Hola gente!

muchas gracias a todos por sus hermoso comentarios, espero haber respondido a todos y cada uno de ustedes... y si no es así perdónenme la vida!

Solo quedan dos capítulos...

Paulina de Potter: Lamento mucho que no se de tan rápidamente lo que tu quieres! ya queda poco... y espero que al menos este capítulo te deje un sabor dulce, cariños!

Mariana: Hola! me alegro que una persona nueva me comente y leyera todo el fic de una vez! gracias por tu tiempo y paciencia! No quería que lloraras! :( en serio, que bueno que te gustara el fic y comentaras, sirve mucho para seguir... y si bien los tres caps están terminados igualmente sus palabras motivan para seguir escribiendo "Atado a ti" y otras historias que tengo ya comenzadas y espero vean la luz una vez termine con "Me enamoré de ti"

Solo y como el cap lo dice... escuchen, si quieren, "realmente no estoy tan solo" de Ricardo Arjona... ayuda un montón en la sensación del cap.

ahora sin más el capítulo...


Capítulo 25: Realmente no estoy tan solo.

- ¿Sabes? Comprendí enseguida cuando mencionaste eso de los síntomas, cariño.

- Gracias a Merlín entendiste tú y no Harry, de lo contrario tu hermana me hubiese matado y me cortaba en cuadritos y metía mis trocitos al congelador. – Harry acababa de aparecer en la cocina de la casa de los Weasley para ver a su ahijada, pero al escuchar su nombre se detuvo. Era claro que esa charla no era para que él la escuchara, Ron y Hermione hablaban misteriosamente en el salón de su casa.

- ¿Crees que mi hermana no mencione nada? –

- Me prometió hacerlo cuando llegó de Holanda. – Aseguró Hermione. "Qué demonios es lo que sucede con Ginny" Pensó Harry, hacía poco más de dos meses que no veía y sabía nada de Ginevra Weasley por su salud mental, y había estado bien, pensando, sintiendo y suspirando por ella, pero al menos no se emborrachaba a diario, y solo había salido con un par de mujeres para aparentar entereza y sobre todo dignidad. El mundo no se detenía porque no podía estar con la mujer que amaba.

- Sí esa loca mujer...

- Que es tú hermana...

- Eso no quita lo loca y testaruda que es...

- Tienes razón, pero entiendo que ella reaccione así, aunque no lo comparto...

- ¡Por Dios Hermione! Lo que ella está haciendo es totalmente inmaduro, si yo estuviera en el lugar de sabes quién no tendría conmiseración con ella, porque está pasándose por el culo la responsabilidad y el derecho que Harry tiene. – "Bien, ya no es Ella solamente, yo también estoy implicado" Pensó Harry frustrado, quería que sus amigos hablaran luego.

- ¡Ronald! Tu hija te puede oír y repetirá esa palabra como loro después. – Lo regañó Hermione, Ron sonrió.

- Lo siento, pero Ginny logra exasperarme. – "Y no eres el único, amigo" Pensó Harry. – No voy a seguir callando por mucho tiempo, Hermione, Harry es mi amigo y tiene el derecho a saber...

- ¡No lo digas! No puedes cometer esa imprudencia, es Ginny quien debe decirle a Harry que serán padres. – El aire no llegaba, y la sangre lo abandonaba estrepitosamente, el corazón latía furioso y aclamaba por la inexistente sangre. Sacando fuerzas de donde no sabía logró musitar un penoso:

- ¿Qué? – Se dejó ver, pálido, desencajado, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar, ¿Iba a ser padre?... Hermione se llevó ambas manos a la boca y Ron se levantó inmediatamente del sillón.

- ¡Harry!

- ¿Qué tu hermana qué? – Preguntó con más fuerzas, era imposible que Ginny le ocultara una noticia como ésa, a pesar de estar separados, de estar enfadados, de haber pactado un adiós que era inminente en ellos. La llegada de un hijo cambiaba todo... ¿Un hijo? ¿Él iba a ser padre? ¿Iba a ser padre con Ginny? ¿El amor de su vida estaba embarazada y él sería el padre? – Ron, ¡¿Voy a ser padre? ¡Y Ginny será la madre! – Sonrió feliz, estaba feliz, esa idea estaba albergada en su corazón, en su alma, algo de él crecía dentro de Ginny. Soltó una carcajada.

- ¡Sí, serás padre! – Rió Ron, lo abrazó, felicitándolo, Luego Harry abrazó a Hermione levantándola del suelo y dando vueltas, feliz y repitiendo "¡Voy a ser padre!"

- Necesito comprar los muebles, la cuna, la ropa... ¡Todo! – Sonrió, sus amigos rieron de las ocurrencias del futuro padre. - ¿De cuánto está Ginny? – Sonrió, Ron inmediatamente se puso nervioso con la pregunta, sabía que ahí estaba el quid del asunto.

- Casi cinco meses. – Hasta para él esa era una respuesta lógica... no estaba íntimamente con Ginny desde la ruptura, pero ella no le había dicho nada... "Ella no pretende excluirme de mis derechos como padre... La última ves ella parecía otra mujer... pero es imposible que quiera alejarme de mi hijo" Pensó Preocupado. Solo respondió alterado a la respuesta de Ron, de la cual ni se acordaba de la pregunta.

- ¿Qué?

- Harry, ella estaba asustada, se enteró hace...

- Cinco meses me ha ocultado a mí hijo. – Hermione blanqueó los ojos

- Ginny siempre pensó en decírtelo nunca planeó ocultar nada, pero no sabía cómo lo tomarías tú, como sopesarías la noticia, y si no te ha dicho la noticia antes es...

- ¡Porque es demasiado orgullosa para admitir que se ha equivocado, porque no tiene la madurez suficiente para separar las cosas! ¿Cómo se le ocurre "pasar por alto" una noticia como esta? – Ron estaba en absoluto acuerdo con él, también se sentiría así si Hermione le hubiese ocultado el embarazo de Rose. Hermione era la única que pretendía defender a su cuñada y amiga, porque entendía cuáles eran los periodos por los cuales pasaba una mujer embarazada. Y consolidando con el género femenino, era lo mínimo que Harry se merecía por haberle dicho semejantes idioteces a su cuñada. El punto es que si era objetiva, Ginny sí debería haber soltado la bomba mucho antes con el padre del niño que crecía en su vientre.

- Voy por unos refrescos... – solo optó por decir. Cansada de discutir con Harry.

- Cariño, mejor trae algo más fuerte...

- Yo paso, solo una cerveza de manteca. – Pidió Harry.

- Bien. – Hermione fue en busca del pedido de su marido y amigo.

- ¿Cómo te sientes? – Preguntó Ron sonriendo. La verdad es que Harry se sentía dolido

Porque Ginny no le hubiese dicho antes la noticia, aun así compuso una sonrisa radiante. Ese hijo era la razón más inocente de estar siempre presente en la vida de Ginny, la madre de su hijo.

- Estoy feliz. – Sonrió.

- Aun así no puedo imaginar...

- ¿Qué cosa?

- No puedo imaginar a Harry Potter con un hijo, mudándolo o dándole un biberón a las 6 de la mañana o haciéndolo dormir a las 3 de la madrugada.

-Yo tampoco, pero suena más a un matrimonio. – Ron frunció el ceño.

- Claro que sí, ¿Tú no lo ves así?

- No. No quiero sonar egoísta tampoco, pero que tu hermana no me dijera que estaba embarazada es algo que no entiendo y es lo primero que quiero preguntarle. Ella siempre me tendrá para lo que necesite ella y nuestro hijo, pero francamente creo que esto nos separa mucho más... ella no tuvo el valor suficiente de decir algo que es tremendamente importante como la llegada de un hijo, y yo no le tuve el respeto suficiente hace unos meses.

- Por favor, Harry los problemas se solucionaran.

- ¿Cómo podemos solucionar algo que ya no tiene la importancia suficiente para estar juntos? ¿Cómo mierda vamos a estar juntos si cada ves que nos vemos nos hacemos daño? ¿Cómo vamos a educar a un niño si a veces ni nos toleramos?

- Harry, ustedes son personas adultas y pueden razonar sin alterarse, por Dios. ¡Serán padres! ¿Quieres ser padre, no?

- Claro que sí, Me hubiese gustado enterarme por ella que estaba embarazada, hubiese preferido estar siempre a su lado y no tener que separarme nunca de ella... pero ella no perdona mis errores y yo no paso por alto el hecho de ocultar ciertas cosas en lo cual tu hermana es innata. Quise solucionar las cosas y ella no, no voy a seguir suplicando por algo que ya está perdido, Ron. – Dijo, firme.

- ¿No harás el esfuerzo de luchar por tu familia? Porque ya no es Ginny solamente, es ese niño que crearon, es ella y el bebé, Ginny y tú tienen algo por lo que vale la pena luchar.

- Y estoy seguro de que lo haremos, pero no habrá familia. – Añadió tajante.

- ¿Estás seguro de no insistir?

- Estoy seguro que Ginny es una mujer por la cual vale la pena luchar hasta morir, pero en esa lucha le he causado mucho daño y ya no sé si sea yo el hombre que ella necesite en su vida... a pesar de luchar para arrancármela del alma y el corazón no pude, estoy enamorado de ella pero eso no quiere decir que voy a facilitarles las armas a Ginny para que me destruya.

- ¿Crees que es la mejor decisión? Es un niño que no pidió venir al mundo.

- Sin embargo es una razón muy bonita para seguir adelante cuando creías todo perdido.

- No te aferres a la idea de que ese niño es un salvavidas en tu propia vida...

- No lo es, pero no puedo negar que es una linda excusa para valerte por otra persona y yo lo haré por mi hijo. – Justo en ese momento Hermione entraba con una bandeja que contenía tres vasos y un biberón. Más atrás venía con paso lento pero seguro Rose.

- ¡Hola preciosa! – Saludaba Harry y la alzó en sus brazos.

- ¡Tibu! - Balbuceó Rose riendo. Harry también rió, hablaron unos minutos y apenas bebió de su vaso, sabía que antes de hablar con Ginny... suspiró, iba a ser tortuoso verla, y francamente no quería... no quería ser un idiota rogando por una familia, Ron tenía razón, ya no era solo ella ahora era ella y su hijo. Pero no iba a sucumbir a esos ojos chocolate, ni a esa dulce voz, ni mucho menos a ese cuerpo intentando torturarlo, ya no. Ahora solo debía cumplir con su palabra a Ted Lupin.

- Chicos, creo que ya debo irme...

- ¿Irás a hablar con Ginny ahora mismo? – Preguntó Hermione, torpemente. Harry la miró ceñudo y bajó a Rose de sus brazos.

- No, y no quiero que le digan absolutamente nada a esa loca mujer que yo sé algo del embarazo.

- ¿No pensarás decir...? – Comenzó Hermione.

- Quiero que ella se dé por aludida y termine por confesármelo, es lo mínimo que debe hacer.

- Pero...

- Por favor, me lo deben, fueron testigos de sus locuras bastante tiempo como para que ahora guarden silencio por mí – Hermione lo miraba incrédula, sabía que ella consolidaba con Ginny, pero ahora el tema era entre él y Ginny y nadie más debía interferir. – Hermione, por favor, necesito saber que tú no le dirás nada a tu cuñada...

- Harry, ella confía...

- ¿Cómo crees que te sentirías si Ron te ocultara algo importante? – Preguntó molesto.

- ¿Te has preguntado por qué Ginny no te lo ha dicho?

- ¡Porque es una mujer insuperablemente orgullosa!

- ¡Y tú fuiste un maldito cruel con ella! ¡Claro que mi lealtad está con ella! – Replicó furiosa.

- Oye... hablaré con ella hoy. – Añadió en un susurro. Hermione lo miró furiosa.

- Creo que si hemos callado un par de meses podemos hacerlo un día más... – Ron estaba haciendo de intermediario. Estaba completamente de acuerdo con la postura de Harry, sin embargo su esposa también tenía razón.

- Ron, ¡Por Dios! Tu hermana se sentirá traicionada...

- ¡Y crees que yo no! – Exclamó Harry. - Está bien, desde el mismo día que le dije esas estupideces a Ginny me arrepentí, y ella lo sabe, mierda todo el mundo supo que era un maldito idiota rogando amor para que me perdonara, y si no quiso, bien, pero no postergaré más mi vida. Tú no estás más arrepentida que yo, pero ya pedí las disculpas y no las aceptó. Lo siento mucho pero no hay nada más que pueda hacer más que intentar ser un buen padre. – Añadió más triste que nunca y Hermione supo que él no lo estaba pasando bien y sintió unas ganas de golpearlo y hacerlo entrar en razón.

- Harry, esa me parece una postura insana si alguna ves quieres estar con tu familia.

- Hermione, entiende, ella sabe que estoy arrepentido y le he pedido perdón desde que llegó, es ella quien no quiere familia, es ella quien no me quiere en su vida y yo ya no quiero y no tengo el tiempo para rogar, francamente el papel no me queda bien.

- Bien... espero que hables hoy mismo con ella. – Harry asintió.

/

- ¡Harry!

- Hola Tonks. – Harry la saludó, el cabello de la señora Lupin era de un rosa chicle y al parecer en ese momento estaba feliz o contenta al menos.

- Pasa...

- No, gracias, necesito hablar con Teddy,

- ¿Ted? – Preguntó sorprendida. – Sé que todos tus amigos se han casado, pero ¿Refugiarse en un niño de 9 años? ¡Vaya! Me parece interesante en ti. – Harry rió fuerte, y como si se tratara de una alarma Ted llegó hasta el umbral de la puerta.

- ¿Por qué hablan aquí cuando llueve con tanta fuerza? – Preguntó a modo de saludo.

- Culpa a tu padrino. – Ted y Harry rieron.

- ¿Te molestaría acompañarme a algún sitio? – Preguntó Harry sonriendo a Teddy.

- ¿Dónde?

- No lo sé... ¿dónde quieres ir?

- ¡Vamos a tomar helados!

- ¿Helados? ¿No tienes frío para tomar helados? – Harry frunció el ceño.

- Vamos a Florean Fortescue, por favor...

- Ted Lupin vamos a Florean Fortescue.

- ¡Bravo!

- ¿Podemos? – Preguntó Harry a Tonks, con una sonrisa compradora.

- Está bien, pero en tres horas aquí. Este jovencito debe tener una seria charla con su padre.

- ¿Qué hice ahora? – Preguntó inocentemente Teddy.

- Sí, ¿qué hizo esta ves? – Sonrió Harry.

- ¿Te parece poco, Ted, querer inflar a tu profesora en el colegio porque les obliga a aprender

Matemáticas? – Harry intentó reprimir una carcajada, pero no pudo. Ted también rió. Y por el propio bien de su sobrino lo alzó en brazos. – Bravo Potter, celebra las patrañas de este niño. Remus no está para nada contento con que el ahijado siga ese ejemplo de su padrino.

- ¿Tú también lo hiciste? – Preguntó Ted, divertido.

- Sí, pero mi tía era un caso inevitable y lo lógico era hacer algo para derrotarla. Y me salí de control, no tuve otra opción, pero tenía 13 años.

- ¡Vaya! Eso fue lo que dije, tío, me salí de control.

- Trae de cabeza a todo el ministerio intentando borrar la memoria de la profesora y de los 30 alumnos que estaban en el aula. – Harry volvió a reír, y Tonks esbozó una sonrisa débil. Su ahijado estaba a salvo, lo dejó en el suelo. – Bien, vayan luego antes de que llegue tu padre.

/

- ¿Debemos festejar algo? – Preguntó Ted, mientras se abrían paso en el concurrido callejón Diagon.

- Tal ves. – Dijo misteriosamente. Luego de estar pegados literalmente en el escaparate de deportes mágico e idolatrar las escobas que estaban de moda, Harry le hizo jurar a Ted que entraría en el equipo de Quidditch de Griffindor, luego de media hora salieron directo a Florean Fortescue. Harry compró un helado de crema y caramelo, y un café. Se sentaron en unas sillas altas y Harry dejó la cucharita sobre la mesa.

- ¿Sabes quién visitó a mamá ayer?

- No, ¿Quién?

- Mi tía favorita, es decir Tía Ginny y el tío Phillipe. – De solo escuchar ese nombre las tripas se le encogieron. Cuanta falta hacía Ginevra Weasley en su vida.

- ¿Desde cuándo le dices tío a ese idiota?

- Desde que tía Ginny me dijo que era un amigo de ella. ¿Te molesta?

- No, pero...

- ¿No te agrada?

- No, ¿Qué fue a hacer Ginny a la casa de tus padres?

- Fue a dejar un gigantesco regalo a su sobrino favorito. – Harry sonrió. – Me regaló el equipo completo de guardián de Griffindor. ¡Es enorme! - Sonrió entusiasta. – Es el regalo perfecto con la escoba que tú me regalaste.

- Genial. – Sonrió. Mientras jugaba con la cucharita de su café. - ¿Viste a tú tía cariñosa con su novio?

- ¿Cómo cariñoso? – Harry, miró los ojos de su ahijado y frunció el ceño.

- ¿Se tomaban de la mano, o se decían cosas melosas, o se besaban en la boca? – Preguntó, asustado de la respuesta.

- No, nada de eso, El tío Phillipe hablaba con mi papá en la cocina y tía Ginny con mi mamá en la sala y yo estaba ahí y escuché todo lo que ellas hablaron. – Harry rió, adoraba a ese muchacho.

Ted daba largas lamías al helado.

- ¿Qué le dijo? Ginny a tu madre.

- Lo siento, no puedo decirlo.

- ¿Por qué?

- La tía Ginny me hizo prometer que no debía decir nada de lo que escuché, entonces le dije que estuviese tranquila porque no oí nada... pero sí que oí. – Rió.

- No le dirás a tú padrino, quien te quiere demasiado, quien ha guardado un montón de tus secretos a tus padres, como el de inundar el baño de la casa...

- ¡Está bien! – Harry rió. – Eres un gran chantajista, ¿Sabes? Pero solo porque hablaron de ti.

- ¿De mí?

- Sí, Tía Ginny preguntó a mi mamá si sabía de ti, como estabas, si venía a ver a su ahijadito. – Ambos sonrieron. - Mamá dijo que sabía de ti casi todos los días, que parecías un fantasma deambulando entre muertos... la verdad es que no entendí mucho eso, tío...

- Yo tampoco. – Mintió. "Bien, Tonks ahora sé que puedes decirle a Ginny que estoy muerto, muchas gracias por ser mi amiga, mierda... como todos se pueden dar cuenta que sin ti no soy nada, todos menos tú, Ginevra" Pensó, abatido. – Y que más dijo? – Ted frunció el ceño.

- ¿Por qué tú y tía Ginny no se juntan y hablan?

- ¿Por qué?

- Porque los dos no paran de preocuparse por el otro y mis pobres padres son los que tienen que escuchar las preguntas, "¿Remus, has sabido de Ginny?" – Ted imitó perfectamente el tono lastimero de Harry cuando preguntaba por ella. – "¿Tonks, sabes cómo está ese Potter?" – Ted imitó en un tono chillón el de Ginny. Harry soltó una carcajada, y más de un cliente dio vuelta la cara para mirarlo.

- ¿Es en serio? – Preguntó.

- Es en serio. – Confirmó Ted. – Solo se enfadó cuando yo le dije que tú fuiste el día anterior con tu novia...

- ¡No era mi novia, Ted! – El niño sonrió como si tratara de disculparse.

- Pues si parecía tu novia.

- Ella se llama Allie Hamilton, es abogada de la empresa y si pasé con ella a dejarte ese regalo es porque es completamente Muggle y luego debíamos seguir trabajando en mi departamento.

- ¿No hubieron besitos con ella, tío? – Preguntó, Harry intentó en vano no reír.

- No, no hubieron besitos.

- No puedes negar que era guapa.

- ¿Desde cuándo te parecen guapas las mujeres? Apenas tienes 9 años.

- 10 dentro de un mes, Allie podría ser tu novia, a propósito, cuando le comenté eso a tía Ginny creo que estaba celosa.

- ¿Celosa?... ¿Desde cuándo eres persuasivo? ¿Cuándo cambiaste? – Ted soltó una carcajada, mientras Harry bebía de su café. – Dices que tu tía parecía celosa...

- Sí, cuando dije que tenías novia ella dijo: "Ya se aburrirá Teddy" – Ahora fue Harry quien soltó una carcajada estridente.

- ¿Eso dijo?

- Sí, pero se enojó cuando mi papá dijo que era muy guapa y la tía le soltó: "No deja de ser la del mes, la de turno" ¿Qué quiso decir con eso, tío? – Harry rió más fuerte, esa mujer y sus ocurrencias.

- Quiere decir que es una mujer estupenda, maravillosa, pero que está loca.

- Mi tía no es loca. – La defendió.

- Claro que sí, loquita, loquita.

- Me pregunto si estás más loco tú... Harían una pareja explosiva tú y tía Ginny.

- Tienes toda la razón, Teddy. – Harry decidió que ya era hora de ir al asunto, después de tres helados y dos tazas de café. – Ted, recuerdas de una promesa que hicimos hace un tiempo – Sonrió. La sola idea de haber creado algo con el amor de su vida sentía que la piel se le erizaba, como mínimo. De esa mujer que tanto amaba, deseaba y necesitaba. –

- Recuerdo que prometiste llevarme al andén 9¾ cuando llegue la hora de...

- Sí, pero no es eso de lo que quiero hablar.

- Tío...

- Teddy, te prometí que serías el primero en enterarte de mi boca que mi hijo... – Sonrió. Era algo suyo, su hijo era completamente suyo y de su madre, él y Ginny habían creado a una personita con tanto amor. – Sería tu mejor amigo.

- ¡Lo recuerdo! – Sonrió entusiasta.

- Pues bien... Teddy, voy a ser padre. – Sonrió Feliz.

- ¡Vaya! Voy a tener a un nuevo mejor amigo. – Exclamó Ted, Harry rió.

- Solo promete que guardarás el secreto y no se lo dirás a nadie hasta que yo anuncie la noticia, ¿Puedo confiar en ti?

- ¡Sí! Claro que sí, no puedo hacer menos después de que tú has guardado tantos secretos míos, tío Harry. – Harry rió, ese muchacho era genial, ojalá su hijo fuese como él. Antes de las tres horas Ted Lupin ya estaba sano y salvo en su casa, no entendía cuáles eran esas extrañas ganas de visitar el departamento en el cual vivió con Ginny, pero quiso recordar viejos tiempos cuando era mucho más feliz, evidentemente. Llegó hasta el departamento y se dirigió hasta la cocina, todo estaba impecable, unas cajas sin abrir, mostraban cubiertos, platos, platillos... se imaginó a Ginny improvisando algo en la cocina para él, o quizá correteando al bebé cuando comenzara a caminar para que se alejara de la cocinilla para no quemarse, siempre sonriendo feliz. Lanzó una bocanada de humo de su cigarrillo, consciente de que aquello jamás ocurriría, siendo los tres una familia.

Me tomo un café con tu ausencia y le enciendo un cigarro a la nostalgia le doy un beso en el cuello a tu espacio, vacío. Me juego un ajedrez con tu historia y le acaricio la espalda a la memoria, seduciendo al par de zapatos azules que olvidaste y charlo de política con tu cepillo de dientes. Con visión tan analítica como cuando te arrepientes.

Sentía unas ganas incontrolables de buscar a Ginny y besarla, que se le fuera el último respiro en besos agradeciendo que le diera razones, una razón en particular de continuar con su vida por su hijo, por el hijo de ambos... se levantó y recorrió la cocina... se dirigió hasta el baño, preguntándose si aún estaban las pertenencias de ella... todo continuaba allí, perfumes y un centenar de frascos de crema.

- Maldita la hora en que cambié mis propias leyes al enamorarme de ti. – Susurró, luego recordó al niño que crecía en el vientre de Ginny, sonrió. - Si no hubiese incumplido mis propias leyes mi hijo no estaría aquí... no estaría creciendo dentro de ti, bonita. – Añadió, mientras cogía el cepillo de dientes viejo rojo que antes usaba Ginny. Miraba detenidamente aquel cepillo como si pensara que fuese de un interés inimaginable. – Genial, charlando de política con tu cepillo de dientes. – Dijo, recordando las infinitas maneras que Ginny utilizaba para hacerlo reír, para hacerlo feliz... ahora lo hacía con su hijo, ella le seguía dando excusas perfectas para seguir riendo y para no sentirse solo.

Realmente no estoy tan solo, quien te dijo que te fuiste, si aún te encuentro cocinando algún recuerdo en la cocina o es la sombra que dibuja la cortina.

Ella estaba con otro tipo, ¿Realmente olvidó todo? ¿Podía estar con otro y pensando en él? Como podía estar con alguien si él siempre sentía que ella se esmeraba en seducirlo, en enamorarlo... y como un maldito masoquista le encantaba ese juego, y caía rendido a sus pies. De solo mirarla tenía perdida la batalla, sin embargo quería olvidar esos labios que una ves le prometieron hacerlo feliz para siempre.

Realmente no estoy tan solo quien te dijo que te fuiste si uno no está donde el cuerpo sino Donde más lo extrañan, y aquí se te extraña tanto, tú sigues aquí, sin ti, conmigo, quien está Contigo si ni siquiera estás tú

Francamente esa vida que él decía tener ya no era vida, solo estaba ella y el bebé... había algo más que amaba, y era la mágica forma en que Ginny se entregaba a sus caricias, a sus besos y le sonreía tierna y ampliamente a sus te amo, ella debió entender que su mirada con aire ingenuo y sensual era todo lo que necesitaba para reír como idiota y amarla para siempre, porque solo era ella, no podía estar emocionalmente con otra mujer, porque sus pensamientos, alma y corazón estaban con ella y con su hijo.

Platico con tus medias de seda y le preparo un croissant al recuerdo, mientras le rasco una rodilla a esta vida, sin vida. Le canto una canción a la nada y me burlo de la melancolía, mientras le subo el cierre a la falda, de las ganas, sintiendo tantas cosas, realmente no estoy tan solo, sola tú que estás conmigo y no te fuiste contigo.

- ¿Harry? – Preguntó una voz suave, él se giró aún con el cepillo de dientes en la mano, y el cigarrillo en la otra.

- ¿Qué haces aquí?

- Creí que no te molestaba que viniera al departamento...

- No, claro que no, Ginny, pero... – Estaba confundido, apagó inmediatamente el cigarro y miró el vientre de Ginny de reojo, aún no se notaba el embarazo, la figura de Ginny era la de siempre aunque algunos pequeños cambios eran evidentes... o tal ves él conocía a la perfección ese cuerpo, las caderas eran algo más anchas y sus pechos eran más grandes, no exagerados, pero eran una causa más de sensualidad en ese cuerpo, algo que no agradeció Harry en su intento de buscar imperfecciones en Ginny. El caso era que estaba ahí parado frente a ella y no sabía si levantarla de un abrazo, besarla desesperadamente, hacerle el amor ahí mismo o reprocharle el no haber dicho nada acerca del hijo de ambos.

- Vine a recoger mi ropa, ya me iba...

- No quiero que pienses que me molesta, es solo que me sorprende.

- La última ves que estuvimos aquí dijiste que no te importaba que viniera y solo por eso me tomé las atribuciones. – Él solo sonrió. Y se quedó idiotizado mirándola proyectando el futuro de los tres en esos ojos chocolate que lo miraban confundida. - ¿Estás bien? – Preguntó preocupada.

- Sí. – Ginny frunció el ceño, y miró por detrás de la espalda de Harry, de pronto sintiendo terror. -

- ¿Estás solo?

- Sí. – Volvió a decir. Sintió curiosidad, tal ves Ginny estaba con el amanerado, ella venía de la habitación... "Mierda, Ginny, dime que no... en esa cama no" pensó desesperado. - ¿Estás con tu novio? – Preguntó alterado.

- No, él está en plena temporada de Quidditch. – Respondió desconcertada

- Ya veo. – Susurró aliviado. "Gracias, Gracias" - ¿Por qué pensabas que estaba con alguien?

- No lo sé, digo, nunca estás solo... siempre te acompaña tu novia mensual.

- No tengo novia.

- ¡Vaya! Ese es un milagro. - Ironizó. – Entonces Allie Hamilton es solo la "Amiguita" del mes. – Harry reprimió una sonrisa, Ginny estaba celosa de su abogada.

- Ella es solo mi abogada y pienso que caíste a la perfección en lo que te dijo Teddy.

- Ah, hablaste con él, resulta que ahora tienes por confidente a un niño de 9 años. – Rió con petulancia. Arrugó la frente dolorosamente. Eran esos insufribles mareos, se llevó una mano a la cabeza y todo se giraba rápidamente en aquel departamento. Diablos esos mareos no la querían dejar tranquila, pese a que ya debería dejar de sentirlos.

- ¿Te sientes bien? – Preguntó alarmado, tomando del brazo a Ginny.

- Estoy bien... algo... – Nunca había sentido tantos mareos en su vida, se afirmó de Harry.

- ¿Te quieres sentar?

- No, estoy bien...

- Ginny, deberías sentarte si no quieres que yo mismo te tome en brazos y te siente a la fuerza. – Insistió, ella solo asintió, ambos se dirigieron hasta la sala, y ella aliviada se sentó. Harry la miraba preocupado.

- ¿Cuándo viste a Teddy? ¿Está bien? –

- Hoy, y sí, está bien. Está flechado con Allie, pienso que por eso te habló de ella.

- Claro. – dijo sin darle importancia. Tomándose la cabeza con ambas manos, y los ojos cerrados.

- Ted dice que es la mujer más hermosa que ha visto en su vida...

- ¿Desde cuándo Ted Lupin le parecen hermosas las mujeres? – Harry sonrió.

- Eso le pregunté yo, pero es lógico que le parezcan hermosas otras mujeres, está acostumbrado a verte a ti, por ejemplo. – Ginny abrió los ojos, y lo miró dolida. Harry estaba planeando su propia estrategia para que ella se enfadara y así terminara por confesarle lo del embarazo.

- ¿Ah, sí?

- Claro, es muy pequeño y no conoce a muchas mujeres más que a sus tías. – Mencionó sin darle la más mínima importancia. Ginny frunció el ceño y bajó sus manos y las acomodó en su regazo. – Que son parte de la familia y no sabe distinguir cuando una mujer es realmente hermosa, como Allie. Le dije que no conoció a una novia preciosa, hermosa que tuve. – Los ojos de Ginny se entrecerraron, Ginny no entendía que Harry se refería a ella.

- Claro, tu larga lista. – Dijo en un tono apenas audible. Que Harry sin embargo escuchó.

- Debía omitir ciertos comentarios que estaban en la sección "adultos" – Sonrió. – No podía decirle a un niño de 9 años que esa mujer, la novia que te explicaba, provocaba el temblor de mi piel con solo sentir su cuerpo junto al mío. Que adoraba escuchar decir mi nombre cuando tenía un orgasmo y que me volvía loco la suave respiración de ella en mi cuello...

- ¡Basta! – Los ojos de Ginny estaban acuosos, pero Harry no se iba a callar.

- ¡No! ¿Por qué callar esos sentimientos? Esa mujer me hacía sentir el hombre más completo que caminara sobre esta tierra, debo admitir que sus besos eran adictivos... son. – Se corrigió, Ginny intentaba retener en sus ojos las lágrimas, pero éstas ganaron su cometido y resbalaron por las mejillas de Ginny. – Lo que es mejor de todo era cuando ella me entregaba su vida para amarla. – Ella se secó las lágrimas con el dorso de la mano, y Harry se resignó a que ella jamás le diría que estaba embarazada, que juntos iban a ser padres, quizá ella no quería compartir con él esa dicha, eso le congeló el alma. "¿Por qué llora? ¿Por qué reacciona de ese modo? ¿Es que aún siente algo por mí?... no, estoy seguro que ahora quiere a ese mal nacido del francés"

- Me decías que estuviste con Ted. – Intentó desviar el tema, no quería que Harry le explicara cómo se tiraba a cuanta puta encontrara en su camino. Harry pareció salir de sus pensamientos.

- Sí, necesitaba darle una noticia.

- ¿Qué te vas a casar con tu secretaria? – Dijo, burlándose, riendo con una sonrisa sarcástica que Harry jamás vio antes en ella. Harry se enojó y no aguantando más esa ridícula postura de Ginny quiso parar con todo de raíz.

- Precisamente eso no es, hoy por casualidades de la vida me enteré que estabas embarazada. – Dijo fríamente, Ginny palideció y se levantó inmediatamente de la silla como le permitiera su estado, lo miró con los ojos muy abiertos, desencajada.

- ¿Cómo te enteraste? – Preguntó perpleja. Y Harry se preocupó con la rapidez en que los colores la abandonaban, la miró dolido pero atento a cualquier inconveniente.

- Eso no tiene importancia, es intolerable la forma en que me has ocultado todo. Es inaceptable que no me enterara por ti.

- Yo iba a decírtelo, Harry, pero...

- ¡Pero tú maldito orgullo te cegó por sed de venganza, mujer!

- Harry, estaba asustada, nosotros no estábamos juntos y...

- ¡Solo son excusas! Ginevra, sabes que yo iba a estar contigo, sabes que jamás te iba a abandonar ni mucho menos sabiendo que dentro llevas a mí hijo.

- Harry, no quería que supieras porque... estaba dolida.

- Debes saber que daba todo el oro del mundo por enterarme que juntos vamos a ser padres. – Dijo triste, dolido, sin ganas de seguir. Ginny derramaba lágrimas sin poder contenerlas.

- Yo... yo lo sé, estaba confundida, no pensé con claridad, lo siento mucho. – Admitió arrepentida, sabía que mucho antes debía darle la noticia a Harry, pero su orgullo siempre era más. – Mi familia aún no lo sabe... De hecho solo lo sabe Hermione y Phillipe...

- Claro, tu novio debía saber antes que yo. – "¿Por qué él primero?" Estaba furioso con ese maldito que no hacía más que interferir en la vida de Ginny. – Ron y Ted lo saben.

- ¿Ron y Ted? – Preguntó nerviosa.

- Sí, Ron se enteró mucho antes que yo, creo y Ted se enteró hoy... le hice una promesa... no puedo entender que yo no fuese el primero en saber de tú boca que iba a ser padre, Ginny... – Harry estaba destrozado, necesitaba decirle en voz alta que no necesitaba nada de ella, y por ende no estaba dolido con ella por ocultar la noticia del embarazo. Pero no podía, eso lo mataba en vida, seguía mirándola a los ojos, con los suyos propios acuosos.

- Yo... me enteré cuando estaba de dos meses, y no sabía qué hacer con un hijo cuando aún no sabía qué hacer con mi propia vida, Harry estaba aterrada... no sabía si ibas a dudar de este hijo...

- ¿Cómo creíste que iba a dudar de la paternidad? – Preguntó furioso.

- No olvides como terminó todo entre nosotros, tú dudaste de mi fidelidad y era lógico que pensara que tú ibas a dudar...

- Eso no excusa que te hayas callado, Ginevra, por Dios, Tienes toda la razón cuando dices que fui una mierda contigo, pero tenía derecho a saber qué voy a ser padre.

- Lo sé – Se sentó abatida. - No sabía cómo decirlo, ese día despertaste y desapareciste, no nos vemos hace más de dos meses, estaba aterrada, ¡Sigo aterrada! – Harry se acercó, se inclinó frente ella, le tomó las manos, la miró fijamente unos segundos antes de decir algo.

- Estamos juntos en esto, no te sientas aterrada... pase lo que pase yo voy a estar contigo, siempre. – Intentó que esas palabras sonaran afectuosas y desde el fondo de su corazón, que ella entendiera que lo que él decía también era su propio compromiso de amarla para siempre, Ginny se lanzó a sus brazos y lloró desconsolada, Harry también derramó gruesas lágrimas y las secó a tiempo para que ella no las viera.

- Perdóname por ocultar el embarazo yo no tenía ese derecho, Harry no te enfades conmigo por favor... tú no, no quiero que me dejes sola cuando el embarazo me arruine, cuando sea horrible y enorme como una casa. – Sollozó Ginny desesperada. Harry le secó las lágrimas con los dedos, entendió que no podía ser duro con ella, suspiró.

- Entiende que aunque estés del porte de una casa, como dices tú, a mí me vas a parecer la mujer más hermosa que camina por este suelo, y no me cabe duda que tú novio piensa lo mismo. – Ginny tuvo la furtiva idea de gritarle que lo que él pensara era lo único que le importaba, que solo importaba que él viera que ella era bonita, su bonita.

- Harry...

- Ya no importa... yo no he sido la mejor persona contigo y sé que no debí enojarme mucho menos contigo, pero... no pude. – Ambos se separaron, y se miraron a los ojos.

- Tengo miedo, niño. – Susurró aterrada, mientras las lágrimas se enredaban en las pestañas. Harry tuvo un retroceso, le pareció ver a una Ginny de unos 11 años intentando explicarse ante él mismo que ella no era la responsable de abrir la cámara de los secretos. Se acercó a ella y la abrazó fuertemente.

- Estaré contigo siempre, sin importar lo lejos que quieres que esté de ti, Ginevra. – Dijo Harry con la voz quebrada. Ginny se aferró más al cuerpo de él.

Realmente no estoy tan solo quien te dijo que te fuiste, si aún te encuentro cocinando algún Recuerdo en la cocina, o es la sombra que dibuja la cortina

- Sé que falta mucho para que nazca James... – Harry la soltó inmediatamente y la miró a los ojos-

- ¿James? – Preguntó. Ginny se ruborizó. –

- Sé que esa es una decisión que debemos tomar juntos, pero ese nombre me hizo ilusión... Me gustaría que nuestro hijo lleve el nombre de su abuelo paterno. – Concluyó sencillamente. Harry sentía que esas palabras llegaban a su alma y se repetían allí, causándole un infinito agradecimiento a la futura madre de su hijo.

- Puede ser Lily... – Aventuró y Ginny rió.

- No, claro que no, será James Sirius Potter, ¿Te Gusta?

- Me encanta. – Suspiró él, refiriéndose a ella y no al nombre. Ambos sonrieron.

- Ya compré algunas cosas, algunos muebles para el bebé...

- ¿Por qué?... ya pensé en comprar los muebles de Lily...

- Ya te dije, será James... ¿Te gustaría ir a mi casa?

- ¿A la Madriguera? – Ginny lo observó confundida, luego sonrió y se separó completamente de él.

- Hace un mes y medio vivo sola en el Londres Muggle.

- ¿Verdad?

- Sí, debes conocer la casa en la que vivirá tu hijo para cuando quieras recogerlo. O cuando surja algún inconveniente, ¿No? – Harry hizo un sonido con la boca que parecía de aprobación, Si Ginny le había dado ilusiones de volver a estar juntos, había sido aquella tarde. Sus esperanzas cayeron al igual que la lluvia caía afuera.

- ¿Cuándo quieres que vaya? – Preguntó, sin interés por la reciente desilusión.

- ¿No tienes tiempo?

- La empresa está ad portas de cuatros contrataciones importantes, dos en América y las otras dos en Europa, no podemos darnos el lujo de perderlas... – Ginny lo observaba idiotizada, le encantaba escucharlo hablar de negocios, era irresistiblemente excitante. Su voz sonaba mucho más viril, irreparablemente sensual, suspiró. - Tenemos un problema con un cliente que no está satisfecho con algunas cláusulas del contrato, pero nada que Allie no pueda solucionar. Es magnífica. – Dijo sin pensar-

- Claro, la mejor, ¿No?

- La mejor. – Respondió Harry sin advertir los celos en el comentario de Ginny.

- Pensaba que quizá pudieras ir hoy...

- ¿Ahora? – Ginny asintió. – Me parece una buena idea. – Sonrió. – ¿Viniste en tu auto?

- Sí. - Cuando decidieron bajar, con una maleta con las cosas de Ginny. Ella saludó amablemente al conserje. "Dichoso los ojos que la ven, señora Potter" Dijo el conserje, Ginny le brindó una sonrisa radiante. No se molestó en corregirle y decir que no era la señora Potter. Parecía feliz con que la confundieran con la esposa de Harry. Ambos se subieron al auto, no sin antes de una pequeña discusión

- Es peligroso que manejes tú, Ginevra. Puedes dañar a mí hijo.

- Nuestro hijo, estoy embarazada no inválida. – Replicó ella, ya sin argumentos válidos para Harry de poder conducir.

Ella le dio las indicaciones y casi treinta minutos después llegaron, caía un aguacero torrencial, en el exclusivo barrio de Londres donde ella vivía. Harry subió por la rampla en el auto y se estacionó al costado de la casa. La casa era de ladrillos de un rojo colonial y los marcos de ventanas eran blancos, y la puerta era café claro. Tenía un jardín pequeño, con la respectiva verja. Al centro del jardín había rosales, rojos, blancos y color crema, casi anaranjadas. Rodeadas de un césped verde.

- Ginny, me olvidé el saco en el departamento

- Puedes recogerlo después, ¿No?

- Sí, pero no tienes nada con qué cubrirte y te empaparás con este aguacero. Y tú solo estás con esa delgada blusa. – Ginny blanqueó sus ojos, y miró hacia los asientos traseros y sacó un abrigo blanco y se lo puso.

- ¿Contento? – Harry sonrió. – Eres tú el que se empapará. – Harry se encogió de hombros.

- Deja que yo te abra la puerta...

- ¡No estoy inválida! – Protestó.

- ¡Hay un charco y te mojarás los pies e igualmente te dará una gripe, mujer! – Ella frunció el ceño.

- ¿Qué piensas hacer, bajarte y cargarme en brazos? – Ironizó. Harry se bajó del auto, lo rodeó y en cuestión de segundos estaba empapado. Abrió la puerta del lado de Ginny, y pese a las protestas de la pelirroja, cargó en brazos a Ginny.

- Me diste una gran idea.

- Yo y mi linda boca. –

- Tú hermosa y sabrosa boca. – Dijo sencillamente. Ginny lo miró, rodeaba con sus brazos el cuello de Harry, sonrió. Él caminó rápidamente hasta llegar a la entrada y ella rápidamente abrió la puerta y entraron. Era un bonito recibidor, en una barandilla había un par de paraguas, y en el perchero un abrigo rojo colgado holgadamente. Ginny se quitó el abrigo blanco y lo colgó al lado del rojo.

- Quítate la ropa. – Le ordenó Ginny.

- ¿Qué? – Preguntó confundido, Ginny lo miró y sonrió. Caían gotas de agua del cabello de Harry y recorrían el rostro, causándole un efecto de sensualidad en cada mirada de él.

- Tonto, quiero decir que tú y tú ropa están empapadas y te sentará mal. ¿Quieres que tu eficiente abogada me mate si enfermo a su jefecito? – Esta ves Harry advirtió los celos en el comentario de Ginny, Sonrió y ella frunció el ceño.

- No, claro que no. – Ginny caminó hasta la sala y él la siguió. Las paredes eran de un color crema luminoso. Los muebles cafés lustrosos, brillantes, los sillones eran de un género rojizo escarlata, parecían bastante cómodos y la mesa de centro era de vidrio y justo al medio estaba el florero lleno de calas. Había un ventanal vestido de cortinas de un color más suave que la de los sillones, por el cual se veía un hermoso paisaje de pisos verdes, más allá unos árboles y casi al fondo parecía haber una piscina. – Tienes una casa muy bonita, y esta sala es acogedora.

- Gracias. – Sonrió Ginny. – Ven. – Susurró, caminó por un pasillo, donde Harry veía puertas abiertas, vio brevemente una cocina, siguió caminando de tras de Ginny, de pronto vio una escalera que no tenía más de seis escalones, los cuales subió. El piso era totalmente de un tapiz gris. Ginny entró en una habitación y Harry la esperó fuera observando todo. Después de unos minutos ella salió con una bata negra para él y un par de toallas a juego en las manos. – Toma, la puerta que está ahí enfrente es la del baño, cámbiate. – Él así lo hizo y tardó unos treinta minutos, salió y Ginny no estaba... buscó en cada puerta abierta que encontró, no había rastros de esa mujer. Hasta pasar por fuera de una puerta que lo atrajo como imán al metal, tomó el pomo y la abrió... sin duda esa era la habitación de Ginny, entró sin poder resistirse, era una habitación amplia, la cama era grande y de colcha blanca, con doseles blancos parecido al visillo. El tocador era café opaco poseía un espejo gigante, con el imprescindible florero de vidrio repleto en rosas blancas. La habitación transmitía paz. Allí también había un ventanal las cortinas eran blancas, parecían seda al contacto, había unas butacas con vista al maravilloso paisaje que ofrecía los jardines de aquella casa, Harry se perdió observando esa bonita vista...

- ¡Merlín! – Exclamó Ginny y Harry se giró para mirarla. – Me asustaste...

- Lo siento, te buscaba y me entretuve... – Señaló el ventanal. – Es maravillosa la vista. – No quiso admitir que entró allí por mera curiosidad.

- Yo también mojé mi ropa, tú me mojaste... cuando me tomaste en brazo. – Añadió totalmente roja.

- Lo siento.

- ¿Quieres un té o un café? – Harry estaba absolutamente perdido mirándola. Ella tenía una bata rosa que con mucha suerte le cubrían el trasero, el cabello largo y pelirrojo mojado, sus mejillas sonrojadas, sus labios perfectamente rojos, aún no había pruebas visibles del embarazo, el vientre era tan plano como siempre. Harry se preguntó si estaba completamente desnuda bajo esa bata, instintivamente caminó unos pasos hacia Ginny, estaba desesperado por besarla. - ¿Harry? –

- ¿Qué? – Susurró, su voz sonó áspera, absolutamente excitada. Ginny entendió perfectamente el "Estado" de ese hombre. Sonrió coqueta.

- Te preguntaba si querías algo para... calentarte. – Susurró, jugando con las amarras de la bata, sensualmente. Harry respiraba con dificultad, necesitaba todo lo contrario para calmar esas locas ideas. Ojalá pudiera nadar en esa piscina que localizó en ese jardín, lo más seguro era que el agua estaba congelada.

- Jugo congelado, por favor. – Harry se refregó los ojos. Ginny manejaba todas sus emociones, sus sentidos y encendía esa pasión y no tenía intención en apagar dejándolo en una incómoda situación.

- Bien. – Ella salió de la habitación. Él la siguió con una distancia prudente para su salud mental, se dirigió hasta la sala y Ginny le pidió por favor que preparara un fuego en la chimenea, luego ella apareció y le entregó el jugo, mirando el fuego que Harry había hecho con un simple movimiento de la varita de Ginny. - ¿No crees que hace frío como para beber algo helado? – Ironizó Ginny y Harry rió.

- Créeme que necesitaba algo helado, congelado. – Ginny rió. Ella estaba cerca de la chimenea, mientras que Harry estaba cómodamente sentado en el sillón, ya casi anochecía.

- ¿Crees que seremos buenos padres, Harry?

- Estoy seguro que serás una madre increíble, tienes un modelo ejemplar. – Ginny quería que él le confesara algo que deseaba escuchar, realmente necesitaba escuchar.

- Cuándo te enteraste del embarazo, ¿Creíste que este... este hijo era tuyo? – Harry la miró serio, no entendía cuál era el punto de Ginny. – Quiero decir que tú sabes que tengo otro novio, ¿No pensaste que este hijo podría ser de él? – Ginny miró atenta a cada gesto facial de Harry. Él simplemente la miró a los ojos.

- Estoy seguro que ese niño es mío, no tengo dudas al respecto. Si tú tienes un novio que tal ves quiera ser el padre te digo desde ya que ni siquiera se lo tome en serio, ese niño es un Potter y jamás les faltará nada ni a él ni a ti. Ginny, no voy a permitir que se me excluya en cuanto a las necesidades o a la educación o al amor que mi hijo necesite. Espero que eso te quede claro, esto es totalmente independiente a lo que hay o hubo entre tú y yo. – Ginny lo miró, y sintió alivio. Él jamás tuvo dudas en un principio de que el hijo que Ginny esperaba era también de él, era un Potter. Sonrió. – No pretendo inmiscuirme en tu relación con tu novio, pero no pensé ni por asomo que tú habías estado con él... íntimamente cuando me enteré de la noticia. – Era asqueroso hablar de la vida sexual de Ginny con otro hombre que no fuese él mismo. Ella rió ya sin poder guardar ese secreto con él, Harry la miró y Ginny dejó de reír porque veía dolor en la mirada de Harry y todo era culpa de ella.

- Nunca he tenido sexo con Phillipe. – Harry la miró incrédulo.

- ¡Viviste con él! ¡Eres su novia! – Exclamó Harry enojado. Ginny se acercó a él y se sentó junto al padre de su hijo… qué lindo sonaba.

- De hecho no podía estar con él, porque es casi mi hermano...

- Vaya hermano, ¡Vi cómo se besaban en la boda de Nev! – Ginny sonrió a modo de disculpas lo que no hizo más que enfurecer a Harry.

- ¡Es verdad! No tuvimos sexo, nos somos novios, no siento por él absolutamente nada más que quererlo como amigo, él es Gay...

- Vi como ese idiota te besó... espera, ¿Qué? – Ginny no pudo evitar reír, Harry la miró con el ceño fruncido.

- Nunca estuve con Phillipe, nunca fue mi novio. Harry, Phillipe es Gay. ¿Cómo iba a estar con una persona que no amara?

- ¡Te dije que era amanerado! – Harry sonrió triunfante.

- No es amanerado, es gay.

- ¿Por qué no lo mencionaste antes? – "El amanerado jamás tocó a Ginny, ella sigue siendo mía, completamente mía" Pensó feliz. Saber antes esa noticia le habría librado de tantas angustias, de tanto dolor... Pero ya no importa, ella acababa de decir que jamás estaría con una persona que no amara, y la única persona que le había hecho el amor, era él. Sonrió.

- Porque él fue la única persona que ha estado conmigo cuando tú me has apartado de tu vida. – Dijo sencillamente. Harry borró la sonrisa y la miró a los ojos.

- Ya no quiero apartarte de mi vida nunca más.

- Ya es tarde para eso. – Contestó seria, no quería toca ese tema, era doloroso, concentró su mirada en el fuego que ardía en la chimenea.

- Ginny, ¿Podrías darme una oportunidad por nuestro hijo?

- Claro que no, si te diera una oportunidad lo haría por ti y por mí. – Harry la miró esperanzado.

- ¿Eso es un sí?

- Harry, no puedo olvidar tus palabras aún. No pretendo albergar falsas ilusiones en ti, no quiero que fantasees con la idea de una familia... porque no la hay. No quiero que esperes unas semanas o meses ¡Hasta años! Por algo que no tiene solución, no quiero eso para ti.

- Si necesitas veinte años siempre estaré ahí...

- Y por el camino nos hacemos daño... – Lo miró directamente a los ojos.

- Si estás asustada por sentir dolor, es porque aún me amas, si no fuiste capaz de entregarte a otro hombre es porque aún me amas y te darás cuenta con el tiempo...

- No hay peor excusa que el tiempo en una relación, el tiempo mata todo...

- Del mismo modo lo fortalece. – Insistió molesto.

- El dichoso tiempo no hará más que alejarnos el uno del otro.

- ¿Crees que podemos alejar nuestros caminos si tenemos un hijo?

- Claro que no, pero manejar los sentimientos, sí podemos.

- Pues bien, llámame infantil, ciego, hasta idiota por no entender que tú has dejado de amarme y rompiste nuestro compromiso de amarnos para siempre cuando estuvimos juntos por primera ves, en Francia. Pero yo no quiero ni puedo dejar de amarte. – Los ojos de Ginny brillaron y tomó las manos de Harry.

- No utilices mal tú tiempo. – Susurró ella.

- Nada que se relacione contigo es mal utilizar mi tiempo, porque en cada segundo que vivo te amo como un idiota, bonita. – Ese era una arremetida voraz a la barrera que ella misma había puesto para defenderse de Harry, pero era ella misma quien la destruía, porque solo hacía falta esas dulces palabras y esos ojos esmeraldas que la hacían temblar y le hacía perder cualquier batalla interna. Se acercó aún más a Harry y lo besó con pasión, sin perder el contacto de sus labios Ginny se levantó y volvió a sentarse, sobre las piernas de Harry, subió sus manos hasta el cuello de él, en el beso hubo una explosión de fuego y pasión que hizo gemir a Ginny, la temperatura subió en Harry al máximo con ese simple sonido que saliera de Ginny, acomodó las manos en la cintura de Ginny, desesperado buscó las amarras de la bata y las separó, deslizando sus manos por el cuerpo suave de Ginny, comprobó solo con el tacto que ella si llevaba ropa puesta, cuando tomó aire y ella le devoraba el cuello a besos fervientes, pudo observar que esa ropa no podía ser menos provocativa, una polerita de Algodón de tirantes finos blanca, y unas pantaletas roja. Él acarició el vientre plano de su mujer, sonrió. Era hermosa en todo sentido de la palabra. - ¿Cómo puedes decir que el embarazo te sienta fea, mujer? – Resopló, Ginny alzó la mirada para clavarla en esos ojos esmeraldas, sonrió.

- ¿Tú piensas lo contrario? – Susurró cerca de la boca de Harry.

- Absolutamente. Eres sensual hasta en el movimiento más infantil, eres bonita, mi bonita, nunca te he visto más preciosa que en este momento... – Ginny decidió callar a Harry, metió su lengua en la boca de Harry y lo besó profundamente haciéndolo gemir, bajó una mano y rozó en particular la parte más sensible del hombre, y por el contacto supo que el "amiguito" de Harry quería entrar en acción pronto. Rió en medio del beso, Harry subió las manos desde las caderas hasta los pechos, acariciándolos con suavidad, ella volvió a gemir, Harry le quitó la bata y Ginny comenzó a tentar al "amiguito" de Harry, ella también le quitó la bata y bajó sus manos lentamente deslizándolas por el torso desnudo y volver a la tarea del elástico del bóxer de Harry, deslizando sus delgados dedos dentro de la prenda, desesperada por sentirlo.

- Necesito sentirte dentro de mí, niño – Susurró Ginny, extasiada.

Realmente no estoy tan solo quien te dijo que te fuiste, si aún te encuentro cocinando algún Recuerdo en la cocina, o es la sombra que dibuja la cortina

Harry la miró con ternura y terror, se paralizó. Buscó su mirada y encontró en ellos pasión, deseo, ternura y felizmente también vio amor por él, le acarició el rostro. Si bien él estaba ansioso por hacerle el amor, estaba desesperado por sentirla, sin embargo le aterraba hacerle algo al bebé. Se declaraba totalmente ignorante en el tema de un embarazo, no sabía cuáles eran los riesgos y los cuidados que Ginny debía tener, no tenía ni la más remota idea si Ginny estando embarazada podía intimar, quizá debía estar los nueve meses sin poder hacer el amor, algo que le parecía una crueldad. Nunca se había encargado de averiguar sobre las medidas o riesgos, era un completo bruto con respecto al tema, jamás creyó conveniente ahondar en el tema, él jamás se encargaría de tener un hijo, y ahora el muy tarado estaba hasta la coronilla enloquecido de amor y producto de este mismo iba a ser padre.

- Yo... créeme que también lo deseo, pero no sé si sea lo correcto. – Dijo suavemente. Ginny frunció el ceño.

- ¿Es por qué ya no te parezco bonita? Ya no me deseas... – Ella se cubrió el rostro con ambas manos y comenzó a llorar. Harry hizo que lo mirara a los ojos, tomó ambas manos de Ginny y ella lo miró, aún con las huellas de las lágrimas.

- Por supuesto que me pareces la mujer más hermosa que camina sobre esta tierra, y no sabes las ganas que tengo de hacerte mía, desearía que todas las noches estuvieras en mi cama para hacerte el amor las veces que sean necesarias para que entiendas que te deseo infinitamente, pero no sé si esto le pueda hacer daño al bebé. – Ginny bajó la mirada.

- Yo tampoco lo sé... no pregunté nada referente al tema porque estaba sola y creí que era innecesario... – Dijo, sonrió, pobre ignorancia del hombre. Ella sabía perfectamente que al bebé no le ocurriría nada, el sanador se lo había dicho, pero ver a Harry en esa faceta paternal terminó por enternecerla, y convencerla que en cuanto Harry supiera que el bebé no corría riesgos correría hasta esa casa y la tomaría por sorpresa, y le haría el amor. Quizás valdría la pena esperar un poco más, y ponerse en el papel de ser seducida y no seducir, como lo había sido último tiempo.

- Ginny, de verdad quiero estar contigo... pero no quiero hacer algo que perjudique a... – La sola idea de dañar al niño lo aterró. Ginny le acarició el rostro y sonrió.

- Lo sé, niño. – Ambos se miraron intensamente. De la nada escucharon sonar un teléfono, con pesar Ginny se levantó de las piernas de Harry, y contestó. - ¿Diga?... ¡hola! ¿Cómo estás?... ¿Vienes a Londres? ¡Claro que si Jeff!... – Harry miró inmediatamente a Ginny, parecía animada con la perspectiva de que ese hombre viniera a visitarla. – Claro que te extraño... ¡Ganaron!... ¿Qué? ¿Por qué yo? Me retiré a principios de la temporada y Phillipe les dijo por qué... Casi cinco meses. – Sonrió. – Cuenta conmigo... Phillipe sabe dónde vivo... ¡Claro que me muero por verte! – Harry se levantó y fue en dirección al baño, no le importó que su ropa aún estuviese húmeda, en ese momento no se le ocurría algún hechizo para secar su ropa ¿Quién era Jeff? No podía quitarse esa pregunta de la cabeza, cuando volvió a la sala Ginny estaba parada frente al ventanal, mirando cómo caía la lluvia, al parecer estaba perdida observando algo sin ver absolutamente nada, Harry se aclaró la garganta, ella pareció salir de su fugaz concentración, se giró y lo miró.

Si cargaste con el cuerpo pero no con el recuerdo y el recuerdo está conmigo...

- Creo que ya es hora de irme. – Ginny sonrió, se acercó a él y lo abrazó, él correspondió el abrazo aun preguntándose quien mierda era Jeff. – Recibiste buenas noticias, parece. – Ginny dejó de abrazarlo y lo miró incrédula.

- ¿Estás celoso? – Harry rió irónico.

- Claro que no. – Ginny le lanzó una mirada elocuente que logró exasperar a Harry. - ¿quién es ese tipo? ¿A caso es una réplica de ese idiota de John?

- No, Jeff es la pareja de Phillipe... me comentó que viene a visitar a su hermana y a su sobrinito. Harry él es un buen amigo. – Sonrió.

- Ah! – Exclamó aliviado.

- ¿quieres que te lo presente? Harían una pareja fenomenal.

- No, gracias. – Ambos sonrieron. – Si estás de acuerdo, quisiera venir todos los días para saber cómo están tú y el bebé.

- ¿Verdad? – Preguntó entusiasta Ginny, mirándolo a los ojos. Harry sonrió, le hizo gracia verla como una niña consentida.

- ¿No te molesta?

- Claro que no. – Sonrió.

- Entonces mañana estaré aquí. – Harry le acarició el rostro y cuando iba a separarse de ella para desaparecer en el recibidor, una mano de Ginny lo detuvo, la miró, ella le sonreía con esa sensualidad que siempre lo rendía a sus pies, Ginny se mordió el labio... acortó las distancias y lo besó profundamente. Harry se sintió transportado a las glorias que habían vividos juntos.

- Te esperaré mañana. – Susurró Ginny, aun mirando los labios de Harry. Él asintió inmediatamente, ella lo miró a los ojos y lo besó una ves más.

Realmente no estoy tan solo quien te dijo que te fuiste, si uno no está donde el cuerpo sino

Donde más lo extrañan y aquí se te extraña tanto tú sigues aquí sin ti, conmigo, quien está

Contigo si ni siquiera estás tú.

La miró a los ojos y ambos sonrieron... desapareció, algo en su corazón le decía que realmente no estaba tan solo.


Que les pareció?

Harry se enteró! y al principio se quería comer viva a nuestra protagonista... pero ya ven la Pelirroja le desarma las ideas con un abrir y cerrar de ojos!

Como siempre este capítulo va dedicado a mi loca amiga Angie... mil gracias por toda la ayuda! se te quiere un montón!

como siempre espero sus comentarios! espero poder actualizar antes que la pelotuda (perdonen la expresión) ley SOPA nos arruine la vida!

saludos a todos

Natty.