Hola chicos, espero que estén bien.
Últimamente, estuve leyendo en sus reviews que la cosa esta realmente muy dividida. Lo que más leí fue:
"Elle es un inmaduro que no se da cuenta por todo lo que tuvo que pasar Light por su culpa; se merece que Light se vengue de la peor manera posible".
"Light es un desconsiderado porque dice "amar" a L, pero jamás le preguntó nada de su pasado, solamente se preocupaba por el presente, siendo que realmente no lo conocía".
Ok, esto más que un fic ya parece un ring (que suene la campana y empezamos todos a los golpes XD). Chicos, quiero contarles que a esta historia ya no le quedan muchos capítulos por delante, se acerca el final de la parte II (y la parte III va a atar cabos sueltos, nada más).
Quiero pedirles, que si están del lado de Light, intenten entender a L (¿Cómo hubieran reaccionado ustedes si los hubieran dejado en la calle?), y los que están del lado de L, pido que entiendan a Light (¿Cómo hubieran reaccionado uds si el amor de su vida les hubiera mentido de esa manera?).
Mi intención no era que la parte II se vuelva vengativa y sangrienta, es decir, este es un fic de amor, yo no quiero ver que Light le saque los ojos a L XD.
En realidad, dejando de lado la venganza, la temática de la parte II es reconciliación.
Sé muy bien que el final va a desilusionar a muchos pero, yo soy la autora y creo saber lo que es mejor para la trama que creé.
Asique, les pido tolerancia , gracias por el fantástico año pasado y por haber seguido tan fielmente la historia (y por todos los reviews que me ayudan mucho a seguir adelante, cuando me agarra el desanimo de escribir, leo y releo de nuevo todos los comentarios y así me lleno de ganas enseguida XD).
Se acerca el final y planeo hacer un desenlace correcto (que se que a muchos no les gustará, pero por más que yo quiera no puedo satisfacerlos a todos, sería algo imposible, asique me voy a dejar guiar por mi instinto y por lo que planeé desde el principio).
Beso enorme y espero que les guste el capítulo (que en realidad no es un capítulo en sí, sino que es introductorio a los temas de los capítulos que se vienen más adelante, que van a ser el cierre de la parte II). Nos leemos!
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
No pudo dormir en toda la noche, y más que eso, comenzaba a respirar forzado, completamente atorado, como si una espiga estuviera atravesando sus pulmones; o una estaca, daba igual, cualquier objeto punzante que le causara dolor era semejante al sentimiento que volvía una y otra vez a su cabeza, sin dejarlo en paz, martirizándolo.
Mientras tanto, Matsuda tenía la sensación de que Light estaba perdiendo la cabeza, sobretodo luego de las últimas palabras que compartieron juntos la noche anterior:
"Estoy enloqueciendo". Si él mismo lo aseguraba entonces, habría de ser cierto. Hasta lo que le comentaba de creer estar siendo constantemente observado resultaba una idea descabellada.
—¿Observado por quien? —preguntó el pelinegro, mientras aun compartían la cercanía con el castaño, dentro del baño de la habitación donde Light y su grupo convivían cotidianamente.
—No lo sé, es algo que me observa constantemente —aclaró aquel, aun temblando. Intentaba calmar sus nervios pero no lo lograba, y mucho menos disimulaba con convicción.
—¿Es humano? —insistió. Ambos se encontraban sentados sobre las cerámicas del suelo en aquel estrecho lugar, Light parecía estar volviendo en sí, las lágrimas iban esfumándose con el correr de los segundos y su voz retornaba sonando gruesa, pesada y segura, como siempre le había oído Matsuda.
Simplemente desvió la mirada hacia el suelo, no sabía lo que lo perseguía, no podía imaginárselo tampoco, pero estaba allí, esa sensación de estar siendo vigilado comenzaba a ser un martirio para Light, y no sabía descifrar si aquella extraña manía estuvo desde que había llegado a Naha prácticamente… o desde que arribó Riuzaky, y ese era el detalle que le atemorizaba… ¿podría, su repulsión hacia Riuzaky, enloquecerlo a tal grado que sintiera persecución por un ser imaginario? ¿Sería eso posible?
Ya no estaba tan seguro de no haber perdido completamente la cordura…
—No sé —respondió débilmente, en tono de susurro—. No sé.
…
Al parecer Light se había quedado profundamente adormecido sobre su cama. Hacía una hora que habían acabado la conversación entre ambos en el baño, y habían decidido acostarse para calmar las aguas nerviosas en Light, y entrelazar los pensamientos confusos que comenzaban a aflorar en Matsuda en torno a toda aquella situación, y es que no era para menos, lo que fuere que le estuviere sucediendo a Light no estaba bien, su odio hacia aquel sujeto era algo incomprensible para Matsuda, pero Light se negaba a contarle quien era aquel o qué tipo de relación tuvieron que terminó en tanta tragedia, y eso no hacía más que aumentar las intrigas en el pelinegro.
Acabó durmiéndose con la sospecha de algo que le pareció perturbador, pero luego lo conversaría más a fondo con Dave y Aizawa, por el momento no planeaba poner aun mas estresado a Light, se merecía un descanso luego de todo lo sucedido.
Despertó a eso de las 9:30 de la mañana, sentía el sonido de sus compañeros acomodando las sábanas a un lado de su cama, se desperezó con agrado mientras restregaba sus ojos negros con sus puños. La cama de Light estaba perfectamente hecha, las únicas voces que se oían dentro de aquella habitación eran las de Aizawa y Dave, por lo que Light estuviere fuera desde hacía varias horas, desayunando ya, probablemente.
Relamió sus labios; giró su cabeza hacia donde se hallaban sus compañeros de cuarto: extrañamente era la voz de Aizawa la que Matsuda estuvo oyendo desde que se había despertado, a Dave no lo había oído decir ni una sola palabra hasta el momento, extraño, siendo que el mayor de ellos jamás hablaba demasiado. Al ver a sus compañeros notó que Dave estaba bastante pensativo, en otros lares como anuncia el viejo dicho, simplemente se dedicaba a asentir todo lo que Aizawa decía.
La luz que ingresaba por el ventanal en la alcoba era gris y de poca lumbre, al parecer sería otro día lluvioso en la Isla.
—Me despertaste, Aizawa. —anunció Matsuda, sonriendo con una ironía muy proscribe en él. La voz de aquel hombre era profunda pero no tanto como para desvelar el sueño de alguien tan dormilón como el pelinegro.
—Ya era hora, de todos modos. Jamás te despiertas tan tarde.
—Me quedé hablando con Light anoche. —anunció, aun pensativo. Fue cortante con la frase y por ello Dave captó inmediatamente lo que el moreno intentaba recibir: una señal de alarma sobre si el "moro en la costa" estaba en algún lugar de aquella habitación y podría escuchar lo que aquellos tres dijeran.
—Puedes hablar todo lo que quieras, Light no se encuentra en el baño, ha salido para el Gran Salón hace como una hora. —anunció Dave, todavía pensativo y aun más calmado que antes, y… eso era extraño.
No pretendía dar un chisme ni mucho menos platicar a espaldas de uno de sus amigos pero, todo lo que había hablado con el castaño la noche anterior (aquella sensación de ser observado, su extremo odio hacia alguien que apenas había llegado, al cual Light no quiso referir casi nada porque sentía que siquiera podría mencionarlo; y finalmente, su estado de desánimo con la investigación que estaban llevando a cabo) lo había dejado descolocado y necesitaba desahogarse. Además, entre ellos tres se comentaban todo, Light a veces ingresaba al grupo pero, últimamente, se lo veía tan enrabiado que se pasaba horas sin hablarles a ninguno de los tres, a veces Matsuda lo oía conversando solitario, como un demente.
"Estoy enloqueciendo".
Y probablemente estuviera en lo cierto.
No podía despojar esa frase de su cabeza, cada vez le parecía más acertada.
—Light me dijo que creía estar enloqueciendo. —relamió sus labios y, su tono de voz no anunciaba broma alguna, estaba siendo demasiado serio como para que Aizawa o Dave se lo tomaran a la deriva. Aunque, extrañamente, Dave continuaba con su rostro monótono, cabizbajo, como si ocultara algo importante y no pretendiera callarse por más tiempo.
―Pues yo ya no pretendo seguir hablándole. ―dijo el pelinegro, de manera seca y aplomada, atestada su voz en frialdad. Los otros dos le miraron con sorpresa mientras el ambiente de la recamara parecía haberse espesado de un segundo a otro.
―¡¿Qué dices, Dave?! ―aquejó Matsuda, con sus ojos negros tan abiertos y circulares como platos.
Aquel no respondió, continuó con su cara seria, extrañando también a Aizawa, que lo veía de la misma manera que Matsuda. ¿Y ahora que bicho le había picado?
―No me malinterpreten ―prosiguió, sentándose sobre los pies de su cama ya hecha, para detener la ansiedad que le provocaba estar por hablar de uno de sus compañeros de cuarto a sus espaldas―. No es que crea que Yagami es mala gente… ―Yagami, le había nombrado por su apellido, por lo tanto se deducía que Dave estaba recreando una distancia psicológica con Light, apartándolo de su lado como supuesto "amigo". Si ya comenzaba a cortar con la cercanía que mantenía con el castaño, algo raro estaba pasando―. Fui criado de cierta manera y tengo principios, tanto políticos como religiosos, y hay ciertas cosas que no me van ni me vienen.
El rostro entumecido de Matsuda no hacía otra cosa que demostrar incertidumbre.
―¿De qué diablos hablas ahora, Dave? ¿Volvió a tomarte por sorpresa tu bipolaridad? ―rió.
―No, imbécil. No estoy jugando ―su voz grave no podría resultar más turbulenta. Aizawa fruncía el entrecejo sin comprender―. Miren… no es que me la haya pasado observándolo como un maniático ni nada, pero tiene ciertas reacciones que me hacen dudar.
―¿El qué...? No entiendo nada, habla claro, por favor.
―¡Light! ―estalló Dave.
―¿Qué tiene Light? ―atisbó Aizawa, confuso―. Bueno, además de estar algo loquillo, quiero decir: todo lo que hizo estos últimos tres días no puede deberse a alguien con los correctos patitos en fila.
Matsuda sonrió, y eso pareció enfurecer a Dave.
―¡¿Es que ustedes no se dan cuenta?! ¡¿Enserio no lo notan?! ―se había levantado de repente de su asiento, miró a aquellos dos hombres con rabia―. ¡A Light le gusta la polla!
…
Matsuda enarcó una ceja, cambiando su rostro por uno serio, en un santiamén.
―Espera… no, no puede ser. ―dijo, volviendo a sonreír, el moreno de ojos dulces. Todo aquello parecía más un circo montado por Dave antes que la realidad, habría de ser otra estupidez de aquel.
―Te digo que sí, tonto. ―resultaba completamente extraño que hubiere sido Dave quien se percatara de algo así y no Aizawa, que después de todo, era el mayor del grupo y el que habría de tener más experiencia.
―¿Y por qué estás tan seguro? Tal vez simplemente te lo parece, y puede que en realidad no sea así. ―contradijo el mayor, ahondando en todo aquel clima silencioso que se había formado.
Dave chasqueó la lengua.
―No es que haya tratado con muchos de ellos en mi vida pero, el comportamiento de Light los últimos días… no sé, me da mucho que pensar, ¿ustedes vieron como se puso cuando llegó ese tipo? ¡Parecía un demente!
Matsuda se extrañó aun más, comenzó a rememorar la escena en su cabeza.
―¿Y? ¿Enfadarse significa ser homosexual? No sabemos quién diablos es, tal vez sea algún viejo enemigo suyo. No deberías tirar semejante piedra si no conoces completamente el pasado de Light, Dave.
―No necesito conocerlo, creo estar seguro de lo que hablo.
―Para estar seguro tendrías que tener buenos argumentos, y hasta ahora solo has dicho uno solo y no es del todo convincente. El hecho de haber golpeado así a aquel tipo, no supone nada. ―aseguró el mayor.
―Pero, y el hecho de que haya ido corriendo tras él, un día después de haberlo golpeado del modo en que lo hizo, ¿tampoco supone nada?
―¿Ir… corriendo?
―Sí, Matsuda. No me vas a decir que el haberse hecho el montañista para ingresar en el pozo aquel, estando enyesado, no fue una excusa barata para acercársele. Va, yo no me trago las estupideces. ―su voz se había tornado fría―. Ese histeriqueo que ha demostrado tener últimamente, me ha puesto alerta.
El pelinegro carraspeó. Dave tenía una mente retorcida y un tanto perturbadora, y la mayoría de las veces no le daba demasiada importancia a todo lo que pudiera decir: en mayor proporción se trataban de insultos, amenazas y constantes quejas de aquella investigación pero, ahora parecía estar cien por ciento seguro de lo que hablaba por más que a él le pareciera una payasada. Jamás se le habría pasado aquella sospecha por la cabeza, y aun así, ahora que Dave se lo daba a entender, podría ser que fuera cierto, las formas de actuar de Light sí podían llegar a ser bastante extrañas de a momentos, como una forma de histeria encubierta. Se lo veía terriblemente enfadado con el hecho de estar aquí, con Norrix y ahora con aquel nuevo sujeto.
¿Podría ser cierto que esta vez Dave estuviera en lo cierto?
Se quedó pensando, meditando. Aizawa doblaba las sábanas lentamente, con miles de pensamientos pasando por su cabeza, justo como le sucedía a él.
―Pero… tu también tienes problemas de nervios, probablemente sea eso a lo que tu llamas "histeria". ¿Por qué habría de ser diferente con Light? ―atestó Matsuda.
Dave simplemente calló, no pretendía continuar dando explicaciones y argumentos de algo que sentía instintivamente, porque a decir verdad era una opinión, algo que creía; no era comprobable a simple vista. Light se comportaba como uno de ellos, hablaba masculinamente, sus gestos eran masculinos, también su apariencia, era aristocrático y muy apuesto pero no dejaba de lucir varonil. Aun así, sus pensamientos, su forma de coordinar el habla era suave, dulce (claro que eso no tendría por qué significar nada en absoluto pero… su manera de mirar a los demás hombres…).
Más de una vez Dave había captado la mirada de Light puesta sobre él, como si estuviese calificando su cuerpo, su cabello, el tono de sus ojos, el de su piel. También lo había visto hacer lo mismo con Matsuda y hasta con Aizawa. Es decir, observaba a los hombres como si pretendiera compararlos; cuál era el más guapo, el más inteligente, el más simpático, el más llamativo. Y esa mínima clave fue suficiente para levantar sospechas en Dave.
¡Por Dios, si hasta había visto una caricia aquella noche que se armó todo aquel alboroto! Juró que había visto a ese tipo, recién llegado, rozar la piel del rostro de Light… pero claro, Matsuda no se encontraba en el Gran Salón aquella noche, tampoco Aizawa, resultaba obvio que no le creyeran.
―Yo creo que eres tu quien esta enloqueciendo, Dave ―rió el pelinegro, mientras el aludido se encogió de hombros y, con ironía, puso sus ojos en blanco.
―Enserio, Matsuda, no puedes ser tan estúpido como para no darte cuenta de la manera en la que nos mira. En realidad, de la manera en que mira a todo hombre que se cruza por su camino. Si hubieras estado aquella noche en el Gran Salón, cuando llegaron los ingleses, y hubieras visto por ti mismo la manera en que miró a aquel tipo, que no pudo ser más obvia, sabrías de lo que hablo.
Aizawa parecía estar dejándose convencer por Dave ya que ni una mísera palabra había sido pronunciada por sus labios, permanecía mudo como tótem, y con el cuerpo tenso. Matsuda podía ver como las palabras de Dave pasaban una y otra vez por la cabeza del mayor.
Apretó su labio inferior con sus dientes delanteros. Era mejor dejarse de estar hablando pavadas ya que Light podría ingresar al cuarto en cualquier momento, y seguramente de escuchar la conversación que se mantenía allí dentro, comenzaría a insultar a Dave y a pretender demostrarle que él no era ningún maricotas y que le fascinaban las mujeres, como debía ser.
Matsuda sonrió para sus adentros, Light no podía ser homosexual, no tenía como creer semejante patraña, Dave si que tendría la cabeza limada de tanto encierro, humedad y lluvia.
Probablemente el que estuviera perdiendo los estribos allí, no era más que Dave.
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El día había transcurrido aburridísimo, sin nada que hacer, con los pasillos tan silenciosos y tediosos que no podría soportarlo durante más tiempo, la tarde anunciaba que otra lluvia comenzaría a atestarlos muy pronto, en tan solo unos minutos. Y, por si fuera poco, el edificio estaba desierto; Aizawa, Dave y Matsuda habían partido junto con los demás a lo que fuera que estuviere haciendo Riuzaky en la residencia anexa. Y, aunque pudiere sonar algo extraño, cuando Matsuda se encargó de saludarle y pedirle una explicación sobre el motivo de por qué no iba con ellos a aquel otro lugar, se lo vio dubitativo, como si le hablase de una manera tímida, mientras que Aizawa y Dave siquiera se detuvieron a saludarlo.
De todas formas, no quería detenerse a pensar demasiado en aquel detalle, Dave tenía "uno de sus días" demasiado seguido últimamente, era más probable que estuviera enfadado por alguna cuestión de la investigación, tal vez fuere un berrinche que con un poco de comida y bromas de humor negro se le irían tan rápido como había llegado.
Mientras caminaba a solas por uno de los pasillos, sin más que hacer que solo pensar y reflexionar y volver a hacerse enredos en su cabeza con lo ocurrido la noche anterior, se topó con una lista inmensa de objetos que debían ser comprados para antes que regresara Norrix. Se había calculado un presupuesto de una buena cantidad de yens. Había anotado jeringas, paños, bolsas de plástico, varios comestibles, una linterna, pinzas y muchas otras cosas más. (¿Cómo podrían necesitar reponer tanta variedad de cosas, si en el tiempo que habían pasado allí, no habían gastado nada de todo eso? ¿O, tal vez, siquiera las poseyeron desde un principio? Light comenzó a preguntarse por qué habían dejado ese papel a la deriva, simplemente tendido de una pizarra con el título "artículos que comprar". ¿Se lo habrían encargado a alguien? ¿A quién le habría dejado Norrix el dinero?
Tomó el papel y, doblándolo en varias partes, se lo introdujo en el bolsillo de sus shins. Aquel día no tendría nada que hacer, el edificio estaba más que abandonado y ni de muerte iría a la reunión de Riuzaky (mas allá de lo ocurrido la noche anterior, tenía la pesada sensación que con la conversación de Matsuda, toda la buena impresión que había tenido de Riuzaky, se había esfumado ni bien abrió los ojos en la mañana. Ya había vuelto a ser el mismo, y a pensar lo mismo).
Podría ser que aquel día decidiera ir de compras y pasar un tiempo con los muchachos, él no podía conducir debido al yeso, sería bueno despejar un poco su cabeza saliendo de compras y en compañía de aquellos tres, sería aun mejor, podrían hasta divertirse un poco. Últimamente, estaba necesitando sonreír.
Claro, si es que no encontraba algo más productivo a lo cual dedicarse. Además, dudaba que el encargado de entregar las llaves de los automóviles en el estacionamiento, fuera a darle justamente a él un coche (otro motivo por el cual debía ir con Matsuda o Dave), luego de haber roto de un puñetazo el cristal de una camioneta, la noche en que su mente pareció desconectarse de su cuerpo gracias a la presencia de ese. Luego de semejante espectáculo, hasta él mismo se autodenominaba fuera de confianza.
Se pasó la tarde frente a uno de los ventanales en la sala de estar, observando la naturaleza aflorar del otro lado: lo único adorable de aquel espantoso lugar y su gente, o al menos la gente con la que le tocaba convivir a él.
Cuando fue el momento en que todos sus compañeros (y no tan compañeros) ingresaron por la puerta principal hacia el edificio, Light notó inmediatamente que algo estaba mal.
Sus tres "colegas" siquiera le dedicaron una mísera mirada, algún gesto, un saludo trivial, ¡nada! Completamente evitado fue la sensación que invadió su ánimo. Decidió no darle importancia, tal vez fuere una especie de idea suya y los muchachos simplemente estuvieren cansados.
Pero su impresión no pudo evitar volverse realidad cuando en la tarde ingresó a la habitación en busca de un abrigo que lo cubriera de aquella humedad molesta en la Isla. No tardó en comprender que ni bien cruzó el umbral de la puerta, las conversaciones sigilosas que habían mantenido aquellos tres cesaron por completo, y en sus rostros solo quedaban rastros de luto total.
Comenzó a buscar en el armario el saco de su agrado, y aquellos tres continuaron en silencio, envolviendo la atmosfera en un denso clima, y a pesar del frío que hacía afuera a causa de los chabucos de lluvia que iban y venían a cada rato, Light creía que podía sentir a estrujones la tensión en el aire, la palpaba, la respiraba.
No dijo una palabra, y salió de allí cuanto antes.
Luego del almuerzo en el Gran Comedor (al cual los tres muchachos faltaron ―y Light ya creía que Dave habría de estar teniendo bastante hambre considerando su manera habitual de ingerir comida―, le resultó rarísimo que se salteara un buen plato de carne asada, con lo muy carnívoro que demostraba ser); Light se encaminó por los pasillos para dirigirse a su habitación y de una buena vez romper el hielo con los muchachos, comenzó a creer muy en su interior que lo ocurrido podría ser por la conversación tenida con Matsuda en la madrugada; rogaba estar equivocado, ya que debido a su falta de concentración (y con los sentimientos hechos mella) le había resultado muy difícil esconder su estado de ánimo, y cuando el moreno ingresó al baño no pudo hacer otra cosa que reventar en lágrimas. Odiaba eso de sí mismo, pretendía cambiarlo algún día.
De repente, giró su mirada hacia un individuo que se encontraba solitario en uno de los pasillos, con ambas manos en sus bolsillos y mirando a la nada misma. Era Matsuda, y se veía terriblemente concentrado, y con un gesto bastante apagado (extraño en alguien tan sonriente).
Ni bien se acercó a él, sintió la mirada aguda del moreno clavándosele, estudiándolo, meditando.
Light se sintió ultrajado y no tardó en detenerse frente al pelinegro. Y ni siquiera saludándolo de la manera más cotidiana logró que esa "intriga" (por así llamarlo) se desvaneciera de aquellos ojos negros.
Luego del más común de los "qué tal", "como te va", la mirada de Matsuda continuaba siendo sospechosa para el castaño, tanto que estaba comenzando a molestarle. Resaltaba a ojo de cualquiera que lo estaba estudiando de arriba abajo, de izquierda a derecha.
―¿Qué sucede? ―se atrevió a preguntar para dejar el misterio atrás.
Se había dado cuenta, Light era más pillo de lo que Matsuda creía, o simplemente él era demasiado obvio como para ocultar todo aquello que se había hablado con Dave y Aizawa en la mañana.
―¿Qué pasa con los muchachos que no me han dirigido ni una mirada en todo el día? ¿Se están escondiendo de mí? ―la última pregunta no pudo ser respondida por Matsuda, por lo tanto Light fue apagando poco a poco las risas hasta denotar un rostro serio―. ¿Qué pasa, Matsuda?
El moreno dio una media sonrisa, se desperezó un poco, abandonando su postura rígida.
―Nada, es solo… otra pavada de Dave ―dijo, sonriendo.
Ya podía presentirlo, pensó.
―¿Eh…? ¿Conmigo? ―se hizo el desentendido.
Asique no lo había estado imaginando, la respuesta de Matsuda le dejó entrever que realmente Dave y Aizawa lo habían estado evitando durante todo aquel día, no fue fruto de su imaginación o "exageración".
―Sí… él… Dave… ―comenzó a sonreír por lo bajo―. No digas que te conté pero, el muy estúpido anda haciéndose la cabeza con que tu eres… ya sabes… ―en la mente de Matsuda ya podía programarse la escena: Light comenzaría a reír como si se tratase de un chiste, una broma pesada, y es que no era para menos; probablemente, luego el castaño iría en busca de Dave para darle una tunda por haber hablado embusterías a sus espaldas.
―¿Qué? ―preguntó terriblemente serio. Matsuda no paraba de reírse y él ya comenzaba a exasperarse.
―Cree… que… ¡Es una tontería! ¡Cree que te gusta la polla!
…
En pocos segundos habrían de venir las risas enloquecidas, las carcajadas de broma que jamás llegaron a escena. Matsuda también fue perdiendo su sonrisa a medida que el rostro de Light iba viéndose cada vez más serio… muy serio. Como si no le hiciera nada de gracia el comentario, probablemente se hubiera enfadado o…
―No es tan grave de todas formas, Light. Es solo una idea que tiene. Solo me lo confesó a Aizawa y a mí, a nadie más. Asique no tienes porqué preocuparte por ello. Además, yo sé muy bien que no es así.
Y seguía sin reír, pero esta vez no hablaba, ni hacía nada más que mirar de una manera fija y aterrorizante a Matsuda, desafiante, con sus ojos fríos y repletos de… angustia, e impotencia.
―Me gusta, de hecho ―sentenció, dejándolo helado.
Matsuda tardó varios segundos en reaccionar, y no lo hizo con demasiada naturalidad, su voz sonaba terriblemente sorprendida, como si hubiese sido víctima de una bofetada que jamás la vio venir.
―¿Qué…?
―Me gusta.
―Es broma, ¿verdad?
No podía ser, no era posible que hubiere compartido habitación con un homosexual. La idea ya de por sí le resultaba nauseabunda; probablemente no fuera cien por ciento seguro, es decir, se veía en los ojos de Light que no bromeaba pero, le quedaban esperanzas de que solo estuviere jodiendole.
Negó con la cabeza.
―Si lo fueras te hubiera visto practicándolo, aquí está lleno de pollas. Déjate estar jodiendo ―rió.
―Lo soy.
Matsuda resopló.
―Yo también lo soy, condicionalmente. Si a eso te refieres ―sonrió, como si fuese obvio lo que estaba a punto de aclarar―. Es decir, si no hay ninguna mujer y son todos hombres entonces, lo más probable, es que me folle a un hombre; un culo es un culo, y no lo despreciaría, pero solo si una mujer no está cerca. Si me dan a elegir entre mujer y hombre, escojo mil veces a la mujer pero, si me dan a elegir entre el culo de un tipo y ningún culo, escojo el culo, ¡obvio! Supongo que contigo sucederá lo mismo ―quería convencerse a sí mismo que no estaba escuchando lo que oía, por parte de Light.
Light no tenía rostro de nada, tampoco se había imaginado aquellas palabras brotar de la boca de Matsuda, tan dulce se lo veía, tan educado; le resultó chocante como baldazo de agua fría.
Seguía sin hablar.
―No. ―sentenció el castaño.
Mierda.
―Dime que estás jodiendo, por favor.
Los ojos de Light estaban vidriosos pero, no debido a debilidad ni sensación de impotencia, todo lo contrario: sentía que ahora sus supuestos aliados se alejarían de él y quedaría más solo que nunca. En el fondo deseó habérselos confesado en el momento oportuno y sin prejuicios ni perjuicios de por medio, pero ahora, las cosas se le habían vuelto en su contra. Aquellos tres pensarían que lo había estado ocultando para aprovecharse de la situación, probablemente.
Matsuda abrió la boca para recriminar algo pero, nada salió de sus labios, tenía en sus ojos la misma sensación de desconcierto que Light, y un nudo en la garganta que le impedía hasta respirar.
Acabó cerrando los ojos y alejándose a paso brusco de la cercanía del castaño, dándole un empujón bruto con el hombro. Ya había vivido una situación como esa antes pero había sido un crío, ahora todo era diferente, el contexto cambió y él ya no era el mismo. Maldecía para sus adentros no haberlo aclarado desde un principio, tal vez así hubiese sido más llevadera la cuestión pero, ahora era irreversible.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Se quedó la tarde pensando en nada, simplemente sintiendo como un retorcijón le estrujaba a un lado del pecho, un calambre… se sentía horrible y, sin embargo, no creía que fuera fruto del quiebre entre la relación de semi-amistad que mantuvieron los tres. Se descubrió a sí mismo en un sentimiento de poco interesa, como si nada hubiese ocurrido (o al menos, lo sucedido no pareció afectarle en lo mas mínimo).
No sentía deseos de llorar ni tampoco motivos para enfadarse; Dave, Aizawa y Matsuda no eran tan cercanos como lo había sido su padre en aquel entonces (y que éste ultimo lo rechazara por su orientación, sí había significado para él una paliza psicológica brutal que perduró años). Ahora mismo, creía sentir un poco de melancolía pero, se convencía que no había sido un shock demasiado fuerte. Sin embargo, le provocaba cierta tristeza el hecho de que Matsuda le diera la espalda como lo hizo, era el que más le agradaba de los tres, y también creía que él mismo le agradaba mucho a Matsuda; haberlo desechado por su orientación no hacía más que demostrarle que había demasiada gente falsa alrededor suyo.
En el último tiempo de su vida, se había percatado de que su homosexualidad servía para hacerlo entrar en razón: ver quien vale la pena, y quién no.
Ver quien lo aprecia realmente, y quién no.
Era una completa estupidez: que le gustara encamarse con tipos no lo hacía menos didáctico, no lo hacía menos compañero ni menos… Light, no lo hacía menos Light. Su personalidad seguiría siendo la misma aun cuando se enrollase con quien fuere, eso no iba a cambiar; no entendía el pensamiento retrógrado de Dave.
Además, estaba seguro de que aquellos tres se alejaban de él por considerar que pudiere mirarlos o tener deseos carnales para con ellos, lo cual era una estupidez mayúscula; en su vida iría a tener relaciones con alguien tan encarecido y que pensara de una manera con tanta falta de filosofía como Dave; Aizawa era demasiado correcto para él, y no tenía una personalidad que sobresaliera del resto, que se destacara (era uno más del montón); y Matsuda, simplemente, le faltaba mucho… demasiado carácter. Y no estaba hablando del carácter que poseía Dave.
Ahora que se ponía a pensar con claridad, Light hasta dudaba que Dave tuviera carácter ya que se enfurecía por todo, y eso no es ser más que un simple gruñón; el carácter fuerte, ese que Light adoraba ver en hombres astutos, es diferente, es ser calmado pero asertivo, nada que ver tenía con la violencia.
…
Decidió dejar de pensar en ellos, si se proponían no hablarle, entonces, ¡bien! mejor así, tampoco él les hablaría; no vivía de ellos y no iba a chuparles el culo ni a hacer lo que ellos dijeran.
¿Pretendían que tapara su sexualidad, solo por ellos? ¿Qué les pidiera perdón por ser homosexual? ¿Fingir ser heterosexual solo para agradarles? Pues, podían irse al coño los tres juntos si creían que estaría de rodillas mendigándoles.
…
Estaba con el ego increíblemente elevado tras la conversación antiséptica con Matsuda. Entender, finalmente, que no los necesitaba y que él era autosuficiente por sí mismo, le había reconfortado muchísimo el autoestima. De ahora en más se dedicaría a no mirar a ninguno de ellos, cuanto más lejos mejor. Como si necesitara de su ayuda para sobrevivir el día a día allí dentro.
No necesitaba de nadie, y no iría a pedir ayuda a nadie. Él, solo, era completamente autosuficiente.
Pasó por el mismo pasillo que hacía unas cuantas horas atrás y se percató de ver a un sujeto de pie frente a la pizarra, como si estuviere buscando algo, era inglés, indudablemente.
Al percatarse de que no había hallado lo que buscaba, comenzó a alejarse a paso ligero del pasillo. Light pretendió detenerlo con un llamado, suponiendo la cuestión.
―¡Ey! ¡Espera! ―se había asegurado de hablar en japonés, después de todo, aun estaban en su territorio, no tenía por qué no platicar con su idioma natal―. ¿Buscas esto?
Aquel sujeto, moreno de ojos café, evidentemente, no le comprendía el dialecto pero, al ver la lista que sacaba Light de sus shins, se acercó al joven de inmediato, con rostro extrañado.
―Tu… ¿ofrecerte? ―no sabía hablar japonés, quedaba claro. Pero Light no iría a hablar en inglés en aquel lugar, no era correcto, se suponía que debía de ser al revés.
Riuzaky hablaba en japonés, ¿por qué los demás no podían hacer lo mismo?
Riuzaky…
―¿Cómo? ―intentó interpretar las palabras sueltas que aquel hablaba, lo mejor posible―. ¿Te refieres a si me ofrezco para comprar? ―también eran de mucha ayuda las señales que hacía con sus manos: al decir yo, se señalaba a sí mismo; y al decir sí, asentía con la cabeza; eso facilitó bastante la conversación―. Sí, claro que me ofrezco. No tengo problema pero, no estoy seguro si el yeso me impondrá alguna deficiencia, es decir, yo siento que mi brazo ya está muy bien, hasta puedo sentir que puedo moverlo si este yeso no estuviera enredándolo ―le hablaba como si aquel se tratase de un conocido.
El solo movimiento que Light hacía con la cabeza (de arriba a abajo) fue suficiente para que el inglés sonriera.
―Gracias… I have… mucho: working, no poder ir ―acabó diciendo, expresando que tenía otras cosas que hacer. Light quería reírse de su pronunciación amorfa en japonés pero, calló, solo se limitó a responder.
―No tengo el dinero… el cash ―dijo, rozando los dedos de su mano derecha para dar a entender que hablaba del efectivo. Se había olvidado por completo la conversación con Matsuda y el rechazo de sus compañeros, la tristeza, no le había durado ni un cuarto del día, al parecer ni le afectó el hecho de ser ignorado.
El inglés sacó de su bolsillo una bolsita color negra y un juego de llaves, de las cuales caía un pendiente con una marca particular de automóvil. Entregó todo en la mano del castaño; la pequeña bolsita no era pesada ni tenía bastante volumen, al parecer solo le habían cedido lo justo y necesario para hacer las compras.
―Thank you ―dijo el inglés, y comenzó a dar zancadas, alejándose de él.
―¡Aguarda un segundo! Se que no puedes ir pero, ¿es qué no me acompañará nadie? ¿No deben ser siempre dos en esta clase de cuestiones? Además, ya te mencioné lo del brazo…
―Am… working… yo, mucho working ―acabó diciendo, queriendo deshacerse lo antes posible de sus obligaciones; Light no creía que siquiera supiera quién era él, y el alboroto que había causado hacía unos días atrás. Tampoco parecía importarle a ese inglés. Simplemente, lo abandonó a su inoportuno.
―Pero, ¿y la policía? ¡Tal vez me multe por algo así!
―The Police? Not! ―respondió, creyendo comprender al instante lo que pretendía decir Light, con tan solo oír esa palabra―. They will not say anything to you, relax! ―simplemente desapareció del radar, alejándose a zancadas, y Light quedó con las llaves colgando de su palma sana.
―O… key ―dijo, dubitativo y pausado.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
No le dio importancia a todos aquellos que lo miraron extrañados mientras él se dirigía hacia el estacionamiento con un yeso en el brazo (se había encargado de colocarse encima una camisa abultada color blanca y una chaqueta de cuero negra ―el clima estaba bastante amordazante aquella tarde, pero, por sobretodo, lo hizo para no develar la presencia del yeso a los policías que pudieren detenerlo en el camino―. Conducir en esas circunstancias no hacía alarde del sentido común que Light pudiera tener pero, no quería sentirse incompetente; y recordar el episodio sucedido aquella mañana no hizo más que impulsarlo a querer realizar aquella travesía por sí mismo, sin ayuda de nadie, ahora que lo pensaba mejor. Él era totalmente autosuficiente.
No le faltaba la mano ni nada por el estilo, simplemente tenía un yeso, mientras tuviere precaución y anduviera despacio, todo saldría bien.
…
Las compras habían resultado ser bastante entretenidas, ningún policía de los que estuvieron allí estacionados se percataron de su pequeñísimo problema. Salir durante aquellos minutos le había dado un toque de aire fresco a sus facciones; hasta podía sentirse más relajado.
Debió arrastrar la cantidad de bolsas hasta el carro (muchas personas se acercaron a él con intenciones de ayudarle, debido a su deficiencia en uno de sus brazos pero, él insistió con que no era necesario).
Al llegar al coche, se quedó de pie durante unos segundos, calculando el lugar que ocuparían todos esos objetos. Y como lo supuso desde hacía uno instantes: el tamaño del baúl no había sido suficiente, asique desparramó varias de aquellas cosas en el asiento trasero.
El ambiente se había tornado tan frío y espeso, que la chaqueta de cuero no lo había cubierto de la tempestad húmeda que la lluvia dejó a su paso. Un halo de aliento blanco salió expulsado de su boca al respirar. Parecía acercarse un torrente de frío, muy pronto. Sus dedos estaban helados.
Comenzó a andar por las calles, el sol estaba siendo cubierto por las nubes tormentosas en el cielo, pero sus rayos, a pesar de no calentar la superficie de la Tierra, por lo menos alumbraban su camino de regreso al edificio.
Miró su brazo enyesado… un tanto desquiciado de haberlo tenido consigo desde hacía mucho tiempo ya, le molestaba demasiado el peso que ejercía en sus músculos. Tal vez ya era hora de pedir cita con un médico clínico, sentía su mano articular de manera correcta, y si hacía esfuerzo (olvidándose del apretón del yeso) hasta podía mover el brazo, ya no creía necesitar más aquel cascote inservible, no le dolía para nada la fractura, tal vez sus huesos ya se hubieren soldado con naturalidad. Y es que debía darle tantos cuidados que le agotaban. Cada vez que se aventaba una lluvia, Light debía cubrírselo con una bolsa de nailon negra o gastar todo el rollo de una cinta adhesiva para que el agua no penetrara el yeso, le cansaba esa rutina, y con el clima que abundaba en la Isla, era una práctica que se había vuelto costumbre.
El cielo iba oscureciéndose poco a poco, un ocaso hermoso, que había dejado a su alrededor un halo de colores anaranjados y rojizos que se entremezclaron con perfecta armonía, fue desapareciendo hasta abundar la noche… y él, con un interrogante que le estaba carcomiendo los sesos, se detuvo a pocos pasos del cementerio.
Apagó el motor del coche.
Mirar su brazo tan atentamente le había causado nostalgia, no podía no recordar aquel día de travesía en ese lugar junto con Matsuda. Un nudo se formó en su garganta cuando decidió poner un pie fuera, luego el otro y tras cerrar la puerta caminó despacio hasta el baúl: tomó la linterna nueva que había comprado y se la llevó a cuestas hasta la entrada del lugar. Había detalles allí que aun no le habían quedado del todo claros.
No se hallaba nadie a los alrededores, lo cual era de suponer: a esas horas, exactamente las seis p.m., el día en Naha iba desvaneciéndose poco a poco. Se sorprendió al no recordar que había luces de noche en las veredas junto al cementerio, pues claro, la vez que junto a Matsuda se atrevieron a husmearlo había sido en plena luz del día.
Aun continuaba con el constante repudio que sucumbía desde el interior de su estómago hasta parecer querer salirle por boca en forma de fuego. Sus sentimientos volvían a traicionarle y a volver al inicio, como un espiral; no estaba enfadado pero, si muy desilusionado… demasiado.
Y pensar que hasta ese momento, había despejado su cabeza de ese pensamiento.
Creyó que eran sus amigos, sus secuaces. La vida cada vez más seguido parecía ponerlo a prueba, dándole a entender que no debía confiar en nadie, ni en su propia sombra.
Y eso era lo que estaba dispuesto a hacer de ahora en adelante. Que se quedaran con el méndigo cuarto que él podría dormir en los pasillos si se lo proponía… había pasado por cosas demasiado difíciles, cosas que no todo el mundo soportaría como él había hecho, salir de pie como todo un sobreviviente luego de atravesar situaciones humillantes, desgarrantes. No se imaginaba ni a Dave ni a Matsuda atravesando por lo que él debió pasar, asique ¿por qué iría a rebajarse al nivel de ellos?
Lo único a lo que se aferraba, y que era todo lo que tenía en el mundo, eran tan solo Lían y Mikami, nadie más. Agradeció para sus adentros que jamás tuvo la oportunidad de llegar a querer a Dave, Aizawa o Matsuda, ya que simplemente los veía como compañeros, no más que un leve cariño, y eso fue la verdad bastante aliviante ya que no tenía excusas para hacerse mala sangre porque de un día para otro dejaran de hablarle.
Que los joda el Diablo, pensó, poniendo gesto de indiferencia.
Abrió las compuertas del cementerio con su brazo sano, comenzó a caminar a través de los pasillos a un lado de las criptas, creyó haber pasado cerca de aquella en la cual cayó y se quebró el brazo.
Había olor a humedad, encierro y vejez. No podía verse casi nada de no ser porque esta vez llevaba la linterna en la mano, bastante grande y pesada, debía reconocerlo.
Su estómago crujía pero fingía no darle demasiada importancia. Pasó por al lado de una tumba muy deteriorada por los años y el clima (seguramente), la cual había llamado poderosamente su atención. Esta vez estaba tan jodidamente furioso con todo el mundo que la sensación de temor y angustia que le provocaba estar deambulando por el cementerio, apenas le causaba un cosquilleo mudo.
Caminó a paso ligero hasta dar frente aquel sepulcro. No se trataba de una tumba convencional, al parecer tenía sus años pero no parecían ser tantos. Alumbró con la luz de la linterna la placa donde había sido inscripto el nombre de la persona, su nacimiento y fecha de muerte.
Era una mujer llamada Kyuri Shan, de cincuenta y dos años de edad. Al parecer su muerte había sido hacía tres años nada más, bastante reciente.
Light se encorvó para divisar mejor el aspecto de aquella sepultura.
Se quedó con la mirada fija sobre la tierra, la cual lucía bastante… rara.
Escarbada.
Su corazón comenzó a latir con fuerza y es que, en efecto, la tumba había sido desenterrada hacía demasiado poco, la tierra estaba desacomodada y ni las torrentes lluviosas habían podido deshacer el rastro.
Intentó calmarse para reacomodar sus pensamientos y no dejarse llevar por la emoción que ahora sucumbía en su pecho causándole una sonrisa extravagante. Mordió sus molares y se propuso concentrarse en lo que tenía en frente que no era pista menor: la tumba había sido desenterrada con mucho cuidado, por lo que se veía, y hacía poco tiempo; además se trataba de una tumba que correspondía a un fallecido reciente… las ideas comenzaban a hacerle eco en la conciencia, había demasiadas preguntas que comenzaban a reformularse en su mente.
Jamás se había puesto a pensar si las tumbas mayormente desenterradas eran de fallecidos recientes o antiguos. La que había hallado pertenecía a una muerte de hacía pocos años pero eso no significaba que todos los cadáveres desenterrados fueran de personas fallecidas hacía poco.
Era un detalle que definitivamente debía investigar.
Aumentó la luz de la linterna al máximo para sacar complemento al aspecto de la tierra. Creía que sería bueno poder ponerse a desenterrar la tumba para verificar que ciertamente el cadáver hubiese sido extirpado y toda aquella evidencia sirviera de algo, pero era una idea ilógica, ¿Cómo haría para desenterrar metros de tierra? Ni siquiera tenía una pala, y con el yeso…
Miró la lápida, no había rastros de nada que tuviera ADN, y si intentaba extraer huellas digitales probablemente estuvieran entre éstas las del esposo, hijos, amigos de la fallecida que de vez en cuando iban de visita al cementerio, llevando ramos de flores.
Además, si mal no recordaba, Riuzaky había dicho que las huellas digitales encontradas gracias a la papiloscopía forense, no habían presentado ningún rasgo de ADN, es decir, se hallaban en blanco absoluto, como si quien hubiese desenterrado las tumbas hubiere llevado guantes de látex, y de ser así habría de investigarse qué centros comerciales en la Isla vendían ese tipo de objetos, tal vez fuere un centro de artículos de limpieza o jardinería. Entonces, dado el momento, habría que hacer una investigación exhaustiva sobre todas las personas que en el último año compraron guantes de látex (lo cual sería una lista interminable, Light ya podía imaginárselo con pesadez).
Esperaba que Riuzaky ya estuviera trabajando sobre aquel tema, y que, obviamente, le comentara los resultados sobre las pruebas que él solo se había dignado en conseguirle. Y ahora que lo pensaba bien, no creyó conveniente el hecho de que únicamente Riuzaky se hiciera cargo de las pruebas, ¿por qué él no podía saber sobre el avance de los estudios? Después de todo, fue él quien los consiguió con todo su esfuerzo, y hasta con el brazo enyesado, ¿no es así?
Riuzaky…
No quería recordarlo, ni pensarlo, pero cada vez más seguido sentía que su vida giraba en torno a sus memorias.
Riuzaky…
¿Y L?
¿Dónde estaba L? ¿Dónde había quedado la mentira de L?
Se había esfumado perdiéndose en los recuerdos de su infeliz adolescencia.
Tragó espeso. Sabía que lo que una vez sintió para con el computador había sido solo un invento (porque eso había sido, simple virtualidad, nunca hubo nadie detrás, nadie del otro lado, nunca existió ningún L, solo una gran mentira de Riuzaky disfrazada de amor)… Era Riuzaky, L era Riuzaky. ¡NO! L era UN INVENTO de Riuzaky…
¿O L era Elle?
¿Y quién es Elle?
―No lo sé, no lo conozco ―se respondía sus propios pensamientos como un lunático, mientras descansaba sentado frente aquella tumba, en completo silencio y continuando ahogado de aquel aroma a muerte sepultural que contagiaba el cementerio.
Elle, el sujeto que había llegado de Inglaterra y ahora era parte de la investigación. ¿Ese tipo era L? No, jamás podría ser L, no tenía su dulzura, nunca había idealizado a L de esa manera, L era…
…L, así de simple, nadie jamás podría reemplazar lo que alguna vez fue L ni tampoco lo que él sintió por aquel.
Entonces estaba admitiendo para sí mismo que esos sentimientos existieron, que L había sido maravilloso…
…Y volvía al mismo circulo vicioso de siempre: ¿Entonces… L existió? Si la respuesta es un rotundo NO y L no fue más que una farsa de Riuzaky, entonces ¿por qué continuaba él, aferrado a su amor?, era neurótico.
¿Y de ser un sí?
Un sí, jamás en esos tres largos años de distancia había pensando en esa posibilidad y hasta le parecía descabellado estar pensándola ahora. ¿Un sí?
¿De ser un sí? ¿Dónde existió alguna vez L? ¿Metido en el cuerpo de Riuzaky?
Probablemente.
Y en el hipotético caso de que L si existiera, entonces ahora mismo se encontraría atrapado ahí dentro del cuerpo de ese sujeto pelinegro con tatuajes, mirada soberbia y cara de bastardo; pero, también está allí dentro Riuzaky. Entonces, hay dos hombres metidas dentro de ese cuerpo; y si L fue una burda farsa, entonces L no fue más que una máscara que utilizó Riuzaky para engañarlo (y ese era exactamente el pensamiento que Light había cultivado desde hacía tres años).
…pero, ¿y si no?
Si no, entonces Lera el verdadero hombre metido en ese cuerpo y la farsa era Riuzaky, es decir que Riuzaky era la máscara d utilizaba a Riuzaky para esconderse.
¿Esconderse de quien?
¿De mi?
¿De mi amor por él?
La cabeza de Light se hacía un meollo de ideas. ¿Y entonces quien es el nuevo hombre que habita en ese cuerpo: Elle? ¿Quién diablos es Elle? ¿Es Riuzaky o es L? La reacción agresiva que tuvo el moreno una vez que el castaño ingresó a la cueva y comenzaron a discutirse como dos críos; la obstrucción chiquilina del pelinegro, se había asimilado a una reacción que pudo haber tenido Riuzaky, pero en el momento en que Light quedó atrapado y completamente apretujado allá abajo, siendo carcomido por el temor claustrofóbico, el inglés corrió desesperado en su búsqueda y cuando logró sacarlo sano y salvo de aquella abertura, lo abrazó con tanto cariño… un abrazo estremecedor que lo envolvió completamente, sin dejarle aire que respirar, un abrazo que había provocado en Light un temblequeo de piernas incesante, y hasta logró oír con entumecimiento las corazonadas en el pecho de aquel hombre, latiendo una y otra vez con mucha fuerza, como si el hecho de haber estado en peligro lo hubiera exaltado.
¿Quién lo había abrazado? ¿Riuzaky? No, Riuzaky es y siempre será una desgracia, él no podría jamás dar una expresión de afecto semejante. ¿Entonces quien lo rescató, fue Elle? No, a ese sujeto siquiera lo conocía. ¿Y entonces quien…? ¿L?
¿Pudo haberlo rescatado L?
¿Cuál era el verdadero: Elle, Riuzaky o L? ¿Quién era la máscara de quien? ¿Y por qué?
Recordó aquella vez, hacía tres años atrás, cuando se encontró con Riuzaky en una discoteca mientras él iba acompañado de Mikami, pero éste ultimo desapareció y no le quedó otra opción que pasar tiempo con el moreno.
Y cuando logró memorizar el momento exacto en que ambos salieron del bar y vieron como Mikami estaba siendo asaltado por aquellos maleantes… él mismo se había metido de lleno para salvar a Mikami pero, ¿Quién se había metido a rajatabla para salvarlo a él? ¿Riuzaky? No, Riuzaky lo odiaba y él no toleraba la actitud fanfarrona de aquel, no podría haber sido nunca Riuzaky.
¿Acaso fue L?
¿Quién lo besó más de una vez de manera apasionada?
Jamás se había puesto a pensar con conducencia sobre aquella situación, jamás de la manera en que hacía ahora. La relación con Riuzaky había sido de amor-odio, odio hacia Riuzaky y ¿amor hacia quien? ¿Hacia Riuzaky también? No, Riuzaky era el niño cabrón, y Light lo detestaba y aun ahora continuaba sintiendo un repudio extremo hacia él.
¿Y entonces, que fue aquello que le atrajo de Riuzaky? ¿Por qué lo siguió por cielo y tierra como un lambisquero? Porque él mismo admitía adorar los momentos en que Riuzaky era anti-Riuzaky, ese ser inteligente, pensador, seguro de sí mismo pero no por eso egocéntrico (claro que no), con consciencia filosofa y pseudo-abstracta, tan atractiva, tan madura… tan… tan L.
…
No estaba seguro de si debía reír por pensar en tremenda patraña, o si realmente debía llorar por estar volviéndose loco.
Pasó demasiado tiempo hablando con Mikami y Lían para acabar convenciéndose que L no era mas que un invento, ¡una farsa! Ese tipo era únicamente Riuzaky jugando, divirtiéndose, pasando un buen rato. "Tan solo fue un estúpido con intensiones de joderle la existencia", así de simple. Lo había jodido y él mismo lo había admitido.
Mikami…
¿Por qué Riuzaky odiaba tanto a Mikami?
Al parecer ese odio había salido espontáneamente, repentino, al igual que lo fue el odio de Riuzaky hacia él en un principio, pero ¿por qué luego Riuzaky se ensañó con Mikami?
"―Estoy empezando a creer que en ti pesa más la opinión ajena que la tuya propia y hasta si se trata de ti. Eso podría llegar a hacerte mucho daño ahora pero más adelante podría volverse un tema muy serio y peligroso, ¿no lo crees? Nadie debe decidir por ti, solo tu y de acuerdo a lo que tu quieres".
Eso fue exactamente lo que respondió L cuando, aquella noche de insomnio, él mismo le contó sobre el acoso de "dos compañeros" de universidad que sufría a menudo.
"―Nuevamente salta a flote tu incapacidad para decir que no".
Riuzaky no tenía ningún motivo, ninguna justificación demasiado convincente para que le desagradara Mikami, pero sí L (una vez que se enterara de que el peor acosador de Light se trataba de Mikami, y si realmente gustaba de Light como había asegurado). En el más descabellado de los casos, L era quien realmente odió a Mikami, y no Riuzaky.
Pero si aceptaba ese pensamiento entonces, una vez más (y por enésima vez), también estaría aceptando que los sentimientos de L hacia él fueron reales, por ende L existió y existe… ¿Dónde?
Un sonido extraño logró perturbar su concentración. Regresó a la realidad de inmediato cuando se abstuvo de oír sus propios pensamientos y comenzó a percatarse de un movimiento de arboles y hojas a lo lejos, en el rego fuera del cementerio… sin embargo, el sonido era mínimo, como si quien lo causara pretendiera no darse a ver.
Y Light creía saber muy bien de quien se trataba.
Se detuvo en seco y elevó sus piernas, alumbrando a la oscuridad con su linterna. La luz artificial del aparato dio de lleno sobre el montón de arbustos del cual provenía el bullicio. No le dio tiempo siquiera de apretujar sus labios calmando los nervios, o de apretar la linterna más fuerte. Tampoco de darse el lujo de temer.
Se armó de coraje y enfrentó a quien estuviera detrás de aquel matorral de ramas, hojas y oscuridad.
―¡Se muy bien que eres tú! ―gritó a todo pulmón, tan fuerte que las ondas de su voz debieron haber quedado haciendo eco en las dimensiones de las criptas―. ¡Ya, responde! ¡Sé que me vienes siguiendo! ¡¿Qué quieres de mí?! ¿Quién eres?
De un segundo al siguiente, aquel que estuviera vigilándolo comenzó a correr dándose fuga entre la maleza del lugar. Light no se quedó atrás, su cerebro lo obligó a arrojar la linterna para reducir peso y salir corriendo lo más rápido posible, en una mezcla entre agresividad, temor e histeria.
―¡Detente ya! ―gemía al tiempo que ingresaba al monte que se hacía presente a un lado del cementerio.
Corrió entre arbustos y ramas, pisando piedras, plantas y todo lo que se le cruzase por el camino. Varias de ellas rasgaron su camisa blanca, la piel de su rostro, la tela de sus shins, su brazo enyesado comenzaba a doler por los movimientos bruscos…
―¡Detente! ―estaba oscuro y no veía a quien corría delante suyo, huyendo de él, aun así, el sonido de sus movimientos, las pisadas… dedujo que pertenecían a alguien de contextura grande.
Se había alejado demasiado del cementerio, estaba del todo dentro del bosque.
El lugar comenzaba a ser pantanoso e iba perdiendo la velocidad, quien fuera que lo estuvo vigilando todo aquel tiempo volvía a escabullirse de sus manos, corría demasiado rápido en comparación con Light y parecía conocer el lugar a la perfección ya que no erraba ningún paso.
Ya comenzaba a agitarse y no creía poder continuar, hacía todo lo posible pero sus pies ya no pisaban tierra firme, era una masa de lodo y Light sabía que si continuaba persiguiendo a quien estuviera delante, acabaría embarrándose en el fango.
De repente su cuerpo se desplomó sobre el suelo, embarrándose de tierra la cara, el pecho, sus piernas, todo. Cayó con brusquedad, doliéndole hasta el tuétano. El espía había desaparecido, había sido muchísimo más ágil que él y ya no estaba siquiera en el radar intelectivo de Light.
Tosió aquella tierra que había entrado a su boca, degustando un sabor amargo y repulsivo. Intentó ponerse de pie nuevamente para contemplar el lugar donde se hallaba (pero de algo podría estar seguro: se encontraba demasiado lejos del cementerio).
No recordaba haber hecho tanto ejercicio desde que había ingresado a la Isla, aquella corrida lo dejó con ambas piernas temblequeando. Tomó todo el aire que había perdido y tragó espeso. Estuvo a nada de atraparlo.
¿Quién era? ¿Qué quería?
Ahora podía estar seguro de que no se trataba de su imaginación, era real, eso significaba que no estaba perdiendo la cabeza, esa cosa realmente la traía con él, y había estado observándolo detrás de los fangos aquella primera vez que logró verlo, y nuevamente estuvo bajo la cueva, vigilándolo por segunda vez. Como si hubiese sabido que sería él quien bajaría hasta allá.
¿Cómo?
Quiso quitar su pie de aquel objeto con el cual había tropezado, más al voltearse se encontró con la luz de la luna iluminando frondosamente el rostro de un cadáver. Gritó de manera escabrosa, haciendo bullicio tan solo durante un par de segundos, y se alejó arrastrándose por el piso hasta estar en una distancia considerable. No se había percatado de haber cubierto su boca con ambas manos, en un afán aterrorizado.
Se trataba de una mujer, cuyos ojos azules estaban bien abiertos al igual que sus labios, ya de un color blanco y con la piel de un tono verdoso, despidiendo aroma putrefacto.
Light comenzó a dejar fluir sus instintos, diluyendo su miedo interno. Se acercó lenta y suavemente al cadáver, viéndolo de cerca, sacándole detalle, hasta tener su rostro frente al rostro de aquella. Observó nuevamente aquellos rasgos en su cara, el cuello, sus pechos, su estómago, su sexo y sus piernas.
Con su mano, temblando mas que nunca, se atrevió a tomar un mechón del cabello rubio y largo de la ya fallecida. Lo palpó con sus dedos. Estaba consciente de que la escena del crimen no debía ser tocada por absolutamente nadie pero esto era un caso particular, además las huellas digitales de Light ya habían impregnado el cuerpo al haber tropezado con éste.
Si el cadáver mantenía el cabello en su sitio era porque se trató de una muerte reciente.
¿Qué hacía ese cuerpo en medio del bosque? Por su cabeza mórbida pasaban miles de ideas pero la más convincente decía que aquel que lo vigilaba había dejado caer el cadáver para correr más rápido y así huir de él en cuestión de segundos.
¿Entonces, el cuerpo de esa mujer había sido desenterrado por esa cosa? Probablemente. No era factible dejarse llevar por una única teoría pero con el susto que llevaba consigo era lo único que se le ocurría, casi siquiera podía pensar claramente, sus nervios le habían atorado la garganta y estaba dejándose llevar por su instinto.
Se quedó allí, estático, mirando al cadáver, sumido en la oscuridad del bosque.
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Colocó otra cinta de video en la casetera, la cual fue reproducida al instante por uno de los televisores que tenía en frente, más de cincuenta.
Se hallaba en la base de comando desde hacía largas horas ―sino días―, chequeando una y otra vez las imágenes que capturaban las pequeñas cámaras de vigilancia colocadas en cada calle, cada rincón de la Isla.
Elle pidió exhaustivamente que la organización estatal que le proveía aquellas cintas de video, fuera tan amable de colocar cámaras de vigilancia también en el cementerio, aquellos hicieron lo que el inglés pidió y ahora el noventa por ciento de la Isla estaba siendo observada por Elle. Claramente, quedaban fuera de observación las viviendas privadas de los isleños y aquellos lugares pantanosos que resultaban imposibles de adentrarse.
"―Me temo que no podremos penetrar en los pantanos para colocar cámaras, lo lamento".
Eso era exactamente lo que le había dicho el director de la empresa más grande de "filmación y vigilancia" en Naha. Dijeron que cooperarían hasta donde el clima del lugar se los permitiera, y los pantanos eran lugares peligrosos para andar merodeando y colocando o quitando dispositivos de video.
Elle no tuvo más remedio que aceptar, pero eso era por ahora; cuando pasaren algunas semanas más volvería a insistir con que se colocaran pequeñas cámaras en los arboles más altos de los bosques que rodeaban la isla. Así tendría la seguridad de estar filmando en un noventa y cinco por ciento el lugar.
Por ahora, el moreno pretendía conformarse pero, le resultaba un tanto desalentador que no pudiera ver en vivo y en directo las filmaciones, es decir, cada día a la medianoche la empresa de videos le entregaba a Elle más de cien filmaciones de todo lo que las cámaras lograban captar en el día. Luego, el pelinegro debía reproducirlos y verlos una y otra vez al día siguiente, es decir que estaba un día atrasado… Elle quería ver lo que ocurría en vivo, en directo, ya ¡ahora! ¡Mientras se filmaba! No quería tener que esperar a que le cedan los videos para poder ver si "algo extraño" aparecía en las cintas del día anterior.
Era un detalle que para muchos podría llegar a ser insignificante (como aseguraron Noami y Giovanni, después de todo solo se atrasaba en 24 horas), pero a Elle le molestaba no conseguir lo que él pedía, sobretodo porque si ocurría alguna desaparición, él se enteraría al día siguiente y no podría hacer nada por detenerlo. De veras que eso lo ponía de muy… muy mal humor…
Quitó la cinta número 66, buscó entre el amontonamiento de casetes hasta hallar la 67 y la introdujo en la video. Se trataba de una filmación de una de las calles de la Isla, daba hasta un callejón, la mayor parte de las filmaciones en antros oscuros mostraban adolescentes hormonados besándose y… a veces hasta más que eso (y otras veces siquiera se trataban de adolescentes); pero no era algo que fuese a elevar un mísero cabello de Elle, estaba más que acostumbrado. Lo único de lo que podría llegar a estar bastante aquejado, era el hecho de haber dejado claro a las autoridades de la Isla que impusieran toque de queda para todas las edades a partir de las ocho p.m. Todos los negocios, comercios, discotecas, etc; debían permanecer cerrados a partir de esa hora; aun así, gracias a las filmaciones, podía ver que la mayoría de las personas no hacían ni pizca de caso, y varios comercios aun mantenían sus carteles de "abierto"…
…Como si esas personas aun no se hubieran percatado que un cuarto de la población en la Isla había desaparecido.
Peor malhumor comenzaba a atestarle.
Puso en pausa la grabación y husmeó dentro del paquete de cigarros, pero para su mala fortuna ya se los había gastado todos, y tanto tiempo allí dentro encerrado, solo y con los ojos vidriosos de ver la pantalla brillante de aquellos televisores, lo impulsaron a tomar las llaves de un automóvil estacionado en el garaje del edificio.
Chequeó su reloj de muñeca: 7 p.m. Al día siguiente ya no contaría con todo el tiempo del mundo, debía visitar a Mello, lo había dejado un tanto abandonado. Además, continuaba con todo aquel lío de Norrix y River en la cabeza, era mejor empezar a cosechar pistas cuanto antes posible, si lograba sentenciarlo a perpetua por el homicidio de Watari y la involucración en el asesinato del padre de Mello, sería ideal. Pero por el momento debía abstenerse a tener como mínimo dos casos que resolver en su cabeza (pero el más importante era aquel donde estaba Mello metido).
Abandonó la base, caminó apresurado por los pasillos, estuvo a punto de salir por la entrada del edificio cuando Giovanni lo tomó desprevenido.
―Elle, tengo a alguien que quiere platicar contigo ―dijo con el rostro cansado, frustrado. Se acercó al moreno y le habló en voz baja cerca del oído―. Me tiene las pelotas por el piso, es insoportable, ya le he dicho que no rotundamente pero se encaprichó con querer verte.
―¿Quién es? ¿Dónde está?
―En el pasillo de espera. Es un niño de apenas diecinueve años, estudia fotografía y video-rodaje en una de las universidades privadas de Naha, ya va por el segundo año y le falta otro para recibirse, le pedí que continúe con sus estudios pero está empecinado con meterse en esta investigación como fotógrafo, dice que aumentaría el rango de su curriculum y que le daría más prestigio.
―Ya somos un batallón aquí y tenemos nuestros propios fotógrafos, no lo necesitamos.
―Se lo he explicado pero está empecinado en verte. Cuando le dije que yo no era quien comandaba la investigación, inmediatamente desvalorizó mi palabra y me pidió… ¡me exigió… verte! Quiere hablar contigo.
―¿Diecinueve añitos? Es demasiado pequeño ―dijo, no muy seguro―. Am… ahora estoy un poco apresurado, y tengo demasiado trabajo por seguir, tendré que quedarme hasta tarde. Yo no puedo atenderlo, intenta ser más severo en su postura y pídele que se marche a casa.
―Ya lo he hecho más de cinco veces y no me escuchó, enserio que es súper cabeza dura, quiere verte y no se irá si yo lo echo, debes hacerlo tú.
Elle rascó sus cabellos negros con fatiga, pensando en la mejor manera de no herir los sentimientos del pequeño. Se acercó hacia la puerta del pasillo y husmeó a través del recuadro de cristal a la única persona que estaba sentada en las butacas de espera: se trataba de un joven rubio, gordito y con aspecto rechoncho, de tez muy pálida y un par de ojos inmensos color turquesa (a pesar de la distancia se le veían a la perfección).
―De acuerdo ―desistió, poniendo sus ojos medianamente en blanco. En serio que estaba apurado por terminar de ver los casetes que le quedaban aun, no quería seguir perdiendo el tiempo―. Tzzz… no quiero tener que ponerme duro con él si se pone en pesado.
―Pues vas a tener que serlo porque es inmensamente cargoso, desde ya te lo advierto, y bastante caprichoso, por lo que se deja ver ―Elle sonrió a medias, era un niño aun, tan solo diecinueve años no había madurado, era prudente que su comportamiento fuese así, no lo culpaba para nada―. ¿Era muy importante la compra que ibas a hacer?
―No para nada, solo cigarros.
―¿Quieres que vaya yo por un par de paquetes?
―No, Giovanni, no te preocupes. Esto solo tardará un par de minutos nada más, iré yo por ellos, luego.
El moreno se despidió con un "de acuerdo", y Elle ingresó a la sala de espera, al parecer aquel muchacho estaba tan concentrado en sus pensamientos que ni siquiera notó el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose.
Se acercó caminando hasta él hasta tenerlo en frente. Le tendió la mano en forma de saludo, y el muchacho elevó la vista.
―Elle, coordinador de la investigación ―se presentó, con voz inexpresiva al igual que sus gestos faciales.
―Oh, mucho gusto, señor ―reaccionó el adolescente luego de unos segundos, frenético, y no era para menos: el pelinegro era de esa clase de personas que no lucía encajado en el puesto que cubría, tal vez por su aspecto desbaratado. Se puso de pie en un instante y apretó la mano de Elle―. Mi nombre es Adam Prince. Estudio fotografía en la Universidad Privada Escarlata.
Sonreía de manera gustosa y lucía bastante emocionado.
―¿Adam Prince? Tu nombre no es japonés, ni tu aspecto ―los orientales no solían ser naturalmente rubios, como lucía este muchacho, al menos el noventa y cinco por ciento de la población japonesa que Elle conocía, se podía decir, que eran morenos.
―Oh, no, no, no. Mi familia es australiana, decidimos mudarnos con mis padres y mi hermana menor hace cinco años atrás, yo terminé mis estudios secundarios en esta Isla y ahora voy por mi segundo año en la Universidad.
―Pues, me alegro que estés a gusto aquí ―chequeó su reloj de muñeca―. Menuda hora has decidido para venir a dar una entrevista de trabajo, que ni siquiera he publicado. Ya ha anochecido.
El muchacho, al ser de piel tan clara, tomó el color morado en sus mejillas inmediatamente.
―Am… yo… estoy aquí hace bastante tiempo, me ha atendido un sujeto alto, platicamos mucho y se nos fue la hora en ello ―Elle percibió que el habla del joven era fluida, parecía estar listo para dar una respuesta coherente a preguntas espontaneas de desconocidos.
―Ya veo. Te invitaría a mi oficina personal pero, estoy un poco corto de tiempo en este momento. Siéntate unos minutos que quiero platicarte: escucha con atención, en este mismo instante no estamos precisando de fotógrafos…
―Pero si aquí son todos criminólogos, según lo que he oído ―luego de largar la acotación, el muchacho enrojeció como rábano cuando Elle lo miró con los ojos bien abiertos, obligándolo a sentirse completamente fuera de lugar por haberlo interrumpido―. Lo lamento… Dios, soy, tan torpemente impulsivo, enserio, lo siento mucho, no quise… continúe.
―De acuerdo, daré por alto lo que acaba de pasar, no quiero ponerte nervioso, la cuestión es que esta investigación, al igual que todas las que son llevadas a cabo por ordenanza de la Interpool, está financiada por el presupuesto estatal japonés. Si yo llegara a colocar a una persona de más, que no ha sido prevista por la ordenanza, entonces ellos no te pagarían un sueldo ¿comprendes? Porque no fue decisión de ellos que estuvieras, sino mía, es decir, tu dinero saldría de mi bolsillo y yo deberé hacerme responsable por ti, ¿comprendes?
―Pero le juro que no será dinero arrojado a la basura, deme una oportunidad por favor, enserio, prometo que daré mis mayores esfuerzos, soy espectacular con la cámara y tengo las mejores calificaciones de la universidad a la que asisto, nadie podría brindarle la imagen de una escena del crimen mejor a como lo haría yo, por favor…
Elle suspiró, cuando un niño comenzaba a rogarle de esa manera su rigidez comenzaba a flaquear, y el hecho de que fuera rubio de ojos claros le hacía recordar demasiado a Mello, (también su insistencia le hacía memorar a aquel otro, perdurar hasta obtener lo deseado).
―¿Alguna vez has fotografiado un cadáver decapitado o descuartizado? ¿Alguna vez has visto con tus propios ojos una verdadera escena de homicidio?
―Bueno… no en realidad, solo en las películas pero… ―Elle sonrió por lo bajo, no quería avergonzarlo, sin embargo el muchacho era persistente y eso templaba su humor―. Señor, enserio. No tiene por qué pagarme, esto lo hago con dedicación, es lo mío, lo disfruto no se imagina cuánto. Si usted pudiera darme aunque fuera una pequeña oportunidad yo le demostraría lo bueno que soy para esto, aunque sea póngame a prueba durante unos días, pero por lo que más quiera no me deseche así como así, por favor.
―¿Por qué justamente en este campo?
―Quiero especializarme en fotografía forense, enserio que es mi mayor sueño. Ni siquiera tiene que pagarme, yo daría lo mejor de mí, sin recibir nada a cambio, esto es lo que amo, ¡quiero estar aquí! ―volvió a repetir, obstinado.
Elle cerró los párpados, y respiró profundo.
―Escucha, sé muy bien que esto te interesa mucho pero, yo no podría utilizarte, ¿entiendes? Jamás te haría esforzarte sin pagarte nada a cambio, eso nunca, sería aprovecharme terriblemente.
El muchacho sí que tenía el acento picado, Giovanni no había mentido, ¡era tremendamente porfiado! Miró el reloj: se hacía tarde y quería sus endemoniados cigarros… y tenía que terminar de ver las cintas.
―No lo desilusionaré, lo juro. Tan solo…
―¿Cómo podré estar seguro de que cuando veas un cadáver en condiciones realmente grotescas no te desmayarás, o tendrás pesadillas o ataques de pánico? Necesito personas formalizadas a mi alrededor, ¿entiendes? Una cosa es fotografiar la escena desastrosa de un accidente automovilístico y otra muy diferente es fotografiar muertes producidas por ritos satánicos, o cualquier secta que practique ese tipo de perversiones. ¿Podrías con ello?
―¡Por supuesto que sí! ¡Enserio que estoy dispuesto a dar lo mejor de mí!
―Para mí eres un niño todavía, no te ofendas pero así es como te veo, no quiero hacerte pasar malos momentos.
―No lo hará, señor. Lo juro. Por favor, solo deme una oportunidad, se lo ruego.
Inhaló profundo por tercera o cuarta vez en la noche. Aclarando sus pensamientos.
―Escucha, ya debo irme, tengo prisa; quiero que vuelvas a verme otra vez uno de estos días así podremos aclarar las cosas en mi despacho y con tranquilidad, ¿sí?
―Mañana a primera hora de la mañana estaré aquí, señor.
―No, mañana no, viajaré a Londres en la madrugada y me pasaré un fin de semana allá. Vuelvo el domingo en la noche. ¿Qué te parece lunes por la tarde?
El muchacho asintió gustoso y con una sonrisa de oreja a oreja.
―De acuerdo, lunes en la tarde estaré aquí, señor.
―Fue un gusto conocerte, Adam. Déjame pensar bien tu propuesta, ¿sí? El lunes te aclararé que decido hacer contigo. ¿Te has venido en carro?
―No, que va. El ómnibus me ha dejado a tres cuadras de aquí, no tengo automóvil. Planeaba irme nuevamente en bus o simplemente caminando.
―¿Vives en el conurbano de la Isla? ―el muchacho asintió―. Con las cosas que están pasando no me agradaría verte caminando solo por las calles. Yo me estoy yendo para el centro a hacer unas compras, te llevo.
―Oh, muchas gracias, señor ―volvió a sonreír, mostrando su perfecta dentadura blanca. Tomó su mochila repleta de materiales pertenecientes a la Universidad, o al menos fue lo que supuso Elle.
Caminaron hasta el garaje del edificio mientras continuaron conversando sobre el tema.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
No creyó que llamar al cuartel de policía federal de la Isla para que le secundase en la toma de pistas del cadáver recién hallado, ¡generaría tanta polémica!
Light miraba con desconcierto el amontonamiento de periodistas que no dejaban de bajar de sus camionetas, juntos con sus camarógrafos, micrófonos y video-filmadoras; buscando fervientemente a "la persona que halló el cuerpo". Light, mientras tanto, intentaba escabullirse por todos los medios para pasar desapercibido pero muy dentro sabía que tendría que atestiguar, ya que era el único miembro perteneciente al cuerpo de criminalística que se encontraba en escena para aquel entonces.
La policía comenzó a colocar las cintas de precaución alrededor del cementerio, y por sobretodo, cuidando que nadie ingresara a husmear la tumba recién desenterrada de donde extraviaron el cadáver de aquella mujer. Light supo desde un principio que se trataba de aquella tumba que había captado su atención ni bien ingresó al lugar.
Una vez que logró acaparar las pistas necesarias junto con el cuerpo de policía, una de las periodistas más desesperadas por atestarlo, se abalanzó sobre él y comenzó el bombardeo con preguntas.
―Johan, ¡enciende la cámara! ―le gritó a su camarógrafo―. ¡Rápido!
El joven que sostenía el aparato se apresuró a enfocar el rostro de la mujer para luego pasar al de Light.
―Que tal, soy Judi ―saludó, dándole un apretón de manos al castaño―. Mi compañero y yo pertenecemos al equipo de canal de noticias E-23, ¿no te molesta que te hagamos unas preguntas acerca de la manera en que hallaste el cuerpo, verdad? Será muy breve.
―No, claro que no me molesta, para nada ―asintió, desesperado porque no fuerte a notársele el yeso debajo de las mangas de la chaqueta; si descubrían que él había ido solo en carro hasta ese lugar y con el brazo lesionado, podrían multarlo, y sería el hazme reír de todos.
―Bien, Johan prepara para filmar ―sonrió la mujer, dándose la vuelta―. Por cierto, ¿Qué eres? ¿Qué representas aquí? ¿Perteneces a la policía?
―A la unidad de criminalística que fue traída desde Japón exclusivamente para este caso.
―Oh… de acuerdo ―asintió, al parecer no había estado informada de ese hecho―. Las noticias que se corrieron decían que se trataban de todos ingleses los que fueron escogidos para este caso, no sabía que también había japoneses investigando.
―Hay de ambos. Somos un grupo diverso ―dijo Light con una pizca de agresividad en la voz. La noticia le había caído como patada en el esófago, ellos también merecían merito de estar allí, al igual que los europeos. Era inevitable volver al mismo tema de siempre.
―Comienzo a grabar en 3… 2… 1… ―anunció el camarógrafo y dio la última señal con el dedo índice. La luz que despidió la misma filmadora, para iluminar con detalle los rostros de quienes tenía en frente, por poco y deja ciego a Light.
―Buenas noches a todos, estamos aquí en vivo y en directo reportando desde el cementerio central isleño, donde un agente perteneciente al cuerpo de criminólogos ha avistado el desentierro de un nuevo cadáver. Light… ―se volteó hacia el castaño, que se había quedado mutado luego de las palabras "en vivo y en directo", no estaba en condiciones de dar un reportaje en vivo con las fachas en las que se encontraba (creía que luego le retocarían la apariencia con un poco de magia virtual pero… ¿en vivo?), había caído de lleno sobre la tierra y mordido el polvo, temía haber dejado restos de pasto y ramas en su cabello a pesar de haberse aseado un poco con un paño limpio que le tendió amablemente un oficial de policía. Rogó para sus adentros que el camarógrafo no se dignara a filmar la mugre que llevaba impregnada en su traje―… a pesar de haberte visto envuelto en una situación peligrosa, has cumplido con tu deber, algo digno de admirar. Cuéntanos, ¿Cómo descubriste el cuerpo?
Le tendió el micrófono.
…
Conducía por las calles de la isla directo hacia el edificio con, finalmente, un cigarro encendido que pudiera aplacar un poco su cansancio. Había bajado al adolescente hacía varios minutos.
Veía como, a pesar de ser las siete treinta p.m. y aun con un frío que helaba las manos, las personas iban y venían por las calles como si nada estuviere ocurriendo, era increíble la falta de consciencia que tenía esa gente. Elle enarcaba una ceja mientras esperaba a que un semáforo en rojo volviera a permitirle el paso.
Estaba tardando demasiado, desvió la mirada hacia los tres comercios que se hallaban abiertos al otro lado de la calle: una talabartería, una tienda de artículos de oficina y uno dedicado a la venta de televisores y computadores.
Televisores…
Sus ojos se tornaron como dagas nuevamente hacia las pantallas de aquellos al notar que un muchacho castaño de tez blanca y aspecto sucio, estaba dando una nota en vivo, y por la inmensa cruz hecha de mármol que se encontraba detrás de Light, inmediatamente adivinó que se hallaba en el cementerio; no tenía idea si estaba solo o acompañado pero al parecer más periodistas se acercaban a él, colocando los micrófonos cerca de sus labios (varios micrófonos), eso podría significar que no había nadie más a su alrededor que pudiera dar la nota, por ende estaba solo. ¿Qué hacía solo ahí?
No podía escuchar nada de lo que se dijera desde el lugar en donde estaba, pero estaban transmitiéndolo en vivo, y siendo él, podría pedir la nota a los periodistas cuando quisiera. Le remordía la conciencia lo entusiasmado que se veía Light, ¿Qué habría encontrado? ¿Una pista interesante?
Sabía muy bien que no podía aparecerse en plena escena a interrogarlo y tenía sus debidas razones: la primera, por cuestión de principios; si Light halló una pista sugestible entonces era todo mérito suyo y él no tenía porqué molestarlo. La segunda porque siquiera él sabía cómo podía reaccionar aquel otro (la noche anterior el japonés le dio un tímido "gracias" por haberlo extraído de la cueva, aun así no era motivo suficiente como para intentar hablarle o algo por el estilo, Light podría reaccionar bien con su presencia como también podría reaccionar de la peor manera posible, esa bipolaridad ya se la había dejado bastante en claro a Elle. Y tercero y último motivo: había periodistas por doquier, y él jamás iría a mostrarse en público, eso significaba hablar para los medios, y si algo detestaba Elle, era dar testimonios antes de que ocurrieran los hechos, no le gustaba adelantarse.
Presionó el acelerador cuando el semáforo estuvo en verde y se dirigió, nuevamente, a la base de comando. Al día siguiente partiría a Londres, no le quedaba demasiado tiempo para chequear los videos que le faltaban.
…
―¿Entonces consideras que una de las pistas podría ser el hecho de que los cadáveres extraviados pertenecen a quienes fallecieron recientemente? ―cuestionó uno de los tantos periodistas que se encontraban formando un círculo alrededor de Light, e introduciendo su micrófono lo más cerca posible de su boca.
―Es tan solo una teoría que ni siquiera se ha planteado en grupo aun. No es que se haya confirmado, pero podría ser un dato de interés una vez que se haya investigado lo suficiente.
―Dígannos, Light ―comenzó otro periodista―, ya han pasado varios meses en que se ha dicho que comenzó la investigación de estos extraños sucesos que ocurren en la isla. ¿No cree usted que es el tiempo suficiente como para que ya nos estén dando, como mínimo, una lista de posibles sospechosos?
―Mira, eso no puedo respondértelo yo. Esa pregunta deberías hacérsela a quien comanda la investigación que es el encargado de coordinar y organizar lo que el grupo de criminólogos, y me incluyo en él, debemos hacer. Es decir, yo obedezco, no doy órdenes ―la respuesta había sonado fría y árida hasta para él, de haber estado en otro ámbito (y con personas menos serias) probablemente se hubiera oído de fondo un largo y pesado "uhhh". Había arrojado una bomba, en otras palabras, había dicho que quien "comandaba" no se trataba más que de un haragán, estuvo a punto de desear morderse la lengua cuando por su cabeza atravesó un pensamiento ególatra: ¿por qué habría de callar lo que es cierto? Norrix siquiera se aparecía por allí y cuando lo hacía volvía a desaparecer tan rápido como vino, y Riuzaky (lo llamaba de esa manera por costumbre más que por otra cosa)… bueno, habían avanzado un poco desde que vino, probablemente deba darle más tiempo.
Además, lo había salvado el día anterior, y Light podría estar enrevesadísimo con él por todo lo ocurrido anteriormente pero, aun así, tenía principios, ojo por ojo y diente por diente: si Riuzaky le salvó una vez entonces él le salvaría las papas del horno esta vez, ya no le debía nada… pero que no se confiara porque no siempre sería así.
Lo salvó… ¿Riuzaky?
Sentía en su corazón que se haría a sí mismo esa pregunta mil y un millón de veces durante lo que restaba de la noche.
¿Riuzaky, Elle o L?
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
La cena había resultado espectacular. El hecho de que todos sus compañeros, inclusive los ingleses, lo miraran con asombro y a la vez reconocimiento, le había parecido fantástico, fue un aliciente inmenso para elevarle el egocentrismo a todo tope. La comida le había caído genial.
Aun más extraño (pero no por eso menos desalentador), resultó el hecho de que Norrix le llamara al móvil para entablar una conversación con él y felicitarle gratamente por sus esfuerzos. Light no atisbó nada pero se preguntó varias veces como fue que el sujeto había conseguido su número telefónico. Aunque, pensándolo bien, él habría de manejar muchísima información, un contacto de móvil podría haberlo extraído de una empresa telefónica aliada.
―Me ha parecido espectacular lo que has hecho. Y te lo agradezco, cada vez más seguido tengo la sensación de que tú me serías de muchísima ayuda.
A Light se le infló el ego como un pez globo y una sonrisa triunfal apareció en su rostro.
―La verdad es que tampoco me costó demasiado.
―No me digas. El discurso que le diste a los periodistas fue fantástico, realmente te has sabido mover con una desenvoltura digna de alguien con experiencia ―anunció Brett―. Y ahora que lo pienso, debería ascenderte de puesto: en vez de mantenerte como simple investigador, podrías llegar a ser coordinador de datos, ¿Qué te parece? Después de todo has hecho un descubrimiento magnifico y te has arriesgado bastante en muy poco tiempo de lo que llevamos allí.
¿Muy poco tiempo… lo decía enserio?, pensó.
―Tres veces, no una ―se apresuró a decir Light con reincidencia―. He ayudado a Riuz… Elle, a conseguir muestras de cabello y también la vez que me rompí el brazo…
―¡Ah! ¡Lo había olvidado, el yeso! Ni se traslució en la pantalla de la TV, lo escondiste con la ropa; o tal vez yo presté demasiada atención a lo que estabas diciendo. Dime, ¿Cómo está tu brazo?
―Pues, ya ha pasado mucho tiempo y aunque a veces me molesta un poco creo que los huesos ya debieron haberse soldado con normalidad ―se sorprendía de sí mismo al estar hablándole a aquel sujeto como si se tratara de un viejo amigo que hacía mucho tiempo no veía. La verdad es que, dejando de lado cuestiones personales, se hablaba bastante bien con Norrix.
―¿Cómo es eso de que le has ayudado a Elle?
―Bueno, le entregué las pruebas de cabello que encontré para que realizara una prueba de ADN.
―No estaba ni enterado de eso, luego me comentas bien la situación, pero ¿y te las devolvió?
―No… él aun… no, no lo hizo. ―recién ahora, que Brett se lo recalcaba, Light recordaba aquel detalle.
―Pues creo que lo más apropiado sería darte una copia de los resultados, o los originales y que él se quede con una copia, es lo correcto, supongo; después de todo tú fuiste quien le proveo de las pistas ¿no es así?
Light se había quedado en blanco, había olvidado ese pequeño detalle, creía que Norrix estaba en lo correcto. Si Riuzaky (continuaba con su desgraciada manía llamándolo de esa manera) descubrió algo factible los últimos días gracias a la ayuda que él le había provisionado, lo más educado hubiese sido que le advirtiera sobre nuevos avances pero, hacía horas que no le veía la cara al inglés; tampoco estaba muy seguro de si iría a comunicarle lo que se hubiere descubierto con los análisis, Riuzaky era bastante… cerrado, ya conocía sus reacciones de memoria.
Riuzaky…
―Creo que tienes razón.
―Dejando de lado todo esto de Elle y volviendo al tema: realmente me has sorprendido, creo que tienes facilidad para esto, se nota a millas que es lo tuyo. Me encantaría hacerte una propuesta pero no es apropiado que lo haga por móvil. En unos días estaré nuevamente allá. Estate esperándome, enserio quiero hacerte una jugosa oferta. Debo colgar, nos estamos viendo.
…
¿Jugosa oferta?
Pues, luego de lo ocurrido con Dave, Matsuda y Aizawa, él no podría volver a dormir en aquella habitación, necesitaba urgente de un traslado, cuanto antes posible. Quería ducharse y necesitaba su ropa pero no estaba interesado en entrar a ese lugar y verle la cara a aquellos tres; por esa noche (y solo por única vez) dormiría en el coche con el cual condujo a hacer las compras, las cuales había depositado, sin ayuda de nadie, dentro de un gran cuarto de desván, reservado para aquella clase de cosas.
Y ahora que lo pensaba, el detalle insignificante de las pruebas que le cedió a Riuzaky se transformaba en una desesperación interior con cada segundo que pasaba. No quería admitir para sí mismo que se comportaría como un cabronazo si le exigía que le devolviera lo que le pertenecía, así como así, arrancándole las pruebas de las manos, pero no podía no sentir ese saborcito dulce que le palpaba en el paladar al imaginar cómo le arrebataba a Riuzaky objetos que son de su pertenencia.
Lo ocurrido le dejó con la consciencia picando en el aire. No quería tener que ir hasta allá, (aquel día se sentía con deseos de evitar hasta su sombra), pero no dar la cara sería de cobardes.
Cuando ingresó al edificio, luego de pensarlo bastante poco (ya que de lo contrario jamás se hubiera convencido), ingresó como si nada al lugar ―como últimamente estaba haciendo―. Tocó a la puerta del despacho pero lo atendió una voz femenina (aunque supuso desde un principio que ella estaría ahí, y más imposible le sería dejar de verla de manera despectiva).
El hecho de que ella abriera la puerta significaba de por sí que Riuzaky no estaba allí, sino Misora no se hubiera tomado ese atrevimiento, como si se tratase de su despacho. Light inmediatamente deseó marcharse y antes que hablar con la pelinegra prefería buscar por su cuenta al inglés, pero ella salió a su encuentro en pocos segundos.
―Yagami ―recordó su nombre, y lo oyó pronunciarlo de una manera suspicaz.
―Busco a Riuz… Elle ―se corrigió, cerrando los ojos durante unos segundos.
―Está muy ocupado y no creo que quiera que lo interrumpan, tiene mucho trabajo ―Light prefirió no ahondar en aquella frase y no mostrarse alterado.
―¿Dónde está?
―En serio, de veras que no quiere que lo interrumpan. Si lo quieres saber pues te lo diré, no es ningún secreto: está en base de comando, pero pidió que nadie lo molestara.
―¿Y cuándo es que se "desocupará"? ―al esbozar la pregunta notó el tono irónico que había utilizado, de manera espontanea.
Noami reaccionó con un mal gesto ante aquella manera de hablar de Light pero no dijo nada, solo puso mala cara.
―En la madrugada, unas horas antes de tomar vuelo a Londres. Volverá el lunes por la mañana, asique no creo que puedas hablar con él hasta esa fecha.
Light rezongó con un soplido abrupto de mal gusto.
―Escucha, nomás vengo porque debo exigirle las pruebas del cabello que le entregué ayer. Eso es todo, no tengo ninguna intención de entablar una conversación con él. Si eres tan amable podrías pasarle el mensaje.
―Que yo sepa aun no están los resultados de esa prueba, de ser así el laboratorio nos lo habría comunicado o enviado alguna notificación. Tampoco Elle dijo nada al respecto ―pensó, mirando hacia otra dirección que no fueran los ojos prepotentes del castaño―. Pero descuida, nadie aquí planea robarte nada, no es a lo que nos dedicamos ―estaba seguro de que esa frase había sido dicha por algo, dirigida hacia alguien, pero él jamás se había visto comprometido en algo por el estilo asique dudaba que se lo estuviera echando en cara directamente a él―, te prometo que ni bien tengamos los resultados iré yo misma a llevártelos.
Estaba a punto de reprochar sobre su palabra, pero se veía sincera y se oía del mismo modo.
―Ni bien lleguen… los quiero.
―Así será.
―Bien.
―Bien.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Estaba escandalosamente molesto. Había estudiado durante una semana y media, a todas horas, desde que se levantaba hasta que se acostaba, durante el desayuno y el resto de las comidas del día. ¿Un 9?
¡¿9?!
No podía haber errado en esa respuesta, es decir, la psicología era demasiado abstracta, no era fija, no como las ciencias económicas o políticas. El estudio psicológico podría tener muchísimas variantes, cambiaban las teorías de acuerdo al receptor que las escuchare, cada quien tenía un punto de vista diferente, ¿no se merecían todos sacar la mayor de las calificaciones? ¿Por qué ciertas personas tenían que tener notas más altas que otras? (personas a las que mejor ni recordar), ¿acaso algunos tenían pensamientos más reflexivos que otros? ¿Y mas reflexivos a opinión de quien? ¿De la profesora de psicología? ¡Esa vieja loca que no hace más que repetir a palabra exacta lo que dicen los libros! Mello realmente dudaba que esa mujer entendiera algo sobre psicología, todo lo que sabía parecía estar memorizado palabra por palabra, ¿Cómo alguien así, que no demostraba tener una pizca de razonamiento propio, puede calificar a un grupo de alumnos?
Además, no entendía la manera de calificar la psicología, cada quien tenía su punto de vista y todos habrían de ser correctos, ¿Qué haría que alguien fuese "mas correcto" que otros? ¿Qué factor, parámetro o variante escogería "la loca" –como Mello había empezado a llamar a su profesora- para determinar que Nate River tenía un pensamiento psicológico mejor que el suyo?
…
Iba caminando a zancadas por el pasillo del lugar, a ambos lados se encontraban las puertas de todas las habitaciones de los muchachos, y no lo había visto en la sala de estar de la Wammy´s asique lo más probable (sino seguro) era que se encontrara en su habitación, sin mantener contacto social con nadie (¿Cómo alguien que era considerado el mejor en la clase de psicología mostraba una patología inmensa: una aversión al contacto físico con otras personas, como si se tratase de una fobia? Ilógico, ¿verdad?; Mello no lo comprendía y no quería ni meterse en ese tema, podría causarle mayores defraudaciones).
Tocó a la puerta, no le respondieron. Insistió más de tres veces hasta oír su voz serena desde dentro, sin aquejarse por el ruido.
―Está abierta ―lo dijo con un tono desencantado, como si hubiese accedido a responder solo porque quien estuvo fuera insistió demasiado.
Mello tomó la perilla y no se inmutó en ingresar a aquel cuarto. Cerró la puerta tras sí y se extrañó al ver lo sucio que ese lugar se encontraba. Los directores de la institución habían dejado claro que cada uno debía limpiar sus desordenes. Varios platos (que alguna vez debieron tener comida sobre ellos) estaban a un lado del cuerpo del albino, que se mantenía sentado sobre el suelo de mármol lustrado y brillante ―lo único que relucía en aquel lugar además de la limpieza extrema de la blancura de Near―. Era increíble: la habitación parecía estar cayéndose a pedazos de mugre y el niñito albino siempre lucía igual: radiantemente blanco, pulcro, limpio.
―Wow… ―no tenía planeado decir nada sobre el aspecto de aquel lugar, y mucho menos sobre el de River pero, al estar allí, sus instintos biológicos de ira no pudieron contenerse. Además, aquel chico se lo veía inquebrantable, inimputable; si Mello podría llegar a hacer un comentario que pudiera herirlo, sería la gloria, pero sabía muy bien que eso no sucedería y esa era la misma razón por la cual no se abstendría de decir lo que pensaba, de todos modos, cualquier cosa que dijera (mala o buena) jamás podría afectar a Near―. Se nota que te has pasado tu vida amamantado por sirvientes y mucamas ―largó, con aspecto arisco.
No respondió, continuaba leyendo aquello que parecía tenerlo terriblemente concentrado. Mello se aproximó con cautela, como si se tratase de un bicho raro al cual era mejor tenerle espanto. Como supuso desde un principio, el hecho de que el albino no respondiera significaba que le daba poca importancia a sus palabras, a Near le encantaba jugar a la ley del hielo, eso lo había dejado en claro más de una vez, en sus pocos encuentros (y la cosa no solo era con él, en ese momento, sino que lo había visto hacerlo con varias personas ya).
―Necesito tu ayuda ―esbozó, intentando que sus palabras no tuvieran tinte de resignación―. ¿Qué respondiste en la pregunta número cinco del examen de psicología de anteayer? ―se había agachado de cuclillas frente a la espalda de Near, ya que aquel parecía obstinado en no prestar atención tampoco a su presencia―. Anda, no es por nada, realmente quiero saber.
―Siempre hay un justificativo para todo, no considero que estés haciendo esto por nada ―se dejó oír, tan silencioso que Mello debió hacer fuerzas para escucharle.
―Tú sabes por qué es, no hace falta que te lo explique ―rodó los ojos.
Todo pareció sumirse en un silencio incómodo. Los ojos de Near no le dedicaron ni un leve deje de importancia, aun así, habló, pero no lució molesto ni por un segundo, su rostro era siempre el mismo, Mello ya lo había estado observando mucho tiempo y siempre se hacía la misma pregunta: ¿practicaría la mejor manera de controlar hasta sus propios gestos? Porque jamás dejaba ver ni uno deslizarse sobre su rostro, ¡ni por casualidad!
―Tendrás que saber disculparme: no tengo memoria circunstancial.
Resultaba hasta gracioso la manera en la que se expresaba con las palabras, como si se tratara de una enciclopedia viviente, todas las frases parecían extraídas de libro, a Mello le daba la impresión de que las preparaba con conducencia antes de pronunciarlas, no podrían ser espontaneas.
Una respuesta idéntica, proviniendo de alguien que no fuere River, hubiera sonado extraña: como si intentara provocar en Mello una reacción alterna, como si intentara demostrarle al rubio que no se sentía superior, porque el albino parecía saber muy bien lo que pasaba por la cabeza de Mello, no hacía falta conocerlo de cabo a rabo, su rostro era transparente como el agua.
Pero la frase en Nate fluyó natural, como la corriente. Mello no se molestó por el doble sentido que pudo haber tenido esa oración porque no estaba convencido que el albino la hubiere dicho con mala intención, y si así era, entonces Nate lo encubrió muy bien porque al menos él no lo había notado.
―Si no recuerdas la pregunta entonces supongo que tampoco recordarás la respuesta ―dudó.
―A decir verdad, todo lo que respondo lo hago con lógica, no plasmo directamente las palabras del libro que nos encomendaron, y suelo utilizar la razón para contestar. Si me haces la pregunta ahora, te responderé lo que pienso de ello en este momento, y te aseguro que será idéntico a lo que escribí en el examen.
No sabía si eran golpes bajos, o si lo estaba diciendo enserio. Esta vez sí parecía ir con intenciones de agredir, pero no dijo nada y se dedicó a poner los ojos en blanco, solamente.
―Decía: "¿Cuál es, a su consideración, la ley más importante que ha sabido crear el humano para llegar al pensamiento reflexivo?". ¿Qué pusiste?
―El lenguaje. De todas formas, no considero que sea esa la respuesta por la cual te ha bajado puntos ―había adivinado sin que Mello le dijera nada―, el enunciado especifica claramente "a su consideración" ―dijo, con un tono frío y escaso de cualquier tipo de emoción.
―Bueno, aunque no te lo creas te dejo en claro que de hecho… sí, ha sido esa por la cual perdí un punto. Yo puse la ley de la prohibición del incesto, pero quiero saber el porqué creyó que tu "consideración" fue mejor que la mía.
Near detuvo la lectura de su libro y elevó la mirada lentamente, meditando lo que estaba a punto de decir.
―La del lenguaje fue la primera ley creada, luego apareció la segunda más importante que es la que acabas de nombrar; aun así, la ley que provocó cambios en el pensar del humano fue la creación del lenguaje.
―La prohibición del incesto también creó cambios significativos, es decir: el humano pasó de ser instintivo, y de dejarse llevar por sus deseos carnales biológicos, a ser un ente reflexivo y pensador, utilizando la razón.
―Estoy de acuerdo, pero para poder haber llegado a ese extremo se debió utilizar un hecho que estuviera de por medio y que lograra recrear el pensamiento humano, y esa no es mas que la capacidad de hablar y comunicarse. Hablar de ciertos objetos que pueden no estar presentes, es decir: hablar de las cosas cuando las cosas no están, a través de adjetivos y sustantivos, ese fue el verdadero salto de lo instintivo a lo reflexivo, luego vino la prohibición del incesto, que permitió a las personas convivir en familias, en completa armonía ―Mello observó al albino con detenimiento, como si jamás hubiera escuchado a una persona decir tantas palabras en tan poco tiempo y manteniendo siempre el mismo nivel de voz, y el mismo tono despectivo (que en Near salía tan espontaneo…)―. Considero ese tu error: prohibir el incesto permitió la comunidad, el reemplazo del pensamiento biológico. En cambio, el nacimiento del lenguaje creó la capacidad de pensamiento reflexivo. De todos modos, la profesora erró peor aún al poner "en su consideración" en la consigna de la pregunta. Esa palabra no deja margen a que la respuesta pueda ser calificada, porque es subjetiva.
Mello chaqueó la lengua.
―¿Crees que está mal mi respuesta?
―Sí ―afirmó sin inmutarse―. Pero como dije antes, ella permitió una opinión, no debió haberla calificado.
―¿Debería quejarme? ―preguntó con sus pupilas idas en su pensamiento.
Near quedó callado, retomó la lectura del libro y respondió largos segundos después, cuando ya todo había quedado en completo silencio.
―Aun no soy consejero.
Mello arqueó una ceja.
―No, por el momento solo eres maleducado.
―¿Por qué? Te he respondido a ambas preguntas.
―Aun así, desde que vine aquí no te has dado la vuelta siquiera para mirarme a los ojos, eso es de maleducado ―alzó la voz.
―¿Querías que te respondiera o que te mirara a los ojos?
―La gente normal hace ambas al mismo tiempo ―rodó sus iris jade como quien no le da importancia a la cosa.
―Ya veo ―dijo, atrapando un mechón blanco en su dedo índice.
Mello se puso de pie, no sin antes haberle dado las cordiales "gracias" (con tono despectivo, por supuesto) por haberle dedicado un minuto de su tiempo a responderle.
Siquiera un "No hay de qué", "por nada", "regresa cuando quieras". No sabía si en serio lo hacía a propósito para generar chispa o si, por el contrario, Near tenía menos tacto social que una oruga... se inclinaba por la segunda.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Inmediatamente, al día siguiente, su tutor se apareció en la Wammy´s dispuesto a pasar otro fin de semana con él. El viernes por la noche fueron al cine y vieron un film de terror, la verdad es que Elle prefería los de drama pero accedió a la propuesta de Mello y le permitió ingresar a una cinta apta para mayores de dieciocho años : sangre, hachazos, gritos, desnudos (y demás sugestiones a las cuales Mello acabó teniendo un tanto de incomodidad y pudor de estar viéndolas con Elle, pero el adulto estuvo con un rostro tan serio durante las escenas de sexo ―y durante, prácticamente, toda la película―, que el niño acabó apaciguando su morbo).
Mientras veía la cinta, no podía dejar de pensar en las incongruencias que tenía la mayor parte del guión, los actores no sabían interpretar bien las emociones de sus personajes y hasta caían en lo ridículo en varias escenas que tendían a ser emocionales (o al menos emoción era lo que se intentaba ―pero no se llegaba― a transmitir). Lo único que disfrutó del film, a medias, fueron las escenas eróticas (pero cayeron en la estupidez por la reiterada y patética falta de sentimiento del guión), pero no por nada le habían llamado la atención, los planos de los cuerpos desnudos eran patéticos y lo que salía de la boca de los personajes también, la verdad es que el hecho de haberse quedado pegado a la pantalla durante esos sucesos tenía más que ver con su falta de actividad sexual los últimos meses, que porque realmente le interesara lo que estaba viendo. Hacía mucho tiempo que no recibía una caricia insinuante, y eso estaba pesándole bastante. Tenía tanto enredo en la cabeza con el tema de Norrix y al mismo tiempo debía procurar avanzar en Japón, y lo más importante: cuidar de Mello. Sentía que no le quedaban minutos ni siquiera para un encuentro casual de corta duración. Ya estaba experimentando los primeros síntomas del cansancio feroz.
Al acabar el film llevó al niño a un centro de comida rápida y no faltó mucho para que terminase durmiéndose en el asiento del coche.
El resto del fin de semana resultó de lo más tranquilo. Antes de que Elle se marchara le preguntó a Mello sobre la vida en la Wammy´s, las actividades recreativas, como le estaba yendo y si había hecho amigos.
Al parecer, todo estaba saliendo más que bien, salvo un pequeño detalle:
―¿River?
―Sí, River, super egocéntrico.
―Pues, simplemente esquívalo, eso es todo. Si alguien no te agrada, no le prestes atención.
―Es que, no es que lo conozca del todo, a decir verdad lo único que me molesta es que no lo veo estudiar nunca de una manera exhaustiva como hago yo, y siempre le va… mejor que a mí. Y, para colmo, en una semana tendré otro examen de psicología en el cual, seguramente, me volverá a ganar.
Elle se quedó meditando en ello.
―No te fijes en él, dale poca importancia. Y ya te he dicho que no debes sobre-exigirte a ti mismo, no reemplaces horas de sueño y de comida solo porque los nervios te juegan en contra, estate tranquilo.
―Pero me gustaría, aunque fuera una vez, ser el mejor de la clase. Considero que me lo merezco.
―También yo, pero no quiero que te frustres por algo tan ambiguo. Tú relájate.
Mello chasqueó la lengua y dedicó su atención en otro tema. Elle conducía el automóvil, silencioso y mirando hacia adelante, sin perder la vista del frente. A pesar de haber pasado un fin de semana maravilloso a su lado (como siempre), notó que Elle no estaba como otras veces lo había visto, parecía tener las neuronas puestas en otra cosa porque, la verdad, es que desde que había llegado a Londres no hablaron demasiado, apenas tocaron temas triviales. Y, por si fuera poco, Mello esperó que ante alguna actitud poco madura de su parte, Elle le respondiera con una de sus anécdotas o con esas historias que le contaba sobre niños similares a él, sin embargo el moreno lo había regañado ya tres veces, y de una manera poco tierna, y no es que no se lo mereciera pero Mello sentía que se debía al estado anímico de su tutor, parecía estar irritado por alguna cuestión que se escapaba de sus manos.
Ya dado por finalizado el fin de semana, y durante el camino de regreso a la Wammy´s, el pequeño rubio bajó el cristal de la puerta del coche y se entretuvo jugando a los escupitajos durante todo el viaje.
―No vuelvas a sacar la cabeza por la ventana, y ya te he repetido mil veces que no te comportes como un guanaco ―le dijo, con voz grave y temerosa. Mello subió la ventanilla en un microsegundo, se sentó de manera correcta en la posición de una estatua y dejó de hacerse el vivo con aquellas bromas por el resto del viaje.
Quería preguntarle si estaba cansado, eso podría estar afectando su tolerancia pero acabó sin juntar valor para hacerlo, claro que Elle no le contestaría de mala manera, y tampoco Mello se había sentido afectado por los regaños, simplemente le daba la sensación de que su tutor estaba un poco susceptible.
Cuando llegaron al estacionamiento, Elle continuó con el mal humor que había arrastrado esos últimos días.
―No comas tantas porquerías, ya no quiero verte con todos esos envoltorios de chocolates, te escariarás los dientes.
Mello se lo quedó mirando durante algunos segundos, la verdad es que sí estaba bastante lijado y no podía no sentirse mal ante la falta de tacto. Luego de que Elle le cargase las valijas hasta la habitación correspondida de Mello, el pequeño tomó de la manga de la camisa al hombre y se le abalanzó en un dulce abrazo.
―Te quiero demasiado, Elle.
Lo apretó con todas sus fuerzas. El hombre comenzó a acariciar los cabellos rubios de la cabeza que descansaba sobre su estómago, creía que el pequeño había crecido unas pulgadas el último tiempo.
Se sintió lleno con esa expresión de afecto y no pudo evitar disimular la sensación de vacío que crecía en su interior: Mello no era su hijo, no era sangre de su sangre, pero lo quería como tal.
Al ver sus ojos verdes iluminados, rozó su rostro con suavidad y correspondió al abrazo. Mello era un muchacho fantástico e iba encaminado por buena senda, sería un magnifico hombre algún día. Y no podía dejar de pensar que de no haberlo rescatado aquella vez, probablemente él estaría muerto ahora. La vida recompensa con lo mejor a aquellos que no se lo merecen en absoluto; él se merecía un hijo como Mello, y esperaba tenerlo algún día.
―Yo también te quiero de esa manera, sino más ―confesó, y fue suficiente para tranquilizar al niño―. Mantente concentrado en ti, ¿sí? No prestes atención a los demás.
Un último abrazo marcó la despedida, y Mello comenzó a reacomodar todas sus pertenencias dentro de la alcoba.
Elle recorrió los pasillos del lugar con un sentimiento abierto de nostalgia inundándole el pecho, cuando estuvo a punto de salir por la puerta principal, recordó a rajatabla lo dicho por el niño con respecto al ahijado de Norrix.
Le ganó la curiosidad cuando, sin permiso alguno (el cual no era necesario siendo él uno de los dueños de aquella institución) se adentró, sin aparentar prudencia, a la sala de profesores, donde se reunían todos y cada uno de los expedientes de cada alumno de la Wammy´s House.
Comenzó a buscar en los archivos de los exámenes psicológicos que se habían tomado desde que inició el curso y de inmediato encontró los dos que estaba buscando.
Near: 10. Calificación excelente.
Melo: 9. Nada mal.
Comenzó a leer las preguntas que se le habían hecho a ambos para ver dónde era que se encontraba el secreto de Near (si es que Mello dijo la verdad al decir que nunca lo veía estudiando demasiado).
Uno de los interrogantes fue:
"Mencionar distintos aspectos antropológicos relacionados con el Renacimiento".
El Renacimiento fue un movimiento europeo donde se reformatearon ideologías sociales, políticas y económicas que revolucionaron los pensamientos adquiridos durante la Edad Media. Se profundizó en todo tipo de saberes, uno de ellos fue el antropológico, donde se descubrieron las sensaciones experimentadas por el humano a través de la música, las políticas y la organización de los ciudadanos en una comunidad ética.
Respuesta lógica, breve y compacta. Near parecía ser objetivo y muy abstracto, seguía el típico curso de un texto explicativo al dar la información: comenzaba con la introducción del tema, le seguía la relación con lo establecido por la pregunta, y finalmente, respondía al interrogante con la conclusión. Era organizado en su redacción.
Leyó el otro exámen.
El Renacimiento fue un movimiento europeo en el cual se cambió el modo rígido de pensar, basado en mitologías y supersticiones inculcadas por la Iglesia, típico de la Edad Medieval. Ocurrió en Italia en el siglo XX y fue considerado uno de los movimientos más importantes de la historia humana. Se dedicó a adentrarse en los conocimientos que se consideraban morbosos, tales como dejar de creer en Dios y comenzar a utilizar la razón psico-reflexiva, cosa que causó el enfurecimiento de la Iglesia Católica. El ser humano se dedicó a las artes: la música, la pintura, la idealización del cuerpo humano (sobre todo el de la mujer) como objeto de veneración. Surgió el auge del psicoanálisis y culminó en una comunidad más abierta de mente y mucho más liberal y menos reservada que las generaciones pasadas.
No estaba nada mal, aun así consideraba que Mello era demasiado rebuscado, daba muchas opiniones a sus redacciones y acababa enredándose en sus propias palabras (no era del todo notorio, unas simples aclaraciones que no iban al caso, y que pudo haberlas quitado). Aun así, la respuesta era correcta, lo que fallaba era la manera de redactarla, parecía no tener introducción, desarrollo ni conclusión, como si las tres partes estuvieran entreveradas unas con otras.
Escuchó la puerta abriéndose unos segundos antes de que pudiera ocultar lo que estaba haciendo. Se volteó sin mucho entusiasmo, era la mismísima profesora de psicología que les había tomado el examen a los niños, la recordaba con añoranza: una mujer dulce pero no por ello menos estricta, también había sido su maestra en sus años de adolescencia en aquella institución.
―¡Elle! ¿Qué estás haciendo aquí? ―dijo, cerrando la puerta del cuarto y asombrada de la presencia del moreno, completamente solo en aquella habitación. No se la veía extrañada por su comportamiento, más bien parecía lucir emocionadísima y muy contenta de que él estuviera allí, tras tantos años sin verse―. ¡Oh, Dios mío! ¡Cómo has cambiado! Mírate, solo ¡mírate! Eres todo un hombre.
Él sonrió, la mujer adulta, ya de pelo entrecano y arrugas alrededor de los ojos (ocultas por sus gafas), sonreía con añoranza.
―¿Cómo estás Anny? Mucho tiempo sin vernos ―dijo, con voz aterciopelada.
―Me han comentado que has estado trabajando en el caso japonés, ese que está causando conmoción por todos lados.
―Así es.
―¿Y…? ¿Hay alguna noticia interesante?
―Por el momento se está comenzando, no es como si ya hubiere dejado patitas para arriba toda la investigación, faltan muchos huecos que llenar ―dijo, con pésame.
―Oh… bueno pero, tú eres tú, y sabrás solucionar el dilema lo antes posible y mejor que nadie, como siempre haces y siempre hiciste. Eres perfecto para esas cosas y lo sabes ―Elle arqueó una ceja, sonriendo a medias―. ¿Qué hacías? ¿Miras los exámenes que tomé la semana pasada? Fueron introductorios, nada más. Uno de los más importantes será la próxima semana y planeo que trate mayormente de temas más relacionados con las enfermedades mentales.
―Anny… ―dijo, mientras miraba el suelo con desentendimiento, y segundos después, volvía a clavar sus ojos profundos sobre ella―, necesito que me hagas un gran favor ―la mujer asintió rápidamente, gustosa―. No tomarás ese examen…
―¡¿Qué?! ―atisbó, sorprendida, y esta vez, sí de mala manera―. ¡Pero Elle, ya lo programé hace días! Los niños ya comenzaron a estudiar.
―No me refiero a que no tomes el examen, sino que no tomarás ese examen en particular ―la mujer frunció el entrecejo, sin comprender―. Escucha: la próxima vez que yo venga será dentro de dos semanas, por lo que no me da tiempo a que te dé en manos el examen que tengo planeado hacer antes de la fecha que has programado. Quiero que tomes uno que yo te enviaré por internet a tu cuenta de la Wammy´s en un par de días, ¿de acuerdo?
―¿Qué? ¿Tú prepararás un examen? ¿Por qué? ¿No confías en mí ni en mi programa de estudios?
―No es eso, créeme que no se trata de un capricho, y no es que se me haya cantado cambiar tu examen así porque sí, tiene una justificación muy importante para mí y necesito que cooperes, por favor.
―Pero no entiendo, ¿qué es lo que planeas hacer?
―Te lo digo solo porque confío en que no abrirás la boca ―la mujer asintió, un tanto ofendida pero bastante interesada en el asunto―. Estoy investigando, aparte de lo que sucede en Japón, a la familia de uno de los estudiantes de aquí, por tener antecedentes penales muy graves. Pero, para ello necesito de pruebas contundentes de alguien que haya visto u oído algo. Necesito dar con ese niño, sin embargo, por la forma de ser que tiene, ya lo he observado reiteradas veces, estoy seguro de que no contará nada si es que sabe algo, parece actuar con mucho miedo. El examen que planeo tomar podría darme pistas iniciales como para empezar a socavar el tema.
La mujer abría los ojos, pensando en la situación.
―Pero… entonces se lo tomarás únicamente a este niño, ¿no es así?
―No, lo rendirán todos los alumnos de la clase. Ahí está la clave para dar con la reacción que busco en el niño.
Si continuaba preguntando su cabeza acabaría siendo peor matete de información asique decidió abstenerse y no complicar las cosas, cuando pudiera ver de qué se trataba exactamente lo que decía Elle, tal vez se le aclararan mejor las cosas.
―De acuerdo, estaré esperando tu aviso. ¿No te sería mejor interrogarlo? ¿Tomarlo por sorpresa?
―No, eso sólo empeoraría las cosas, por el motivo que acabo de decirte: el niño actúa con miedo, y no dirá nada si le pregunto cosas privadas directamente, necesito hacer la coartada. Acabaré interrogándolo de todas formas, es que el examen me sirve como paso intermedio.
―Ya veo ―decía, a pesar de no entender demasiado lo que Elle explicaba―. Pero, recuerda no perder el tacto cuando atisbes al pequeño, después de todo, solo es un niño. Si no quiere hablar por miedo, no creo que sea bueno que lo presiones.
Evidentemente Anny no comprendía cómo eran las cosas, cuando las cartas están echadas la presión suele ser de mucha ayuda, sobre todo para obligar a los demás a no callar secretos. No tenía intenciones de causar un trauma en el niño pero ahora mismo había cosas importantes en juego, muy importantes.
―Anny ―la miró de soslayo―. He interrogado a niños miles de veces, y de edades menores a las de éste. Sé muy bien cómo hacer mi trabajo.
―¡Por supuesto que no dudaría jamás sobre ti! Solo intento ayudar.
―Descuida, será algo rápido. Pero necesito que cooperes.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Comenzó a caminar por los pasillos, dubitativo en cuanto a la propuesta que pretendía hacerle Norrix, se pasó la mañana entera pensando en ello e inventando mil y un supuestos diferentes, pero por lo que recordaba haberle dicho por móvil: "podría ascenderte de puesto", entonces, creía saber por dónde venía la mano.
Pasó una, dos, tres hasta ocho veces por el pasillo frente a la puerta del despacho de Norrix. Estaba ansioso por su llegada pero, más creía que el inglés aterrizaría a Naha en la tarde, o tal vez al día siguiente.
De todos modos, sabía que lo más probable fuere que durmiera en el asiento trasero de uno de los coches del estacionamiento, una vez más. Era eso o soportar el ambiente tenso dentro de la habitación que compartía con aquellos tres, y definitivamente, prefería el automóvil, aunque la noche anterior hubiere dormido tieso como tabla, y ahora tuviera que tolerar todos sus músculos inflamados por las contracturas.
―¡Light! ―oyó la voz de alguien reconocido, llamándole desde lejos. Las ondas hacían eco en las aristas del lugar. Pero poco a poco iba acercándose, cada vez se escuchaba con mayor claridad―. Light… ―lo tuvo al lado, casi con su respiración agitada chocándole sobre el rostro, al parecer había estado siguiéndole a las corridas. Sin embargo, el castaño, siquiera se dignó a mirarlo, como había estado haciendo el pelinegro con él durante todo el día anterior, ¿había algo de malo en estarle pagando con la misma moneda? Mantenía sus iris café, con petulancia, clavados en la pared de enfrente. No tenía la más mínima intención de platicar―. Anda, por favor… no seas tonto, sabes que Dave solo… es como es: un gran bobo. Yo no quiero tener que pelearme contigo si realmente no siento nada contra ti ni tu condición.
Se le calentó la sangre, comenzó a bullir. Y estalló antes de que pasara menos de un minuto ignorándolo.
―No fue eso lo que me dijiste ayer en la mañana.
Su voz acabó helando al moreno, quien negó con la cabeza.
―Lo he pensado… y… considero que es una estupidez todo esto, anda.
―¡¿Es enserio, Matsuda?! ¿Una estupidez? Estoy haciendo lo que ustedes me pidieron que haga, asique también pienso en ustedes. Si creen que mi orientación los daña de alguna manera entonces al alejarme los estoy cuidado de que "algo malo les pase", ¿no lo creen? ―no bromeaba, se lo notaba encabronado.
―Vamos… Light. No soy yo quien lo ha dicho.
―No lo has dicho, pero si lo piensas, me lo has dejado claro. Mira, Matsuda, no se trata de estar ofendido, hacerme el resentido, ni nada. Si realmente les desagrada, por las mil y un razones que pueden llegar a tener, no tienen la obligación de tener que hablarme o acercarse a mí, así como yo tampoco pretendo pasar más tiempo con ustedes.
―Convivimos todos en la misma habitación, va a ser imposible que ustedes dos no crucen miradas, y tarde o temprano tendrán que volver a hablarse. Y no creo que aguantes mucho durmiendo en un auto ―se había enterado, malditos; al parecer allí los chismes corrían más rápido que venta de pan caliente.
―Yo no soy el del problema, aunque Dave así lo crea. Mira, te seré sincero, él me parece un hombre fantástico así como tú y Aizawa, y si dice que mi "condición" le molesta entonces, ¡bien!, no tengo problemas con darle su espacio así como yo quiero mi propio espacio para no tener que tolerar estupideces como esa.
―¿Y qué harás? ―dijo, cambiando a una voz mucho más apagada, sin luz.
―Simplemente le pediré a Norrix que me conceda otra habitación, con todo lo que he hecho hasta ahora no creo que sea tan cara dura como para negarse ―estaba cruzado de brazos, con la espalda y la nuca apoyadas sobre la superficie de la pared del pasillo.
―Hablando de eso… no pude verte ni estar contigo mientras lo hacías pero, déjame decirte que me siento muy feliz por ti, tienes muchas agallas Light, se te vio muy bien por TV ―sonrió―. Aquí todos estábamos viéndote, incluso Dave.
El castaño giró su rostro lentamente y fue la primera vez, desde que comenzaron a platicar, que se dignaba a echarle una mirada; pero rápidamente la volvió a su sitio, fingiendo frialdad. Esa confesión de Matsuda pudo deberse a un real pésame como también a un sentido del materialismo, ahora que Light salía por TV y su presencia era importante, aquel otro planeaba acercársele.
No creía que Matsuda fuere esa clase de hombres, y tal como había dicho: lo consideraba de buena astilla; pero aun seguía sin tener intenciones de entablar conversación con él, más allá de que "lo hubiera pensado", o no.
―Gracias ―dijo, seco.
…
Las puertas principales del pasillo se abrieron lentamente, cuando Light creyó brotar muy en su interior de alegría por estar a la espera de Brett; sin embargo no se trataba más que de Noami Misora, la cual se acercaba a paso ligero hacia el castaño con un sobre marrón en la mano, de gran tamaño. No pudo disimular la apatía que sentía en aquel entonces, lo expresaba a la perfección con sus ojos negros.
―Aquí tienes, son los resultados del estudio de ADN ―se lo tendió en la mano.
―Los originales, quiero imaginarme.
Los ojos de la morena se abrieron shockeados, provocada por la insolencia del japonés.
―¡Claro que sí! Tal y como lo prometí ―Light puso sus ojos en blanco, restando importancia a las palabras de la mujer―. ¡Ah, no puedo creer que seas tan insolente! ¡Por lo menos dime gracias! ―anunció, con un gemido considerablemente audible, mientras el castaño se hacía el desentendido y miraba hacia otra parte―. Va, que mas puedo esperar de un pendejo.
Eso si había destapado cada uno de los puntos débiles en él, pronto se aventó contra ella, toreándola de una manera física que obligó a Noami a retroceder varios pasos, y fue Matsuda (que hasta el momento había estado callado, observando completamente atontado la belleza inglesa de aquella hermosa mujer de rostro pálido y cabellos negros que caían lacios sobre los costados de su cara, cubriendo delicadamente sus facciones).
―¡La única insolente aquí eres tú! ―le gritó. No la soportaba, la verdad sea dicha; y tenía ganas de darle una buena tunda pero, era mujer, y jamás iría a ponerle una mano encima a una señorita, aunque considerase que esa mujer era todos menos una dama.
Pronto vio el cuerpo del pelinegro entrometerse entre ambos, dándole la espalda a Noami y mirando fijamente a Light, impidiendo que pudieran insultarse y mirarse con deseos de matarse mutuamente.
―¿Qué vas a hacer, ah? ¿Pegarme? ―chilló ella.
―No, jamás te golpearía. Las mosquitas muertas como tú son olvidadas por cualquiera, no es necesario que te haga a un lado, tú misma ya eres un cero a la izquierda ―le dolió en el fondo haber largado tremenda frase, ni siquiera articularon entre sí aquellas las palabras en su cabeza, fue como si su lengua hubiese cobrado vida y se hubiera descargado con una corriente eléctrica.
―¡Light! ―gritó Matsuda, sacado de sus cabales por aquel comentario tan… extremamente desubicado.
―¿No que no estabas en mi contra? ―le gritó en la cara―. Te das vuelta más fácil que una media.
―¡¿Cómo no quieres que me meta?! ¡Te estás comportando como un patán!
El castaño se alejó de ambos rápidamente, como si el contacto con el pelinegro le produjera asco. Mantenía el odio palpando en su garganta como una angina del demonio. Comenzó a echarse a andar con el sobre en la mano y un rostro de desconcierto que ni él podía creer; se alejó de aquellos dos lo más rápido posible, omitiendo los mil y un insultos que iban dirigidos a ambos, sobre todo a Matsuda, por cara dura.
Una vez que Light hubo de desaparecer en el final del pasillo, y antes de que el moreno lograra reaccionar, Noami ya estaba encaminándose hacia la salida del edificio.
―¡Ey, espera! ―la sujetó de la manga del saco negro que llevaba puesto, arrugándoselo por el fuerte aventón.
―¡Suéltame! ―se quejó ella, haciendo esfuerzos por zafarse del agarre; pero Matsuda hizo una maniobra ágil que acabó por hacer caer de rodillas al suelo a la mujer.
―¡Oh, mierda! Lo lamento ―pretendió ayudarla pero parecía estorbarla aun más, ella lo quería lejos y daba manotazos para que la dejara en paz. Matsuda la volteó y quedaron frente a frente, ella aun arrojada en el suelo y él arrodillado a su lado, observándose los rostros de ambos con mínima de detalles.
Miró las pequeñas cicatrices rojizas que trazaban la piel de sus facciones, eran pequeñas y de lejos no se notaban pero al estar tan cerca se podía ver cómo millones de trazos abundaban sobre el rostro femenino, Matsuda juraba que se trataban de cicatrices causadas por algún corte (vidrios, chapas o lo que fuere, eran los rastros de tajos que alguna vez fueron graves, eso saltaba a la vista).
Estaba embelesado por su hermosura, por la delicadeza de su piel húmeda y sus labios sonrosados quebrajados por el frío que comenzaba a hacer en el ambiente de la Isla.
―¿Cómo te llamas?
Antes de que Matsuda pudiera siquiera esperar por una respuesta, Noami le dio un empujón en el pecho que lo obligó a caer de espalda sobre el suelo del lugar, movimiento digno de un agente del FBI, ya que el área golpeada había quedado doliendo gravemente; Matsuda apenas y si logró respirar durante unos segundos.
Logró zafarse como tenía planeado y sin más, se escabulló por las puertas del lugar, dejando a un pelinegro completamente adolorido… y pensando aun más en ella.
…
…
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
Voy a contestar unas preguntas de los coments:
¿Elle se sacó todos los piercings? Lamentablemente sí, todos XD.
¿Light es realmente homosexual? ¿Alguna vez le atrajeron las mujeres? Al menos en mi fic, Light tuvo relaciones sexuales con Misa, y no le agradó el acto. Pero, después también estuvo en una situación similar con Mikami, y tampoco le agradó. A Light le gusta tener relaciones con quien él quiere. No le gusta el sexo en sí, sino con quien lo hace. No puedo decir que sea totalmente homosexual porque él ve a las personas por su personalidad, y no por si es hombre o mujer.
¿Habrá lemmon L/Light? Yo prometí que iba a haber… y va a haber (aunque esté prohibido en XD).
Bueno, creo que lo mas importante lo conteste, alguna otra duda general que tengan me la hacen Espero les haya gustado el capitulo (capaz fue un poco pesadito porque se me hizo muy largo, no crei que me ocuparía 50 páginas Word XD).
Gracias por los favs; por comentar… y por el solo hecho de leer
