Original: Spanish 2 Was All For You

Por: Polkahotness

Traducción: Tsubasaglz

Nota de traductora: Este fic en su idioma original se encuentra en inglés. La autora Polkahotness me dio el permiso para poder traducirle su excelente trabajo al español y espero poder hacer una buena adaptación a nuestro idioma, será algo difícil, ya que ella utiliza los dos idiomas, y aquí lo estaría traduciendo al español. Espero se entienda que es una clase de español y que los estudiantes no lo hablan del todo bien, para diferenciar lo que se encuentra en español desde la historia de origen he utilizado asteriscos (*). Hey Arnold! No me pertenece ni mucho menos el fanfic original (Spanish 2 was all for you). Yo solo estoy haciendo labor de traducción. Espero lo disfruten.

Lo prometido es deuda, dos capítulos para su deleite. Con esto ya solo nos faltan dos capítulos para terminar de traducir esta historia y ponerme al corriente como Instruyendo a Arnold.

¡Que lo disfruten!


Capitulo 25: Eso que La Corazón se llevó


Estaba completamente lista para morir. Completamente.

En el momento en que La Sombra tenía levantado el cuchillo hacia mi garganta, supe lo que iba a pasar. Y tan atemorizante como la idea de mi propia desgracia acercándose a la corta edad de 18 años, no podía sentir tanto miedo como el amor que tenía por Arnold.

Arnold me amaba.

Me amaba GENUINAMENTE.

Y no solo me amaba… me amaba por sobre todo. Eso ahora era abundantemente claro.

Yo era el sacrificio que él tenía que hacer.

Y por extraño que pareciera… estaba bien con ello.

La manera que me miraba mientras me retorcía contra La Sombra me hizo saber que, sin duda alguna, Arnold me amaba. Todo lo que había querido en la vida era el amor de Arnold, y ahora-por tan corto momento como lo iba a ser-podía morir sabiendo que no había estado (completamente) loca y todo por lo que había pasado y escondido en las profundidades de mi mente e interminables páginas de diario había sido en vano.

Y entonces tenía que hacerse el NOBLE y ARRUINARLO.

Yo estaba lista para morir-¡Estaba lista para morir! ¡Por él! ¿Y qué es lo que hace ese ZOPENCO cabeza de valor y decide hacer? ¡Ofrecerse a si mismo! Cómo si él muriera haría todo mejor.

Bueno, Arnold ¡Noticias de último momento! Tu muerte solo hará que todo, literalmente todo se ponga 100% peor.

La Sombra me aventó lejos de sus brazos para caer jadeando en el piso; los padres de Arnold se apresuraron para ayudarme y levantarme a un lugar a salvo.

¿Cómo es que estaban bien con esto? ¿Cómo es que eran capaces de dejar a su hijo-su HIJO ir y entregarse a ese don nadie cabeza de chorlito a quien apenas conocían? ¡Debieron detenerlo! ¡Debieron poner su pie y decirle que dejara la rutina de héroe y me dejara morir por él!

¡Yo estaba lista! ¡Lista para darle ese regalo! Había llegado a buenos términos con eso, al parecer todas las disculpas y confesiones que habían inducido los instintos de supervivencia dentro de mi cabeza para que pudiera entregar mi vida en un último acto de amor.

Estaba sorprendida en que tan tonta me sentía de repente-no había ni Miles o Stella, o Taki o Tu'oolak o siquiera La Sombra rodeándome en mi dolor. Era solo yo y Arnold mientras él me miraba desde ahora estaba atrapado con fuerza en los brazos de un monstruo.

"*Amigos míos*," Inició La Sombra con algún tipo de sonrisa enferma maniática enrollándose en sus labios. "Ustedes tontos, tontos idiotas." Inclinó la cabeza de Arnold hacia arriba para mirarlo con la punta afilada del amenazador cuchillo. "¿Unas últimas palabras, joven Arnold?" se burló, su tono un dulce susurró que me hizo temblar. "¿A tus padres? ¿A tus amigos? ¿Algo que quieras decir?"

Justo como Arnold estaba a punto de abrir la boca y decir las palabras que nunca había querido escuchar en una situación como esta, La Sombra sostuvo el cuchillo arriba y lo enterró en su estomagó justo frente a mis ojos.

Probablemente debió haberlo enterrado en mí.

Mis rodillas se quebraron ante mi peso; mi cuerpo entero temblando mientras caía en el piso que parecía haberme abandonado en dónde estaba de pie. La tierra giró a mí alrededor como un carrusel y peleaba por agarrarme a la barra para sujetarme a la vida y continuar.

Era un globo desinflándose en el frío piso de la selva imperdonable. Mis labios se separaron lo que le permitió a mi cuerpo dejar salir un grito agudo como si mi mismísima alma se estuviera saliendo de mí. Floté en el aire, mi mente nublada con esperanzas de poder estar eternamente con el que pronto sería una carcasa del chico que amaba… Que tan desesperadamente había anhelado estar con ese chico que me había mostrado una amabilidad que nunca había entendido por completo y un amor que solo había sido capaz de experimentar hasta su última muerte frente a mí.

¡Arnold! Mi dulce, dulce Arnold-el príncipe de mi pagana vida, el faro de mi alma vacía, la luz a la que me guió como una luciérnaga desde nuestro primer encuentro. ¿Quién pensaría que llegaremos a esto?¿Quién hubiera imaginado que ante mis ojos observaría tu último aliento… todo por mí? Por la chica que te perseguía, se burlaba, pero sobre todo te amaba más de lo que pudieras entender; más de lo que siquiera pudieras imaginar. Y ahora-más de lo que nunca serás capaz de corresponder.

Enterré la cara en mis manos y sollocé dónde estaba arrodillada, mis pensamientos aún zumbando como miles de enojadas abejas dentro de mi cabeza. La adrenalina llenó de repente mis venas y sentí como si mis ojos se me fueran a salir. Un enojo me lleno como nunca antes-más fuerte que cualquier represalia, más pesado que cualquier arranque de ira que hubiera experimentado jamás.

¿Cómo puedes hacerme esto? ¡¿Cómo puedes hacer ESTO?! Mis pensamientos eran furiosos y taladraban los oídos mientras gritaban dentro de mi cabeza. ¡Estaba lista! ¡Estaba lista, Cabeza de balón! ¡Lista para morir por ti!

Mi cuerpo tembló con cada pesado lamento que me engullía desde dónde estaba arrodillada. Quería gritarle; rogarle que regresara esta horrible obra de teatro para que pudiéramos comenzar de nuevo. Le supliqué que rebobináramos y me permitiera caer como tenía el derecho de hacerlo para que él pudiera vivir con sus padres de la manera que se suponía tenía que hacerlo.

La manera en la que La Sombra le había negado la oportunidad de vivir, hacía tanto tiempo.

Justo como le había negado la oportunidad de nuevo.

Sentí una ráfaga de viento detrás de mí; Stella dejando a Miles y corriendo hacia Taki quien aparentemente también había colapsado por el asombro del sacrificio de Arnold.

Esto sólo me puso furiosa.

¡¿Qué estás haciendo?! Mis pensamientos sobrepasaron los gritos y habían llegado a volúmenes que los humanos ni siquiera habían perfeccionado. Era el tipo de volumen que solo los pensamientos podían tener y solo mis sentimientos podían emitir. ¡¿Tu HIJO acaba de ser apuñalado y tú corres para ayudarlo a ÉL?! ¡¿Para ayudar a TAKI?! Un gruñido se emitió desde las profundidades de mi pecho dónde mi corazón estaba bombeando con frenesí.

Enojada, giré la cabeza para gritarle-para decirle que debía de salvar a su hijo que todos amábamos. Pero mientras miraba en dónde estaba arrodillada con Taki en sus brazos, me pareció que algo no estaba… bien sobre esa imagen.

Todo a mi alrededor de repente se detuvo y como si fuera en cámara lenta como si estuviéramos en algún tipo de película-los eventos tomando lugar en una velocidad lenta, lo suficiente para que mis ojos desenfocados pudieran captar cada cosa. El sonido de un grito que debí haber sido capaz de escuchar fue mudo-todo como una película cubierta por una neblina que mis oídos no lograban captar.

En el silencio, mis ojos volaron hacia Arnold dónde esperaba verlo tirado sobre un charco de su propia sangre-la misma sangre que hacía sonrojar sus mejillas por tantas veces ante cada dulce momento que compartimos en esta escapada.

Pero mientras miré hacia Arnold dónde aún estaba de pie, se volvió increíblemente claro que él estaba… bien. Lo miré de pies a cabeza por cualquier rastro de sangre o herida o rasguño o ALGO, pero se quedó de pie junto a La Sombra sin rasguño alguno. Completamente vivo.

¡Estaba vivo! Festejé por un momento antes de que la lógica de lo que había pasado diera vueltas en mi cabeza; cada momento horroroso que sin duda alguna había visto añadiéndose. Espera un minuto… Lo apuñalaron-todos lo vimos. Pensé, mi frente frunciéndose en plena confusión. Pero que diab…

Miré mientras él se paraba completamente petrificado; la expresión tanto de él como La Sombra de completo asombro mientras mirábamos hacia dónde Taki estaba acostado.

Mis latidos sonaban en mi pecho; cada latido subiendo por mi garganta y a mis oídos. El sonido dentro-haciendo eco en mi cabeza como un tambor siendo tocado en un ritmo a la par. Mi cabeza se sintió pesada y sin embargo demasiado ligera que pudiera flotar en el aire y desaparecer en las nubes. Parpadeé un par de veces para intentar aclarar mi cabeza, aunque la presión apenas cedió; el mundo aún era surreal mientras el caos comenzaba a reinar a mí alrededor.

Con un pequeño respiro, enfoque mi atención hacia Arnold y La Sombra quien estaban aún mirando en shock hacia Taki, y nerviosamente, mis ojos se giraron hacia lo que estaban observando tan intensamente-lo que fuera tan importante para detener el plan maligno de La Sombra y el noble sacrificio de Arnold.

Mis ojos se abrieron como platos.

Stella estaba cubierta en sangre oscura que manchaba su falda y sus frenéticas manos. Las sostenía fuertemente sobre el estomago de Taki que estaba pulsando el liquido oscuro como la jalea de una botella apretada por un niño impaciente para comer sus panqueques. Se derramaba por debajo de las manos de Stella mientras intentaban aplicar presión, sus esfuerzos parecían no dar resultados. Su boca seguía moviéndose aunque las palabras nunca alcanzaron mis oídos.

Detrás de mí llegaron corriendo tres hombres al mismo tiempo; sus voces gritando solo palabras midas que solo sonaron amortiguadas como si estuviera de nuevo debajo del agua. Aparentemente continuaron gritando mientras se aproximaban a velocidad sobre La Sombra y lo agarraban para obligarlo a alejarse-aunque él no luchó. Sus ojos aún estaban enfocados en la confusa escena que estaba tomando lugar.

Mientras los hombres de Ojos Verdes se llevaban a La Sombra fuera de nuestra vista para siempre, no pude evitar mirarlo desaparecer para enfrentar la suerte de lo que fuera que lo esperara. Lo miré desaparecer en la distancia, mis ojos siguiendo cada paso más lejos que él daba, arrastrándolo lejos de dónde estábamos nosotros. Todo el tiempo, nunca quitando los ojos lejos del fallido plan en el que nos había dejado. Estaba aturdido. Estaba en completo shock como lo estábamos todos lo que habíamos sido testigos.

¿Un milagro? ¿Una intervención divina?

¿Cómo podía ser Arnold apuñalado y aún así Taki ser el que estaba herido?

El sonido comenzó a colarse entre el tamboreo de mis oídos; la neblina aclarándose completamente para permitir que por fin las palabras de Stella llegaran a mis oídos. "¿Taki? Taki, solo resiste. Todo estará bien." Miró desde sus manos empapadas en sangre hacia Miles quien estaba de pie junto a mí. "Miles." Dijo acompañada de unos ojos preocupados y dio un pequeño asentimiento con la cabeza.

Miré a mi lado hacia Miles quien estaba asintiendo con la cabeza en respuesta a su esposa. Sus ojos pronto se fueron hacia dónde estaba yo aún arrodillada y extendió la mano para ayudarme a levantarme y caminar a donde Taki estaba postrado. Desde donde había estado con La Sombra, Arnold pareció por fin recomponerse lo suficiente para comenzar a caminar en la misma dirección en dónde estaba muriendo nuestro amigo de ojos verdes.

Stella mantuvo sus manos firmes en el estomago de Taki, ahora completamente cubierto en su propia sangre. Enfocó sus ojos hacia sus brillantes orbes verdes, que pudimos ver estaba resistiendo al momento.

¿Qué estaba pasando?

Todos lo rodeamos-los padres de Arnold, Arnold, Tu'oolak y yo; su cuerpo temblando bajo los intentos de Stella por detener la hemorragia. Haciendo un circulo a su alrededor, fui yo la primera en hablar mientras me arrodillaba al lado de Stella, Taki y Arnold.

"¿Qué… qué está pasando?" Pregunté, mis palabras inconexas y vagas; mi mente completamente perdida en cómo debía de actuar.

Tu'oolak se arrodilló, sus palabras suaves mientras hablaba. "Q'ooank Takuun la Xtun." Dijo, sus palabras no tenían ningún sentido para mí.

"¿Qué quiere decir?" Dijo Arnold inmediatamente después, sus propios ojos enfocados en Taki quien ahora estaba asintiendo con la cabeza con los ojos cerrados.

"La bendición de Ta-Tak-Takuun a…. Xtun." Taki logró decir aunque su cuerpo temblaba violentamente. Stella lo acalló con una cálida sonrisa que se rehusaba a quitarse del rostro a pesar de las circunstancias.

"Shh… shh. Está bien. No tienes que hablar. Está bien-estarás bien," murmuró dándole valor mientras una mano ensangrentada le acariciaba la cabeza; su otra mano aún aplicando una presión innecesaria a su ensangrentado abdomen.

Miles se aclaró la garganta nerviosamente, "La historia de Takuun y Xtun es una leyenda antigua de los Ojos Verdes que se rumora ser un mito," explicó mientras ponía en cuclillas a nuestro lado y ponía una mano gentilmente sobre el brazo de Taki. "La leyenda dice que le pasó a los primeros gobernantes de los Ojos verdes."

"Si," Tu'oolak dijo con un asentimiento mientras miraba hacia la Corazón que ahora estaba en su regazo. "Pero no es una leyenda." Suspiró y miró hacia Taki quien le estaba sonriendo.

"C-cu-cuénteles. Cuénteles la-la his-historia. P-por mí." Dijo Taki con palabras pensadas.

"Oh, Taki, ahora no es el momento para-" Intento Tu'oolak, aunque él continuó asintiendo con la cabeza desde dónde estaba postrado.

"T-Tu'-oo-oo-lak. P-por fa-favor." Rogó, Tu'oolak finalmente cediendo y suspirando derrotado antes de comenzar de nuevo.

"Xtun Ca'ali fue el primer gran líder-el primero de muchos que han gobernado sobre los Ojos Verdes." Dirigió su mirada entre nosotros mientras nos amontonábamos alrededor de Taki. "Hace muchos muchos años, una guerra cayó sobre nuestra gente y como líder, Xtun, tuvo que guiarnos a una batalla sin esperanza que no esperábamos ganar."

Miré hacia Taki mientras temblaba violentamente dónde sus cansados ojos verdes miraban hacia arriba y se enfocaban en Tu'oolak mientras hablaba. Taki parecía intentar escuchar, aunque imaginaba que él había escuchado la historia que estaban contando al menos una docena de veces.

"A su lado estaba su sirviente-Takuun." Continuó Tu'oolak, "Crecieron juntos como hermanos, no hermanos de sangre-pero hermanos de espíritu." Gesticuló hacia su pecho y empuño la mano como si el alma fuera una cosa tangible que pudiera alcanzar y sacarse. Después de un momento, dejó caer el brazo y dejó salir un respiro que aparentemente estaba sosteniendo. Con un asentimiento de la cabeza, estiró el brazo para gentilmente tocar la cabeza de Taki mientras este temblaba. "Era un vinculo especial lo que ellos tenían." Taki le sonrió a Tu'oolak. "Un vinculo que nuestra gente nunca ha olvidado."

Nos sentamos en silencio por un minuto, Taki jadeando por aire era el único sonido entre nosotros. Frustrada, finalmente rompí el silencio. "Bueno, todo esto está bien y lo que sea," dije con mis ojos enfocados en Tu'oolak dónde estaba arrodillado frente a mí, "¿pero cuál es el punto de tu pequeña historia aquí? ¿Cuál es la bendición sagrada?"

Taki intentó aclararse la garganta y con mucho esfuerzo, logró decir. "Él o-fr-ofreció su vi-vida por la-la de Xt-Xtu-uu-un." Stella inmediatamente lo silenció de nuevo mientras lentamente tocaba su mejilla lo cual pareció tranquilizarlo.

"¿Takuun? ¿Ofreció SU vida?" Preguntó Arnold, sus atención cautiva por Tu'oolak mientras asentía con la cabeza.

"Takuun temía que Xtun podría guiar a nuestra gente a una batalla y perecer en las manos de la guerra. Xtun era aún muy joven-no más de 20 veranos. No tenía familia para tomar el trono y no tenía a nadie que tomara su lugar, los Ojos Verdes seguro perecerían que él moría." Tu'oolak regresó su mirada a La Corazón mientras descansaba en sus manos-un suave brillo que no había notado hasta ahora emitiéndose de sus superficie. "Asi que Takuun fue en busca de la Corazón y le pidió protección a su costa."

"Se dice que su plegaria fue tan fuerte y tan llena de amor que La Corazón le otorgó su deseo. Antes de que él se fuera a la batalla, Takuun cubrió a Xtun con una pintura de guerra mezclada con su propia sangre-y luego se cubrió a él mismo con la misma pintura." Tu'oolak hizo la mueca de ponerse pintura en los brazos y en la cara, el recuerdo temporal de Taki haciendo lo mismo antes de entrar en el campamento de La Sombra llegó claro a mi mente.

"Fue la pintura y las palabras de Takuun lo que fusionó sus almas." Hizo un movimiento con sus manos y las unió fuertemente como si estuviera rezando. "Estaban conectados tan fuerte que cuando Xtun fue a batalla y fue apuñalado en el corazón, fue Takuun en el templo quien obtuvo la herida y fue muerto."

Imaginé lo que había pasado hacia algunos momentos una y otra vez. Los ojos preocupados de Arnold mirándome. La manera en que La Sombra rió mientras traía el cuchillo abajo para apuñalar a Arnold en el estomago. El mundo girando a mi alrededor cuando caí al piso pensando que Arnold estaba fuera de mi vida para siempre.

Taki había hecho lo impensable por Arnold-había dado su propia vida hacia DÍAS cuando nuestro viaje apenas había comenzado. De repente todas esas palabras sin sentido y la bendición tomaron mucho más sentido-todas excepto por un pequeño detalle.

Él nos había bendecido a AMBOS.

Así que sí nos había bendecido a ambos, lo cual había hecho ¿cómo podía habernos protegido al mismo tiempo? ¿Cómo era eso posible? Y estos Xtun y Takuun-ellos eran como hermanos y tenían este vinculo que Tu'oolak seguía recordando. Era un vínculo que Arnold y Taki ciertamente no tenían. Apenas CONOCÍAMOS a Taki. ¿Así que cómo pudo tener éxito con esto? ¿Por qué daría su vida por Arnold (y por mí) si esto estaba profetizado y era lo que SIEMPRE se supone tuvo que hacer? Sí Taki sabía que ALGUIEN moriría… ¿Por qué decidió que fuera él mismo?

Parpadeé unas pocas veces y dirigí mi atención a Tu'oolak quien aún estaba hablando. "Cuando Xtun regreso y encontró a Takuun muerto por la herida que creía que había sanado por protección divina, prohibió que nadie más hablara con la Corazón de nuevo. Desde ese día, la Corazón había estado escondida de la vista de la mayoría."

Me incliné hacia Tu'oolak ligeramente quien me estaba mirando cuidadosamente. "¿Así que quieres decirme que Taki recreó esa pintura de lodo mágica y SIN la Corazón cerca, fue bendecido DE TODAS FORMAS y cambió lugares con Arnold así nada más?" troné los dedos en dramatismo. "¿Y qué hay sobre mí? Hizo todo ese bla, bla, bla de pintura también sobre mí-¿así que cómo pudo protegernos a AMBOS al mismo tiempo? ¡¿Huh?!" Estaba ansiosa por una respuesta-una respuesta que explicara el fenómeno que todos habíamos observado y que aún estábamos viendo mientras Taki moría frente a nosotros.

Justo cuando Tu'oolak abrió la boca para responder mi pregunta, Taki pareció toser por un momento; escupiendo liquido rojo de su boca. Stella fue rápida para limpiarlo, sus ojos llenos de lagrimas mientras continuaba sosteniendo su frágil cuerpo en sus reconfortantes brazos. Taki se aclaró la garganta e intentó con toda su poder hablar fluido como Tu'oolak lo estaba haciendo por él. "Sal-salvador… Arnold," Dijo aunque Stella lo urgió a no hablar.

"¿Si, Taki?" Preguntó Arnold mientras estiraba el brazo para tomar la mano temblorosa de Taki mientras la extendía débilmente hacia él. "¿Qué pasa?" Su voz era calmada y su atención estaba solamente sobre Taki mientras él yacía en el piso frio; la sangre aún bombeando fuera de él en un ritmo alarmante.

"Pa-para t-ti," Logró decir mientras temblaba y forzaba una sonrisa. "Pa-para- ti." Apretó los labios en un esfuerzo por mantenerse fuerte, su respiración cortándose mientras intentaba inhalar más aire por sus poros de la nariz.

"No tenías que hacer esto por mí, Taki." Dijo Arnold entre lágrimas que lentamente resbalaban por sus mejillas. "Entendía mi sacrificio. Sabía lo que estaba haciend-"

Taki lo interrumpió con un fuerte movimiento de cabeza; este pequeño movimiento pareciendo requerir toda la fuerza que quedaba en su cuerpo. "No. N-no." Estiró su otro brazo con su otra mano y gentilmente tomó la mía que había estado descansando en mí regazo. Sus dedos estaban fríos e imaginé que no pasaría tanto antes de que Taki nos dejara para siempre.

"P-para… para t-ti." Débil y temblorosamente, Taki tomó nuestras manos para ponerlas una sobre la otra. Puso la de Arnold sobre la mía y sonrió con esa conocida sonrisa de Taki que habíamos llegado a conocer tan bien. "E-en la… la fo-fog-fogata," comenzó, "ta-an… e-ena-enamorados." Asintió con la cabeza y con una amplia sonrisa. "Sal-sal-salve eso. Pa-para us-ustedes."

"¿Por qué? ¿Por qué dar tu vida por nosotros?" Preguntó Arnold de nuevo, su mano apretando ligeramente la mía y haciendo que mi corazón saltara un latido.

Taki pareció tomar un segundo para prepararse antes de reunir la fuerza para responder lo mejor que pudo. "Hwuala'ai. Al-al-almas gem-gemelas." Intentó hacer una seña de sus manos uniéndose. Entonces Taki asintió con su cabeza firmemente y dijo como un hecho mientras miraba hacia Arnold, "Como t-tus pa-pa-padres."

Un profundo sonrojo estaba elevándose a sus mejillas aunque tercamente mantuvo su cabeza de girar para mirarme. Era demasiado obvio lo que Taki estaba diciendo. Aparentemente había dado su vida para que cuando uno de nosotros tuviera que morir, el cayera en su lugar; permitiendo que Arnold y yo viviéramos felices para siempre como desesperadamente había soñado decenas de veces.

Ambos, aunque pensé, el concepto aún siendo extraño. Él es solo una persona y nos bendijo a ambos, así qué-

"-cómo podíamos AMBOS estar protegidos?" Mi boca vocifero mis pensamientos a media oración y todos se giraron a mirarme seguido por una mirada hacia Tu'oolak; su sonrisa suave y genuina mientras me miraba simpáticamente.

"La Corazón no necesita explicarse por las cosas que hace o los regalos que da." Descansó su mano en el hombro de Taki. "Sólo debemos aceptar sus regalos y respetar lo que toma."

Taki estaba asintiendo, aunque sus ojos aún estaban puestos sobre Arnold y sobre mí. "P-p-par, pa-para…" se lamió los resecos labios y forzó a las palabras a salir. "Pa-para ustedes. Po-por… por amor."

Mis mejillas estaban saturadas de calor, lagrimas saladas bajaban por mi rostro. ¿Por amor? ¿Por NUESTRO amor? ¿Cómo pudo… cuando supo… pero? Mis pensamientos eran un desastre y por la expresión aturdida del rostro de Arnold que miraba a nuestras manos que Taki deliberadamente había puesto juntas, sus pensamientos eran un desastre también.

De repente, Arnold alejó la mirada; sus ojos sobre Taki de nuevo. "Taki. Taki, no sé qué decir. Yo," Sollozó y agitó la cabeza con los ojos firmemente cerrados como si eso lo ayudara a encontrar las palabras que estaba buscando. Con un suspiro resignado, abrió los ojos de nuevo. "Gracias."

Y con eso, se fue.

La manos de Stella se alejaron de su cuerpo que finalmente había dejado de moverse. Instintivamente, le cerró los ojos, su mano cayendo sobre su mejilla por un momento. "Buen viaje, Taki. No podemos agradecerte lo suficiente por tu sacrificio."

Miles sollozó desde donde estaba aún en cuclillas a nuestro lado. "Y gracias por ayudarnos a encontrar a nuestro hijo." Estiró el brazo para gentilmente colocar una mano en el hombro de Stella que ella tomó con su propia mano.

"No habríamos logrado nada sin su ayuda," Arnold dijo suavemente, mientras estiraba el brazo para tomar mi mano de nuevo y apretarla fuertemente; solo haciendo que más lagrimas se deslizaran de mis hinchados ojos y cayeran por mis mejillas. "Fue un gran amigo."

Sonreí, un tipo de sonrisa triste reservada para este tipo de ocasiones. "Tienes TODA la razón, cabeza de balón." Mis ojos bajaron para mirar el anillo que me había dado mientras brillaba por la luz descansando en mi dedo.

Me enfoqué en la gema, la manera que titilaba como si me estuviera diciendo un secreto. Brillaba como las estrellas sobre las que tantas veces había escrito. Como una luz en la más oscura de las noches, me tranquilizó saber que a mi alrededor había una pieza de alguien que nunca olvidaría; un recuerdo atado fuertemente como un tipo de nudo que nunca podría deshacer.

"Helga…" Arnold dijo, sacándome de mi concentración. "Helga, mira."

Levantando la mirada, seguí su dedo a donde apuntaba hacia La Corazón-mis ojos abriéndose como platos cuando le di un vistazo a la luz verde brillando más y más fuerte con cada segundo que pasaba. Los profundos grabados en la piedra brillaban como rayos esmeralda como si un pequeño sol estuviera viviendo dentro de la antigua reliquia, y los ojos de todos parecían estar puestos sobre ella mientras descansaba a salvo en las manos de Tu'oolak.

"Mi hijo de espíritu-Taki," Tu'oolak dijo mientras se levantaba mientras levantaba la piedra para que todos la vieran; gente emergiendo de sus chozas desde dónde habían estado observando todo el tiempo. Mis ojos siguieron la piedra mientras se elevaba en el aire; su luz extendiéndose hasta tocarnos a todos los que la mirábamos. "Tu sacrificio no será olvidado." La voz de Tu'oolak se volvió más fuerte, su tono más demandante desde que lo habíamos conocido. "Tu vida ha sido aceptada en La Corazón en dónde vivirás para siempre. Que tu regalo florezca en las vidas a nuestro alrededor; cada aliento que has dado con tu valor y coraje."

A nuestro alrededor la gente se había amontonado, sus ojos pegados en La Corazón, la piedra sagrada finalmente podía ser vista por todos de la manera que no había pasado en décadas.

"Permitenos llevarte a su lugar final de descanso," Finalmente dijo Tu'oolak, extraños acercándose desde la multitud para cuidadosamente levantar su cuerpo. "Qué duermas bien en tu viaje a Xtil dónde él te espera. Ska's toodak muet ala te tumako. Wemp mut'tuk." Sus palabras extranjeras sonaron como una melodía nadando hacia mis oídos; los hombres de los Ojos Verdes ahora caminando con el cuerpo de Taki levantado mirando hacia el cielo.

Lo miramos-los padres de Arnold y yo-mientras los hombres y Tu'oolak resguardaban la Corazón y el cuerpo de Taki hacia el templo donde esperábamos que sería enaltecido como el héroe que había probado ser; el héroe que había dado su vida por Arnold en un verdadero cambio de historia.

Todos nos levantamos, nuestro pequeño grupo de Shortmans con una pisca de Pataki aún rodeado de un montón de gente Ojos Verdes curiosos y ahora hambrientos por el cuento de cómo había pasado todo-el relato de primera persona de cómo se había cumplido la profecía. Stella y Miles hablaron cordialmente con cada persona, aunque sus ojos volaban hacia Arnold y hacia mí.

Yo lo miré, sus ojos verdes encontrándose con los míos en una mirada paralizante mientras la gente parloteaba a nuestro alrededor como paparazzis en una alfombra roja. Arnold sonrió, sus palabras silenciosas mientras me murmuraba, "lamento que tuvieras que pasar por todo esto."

Sonreí y levanté una ceja intrigada. "Ajá, bueno no fue exactamente como estaba planeando pasar mi viaje de último año." Su expresión alegre y tímida se redujo ante mis palabras por lo que me apresuré a decir, "Fue probablemente mucho mejor que todas esas tonterías que habría hecho de todos modos." Arnold sonrió de nuevo, ese tipo de sonrisa que hacía que mi pulso se acelerara, e incómoda miré hacia mis pies mientras hacía ondas con mi pie con las botas sucias. "Mucho más ACCIÓN…" Miré hacia arriba a través de mis pestañas hacia él dónde permanecía observándome. "¿Sabes?"

Él asintió con la cabeza y levantó la mano para jalarme más cerca de él. "Lo sé." Respondió suavemente, una mano entrelazándose con la mía mientras levantaba la otra mano para acunar mi mejilla.

Mi piel comenzó a quemar en dónde él tocaba-el tipo de quemadura que me mandaba cosquillas nerviosas como premio de consolación en lugar de dolor. Peleé para inhalar un respiro mientras nerviosamente soltaba una risita, "quiero decir, probablemente la habría pasado bien, si sabes lo que uh… si hubiera re-regresado. A uh," tragué saliva, aún intentando tontamente de sacar las palabras de mis labios temblorosos. "Eh al eh… al uh…"

Arnold estaba resplandeciendo con una sonrisa que no me había dando hacia días-el tipo que ponía en vergüenza a las cosquillas ansiosas. Mi cuerpo entero hizo una erupción de fuego que casi de derritió bajo el tacto de Arnold; su mirada añadiendo combustible a las flamas internas que me consumían.

"¿A la tirolesa?" Me dijo, yo asintiendo con la cabeza mientras decía las palabras que había estado buscando.

"Cl-claro. Claro la uh-la tirolesa. Si hubiera ido… de regreso… de regreso a la tir-tirolesa… no habríamos..."

Arnold estaba riendo suavemente de nuevo; el sonido rasposo de ella actuando como suaves toques de sus dedos dándome cosquillas en mis entrañas. "¿Helga?" Murmuró y yo asentí con la cabeza silenciosamente. "¿Por favor podrías dejar de hablar para que ahora pueda besarte?"

Me atrajo hacía él sin esfuerzos, mi ente entero deshaciéndose en un pudín de Helga G. Pataki en la palma de sus manos. Sus labios encontraron los míos en un instante-nuestro beso lleno de emociones que se habían estado construyendo desde nuestras casi muertes hacia solo minutos. Cada apertura de los labios de Arnold mientras nos besábamos crecía más hambrienta que la anterior como si estuviera desesperado por intentar decirme lo mucho que se preocupaba por mí y que tan asustado había estado de que casi nos hubiéramos perdido el uno al otro.

Entonces, el mundo desapareció, cada sonido disipándose con el siguiente hasta que mis alrededores estuvieron en completo silencio. El abismo fue llenado por una especie reconfortante de oscuridad que no había experimentado desde que mi vuelo me había traído aquí hacía 6 días.

6 días.

6 DÍAS.

Eso fue todo lo que tomó a una profecía de miles de años el poder cumplirse.

El hipotético telón cerrándose en mi mente mientras continuábamos besándonos; mi cansado cerebro cediendo y sucumbiendo a la oscuridad de un lapso de profundo recuerdo.


No recuerdo lo que pasó después de eso. Mis recuerdos se cortaron como su fuera el final de la cinta de una película en un proyector que aún giraba.

Estaba tan feliz; ESTABAMOS tan felices, que los recuerdos fueron cubiertos por la euforía-tinteados por una excitación que nunca había conocido.

Entre la pintura, podía ver vistazos de aquello escondido, recuerdos manchados. Cada uno ofrecía pistas minúsculas de lo que había pasado aunque los detalles eran borrosos y extraños.

Sabía que habían pasado más cosas-estaba segura-pero los recuerdos eran difusos como la línea del horizonte en un día caluroso. Cada imagen se doblaba y desdoblaba por el calor del momento como un espejismo detrás de mis pupilas-un espejismo que SABÍA que estaba ahí y que sabía que había visto.

Esa noche me senté en la cama en la choza de Stella, intenté cerrar los ojos fuertemente y soltar los recuerdos que no podía encontrar. Los busque, mi mente incapaz de sucumbir ante el sueño hasta que hubiera acomodado cada pedazo de recuerdo y saboreado los sentimientos que afloraban en mí.

Apreté los ojos en la oscuridad, Arnold parecía bastante dormido en dónde estaba acostado a mi lado en la cama. Me enfoqué en su respiración dejando afuera los sonidos de alguna gente aún celebrando el regreso de La Corazón.

Enfócate, Helga… Recuerda…

Celebrando. Habíamos tenido una celebración… comida y montones de personas que nunca había visto. Hasta habían bailado con los varios instrumentos que nunca había visto o escuchado antes y que duraron bastante entrada la noche. Incontables personas danzaron alrededor de la fogata más grande que haya visto, sus cuerpos elevándose con las danzantes flamas del fuego que se levantaban hacia el cielo nocturno estrellado.

¡Piensa… piensa más!

Colores. Collares y confeti hechos de pétalos de flores flotaban en el aire mientras los niños los lanzaban hacia el cielo celebrando. Había risas y porras y felicidad rodeándome como una cálida sabana e invitándome a nunca desenrollarme de ella.

Abrí los ojos para mirar hacia el oscuro techo. Estaba hecho en su mayoría por un material parecido a la paja; parecido a esas chozas abandonadas originales de la ciudad perdida que Arnold y yo habíamos encontrado. Pequeños espectros de luz pasaban a través de las grietas de la paja. Estudie cada uno de los rayos plateados que hacían una galaxia de estrellas extrañas en el techo; mis pensamientos yéndose hacia Arnold quien yacía cayado a mi lado.

Recuerda, Helga. Recuerda.

Arnold. Había habido muchos más besos. MUCHOS más. Intenté recordar cómo se sintió cada uno-como sus suaves y tiernos labios rosaban contra los míos en la manera más amable. Cada uno pasaba rápidamente en mi cabeza como un montaje a rápida velocidad e intenté desacelerarlo, aunque no tuve suerte.

Los recuerdos se revolvían juntos en mi cabeza; cada uno fusionándose con el siguiente en un interminable listón de recuerdos cíclicos en mi cabeza, haciéndome marear.

¿Lo dijo? Mi mente preguntó, incapaz de acomodar los recuerdos de la noche que Arnold y yo habíamos compartido. ¿Dijo que me amaba? ¿Esas palabras salieron a través de sus hermosos labios?

"¿Lo dijo?" Murmuré en voz alta en la oscuridad, no esperando una respuesta a mi lado.

"¿Helga?" Preguntó Arnold mientras giraba para mirarme desde dónde estaba acostado. "Pensé que estabas dormida."

Rápidamente cerré los ojos y me puse a jugar el juego infantil de pretender debilidad como si hubiera estado hablando dormida todo el tiempo. "¿Q-qu-qué?¿Huh?"

Arnold se acomodó para que pudiera levantar la cabeza apoyándose en su mano mientras me miraba. Vi solo esto porque en definitivamente esta asomándome a ver a través de mis parpados entreabiertos.

"¿Helga?" Preguntó de nuevo, su mano gentilmente alcanzando a tocar mi hombro. "¿Helga, estás despierta?"

Mantuve los ojos cerrados y dije con fingido somnolencia, "No Arnold. Estoy dormida." Abrí un ojo, y miré hacía él. "¿Qué es lo que quieres? Estoy intentando dormir aquí y no puedo hacerlo bien cuando sigues diciendo mi nombre."

Sonrió y se acostó, sus ojos mirando hacía el techo que acababa de inspeccionar yo misma. "¿Puedes creerlo?"

Abrí el otro ojo y giré la cabeza para mirar en su dirección. "¿Qué? ¿Creer que estemos durmiendo en una estructura real por una vez?" Bromeé, aunque Arnold agitó la cabeza.

"Que lo logramos. Encontramos a mis padres y La Corazón y… y La Sombra no está libre para arruinar todo de nuevo. Todos pueden…" Su voz de apago y yo terminé la oración por él.

"Vivir felices para siempre ¿cierto, Melenudo?" Regresé la mirada hacia el techo y me enfoqué en los rayos plateados otra vez. "Ajá… tampoco puedo creerlo."

El silencio se instaló entre nosotros, aunque no se sintió ni incomodo ni engorroso. Nuestras mentes aún estaban pensando, cada pensamiento guardado para nosotros mismos, pero yacíamos acostados juntos como uno mismo. Suavemente cerré los ojos y me enfoqué en mi pecho mientras se llenaba de aire y luego bajaba al soltarlo.

Imaginé cada respiración mientras llenaba la respiración en dónde estábamos. Era pequeña y tenía el espacio suficiente para los dos mientras compartíamos una pequeña cama que era más incomoda que el frio piso en el que habíamos estado durmiendo últimamente.

Stella y Miles, sin embargo, dormían justo en la habitación de al lado-los ronquidos de Miles resonando a través de las delgadas paredes. La choza solo tenía dos habitaciones, aunque no era como su tuvieran planes de expandirla. Mañana era el gran día-el gran día que dejaríamos la ciudad escondida y me regresarían a la clase que probablemente había olvidado todo sobre Helga G. Pataki ya que había desaparecido hacia casi una semana.

No quería regresar.

Pero al mismo tiempo… estaba lista.

Como si estuviera leyendo mis pensamientos, Arnold dijo rompiendo el silencio, "¿Estás emocionada por ver a todos? ¿Del viaje de Español? Estoy seguro que ellos estarán emocionados de verte.

Solté una risita floja y bostecé mientras aún mantenía los ojos suavemente cerrados para responder, "Nah. No es como si Phoebe estuviera esperando mi regreso. La única persona que probablemente notó que me fui es Angela-y eso solo es porque es mi compañera de viaje o como sea que la Señora Mirado estuviera llamándolo."

Arnold se movió ligeramente a mi lado e imaginé que estaba negando con la cabeza con una media sonrisa enmarcando sus labios. "Eso suena como una idea de la Señora Mirado." Murmuró, aunque yo no respondí.

¿Cómo será cuando regrese? ¿Si quiera alguien me habrá extrañado? Me encontré pensando, mordiéndome el labio suavemente mientras permanecía perdida en mis pensamientos. ¿Miríam habría cedido para perderse aún más de lo usual en su estupor de licor? ¿Olga habría entrado a la choza por su hermanita bebé y habría pasado más tiempo enfocada en hablar con otros con los ojos cubiertos de lágrimas y dramas en exceso?

Y Bob. ¿Regresaría? ¿Dejaría a su bombón por la que había dejado a mamá hacia unos meses? ¿Ella ayudaría en la búsqueda de su hija Olg-digo Helga; deambulando en la selva con una minifalda y tacones que probablemente él le compró de alguna compañía cara con la esperanza de sorprenderla?

"Sabes," Dijo Arnold de nuevo, sus palabras distrayéndome de las interminables posibilidades revoloteando dentro de mi cabeza como las alas de cientos de mariposas perdidas buscando escapar. "Será agradable ver a todos de nuevo. Especialmente a Gerald."

Imágenes de la mirada del chico de cabello alto plagaron mis recuerdos e intenté alejarlas mientras mantenía los ojos fuertemente cerrados. "Ajá," Dije entre otro bostezo, "él y su cabello estarán eufóricos."

"Y puedo llamar al abuelo y a la abuela… finalmente puedo decirles que estoy bien." Pareció pensar esto un momento. "No puedo imaginar lo preocupados que han estado…"

Me encogí de hombros con una pequeña sonrisa asomándose en mis labios. "Estoy segura que te perdonaran cuando les digas a quienes vas a llevar a casa contigo."

El silencio nos cortó como un cuchillo, una repentina tensión en el aire que se esparció como ondas en el agua de un pequeño estanque. Llenó la habitación y tocó cada una de las esquinas de las paredes-un silencio defensor que hizo que mi corazón saltara en mi pecho con la esperanza de algún sonido.

Arnold, indeciso, se aclaró la garganta y dijo después de dejar salir un respiro, "Helga… tú sabes que estaba planeando quedarme aquí. En… en San Lorenzo. Con mis padres."

Deje que sus palabras colgaran en el aire, mi corazón rehusándose a ceder y permitir que mi cerebro rozara las palabras fuera de mi boca. En su lugar, yací a su lado en silencio, mis ojos cerrados en algún tipo de concentración intentando calmar mis nervios.

"Ha-haz-Haz pensando sobre eso, sobre mi oferta. ¿Cierto?"

Criminal, estaba nervioso. Sus palabras tropezando una con otra; su cálida voz rompiéndose en la pregunta que me había propuesto hacia días.

La cosa era, SÍ había pensando en ello. En realidad… había pensando en ello bastante. Solo que mantenía esos pensamientos para mí misma por miedo a que la pregunta llegara eventualmente otra vez-y yo tuviera que darle una respuesta.

Si pudiera quitar el darle la respuesta que sabía que le daría… si pudiera solo procrastinar hasta el último momento; podríamos suspender aquí en un limbo dónde nadie viviera en Hillwood o en San Lorenzo o en la ciudad hermana gemela perdida de Atlantis. En el limbo, no estaríamos ni aquí ni allá-solo estaríamos… JUNTOS.

Era lo que siempre había querido, pero sabía que no podía ser.

La triste verdad a la que había llegado finalmente era que San Lorenzo no era para mí-este viaje lo había probado. Parecía que mi Eugene interior tenía la tendencia de salir en cuando a la selva se refiere, y por muy divertido que había sido resolver acertijos y seguir pistas… no era el tipo de cosa que quería hacer o el lugar en el que quería vivir por el resto de mi vida.

Quería viajar por el mundo-ver cada uno de los rincones de esta roca flotante en la que vivíamos en medio de nuestra galaxia. Quería ver más que solo la verdosa selva de San Lorenzo-quería ver las pirámides de Egipto y las olas del Océano Pacifico. Quería explorar las catacumbas de Paris y escalar la montaña más alta solo para ver la vista.

Había tantas cosas que quería hacer; cosas que aparecieran frente a mis ojos en los momentos justo antes de morir.

Y por supuesto Arnold estaba ahí-estaba entre esos destellos de lo que podría ser si viviera lo suficiente para hacerlos. Pero él no podía ser parte de esas cosas si se quedaba aquí, en San Lorenzo.

Y tampoco yo.

Eran cosas que quería más que nada siquiera antes de darme cuenta-y todas las cosas a las que tendría que renunciar si decidía quedarme a vivir aquí con Arnold y sus padres.

Porqué enfrentémoslo-Arnold tenía mucho de que ponerse al corriente con ellos. Probablemente estaría en San Lorenzo por AÑOS antes de que finalmente se decidiera a dejarlos para seguir a la Universidad, o lo que sea que eventualmente terminaría haciendo. Y tal vez ENTOCES podríamos estar juntos. Tal vez para entonces las estrellas se alinearían y cuando saliera de la escuela y yo también saliera de la escuela-tal vez entonces podríamos tener la vida que estábamos destinados a vivir; una vida aún MÁS sorprendente que ni siquiera sus propios padres habían tenido.

Mis ojos permanecieron cerrados mientras buscaba frenéticamente bajo mis parpados.

¿¡Cómo puedo PENSAR eso?! Helga, has estado esperando toda TU VIDA por esto-tu vida entera para ser invitada a vivir con Arnold por el resto de la eternidad. Te AMA, aún si no lo ha dicho, te ama y es TODO lo que siempre quisiste. ¡¿Cierto?!

¿cierto?

"¿Helga?" lo escuché mientras giraba la cabeza para mirarme; su mirada caliente sobre mí donde la sostuvo. "Helga ¿te quedarás aquí? ¿En San Lorenzo?" Tragó saliva, lo suficientemente fuerte para que yo escuchara sus nervios extenderse. "¿C-con-conmigo?"

La presión creció detrás de mis parpados; liquido intentando forzar la salida por la apertura mientras los apretaba fuertemente.

No podía responder. No podía decirle lo que estaba pensando.

No ahora.

No ahora.

"¿He-Helga? ¿Helga, estás aún despierta?"

Intenté detener mi pecho ondeante mientras se agitaba con los sollozos silenciosos que intentaba mantener a raya. Mi cuerpo entero lleno de presión que intentaba desesperadamente bajar.

No podía quedarme aquí con él.

SABÍA que no podía.

Tenía que ir a la Universidad y lugares a los que viajar y libros que escribir y vida por vivir que… que QUERÍA a Arnold, pero no podía ESTAR con Arnold.

No aún, me dije a mi misma, aunque sabía que era una excusa en vano-una excusa para mantenerme esperanzada hasta que el dolor de perder a Arnold hubiera cedido.

Ese dolor pulsaba en mis venas y lentamente me giré sobre mi costado para darle la espalda. Me hice bolita y jalé la sábana hacia mi boca con la esperanza de silenciar los sollozos que ahora escapaban libremente de mi boca.

Arnold intentó de nuevo, claramente sin escuchar mis sollozos. "¿Helga?" Su voz era suave y tranquilizadora-más como una canción de cuna que una petición de respuesta. Después de un momento, suspiró y se dio por vencido, pronto silenciándose por completo hasta que sus suaves ronquidos me dijeron que estaba profundamente dormido.

Abrí los ojos y miré al abismo a mi alrededor-la oscuridad que se había sentido comoda, ahora me sofocaba. Mis ojos permanecieron enfocados en la nada que me rodeaba; rogándome por que durmiera.

Pero no podía.

Cada parpadeó era pesado. Cada vez que mis ojos se cerraban por un momento prologando, se abrían rápido por miedo de lo que el día siguiente traería; por miedo de lo que pudiera decir o temor por lo que tenía que hacer.

Era el temor de romper mi propio corazón.

Me paralizó-me envió a una especie de piloto automático del que no podía despertar.


Me arrastré a través de la mañana y me forcé a poner dentro de mi boca bayas para desayunar. Me forcé a través de los adioses y puse una buena cara para el camino con Arnold y sus padres mientras salíamos del pueblo. Hasta logré hacer una pequeña charla en el camino de autobús que nos sacó de San Loranzo y finalmente hacia Guatemala dónde la clase se había estado quedando antes de que yo huyera.

Encontramos a todos y sana y salva me llevaron con ellos.

Aún así no le había dicho a Arnold; aún no había despertado de ese piloto automático en el que parecía estar atorada sin importar que tanto intentara escapar.

No fue hasta que estuvimos en el aeropuerto que finalmente me liberé y 'desperté'.

Me paré frente a Arnold mientras la clase abordaba el avión, su incesante parloteo ya me estaba dando migraña. Sentí la mirada intensa de Gerald sobre mí mientras esperaba al final de la fila para abordar; sus intentos por escuchar no pasándome desapercibidos.

Arnold me miró con los ojos llenos de lágrimas, sus padres de pie tristemente a su lado.

"Helga, pensé que…" Dijo, su voz rompiéndose con cada palabra.

Me atraganté con el aire que había intentando llenar mis pulmones, su densidad de repente demasiado pesada para respirar. Apretando los labios y agitando la cabeza, aclaré mis pensamientos y abrí la boca para decir las palabras que nunca había soñado siquiera decir algún día.

"Arnold… no me puedo quedar contigo."