Erase my scars

Capítulo 23

Parte 3: Como antes

Finalmente, luego de tres años (se habían sentido como tres siglos), llenos de soledad, de miseria, de el más absoluto frío, Aster se encontraba donde quería estar.

Se concentró entonces en cada cosa que sentía: su brazo alrededor de la cintura de Jack, su nariz acomodada contra su cuello, aspirando su aroma a vainilla, con sus dedos hermosos, largos y expertos acariciándole el cabello.

Tenía mucho sueño, pero no quería quedarse dormido. Quería seguir disfrutando a Jack, quería hacerle el amor una vez más –cuando pudiera recuperar un poco sus fuerzas-, y quería verlo dormir, dulce, tranquilo, satisfecho.

Sabía que iban a hablar. Lo que no esperaba, era que fuera tan pronto.

-Aster… sabes que no puedo irme contigo mañana, ¿verdad?

Era una ventaja que el rostro de Aster estuviera escondido en su cuello, así no vería lo descompuesto que de pronto estaba Jack al hacer esta pregunta. Aster perdió un poco la fuerza de su agarre en su cintura, y simplemente asintió.

-Lo supuse. Aunque aún quisiera saber por qué.

Jack se quedó callado por unos segundos, pero Aster no se movió hasta que sintió que los dedos en su cabello se detenían. Al principio, temió que Jack se hubiera quedado dormido sin contestar (que fuera para él tan insignificante, tan poco importante, el temor que Aster vivía). Se enderezó para mirarlo, y en cambio, se dio cuenta de que Jack lo observaba fijamente, con una aflicción en el rostro tan notoria, que, si pensaba reclamar algo, molestarse, aunque fuera un poco, ese pensamiento abandonó su mente en seguida.

-Hay muchas razones. No podría enlistarlas todas-, Jack aún lo miraba fijamente. Aster…no esperaba tanta firmeza, tanta resolución de su parte-, en primer lugar, me necesitan aquí.

Aster no pudo decir nada contra eso. Es decir, era algo que ya había estado pensando, lo importante que Jack era para las personas con las que trabajaba, y lo importante que era para Jack saber que pertenecía en este lugar.

-Y yo… no estoy listo para… para volver a lo que éramos antes…

Aster levantó su mano hacia el rostro de su amante, acariciándolo suavemente. Jack desvió la mirada y en cambio, se permitió inclinarse hacia él y caer suavemente entre sus brazos. Sorprendido, Aster lo sujetó contra sí. Y Jack se sintió bien por unos segundos. Su mejilla presionada contra el pecho de Aster, sus brazos poderosos rodeándolo y manteniéndolo a salvo, sus labios presionados contra su frente…

-Jack…- Jack cerró los ojos y disfrutó de la voz profunda que pronunciaba su nombre-, ¿por qué le temes tanto a nuestro pasado, amor mío? Es algo que hemos vivido ya, y no volverá, ni volveremos ahí. Y… algo debimos aprender de él, ¿no crees?

Jack suspiró.

-Precisamente.

Aster temió que se separara de él, pero Jack permaneció presionado contra su cuerpo, dejándose cuidar por él. Al sentir que lo aceptaba, que le permitía tenerlo así, Aster lo abrazó un poco más fuerte.

-Aster…-, Jack tenía miedo de lo que iba a preguntar a continuación. Pero al sentir el beso que él le dio en la frente como respuesta a su llamado, se decidió a continuar-, ¿tú recuerdas como fue nuestro primer beso?

Aster miró hacia el techo, pensando.

Sí, lo recordaba.

Acababa de comprar a Jack, apenas uno o dos días atrás. Había llamado su atención en el comedor, aquella sombra blanca que se movía con velocidad y precisión. Cuando se acercó a examinarlo, por mera curiosidad, su belleza lo había impactado tanto que no había podido concebir la idea de que pasara un solo día sin poseerlo.

Había tenido que hacer uso de todas sus fuerzas para convencerse de no meterlo en su cama esa misma noche. Había pensado que siendo amable y cuidadoso con él conseguiría que lo dejara acercarse fácilmente. Los esclavos, después de todo, solían hacer todo con tal de ganar favores, y confiaba, quizás estúpidamente, en que podía ganarse fácilmente a este chiquillo.

El beso, cuando llegó, había sido intenso, más satisfactorio aún por la lucha que Jack intentaba contra él. Había conseguido llevarlo hasta la cama y dominarlo, o al menos eso había creído. La violencia del beso los había hecho sangrar a uno o al otro, pero al separarse, y ver las lágrimas furiosas de Jack, con sus ojos luciendo aún fieros e indomables, supo (entendió) que no podía forzarlo. Hubo algo en él que se lo impidió completamente.

Decidió que prefería mantenerse lejos, pero ganárselo poco a poco. Lástima que lo único que se le hubiera ocurrido fuera obligarlo a depender físicamente de él, acostumbrarse a sus besos, a sus toques… lástima que él, en cambio, se encariñó. Se enamoró perdidamente de Jack, casi desde ese primer beso.

-Jamás podría olvidarlo.

No tardó en darse cuenta de que, para Jack, había tenido un significado muy distinto.

-Me obligaste a besarte-, fue como un golpe en su estómago, pero decidió que tenía que seguir escuchándolo-, y, cuando… cuando me ataste en la cama todo el día y luego que hiciste entrar en la bañera contigo…

Aster lo recordaba como uno de los mejores momentos de su vida, saber que Jack le obedecería, que solo era suyo, que le correspondía…

-Estaba tan adolorido, tan asustado… y cuando me tocaste, y me besaste… creo que fue cuando comencé a amarte-, no sonaba, en lo absoluto, como un recuerdo bueno para él… la voz delataba su angustia, y Aster se obligó a oírlo, aunque desde la perspectiva de Jack aquellas fueran memorias difíciles incluso de pronunciar-, y…ahora entiendo que fue lo peor que pudo haberme pasado. A partir de ese momento, cuando no estabas conmigo, respirar dolía. Y cuando estabas, todo lo que podía pensar era en lo mucho que temía perderte.

Aster respiró dentro de su cabello, sin saber qué decir. Jack lo estrechó un poco más fuerte, y él en cambio, lo acunó aún más cerca de él, más seguro entre sus brazos.

-Y nuestra primera vez…-, sintió cómo Jack se hacía pequeño, se escondía un poco más contra él-, ¿recuerdas nuestra primera vez, Aster?

Dioses. Aster asintió y deseó que Jack entendiera lo que había estado sintiendo hasta ese momento… tan similar a lo que había vivido en estos tres años. Lo triste, lo destruido que se había sentido al no tenerlo a su lado, lo inundado de amor que se había sentido su corazón al tenerlo de vuelta entre sus brazos, lo feliz que estaba en el delirio de aquella pasión…

Tenerlo completamente por primera vez había sido una experiencia hermosa. Los siguientes días estuvieron tan llenos de pasión, de éxtasis entre ellos, que, para él, esos eran los mejores recuerdos, los mejores días de su vida, a lo que se aferraba cuando más extrañaba a su ángel, cuando más cerca había estado de colapsar sin él.

-Fue la mejor noche de mi vida, ángel mío.

-También… también la mía, Aster-, y por un momento, el General se sintió aliviado de ver que ese recuerdo no estaba manchado, pero Jack continuó-, aunque no recuerdo tanto como quisiera. Estaba delirando. Me hiciste sentir bien… me hiciste sentir como si me amaras…

-Te amaba-, recalcó Aster-, te amo y te amaré siempre.

Jack suspiró. Levantó un poco la cabeza para ver a Aster, le sujetó el rostro con una mano y lo dirigió para que lo besara. Aster se dejó manejar, y besó a Jack largamente, pensando en recostarlo de nuevo en la cama y hacerle el amor hasta que las palabras fueran lo de menos.

Pero tenía que contenerse. Esa forma de pensar había sido lo que los había llevado ahí, para empezar.

Cuando Jack terminó con el beso que compartían, continuó mirando su rostro, y Aster lo miró de vuelta, apreciando cada parte de él que había robado su corazón. Esos ojos azules, como el fuego más intenso, esos labios rosas como pétalos, esa piel inmaculada…

Tendría que esperar, tendría que escucharlo y tendría que actuar de manera acorde. Él ya no era un gladiador. Jack ya no era un esclavo. Las cosas eran muy diferentes a ese entones.

-Cuando estuve sin ti…tuve que reaprender todo, Aster. Quién era sin ti, quien podía ser sin ti. Y… me dolió tanto, Aster… pero me gusta, saber quién soy. Me gusta tener el control de mi vida. Aún si no te tenía, aun si en cada momento te extrañaba… me sentía satisfecho de poder decidir. Aunque por más que lo intenté…no pude olvidarte. Mi único deseo ya ni siquiera era tenerte, porque tenía mucho miedo de que, aunque estuvieras conmigo, todo fuera mentira, como antes. Lo único que he deseado todo este tiempo es estar completamente seguro de que me amas. Así, podría amarte sin estar contigo, sin verte, solo sabiendo que existes y que me amas de verdad…

¿Cuánto dolor le había provocado, cuanta maldad había en su corazón como para lastimar así a Jack, aunque no hubiera sido su intención?

-Siempre te he amado de verdad, aunque no fuera del modo en que te merecías-, repuso, abrazándolo fuerte, permitiendo que ahora fuera Jack quien escondiera el rostro en su cuello, protegiéndose ambos de los ojos del otro-, ¿qué prueba quieres que te dé? He hecho todo por ti. Rompí toda clase de reglas por ti, gané ese maldito torneo por ti, me hice general del ejército por ti, maté al Emperador por ti…

- ¡Aster! -, Jack se separó y lo miró a los ojos. Aster cerró firmemente los labios, inquieto, pero decidió a que eso era algo que tenía que decirle a Jack. Jack lo miró un poco más de cerca y… varias piezas comenzaron a caer en su lugar-, Aster… ¿por qué me hiciste creer que estabas envenenándome? No era solo para asegurarte de que me fuera sin oponer resistencia, ¿verdad?

Aster negó con la cabeza.

Jack se separó un poco más de él. Se enderezó por completo hasta recargar la espalda en la cabecera de la cama, y esperó a que su respiración se calmara. Aster se había puesto en peligro al confesarle que él había sido quien había asesinado al Emperador. No era algo ligero de decir. Si Jack quisiera vengarse por completo de él, esta era su oportunidad, podía tomar provecho de aquella información, y, sin embargo, Aster había confiado lo suficiente en él para hacérsela saber.

-Explícame-, pidió, aunque creía que podía entender, poco a poco.

Aster lo imitó y se enderezó, quedando sentado junto a él. Se dio la vuelta para mirarlo. Si iba a explicar, lo haría bien.

-El Emperador no me habría dado tu libertad en el Torneo, pero ya que se lo pedí frente a la multitud, tuvo que cumplir, para quedar bien-, explicó-, él quería tenerte cerca para usarte como un medio para manipularme. Puso esa regla de que tenías que salir en menos de veinticuatro horas para rastrearte sin que yo estuviera cerca, quizás incluso capturarte. Al menos, eso es lo que pensaba Pitch.

Jack asintió lentamente, creyendo que comprendía la situación.

-La idea era darte esa pócima que haría parecer como si estuvieras muerto. Sandy te llevaría en su carruaje, y eventualmente lo detendría algún enviado del Emperador. Eso fue justo lo que sucedió, y cuando lo detuvieron en el camino, Sandy explicó que… que estabas muerto, y que iba a deshacerse de tu cuerpo.

Jack sintió un escalofrío de pensar que estas cosas habían sucedido estando él completamente fuera de la situación, con su cuerpo siendo transportado sin su consentimiento, ni su conocimiento.

-Él sabía que lo seguirían, así que se detuvo a un lado del camino y se deshizo de un fardo que llevaba ahí, arrojándolo a un río. Luego te llevó por varios caminos hasta que se dio cuenta de que no lo seguían más, y buscó una aldea segura dónde resguardarte.

Ambos se quedaron quietos. Las palabras que Aster dejaba a su alrededor se sentían frías, lejanas, casi sin significado, o quizás era que Jack quería apartarse de ellas, para poder entenderlas un poco mejor. Aster continuó:

-Mi plan, por tu bien y el de Sandy, no se los expliqué por completo. El Emperador dejó de tener interés en ti cuando Pitch hizo correr el rumor de que… habías estado en un burdel, que yo me había enojado contigo por haberme traicionado, y que aquella noche habías terminado suicidándote-, Jack presionó los puños y unas lágrimas de rabia se formaron en sus ojos. Aster lo sujetó rápidamente en sus brazos y se sintió como la peor basura cuando Jack se aferró a él-, si te sirve de consuelo, la noche que me enteré le di la golpiza de su vida.

Jack se encontró soltando una risa amarga, rota y traicionada por la lágrima en sus ojos.

-Lo importante era que el Emperador te creía muerto. Yo pensé que sería fácil buscarte en un par de semanas y explicarte lo sucedido antes de que me odiaras por completo… pensé que con el dinero que tenía en ese momento podría comprarte una casa y asegurarme de que no te faltaría nada mientras yo tuviera que estar en la Guerra. Te mandaría cartas y volvería a tus brazos tan pronto como me fuera posible...- Jack se limpió las lágrimas al imaginar que eso hubiera pasado, lo mucho que deseaba que eso hubiera sido lo que sucediera y le hubiera ahorrado tantas lágrimas-, pero fui llamado antes de que pudiera hacer cualquier cosa. El Emperador no me dejó en paz. Yo no quería que sospechara nada, así que le pedí a Toothiana y a North que estuvieran en contacto contigo y se aseguraran de que estuvieras bien. Sandy… ha estado molesto conmigo desde entonces.

Aster se quedó en silencio, y entonces Jack tuvo tiempo de reflexionar. Todo aquello parecía tan simple, un plan tan ridículamente sencillo, que tenía rabia solo de pensar que todo este tiempo pudo haber tenido a Aster, lejos quizás, pero con la certeza de que volvería, de que estaría con él.

Dioses. Qué absurda situación, que dolor tan inútil había pasado, qué vida tan maldita… qué furia sentía en su corazón.

-Cuando maté al Emperador, fue cuando no podía soportar más. La Guerra era absurda, nuestros esfuerzos cada vez más brutales, y vino el momento en que estuvimos en la cumbre y comenzamos a bajar. Ese hombre era pura avaricia. Decidí que era suficiente y que no podía pasar más tiempo sin estar contigo. Fue entonces que lo maté. Todo mundo me creyó cuando les dije que lo había encontrado así, ¿quién dudaría del maldito General Bunnymund?

Esta nueva declaración mandó un escalofrío por los cuerpos de ambos. Jack cerró los ojos y supo que sería un secreto que se llevaría a la tumba.

-Vine aquí con una esperanza mínima de que me aceptaras de vuelta-, concluyó Aster, su voz sonaba pesada y lejana para él-, sabía que había pasado demasiado tiempo. Pero estaba convencido de que tenía que intentarlo porque… porque soy tu esposo. Y aún si me odiaras, no dejaré intentar seguir siéndolo para ti.

Jack se había referido a él de esa forma hablando con la señora. Había pensado en eso varias veces, en su mente, Aster era su esposo, y estaba unido a él por la eternidad. ¿Lo había llamado alguna vez así, cuando dormía quizás?

¿o era simplemente que Aster había sentido lo mismo todo este tiempo, y Jack había sido tan ciego para ignorarlo?

- ¿Lo eres?

- ¿Qué más pruebas necesitas de que estoy unido a ti, y de que jamás podría dejarte? - insistió, dejando un beso en su cuello mientras Jack le clavaba las uñas en la espalda debido a la ansiedad insoportable-, la noche que nos separamos, tenías razón en algo, Jack. Vivir sin ti ha sido lo más difícil que he tenido qué hacer en mi vida.

Jack recordó aquella última discusión entre ellos, y aquél último grito que había proferido contra su esposo mientras Sandy lo escuchaba del otro lado de la puerta. Había jurado que Aster no podría vivir sin él. Lo recordaba perfectamente, porque en ese momento, quería creerlo. En esos momentos de angustia, quería creerse indispensable…quería creer que Aster de verdad moriría sin él. Que la vida le sería completamente imposible de soportar, sin él a su lado para aligerar todas las cargas. Y le deseó la muerte, solo para tener la satisfacción de saber que era verdad, que tenía en sus manos la vida de su esposo para hacer con ella lo que quisiera.

-Dormía poco- continuó Aster, mientras Jack cerraba los ojos, y escuchaba, y pensaba, o al menos intentaba pensar-. Tenía pesadillas que me mantenían despierto y alerta, siempre temiendo que la muerte estuviera del otro lado, esperándome-, elaboró, recordándolo todo poco a poco-, la comida se hacía ceniza en mi boca. El agua no saciaba mi sed. Y siempre pensaba en cómo las cosas serían mejores si estuvieras a mi lado. Rezaba a dioses en los que nunca he creído porque me llevaran de esta vida, pero luego me tragaba mis palabras al pensar que tenía que volver a tu lado, aunque fuera solo para cumplirme el capricho de morir en tus brazos. Solo tu recuerdo… y la esperanza de tener de nuevo a mi dios, el único en el que creo, me ha mantenido con vida hasta ahora.

Tomó su mano firmemente y la levantó hacia su rostro, besando sus nudillos con toda la delicadeza que podía. Aster tenía la esperanza de que su declaración más pura, más intensa, conseguiría lo que deseaba. Que Jack se lanzaría a sus brazos rindiéndose a él por completo, que pasarían el resto de la noche haciendo el amor, recuperando el tiempo perdido, y que por la mañana harían sus maletas y se irían a su hogar, completo ahora por tener a Jack con él. Que harían su vida juntos, como tendría que haber sido siempre.

Las cosas nunca eran tan fáciles como él quería.

-Aster…-Jack inclinó la cabeza un poco y le dejó un beso en el pecho. Permaneció con sus labios presionados ahí, y había un tono pensativo en su voz cuando volvió a hablar-, ¿te das cuenta de lo enfermos que hemos estado todo este tiempo? Uno del otro.

Aster permaneció en silencio, considerando esta opción. En retrospectiva… no lo quería admitir, pero por todos los ángulos, sí, era algo enfermo.

-No podemos seguir así-, continuó Jack, levantando su mirada hacia él-, no quiero que sigamos así. Es a lo que no quiero volver. No quiero que mi vida dependa de ti ni que tu vida dependa de mí. No quiero ser… tu dios. Sólo quiero ser tu esposo y que tú seas el mío, es todo.

Aster se quedó callado.

-Hemos cambiado-, continuó Jack, haciendo el intento por sonreír-, para bien. Yo me siento… más seguro, más útil. He aprendido a hacer muchas cosas y comienzo a creer que soy mucho más listo de lo que yo mismo pensaba-, Aster le sonrió, encantado por este entusiasmo repentino-, y tú… ¿te has escuchado hablar, Aster? ¿Te has dado cuenta de cómo ríes, cuando realmente lo sientes? Eres maravilloso, puedes ser tan encantador, incluso bromista, ¿por qué yo no te recuerdo así? Y, aun así, seguimos siendo los mismos, ¿no?, quizás estar lejos nos hizo bien a ambos.

Aster no quería admitirlo, pero quizás Jack tenía razón. Quizás él había aprendido a estar solo. Quizás había aprendido que podía ser paciente, que podía ser amable con otras personas, aunque no fueran Jack. Y quizás, solo quizás, esto había mejorado un poco su vida, aunque le costara admitir… que él no era indispensable en la vida de Jack, y Jack en cambio, no era indispensable en la suya, si ambos hacían el esfuerzo.

Podían amarse sin necesitarse. Podían amarse sin perderse uno en el otro. Podían amarse sin convertirse en uno solo.

Habían sido tan dependientes de esa relación… que habían tenido que pasar por el dolor, quizás, como la única herramienta que el destino encontró para enseñarles una lección que tenían que aprender: que es posible amar y seguir siendo una persona libre. El amor no esclaviza, libera. Y ellos no eran esclavos. No más.

-Puedo hacerte de comer, meterme a una bañera contigo y lavarte el cabello, dormir a tu lado y cantarte, hablarte al oído, lo que quieras-, continuó Jack, intentando sonreír un poco más genuinamente-, pero lo haré por mi deseo de verte sonreír, no por pensar que necesitas que lo haga todo por ti. Y tú, puedes besarme, abrazarme, hacerme el amor todo el tiempo si quieres, cargarme de un lugar a otro como si no pudiera caminar por mi cuenta, tocarme por debajo de la mesa cuando hay otras personas viéndonos… pero porque ambos lo queremos así, no porque creas que haciendo eso me posees, o que yo te poseo a ti.

-Creo…creo que entiendo, Jack.

Jack se mordió los labios, y finalmente se decidió.

- ¿Puedo proponerte algo, amor? -, Aster sonrió, al escuchar que lo llamaba así, sintiendo que, al fin, al fin recuperaba a su ángel completamente-, dime qué tan lejos queda la aldea donde vives.

-Es…-, pensó un poco inseguro, sintiendo que su cuerpo ansiaba por tocar a su pequeño un poco más, infinitamente agradecido con él-, un día completo de viaje, si no hay muchos contratiempos.

- ¿Y sería mucho pedir que vinieras a visitarme de vez en cuando? -, Aster sintió que los ojos se le abrían por completo por la impresión, sobre todo por el entusiasmo infantil que de pronto inundaba a Jack-, cada dos o tres semanas, quizás. Podríamos… hacer muchas cosas juntos, ir a pasear, armar esos rompecabezas que tanto te gustan… me ayudarías a hacer la comida, tocaría el arpa para ti, platicaríamos de todo, veríamos las estrellas y luego nos iríamos a dormir… en mi cama. Podrías quedarte unos tres días cada vez, o más si no te causa muchos problemas en el taller. Quizás algún día vaya yo a visitarte, y así… empezaremos de nuevo. Nos conoceremos más, y cuando decidamos estar juntos, sabremos vivir sin volver a como éramos antes.

Jack se quedó callado, expectante. Aster lo miraba, y pasaban muchas cosas detrás de sus ojos mientras consideraba la opción de lo que Jack le ofrecía.

-Me… ¿me estás dando otra oportunidad, Jack?

-Sí, amor. Aster. Creo…que ambos la merecemos después de todo, ¿no es así?

No era exactamente lo que Aster quería. Pero con Jack, siempre estaba dispuesto a intentar.

-Creo…creo que sí, Jack. Sí, lo haremos, empezaremos otra vez.

Dicho esto, fue que Aster recibió la reacción que había querido en un principio. Jack se aferró a él y lo besó, y él se dejó besar unos segundos, disfrutando la felicidad de Jack, antes de tomar por su cuenta las riendas del beso.

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-Te propongo algo-, Aster besó el cuello de Jack. Disfrutó el sabor salado de su sudor, y la suavidad de su cabello contra su rostro. Jack sonrió y continuó hablando: -, pediré el día libre, así tendremos tiempo en la mañana de descansar un rato y podrías irte en la caravana que pasa por la tarde.

Aster sonrió ante esa perspectiva, sobre todo porque descansar era lo último que harían esa mañana si de él dependía.

Aseguró el agarre que tenía de la cintura de Jack, y Jack suspiró, aliviado, al sentir que su pecho se presionaba completamente en su espalda permanentemente fría. Aster dejó la yema de sus dedos pasearse por el vientre de su joven esposo, y dejó que la sonrisa se escuchara en su voz al contestar.

-Me parece un buen plan.

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Se separaron casi al medio día, ambos un poco decepcionados de que el tiempo no se hubiera detenido en algún punto de la madrugada. Cambiaban las sábanas cuando Jack reflexionó, un poco horrorizado, que su lecho nupcial había sido la cama de una posada que más tarde sería usada por algún cliente. Supuso que no era algo que podría cambiar a estas alturas, y finalmente, decidió que se cambiaría a dormir en esta habitación, que después de más de dos semanas tenía a Aster grabado en todas partes.

Era mejor así.

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Jack tomó la mano de Aster en la suya y caminaron juntos hacia la cocina. La hora del almuerzo se había pasado ya, pero a Jack le pareció bien, pues así tenía oportunidad de cocinar algo juntos…compartir algo de normalidad.

Tenían privacidad y un momento de paz doméstica, ¿qué más podía pedir?

Jack verificó en los estantes y entonces recordó que hacían falta muchas cosas. Tardarían en reabastecerse. Se venían muchos problemas encima.

Le hacía feliz, cuando menos, haberse olvidado de todo por un rato, estando con Aster.

-Mira, podemos hacer algo sencillo-, dijo de manera distraída, intentando que no se notara su inquietud. Aster se acercó, un poco dudoso, mientras Jack preparaba los ingredientes.

Resultó que Aster no era un inútil en la cocina como cualquiera hubiera podido imaginar. Pero claro, Jack recordó, que en algún momento de su vida Aster había sido también un esclavo.

Cuando no sabía lo que debía hacer, Jack tomaba sus manos y lo guiaba. Prepararon un patillo sencillo con papas, tomate y queso y otros aceites y especias. Había un pan recién hecho y delicioso. Jack preparó té, y almorzaron juntos ahí en la mesa de la cocina.

El resto del día se fue rápido, y lo pasaron en la habitación, hablando de cualquier cosa. Jack le mostró a Aster algunas canciones que había compuesto tocando el arpa, las cuales le habían costado tanta soledad y tristeza… pero que al final, seguían retratando su corazón claramente a quien quisiera escucharlo.

Aster le mostró a Jack, al fin, la pintura en la que había estado trabajando esos días. Era un paisaje de montañas con el cielo nocturno de fondo. Aster admitía que no era lo mejor que podía hacer, pero luego de años sin si quiera intentarlo, tenía que ser bueno.

En ese cielo nocturno, con la luna, brillaba una única estrella.

Las canciones de Jack eran cartas con un mismo destino.

Jack observó con curiosidad cuando Aster se enderezó lentamente. Supuso que comenzaría a recoger sus cosas para irse finalmente, pero en lugar de eso, se reacomodó para sentarse frente a él, mirarlo fijamente y tomarlo de las manos.

-Jack… sé que hemos hablado de esto-, levantó una mano y le acarició la mejilla lo más suavemente que pudo-, no quiero que pienses que quiero… limitarte, o ponerte condiciones otra vez. Pero me preocupa lo que está pasando aquí. No creas que no me di cuenta de que no han reabastecido la cocina.

Jack soltó un suspiro, sus hombros cayendo con cansancio.

-Yo también estoy inquieto por eso, Aster. Pero ya haremos algo, no te preocupes…- se apoyó con las rodillas sobre la cama, se inclinó sobre él, y cedió a su impulso del pasado de calmarlo a besos-, si es necesario, iremos a otras aldeas, ya veremos una forma.

-Ven conmigo.

-Aster…

-A… al menos prométeme que si las cosas empeoran acudirás a mí-, lo abrazó con fuerza, y Jack sonrió, dejándose abrazar-, te traeré algo de dinero la próxima vez que venga. Le enviaré una carta al Emperador para que les envíe suministros…

-Aster… tranquilízate, ¿sí? No creo que sea la primera aldea que pasa por algo así. Si algo más pasa, iremos a reabastecernos a otra aldea y continuaremos dando servicio en la posada. Las cosas saldrán bien.

Aster no estaba tranquilo, a pesar del intento de Jack por calmarlo. Al acariciarlo, y besarlo, como antes, tratando de hacer que su paz se le colara por la piel, que eso se sintiera bien para ambos…

-Hey, te prometo que si las cosas se ponen mal…muy, muy mal, iré a ti. Mientras tanto, confía en mí, ¿de acuerdo?

Aster asintió. Abrazó a Jack cerca y continuaron con pequeños besos.

Jack se separó de él y lo miró fijamente un momento antes de sonreír.

-No puedo creer que aún huelas a hollín.

- ¡Lo sé! - la expresión descompuesta de Aster fue tan repentina, que Jack estalló en carcajadas ahí mismo-, ¡hey, no es gracioso! ¡Lo he intentado todo!

Por toda respuesta, Jack calmó su risa, y se acercó a él. Posó su nariz en la parte más alta de su cabeza y aspiró suavemente. Aster lo mantenía sujeto de la cintura.

-Creo que es tu cabello. Nunca has sabido lavarlo tu solo-, movió la cabeza negativamente, como riñendo a un niño pequeño, mientras Aster apartaba la mirada con un sonrojo que hizo que el más puro afecto por él inundara las venas de Jack-, ni hablar, tendré que hacerlo yo mismo.

Aster abrió los labios, y antes de que pudiera decir nada, Jack lo tomó de la mano y bajó de la cama.

-Aún nos da tiempo para un baño rápido antes de que pase la caravana-, le guiñó un ojo y jaló un poco más fuerte. Aster se sentía como hipnotizado mientras lo seguía, más enfocado en el movimiento de su cadera que en el de sus pies, a decir verdad.

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Se despidieron sin tanta tristeza como Jack lo hubiera imaginado la noche anterior. Aster acordó en enviarle una carta apenas llegara a casa, y Jack se comprometió a contestarle lo más pronto posible.

Se besaron un par de veces más en la entrada de la posada antes del momento de partir. Y cuando Jack regresó al interior, con sus dedos tocando sus labios y una pequeña y auténtica sonrisa, había algunas miradas curiosas sobre él que realmente no le importaron en lo más mínimo.

El resto del día lo ocupó en mudarse a la habitación que había compartido con Aster la noche anterior, y dejar la suya disponible para algún huésped.

Disfrutó mucho dormir envuelto en el aroma de su esposo, sabiendo que pronto lo tendría de vuelta, y el dolor en su pecho finalmente terminaría de irse.

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La primera carta que recibió de Aster fue corta, y suficiente para que Jack notara otra de muchas cosas que habían pasado por alto en su relación: Jack no estaba familiarizado con la letra de Aster ni con su manera de expresarse al escribir. Sin embargo, podría escuchar su voz en la nuca mientras iba leyendo, y eso lo ayudó, quizás, a emparejar la imagen de lo que leía con el recuerdo de su esposo.

La carta solo era un relato de su viaje a casa y las cosas que necesitaba en el taller. Le habló un poco sobre la gente que trabajaba para él y los productos que fabricaban. Entre los dobleces había acomodado una pequeña flor de pétalos amarillos y brillantes que Jack sostuvo todo el tiempo entre sus dedos mientras leía. Al terminar, dobló la carta, con la flor en medio, y la guardó, con la esperanza de que la flor se secara y se conservara.

Contestó la carta en el tono más amoroso que le fue posible dar a sus palabras, y la envió al día siguiente, cuando pasó un mensajero.

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Una semana después, los agricultores volvieron a venderle sus productos a los comerciantes de la aldea, alegando que ya habían recibido un pago por la mercancía que se había perdido. A todos les sorprendió este giro de acontecimientos, pero la felicidad y el alivio fueron absolutos.

Jack sospechaba de dónde había salido ese pago, pero decidió no mencionar nada hasta confirmar o refutar sus sospechas.

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Dos semanas más tarde Aster volvió, y le traía un regalo: un joyero que él mismo había hecho, tallado en madera y cubierto por un barniz especial que lo hacía parecer mucho más brillante y resistente. Jack se lo agradeció con entusiasmo y buscó un lugar donde ponerlo en su habitación. No había querido conservar joyas de su tiempo como esclavo personal salvo las muñequeras y tobilleras doradas. Sería un buen lugar para guardarlas considerando que sólo las usaba para disfrute de su esposo.

Había intentado mantenerse tranquilo por un rato, y había estado genuinamente feliz (locamente feliz) de que Aster regresara, pero tenía que hablar con él.

Volteó. Aster estaba acomodando sus cosas en la habitación y estirándose un poco por la incomodidad del viaje.

Jack se acercó a su espalda y lo abrazó, presionando la cabeza contra su nuca. Aster sujetó las manos blancas que se presionaban contra su estómago, y luego de unos segundos de mecerse en silencio, se dio la vuelta.

Sujetó a Jack contra sí. Como siempre, encontró consuelo en su cabello fresco y en la sensación de sus brazos. Y ahora, la sensación de hogar que le daba era todavía más limpia y más pura que en el pasado.

Sonrió al darse cuenta de que, para poder descansar su barbilla en la cabeza de Jack, como había hecho varias veces antes, él se tenía que estirar, o Jack agacharse un poco.

Era una ventaja que Jack tuviera preferencia por descansar su rostro contra su cuello. Así Aster no tuvo problema en descansar su cabeza contra la de él.

- ¿Supiste que los agricultores y los comerciantes llegaron a un acuerdo? - preguntó, un poco de la nada, y Aster pretendió estar distraído al contestar.

-No sabía. Suena bien.

-Sí, todo ha mejorado mucho-, Jack se separó un poco de él, lo tomó de las manos y lo miró a los ojos-, Aster, tú no me ocultarías nada, ¿verdad?

Aster tomó mucho aire, cerró los ojos agachando la cabeza, y finalmente soltó una respiración pesada. Jack frunció el ceño, lo soltó de las manos y lo golpeó en el brazo.

- ¡Te dije que no era necesario que interfirieras! -, Aster se sujetó donde Jack lo había golpeado y se preparó para el regaño de su vida-, ¿Por qué no puedes dejarme hacer cosas solo? ¿por qué tienes que ser tan impaciente?

- ¡¿Se supone que me quedara tan tranquilo sabiendo que lo ibas a pasar mal?!- trató de defenderse, y fue obvio que a Jack no le gustó que alzara la voz.

-Se supone que confíes en mi lo suficiente para dejarme arreglármelas solo-, replicó, pronunciando palabra por palabra con precisión y claridad-, ¿no podías esperar un poco? te prometí que si las cosas de verdad se ponían mal te buscaría.

Aster suspiró.

-Se suponía que no dirían nada.

- ¿A qué te refieres?

-Se suponía que los agricultores no dirían nada-, replicó Aster entonces, dejando que sus ojos hicieran contacto, pues no quería seguir huyendo de su mirada-, les pagué con la condición de que hicieran un trato con los mercaderes, y luego me regresaran el dinero poco a poco. No se suponía que les dijeran nada, solo que hicieran un trato. No quería que te enteraras precisamente porque quería evitar esto. No quería…que pensaras que quería manipularte para que vinieras a mí. Solo quería asegurarme de que estarías bien.

Jack se quedó un momento en silencio. Aster acarició su rostro; sus ojos demostraban un poco de comprensión. Finalmente, Jack asintió, levantó un poco los brazos y le rodeó el cuello, acercándolo más a él.

- ¿Creías que era tan necesario, amor?

-Solo digo que…-, el aroma de su cuello era un recuerdo hermoso al que adoraba regresar, y lo disfrutó un momento antes de seguir hablando-, si hay una forma de hacer las cosas ¿por qué no intentarlo? Ayudarte cuando lo necesitas es lo mínimo que puedo hacer.

-Tienes razón, quizás fui algo necio-, se quedó pensando un momento, y luego se separó de él. Ahora, fue su turno de acariciarlo antes de hablar-, ¿Aster? Tenías ese dinero porque…

-Ah…he estado ahorrando. Además, ser el General tiene sus ventajas-, Aster no parecía muy contento al admitir esto. Jack lo miró con paciencia, hasta que decidió seguir hablando: -, tenía el dinero que gané en mi tiempo de Gladiador, y el que gané como premio por el Torneo. Terminada la guerra recibí mucho más y finalmente, el Emperador me asignó una cantidad anual correspondiente a mi cargo. Si… si es necesario, tendré que volver.

Jack se quedó un momento quieto, y luego asintió.

-Si tienes que volver a pelear, me llevarás contigo.

Aster lo abrazó fuerte, odiando esa posibilidad. Pero qué distinta sería la vida en el campo de batalla si Jack estuviera cerca.

-No es lugar para ti, amor. Tú…

- ¿Yo qué? - Aster estaba cometiendo demasiados errores hoy- ¿por qué no podría? Solo quiero estar ahí para ti, eso es todo.

- ¡Es exactamente lo que yo quería hacer al pagar la deuda de la aldea! - se defendió él-, sólo estar ahí, para ti. Es todo.

Hubo un momento de silencio en el que Jack solo lo miró, recorriendo todo su rostro con su mirada, y luego, un poco por lo bajo, comenzó a reír. Aster se sorprendió mucho, pero, movido por el repentino cambio en Jack, también dejó salir una pequeña y tímida risa mientras Jack se acercaba a él y lo besaba.

Ahora comprendían.

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El asunto de los agricultores quedó olvidado luego del almuerzo. Fueron al mercado a comprar algunas cosas que hacían falta en la posada y Jack tomó el resto del día para acompañar a su esposo en su descanso. Sabía que un día completo de viaje podía ser pesado, pero Aster le aseguraba que no era así, pues estaba acostumbrado a recorrer largas distancias con el ejército, de día y de noche.

Aun así, pasaron el resto del día en completa tranquilidad, abrazados bajo las sábanas de la cama, Aster durmiendo, conversando con Jack en pequeñas intermitencias, y Jack cuidando su sueño, acariciándole el cabello, besando su frente, manteniéndolo entre sus brazos, procurando convertirse de nuevo en el hogar al que su amado quisiera regresar siempre.

Al principio le sorprendió lo fácil que fue, al final, caer de nuevo en sus brazos y darse por perdido dentro de este amor asfixiante. Ahora, se daba cuenta de que podía ser mucho más. Sólo tenían que darle el sentido correcto. Solo tenían que procurar no volver atrás.

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En esa ocasión, Aster se quedó tres días al lado de Jack, ayudándolo en lo que necesitara dentro de la posada. El primer día lo pasaron así, en la cama. Por la tarde salieron a caminar tomados de la mano y en la noche, luego de cenar, Jack tomó a Aster de la mano una vez más, sin decirle a dónde lo llevaba, y subieron juntos al techo de la posada. Se quedaron un buen rato sentados uno junto al otro viendo las estrellas. Cuando iban a bajar, Jack hizo lo posible por evitar reírse al darse cuenta de lo mucho que su esposo odiaba las alturas.

Esa noche, durmieron abrazados. La segunda noche, hicieron un amor largo y pausado. Despertaron aún ebrios de lujuria y lo hicieron una vez más antes de que Jack tuviera que irse a dar un baño para sus actividades del día.

-Deberías ir a trabajar así-, sonrió Aster, con media cara escondida en la almohada-, deja que se den cuenta de que lo pasamos muy bien.

Cuando deslizó sus dedos en el interior de sus muslos húmedos, Jack tomó una almohada y se la estrelló en la cabeza.

Aster no dejaba de reír. Jack sentía que cada vez estaba más enamorado.

La tercera noche, conversaron hasta tarde todo lo que no habían podido durante el día, que había sido de mucho trabajo en la posada, lo que le había impedido a Jack darse un rato para estar con su esposo. Aster le había ayudado en todo lo que había podido, y después de que todos los huéspedes estaban en sus habitaciones y los comensales se habían ido, lo llevó a tomar un merecido baño y luego a la cama.

Así, enredados entre las sábanas, Jack se encontraba donde quería estar. El calor del cuerpo de su amante era perfecto contra su piel, pero escuchar sus palabras a su oído era mucho, mucho mejor.

Los murmullos suaves, las risas…

Esa noche Jack se enteró de que a Aster le gustaba montar a caballo, y que quería tener su propia cuadra, cerca del taller. Aster, por su parte, supo que Jack siempre había tenido el sueño de tener una familia. Hijos, quizás. Sabían que era imposible entre ellos, pero siempre había formas.

Aster pensó en los muchos niños abandonados que habían quedado de la guerra. El lado horrible del que nadie habla cuando se están entregando premios y condecoraciones. Cuando pensaba en eso, ser el General era un peso mucho más grande y odioso dentro de su pecho.

Las caricias de Jack en su rostro y en su cuello lo traían de vuelta a la realidad. Familia. La idea era hermosa. Difícil, pero no imposible. Como todo entre él y Jack.

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Las semanas siguieron pasando. Jack esperaba con paciencia la visita de Aster, y cuando llegaba a su lado, su vida, si bien había recuperado el color, recuperaba también la luz.

Aster siempre llegaba con algún regalo, ya fuera algo que hiciera él mismo en su taller, una túnica de tela lujosa, una fruta exótica, y casi siempre una joya. El joyero de Jack se fue llenando poco a poco de pequeños tesoros. A Aster le encantaba verlo usar los collares, gargantillas, anillos, pulseras, tobilleras… y a veces nada más. Jack lo complacía, siempre que Aster también usara algo así para él. Al principio le costó trabajo convencerlo, pero la mirada que ponía Jack cuando veía su torso desnudo adornado con una red de cadenas doradas, hizo que valiera la pena lo autoconsciente que se sentía las primeras dos o tres veces.

Jack, por su parte, procuró conseguir distintos juegos de mesa, rompecabezas y demás juguetes que sabía que a Aster podrían gustarle, y comenzó a almacenarlos en su habitación. Cuando Aster llegaba, le mostraba su más reciente adquisición, se sentaban juntos frente a una mesa que Jack había puesto en su cuarto con este exclusivo propósito, y pasaban horas resolviendo el juego en cuestión. A Aster le sorprendió descubrir que Jack tenía una mente muy aguda y que además era extremadamente competitivo. Aún si fuera el juego más sencillo, jamás se lo tomaba a la ligera, y sus risas eran melodiosas y llenas de vida, tanto que Aster no se cansaría nunca de escucharlas.

Aster ayudaba en el trabajo de la posada. Durante el día se hacía a la tarea de recibir a los clientes o de atender las mesas del comedor, siempre bajo las instrucciones precisas de Jack. En la noche, mientras Jack hacía cuentas de los gastos del día, Aster se ponía a lavar trastes o pelar papas. Si tenían tiempo, salían a caminar por las calles solitarias de la aldea o subían al techo a conversar mirando las estrellas.

En la habitación, se vestían uno al otro con túnicas y joyas. Jack sonreía de una forma deslumbrante mientras mostraba su cuerpo a su esposo. A pesar de sus intentos de huir de sus manos, Aster siempre terminaba atrapándolo y besándolo. Hacían el amor por horas, intentando recuperar el tiempo que habían perdido, hacer que una noche contara por dos, por tres o hasta más.

Dormían, y los sueños de ambos ya no eran tan terribles como antes. Los sueños que tenían eran dulces, largos y silenciosos. Jack despertaba con sus labios presionados contra el pecho o el cuello de su amado, y Aster en cambio hundía más la nariz en su cabello cuando lo sentía moverse.

El paraíso era real, y lo encontraban cuando podían estar juntos.

Lo único que inquietaba a Jack era cuando encontraba que algunas de las cosas que hacían se parecían mucho a cómo eran antes.

Como cuando no podía resistir la distancia entre sus cuerpos y tenía que acurrucarse en su regazo mientras hablaban de cualquier cosa. Como cuando Aster lo miraba fijamente y lo besaba de un momento a otro sin prevenirlo. Cuando lo abrazaba por la espalda mientras Jack hacía cualquier cosa y lo mantenía abrazado sin soltarlo, sin dejar de besarle el cuello, sin descansar hasta que Jack tenía que voltear y besarlo de vuelta.

Cuando no estaba con él, y Jack se la pasaba la noche entera despierto, deseando sus manos, sus labios y su cuerpo.

Cuando Aster quería cubrirlo de joyas y lujos que Jack jamás había pedido. Cuando Jack solo podía pensar en asegurarse de que estuviera bien, en cuerpo y en alma, dedicarse a él.

Y quizás, pensar en que haciendo esto regresaban atrás, fue el error que Jack cometió.

Porque cuando lo pensó, fue él quien regresó atrás.

Y la próxima vez que Aster lo visitó, sus regalos fueron recibidos con una sonrisa, pero sin tanto entusiasmo como antes. Sus besos fueron correspondidos, pero no devueltos con la misma intensidad, y al tomar posesión de su lugar en la cama de Jack, Aster se sintió instantáneamente como un ladrón.

Jack lo abrazaba, pero no buscaba tanto sus besos ni la cercanía de sus cuerpos. Cuando Aster intentaba distraerlo de sus labores, en lugar de un regaño sonriente, recibía un beso veloz y seco y la orden de dejarlo en paz por toda la tarde.

La primera vez que Jack se comportó así, y Aster se fue más bien decepcionado por los resultados de su visita, Jack permaneció despierto toda la noche lamentándolo, pero sin poder obligarse a cambiar las cosas. Tenía tanto miedo, tanto, tanto miedo de que Aster y él volvieran a lo de antes. Tenía miedo de encontrarse de pronto diciendo a todo que sí, dedicándose a él al punto de olvidarse de sí mismo. Tenía miedo de que Aster volviera a limitarlo, a encarcelarlo dentro del amor que compartían, a llenarlo de condiciones, a intentar asesinar a cualquiera que pusiera su mirada sobre él.

Jack tenía miedo, mucho miedo, cuando se daba cuenta de que, en su mente, la imagen de Aster se traducía automáticamente en la palabra "amo". Y tenía más miedo aún, cuando en cualquier momento del día, Aster le hablaba al oído diciéndole que lo amaba con todo su ser, que no podía vivir sin él… que era su dios. No quería ser de nuevo el esclavo y el dios de Aster. No quería que Aster volviera a ser su amo ni su esclavo otra vez. Solo quería que tuvieran una vida, un futuro juntos.

Y cada vez lo veía más, y más lejos.

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No había podido evitar que Aster lo acunara en sus brazos y lo hiciera dormir. Lo necesitaba. Había trabajado muy duro por varios días, y de pronto se había sentido extremadamente cansado.

Despertó quizás un par de horas después, con su amado dejando besos dulces y ligeros en su piel. Sonrió. Pero la sonrisa se borró de pronto.

Había pasado casi un año de que comenzaran esta nueva relación. La vida en la aldea y en la posada había mejorado bastante, y era ahora quizás uno de los lugares preferidos por los viajeros para detenerse a descansar. Quizás tenía que ver con la atención perfecta que daban en la posada, o quizás tenía que ver con que cada vez había más variedad en cuanto a los productos y distracciones que uno podía encontrar en el lugar. Jack estaba seguro de que Aster tenía que ver con la repentina afluencia de maestros artesanos que venían a la aldea a vender o intercambiar productos, que también despertaban el interés de posibles clientes de fuera.

Esto implicaba mucho más trabajo, y un poco menos de tiempo para ver a Aster cuando venía de visita.

Aster era paciente. Él entendía lo mucho que este lugar necesitaba de Jack, pero eso no quería decir que no quisiera algo de él de vez en cuando. Sin embargo, estaba bien. Estar en su presencia, poder tenerlo, aunque fuera mientras dormían.

-Descansa amor-, le susurró al oído cuando se dio cuenta de que Jack despertaba-, hiciste mucho hoy.

- ¿No deberías dormir tú también? - preguntó el joven, alejándose un poco de su agarre intentando que Aster no lo notara.

-No amor, estoy bien. Prefiero asegurarme de que descanses. Has estado muy inquieto mientras duermes.

Esta escena, habitual, familiar, odiada para él por completo, despertó todos los miedos dentro del cerebro de Jack una vez más.

Se incorporó de golpe, sorprendiendo a Aster por completo. Aster también se enderezó y se quedó mirándolo, esperando por si Jack decía algo.

Jack respiró profundo, como si estuviera saliendo de una pesadilla.

-No es tu obligación-, repuso, sin poder evitar que un poco de molestia se colara en sus palabras. Aster acarició su espalda y trató de sonreír a pesar de la actitud del joven.

-Quizás no, pero es un gusto para mí. Cuidar de mi esposo es…

- ¡No soy tu esposo!

Aster retrocedió, no tanto por las palabras, sino por la reacción violenta de Jack.

Jack atrajo sus piernas hacia su pecho, apoyando la frente contra sus rodillas. Recordó de golpe muchas cosas que había querido olvidar; los cuidados obsesivos, los besos y las caricias llenas de posesión, el dolor físico de estar separados, las fantasías imposibles de volverse un solo ser, el sexo violento que de pronto era más satisfactorio que hacer el amor, el deseo de morir en brazos de Aster y que Aster muriera en los suyos…

Y lo mucho que su mente y su cuerpo, enfermos totalmente, habían amado todas esas situaciones, todos esos pensamientos.

-No soy… tu esposo-, repitió-, no es tu obligación cuidarme, ni besarme, ni estar conmigo.

-Pero quiero hacerlo.

-No te pertenezco…y tú no me perteneces.

-Eso no quiere decir que yo deje de ser tuyo ni que tú dejes de ser mío.

Cuando Jack lo miró, y el fuego azul de sus ojos se sintió más intenso que nunca, Aster supo todo lo que estaba mal.

- ¿Eso es lo que ha hecho que te comportes así? Jack…

- ¡Aster, escúchate! ¡Todo esto está mal, estamos volviendo! ¡Dijiste que no lo haríamos, pero estamos regresando exactamente a lo mismo! -, Aster hizo el intento por acercarse y abrazarlo, pero Jack se alejó de sus brazos-, ¡No quiero volver, Aster! ¡No quiero volver!

-Jack…

Jack había perdido por completo el ritmo de su respiración. No había más qué hacer, ni a donde huir.

Aster supo, mientras prácticamente lo obligaba a regresar a sus brazos, que esto iba a ser demasiado, demasiado difícil.

-Jack, está bien. No estamos volviendo-, tomó su mano, y la levantó frente a sus ojos, sujeta suavemente con la suya-, mira. Tú y yo… somos como estas manos. Están juntas, ¿ves?

Jack estaba tan nervioso, tan drenado, que luego de perder la lucha contra los brazos de Aster simplemente se dejó ir, dejó que lo manejara y lo acomodara en él, y odiaba, cómo odiaba que eso se sintiera tan bien. Al ver sus manos sujetas, se mordió los labios, y asintió. Estaban juntas.

-Somos tú y yo, recuerda. Somos dos cuerpos, ¿verdad? - Jack volvió a asentir, y ahora Aster enredó sus dedos -, dos personas, separadas. Pero podemos estar juntos. ¿Ves nuestras manos Jack? Pueden tocarse, enredarse, sostenerse, pero jamás van a ser la misma mano, y eso está bien. Y ambos lo entendemos, ¿no es cierto? Ambos sabemos que eso está bien.

Aun sollozando suavemente, Jack asintió, y escondió un poco la cara contra su pecho. Aster besó su sien, mientras ambos continuaban mirando sus manos.

-Y si quieres separar tu mano de la mía-, Aster aflojó su agarre y los dedos de Jack se deslizaron suavemente de los suyos-, yo te dejaré ir.

Jack devolvió rápidamente sus dedos a los de él. Aster sonrió.

-Y si yo quisiera soltarme…-, Aster intentó soltar su mano de la de Jack. Jack lo dejó un segundo apenas, antes de sujetarlo de nuevo, con fuerza.

-No…-, Aster se vio tentado a sonreír, pero se contuvo. Se suponía que Jack lo dejara ir también-, no ahora, no, no. Por favor. No.

-Está bien, tranquilo-, volvió a besarlo, ahora en la frente, y lo sujetó un poco más fuerte, sin soltar su mano-, hoy no. Mañana tampoco.

-Nunca.

-De acuerdo.

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Las siguientes visitas fueron mejores. La paz idílica del principio volvió con fuerza, y Aster sentía que cuando volvía a lado de Jack la vida empezaba en un capítulo completamente de nuevo.

Fue entonces que algo lo golpeó con fuerza.

Desde que reiniciaron esta relación, Jack no le había dicho una sola vez que lo amaba.

Había sido Aster, una y otra vez, quien le había pronunciado esas palabras con toda la sinceridad de su corazón. Cuando estaban enredados entre las sábanas, cuando estaban sentados mirando las estrellas, cuando le daba un simple beso en la mejilla mientras hacían cualquier cosa en la posada.

Jack le devolvía un beso, un abrazo o una hermosa sonrisa a cambio de sus palabras, pero no las reciprocaba. Aster recordó que antes, Jack había sido el primero en pronunciar un "te amo", y había sido él quien no había correspondido en seguida. Ahora ese recuerdo le hacía sentir culpable.

-Te amo-, pronunció a su oído mientras caminaban por el mercado tomados de la mano, y Jack volteó a verlo con una hermosa sonrisa, presionando más fuerte sus manos entrelazadas.

-Te amo-, dijo, mientras admiraban la lluvia caer desde la seguridad de la habitación, y Jack respondió recargándose un poco más contra su pecho, volteando la cabeza hacia él y besando su cuello.

-Te amo, repitió por enésima vez, mientras Jack yacía recostado sobre su cuerpo, ambos dentro de la bañera disfrutando el agua caliente y el aroma relajante, y Jack lo tomó como una invitación para hacer el amor ahí mismo.

Cuando terminaron y volvieron a estar así, Aster le acarició la espalda y sonrió tristemente, más para sí mismo que para su amado.

- ¿Algún día lo volveré a escuchar de tus labios, Jack?

Jack le acarició los costados, besó su pecho, y volteó hacia él, para mirarlo a los ojos con todo el amor, toda la adoración que tenía en él y que simplemente no podía pronunciar.

-Dame tiempo, amor-, susurró, sin dejar de mirarlo-, por favor. Ya no es tan fácil.

¿Y qué podía decir Aster? Lo entendía. Porque la primera vez, a él también le había costado mucho trabajo. Entendía por qué a Jack le costaba todavía mucho más.

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-Jack, ven conmigo.

Jack miró a Aster. Al día siguiente volvería a su hogar, lo habitual, y estaba preparando su bolsa de viaje. Había estado silencioso, y cuando habló, sólo fue para que Jack se sintiera completamente perdido.

- ¿Aster?

-Jack, ven conmigo-, se acercó y lo tomó de las manos, mirándolo suplicante, siendo todo lo que Jack deseaba, y dioses, otra vez ese impulso de decir a todo que sí…-, vamos a vivir juntos… prometo que te haré feliz, amor.

Jack se soltó de sus manos y miró en otra dirección.

-N…no, Aster. Sabes que no puedo irme.

Hubo un momento de largo silencio en el que Aster se acercó un poco más, y trató de encontrar su mirada.

-Entonces… yo vendré a vivir aquí. Cerraré el taller y…

- ¡No! ¡¿Cómo puedes decir esto?!-, Jack se alejó todavía más de él- ¡No lo harás!

-Quiero estar contigo, Jack…

-No es necesario que vengas a vivir aquí-, Jack intentó tranquilizarse, pensando que quizás podría razonar con él, convencerlo de que estaban bien así, de que no necesitaban más-, estamos juntos, amor, eso es lo único que importa. E…estamos bien, podemos seguir así.

-Yo no quiero seguir así.

La expresión de Aster era determinada e inamovible. Era el tipo de serenidad guerrera que había desarrollado en sus años de gladiador. Jack podía ser un peleador tenaz, pero no era tan paciente como él.

-Aster…

-Jack, quiero estar contigo-, repitió-, quiero que estemos juntos, quiero despertar a tu lado y hacer todo, tú y yo, como…

Aster se detuvo antes de pronunciar las siguientes palabras. Sabía Que Jack las rechazaría. Sin embargo, debió pensar que sucedería; Jack las comprendió antes de que salieran de sus labios.

-Como… ¿Cómo antes, Aster? ¿Quieres que las cosas sean como antes?

La rabia comenzaba a formarse dentro de él.

-Sigo sin entender por qué le tienes tanto miedo a nuestro pasado, Jack-, Aster sentía cómo las llamas iban consumiendo su voz, y sin pensar, dijo algo de lo que quizás se arrepentiría alguna vez, pero que sabía perfectamente que era verdad-, sin ese pasado no nos habríamos conocido, y no te amaría como te amo ahora.

La expresión desesperanzada de Jack lo hizo suavizarse un poco. Extendió sus brazos hacia él. Jack no cedió a ellos.

-No quiero…- susurró, y Aster renunció a acercarse a él, al menos por el momento.

Intentó otra forma.

-Jack… las personas que se aman pueden vivir juntas- razonó, en voz mucho más baja que hacía unos segundos-, y está bien. La vida se siente un poco menos… pesada, ¿sabes?, cuando vengo aquí contigo, me pregunto cómo sería si pudiera verte todos los días. No tiene por qué ser como antes. Solo… podríamos ir despacio. Como hasta ahora. Si algo no te gusta lo cambiaremos. Si piensas que volvemos a hacer algo que nos ponga en peligro de volver atrás, tomaremos otro camino. Yo sé lo que quieres evitar, y yo también he hecho lo posible por evitarlo.

- ¿En serio?

-Sí. Sé perfectamente que no eres un dios, pero eso no cambia el hecho de que seas el mío-, le acarició suavemente un brazo, y Jack aún no levantó la mirada hacia él-, no soy tu sirviente, pero me gusta encontrar la forma de hacerte feliz. No moriría porque me lo pidieras, pero arriesgaría mi vida si fuera necesario para protegerte. No te necesito para comer, para dormir ni para respirar. Pero hacer esas cosas a tu lado las vuelve maravillosas y únicas.

Subió su otra mano sobre su otro brazo y Jack apenas levantó la mirada. Besó su frente.

-Esa es… la forma en que yo lo veo, Jack. Las cosas han cambiado.

Finalmente, Jack se dejó ir en sus caricias, y lo abrazó.

-Entiendo. Creo que lo que siento es parecido, Aster. Pero no sé cómo explicarlo.

-Está bien, amor. Tenemos tiempo.

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Las semanas siguieron pasando. Aster se acostumbró a este ir y venir de sentimientos que era su pequeño Jack. Ya no temía volver a verlo como un niño porque su actitud era parecida. Lo mismo se le iluminaba la mirada al modelar una nueva túnica para él que huía de sus brazos, con un delicioso sonrojo en el rostro, pidiéndole que lo dejara trabajar cuando Aster era quizás demasiado insistente en tocarlo.

El amor entre ellos era apasionado y dulce, y los sentimientos fluían de sus labios con facilidad, pero Jack seguía sin decir que lo amaba. Aster se había resignado a que pasaría un buen tiempo antes de escucharlo.

Le hacía sonreír cuando se quedaba dormido con la cabeza en su regazo mientras hablaban, y aún más cuando Jack se despertaba y rehuía de su mirada, avergonzado, como si no llevaran tanto tiempo siendo amantes y conociendo cada parte uno del otro.

Aster deseaba más, mucho más. Pero no se decidía a pedírselo.

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Discutir después de hacer el amor no es la mejor manera de ir a dormir, y Aster lo supo una noche antes de volver a casa, luego de su enésima visita a su esposo. Quizás, pedirle vivir juntos otra vez mientras estaban abrazados disfrutando de los últimos escalofríos del amor en sus cuerpos, fue el error que cometió.

Jack se separó de él violentamente, y lo miró con fuego en los ojos.

- ¡¿Por qué no puedes dejar eso?! ¡Ya te dije que no quiero hacerlo!

Aster jamás pensó que esta sería la noche en que finalmente iba a romperse.

- ¿Por qué no, Jack? ¡¿Por qué nos niegas ser felices por completo?! ¡Tú lo deseas tanto como yo, lo sé!

- ¡No es verdad! ¡No quiero vivir contigo, no quiero!

- ¡¿Entonces qué es lo que quieres?!

Era una sorpresa que, a estas alturas, nunca hubieran recibido una queja de sus clientes debido a estos torneos de gritos que podía haber entre ellos.

Más sorprendente aún que para Jack descubrir que no tenía una respuesta a esta pregunta.

-Y…yo…

-Jack, respóndeme-, Aster se arrodilló frente a él, ignorando la desnudez de ambos, solo para sujetarlo de los hombros y presionar con sus dedos para que Jack lo mirara-, ¿qué es lo que quieres? ¿Qué ves en nuestro futuro, Jack? ¿Viviremos así siempre, separados, viéndonos… diez veces al año tal vez, o cada vez menos?

Jack sintió que sus ojos se iban llenando de lágrimas, pero un sentimiento lleno de rabia, de furia, comenzó a acomodarse dentro de su mente, dándole forma a un nuevo reproche.

- ¿Y tú que quieres, Aster? - preguntó, dándole intencionalmente todo el veneno que le era posible a sus palabras-, ¿quieres tan desesperadamente volver a lo de antes? ¿Quieres que sea tu esclavo de nuevo? ¿Quieres encarcelarme en una habitación y que lo único en mi mente seas tú? ¡Eso es lo que quieres!

- ¡Creí que ya te había quedado claro que eso no es verdad!

- ¡Lo es! ¡No puedes esperar porque te diga otra vez que te pertenezco y que quiero ser tu esclavo, es todo lo que has querido siempre, por eso regresaste!

- ¡No es cierto!

- ¡Lo es! ¡Tú no me amas! ¡Jamás me has amado! ¡Tú solo quieres un esclavo! ¡Tú…!

Jack se sujetó la cabeza como si no pudiera soportar más los pensamientos dentro de su mente. Y finalmente, algo en él se hizo pedazos.

-Aster…Aster, soy tuyo-, Jack lo miró, y lentamente, se acercó a él se acomodó en sus brazos, y Aster lo sujetó, un poco asustado por su reacción repentina y por el delirio que había en su voz-. Te pertenezco, soy tu esclavo. Llévame… llévame a dónde quieras. Úsame como quieras. Amor, no me dejes… quédate conmigo…

-Jack…

-Amo… ¿eso lo hará feliz, amo? Dígamelo, y seré lo que quiera de mí.

-No, no Jack, no… no me hagas esto, amor…

-No sabe lo feliz que me hace-, Jack lloraba, fuera de sí-, saber que me ama. Yo también.

Aster sujetó a Jack, que de pronto empezó a temblar incontrolablemente. Lo sostuvo y lo acarició con suavidad, hasta que el joven se separó de él, limpiándose los ojos con las manos. Esto no hacía feliz a ninguno de los dos.

-Aster…

-¿Sí, amor?

-Perdóname. No puedo.

-Está bien, amor.

Jack no le pidió esperar. Aster supo que ya no había tiempo.

Se acostaron a dormir, lo más separados que les era posible en esa cama. Al día siguiente, al despertar, Aster tomó su decisión.

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Jack daba instrucciones a las chicas de la cocina cuando Aster apareció en la puerta.

-Jack…-, Jack volteó a verlo, un poco inseguro, y se acercó a él-, ya va a ser hora de irme.

-E…está bien, Aster- Jack rehuyó de su mirada, pero hizo lo posible por mostrar algo de entusiasmo, por regalarle una sonrisa, por intentar que ambos olvidaran lo que había sucedido durante la noche-, ¿Cuándo piensas volver?

Aster emitió una pequeña sonrisa y le acarició el rostro.

-Quizás en unas semanas, amor. Te enviaré una carta.

Jack asintió, y su sonrisa se hizo más amplia, más cálida, más dulce. Se besaron suavemente por varios, largos segundos, y finalmente, Aster se separó de él y salió de la posada. Jack se tocó los labios y sonrió. Quizás, las cosas podían mejorar.

-Ese hombre no volverá.

Jack volteó. A sus espaldas, la señora entraba a la cocina con una canasta, que le entregó a una de las chicas con instrucciones de ir al mercado a comprar ciertas cosas que faltaban en la posada. Jack se acercó a ella.

- ¿De qué habla?

La chica tomó la canasta, salió de la habitación, y la señora volteó hacia Jack.

- ¿Crees que nadie escuchó la discusión de anoche? Los cocineros tenían una apuesta de que no acabaría este año sin que terminaran golpeándose o que simplemente el General no volviera.

Jack volteó a ver a los cocineros, que estaban haciendo lo posible por evitar mirarlo. Luego volteó a ver de nuevo a la mujer.

-Lo siento, Jack-, ahora, su expresión cambió a una mucho más suave-, pero tu esposo no volverá. Lo presiento. No es la primera vez que veo a un hombre irse para siempre.

Se encogió de hombros y siguió dando las instrucciones que Jack había dejado de impartir. Jack, por su parte, corrió a la salida de la posada.

Aster ya se había ido.

Jack volvió al interior de la posada y a su habitación. La habitación estaba vacía de las cosas de Aster, como siempre que se iba.

Pero en la cama, había algo. Algo que hacía mucho tiempo que Jack no veía, y que, a decir verdad, ya había olvidado.

El amuleto. El amuleto con forma de luna. Y una flor.

Aster jamás había dejado una flor o un obsequio antes de irse. Y si lo hubiera hecho, quizás Jack no hubiera encontrado ningún significado detrás.

Ahora, Jack lo entendió. Era su forma de despedirse.

Se quedó varios segundos ahí sentado, mirando el amuleto. Lo tomó en sus manos.

Tuvo el pensamiento –la certeza-, de que era lo suficientemente afilado para acabar con su vida aquí mismo.

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Dos días habían pasado desde su regreso a casa. El trabajo en el taller era satisfactorio, tenían muchos encargos y sus ayudantes eran alegres y les agradaba conversar. El ruido que hacían, la comida que les traían sus mujeres, los niños que venían a curiosear, las anécdotas (graciosas, tristes, licenciosas) que contaban, todo eso llenaba el día mientras Aster intentaba no pensar en Jack.

Estaba seguro de que recibiría una carta suya cuando viera que no regresaba. O quizás no. Quizás para Jack sería un alivio no tenerlo de vuelta.

¿Podría mandarle una carta y terminar su relación así? ¿podría mandar una y otra carta, pidiéndole perdón por no irlo a ver, y esperar hasta tener el valor de hacerlo? Podría… ¿podría seguir visitándolo, viviendo su amor en partes, aun sabiendo que jamás iban a tener lo que él quería?

Quizás… quizás pudiera. Quizás podría darle eso a Jack. Pero es que verlo aquella noche deshaciéndose de ese modo, sufriendo tanto, le había hecho pensar que simplemente tenía que dejarlo libre. Tenía que dejarlo ser feliz.

Cuando sus pensamientos eran así, ni siquiera el ruido del taller ni las alegres risas de sus ayudantes lo sacaban del pozo oscuro que eran sus pensamientos, cuando el futuro al lado de Jack parecía aún más oscuro.

Ese día, temprano, un mensajero llegó, con un baúl lleno de… las túnicas, las joyas, el arpa, y los juegos que había compartido con Jack. Aster sintió que se le hundía el estómago. No venía con nada más. Ni una carta, ni un mensaje hablado, nada. Aceptó el baúl, lo llevó al interior de la casa, y no explicó nada cuando sus hombres le preguntaron de qué se trataba.

Un General no llora. Un Gladiador no llora. Pero dioses, Aster quería llorar.

Por la noche, el único que quedaba ahí con él era un amigo que había hecho en el ejército. Era su segundo al mando y cuando habían sabido que ambos eran artesanos, había apoyado cien por ciento la idea de Aster de poner su propio taller, ofreciendo en seguida sus manos para trabajar con él. A pesar de haberle dado la seguridad de llamarlo por su nombre, él aún lo llamaba "General".

- ¿Por qué no has vuelto a casa? - no podía evitar que su tono se volviera firme, cuando hablaba con un subordinado. Le había dolido recordar que así le había hablado alguna vez a Jack-, tu mujer debe estar preocupada.

-Estoy haciendo un regalo para ella-, sonrió su amigo, y le mostró el precioso vaso que estaba haciendo-, le encantan las flores. Tengo unas ahí, cuando el vaso esté listo…

Aster sonrió. Inevitablemente, pensó en Jack.

-Cierra todo bien cuando te vayas.

-Sí, General.

Aster soltó una risa sin querer, y entró a la casa.

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Había terminado de limpiar las partes del vaso que había tenido que lijar un poco. Un poco más de barniz, en algunas pequeñas partes, pero no tanto para no entregarlo esta misma noche. Puso las flores adentro, y lo observó.

Luego levantó la mirada. En el umbral, había una persona que reconoció, solo porque el General lo había descrito una y otra vez cuando se había sentido de ánimos para hablar de él.

Muchos lo creían muerto. Él sabía que vivía.

-Busco a mi…-, explicó el joven. Se veía agotado, exhausto, pero seguía en pie-, busco al General.

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Aster miró el baúl, pero no se atrevió a abrirlo de nuevo. Sabía cuál era su contenido y conocía el mensaje que Jack no le había querido dar.

Se quitó la ropa de trabajo y se puso una túnica para dormir. Bebió algo de agua que tenía en la cocina. Miró a su alrededor y pronto se dio cuenta de que esta casa se quedaría sin dueño, igual que él. Jack no quería más.

Supuso que podía vivir con eso. Eso no cambiaba que doliera.

Cuando se dio la vuelta, en el pequeño pasillo, había una visión. La visión lo veía de vuelta, sonrojado, empolvado, con los ojos brillantes y los labios resecos.

Pero lucía tan hermoso, que Aster casi cae de rodillas ahí mismo.

La visión dejó caer la bolsa de viaje que llevaba al hombro, y avanzó hacia él, mirando a su alrededor.

-B…busco a mi esposo-, dijo finalmente, mirándolo, tocando su rostro-, vine a decirle que lo amo, y que quiero intentar. Todo. Quiero intentarlo todo.

Aster lo estrechó entre sus brazos y lo levantó del suelo mientras Jack lo abrazaba del cuello y se abrazaba de su cintura con sus piernas. La mente de Aster le gritaba que era él, que era él de verdad, que estaban juntos, que lo tenía a su lado, que era suyo, suyo, y él era de Jack, al fin, todo, todo, tenían todo…

Se separaron para mirarse, y Jack le sonrió.

-Salí tras de ti, pensé que podría alcanzarte en el camino, pero llovió…

-Sí, lo recuerdo, yo casi llegaba aquí cuando…

-Y tuve que quedarme en una aldea por un par de días, mi equipaje llegó mucho antes que yo…

- ¡Sí! -, Aster rio con alivio y le besó el cuello, una y otra vez, causándole cosquillas que hicieron a Jack reír-, no sabes lo que sentí cuando llegó todo y nadie me dijo por qué…

- ¡No se suponía que fuera necesario, se suponía que yo llegaría antes! - Jack besó sus labios y entre besos continuó explicando-, nos retrasamos tanto que quería simplemente salir corriendo y llegar aquí yo solo pero no conocía el camino.

-Debí decírtelo, debí decírtelo desde el principio…

- ¿Querrías que hubiera corrido hasta aquí yo solo?

- ¡Ya luces como si lo hubieras hecho!

Después de un golpe de Jack, vinieron muchas risas y muchos besos más.

Se relajaron poco a poco. Jack bajó de él, pero sus labios no se separaron.

Se sujetaron de las manos. Jack terminó con el contacto de sus labios, respiró profundamente y presionó su frente con la de él.

-Lo entendí, Aster. No tengo que vivir por ti, pero puedo vivir a tu lado-, Aster sonrió-, te amo. Te amo.

-No sabes cuánto esperé por escuchar eso, Jack.

-Creí que ya lo sabrías a estas alturas.

Aster comenzó a reír, y lo abrazó más fuerte, con la felicidad en su pecho, tan pesada, que casi le dolía.

Jack se mordió los labios. Y se separó de nuevo, para verlo, y ser tan sincero con él como podía serlo ahora.

-Va a tardar.

-Lo sé.

-Y… va a costar.

-Lo sé.

-Las pesadillas, los recuerdos…

-No todos se irán-, Aster lo abrazó, y Jack respiró profundamente su aroma y se dejó caer en su calor-. Pero está bien. Es parte de lo que somos. Es… más fácil aceptarlo, que tratar de borrarlo. ¿No crees?

Jack asintió.

Aster se veía más joven de pronto. Jack se veía más sano.

Y lo sabían, lo sabían ambos. Iba a tardar, iba a costar, peo como Jack había dicho antes, estaban dispuestos a intentar. Era otra vida. Una completamente distinta. El pasado no desaparecería porque ellos lo deseaban, pero quizás algo bueno saldría de él.

Aster era fuerte, ágil, agudo, perseverante y un buen líder, porque había sido un gladiador.

Jack, era consciente, inteligente, soñador, gentil y valiente, porque había sido un esclavo.

Se amaban, se querían, se necesitaban, porque habían pasado las peores pruebas de sus vidas juntos, y porque habían podido vivir algunas de esas pruebas solos también.

Preferían vivirlas juntos. Y en eso podría resumirse su historia.

Y como su amor, tomaría tiempo, paciencia. A veces sería hermoso, a veces dolería. ¿Pero qué historia de amor no duele a veces?

- ¿Cuál es el plan, amor mío?

-Abrir una nueva posada, querido esposo-, la sonrisa de Jack era la luz de sus ojos-, pero por ahora, muéstrame mi nuevo hogar.

Aster tomó a Jack de la mano y le mostró la casa: las habitaciones, la cocina, el cuarto de baño con la bañera que compartirían, la habitación donde guardarían las túnicas de Jack y los juegos de Aster. Le mostró el taller y los trabajos que había hecho últimamente. Se sentó y le enseñó cómo usar las herramientas, cómo moldear el material, y sonrió al ver la delicadeza de sus dedos, y Jack por su parte, admiró su fuerza.

Se tomaron de la mano y salieron a caminar.

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Dalphes era una ciudad cuya economía se basaba en el comercio, el arte y la cultura. A veces, aunque no muy seguido como antes, había demostraciones de gladiadores.

El General, que había sido gladiador, participaba en ellas por diversión. Su Esposo le aplaudía desde el palco, a lado de sus amigos. Cuando todo terminaba, bajaba corriendo abriéndose paso entre la muchedumbre, se abrazaba de él, se besaban… y el pasado ya no los corrompía.

Y la hermosa vida seguía su curso.

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FIN

Quería… había estado tentada de terminarlo en la parte anterior, cuando Jack amenaza a Aster con la daga y demuestra lo que él vivió. Quería que terminara así, con una escena de amor, y asumir que después de haber aclarado esa parte vivirían felices por siempre.

Pero luego pensé que Jack había sufrido demasiado para que todo lo demás no saliera a la luz, y Aster por su parte no había aprendido lo suficiente aún. Se debían demasiadas explicaciones, y lo que había vivido Jack, a mi parecer, no iba a desaparecer tan fácil. Por más que yo quisiera pensar que vivirían juntos para siempre, no era satisfactorio.

También quería reafirmar mi punto: muchas de las cosas que vemos en las películas, libros y series sobre el amor, raya en lo toxico, pero también quería rectificar: la intención tiene mucho que ver. ¿A quién no le gusta sentirse amado, necesitado, cuidado todo el tiempo? Como en todo, simplemente hay que saber poner límites. Y básicamente, quería que eso quedara claro.

Creo que Aster lo entendió antes porque es un poco mayor que Jack, y porque a final de cuentas, él no fue tan vulnerable como él. Jack fue una víctima. Supongo que sufre algo parecido al estrés post- traumático. Esa sería la mejor forma de describirlo, y en ese escenario, Aster fue la catástrofe, el victimario.

Hay que darle el mérito de haber crecido también y de haber hecho lo posible por aceptar que Jack había sufrido y que necesitaba tiempo para sanar. Y a Jack, por haber dado el paso a pesar del miedo que sentía.

Creo que estoy satisfecha.

ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO.

Muchas gracias por el apoyo, por agregar esta historia a favoritos, por darle follow y por dejar sus reviews. Eso fue lo que me animó a continuar, pues esta historia ha sido la que más me ha costado hasta ahora.

Tengo un agujero en el pecho en este momento.

En fin.

Tengo pensados un par de one-shots, quizás publique uno de ellos pronto.

Y el siguiente fic largo llegará, si todo sale bien, a finales de enero.

Hay Ao-chan para rato :) JAMÁS TERMINARÉ DE AGRADECER EL APOYO QUE HE RECIBIDO AL ESCRIBIR ESTOS FICS.

Y aunque me rompa el corazón despedirme de este fic, habrá que hacerlo:

BESOS Y ABRAZOS!

Aoshika October