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Puesto que eran alumnos del último año, el grupo de Marinette comenzaba sus vacaciones dos semanas antes que el resto de los jóvenes de su escuela. Eso le permitió al fin tomar el tan merecido descanso de los proyectos y exámenes finales que había tenido en las últimas semanas. Aunque tampoco se podía quejarse mucho, gracias ello puedo acercarse a Adrien y ahora se encontraban en ese punto.
Unos días atrás leyó la carta y emocionada comenzó a hacer uso de lo que le había regalado. No había estrenado ninguna prenda hasta el día de hoy, el día en que debía ir a hacer algunas pruebas de la ropa en la que su amigo estaba trabajando.
Apenas salió de su casa notó que los fotógrafos se acercaban muy descaradamente a tomarle fotos por el nuevo que había tomado. Básicamente estaba usando un crop top negro con una huella gatuna verde fluorescente al frente, unos jeans azul marino ajustados con tres desgarres diagonales en su pierna izquierda y unas zapatillas con una terminación en punta. Su cabello iba suelto, alborotándose con el viento.
Era un estilo algo atrevido para la tímida Marinette, pero era algo que le había inspirado a usar esa mínima prenda que le regaló. Además, se sentía una estrella por complementarlo con unos lentes negros bastante grandes.
Ya comenzaba a acostumbrarse a eso...
Caminaba con algo deprisa, sin notar como algunos varones la comían con la mirada. Y no era menos, su ropa era ajustada, revelando con ello el maravilloso cuerpo que tenía. No muy voluminoso, pero delgado. Una cintura estrecha que acentuaba sus caderas, pronunciándolas. El contoneo de su cuerpo era natural, debido al uso de los tacones que pocas veces llegaba a usar.
Recién llegó al lugar entró con cuidado de que nadie más buscara acceder al lugar. El chico rubio no estaba ahí, en su lugar se encontraba el padre del mismo, sentado al fondo hilvanando una hermosa tela roja de algodón orgánico. La caída era preciosa, ideal para un vestido para la playa.
– Buen día señorita Dupain. – La saludó el peliblanco.
– Bu-buen día.
– Adrien viene en un momento, fue por unas cosas que le hacían falta al almacén.
– Comprendo. – Tomó asiento en uno de los enormes sillones del lugar. – ¿Puedo preguntar qué hace?
– Es un pedido especial que entregaré en dos meses. – Se separó un poco de la tela, tomó un control remoto y las persianas del frente del lugar se cerraron para después encender las luces interiores. – Así está mejor, sin personas chismosas.
– Sí.
– Wow. – Era el varón menos entrando y sorprendiéndose con su compañera. – Ese estilo nuevo es más que maravilloso. No se equivocaban los pajarillos...
