XXIV
No le agradaba sentirse vulnerable y el hecho de que Hans la hubiese mirado en ese estado no le hacía sentir segura, sabía que era humana y que en teoría era normal que se sintiera de esa manera en ocasiones, pero también sabía que usualmente las personas al verte débil te pisotean.
Mas debía de admitir que le agradaba la idea de no encontrarse completamente sola en Corona, pero después de acabar con aquel abrazo ella ni siquiera se animaba a decirle algo, suponía que debía de agradecerle.
Sin embargo Elsa simplemente miraba sus manos sin entender el porqué no había podido usar sus poderes cuando lo necesitaba. Ser la damisela en apuros no era precisamente su aspiración en la vida.
— Eran muchas personas, es normal que no hayas sabido como reaccionar. — Dijo Hans sacándola de sus pensamientos. —, una cosa es defenderte de una persona en específico, pero esa era toda una multitud de borrachos y bueno, tomando en cuenta que la primera vez que usaste tus poderes frente a una multitud, las cosas no resultaron bien, es comprensible.
— Gracias. — Dijo con dificultad. Ni siquiera sabía cómo decirlo o si acaso él querría escuchar aquel agradecimiento. —, simplemente no hablemos del asunto, ¿De acuerdo?
— Espera. — Dijo Hans algo sorprendido. — Lo qué pasó...
— No pasó nada. — Interrumpió Elsa. —, tú llegaste a tiempo y no sucedió nada, sólo olvidémoslo.
— Elsa. — Dijo Hans. —, creo que tú experiencia te dice que guardarte este tipo de cosas puede resultar muy mal, habla conmigo.
— ¿Hablar contigo?, ¿Sobre qué?, ¿De lo qué pasó allí, de mis más profundos secretos, de mis sentimientos?, ¿Te parece si lo hacemos mientras me trenzas el cabello? — Preguntó de forma sarcástica. — Te agradezco por sacarme de allí, de verdad, pero no esperes que confíe en ti, desde el primer momento en el que te cruzaste en mi vida sólo haz mentido, ni siquiera se si alguna vez en tu vida haz sido sincero.
— Tu no me conoces como para decir eso.
— Es verdad. — Admitió ella. — No te conozco lo suficiente, así que no tengo porque tener conversaciones de temas personales contigo. Si yo digo que lo dejemos en el pasado, está en el pasado.
— Bien. — Dijo él sin estar muy convencido. —, pero hay que alejarnos lo más que podamos de allí, dudo mucho que esos tipos quieran dejar las cosas así. Ambos estamos en peligro ahora.
— ¿Y a donde ir?, Si vamos al puerto sería básicamente regresar por donde vinimos y cruzarnos con ellos sería algo bastante probable.
— Ahora que lo mencionas, si querías ir a Arendelle, ¿Por qué...
— ¡No lo se! — Exclamó adivinando lo que él iba a cuestionarle. — Estaba furiosa contigo y no... simplemente yo... ¡No importa!, lo realmente importante es salir de aquí.
— ¿Y tienes un plan?, ¿Qué planeabas hacer si lograbas salir de allí?
— Ya basta. — Dijo ella. — En lugar de criticar mis malas decisiones, ¿Por qué no piensas en un lugar al que podamos ir?
— Bueno, no se que tantas opciones tengamos en un bosque. ¿No pudiste adentrarte hacia el lado contrario?, así que tendremos suerte si hallamos una posada o una casa abandonada siquiera.
— No ayuda el hecho de que digas que estamos perdidos. Se supone que yo soy la pesimista.
— Hablas como si fuéramos una especie de equipo.
— Eso ni en mil años. — Dijo ella. —, solo digo que alguien debe actuar como si tuviésemos una oportunidad de salir de aquí.
— Escucha, el hecho de que...
— ¡Creo que escuche algo! — Se escuchó a lo lejos alertando a ambos.
— ¡No pueden estar muy lejos!, ¡Ya verán cuando los encuentre!
El pelirrojo tomó el brazo de la rubia y la jaló indicándole que era tiempo de correr. Elsa corría lo más rápido que sus piernas se lo permitían, era algo difícil cuando Hans la forzaba a ir más rápido, ya que el ex Príncipe era mucho veloz que ella y sin mencionar que seguramente tenía mejor condición física que ella.
Temía decir siquiera una palabra y ocasionar que aquellas personas supieran su ubicación. Hans tampoco decía nada, quizá le preocupaba lo mismo que a ella.
Elsa escuchaba pasos por todas partes, seguramente su mente la traicionaba en ese momento, pero no podía evitar sentir que les pisaban los talones. Miraba hacia todas direcciones sin prestar atención a por donde caminaba, simplemente dejándose guiar por el pelirrojo.
De pronto fue jalada por el brazo hacia su izquierda. Muchas plantas la cubrieron antes de que Hans la orillara a la pared de lo que parecía ser una cueva y cubriera su boca con una de sus manos antes de indicarle que no hiciera ningún ruido.
Permanecieron atentos un momento hasta que ya no escucharon ningún indicio de que sus perseguidores anduvieran cerca.
Hans se separó de Elsa y comenzó a caminar hacia el interior de la cueva, pero la rubia lo detuvo tomando uno de sus brazos.
— ¿Qué crees que haces? — Cuestionó ella. — No sabes si hay un animal peligroso allí dentro.
— No hay marcas de huellas en el suelo, Elsa. Quizá esta cueva conduzca a otra parte, lejos de esos tipos.
— ¿Y qué hay de los murciélagos? Podría haber allí dentro.
— No seas paranoica, pero si gustas puedes quedarte aquí, estoy seguro de que serás más que bien recibida por esos tipos.
Y si decir nada más Hans se introdujo en la cueva hasta que Elsa lo perdió de vista.
Esta vez fue ella quien fue tras de él.
Conforme más se adentraba la luz era cada vez menos abundante y se le dificultaba ver completamente, pero de pronto vislumbró un sitio por el que se filtraba la luz; una salida.
Allí estaba Hans observando algo detenidamente. Ella camino hasta donde él estaba y se sorprendió de ver lo que allí se encontraba.
— Wow. — Exclamó ella.
Había una torre allí, oculta en medio de la nada.
— Aquí debió ser donde se encontraba la bella princesa perdida, ¿Enserio?, ni siquiera estaba tan lejos del castillo. Ya no contratan guardias como lo hacían antes.
— ¿Molesto porque no fuiste tú quien la encontró y obtuvo el trono?
— Ese tal Eugene Fitzherbert era un ladrón, ¿Como los Reyes permitieron que su hija lo desposara?
— Bueno, él la rescató y no trató de degollarla con una espada. — Dijo Elsa. —, en fin, ¿Crees que podamos encontrar una forma de entrar allí?
— Supongo.
Ambos se acercaron y de pronto Hans recogió una cosa del césped.
— Mira, la capa de la Princesita. — Dijo Hans probándose la capa roja.
— No creo que sea de Rapunzel. — Dijo Elsa divertida. — Escuche que la mujer que la mantenía encerrada aquí cayó desde arriba y se volvió cenizas antes de llegar al suelo, por lo cual concluyó que lo que traes puesto está lleno de cenizas de una anciana.
— Puaj — Dijo asqueado antes de volver a tirar la capa al suelo y sacudirse. — Pudiste mencionarlo antes.
Rodearon la torre y hallaron una pequeña puerta en mal estado y al ser la única concluyeron en que esa era la entrada.
— Las damas primero. — Dijo Hans.
— Si siquiera piensas en dejarme encerrada juro que lo lamentarás. — Amenazo Elsa antes de poner un pie dentro del lugar.
La torre parecía más amplia de lo que aparentaba ser por fuera. Incluso tenía dos habitaciones; lo cual parecía perfecto para pasar lo que restaba de la tarde y toda la noche.
— Demasiado colorido.
Elsa miró atentamente y enserio que parecía que cada rincón estaba cubierto con una pintura, incluso el techo tenía algunas bellas pinturas en el. De pronto sus ojos se fijaron en una pintura en específico y camino con lentitud hacia ella.
Hans miró hacia la misma dirección que la platinada y no entendía que le llamaba la atención, era simplemente el dibujo de una rubia con el cabello ridículamente largo sobre la copa de un árbol mirando lo que parecían ser las famosas linternas.
El pelirrojo se posicionó al lado de Elsa.
— Es...triste.
Y fue en ese instante en el que Hans se confundió aún más. Era verdad que la pintura no era precisamente la mejor del mundo, pero podría considerarse algo bello.
— Estar encerrado por tanto tiempo y no poder hacer cosas tan simples, eso es triste. — Hans la miró de manera comprensiva, aunque jamás había experimentado algo así. Y realmente jamás tuvo curiosidad de si Elsa la había pasado realmente mal en su encierro, hasta ese momento. — Ella jamás salió de aquí, no antes de que Eugene llegara. Escuche que le decían que la gente la atacaría por su poder y siempre pensó que la gente la lastimaría si siquiera ponía un pie fuera de aquí, pero las personas la adoraron desde el primer momento.
— Elsa...
La rubia se sobresaltó como si no hubiese estado consiente de que él la estaba escuchando.
— Tu...estuviste encerrada y se que...
— ¿Sabes?, ¿Qué cosa podrías saber tu? — Preguntó a la defensiva. — Estoy cansada, solo déjame. — Dijo cambiando de tema antes de dirigirse a una de las habitaciones.
Elsa solo se dejó caer en la cama; la cual estaba algo empolvada, pero realmente no le importaba eso, simplemente quería un momento a solas, mientras se odiaba a sí misma por haber dicho algo haciendo referencia a sus años apartados del mundo.
— Elsa.
Se levantó rápidamente para sacar al pelirrojo de allí, no entendía el porqué se había atrevido a seguirla hasta allí.
— ¡Fuera!
— Elsa, escucha.
— ¡Quiero estar sola!
— ¿Sola?, ¿13 años sola no son suficientes?
Elsa solo se quedó estática.
— Lo siento, yo...
— Fuera. — Repitió ella, pero con menos fuerza.
— Tenías razón, yo no sé nada sobre lo que se siente estar encerrado, jamás he pasado por lo que tú pasaste. — Dijo Hans. —, pero, se que debió ser algo horrible y que te hayas sentido mal, quizá como si tus padres prefirieran a Anna y por eso fue a ti a quien encerraron.
— 13 años, Hans. — Dijo ella. — Accedí a eso gustosa, porque amaba a Anna. Pase todos esos años creyendo que yo era una amenaza, que todos me odiarían si algún día salía y decía quien era yo en realidad, pensando que yo solo causaría muerte y destrucción, pero lo hice solo por Anna, ¿Y para que?, Anna resultó ser..., Anna.
— Confieso que me sorprende que Anna haya sido capaz de hacerte lo que te hizo, no creí capaz a esa chiquilla pelirroja capaz de asesinar a alguien. — Dijo Hans. —, pero lo que me desconcierta es algo, ella se sacrifico por salvarte y si ella no te amara ella aún sería una estatua de hielo.
— Digamos que Anna jamás aprende y cuando cree estar enamorada nada más importa. — Dijo Elsa. —, pero no pensé que sería tan...
— Se dejó manipular.
— Da igual, eso no quita que planeaba deshacerse de mi, siempre quise protegerla y estaba dispuesta a renunciar a lo que fuera por que ella fuera feliz y creo que no le importó. — Hubo una pausa. —, pero en fin, no actúes como si tú fueras diferente, sigues siendo Hans.
— Quizá te haya odiado antes Elsa. — Dijo Hans. — y probablemente seas una de las mujeres más insoportables con las que me topado, pero a pesar de que digas que Beth era un simple personaje, llegue a apreciarte y me preocupo por ti, aunque sea algo difícil de admitir para mi.
— Si claro. — Dijo con sarcasmo.
— Quería dejarte a tu suerte, pero no podía dejarte ir sabiendo que podrías estar en peligro paseándote por allí sola sin conocer el lugar. No dire que te amo, porque sería mentir y obviamente tú no creerías ni una sola palabra, pero si me importas.
— No confió en ti. — Dijo ella con sinceridad.
— No espero que lo hagas, sería una insensatez de tu parte. — Dijo Hans. — yo tampoco confío ciegamente en ti, pero estamos juntos en esto sin importar que.
— ¿Es una especie de tregua temporal?, porque si esperas a que acepte que somos un gran equipo o que somos amigos, pierdes tu tiempo.
— ¿Gran equipo? Yo diría que somos un desastre, pero tenemos que hacer que funcione.
— Supongo que si.
