso automáticamente me sacó una sonrisa al ser testigo de la manera que los mojaba.

Me duché y vestí de forma inmediata para desayunar junto a mi familia lo cual pasó entre cuchicheos y miradas cómplices por parte de las mujeres ha decir verdad no quise interferir en la bella sonrisa de mi hija, esta mañana sus bellos orbes miel brillaban más que otros días, ¿quizás por no llevar gafas? Quería imaginar que era por eso.

Sin mucho que agregar el día pasó sin sobresaltos y mi mujer hizo hasta lo imposible por evitar quedarse a solas conmigo, hasta que llegó la noche y no le quedó alternativa que enfrentarse a mi.

—Pensé que estabas dormido —pronuncio Bella un poco agitada cuando entró a nuestra recámara, yo cerré de golpe el libro que leía mientras la veía correr al baño—.

—Y bien —resople, logrando que se detuviera abruptamente— ¿A que se debe tanto cuchicheo? —se giró lentamente para mirarme tan risueña como siempre—.

—Estamos felices con la llegada de oreo, su evolución ha sido… —la interrumpi.

—¡Qué graciosa! —exclamé, dando palmadas en la cama indicando que se sentará— Bella, no quiero que andes de alcahueta con Darinka, ella es solo una niña y por el bien de todos así deseo que se mantenga por muchos años más.

Caminó lento con su mirada fija al piso hasta llegar a la cama donde se sentó lo más alejada de mi, abrazo sus piernas mientras apoyaba el mentón en sus rodillas y empezó a murmurar palabras ininteligibles.

—Edward, lo que ha ella le está pasando es lo más normal —suspiró— está viviendo su primer ilusión con un chico, ¿no veo lo malo? No puedes tenerla todo el tiempo aquí encerrada, necesita salir a distraerse con chicos de su edad.

—¡Tiene catorce años! Es una niña que apenas hace días jugaba con muñecas junto a su hermana pequeña —grité molesto poniéndome de pie para salir a buscar a mi bebé—.

—¡No grites y siéntate! —ordenó— Déjame manejar las cosas a mi, tu serás quien le de los permisos y yo me encargo de llevarla y traerla.

—De ninguna manera, yo no daré nada ni tú tampoco. Es más yo no quiero volver hablar de esto… lo único que espero es que el verano pase rápido para no volver a ver al mocoso por aquí y te lo advierto Isabella no quiero enterarme de otra cita de Darinka con Seth —apague la lámpara para meterme entre las sábanas— es más no quiero verlos solos lo que resta del verano.

Me acosté dándole la espalda estaba realmente molesto y no deseaba seguir discutiendo, cuando escuché una suave risa en mi oído al tiempo que unos dedos traviesos acariciaban mi espalda baja provocando un cosquilleo en mi piel.

—Te ves tan tierno…celoso —ronroneo, enredando su pierna en mi cadera pegando sus senos en mi espalda y ¡mierda! No traía ropa. Sus pezones erectos se frotaban en mi y mi coraje parecía estarse disipando, puse mi palma sobre su pantorrilla y empecé acariciando lento la suave piel de su pierna mientras ella besaba mi lóbulo… entonces supe lo que estaba haciendo de un movimiento rápido la atrape entre mi cuerpo y el colchón.

—No me vas a convencer —tomé sus muñecas llevándolas encima de su cabeza— dije que no quiero hablar del tema y así será… tampoco quiero que intervengan Emily, Carmen y mucho menos tú.

—Eres un… —dijo removiendose debajo de mi— cabezota y aparte celoso.

—No me importa, no dejare que se acerquen a mis hijas y mucho menos a ti —al instante dejó de moverse y supe que había hablado de más—.

—¿Qué tengo que ver yo? Estas celoso de… mi, ¿por qué?

Sin quitarme de encima de ella comencé a besar su cuello ahora era mi turno de distraerla seguí besando hasta llegar a su hombro, solté sus muñecas para ocupar mis manos en sus senos cosa que ella aprovechó para incorporarse en la cama y encender la lamparilla, me miró interrogante sin siquiera cubrir sus pechos.

—Me molesta que sonrías tanto a Demetri —confesé sintiéndome estúpido, mientras sus labios formaban una "o" pestañeo un par de veces tal vez saliendo de su estupor—.

—Edward, siempre mencionaste que no eras celoso… al menos conmigo —murmuró bajando su mirada— recuerdo muy bien cuando te contaba que salía con amigos y a ti parecía no interesarte, por supuesto no hacía nada indebido pero siempre te mostrabas indiferente respecto al tema.

Me sentí avergonzado que se sintiera menospreciada, era verdad al principio de nuestra relación yo no mostraba interés más allá de tenerla en la cama lo que no me resultó nada difícil cuando a la segunda cita conseguí tenerla justo donde quería, haciendo que nuestra relación fuera netamente sexual los primeros meses. Recuerdo todas las veces que ella emocionada me platicaba sus días en la universidad y lo popular que era para el género masculino yo hacía el que la escuchaba sin siquiera interesarme sus conversaciones de adolescentes, tan sólo porque moría por verla con mis camisas después de terminadas nuestras sesiones de sexo, eso era realmente lo que me volvía loco.

Asqueado por recordar todo aquello sacudí mi cabeza tratando de no volver a pensar en el pasado.

—Lo admito, estoy celoso —confesé— es que cuando le sonríes o cruzas palabra con él siento que me vuelvo loco de rabia.

—Yo no, nunca he tenido la intención de molestarte —tiró de la sábana para cubrirse— siento haberte incomodado. Demetri no significa nada para mi… por favor créeme.

—Lo sé amor, confío en ti pero soy hombre y creo que uno muy celoso —tiré de su pie sacándole un grito de sorpresa para dejarla nuevamente debajo de mi— te amo, te amo tanto.

—Te amo, más —dijo en una leve risita por como mi nariz recorría el hueco de la unión entre el cuello y su clavícula— Edward, deja que Darinka salga con Seth.

Y aquí vamos de nuevo. Me quite de encima y me acosté en mi lugar… ¿no se quien era más terco?

.

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El verano paso lento, muy lento para mi gusto, cuando descubrí que para mi hija era el primer verano pintado de corazones; su primer ilusión, sus suspiros un tanto exagerados, sus miradas embelesadas hacia una sola persona, sus sonrojos, su falta de apetito, sus más de diez cambios de ropa al día y después de mucho insistir por parte de mi esposa termine por aceptar que mi hija necesitaba vivir todo lo que una adolescente quiere su primer novio. No fue nada fácil para mi, sobretodo cuando el novio de tu hija está de invitado en tu casa, así que puse mis reglas: no muestras de cariño delante de mí y sus hermanos, no citas solos siempre tenía que acompañarlos alguno de mis otros hijos a donde quiera que quisieran ir y por último Seth no entraba por ningún motivo en la recámara de Darinka.

Desde ese verano el cambio en mi hija fue muy significativo, terminó por aceptar a Bella que se había convertido en su mejor amiga ahora era lo más normal encontrar a Darinka en nuestra habitación secreteando con mi esposa, compartiendo risas y consejos de moda. También la vi llorar y ser consolada por Bella cuando llegó el fin de las vacaciones y Seth regresó a Chicago, no era que me gustara ver a mi princesa llorar pero algo dentro de mí se alegraba porque estaba seguro que esa ilusión pasajera terminaría en cualquier momento.

El curso del tiempo no se detenía el calor infernal fue sustituido por una lluvia de hojas amarillentas y marrón la estación favorita de mi Bella quien aprovechaba cada tarde para leer desde su lugar favorito donde solía pasar horas muchas de las veces con su mirada perdida entre los árboles que rodeaban el acogedor columpio.

El crudo invierno llegó y con él nuestro primer aniversario un par de copas de vino junto a la chimenea y oreo mudo testigo de lo que allí pasó fue suficiente para nosotros.

La navidad y el año nuevo lo pasamos con mis padres, yo no tenía suficiente tiempo para viajar. Lo peor fue ver la cara de decepción de los niños cuando les informamos que no podríamos viajar a Chicago porque los padres de Bella también pasarían con nosotros las festividades.

—Tal parece que los Swan no les agrada mucho la idea de tener a su hija viviendo aquí —mencionó mi padre justo cuando caminábamos a casa—.

—Cómo padre comprendo su reacción, ellos esperaban un príncipe azul para su única hija —encogí mis hombros— Entonces llego yo… viudo con 3 hijos y 12 años mayor. Y para colmo viviendo en medio de la nada, trabajando como loco sin tener tiempo para hacer gran cosa. —al instante me arrepentí de mis palabras cuando mire el semblante de tristeza que tenía mi padre—.

—Edward, se lo difícil que ha sido encargarte de todo esto —dijo cabizbajo— se que tu pasión siempre fue la ingeniería y dejar tus sueños por seguir manteniendo los míos ha sido muy egoísta de mi parte.

—Lo siento papá, no fue mi intención hacerte sentir mal.

—Lo sé pero tienes razón, este lugar te consume tanto que nunca hay tiempo para nada y cuando te das cuenta de eso, es demasiado tarde porque tu familia crecerá tan rápido que un parpadeo se abran ido hacer sus vidas y uno estará convertido en un anciano quejoso siempre lamentándose por no querer abandonar lo que cree es su vida.

—Papá… —insistí nuevamente para que no siguiera con el tema.

—No hijo. No quiere que pases por lo mismo que yo, que nunca tuve tiempo para llevarlos a un partido de béisbol, nunca fui un solo día a su escuela, porque siempre estaba sucio en medio de animales siempre dejando que su madre se hiciera cargo de todo, de algún modo yo he sido el culpable de toda esa amargura con la que Esme ha vivido.

—Gracias a tu esfuerzo y dedicación somos los mejores exportadores, sin ti no lo hubiéramos logrado nunca, gracias a todo tu tiempo invertido estudiamos en la mejores universidades, sin ti Emmett no estuviera donde está ni viviera como vive. Y yo estoy orgulloso de poder continuar con el negocio familiar aunque no sea muy bueno y siempre esté fallando como ahora —señalé los libros de contabilidad que llevaba en las manos—.

—Tranquilo, hijo. Hallaremos la solución, estoy seguro que será un malentendido —habló mi padre con voz apacible—.

¿un malentendido? Era una suma considerable de dinero que hacía falta en los registros de contabilidad y por extraño que parezca no había rastro por ningún lado. Cuando llegamos al despacho nos sumergimos entre los libros tanto actuales como pasados hasta que vimos la claridad desaparecer por la ventana.

—Localiza a Demetri y a Sam —mencionó Carlisle visiblemente cansado, quitó sus gafas y lo vi masajear sus párpados con sus dedos era señal que estaba nervioso—.

—Desde hace tiempo no se nada de Demetri —mi padre me miró interrogante— hace poco más de medio año dijo que se iría de viaje días después de su partida solo me habló y dijo que había conseguido un buen trabajo en Delaware. Yo no insistí en saber nada más y lo deje pasar.

—¿Y lo dejaste irse así, como si nada?

—En ese entonces estaba molesto y no deseaba verlo —pase mis dedos por mi cabello lleno de frustración por haber actuado de forma estúpida, saque mi celular para marcarle después de tantos meses tan sólo para que la operadora dijera que ese número estaba fuera de servicio—.

Después de llamar a Sam y asegurar que llegaría en el primer vuelo disponible, Bella entró con un par de tazas humeantes y las puso sobre el escritorio.

—Cocoa caliente —dijo un poco cohibida cuando notó el semblante acongojado de Carlisle.

—¿Pasa algo? —musitó mi esposa acercándose a mi.

—Demetri tomó dinero que no le pertenece —contestó mi padre.

—No sabemos si él lo hizo, ni siquiera podemos acusarlo sin pruebas —respondí ganándome una mirada de advertencia por parte de papá.

—¿Sirve de algo un reporte mensual de su cuenta bancaria? —cuestionó Bella tendiendo su celular en manos de mi padre, él miró por un momento la pantalla y su tez palideció de inmediato.

Chicas... Lamento la tardanza mil disculpas por hacerlas esperar, es que este capítulo lo he modificado tanto porque no me sale, en fin no quedó como yo esperaba. Lo único bueno es que ya está terminado el capítulo 26.

Muchas gracias por sus reviews, por sus alertas y favoritos.

Besos en sus hermosos cachetes.