Estoy un poco triste, porque veo que hay muchos que están apuntados a este fic, pero no dejan comentarios. Del pasado capitulo solo obtuve 2 comentarios he pensado no publicar la continuación de este, si no recibo más de 3 comentarios, y para los pocos que siguen comentando sin falta: Gracias de nuevo, sin vosotros, hubiera parado ya este fic!…

Capítulo 27:

Zuleica se encontraba plácidamente sentada en un campo de tulipanes, viendo cómo salían las estrellas junto al satélite más bonito y brillante de la tierra: la luna.

La brisa movía su corta y oscura melena de un lado para otro, trayendo a su nariz el dulce aroma de los tulipanes. Cerró los ojos para sentirlos mejor, a la vez que emitía una sonrisa y respiraba profundamente, disfrutando de aquel momento en contacto con la naturaleza que tanto añoraba

-Quién soy?- preguntó una dulce y juguetona voz a su espalda, a la vez que posaba suavemente sus manos en los ojos de la muchacha

-mmm…déjame pensar…-bromeó la muchacha- eres…Silvestre?- mintió emitiendo una sonrisa de oreja a oreja, mientras éste apartaba, defraudado, las manos de su cara

-Ah, venga ya! Silvestre? En serio?- comenzó éste sentándose a su vera- Salvatore es un apellido elegante y sexy…no lo compares con…con eso!- exclamó en un tono despectivo

-Tenías que haber venido unos cuantos minutos antes- dijo ésta tras unos segundos de silencio, en los que se podía escuchar el sonido del viento azotando las plantas- la puesta de sol desde aquí es maravillosa

-Tenía asuntillos que hacer- se disculpó éste llevándose una mano al pelo- me habría encantado verlo-"contigo"- añadió para sus adentros dedicándole una mirada de reojo- pero tú tampoco tendrías que estar aquí…

-Bueno, me he dado un descanso, la verdad es que la vida en palacio es muy agobiante y más aún la compañía

-La compañía? Qué pasa con las chicas?- preguntó éste sin apartar sus ojos de la muchacha, aunque de reojo, pues le encantaba ver las expresiones y gesticulaciones de la muchacha al hablar

-Son bastante deshonestas y falsas, siempre se critican unas a otras a las espaldas

-Te han criticado?- exclamó Alex fingiendo enfadado- mira que sino…

-No te preocupes, se defenderme solita- declaró llevándose una mano al brazo, intentando sacar bola, luego rompió en una armoniosa risa al ver la cara que ponía Alex ante ese gesto- no, enserio, yo simplemente intento ignorarlas y hacer mi trabajo, no quiero meterme en problemas y menos aún dado el historial que tengo con Noíl

-Me tienes aquí- comentó dándole un suave codazo y dedicándole una sonrisa de complicidad- si necesitas desahogarte…

Ambos se miraron y así permanecieron unos minutos, habían pasado dos semanas desde el cumpleaños de la muchacha y habían creado grandes lazos de amistad, ayudándose el uno al otro a superar las dificultades y la soledad, en algunos momentos

-Por cierto- comenzó la muchacha poniéndose en pie y rompiendo aquel silencio- he estado practicando el baile que me dijiste

-A ver!- exclamó éste cruzándose de brazos, la verdad es que con la Novotney al lado no se aburría un solo segundo: siempre sacaba algún tema o tenía alguna idea, a veces traviesillas

-Pero no te rías eh?- le advirtió la chica antes de comenzar a moverse e intentar imitar unos pasos de robot que, días antes, el híbrido le había enseñado.

Alex quedó observándola mientras ésta se movía. Estaba completamente concentrada, tanto que inconscientemente sacaba la lengua o se mordía el labio inferior. Llegó un momento en el que el Salvatore no pudo evitar romper en una carcajada, haciendo que Zuleica parase en seco su demonstración y se ofendiera ante la actitud del chico.

-De qué te ríes!- exclamó ésta poniéndose en jarras a la vez que se aproximaba más a él

-Lo… lo siento- se disculpó Alex- pero es que…- no pudo siquiera terminar la frase y comenzó a reírse de nuevo

La morena, fuera de sí, lanzó un puñetazo en dirección al híbrido, que éste lo esquivó en el último segundo, haciendo que la chica perdiera el equilibrio y callera encima de él, a pocos centímetros de su cara.

La sonrisa del híbrido desapareció y quedó maravillado, gravando en su retina cada milímetro de la faz de aquella muchacha, que permanecía inmóvil- sabes que te pones aún más guapa cuando te enfadas?- dijo éste dibujando una pícara sonrisa a la vez que enarcaba una ceja a la espera de la reacción de la chica

Zuleica no contestó, pero sus mejillas comenzaron a enrojecer, tanto que el color podía verse hasta en la oscuridad de la, ya, noche, y su corazón a acelerarse, cosa que el híbrido pudo escuchar a la perfección. Tragó saliva y pestañeó varias veces, incrédula ante la escena. Al cabo de unos segundos, la morena salió de su ensimismamiento apartándose bruscamente del muchacho y poniéndose de nuevo en pies.

-Lo sé, hum!- exclamó orgullosa, colocándose bien el vestido, aun completamente enrojecida- será mejor que vuelva ya al palacio- añadió poniéndose en marcha

-"Le gusto"- se dijo Alexandre dibujando una sonrisa, mientras veía marchar a la única chica que había sido capaz de acelerar su corazón

Tras la conversación con Elena, Stefan había pasado unos días bastante silenciosos y solitarios, en los que apenas permanecía en su habitación y pasaba largas noches fuera de casa, desahogando su frustración con víctimas inocentes.

Al cabo de dos semanas de la fatídica noche del cuatro de julio, en el que el vampiro se dio cuenta que las cosas ya no eran como antes. Stefan había decidido luchar, por el amor de Elena. Comenzando desde cero, no fingiendo y controlando su naturaleza, sino mostrándose tal y como era, ya que como la castaña había dicho: ella ya no era humana y algunas cosas le serían más fáciles de comprender y asimilar, aunque eso no quitara que Stefan se sintiera extraño e incómodo al hacer algunas cosas en presencia de la vampiresa

Stefan había tomado esa decisión y tenía la fuerza e ilusión de luchar por ella, pues según las propias palabras de la muchacha, seguía queriéndole.

Todo eso se vería relegado a un temporal segundo plano, pues había surgido una emergencia que requería la ayuda de su hermano mayor, cosa que haría que, por ese caso, exclusivamente, pasarían de ser rivales en busca del amor de una misma mujer a ser hermanos y compañeros de lucha.

El Salvatore recorría apresuradamente los pasillos de las habitaciones de la mansión, fingiendo serenidad, pues el tema a tratar era uno, que ante todo, Elena desconocía y debería seguir desconociendo.

Pegó su oreja a la puerta de la habitación de la muchacha, comprobando que su respiración era armoniosa y pausada y escuchando los ruidos de las sábanas rozando su piel al moverse de una posición a otra-"está dormida, seguro"- se dijo el vampiro para sí, dirigiéndose esta vez a la habitación de su hermano.

-Qué te trae a mi humilde habitación, hermanito?- dijo Damon dibujando una sonrisa, mientras se abrochaba los últimos botones de su oscura camisa

-Vas a salir?- preguntó éste entrando en el cuarto sin ser invitado

-Tú no eres el único que se puede permitir unas juergas nocturnas- ironizó Damon con una relajada sonrisa- oh, relaja esa cara, Stefan, o te saldrán arrugas!- bromeó al darse la vuelta y ver el semblante serio de su hermano menor

-El asunto no es para bromas, Damon, - comenzó éste cruzándose de brazos-los Caparella de Chicago, te acuerdas de ellos?

-Sí, qué pasa con ellos?- preguntó Damon con poco interés, cogiendo su chaqueta sobre la cama y dirigiéndose hacia la salida de la habitación

-Vienen a Mystic Falls- contestó Stefan con serenidad, inclinando levemente la cabeza en espera de la reacción de su hermano

-Qué?- exclamó Damon girando velozmente sobre sus talones- qué has hecho esta vez, Stefan?- comenzó perdiendo la sonrisa

-Relaja esa cara, hermanito, o te saldrán arrugas!- repitió Stefan con una sonrisa burlona, ante la atenta y fulminante mirada de su hermano

-No es gracioso, Stefan! La última vez casi nos matan porque tuviste la genial idea de asesinar a uno de ellos- se calló un momento y resopló fuertemente, resignado-Y por qué tengo que sacarte las castañas del fuego, otra vez?

-Porque me metí en este lío por ayudarte, Damon!, tú fuiste quien…-comenzó indignado

-Cállate!- le interrumpió Damon llevándose el dedo índice a la boca y mirando hacia arriba, como concentrándose en escuchar algo

-No nos oye, está dormida- adivinó Stefan

-Cómo estás seguro?

-He pasado antes por su cuarto

-Qué haremos ahora?- exclamó el moreno tras un resoplido de relajación, pues sabía que si Elena se enteraba de aquella historia querría unirse a ellos

-Luchar…

-…y vencer- le completó con la mirada perdida, pensando- ésta vez o mueren ellos, o lo haremos nosotros

-Por qué?

-Porque nunca se sabe cuándo se te volverán a cruzar los cables y la siguiente vez la podrían tomar con Elena y ese es un riesgo que no quiero correr-contestó volviendo a dirigirse hacia la puerta mientras se ponía su chaqueta de cuero

-A dónde vas?

-Tú nos metes en esto-comenzó saliendo de la puerta- tú ideas el plan de salida- añadió dibujando una malévola sonrisa y despidiéndose con la mano

-Para, para para!- exclamó Alex entrecortadamente, con la respiración realmente acelerada, haciendo que Noíl parase en seco su puñetazo- no sé cómo aguantas tanto!- añadió desplomándose sobre el suelo- llevamos horas entrenando!

-Los guerreros han de ser capaces de aguantar mucho más que esto- contestó éste sentándose a su lado

Ambos llevaban, prácticamente desde la llegada de Alex al lugar, entrenando todas las mañanas alrededor de cuatro horas seguidas. Aunque Alex era naturalmente más fuerte, Noíl siempre terminaba ganando, pues era un verdadero guerrero ya formado

Estaban los dos en una enorme sala, privada de decoración alguna y en una esquina, de las cuatro, había una multitud de armas de lucha, aunque los hermanos aún se entrenaran solo con sus manos desnudas

-Sí, pero no soy un guerrero!- protestó el menor secándose el sudor de la frente con una pequeña toalla

-Pero estás destinado a serlo- ambos se miraron un segundo y el silencio reinó en la sala, solo se escuchaba a Noíl bebiendo agua y la, aún acelerada, respiración de Alex- no te lo he comentado antes por lo de tu madre y eso…-comenzó el Novotney interrumpiendo aquel silencio- pero el otro día tus ojos cambiaron de color. Nunca lo había visto antes, pero supuse que era porque ya has completado tu transformación, es así?

-Sí- contestó con una tímida sonrisa- creo que cuando me atropellaron, hace ya unos meses, morí y tal y como dice la profecía, completé mi transformación. Los ojos me tornan pocas veces, solo cuando sufro alguna gran alteración en mi estado anímico: mucho enfado, mucha alegría…gran placer

-Eso quiere decir que ya me puedes transformar- dijo Noíl dibujando una ilusionada sonrisa

-Sí- contestó éste bastante serio, sin poder disimular en su cara una extrema incomodidad- pero no lo voy a hacer

-Por qué?- preguntó éste borrando su sonrisa- ya sabes lo que dice la profecía: que has de transformar al jefe del clan, y que éste ha de engendrar hijos antes de morir, y así se perpetuará el linaje real

-Sí, pero no termino de entender realmente por qué he de transformar a nadie. No sé, si soy yo solo el "híbrido perfecto" por qué tiene que haber más? Eso no sería caer en lo mismo que quería hacer ese tal Klaus en su momento?

-La profecía así lo dice!- exclamó el Novotney- yo soy el jefe del clan, pronto seré emperador de un imperio entero y necesitaré ser más fuerte para cuidar de mi gente, de mi pueblo

-Pero me tienes a mí-le interrumpió mirándole a los ojos- volveré a Mystic Falls pronto, pero siempre que estés en problemas me podrás llamar y acudiré a ti, somos hermanos no?

-…además- prosiguió éste empecinado en su idea- aunque envejezcamos muy despacio, llegará un momento en el que terminaré por envejecer y morir

-No dejaré que ese momento llegue, lo prometo- dijo completamente serio Alex- además, me gusta el equipo que formamos: yo el híbrido que ayuda, el fiel soldado, la mano derecha…y tú serás el perpetuo jefe, el primer emperador Novotney…- comenzó dibujando una sonrisa, haciendo que su hermano se relajara un poco al escuchar aquellas palabras de alago

-Dónde te metes últimamente?- preguntó el mayor de los hermanos tras otro silencio

-Bueno…-comenzó incómodo, pues en las últimas semanas, había intentado aprovechar cada minuto libre para ver a Zuleica- hay una chica- concluyó- y tú?- le devolvió la pelota- Últimamente te comportas distinto- añadió dándole pequeños codazos y dibujando una sonrisa de complicidad, contento por haber cambiado de tema

-Bueno…-comenzó éste avergonzado, nunca había hablado con nadie de chicas y mucho menos de sentimientos y se sentía bastante incómodo al hacerlo- hay una chica que parece estar mosqueada conmigo y no sé cómo hacer para…

-No me extraña- le interrumpió éste- con lo mujeriego que eres…- añadió haciendo que los dos comenzaran a reír- o sea que te gusta una chica, ahm?- dedujo tras la risa

-Quién ha dicho que me gusta? Yo no he dicho que me gusta!- comenzó Noíl completamente avergonzado, incluso se podría decir que enrojeció

-Bueno, la chica que NO te gusta- ratificó con una sonrisa al ver la reacción de su hermano- escucha, no es por criticar tu forma de tratar a las mujeres…-comenzó- pero si con la chica que NO te importa no funciona esa táctica…por qué no pruebas ser más dulce con ella? No sé, invitarla a cenar o algo…

-No te he pedido consejo!- le interrumpió Noíl mirándole de arriba abajo, ofendido por que su hermano pequeño, aun virgen, le estuviera dando consejo alguno sobre mujeres. Alex comenzó a reír tras aquel comentario ganándose otra de las miradas de Noíl

-Señor!- interrumpió un soldado la estancia, sacándoles de su conversación- unos insurgentes de otros clanes han tomado las tierras en expansión de la frontera sur, dicen que no saldrán de ahí sin luchar, que esas tierras son suyas

-Prepara a los soldados- ordenó tras un breve silencio en el que tenía la mirada perdida y el ceño fruncido- si eso es lo que quieren, les haremos una pequeña "visita" esta noche- añadió con una malvada y sexy media sonrisa

-Quieres que te acompañe?- preguntó inocentemente Alex

-No- se negó rotundamente- no hará falta, seguro que solo son una decena de guerrilleros- añadió quitando hierro al asunto, pues ya sentía su orgullo lo suficientemente herido ante la negativa por parte de su hermano pequeño a querer hacerle más fuerte, como para ir con él en batalla

Tras escuchar aquella alarmante conversación de los hermanos, Elena definitivamente no pudo dormir en toda la noche, tenía que ayudarles, pero a la vez éstos no tenían que enterarse. A la mañana siguiente Stefan parecía ya haber ideado aquel plan, pues él y Damon, salieron desde el mediodía, dando por excusa algo de lo más estúpido-"ni que fuera idiota!"- se dijo la vampiresa al verles salir de la puerta.

Minutos después, ésta también salió, en pos de los hermanos, siguiéndoles a una prudente distancia, Elijah le había enseñado bien a camuflarse.

Los Salvatore no se habían percatado que los Caparella terminaron siendo muchos más de lo que ellos pensaron, alrededor de veinte vampiros y les habían capturado. Elena vio a dónde fueron y volvió a casa, trazando en el camino, un plan de rescate, un plan de ayuda

Antes de partir hacia el sur, Noíl decidió realizar una sorpresa para su amada, tenía que ser en su habitación, porque si no levantaría sospechas: el jefe del clan nunca realizaba cosas semejantes

Había decorado su habitación con velas perfumadas y el suelo rociado de pétalos, que daban un ambiente de lo más romántico, pidió una cena exquisita para dos, pero eso no sería dentro de su habitación, si no el en balcón.

Ese balcón era la suficientemente grande y espacioso como para colocar ahí una mesilla baja y unos cojines de cálidos colores como asiento. Desde aquel lugar se podía ver el jardín del palacio, luego los muros y una vista de la ciudad que rodeaba el palacio.

Noíl, por su lado, vistió una camisa negra, que había comprado en Mystic Falls, junto a unos vaqueros que le hacían parecer más sofisticado y desde luego le sentaban realmente bien, a lo largo del verano se había ido dejando gradualmente el pelo largo, así que recogió su oscura y sedosa melena en una coleta, tal y como su padre hacía, haciendo que se pareciera más aun a él

El jefe del clan, esperaba completamente nervioso la llegada de su amada, nunca había realizado algo parecido y no sabía cómo reaccionaría Zuleica o qué diría él…la cabeza le daba vueltas y las manos le sudaban, revisaba mentalmente una y otra vez la habitación para que todo estuviera en su perfecto orden. Lo estaba, pero a cada segundo él movía o traspasaba algo. Al fin llegó Zuleica

La Novotney entró por la puerta de la habitación, con los ojos vendados, Noíl había, personalmente mandado vestir, maquillar, vendar y traer a la muchacha: llevaba un espectacular vestido blanco que llegaba prácticamente al suelo, tapando parte de sus pies descalzos, el vestido era de vuelo y ligero y no tenía mangas, rodeaba su cuello, dejando un visible escote y la espalda al aire, en el brazo llevaba puesto la pulsera de siempre, tenía los labios pintados con un rojo intenso, cosa que daban más volumen a éstos y su corto pelo estaba rizado

Noíl, sonrió al verla y se acercó a ella se colocó a su espalda y dejó caer su venda, dejando al descubierto sus ojos de un ámbar claro, más resaltados que nunca por el oscuro maquillaje.

Zuleica quedó boquiabierta al ver la habitación perfectamente decorada, emitió una pequeña sonrisa al sentirse princesa por un día, pero enseguida la borró al ver al jefe del clan situarse delante de ella

-Mira- comenzó éste tras respirar hondo- sé que estropee nuestra manera de conocernos haciéndome pasar por otra persona y que la manera en la que lo descubriste no fue precisamente la mejor…pero- se paró completamente nervioso, las manos le sudaban y su respiración había acelerado, no encontraba las maneras adecuadas para disculparse y decir lo que sentía, ya que tampoco podía hacerlo- quieres pasar la noche conmigo?- preguntó inocentemente

Zuleica frunció el ceño y luego alzó una ceja, ofendida por aquella petición, echó un vistazo a la cama, perfectamente hecha y dio instintivamente un paso hacia atrás

-No, no, no!- exclamó éste al entender lo que la Novotney había pensado- lo que quiero decir es: podemos empezar de nuevo, esta vez con una cena?

Un incómodo silencio reinó en la habitación, ambos mirándose, Zuleica aún permanecía desconfiada, pero tenía que reconocer que le estaba encantando ese gesto y cómo se estaba comportando en aquella noche, además, estaba realmente guapo

-Me llamo Zuleica- se presentó al fin la muchacha, dibujando una sonrisa y extendiéndole la mano

Noíl, que había permanecido esos minutos sintiendo que iba a explotar, emitió una relajada sonrisa de oreja a oreja-"bien!"- exclamó para sus adentros- mi nombre es Noíl- se presentó a su vez extendiendo la mano- te gustaría venir conmigo?- le pidió cortésmente llevándola al balcón, donde una exquisita cena les esperaba

Elijah permanecía sentado en su reconfortante sillón, en un oscuro salón, acompañado solo por un vaso de vino y una clásica melodía de fondo, mirando en dirección a la puerta de la entrada.

Así pasaba inútilmente dos horas diarias desde la partida de Elena, en espera, de que su amada hiciera una milagrosa aparición y devolviera a su vida el color de la alegría, felicidad y belleza de la que la había pintado durante aquellos quince años a su lado

Aquella noche, como todas las otras, se había sentado en su sofá, acompañado por su copita y con una clásica música de fondo, cuando la puerta al fin se abrió.

El original dibujó una esperanzadora sonrisa, sus ojos se llenaron de brillo y su corazón pareció volver a latir. Se puso de pies, esperando, ansiosamente, a que ésta entrara, pensando ya en la reacción que tendría y las palabras que diría, imaginándose ya a la vampiresa en frente suya… pero en cuanto vio una rubia melena asomarse por la puerta, volvió a ocupar su sitio, sintiéndose muerto de nuevo

-Acaso esperabas a alguien?- preguntó una sonriente rubia al ver la indisimulable desilusión reflejada en el rostro de su hermano

-Qué quieres, Rebekah?- preguntó éste con una voz ronca, en un tono de lo más hostil y frío, sin siquiera mirar a su interlocutora

-Vaya! tú sí que sabes recibir a la familia- exclamó en un tono irónico- Espero que recibas mejor a padre cuando le veas- comentó acercándose a la mesilla y sirviéndose, confiadamente, una copa de vino- ah! Vino español!- exclamó cerrando los ojos y disfrutando de la bebida

-Qué es lo que quiere padre de mí?- preguntó tras un silencio, viendo cómo su hermana fingía disfrutar profundamente de lo clásico, incluso se había puesto a dar vueltas y más vueltas en la sala, bailando al son de la música

-Resulta- comenzó parando en seco- que padre ha descubierto tu pequeño secreto- añadió dibujando una escalofriante sonrisa

Pasaron una noche de lo más encantadora, hablando de todo y nada, Noíl convenciéndose cada vez más que aquella chica era la mujer de su vida, con ella podía contar sus inquietudes y preocupaciones

Llegó un momento en el que Zuleica se puso a comer, concentrándose solo y exclusivamente en eso, ya que la comida de la servidumbre no era nada comparada a la que tenía aquella noche frente a ella. El jefe del clan la observaba comer con una sonrisa de ternura, era la primera vez que veía a una mujer comiendo con tantas ganas

-Qué?- exclamó la Novotney al sentirse observada, aun con la boca llena

Noíl emitió una mueca de asco al verla, pero no tardó nada en convertirse en una carcajada, de alguna manera ya se estaba acostumbrando a las rarezas de aquella joven

-Dime, qué es lo que más desearías ahora mismo?- preguntó éste tras un momento de silencio en el que la chica engullo los alimentos que tenía en la boca

-Un deseo?- preguntó sorprendida la chica-mmm…pero para mí o para el mundo? No pueden ser tres?...

-No, solo para ti y solo uno- le interrumpió el muchacho- soy rico y poderoso, pero no soy un dios- bromeó

-mmm…desearía volver a las afueras, a mi casa, con mi familia

La sonrisa de Noíl se borró al instante, viendo en los ojos de aquella muchacha ilusión y felicidad con el mero hecho de pensar en estar de vuelta a aquel lugar

-Por qué?- preguntó entrecortadamente, casi en un susurro, pero la chica siquiera se dio cuenta

-Porque esto no es para mí: la vida en palacio, los chismorreos, servir a alguien, los vestidos…no soy así- concluyó- así que si pudiese pedir un deseo, definitivamente sería ese

El Novotney no dijo nada, simplemente la observó un rato más, charlaron un poco, cambiando de tema, pero Noíl ya no era lo mismo, pues la chica había deseado irse.

-Bueno…- comenzó poniéndose en pie- perdóname, pero hay unos asuntos que tengo que atender

-Ya?- exclamó la chica poniéndose en pies también- vaya, me estabas cayendo bien y todo!-añadió haciendo que Noíl emitiera una sonrisa

-Eh!- le llamó antes de que ésta saliera de la estancia- estás preciosa- le dijo con total sinceridad, haciendo que a ésta le subieran los colores

Zuleica quedó inmóvil mirando a su anfitrión, cómo era posible que con tan solo un par de horas a su lado hubiera llegado a borrar incluso todo aquel sentimiento de odio que tanto le había costado sembrar en su corazón a lo largo de las últimas semanas?

Al escuchar aquellas palabras, la muchacha dibujó una inconsciente sonrisilla, que enseguida calló, dándose cuenta que ella no era así, ella no se reía por lo cumplidos, carraspeó incómoda y volvió a mirar a aquel hombre, viendo que en el bolsillo de su pantalón asomaba una joya que le era familiar. Emitió una sonrisa- "no se ha atrevido"- se dijo

-Creo que tienes algo que me pertenece- comenzó ésta acercándose de nuevo a él, con una divertida sonrisa y las manos cruzadas a la espalda

Noíl enarcó una ceja sin entender qué es lo que quería decir- el qué?- preguntó frunciendo el ceño

-Esto!- exclamó arrebatando del bolsillo del chico la joya y balanceándola delante de él

El jefe del clan se sintió descubierto, abrió grandemente los ojos y luego carraspeó incómodo, en verdad quería darle aquel colgante, pero no había encontrado la oportunidad adecuada y menos aún con la afirmación de la muchacha de querer volver a su hogar

-Va, quédatelo si quieres!- exclamó quitando importancia, mirando para otro lado avergonzado

-Vale, lo haré

-De verdad?- exclamó el chico ilusionado, pero enseguida volvió a guardar la compostura- quiero decir, bien, es una joya muy valiosa…

-Me ayudas?- le interrumpió la muchacha dándole la espalda

Noíl tragó saliva al ver a la muchacha apartando su pelo y dejando al descubierto la parte trasera de su cuello, seguido de su descubierta espalda, carraspeó incómodo, si fuera cualquier otra mujer, en esos momentos ya estaría en su cama-" no! Es Zuleica!"- se dijo abofeteándose para sus adentros.

Cogió el collar entre sus manos y lo colocó suavemente alrededor del cuello de la muchacha, luego con la yema de los dedos, rozó su hombro, algo que hizo estremecerse a la morena

-Bueno, ya está!- dijo Noíl disipando la palpable tensión

-Sí, debería irme ya- dijo la morena dándose la vuelta- gracias por todo y buenas noches- se despidió saliendo de la habitación, no sin antes dedicarle una encantadora sonrisa, que Noíl distinguió enseguida de las muchas otras que la joven le había dedicado: esta era una sincera

El Novotney quedó solo en la habitación unos instantes, respirando aun el aroma que la chica había dejado en su habitación: lavanda. Inspiró profundamente a la vez que cerraba los ojos, luego los volvió a abrir sintiéndose estúpido

-Itzel!- llamó volviendo a la seriedad tras unos minutos de la partida de su amada

-Sí, señor?

-La nueva sirvienta, esa tal Zuleica- dijo fingiendo indiferencia- quiero que la despidas

-Sí, señor. Ha hecho algo malo?

-No, no, me he cansado de ella, quiero una nueva- mintió-Ah! Pero no dejes de mandar dinero a su familia

-Como desee, Señor