Disclaimer: Todos los personajes, salvo Edmund, le pertenecen a Rowling, aquí sólo nos divertimos.
Hermione y Edmund compartían el asiento trasero del taxi en silencio. La chica se sorprendió cuando él llegó a buscarla a casa con un auto esperando. Apenas si la saludó, tan amable como siempre y la apremió a subir al vehículo. Ya llevaban algo más de diez minutos en marcha y apenas si se atrevía a lanzarle miradas curiosas; pero él se mantenía callado, con una sonrisa apenas asomándose en sus labios.
- Vamos, Hermione, no sigas conteniéndote; vas a reventar.- le dijo en voz baja volviendo a verla.
- ¿De qué hablas?- replicó ella confundida.
- Debes de tener muchas ganas de preguntarme a dónde vamos, porqué pasé a buscarte en taxi y no en mi auto, etc.- refirió Edmund.
- Bueno, ha cruzado mi mente.- reconoció Hermione.
- Ya lo imaginaba. Te explicaré; aunque no hay gran misterio, ¿sabes? Como te dije la otra noche, pensé que podríamos salir y divertirnos un poco. Sé que los últimos años los has pasado en la escuela y las vacaciones no acostumbras estar aquí, salvo contadas excepciones, ¿verdad?- le preguntó él viéndola con atención.
- Tienes razón. Cuando no estoy en Hogwarts, casi siempre paso el tiempo con Harry y Ron.- aceptó la chica hablando sin pensar y notando al instante la sombra que pasó por la mirada del hombre al nombrar al otro chico.
- Comprendo. Como decía, pensé que podríamos dar un paseo por la ciudad, ir de aquí para allá, sin preocuparnos por hacer planes o la hora; sólo nos divertiremos, ¿qué dices?- propuso Edmund retomando su tono despreocupado.
- Suena bien, porque hace mucho que no paseo por Londres y sé que hay muchas cosas nuevas que no he podido ver.- concordó Hermione empezando a sentirse más cómoda.
- Entonces yo seré tu guía, ¿me concedes ese honor?- preguntó Edmund con tono bromista.
- Claro.- aceptó ella sonriendo también.
- Perfecto. En ese caso, aquí empezamos. Señor, deténgase, por favor.- ordenó dirigiéndose al conductor en voz alta.
En cuanto el auto se detuvo, Edmund bajó para ayudar a Hermione a hacer lo mismo y luego de pagarle al chofer, tomó a la joven del codo y extendió un brazo ante sí.
- Soho. Empezaremos por el centro de la ciudad.- anunció él.
Hermione contempló encantada el barrio ubicado en el corazón de Londres. Cuando era niña, lo visitaba con frecuencia. Era increíble lo lleno de vida que estaba y la cantidad de comercios que se podían encontrar. El lugar era enorme y bullicioso, pero eso nunca le molestó; pensándolo bien, casi parecía la versión muggle del Callejón Diagon.
Empezaba a dar unos pasos hacia una de las tiendas que llamó primero su atención, cuando sintió que Edmund ponía una mano en su hombro y la volvía hacia sí con suavidad.
- Hermione, antes de empezar, ¿puedo pedirte un favor?- pidió muy serio.
- Sí, claro.- aceptó algo confundida la chica.
- ¿Recuerdas cuando nos conocimos en el baile y cuán cómodos nos sentimos conversando a pesar de que casi no nos conocíamos?- rememoró.
- Por supuesto que me acuerdo.- indicó la joven aún extrañada.
- Lo menciono porque he notado lo nerviosa que te pones cuando estás a mi lado o cómo te encierras en ti misma. Entiendo que después de lo que confesé que sentía por ti y con la situación tan incómoda en la que sin querer te he puesto, es natural. Pero, al menos por hoy, vamos a intentar volver a ser sólo esas dos personas que tienen mucho en común, que están en un lugar increíble y quieren pasarlo muy bien. En otras palabras, sé mi amiga, háblame de lo que te gusta y lo que te molesta; si prefieres estar en algún otro lugar, siéntete libre de decirme lo que quieras y confiar en mi; te prometo que yo haré lo mismo.- le dijo Edmund contemplándola con algo de ansiedad.
Hermione guardó silencio un instante, al parecer sopesando sus palabras.
- No creo que vaya a ser fácil dejar a un lado todo lo que ha pasado, pero haré un esfuerzo; de verdad quiero conocerte, Edmund.- le aseguró con una tenue sonrisa.
- Gracias, es lo mismo que quiero yo. Bien, empecemos de nuevo. Edmund, a tu servicio.- extendió la mano muy serio.
- Hermione.- le siguió el juego la chica estrechando su mano.
- Encantado, Hermione. Ya que vamos a empezar recorriendo Soho, ¿qué te parece si usamos el medio más original?- propuso, señalando a un lado con la cabeza.
Hermione volvió a ver entre el grupo de gente andando y su mirada se posó en uno de esos coches tirados por hombres en bicicleta, los famosos Rickshaws.
- ¿Estás loco? Nunca he subido a uno de esos.- exclamó horrorizada.
- La verdad es que yo tampoco, pero al parecer es toda una experiencia. Vamos, Hermione, si puedes con una escoba, puedes con eso.- le susurró al oído.
- Pero es que tampoco me gustan mucho las escobas.- explicó ella hablando también en voz baja.
- No importa, aquí tú no eres quien guía de cualquier modo. ¿Dónde has dejado tu sentido de la aventura?- la desafió sonriente.
- No creas que lo tengo muy desarrollado, casi siempre que me he metido en una ha sido contra mi voluntad, créeme. Muy bien, sólo para que no me mires así; pero si ese pobre hombre termina lanzándonos a la acera, será tu culpa.- aceptó al fin, encaminándose a uno de los coches.
- Tomaré el riesgo. Ven por aquí.- le dijo Edmund tomándole la mano y llevándola al más cercano.
La chica pareció algo incómoda al sentir el contacto, pero luego se recordó que tenía que calmarse y disfrutar el día, ¿por qué no dejarse llevar un poco?
- Disculpe, señor, ¿está disponible?- preguntó Edmund al conductor.
- Claro, suban. ¿Para dónde?- le dijo el hombre.
- Sólo demos un paseo, ya le indicaremos dónde nos quedamos.- indicó el otro, en tanto ayudaba a Hermione a subir y hacía él lo mismo.
- Señor, ¿está seguro de que puede con nosotros?- preguntó la joven sin ocultar su preocupación.
- Señorita, llevo gente todo el día, hasta familias completas. Si no tuviera que trabajar podría ir a correr el Tour de Francia y le aseguro que lo ganaría.-le replicó el hombre confiado y poniéndose en camino.
- Si usted lo dice.- aceptó ella dudosa, pero sin decir más al respecto.
- Mira.- le señaló Edmund.
- Eso es Picadilly Circus. Vamos luego, ¿si?- pidió emocionada.
- Como gustes. Allí a lo lejos está Bettersea Park; podemos almorzar allí y ver ese templo japonés que está al margen del río.- sugirió él.
- Hay un zoológico también y creo que allí cerca está ese pequeño parque antiguo, ¿cómo es que se llama?- se preguntó.
- Soho Square, señorita.- intervino el conductor.
- Sí, claro, gracias. No creo que podamos verlo todo, Edmund.- observó la chica a su compañero.
- Haremos lo mejor que podamos, ¿vamos al Barrio Chino para ver los comercios? Es como ir a otro país.- sugirió Edmund.
- Eso estaría muy bien; me gustaría comprarle algo a mi madre, le encantan las cosas que venden allí y hace años que no lo visita.- aceptó Hermione gustosa.
- Ya oyó a la señorita.- le dijo Edmund al conductor, recostándose en el asiento y sonriéndole a la chica, que correspondió el gesto.
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Después de pasear por el Barrio Chino y dar un par de vueltas por los comercios, Edmund convenció a Hermione de entrar a un conocido café de la zona para descansar y tomar alguna bebida.
- Al menos traje zapatos cómodos.- comentó la chica suspirando y bebiendo un sorbo de su refresco.
- Lo noté en cuanto pasé a buscarte; sino te habría pedido que los cambiaras, aunque eso habría arruinado la sorpresa.- le dijo Edmund.
- Y habría sido una pena, porque fue algo bueno para descubrir. A mi mamá le va a encantar este Buda.- mencionó Hermione señalando una pequeña bolsa a su lado.
- No lo dudo, es muy bonito; aunque creo que ese vendedor realmente intentaba abusar con el precio.- señaló él, frunciendo ligeramente el entrecejo.
- Pero es parte de la diversión. Ya sabes, regatear. Fue muy gracioso cuando empezó a bajar el precio antes de que yo pudiera decir nada, porque tú te veías tan ofendido y todo…envarado.- recordó la chica entre risas.
- ¿Envarado?- se extrañó él.
- Sí, parecías todo un lord. Bueno, eres uno, pero nunca lo había visto tan claro, casi lo había olvidado. Creo que al pobre hombre le dolerá la espalda por días debido a todas las reverencias que te hizo cuando nos fuimos.- mencionó la joven sacudiendo la cabeza sin dejar de reír.
- Muy graciosa. Búrlate cuanto quieras, creo que yo reiré al final cuando deba sacarte a rastras del museo.- le dijo Edmund con expresión vengativa.
- ¡El museo! Edmund, ¡los museos! El de Londres está muy cerca y si tomamos un taxi llegaremos antes de que cierren el Albert y Victoria; ¿cómo pude olvidarlo?- se preguntó la chica golpeándose la frente con la mano.
- Tenemos que hacer un trato desde ya al respecto. Sólo un museo; el de Londres, que nos resulta más cerca y será una visita rápida. Podemos ir después del almuerzo.- señaló Edmund.
- ¿Visita rápida? No puedes hacer una "visita rápida" a un museo y menos al de Londres.- replicó la chica enérgica.
- Puedes, si es que te concentras en ver lo más resaltante. Especialmente si no es tu primera visita, porque sospecho que ya has ido, ¿o estoy equivocado?- le preguntó con una ceja alzada.
- Quizá un par de veces; bueno, algunas más, no lo recuerdo exactamente. Pero es un gran museo.- indicó Hermione con fervor.
- Lo sé, también a mi me gusta. Pero si nos abocamos a él nos tomaría todo el día y esa no es la idea.- descartó el hombre con firmeza.
- Acepto dos horas de recorrido, mínimo.- propuso la joven.
- Una.- replicó Edmund.
- Una y media, si evitamos las visitas guiadas y no cederé más.- le advirtió Hermione con tranquilidad.
- Está bien. Vaya que eres una buena negociadora; no me necesitabas en esa tienda, después de todo.- aceptó Edmund levantando las manos en señal de rendición.
- ¿He sido muy antipática? Tampoco quiero imponerme, esta salida es para que ambos nos divirtamos.- mencionó Hermione viéndose apenada.
- En lo absoluto; estás siendo la chica honesta que no teme decir lo que piensa y eso me alegra.- le sonrió.
- De acuerdo. ¿Ahora qué hacemos? ¿Quieres que vayamos a otras tiendas? Tal vez quieres comprarle algo a tu madre.- sugirió la chica terminando su bebida.
- No lo creo; siempre es complicado comprarle algo y si lo hago sé exactamente a qué tienda ir. Pero el día de hoy está dedicado exclusivamente para ti.- le dijo brindando con su vaso en son de chanza.
- Gracias.- apreció la joven falsamente ceremoniosa.
- Bueno, creo que ya hemos tenido bastante descanso. Démonos prisa o perderemos tiempo.- la apremió él, poniéndose de pie para retirarle la silla, luego de dejar un billete en la mesa.
- ¿Podemos ir a ese parque antiguo del que te hablé antes?- preguntó Hermione siguiéndolo fuera del local.
- Claro. Y en el camino puedes contarme algunas cosas de ti, tengo algo de curiosidad por algunas cosas que he oído.- le comentó Edmund.
- ¿Qué clase de cosas?- le preguntó la chica desconfiada.
- Cosas de tu vida, lo normal. Podrías hablarme tal vez acerca de ese baile al que fuiste hace unos años con ese famoso jugador de Quidditch.- mencionó Edmund con intención.
- ¡¿Víktor?! ¿Y de dónde sacaste eso?- replicó la joven ruborizada.
- Lo escuché por ahí. No tienes que decir nada si no quieres. Sólo que me pareció un tema muy interesante, ya sabes, para conocer un poco más de tus gustos.- indicó el hombre encogiéndose de hombros y adelantándosele.
- ¡Edmund! ¿Quién te contó de eso? ¡No me digas que fue el profesor Dumbledore!- le dijo Hermione sujetando su chaqueta y viéndolo horrorizada.
- ¿Cómo se te ocurre? Lo leí en el diario hace años; te conté que mi madre lo recibe siempre. Pero no te preocupes, no estoy celoso por eso; eras joven e impresionable.- bromeó sin dejar de caminar.
- ¡No es gracioso! Y no era impresionable, Víktor es un gran chico, ¿porqué nadie entiende eso?- se preguntó ella poniendo los ojos en blanco.
- No dudo que lo sea; en todo caso, sólo puedo alabar su buen gusto.- resaltó el hombre riendo.
- ¡Edmund!- lo reprendió ella con severidad.
- Vamos, sólo era una broma, no lo tomes a mal.- le pidió sin dejar de reír al tiempo que le pasaba un brazo por los hombros con ademán cariñoso.
Hermione iba a reaccionar a ese gesto y a preguntarle si por casualidad no estaría emparentado con los Weasley por el lado materno, cuando le pareció oír que la llamaban por su nombre.
- ¡Hermione! – se acercó gritando un chico alto y de tez negra con una camiseta de un equipo de fútbol.
- ¡Dean, hola! ¿Qué haces aquí?- preguntó sorprendida al muchacho.
- Vine con mis hermanos a la tienda oficial del equipo; ya salieron las camisetas de la nueva temporada.- explicó señalando la que traía puesta.- ¿Y tú?- inquirió viendo al hombre a su lado.
- Estoy de paseo. Él es Edmund.- presentó.- Edmund, este es Dean, un compañero de la escuela.
- ¿Cómo estás?- saludó el mayor estrechando la mano del chico sin bajar el brazo y dándole un suave apretón a la joven.
- Mucho gusto.- replicó Dean sin perder detalle de la familiaridad del hombre para con Hermione.
- ¿Y cómo va todo?- inquirió la chica algo inquieta.
- Bien; he aprovechado para avanzar algunos deberes, lo normal. ¿Qué tal las fiestas?- replicó Dean.
- Muy bien, todo tranquilo.- dijo Hermione.
- Yo igual; espero que mis padres permitan que mi hermano y yo podamos pasar el Año Nuevo con unos amigos. Oh, no, ahí viene el menor. Es un latoso, mejor me voy antes de que empiece a fastidiar. Nos veremos pronto, fue un placer.- se despidió muy rápido de los dos, no sin antes dirigirles una mirada extrañada.
Ambos lo vieron escurrirse entre los vendedores, esquivando a un chiquillo de unos diez años que alcanzó a verlo y corrió detrás de él.
- ¿Pasa algo malo?- preguntó Edmund con voz grave.
- No, claro que no.- respondió ella con presteza.
Edmund retiró el brazo de sus hombros y le hizo dar vuelta con suavidad para verla de frente.
- Tienes miedo de lo que ese muchacho le cuente a Harry.- afirmó él.
- Él ya sabe que iba a salir contigo.- replicó Hermione con la vista baja y semblante pensativo.
- ¿Entonces cuál es el problema?- insistió Edmund.
- No lo hay. Todo está bien, en serio.- le aseguró levantando la mirada y hablando con seguridad.
- ¿Segura?- preguntó Edmund dudoso.
- Absolutamente. ¿Vamos a ese parque ahora?- prepuso intentando esbozar una sonrisa.
- Muy bien, y luego iremos a almorzar.- aceptó él, más tranquilo.
- Perfecto, porque empiezo a sentir hambre.-comentó Hermione.
- En ese caso, no hay tiempo que perder.- la guió Edmund entre los peatones.
A unas calles, oculto tras unos vendedores ambulantes y manteniendo a su hermano pequeño en silencio, Dean contemplaba la escena con el entrecejo fruncido.
- ¡Vamos, Dean! Quiero ver a los malabaristas.- se quejó el pequeño.
- Pues tendrás que ir con Eric; yo tengo que volver a casa.- le dijo su hermano.
- ¿Porqué? Aún es temprano.- rezongó el niño.
- Necesito enviar una carta.- se limitó a decir el muchacho, con expresión preocupada.
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Los señores Weasley, Harry, Ron y Ginny terminaban de almorzar, mientras comentaban las últimas novedades. Las cosas estaban mucho más tranquilas desde que los gemelos regresaron a su departamento en Londres. Según ellos, la cercanía de las celebraciones de fin de año hacía que las ventas aumentaran aún más.
Su madre, que los conocía muy bien, suponía que su ausencia tenía algo también que ver con la aparente discusión que habían sostenido con Harry, aunque no logró sacarles ni una palabra al respecto y otro tanto le ocurrió con Ron. Empezaba a preocuparle ese aire ausente en Harry; algo le estaba inquietando y mucho, pero no sabía como ayudarle. Sólo tenía una idea y no estaba segura de qué tan buena fuera en realidad.
Cuando todos se levantaron para ayudar a levantar la mesa, la señora intercambió una significativa mirada con su esposo y éste, algo incómodo, le hizo algunos gestos negativos, pero ella insistió sin palabras.
- Este…Harry, creo que Ron y Ginny podrán ayudar a su madre. Tengo algunos objetos muggles de la última redada que traje para inspeccionar y creí que tú podrías darme una mano con eso. Yo sé algo al respecto, pero tú debes de conocer mucho más del asunto.- le dijo el señor al muchacho.
- ¿Trajiste cosas de tu última redada? Creí que estaba prohibido.- observó Ron sin reprimir su curiosidad.
- No cuestiones el trabajo de tu padre.- intervino la señora con rapidez.
- No lo hacía, sólo era un comentario.- se defendió el muchacho algo ofendido.
- Si puedo ayudarlo, lo haré con gusto. ¿Vamos ahora?- se ofreció Harry.
- Sí, por favor. Los dejé en el granero.- indicó el señor guiándolo por la puerta trasera hacia el edificio ruinoso.
Harry recordaba que era allí donde el señor Weasley acostumbraba guardar los cachivaches muggles que escondía de su esposa, incluido el auto que él y Ron perdieron hacía varios años.
- Pasa, pasa.- lo invitó el señor usando su varita para abrir algunas ventanas y así entrara algo de luz al lugar.
El muchacho dio una mirada alrededor, sorprendido por la cantidad de cosas que el buen hombre estaba acumulando. Con todo eso, podría amoblar una casa muggle sin problemas.
- Bueno, ¿por dónde quiere empezar? ¿Hay algo de lo que desconfíe especialmente?- preguntó el chico.
- Verás; hay de todo un poco, como habrás notado. Hice un listado, pero dejé el pergamino en el trabajo. ¿Porqué no nos sentamos y me hablas un poco sobre esto? No le he visto nada malo, pero no logro que funcione.- propuso el señor, haciéndole lugar en un sillón medio cojo y dándole vuelta a un objeto entre las manos.
- Señor, esto es una radio; algo antigua, por cierto. Es como la que tienen ustedes, sólo que funciona con energía eléctrica o baterías.- señaló el joven, sentándose a su lado.
- Algo de eso ya sabía, pero no tengo esa energía por aquí y los ¿cómo era? Ah, si, las baterías que guardo no parecen funcionar.- le explicó el señor Weasley.
- Déjeme verlas.- pidió el muchacho.
- Aquí están, me dijeron que son cuatro.- le indicó al tiempo que sacaba las baterías de un cajón.
- ¿Y no funciona?- preguntó Harry buscando el compartimiento para introducir las baterías.
- ¿Qué haces?- preguntó el hombre a su vez.
- Las estoy probando. Sí, escuche; parece que están algo gastadas, pero funcionan.- le hizo notar el muchacho moviendo el dial.
- ¿Iban dentro?- exclamó el señor asombrado.
- Desde luego que… ¿usted qué hizo exactamente?- inquirió extrañado Harry.
- Les puse un hechizo adherente a los lados, ya sabes, para que les pasaran la energía. Estos muggles hasta se preocupan de que no se vea mal, guardándolas dentro. Nunca se me habría ocurrido, benditos sean.- mencionó el hombre admirado.
- Sí, claro, muy listos. ¿Hay algo más con lo que pueda ayudarle?- preguntó el muchacho.
- Algunas cosas, pero no hay prisa. Déjame ver eso un momento.- pidió el señor.
- Aquí tiene, puede usarla igual que su radio, sólo no vaya a retirar las baterías.- lo instruyó el chico, dándole el aparato.
- Ya entendí esa parte. Oye, Harry, ¿y cómo va todo?- inquirió el señor Weasley.
- ¿Se refiere a la escuela? Bueno; como dijo Ron el otro día, nunca habíamos estudiado tanto. Pero con lo de los EXTASIS ya lo imaginaba; sólo tenemos que esforzarnos un poco más.- señaló el joven sin darle demasiada importancia.
- Claro, claro, muy buena manera de verlo. Y, este… ¿Qué pasa con lo demás?- insistió el señor jugando con los botones de la radio.
- ¿Lo demás?- repitió Harry, viéndolo interrogante.
- Sí, las cosas fuera de los estudios; los amigos, las amigas, esas cosas de muchachos.- se intentó explicar el hombre.
- Señor Weasley, ¿por casualidad su esposa le pidió que hablara conmigo?- le preguntó el chico sin rodeos.
- ¡Por supuesto que no!- negó el señor con demasiado énfasis.
- ¿En serio?- replicó Harry sin ocultar su escepticismo.
- Bueno; tal vez hizo algún comentario respecto a que te ves un poco raro últimamente, pero no es algo que se me haya pasado. Tal vez no soy el hombre más intuitivo del mundo, pero tampoco soy tonto, Harry.- mencionó el señor elevando las cejas.
- No dije que lo fuera.- se apresuró a replicar el muchacho apenado.
- Ya lo sé, no te preocupes. Mira, Harry, tú sabes lo mucho que te apreciamos todos; no exagero al decir que Molly y yo te vemos como un hijo más.- le dijo el hombre con sencillez.
- Lo agradezco, no sabe cuánto. Ustedes han sido una verdadera familia para mi.- observó el chico cabizbajo.
- No tienes nada que agradecer; te has ganado nuestro cariño a pulso con tu manera de ser. En realidad, somos nosotros los afortunados de que hayas llegado a nuestra vida. No pongas esa cara, es sólo la verdad.- le indicó el señor Weasley.
- Gracias.- apenas repitió Harry conmovido.
- Bien; pero a lo que iba con todo esto es que a veces, al verte como a otro hijo, no podemos evitar ser contigo como con los demás, errores incluidos.- observó el señor.
- ¿Qué quiere decir?- preguntó Harry confundido.
- Tengo seis hijos, Harry; si excluimos a Ginny, que es más territorio de su madre, gracias a Merlín. Pero habrás notado que la mayoría de ellos, por no decir todos, son muy independientes. Tal vez Ron necesite un poco más de apoyo, ya sabes cómo es, pero estoy acostumbrado a que los mayores sean muy reservados con su vida personal; hasta los gemelos. Entonces, cuando pasan estas cosas, me resulta un poco complicado abordarlas porque los chicos casi nunca dicen nada. Prefiero esperar a que alguno de ellos se acerque cuando lo necesite, pero eso no es muy responsable de mi parte, lo reconozco. Y ahora estás tú, el más joven, al parecer con un problema que no te atreves a compartir; pero te está afectando mucho y no puedes esperar que los demás nos quedemos de brazos cruzados, para eso está la familia.- terminó de expresar el señor.
- No es nada serio, señor Weasley. Aprecio mucho su preocupación y que le importe tanto, pero no pasa nada.- indicó Harry intentando sonar convincente.
- Vamos, Harry, el amor siempre es serio; especialmente a tu edad y cuando te golpea de esa manera.- contradijo el hombre con una mirada significativa.- Si a eso le sumas enamorarte de tu mejor amiga, vaya situación.
- ¿Ron acaso…?- preguntó el muchacho asombrado.
- Él no ha dicho nada y no creo que Molly se haya dado cuenta exactamente de qué es lo que ocurre, porque ya me imagino cómo hubiera tenido a la pobre Hermione mientras estuvo aquí.- le hizo ver el señor.
- ¿Y entonces?- insistió Harry.
- Seis hijos, Harry, seis hijos. Además, alguna vez fui joven y obviamente me he enamorado. Cuando estaba en Hogwarts y conocí a Molly mis amigos decían que no podía dejar de verla con cara de tonto, parecida, si me disculpas, a la que pones tú cuando ves a Hermione. – sonrió indulgente el hombre.
- No se me había ocurrido. Pero la verdad, señor Weasley, es que si bien aprecio su preocupación, las cosas entre nosotros son mucho más complicadas de lo que pudieron haber sido entre usted y su esposa.- comentó el muchacho con amargura.
- ¿Te parece? A veces olvido que los jóvenes creen que nosotros los adultos nunca hemos pasado lo que ellos. ¿Qué es lo que piensas? Seguro crees que un día vi a Molly, ella me vio de vuelta, nos enamoramos perdidamente, salimos de la escuela, nos casamos y tuvimos siete hijos, ¿no?- preguntó el señor algo burlón.
- ¿Acaso no fue así?- replicó Harry incrédulo.
- Bueno, la última parte si, obviamente. Pero el inicio siempre es difícil, a veces demasiado. Sin entrar en detalles, te diré que me tomó bastante tiempo conquistar a esa mujer. Ya conoces el carácter que tiene, es muy testaruda; pero esas fueron algunas de las cosas que más me gustaron de ella. También era la chica más bonita que había visto en mi vida, claro y la más buena y generosa. ¿Cómo se iba a fijar ella en mi? Te parecerá extraño, pero en mis tiempos de escuela yo no era muy popular, siempre me han gustado las cosas relacionadas con los muggles y eso no era muy bien visto. Pero en cuanto conocí a Molly, me dije que ella era para mí y no paré hasta que la convencí de que yo tampoco estaba mal.- bromeó el señor.
- Pero ustedes se ven muy felices; y como me acaba de decir, eran el uno para el otro; ella no se fijó en nadie más.- señaló el chico.
- Yo no estaría tan seguro; ya te lo expliqué, no la conquisté de la noche a la mañana. Además, había otros que estaban detrás de ella, pero lo importante es que al final me eligió.- mencionó el hombre con firmeza.
- ¿Pero eso no le molestaba? Que alguien más estuviera interesado en ella.- replicó Harry con gesto fastidiado.
- Así que por ahí va la cosa. Bueno, claro que me molestaba; más de una vez estuve a punto de lanzarles unas cuantas maldiciones a algunos tipos, pero Molly no me lo habría perdonado. Ahora puedo hablar de eso con tranquilidad, pero entonces no lo pasé nada bien. ¿Qué te puedo decir, Harry? Es parte del amor, lo bueno y lo malo. Si vas a renegar de tus sentimientos al primer obstáculo, no puede ser amor verdadero.- señaló el señor muy seguro.
- ¡Lo es! Sé que lo es, yo la quiero.- replicó Harry al instante.
- En ese caso, no te des por vencido, aunque parezca que las cosas se ponen muy difíciles. Si ustedes son el uno para el otro, cosa que no me extrañaría en lo absoluto, entonces todo saldrá bien.- le palmeó el hombro el señor Weasley con afecto.
- Entonces sólo debo tener paciencia y perseverar.- resumió el chico algo desganado.
- Claro, pero tampoco he dicho que debas esperar para siempre. Es bueno dejarle las cosas al destino, pero a veces tenemos que pelear por nuestra felicidad y si para eso debemos darle una empujadita hacia nuestro lado, ¿quién podría culparnos? Mujeres como mi Molly y Hermione no abundan.- expresó el señor con un guiño.
- ¿Qué cree que debo hacer?- preguntó Harry interesado.
- Eso, mi buen muchacho, se lo dejo a tu extraordinaria inventiva. Merlín sabe que eso es algo que tienes de sobra; sólo procura no ser muy impulsivo y si debes serlo por algún motivo, conserva siempre la calma, no actúes sin pensar antes. Ahora, creo que podemos ir regresando; Molly estará muriendo de impaciencia. Pero no te preocupes, no le diré nada de esta conversación.- le aseguró el mayor.
- Gracias, señor Weasley, por todo.- apreció Harry, siguiéndolo fuera del granero.
- No es nada. Además, me viene bien la práctica. Hace mucho que no tenía una charla de estas y creo que voy a tener varias con Ron muy pronto.- rió el señor.
Harry sonrió ampliamente por el último comentario; pero sacudió la cabeza sin darle la razón al señor, aunque la verdad era que estaba totalmente de acuerdo con él.
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Hermione y Edmund paseaban por la zona de Camden, un barrio conocido por su ambiente bohemio, mientras intercambiaban algunas anécdotas de su vida. Ella le contó acerca de su niñez, la sorpresa cuando descubrió que era una bruja y lo feliz que había sido los últimos años en Hogwarts. Resultaba imposible no hablar al respecto sin mencionar a Harry, pero luego de un par de momentos incómodos, pudo hablar de todo con naturalidad.
Edmund, por su parte, compartió algunos detalles de su vida que no acostumbraba comentarle a nadie. Lo extraño que se sintió de niño por su origen, el saberse distinto a la mayoría de personas con las que debía relacionarse para no defraudar a su padre y el cómo sentía a veces que llevaba una máscara y cuánto odiaba eso.
El atardecer los envolvía al acercarse a una especie de pequeño anfiteatro al aire libre, donde las personas se reunían para admirar a quienes desempeñaban algún acto artístico; ya fuera leer poesía, tocar algún instrumento y hasta cantar. Ellos se detuvieron a contemplar a un mimo muy talentoso que hacía reír a la gente con sus ocurrencias.
- Me hace bien estar a tu lado, Hermione, me siento feliz y eso no es muy común.- confesó Edmund en voz baja inclinándose hacia la chica para que sólo ella lo oyera.
- Yo también estoy pasando un día encantador, no creí que fuera así.- aceptó la joven a su vez.
- Es bueno saberlo. Es sorprendente lo mucho que tenemos en común, ¿no crees?- preguntó el hombre aplaudiendo el fin del acto.
- Claro que sí. Nunca había conocido a nadie que leyera lo mismo que yo o que le gustaran las mismas cosas.- reflexionó ella uniéndose a la ovación, mientras la mayor parte de la gente se iba dispersando.
- ¿Y qué posibilidad había de que nos conociéramos? Sé que no te gusta creer en el destino, pero en este caso no encuentro otra explicación.- señaló Edmund.
- No he dicho que no crea en el destino; a veces suceden cosas que no tienen una explicación lógica, puedo reconocer eso.- replicó Hermione.
- Otra cosa que tenemos en común. ¿Sabes? Si alguien me hubiera dicho hace un año que terminaría enamorándome de una chica a la que apenas conocía, no le habría creído o le hubiera dado por loco.- medio sonrió el hombre.
- Edmund, yo…- iba a decir la chica, pero fue interrumpida.
- ¿Será posible? ¡Lord Lascelles por aquí! Edmund, muchacho, ¿cómo estás?- se dirigió a ellos un hombre de cabello cano y andar elegante.
- Mi turno.- rumió Edmund a la chica en un susurro.- Charles, qué sorpresa, ¿qué haces por aquí?
- Salgo del museo, están presentando una muestra extraordinaria, no puedes perdértela. ¿No vas a presentarme a tu encantadora acompañante?- observó el señor alzando las cejas.
- En realidad, creo que ustedes ya se conocen. Hermione, seguro recuerdas a Charles Hoover, el anfitrión de la fiesta en la que tuve la suerte de conocerte.- afirmó Edmund.
- Sí, claro, ¿cómo está, señor Hoover?- saludó Hermione con una sonrisa tímida.
- ¡Hermione Granger, claro! La hija de mis queridos amigos. Mis disculpas, no sé cómo es que no te reconocí, debo de estar haciéndome viejo. ¿Cómo están tus padres?- preguntó cortés el mayor.
- Muy bien, señor, les alegrará saber que lo he visto.- replicó la joven.
- No dejes de hacerles llegar mis saludos, por favor. Esta sí que es una completa sorpresa. Encontrar a Edmund en plan de paseo no es cosa de todos los días, y tan bien acompañado, además.- mencionó el señor con aire interrogante.
- Bien, lo que sucede es que nosotros…- empezó Hermione con voz de duda.
- Hermione es mi amiga y tiene la amabilidad de compartir un poco del tiempo que le dejan sus vacaciones conmigo.- intervino Edmund al momento.
- Eso está muy bien. Bonito lugar, ¿verdad? – comentó discreto el hombre al señalar a un malabarista que culminaba su presentación.
- Mucho; hace un tiempo que no venía por aquí.- aceptó Edmund aplaudiendo.
- Yo nunca me detuve a ver esto; parece que todos fueran artistas.- terció Hermione.
- En el fondo todos lo somos un poco. Cuando era joven, me gustaba cantar; pero ahora la vergüenza me supera.- le dijo a la chica en plan de confidencia.- Pero Edmund toca varios instrumentos, ¿verdad?- recordó dirigiéndose al hombre.
- Un par.- reconoció el otro a regañadientes.
- Creo que son algunos más. Verás, Hermione, las pocas veces que pudimos reunirnos con los padres de Edmund en su casa; su padre, que en paz descanse, mencionaba con orgullo el talento de su hijo.- alabó el señor.
- ¿En serio? ¿Y qué instrumentos tocas?- preguntó Hermione interesada.
- Bueno, me agradan particularmente los de cuerda, como el violín o el cello.- mencionó Edmund.
- ¿Y porqué no tocas algo? – sugirió el señor con gesto travieso y señalando el pequeño escenario vacío.
- ¿Te parece que llevo esos instrumentos en el bolsillo de la chaqueta? – replicó el otro sardónico.
- Pero allí hay un piano para quien desee usarlo, ¿no lo tocas también?- insistió el señor, aparentemente divertido.
- Algo, pero hace tiempo que no practico.- sonrió Edmund disculpándose.
- Eso es algo que uno no olvida. Vamos, hombre, anímate. Si te incomoda la gente, ya casi se fueron todos.- lo alentó el mayor.
- ¿Desde cuándo te crees un productor musical? ¿Estás pensando en montar una obra?- refutó el otro fastidiado.
- La verdad es que no lo tengo en mente por ahora, pero me gusta divertirme cuando puedo y ver al honorable Lord Lascelles en una presentación pública no es algo de todos los días.- mencionó el señor sin disimular su regocijo.
Edmund dio un vistazo alrededor, fijándose en cuánta gente permanecía en la zona y con expresión impasible se dirigió a Hermione.
- ¿Qué piensas tú?- le preguntó.
- No lo sé. Me gustaría oírte tocar, pero si te sientes incómodo o algo así, no te preocupes.- le dijo con seguridad.
- De acuerdo, vamos.- expresó, tomando a la chica de la mano y llevándola al escenario.
- ¿A dónde? ¡Edmund, yo no toco nada!- exclamó la joven espantada, pero dejándose llevar por la sorpresa.
- Ya lo sé, sólo me acompañarás.- le dijo él haciéndola subir algunos escalones para llegar al pequeño escenario.
- Pero tampoco canto.- insistió ella.
- No quiero que lo hagas, sólo vas a sentarte a mi lado.- explicó Edmund acercándose al piano ubicado a un extremo de la plataforma.
- Yo no puedo hacer eso.- se negó Hermione, lívida.
- Claro que puedes. Por favor.- pidió tan sólo el hombre.
Hermione vio que casi no quedaban personas en las cercanías, salvo el señor Hoover, que los saludó con un ademán y algunos más. Luego volteó a ver a Edmund, parado a un lado del piano y esperando por ella.
- ¡Oh, está bien!- aceptó la chica al fin.
El hombre esbozó una sonrisa satisfecha y con un ademán le ofreció que se sentara primero en la banca. Una vez que la joven lo hizo, él ocupó el resto del asiento y pasó los dedos por las teclas aparentemente concentrado.
- Al menos está afinado. ¿Qué quieres que toque?- le preguntó viéndola de reojo.
- ¿Puedes tocar cualquier cosa?- preguntó ella a su vez.
- Bueno, tampoco soy Chopin; no tienes que ser tan exigente.- indicó Edmund, divertido.
- No quería…no estoy segura, toca algo que te guste y que creas que me pueda gustar también; algo clásico.- sugirió Hermione.
- Clásico, ¿eh? Veremos.- aceptó el hombre.
Edmund empezó a tocar con seguridad, iniciando la melodía con un sonido ligeramente melancólico, pero muy enérgico, soberbio y cadencioso.
Hermione veía embelesada cómo los dedos de Edmund arrancaban ahora notas más alegres del piano y notó la manera en que cerraba los ojos, dejándose llevar por la música hasta llegar a un majestuoso final.
Luego de unos segundos en silencio, ambos fueron sorprendidos por unos entusiastas aplausos venidos de un grupo de personas que se habían congregado al pie de los escalones.
Edmund se levantó sonriendo con educación y le tendió la mano a Hermione para ayudarle a incorporarse. Hizo una ligera reverencia, besó la mano de la chica, haciéndola ruborizar por ser objeto de tantas miradas y con paso seguro la ayudó a bajar, hasta llegar a donde el señor Hoover los esperaba.
- Grieg. Concierto para piano en la menor.- citó el mayor.
- Correcto.- asintió Edmund.
- ¿No lo dije? Son cosas que no se olvidan.- mencionó Hoover encantado.
- Y como te encanta tener la razón, debes de sentirte muy feliz. Ahora, si nos disculpas, Hermione y yo debemos irnos.- anunció el otro.
- Comprendo; ya no voy a incomodarlos más. Hermione, querida, fue un placer verte; no dejes de hacerle llegar mis saludos a tus padres. Edmund, espero tenerte en casa pronto.- se despidió el señor, estrechando sus manos.
Hermione y Edmund lo vieron partir en silencio y luego empezaron a caminar hacia la zona de los restaurantes.
- Parece que ambos necesitamos comer; ni siquiera tuve que preguntar.- bromeó Edmund, rompiendo el silencio.
Hermione lo vio con la cabeza ladeada y expresión pensativa.
- Me gustó mucho cómo tocaste.- dijo al fin.
- Gracias; la compañía siempre ayuda.- replicó él.
- Hablo en serio, no creí que fueras tan bueno. Y la música era preciosa, creo que nunca había oído a Grieg.- reconoció la chica.
- Fue un gran compositor; pero a veces es olvidado porque su obra no fue tan extraordinaria como la de otros, eso es cierto. Es mi favorito y sentí que debía tocarlo contigo a mi lado; no bromeaba cuando dije que la compañía es importante.- indicó Edmund.
- ¿De verdad?- preguntó la joven escéptica.
- ¿Sabes porqué es mi favorito?- preguntó él a su vez.
- No, pero me gustaría que me lo contaras.- pidió Hermione.
- Grieg, a diferencia de otros genios de la música, no tuvo una vida marcada por la tragedia. Ya sabes, niñez miserable, amores fatídicos, muerte temprana, esas cosas. El fue un hombre muy sencillo y de carácter tímido, con un gran don, que supo desde muy joven lo que deseaba y tuvo la suerte de encontrar muy pronto al amor de su vida, una excelente cantante. Se casaron al poco tiempo de conocerse y estuvieron juntos hasta que él murió, a una edad avanzada. Ella era su adoración, la llamaba su compañera en la vida. La pieza que toqué, la compuso cuando ambos eran muy jóvenes y vivían alejados en una pequeña casa de campo; eran muy felices y eso se puede sentir en su música. Tenía todo lo que un hombre puede desear y lo sabía, es la clase de felicidad que yo quiero. ¿Qué tal mis clases de instrucción musical? – preguntó con una sonrisa, dejando la expresión pensativa que lo acompañó al relatar la vida del compositor.
- Es una historia muy bonita.- apreció la joven con los ojos vidriosos.
- Hermione, no quería hacerte llorar; tuvo una gran vida, en serio.- se apresuró a decir Edmund, confundido.
- No estoy llorando; bueno, no mucho. Es una tontería, pero me pareció un relato conmovedor.- explicó ella, secándose los ojos con rapidez.
- Ten esto.- le pasó el hombre un pañuelo.
- Gracias. Ya, no me hagas caso, estoy exagerando. Vamos a comer; yo escogí el almuerzo, te toca.- le dijo con una sonrisa.
- ¿Segura? Está bien, ¿Qué te parece china?- sugirió señalando un restaurante frente a ellos.
- Suena bien. ¿Me cuentas algo más de Grieg?- pidió en cuanto entraron al local.
- Me sé un par de anécdotas más.- sonrió Edmund.
- Muy bien.- le sonrió ella al mismo tiempo y dejando que la guiara del brazo.
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Ron estaba en el salón de su casa, dándole mantenimiento a su escoba y pensando en cierta morena de ojos grises, cuando los picotazos de una lechuza en la ventana lo sacaron de su ensoñación.
Al comienzo pensó que se trataba de la respuesta a la carta que había enviado hacía unos días, pero al abrir la ventana vio que la lechuza le era totalmente desconocida. Sin embargo, el animal estiró la pata para que el chico tomara el mensaje, cosa que hizo con curiosidad. Tan pronto como lo tuvo en las manos, el ave se alejó.
Ron fue abriendo el pergamino mientras volvía a su lugar en el sillón y una vez sentado, empezó a leer.
Conforme sus ojos iban pasando de una línea a otra, se iban abriendo cada vez más y sus mejillas pasaron de una palidez total a un rojo sólo comparable con su cabello.
Unos minutos más tarde, cuando Harry bajó a buscarlo, lo vio en la misma posición, sosteniendo el pergamino con fuerza y con la cara lívida.
- ¿Qué pasa? ¿Malas noticias?- preguntó su amigo preocupado.
Ron tardó en reaccionar y salir de su estupor, pero en cuanto pudo enfocar bien la vista y se dio cuenta de quién le hablaba, palideció todavía más. De inmediato, dobló la nota y se la metió al bolsillo sin decir nada.
- Ron, ¿Pasa algo malo?- insistió Harry acercándose.
- ¿Qué? ¡No! ¿De dónde sacas eso? ¡Malo! ¿Qué cosa mala va a pasar? – farfulló el pelirrojo.
- ¿Se trata de Libby? – preguntó de nuevo el muchacho.
- ¿Quién?- replicó Ron, viéndose confundido.
- Parece que no se refiere a ella. ¿Porqué estás tan nervioso?- le dijo Harry perspicaz.
- ¿Nervioso? No lo estoy, limpio mi escoba, la encero, ¿qué no ves?- replicó el chico.
- ¿Enceras las ramas?- le hizo ver Harry.
- Ah, si, es que se volteó.- mencionó Ron, acomodando la escoba en la posición correcta.
- Ron, ¿Qué está pasando? ¿Tiene que ver conmigo?- volvió a preguntar su amigo, ya preocupado.
- Claro que no, ¿porqué piensas que todo tiene que ver contigo?- medio bromeó el pelirrojo con pésimos resultados.
- ¿Quién te escribió?- dijo Harry.
- Dean.- respondió Ron, sin pensar.
- ¿Dean Thomas? ¿Para qué? – se extrañó mucho el joven.
- Pues…para saludar.- replicó Ron.
- El no acostumbra escribir.- observó Harry.
- Tal vez se siente algo nostálgico y extraña a sus amigos.- indicó el pelirrojo.
- ¿Eso dice la carta?- preguntó el otro.
- Más o menos.- mencionó Ron con voz temblorosa.
- Ron, Dean vive en el mundo muggle; en Londres.- señaló Harry.
- ¿Y qué hay con eso? Tampoco es para criticar.- le dijo su amigo empezando a sudar.
- Vive en la misma ciudad que Hermione. Es algo relacionado con ella, ¿verdad?- preguntó muy seguro.
- ¿Porqué piensas eso?- dijo el otro muchacho con voz atormentada.
- Ron, dame esa nota.- pidió Harry con firmeza.
- ¡Claro que no! ¡Es mía!- se negó el chico.
- Escucha, si eres mi amigo, tienes que darme esa nota.- repitió el joven.
- Harry…- empezó el pelirrojo suplicante.
- Por favor, Ron.- extendió la mano Harry muy serio.
- Pero…son tonterías.- señaló Ron.
- Entonces déjame leer esas tonterías.- le pidió su amigo sin bajar la mano.
Ron lo veía con expresión dudosa, pero al fin lanzó un suspiro en señal de rendición y sacando el papel doblado del bolsillo, se lo entregó a su amigo con mano temblorosa.
Harry tomó el papel y desdoblándolo, empezó a leer. Su semblante se iba ensombreciendo conforme avanzaba y al terminar, lo arrugó entre los dedos y lo dejó caer. Dio media vuelta en dirección a la puerta principal sin decir una palabra.
- ¡Oye! ¿A dónde vas? ¡Harry!- reaccionó Ron, saliendo tras él.
Una vez que corrió al jardín de la casa, el pelirrojo alcanzó a ver como su amigo desaparecía en la oscuridad.
- ¡Demonios!- tan sólo alcanzó a exclamar el joven a la noche.
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El taxi se detuvo en la acera de la calle vacía. Edmund y Hermione bajaron del auto y éste retomó su camino.
- Debiste pedirle que te esperara, ¿cómo volverás?- preguntó la chica.
- Tengo ganas de caminar.- señaló el hombre, encogiéndose de hombros.
- ¿Más?- replicó ella sorprendida.
- Sí, me siento muy ligero hoy. ¿Te acompaño a la puerta?- ofreció Edmund.
- Claro.- aceptó ella tras vacilar un segundo.
Cuando llegaron al portal, se quedaron ambos de pie, en silencio.
- De verdad lo pasé muy bien, ha sido uno de los días más divertidos de mi vida.- apreció Hermione.
- Eso es maravilloso, me alegra mucho.- dijo Edmund con una sonrisa.
- Tengo que entrar.- señaló la joven buscando las llaves.
- Claro; sólo quería decirte que tengo tu número, lo busqué en la guía. Faltan un par de días antes de que vuelvas a la escuela, ¿puedo llamarte antes?- preguntó él.
- Seguro.- aceptó Hermione.
- Así lo haré entonces. Espera un segundo.- la detuvo antes de que introdujera la llave en la cerradura.
El hombre tomó su rostro entre las manos y con mucha lentitud acercó sus labios a los de la joven para rozarlos con suavidad, apenas cerrando los ojos, lo mismo que hizo ella. Edmund se separó viéndola con fijeza y sólo articuló algunas palabras con voz grave.
- Buenas noches.- dijo.
- Buenas noches.- correspondió ella, apenas abriendo la puerta y entrando con rapidez para cerrar tras de si.
Edmund sonrió apenas y dio media vuelta, empezando a caminar calle abajo con las manos en los bolsillos.
Una figura escondida en la oscuridad había observado toda la escena con sus brillantes ojos verdes, y tras unos segundos, desapareció en silencio.
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N.A. ¡OMG! Hasta yo me sorprendí, lo reconozco, pero la historia hace conmigo lo que le da la gana. A ver, antes de que empiecen a mandar amenazas de muerte, comprendan que si no hay un poco de conflicto no tiene gracia; lo difícil es lo mejor.
Veamos, Hermione parece estar más cómoda con Edmund, pero es porque pienso que resultaría difícil no estarlo cuando ya lo conoces un poco más; reconózcanlo, el tipo es especial. Incluí la conversación entre Harry y el señor Weasley porque creo que es un gran padre, no por nada sus hijos lo quieren tanto a pesar de su carácter suave comparado con el de su esposa y pensé que podría servir de consejero adulto para un chico tan embrollado. La salida ha tenido de todo, creo que ha fluido mejor que la primera, hubo un par de encuentros interesantes que llevaron a situaciones más complejas aún. Edmund al piano, me gusta Grieg, era inevitable. Y Dean, bueno, creo que se hacen una idea de qué puede haber escrito; no sé qué pensarán de la reacción de Harry. Ahora puede pasar cualquier cosa *inserten risa malévola*.
En fin, creo que si me quedo botada en Londres algún día, podré servir de guía de turismo, porque no tienen idea de lo que he investigado para que todo fuera más real, así los quiero. Si lo desean pueden oír la melodía que Edmund toca buscando a Grieg y el concierto para piano en la conocida página de videos.
Agradezco infinitamente la cantidad de reviews recibidos, nunca me enviaron tantos en un capítulo y fue sorprendente lo mucho que me motivaron, porque creí que demoraría mucho más y terminé subiendo antes y el capítulo más largo de la historia. Sigamos así, que no tienen idea del bien que hacen.
Antes que lo olvide, subí unas imágenes de los regalos que hemos ido mencionando en la historia y que tanta importancia han tenido, son referencias, pero algo es algo. Y también publiqué una entrada acerca de mis impresiones de la última película, si no la vieron, por favor no lean. Pueden pasar para eso al blog, el enlace está en mi perfil.
Ahora sí, respuesta a los reviews y comentarios a esta gente fabulosa:
Alastor: ¿Creo que fuiste tú quién me dijo que Hermione debía besar a ambos para comparar? Mente malvada, si algo me pasa, tú eres en parte responsable. No, tenía que pasar, dudé un poco si subirlo o no, pero pudieron más mis principios. A estas alturas no sé qué podrás pensar, así que dejo en tus manos sugerencias y opiniones. Gracias por estar siempre allí, un beso, cuídate mucho, nos leemos pronto.
Fabi: No te preocupes por las críticas, que mientras sean con buena intención, las recibo sin ofenderme, al contrario. A ver, acerca de los diálogos, yo diría que más que flojos, eran incómodos, es decir, mi idea era que se sintiera que las cosas no podían fluir bien porque no había confianza, era como que les faltaba algo, porque en realidad alguno de los personajes, en este caso ya sabemos quién, no quería estar ahí. Si ahora lo sientes diferente, lo cual espero, entonces he cumplido mi tarea, y si no, me lo haces saber. Ya viste la movida de Edmund, me contarás qué te pareció y vaya que hemos tenido una buena cuota de drama al final. Lo de las zarigüeyas y la comparación con los gemelos me mató, no lo había pensado, me dejó sonriendo como tonta un buen rato. La propiedad de Edmund se presta a controversia, ya veremos. Gracias de nuevo por comentar y hacerme saber tus impresiones, cuídate mucho, mil besos, hasta pronto.
Jem de Potter: Hola, bienvenida, gracias por pasar. Yo tampoco sabía ni entrar a la página como Dios manda cuando empecé a leer, imagínate, pero si aprendí y ahora estoy aquí escribiendo, el mundo tiene esperanza. Me alegra mucho que te guste la historia, tienes ya un capítulo nuevo para que puedas contarme qué opinas, espero saber de ti. Un beso, cuídate mucho.
Fergie Tsuchiya: Hola, espero que te haya ido bien en el examen y que tuvieras unas felices fiestas, las mías no fueron tan buenas, tuve un pequeño accidente y ando con una mano vendada; por lo menos es la izquierda y soy diestra. Estoy escuchando a Anna con True Colors ahora mismo, imagínate. Cierto que el capítulo anterior estuvo más lento, por decirlo así, pero creo que este ha estado más que movidito. A ver qué opinas. Gracias de nuevo por pasarte, un beso, a ver si nos leemos pronto.
Nocturnal Depression: Hola, mi amigo, no me mates ni me odies, odia a Edmund, él está acostumbrado. Me alegra que a pesar de tu postura, que la conozco, sigas leyendo, habla bien de ti y de la fe que le tienes a Harry, que se la merece, ya lo sabemos; las cosas se ponen color de hormiga. Gracias por estar ahí, a ver qué te ha parecido esto, hasta pronto, nos leemos.
Noelhia: ¿Llegarás volando a atacar mi PC? Qué bueno que te gustó el anterior capi, no sé qué pensarás de este. A mi me ha gustado, pero también ando preocupada, no sé qué va a pasar, se aceptan sugerencias. Espero tus opiniones y mira que te hice caso y lesionada y todo he actualizado antes de lo que esperaba. Cuídate mucho, mil besos, nos leemos pronto, bye.
Magdal: Tengo tanto que decirte que voy a ser medio telegráfica. Lo sabía, no sólo eres intuitiva, también tienes estudios al respecto, eso explica que no se te pasara nada. Vecina, eres la primera de tu país que me escribe, creo, qué gusto. La película que mencionaste no me agradó del todo, es que no me gusta la pareja protagónica, pero Dempsey es un sueño, uno de los pocos personajes que puedo relacionar con Edmund; para mí, él era demasiado para ese triángulo, cosa que obviamente no sucede aquí, porque Harry y Hermione son lo máximo. Fui a ver la otra película, pásate al blog a ver si coincidimos, he intentado ser imparcial, lo que se ha podido, al menos. ¿Qué te ha parecido este capítulo? Espero con muchas ansias tu opinión, porque es mi termómetro para medir si supe expresar lo que quería, ya me contarás. Gracias por estar siempre presente, especialmente ahora que se ponen las cosas difíciles, acepto ideas. Cuídate mucho, mil besos, hasta pronto, nos leemos pronto.
Elisa Li Kinomoto: Gracias por hacerte presente, qué gusto. Los gemelos y Ron son muy simpáticos, aquí el chico ha dado muestras de mucha lealtad, pero no podía hacer más. Este capítulo ha traído de todo un poco, creo; la salida de Edmund y Hermione me ha gustado, la charla entre el señor Weasley y Harry, la carta de Dean y el beso por el que más de una debe quererme estrangular; espero que no estés en el grupo. Harry me ha dado penita, pero no sabemos qué es lo que va a hacer. Viste que no demoré tanto, es que no puedo contenerme, adicción pura, no sé qué haré cuando termine con esto. Bueno, gracias de nuevo, cuídate, ya me dirás qué te ha parecido, un beso.
Caro: Amiga de mi corazón, yo también te quiero. Ya que tú no me ayudas con el drama, me lo busco yo solita y de qué manera. Aquí ha pasado de todo, no sé qué estarás pensando y mira que la fusión ya ha quedado descartada. No digo pobre Hermione, porque no lo creo, pobre yo que no tengo ni uno de esos. ¿Debió Edmund besarla? Yo creo que sí, me lo dijo mi musa y ella pocas veces se equivoca, a ver qué dices tú. Espero que en general te haya gustado el capi, mira que escribir con una mano y dos dedos es tarea de titanes y me mando con lo más largo hasta ahora, seré masoquista. Bueno, dejé imágenes en el blog y una reseña de la peli, no sé si ya la viste, ya me contarás. Mil besos, cuídate mucho, me alegra haber encontrado una buena amiga en ti, este fic me ha traído muchas satisfacciones. A ver si me dejas ver a los rubios un día de estos, hasta pronto, nos leemos.
Alexa: Ojalá que estés leyendo esto, porque sé que tiempo es lo último que tienes, pero si es así, gracias miles por ser tan encantadora; es una bendición. Imagino que debes de estar sufriendo por Harry, pero tendremos que esperar un poco a ver qué es lo que hace el muchacho, yo le tengo mucha fe. Creo que en este capítulo Hermione se ha visto más relajada, demasiado podrían pensar algunos, a ver qué dices tú. Edmund ha estado demasiado encantador hoy, me temo, pero es que él es así; ya verá Hermione cómo toma esto. Bueno, espero que estés bien y que te haya gustado el capítulo. Cuídate horrores, mi amiga querida, hazte presente en cuanto puedas para saber de ti. Mil y un besos, hasta pronto, nos estamos leyendo.
Katurra: Una visita guiada a Londres para hoy. Supongo que ahora querrás aún más un Edmund para ti; no te culpo, he creado un monstruo, lo sé. Ron es un buen amigo y aquí también se ha visto, pero no ha podido hacer más. Creo que hemos tenido más acción, pelea no tanto, esperemos un poquito, dejemos a Harry procesar lo que acaba de ver; al menos no atacó a Edmund, está madurando o eso creo. Gracias de nuevo por pasar, espero que este capítulo te haya gustado y me cuentes qué opinas; mil besos, cuídate mucho, nos estamos leyendo.
Ariza: Hola, bienvenida compatriota. ¿Ese es tu correo? Te habría escrito, pero no estaba segura y capaz le llega a quien no debe y dice ésta debe de estar loca y mejor me ahorré la posible vergüenza. Muchas gracias, espero saber más de ti. Sí, pobre Hermione, la tiene difícil, pero el amor es complicado, al menos el que vale la pena, eso sí. Ya veremos qué decisión toma, tú sigue sintonizando el canal. Brindé estas fiestas, claro, espero que tú también saborearas tu pisco sour. Me uno al éxtasis patriótico; gracias de nuevo por pasar, un beso, nos estamos leyendo, cuídate mucho y no te pierdas, chau.
Pau: Hola, bienvenida, gracias por pasar. Si tú supieras lo que paso para subir esto, no me creerías, definitivamente hay garra y amor; me encanta. Yo apenas llevo unos meses en esto de los fics, los encontré por casualidad y bendigo ese día. Primero leía como loca, de todo, ahora con las cosas de la vida diaria y escribiendo me resulta muy difícil, salvo alguna historia que sigo fielmente porque me encantan y si las dejo, muero. Primero, te comentaré que en este momento no recuerdo ningún fic H/Hr que me haya impresionado particularmente, honestamente los mejores que he leído han sido dramiones, los de mejor trama, sin duda. Pero creo que tengo un archivo en el que guardo los links de algunos Harmony que me gustaron en su momento, los voy a buscar, si gustas déjame tu correo y te cuento qué me parecieron, de ahí tú te das una vuelta y quizá me puedas recomendar alguno que se me haya pasado, porque hay tantos, puedo estarme perdiendo unos muy buenos. Por otro lado, te agradezco muchísimo los buenos comentarios para esta historia; no llevo mucho tiempo en esto y no fue planeado, escribo sobre la marcha y me gusta pensar que si bien empecé con muchos fallos, los he ido corrigiendo un poco, aunque aún tengo mucho que aprender. Ojalá que ya familiarizada con la historia, me cuentes qué te ha parecido este capítulo y si tienes alguna crítica constructiva que hacer, la acepto agradecida porque sirven para mejorar. Gracias otra vez, espero saber de ti, un beso, hasta pronto.
Pam: ¡Qué gusto! Este mundo globalizado tiene sus ventajas. ¡París! Te envidio un poco, lo acepto. A ver si me cuentas qué tal te fue luego, tal vez me des ideas para alguna historia nueva. Cuánto me alegra que hayas podido conectarte y leer, gracias por tomarte la molestia de comentar, te pasaste. Si la llevó a un restaurante marroquí y en este capítulo hizo algunas cosas más, como habrás notado. Bueno, tú lee y ya me contarás qué opinas de esto. Cuídate mucho, diviértete, gracias por el gesto, nos estamos leyendo pronto.
Saaphiiree: Hola, muchas gracias por pasar, sé bienvenida. Es lindo saber de gente nueva, le sube la moral a una. Me alegra que te guste la historia, y que te hayas puesto al día tan rápido. Espero saber de ti y que este capítulo también te haya agradado. Gracias de nuevo, un beso, te me cuidas, hasta pronto.
Saludos para Miqa, espero que estés bien.
Bueno, muchas gracias también a quienes leen y no se animan a dejar review, miren que estamos agrandando el club y siempre hay espacio, me harían muy feliz. Espero que les haya gustado el capítulo, mil besos para todo el mundo, se me cuidan, a ver cuándo nos leemos, hasta pronto. Callia.
