Bueno, como aún falta un día para saber más sobre Digimon. Time's chronicle os voy a seguir dejando con la intriga ocupándome de otro personaje... Jejejeeeee

Acabo de salir de la pelu (después de HORAS ahí esperando a que llegase mi hermana...) por lo que voy apretada de tiempo, así que no me voy a entretener demasiado. Sólo deciros que incluso un gran digimon necesita que otro gran digimon le dé...

TERAPIA

Alphamon continuaba su trabajo visitando a Kerpymon para recibir las últimas noticias reportadas por refugiados. Coincidían con todo lo que el resto de caballeros reales le explicaban.

Después de varios días sin demasiados cambios, Ulforce V-dramon había informado de un gran grupo amenazando el territorio de Magnadramon. Decidió presentarse personalmente en la batalla con Ulforce y Omnimon, sin forzar a los demás a malgastar energía tontamente, como pasó con ellos tres.

-Ya vuelves a estar a salvo, Magnadramon.

-Yo ya soy muy vieja para este mundo. Deberíais preocuparos más por los humanos que viajan en busca de los dioses –sermoneó la dragona rosada, haciendo que a los tres caballeros les cayesen grandes gotas mientras la miraban extrañados.

-Bueno, eres la última dragona del Digimundo. Y no podemos permitir que se apoderen de tus datos o tu digihuevo –intentó convencerla Omnimon.

-Y os lo agradezco, pero yo ya tengo claro que moriré pronto, por vieja, y me aseguraré de no dejar nada en este mundo que me vaya a hacer renacer –dijo la dragona.

-¿Pero cómo puede decir eso? Será una broma –la miró Ulforce V-dramon.

-No, jovencito. Cuando has vivido tanto como yo, y acabas encontrándote absolutamente sola, acabas cansándote de la vida.

-Pero de ahí a no renacer…

-No, no, señor. Mi tiempo en el Digimundo se ha terminado.

-Magnadramon, por favor, no sea así, que me desanima a estos dos –pidió Alphamon, negando con la cabeza. Pero la dragona les ignoró y marchó volando.

Otro de los dilemas de Alphamon llegó pocas horas más tarde de la mano de Dynasmon.

-Alphamon, ¿puedo preguntarte algo?

-Adelante –dijo indicándole que tomase asiento.

-Verás, no he podido evitar ser un fatalista –empezó a decir, derrumbándose antes de exponer todas sus preocupaciones y recuerdos de cuando servía a Lucemon −. ¿Y si vuelvo a caer en sus manos? ¿Y si logra viajar al mundo humano y lo destruye también? ¿Qué podremos hacer si sobrevivimos pero no somos capaces de hacer nada? ¿La guerrera del tiempo estará bien?

-A ver, Dynasmon, todo por partes. NO volverás a caer en los engaños de Lucemon; es IMPOSIBLE para un digimon de tu nivel permanecer en el mundo humano. lucemon no alcanzará el mundo humano ni ningún otro mundo; tanto los niños elegidos como nosotros se lo impediremos. Y Timy está bien, a salvo, rodeada, protegida y vigilada por los elegidos y por los dioses con los que se encuentran. No le ocurrirá absolutamente nada.

-Eso espero con todas mis fuerzas. Gracias por atenderme, de verdad –dijo antes de irse más tranquilo.

Todo eso no era lo único con lo que el líder de los Caballeros Reales tuvo que enfrentarse. La preocupación por el futuro de la guerrera del tiempo en esos momentos era algo que todos compartían sin excepción, algunos con más dramatismo que otros, pero lo que realmente hacía de ese hecho algo insignificante eran los problemas secundarios de cada uno de los miembros del grupo. Y para Alphamon, escucharlos a todos e intentar calmarlos era un trabajo agotador. Tanto que cuando llegaba al despacho de Kerpymon, lo hacía de mal humor.

-¿Algo nuevo, Alphamon? –preguntó Kerpymon mientras el Caballero Real entraba al despacho.

-Lo que daría por tener una bola de cristal para que los demás vean que todo va bien –protestó.

-A ver, cuéntame –dijo el gran conejo acompañándolo a una cómoda butaca.

-De primeras está Ulforce V-dramon, que sólo me encuentra digimons que desean morir para no renacer, como Magnadramon. Eso baja mucho la moral –dijo estirándose en la butaca y mirando al techo.

-Ajá –Kerpymon iba anotando en una libretita.

-Después tengo a Dynasmon y a LordKnightmon preocupados por el mundo humano del que proceden los elegidos. Les digo y repito miles de veces que no ocurrirá nada a ese mundo porque nosotros lo impediremos apoyando y brindando nuestra fuerza a los elegidos –continuó mientras el ángel anotaba −. Luego tengo a Magnamon, preocupado por su tamaño. ¡Pero es que se compara con Examon, que es gigantesco! Claro que él es poquita cosa a su lado…

-Magnamon… pequeño –escribió Kerpymon.

-Sleipmon se queja de que le utilizan para transporte. Y yo venga a repetirle una y otra y otra vez que no tiene nada de malo en ayudar a los demás cargando. Que hasta yo tengo que rebajarme y llevar a cuestas a otros. Y aun así, sigue quejándose.

-Entiendo.

-Craniamon no sé por qué, pero dice cosas demasiado siniestras sobre lo que piensa hacer con los Demon Lords. Hace que Magnamon salga corriendo muy asustado y todo –negó con la cabeza sin dejar de mirar al techo del despacho −. Gallantmon está muy preocupado por los niños elegidos. Desde que los vio abandonar la guarida submarina de Neptunemon que sólo reza para que estén bien.

-Neptunemon te refieres al dios, ¿no?

-El mismo. Pero bueno, Gallantmon pudo ver con sus propios ojos que están bien.

-Tienes razón –señaló Kerpymon con su pluma antes de volver a escribir −. ¿Qué más me cuentas?

-Examon es el peor… ¡Dice que se aburre! ¡Que le envíe a masacrar el escondite del enemigo! ¿Sabes el peligro que eso conlleva aunque midas territorio y medio, peses toneladas y tengas un arma poderosísima?

-Bueno, una vez que los elegidos y Timy tengan los medios para defenderse, se podrá hacer…

-Pero no tiene paciencia –gesticuló con ambas manos el Caballero Real.

-Comprendo –volvió a anotar Kerpymon en la libretita.

-Y ya el remate es Omnimon. Ahora le da por decir que a ver si se acaba esto ya y se puede enfrentar con total tranquilidad a mí. ¿Pero qué le he hecho ahora? ¡Si no le he negado nada de lo que ha pedido! Increíble, de verdad… No se les puede pillar a ninguno –suspiró cerrando los ojos.

-¿Y qué me dices de Duftmon? ¿Está tranquilo?

-Ése acabará con mi cordura –abrió de golpe los ojos Alphamon −. Es muy buen chico, gran estratega y hábil en el combate. Pero eso de que le tocase rondar el continente oscuro me lo está traumatizando. A ello súmale que me da que le gusta CrossTimemon y que ella le estuvo dando esquinazo todo el tiempo previo a que marchase con los humanos y los otros digimons… Es el que más se muerde los dedos de solo pensar que Lucemon se podría apoderar de ella.

-¿Los dedos?

-Uñas ya no les deben de quedar –le miró seriamente.

-Ah, ya… ¿Y tú qué piensas de todo esto?

-Que es la mayor locura de todos los tiempos. Tengo ganas de que todo termine para mandarlos a todos bien lejos, y rezar para no tener que volver a verlos…

-¿Una especie de jubilación? –preguntó Kerpymon, quien ya llevaba hasta unas gafas puestas.

-¡Jubilación no, que me visitarán allá donde decida retirarme!

-Entonces morir de viejo y no renacer, como Magnadramon.

-¡Exacto! Así seguro que me libro de ellos donde sea que mi alma vaya después de morir.

-Entiendo. Verás, Alphamon –dijo Kerpymon quitándose las gafas −, si no fuese por la situación del Digimundo, te enviaba ahora mismo al pueblo del comienzo, a despistar la mente de todos esos problemas. Pero por desgracia, los bebés, digihuevos y Swanmon han tenido que ser evacuados hacia una de las lunas. Y me interesa tenerte cerca, con los pies en la tierra. Así pues, tómate un chocolate bien fuerte y calentito y cada vez que venga uno de tus chicos con problemas o dudas, cuenta hasta veinte antes de hablarle. Te sentará bien.

-De acuerdo… Gracias por todo, creo que debería marchar ya hacia el Coliseo, por si llegase alguien… No he dejado ninguna nota –dijo Alphamon levantándose.

-Claro, claro. Tú ve y recuerda lo que te he dicho –se levantó también Kerpymon, acompañándolo hasta la puerta.

El gran ángel animal se quedó observando desde la ventana cómo Alphamon se iba, con una taza de chocolate en una mano, intentando no arrastrar los pies. Negó con la cabeza y observó las anotaciones de su libreta. Entre palabras y palabras, había varios dibujitos en los que se había entretenido.

-Bueno –suspiró y permaneció varios segundos en silencio antes de sonreír −. Tengo muchos datos interesantes aquí, ¡jo, jo, jo, jo! –las risas llamaron la atención de varios digimons que fueron asomando las cabecitas con cuidado por la puerta.

Por otro lado, Alphamon llegó con la taza de chocolate al Coliseo Real. Y allí, lo que se encontró fue a algunos de sus compañeros esperándole con informes y más preocupaciones. Suspiró, intentó concentrarse en todo lo que le había dicho Kerpymon y se dispuso, una vez más, a atender a todos y cada uno de los Caballeros Reales en la medida que le fuese posible.


Pues nada, otro de los empleos a medio tiempo de Kerpymon: psicólogo. Escucha los problemas y... bueno, aconsejar, aconsejar...

Alphamon: ¿Se puede saber qué planea Kerpymon con todas las notas que ha tomado?

Ni idea... A lo mejor se pasa al lado oscuro y se convierte en autor de fics...

A: ¿Con lo que le he dicho?

A saber... Podría montar comedias, tragedias, romances, dilemas o todo a la vez. El pobre se aburre bastante con su vida diaria...

Bien, dejando de lado a Alphamon y sus miles de preguntas... *volviéndome hacia el Caballero Real* ¿Qué tal si le expones esa duda de qué trama al propio Kerpymon?

A: Sí, es lo que tenía en mente...

Je, je, je... Ya se va... Bueno, pues como voy ajustada de tiempo y tengo cosas por hacer, aquí acaba el shot de hoy. Espero que os haya entretenido con la colaboración del gran Kerpymon. Os recomiendo que, de tener algún problemilla, acudáis a él... Aunque no prometo que luego no use los datos para montarse vete tú a saber qué peliculita ^^" ¡Saludos a todos!