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La promesa del idiota y la de la policía
Hasta que no vio a los niños en brazos de su padre, hasta que no los tocó y los llenó a besos, Kate no se dio cuenta de la enorme opresión que había contenido en su pecho. Sobre todo en las últimas horas.
Aún de pie en la puerta, se acercó más a Alexis y Mathew ―que seguían sujetos por Rick a cada lado de él―, y los analizó con atención. Primero alzó las manos de Mathew, las examinó deteniéndose en cada dedo, contándolos mentalmente. Después besó las palmas de sus manitas, deslizó una caricia suave en sus mejillas mojadas, palpando la piel en busca de heridas o cualquier cosa que le hubiera podido pasar, y cuando se aseguró de que estaba bien, repitió el mismo proceso con Alexis.
Fueron gestos inconscientes nacidos de una necesidad que no pudo contener. Quizás era una locura porque apenas había estado con los niños una vez, pero no lograba tolerar la idea de que ellos sufrieran. Necesitaba saber que estaban bien, tocarlos, besarlos y calmar sus llantos.
Aunque eso último lo consiguió de forma rápida.
En cuanto ambos niños sintieron las caricias delicadas de Kate, cuando ella besó sus lágrimas y sus frentes, ellos cerraron los ojos con sus boquitas entre abiertas. Y dejaron de sollozar. Aliviada por la tranquilidad recién adquirida de los dos pequeños, Kate acercó los labios a la coronilla de Mathew. Los dejó allí durante un largo rato. Inspiró con fuerza el aroma a colonia infantil del niño y cerró los ojos. Eso, tenerlos cerca, poder tocarlos, era lo único que necesitaba para recomponer un poco la opresión de su pecho.
Se conformaba con bien poco. Solo necesitaba saber que estaban bien.
Con una inspiración profunda, tomó algo de distancia para mirarlos con su ojo sano. Pero no era buena en eso de guardar distancia cuando se trataba de los niños.
― ¿Estáis bien? ―preguntó juntando su nariz con la de Alexis.
La niña asintió, pero la imagen de Gina corriendo hacia los niños no dejaba de reproducirse en la mente de Kate. Si la arpía esa hubiera alcanzado a los pequeños, si no la hubiera agarrado del pelo a tiempo...
La opresión en el pecho se acrecentó.
No, no podía pensar en eso. Lo principal en ese momento era calmar a los niños.
Pero cuando levantó la cabeza y vio a Rick, su mundo se vino abajo. El hombre al que amaba la miraba con la boca entre abierta, los ojos vidriosos y las mejillas llenas de lágrimas.
Dios, ¿había llorado y no se había dado cuenta?
― ¿Rick, estás bien? ―preguntó.
Él tragó saliva moviendo su nuez de arriba abajo, pestañeó y volvió a tragar.
―Por favor, dime qué te pasa ―rogó casi en un hilo de voz―. No lo guardes para ti, dímelo. Por favor.
―Estoy bien ―la voz de él surgió ronca, casi inaudible.
― ¿Seguro?
Alzó una mano hacia Rick para tocarlo, pero se quedó a dos centímetros de la mejilla de él. Quizás estaba incómodo con su cercanía, él la había ignorado durante semanas después de besarlo, no era tan descabellado pensar que detestara su presencia. Así que en vez de tocarlo como se moría de ganas por hacer, dejó la mano allí, quieta, pidiendo permiso con el pulso tembloroso.
Y su corazón se saltó dos latidos cuando él acercó la cara a la mano de ella, apoyando su mejilla húmeda sobre la palma.
―Solo me di cuenta de algo ―susurró él, y aunque ella no lo entendió, aceptó su respuesta porque ya no lloraba.
― ¿Estás seguro? ―preguntó acariciando el rastro de las lágrimas con patrones suaves y lentos―. Gina no te hizo nada, ¿verdad? Juro que si os hizo algo...
Él dibujó una sonrisa que la dejó sin palabras.
―Estamos bien ―prometió mirándola con intensidad―. No nos hizo nada, al menos nada físico. Solo exigió que le diera los capítulos que le debía porque me retrasé en mis entregas, así que me dio un ultimátum. También me gritó y me insultó un poco, pero no pasó nada más ―lo vio cerrar los ojos. Cuando los abrió suspiró largamente y dijo―: Tenía un poco de miedo de que pudiera cancelar el contrato, así que subí a mi despacho para escribir.
Podía parecer una tontería, pero el corazón de Kate revoloteó con pulsaciones a lo loco porque Rick le estaba hablando. Y lo estaba haciendo de algo que ella sabía que le costaba hablar: un miedo suyo. Algo que semanas atrás él quizás se hubiera guardado para sí mismo. Así que sintió una oleada de esperanza dentro de ella.
―Gina no volverá a ser un problema ―aseguró.
Rick hizo una mueca que Kate pudo palpar gracias a la mano que aún tenía en la mejilla de él.
― ¿La encerraste? ¿De verdad es una ase...?
No completó la frase. Referirse a Gina como asesina no era recomendable, no delante de los niños.
―Hablaremos luego de eso ―prometió Kate―. Pero no creo que vuelva a ser tu editora, y juro que no dejaré que se acerque a vosotros. Aun así, luego hablamos.
―Luego ―asintió él recargando un poco más su cara en la mano de ella, como si necesitara el contacto tanto como lo hacía ella.
Era de locos, después de días sin verlo, y de mentalizarse a ella misma de que Rick no quería volver a verla; este le sonreía con una mirada tan intensa, que se perdió en sus ojos.
Ella inclinó la cabeza hacia abajo haciendo que su pelo húmedo rebotara. Se debía de ver frágil con el ojo derecho hinchado, la piel pálida y el moratón en el mentón. Pero él la miraba como si nada de eso estuviera allí, o como si eso fuera extraordinario.
De repente, ella notó una presión en su pierna derecha.
Kate miró hacia abajo. E inspiró con fuerza al ver a Emery abrazado con ambos brazos a su pierna, llorando.
―Oh, cariño ―logró decir con un nudo en la garganta―. No llores pequeño oso.
Con suavidad, ella retiró la mano de la mejilla de Rick, se apartó a Alexis y Mathew y se inclinó para coger a Emery en brazos. Besó su frente, le limpió las lágrimas con una mano y junto la nariz con la del pequeño.
― ¿Mejor? ―preguntó, y el niño ronroneó en el hombro de ella.
Consiguió calmarlo en un tiempo récord. Pero de repente se acordó de algo, no había calmado a todos los niños. Levantó la cabeza para mirar a su alrededor con el ojo bueno. Al ver a los gemelos en brazos de sus abuelos, destensó los hombros y suspiró.
Estaban bien. Parpadeaban cansados, pero estaban tranquilos. Con una inspiración profunda que le dio el aire que había perdido, giró la cabeza con intención de mirar a Rick. Quería pedirle permiso para pasar, incluso tenía intención de rogarle poder pasar más tiempo con los niños aunque fuera tarde.
Pero él le sorprendió con un:
― ¿Quieres quedarte a dormir?
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Amaba a Kate Beckett. Rick se apoyó en el marco de la puerta de la habitación de sus hijos. Se llevó una mano al pecho y suspiró. La imagen que tenía frente a él le llenaba el corazón de una sensación que podía describir con solo una palabra: amor. La amaba.
Delante de él, en una de las tres camas pequeñas, más concretamente en la de Alexis ―la más cercana a la cuna donde descansaban los dos gemelos―, Kate dormía con la niña acunada en su hombro derecho. A su izquierda era Mathew quien estaba acurrucado. Emery descansaba sobre el pecho de ella, salivando sobre su camisa. Además, la detective tenía un brazo sobre los tres y el izquierdo alargado hacia la cuna de los gemelos, tocando los barrotes. Y a pesar de la posición incómoda el rostro de Kate se veía calmado, apaciguado, incluso feliz.
Mathew gimió entre sueños y Kate pasó la mano derecha por su cabeza en un gesto mecánico, como si tuviera un dispositivo que le avisara de las pesadillas del niño.
Amaba a Kate Beckett. No sabía por qué tardó tanto en darse cuenta, pero la amaba. Era un hecho.
―Es extraordinaria ―dijo su madre a su derecha, recordándole que no estaba solo―. No solo arrestó a Gina. Cosa que me encantó, por cierto. También volvió para ver a los niños, los calmó y los durmió. Tiene una ternura nata con ellos.
Rick inspiró con fuerza. Una picazón invadió sus ojos cuando recordó como los había consolado Kate, entre besos, abrazos y mimos. Luego, ella los subió a la habitación y les contó tres cuentos para que los niños sucumbieran al sueño. Pero ella resultó ser la primera en caer dormida, cosa que aprovecharon los pequeños para acomodarse alrededor de ella y cerrar los ojos con una sonrisa que aún conservaban.
―Se la ve cansada ―volvió a comentar su madre―. Hiciste bien en invitarla a dormir, aunque si no lo hubieras hecho tú, estoy segura de que tu padre la habría invitado.
Rick hizo una mueca. Su padre. Él aún no le hablaba y a decir verdad, después de ver lo importante que eran los niños para Kate, sabía que se lo tenía merecido.
De repente Kate empezó a roncar.
Martha abrió la boca en un gesto de sorpresa, pero Rick solo sonrió con la boca entre abierta.
―Ronca ―susurró él como si aquello fuera un gran descubrimiento.
Miró a su madre, quien lo observaba con las cejas levantadas.
― ¿Te alegra que ella ronque?
―Bueno, cuando nos cuidamos mutuamente en su casa no la escuché roncar. Pero al parecer lo hace y... ¿No es genial?
― ¿Genial? ―parpadeó al verlo asentir―. Por Dios Richard, con ella te comportas como un niño ilusionado.
―No es verdad ―contestó sin borrar su sonrisa.
Martha apretó los labios con fuerza. Cuando vio que su hijo mantenía una mano en el pecho, la ex actriz deshizo la mueca que tenía en la cara para mirarlo de otra forma, una más seria.
―Richard, ¿tú...?
No pudo terminar porque Kate soltó un ronquido mucho más fuerte.
Rick dejó de prestar atención a su madre para volverse a concentrar en Kate. Y la sonrisa se hizo más grande al contemplarla. Era preciosa. Incluso roncando con la boca entre abierta, el ojo derecho negro y el moratón en el mentón, hasta con todo eso la veía hermosa.
Él siempre la vio así. Se estaba dando cuenta.
De forma inconsciente, Rick apretó la tela de su camisa con la mano que tenía sobre su pecho.
―Será mejor que arregles las cosas con Kate. Por ti, por los niños.
Rick volvió a mirar a su madre. Ella tenía el rostro serio pero relajado mientras hablaba, algo raro en la expresiva y dicharachera ex actriz.
―No sé porque huiste de ella en el trabajo, pero no se lo merece.
Las mejillas del escritor se volvieron rojas al recordar el beso, o los besos, que Kate le dio días atrás.
―Lo sé ―carraspeó él―. Pero tenía mis motivos.
―Con o sin motivos, se merece una explicación y unas buenas disculpas ―continuó su madre―. Por ahora será mejor que la dejes descansar, la muchacha tiene ojeras de no dormir, vete a saber desde cuándo.
Sin decir nada más, su madre caminó por el pasillo hasta perderse al final de este. Rick se acercó hasta la mesita de noche de Alexis y apagó la lámpara rosa.
Pero en vez de apagar la luz del pasillo, Rick la dejó encendida. Caminó hacia el pequeño sillón que estaba delante de la cama de Alexis para sentarse. Sus hombros se relajaron y sonrió. Se sentía más reconfortado viendo a la mujer que amaba dormir con sus hijos, que intentando dormir en su solitaria cama.
Aunque no sabía si iba a dormir. Porque podía poner la mano en el fuego a que le daría mil vueltas a su nuevo descubrimiento: Amar a Kate. No era algo malo, pero a la vez no era bueno. No en el estado en el que él estaba. Además, no sabía si ella sentía algo por él o si solo lo quería como un compañero.
Aunque ella lo había besado.
Se tocó los labios en un acto reflejo. Sus mejillas se volvieron rojas y agradeció que nadie pudiera verle.
―No tengo claras muchas cosas ―susurró mirando a Kate roncar―, pero al menos sé que no quiero perderte.
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Rick se levantó a las siete y media de la mañana. Bajó a la cocina y aprovecho ser el primero en levantarse para hacer el desayuno.
Tortitas, chocotillas, tostadas, zumo, café, chocolate... no escatimó en esfuerzos porque quería impresionarla, sorprenderla y, de paso, verla sonreír. Tenía una sonrisa de las que creaban adicción. Y lo había decidido mientras pensaba esa noche, aunque por ahora no se la mereciera iba a luchar por ella.
Sobre las ocho y diez, escuchó a los niños bajar por la escalera.
Como estaba pendiente de terminar la última chocotilla, Rick no se giró para verlos llegar, pero los escuchó reír como pocas veces. Kate era especial si era capaz de hacer reír así a los niños.
―Buenos días, el desayuno ya está casi listo ―dijo dando la vuelta a la chocotilla―. Sentaos en la mesa, ahora mismo llevo lo que falta.
Los niños asintieron con gritos eufóricos y palmadas. Kate rio.
Cerrando los ojos para disfrutar de la risa de ella, Rick colocó la chocotilla en el plato. Tras unos segundos necesarios para serenar la sensación de su pecho, inspiró con fuerza y abrió los ojos dispuesto a dejar el plato sobre la mesa.
Pero cuando giró casi tira el contenido de éste. Porque Kate le sonreía con los codos en la mesa, el mentón sobre sus manos, el pelo suelto y una tirita de Superman en la ceja derecha, cubriendo parte de su moratón.
― ¿Tienes una tirita en la ceja? ―preguntó él sujetando el plato con ambas manos para no tirarlo al suelo.
Kate se incorporó sin levantarse, solo lo hizo para señalar la tirita del ojo con una sonrisa cuyo brillo le llegaba al ojo sano.
―Oh, sí. Tus hijos me curaron. ¿No es genial?
Rick pestañeó y miró a los niños. Mathew, Emery y Alexis estaban sentados al lado de Kate, de hecho habían movido los asientos para estar cerca de ella. Y sonreían orgullosos.
―Nosotros cuidar a Kate como ella cuida de nosotros ―dijo Mathew.
Tragando saliva, Rick dejó el plato sobre la mesa. No estaba seguro de poder sostener nada entre sus manos en ese momento. Sus hijos habían "curado" a Kate como habían hecho meses atrás con él. Y cómo le pasó a él en su momento, ella no se quitó la tirita a pesar de que sabía que le debía molestar. Es más, sonreía como si aquello fuera la mejor cosa del mundo.
―Eso es... es...
Rick no encontró las palabras. Solo suspiró y cuando iba a intentar decir algo más coherente, sus padres bajaron las escaleras con los mellizos en brazos.
Sus padres se acercaron a la mesa, saludaron a todos ―menos Alexander, que no dirigió palabra a Rick―, y dejaron a los mellizos en sus tronas.
Pero cuando Martha iba a sentarse al lado de su hijo, abrió mucho la boca. Y Rick supo que se había fijado en la tirita. Cuando la ex actriz giró la cabeza para mirarlo a él con los ojos acuosos, este supo cómo se sentía su madre. Ya que él también tenía ganas de llorar.
Kate no se había dado cuenta, pero era muy importante para los niños. Ellos confiaban en ella. Y eso era algo difícil de lograr teniendo en cuenta todo lo que habían sufrido.
―Papá, ¿podemos enseñarle a Kate nuestro regalo antes de comer? ―preguntó Alexis.
― ¿Regalo? ―Kate abrió la boca con las cejas levantadas.
―Sí, hicimos un regalo para ti. Papá ayudó.
Kate miró a Rick con la boca entre abierta.
― ¿Pueden darme el regalo antes? ―rogó con un tono de voz muy cercano al de una niña pequeña e ilusionada.
Martha soltó una risa cuando Kate dio un pequeño salto sobre su asiento.
―No eres el único que actúa como un niño pequeño ―susurro su madre inclinándose hacia la oreja de él.
Rick se alejó de su madre, se aclaró la garganta y dijo con voz ronca:
―Id a buscar el regalo, desayunaremos después.
En cuanto les dio permiso, Mathew, Emery y Alexis saltaron de sus sillas para subir las escaleras. Cuando bajaron, entre los tres pusieron un regalo envuelto con papel de periódico, cubierto con manos pintadas de todos los colores y atado por un cordel largo.
El corazón de Rick latió de forma desenfrenada al ver a Kate palpar el papel con la boca abierta. Lo acarició con suavidad, como si ese papel de periódico fuera lo más especial del mundo. No lo rompió ni lo abrió con prisas. En su lugar desató el cordel y, con cuidado, quitó cada hoja mirándola como si fuera un cuadro.
― ¡Están las manos de los mellizos también! ―exclamó mostrando el papel a Alexander, quién le dedicó un asentimiento con una sonrisa que Rick nunca había visto en su padre.
Era como si el hombre hubiera aceptado a Kate.
Mientras Rick escrutaba el comportamiento de su padre, Kate volvió a hablar captando su atención de nuevo. La detective se veía tan diferente con ellos. No tenía nada que ver con la Kate Beckett de comisaría. Esta Kate era más despreocupada, feliz y cariñosa.
Rick tragó saliva para no llorar cuando Kate colocó la mano de Alexis sobre una de las manos pintadas. Repitió el proceso con cada niño, incluso los mellizos, y guardó los trozos de papel prometiendo que iba a conservarlos en un lugar especial.
Un papel de envolver, Kate iba a conservar unas hojas de periódico porque tenían las huellas de los niños.
Definitivamente iba a llorar si no se controlaba.
― ¡Oh Dios mío! ―chilló Kate con una mano en la boca―. ¿Esto es un libro?
Ella levantó el libro hecho con cartón y forrado con cartulinas azules. Vio la portada y chilló otra vez al fijarse de lo que esta contenía.
―Es un coche de policía contigo y papá ―dijo Alexis―. Lo hicimos con papel pinocho azul, cartulinas negras para las ruedas, cartulinas rojas para las sirenas y el abuelo grapó un trozo de papel para hacer las ventanas. Mira ―señaló las ventanas―, dibujamos a papá y a ti dentro del coche.
―Me encanta ―Kate se inclinó para besar la frente de Alexis―. Me parezco mucho y…
De repente, Kate paró para acariciar el título del libro. Escrito con rotulador, y con la caligrafía de Rick, había un: Kate Beckett.
―Es tu historia ―susurró Rick casi sin voz.
Ella levantó la cabeza para mirarlo.
―O más bien es una historia para ti. Inventamos un relato entre todos y yo me ocupé de escribirlo.
―Rick… ―aunque Kate no podía abrir el ojo derecho, el otro brillaba de forma aguada.
Rick se mordió el labio. Como ella llorara él iba detrás.
―Ábrelo ―dijo él.
Con un asentimiento, Kate obedeció. Y chilló de nuevo.
― ¡Es un libro ilustrado! Lo adoro, me encanta.
Los niños sonrieron dando palmadas y pequeños saltitos. Martha sonrió a su hijo dándole una pequeña palmadita en la rodilla. Y él sabía que significaba esa palmadita, era un toque de atención leve para que no estropeara las cosas con Kate, para que se disculpara. Y tenía intención de hacerlo.
Pero iba a ser más difícil de lo que pensaba. Porque, de la nada, su hija preguntó a Kate:
― ¿Sigues teniendo mucho trabajo?
Kate pestañeó con su ojo bueno.
― ¿Mucho trabajo?
―Sí, papá dice que no puedes venir a vernos porque tienes mucho trabajo ―contestó Alexis y la mirada que Kate le dio a Rick lo dejó sin respiración. Era una mirada llena de dolor.
― ¿Que dijiste qué?
Rick tragó saliva. Al parecer, hacía falta más que un desayuno con la comida favorita de ella para pedirle perdón.
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Después de desayunar Kate recibió un mensaje de Montgomery informando que debía volver a comisaría. Se despidió de los niños con besos y caricias, luego de Martha y Alexander ―quienes la abrazaron con fuerza invitándola a venir más a menudo―; y se puso la gabardina. Por último, cogió el libro de los niños y lo apretó contra su pecho mientras salía de la casa.
Rick la acompañó por el jardín en silencio.
―Tenemos que hablar ―susurró él con un leve tartamudeo, porque la mirada de Kate se había vuelto fría con él. Y no le había vuelto a hablar en todo el desayuno.
Ella se detuvo en medio del jardín, apretó el libro de los niños entre su pecho y, mirando al suelo, dijo:
―Es verdad, teníamos que hablar de Gina.
Su tono de voz fue tan frio y roto, que Rick quiso patearse el culo cien veces. ¿Cómo había podido hacerle tanto daño gratuitamente?
―Por ahora está detenida por agresión a mi persona y posible falta de ayuda, pero no creemos que sea la asesina. Así que tranquilo, no se acercará a los niños de nuevo.
―No quiero hablar de Gina.
Ella levantó la cabeza. Su ojo negro se veía dolorosamente hinchado, pero él estaba seguro que la humedad de su ojo sano no se debía al dolor.
Y luego... luego ella no dijo nada. Solo apretó los labios con fuerza y caminó hacia el Crown Victoria.
Rick pestañeó sin poder reaccionar. De todas las reacciones posibles, nunca se hubiera imaginado que ella lo ignorara. No fue hasta que Kate llegó a la valla de la casa y la cruzó, que él fue capaz de salir corriendo hacia ella.
La alcanzó cuando ya había subido al coche. Ella cerró la puerta, puso el regalo de los niños sobre el asiento del copiloto y se colocó el cinturón de seguridad sin mirarlo.
¿Lo que hizo Rick a continuación? Eso podía considerarse una locura.
Dio dos zancadas grandes y, con los brazos estirados, se abalanzó hacia el capó del coche, abrazándolo.
―Por favor Kate, sé que he sido un idiota, pero por favor, escúchame.
Kate dio un golpe al volante, frustrada. Bajó la cabeza y respiró con fuerza con los hombros temblorosos. De hecho, todo el cuerpo le temblaba.
―Entiendo que estés enfadada, te traicioné ―mientras iba hablando, se acercó más al cristal delantero para que ella le escuchara mejor y colocó una mano en él―, traicioné tu confianza y te alejé de los niños. Pensé que podías hacerles daño.
Ante la última frase, Kate levantó la cabeza y puso el limpiaparabrisas.
Rick apartó la mano pero no bajó del capó.
― ¡Dios Kate!
Ella activó el agua y volvió a mover el limpiaparabrisas.
― ¡Kate! Entiendo que no quieras hablar, pero por favor. Solo serán cinco minutos. Te lo prometo, y luego si quieres puedes ignorarme de por vida. Pero déjame explicarme y pedirte perdón sin un maldito coche entre medio.
Durante más de un minuto, el limpiaparabrisas siguió moviéndose. Así que él decidió no rendirse.
―Gina hizo daño a los niños y a mí ―dijo él con los ojos al punto del llanto.
Kate paró el limpiaparabrisas.
La vio abrir mucho su ojo izquierdo y pudo leer preocupación nata en este, acompañada de una rabia que al parecer le provocaba la simple mención de su ex.
Ella se mordió el labio, se quitó el cinturón y bajó del coche de forma lenta, como si le pesara su delgado cuerpo. Rick bajó del capó y se colocó frente a ella. Quería abrazarla, pedirle perdón cientos de veces, pero se contuvo.
― ¿Qué tipo de daño os hizo? ―preguntó ella a media voz.
Hasta en ese momento anteponía el bienestar de él y los niños a su propio enfado.
―El que más duele, el psicológico ―la vio apretar la mandíbula―. Tanto Gina como mi primera ex, Meredith, nos hicieron daño. Meredith se casó conmigo por trabajo. Tardé en darme cuenta, pero no se casó conmigo para darle una familia a Alexis, lo hizo para no perder el papel principal de la obra que producía mi madre. En esa época madre no tenía mucho trabajo y decidió arriesgarse con una obra de producción propia. Pero fracasó poco después de nacer Alexis. Entonces Meredith cambio por completo. Se alejó de Alexis y la ignoró. No la alimentaba, no la peinaba, no iba a sus cumpleaños ni quería siquiera que la niña le abrazara ―Kate apretó los puños con fuerza―. Luego nació Mathew y la cosa empeoró. Empezó a decir que tenía mucho trabajo, faltaba cinco días a la semana con esa excusa, pero lo que hacía era acostarse con todos los directores que encontrara.
―Oh Rick... ―Kate dio un paso hacia él.
Pero él continuó.
―Yo sabía lo que ella hacía, incluso me lo restregaba por la cara las pocas veces que venía a casa. Me decía que yo le daba asco y que no podía estar en la misma cama que yo, ni siquiera para dormir. Así que dos veces por semana, que era el tiempo que ella pasaba en casa, yo dormía en el sofá.
Rick miró hacia el cielo e inspiró con fuerza.
―Nunca me atreví a dejarla por los niños ―volvió a dirigir su vista hacia Kate, que en ese momento tragó saliva―. Aunque Meredith nunca estuviera allí, a veces lograba convencerla con algo de dinero para que estuviera en el cumpleaños de sus hijos o pasara el día con ellos.
― ¿Pagabas a una madre para que viera a sus propios hijos? ―Kate pestañeó.
―Al principio funcionaba. Meredith actuaba como una madre los días que obtenía algo a cambio. Y yo solo quería ver a mis hijos felices, así que aguanté.
―Hasta que se acabó el dinero ―supuso Kate con la voz entre cortada.
Rick le dio una pequeña sonrisa amarga.
―En realidad eso ocurrió después. Meredith estaba conforme con su vida siempre y cuando le dejara su espacio, pero cuando un amigo murió todo cambió. Mi amigo me dejó la custodia de Emery, que estaba recién nacido. Meredith no quiso aceptar otro hijo, y mucho menos uno que no era suyo, así que me dio un ultimátum. O dejaba que el niño se fuera con los servicios sociales, o ella pedía el divorcio y la custodia de los dos niños.
Kate abrió mucho la boca.
―Cómo puedes ver, elegí a Emery. Meredith pidió el divorcio y yo me vi entre la espada y la pared. Porque ella aseguraba que tanto Alexis como Mathew podían no ser mis hijos.
― ¿Qué?
―No es algo que haya dicho nunca a nadie, no lo saben ni mis padres Kate. Tampoco me hice las pruebas de paternidad porque no las necesito. Son mis hijos ―se tocó el pecho para enfatizar lo que decía―. Así que no dudé en concederle todo lo que me pidió a cambió de la custodia exclusiva de los niños. Le di la casa, el coche familiar, el local del negocio que yo conservaba de mi abuelo y todos y cada uno de los muebles. Todo.
―Dios...
―Meses después conocí a Gina. Ella me dejó claro que quería una relación conmigo solo por el sexo. Que podíamos ser exclusivos, pero que no pensaba hacer de madre. Y los niños se morían por tener una.
Una sensación de opresión se instaló en el pecho de él al recordar aquellos tiempos.
― ¿Y sabes? Yo lo podía entender, no todo el mundo quiere responsabilizarse de los hijos de otro. Pero lo niños... ―se mordió el labio en un intento de controlar sus lágrimas―. Mis niños no lo entendían. Ellos intentaron varías veces acercarse a Gina, pero ella rompió cada acercamiento con asco. Incluso hicieron dibujos para ella, pero los terminó tirando a la basura delante de ellos.
―Será hija de...
Rick la interrumpió, porque como ella terminara el insulto hacia su ex, él iba a romper a llorar allí mismo. Y quería contarle todo lo que pudiera antes de hacerlo.
―Las primeras veces Mathew y Alexis la saludaban abrazándose a sus piernas. Solo lo hicieron dos veces, porque en ambas ocasiones Gina los apartó en seguida, sacudiendo su pantalón mientras explicaba lo desagradable que eran sus abrazos. Me costó dos meses hacerles entender que me encantaba ser abrazado por ellos Kate. ¡Dos meses!
Ella cerró el ojo bueno con tanta fuerza, que debió de molestarle el moratón. Respiró entrecortadamente y lo volvió a mirar, permitiéndole que continuara.
―Me culpé a mí mismo de no hacer una mejor elección, pero cuando quería cortar con ella, Gina me recordaba lo inútil que soy. Sin un trabajo, con deudas, con niños con problemas... Nadie más querría estar conmigo.
La vio mover la boca para hablar, pero él volvió a interrumpirla.
―Ella siempre me dijo que no valía para escribir, y como era editora respeté su opinión e intenté encontrar un trabajo más realista. Pero todo lo que encontraba era a tiempo parcial, de suplencias o de unos meses. Aun así, Gina siguió conmigo. Hasta que se quedó embarazada y cortó nuestra relación. Gracias a Dios, tuvo a los mellizos y me dio la custodia total de los niños. Pero...
― ¿Pero?
―Durante su embarazo no me dejó verla. No sabía si se estaba cuidando, si iba a abortar, a dar a los niños... No sabía nada. Fueron los ocho meses peores de mi vida Kate. Al final, un día su hermano se presentó en casa de mis padres con dos niñas en brazos de apenas unos días de vida. Me dijo apesadumbrado que Gina no quería volver a verlos y a partir de ahí, solo sobreviví intentando hacer lo mejor para mis cinco hijos.
Durante unos tres minutos, tanto él como Kate se mantuvieron quietos, callados. Mirándose con las lágrimas picando en sus ojos.
―Siento mucho que lo pasarais tan mal ―fue lo que consiguió ella, con una voz pastosa que amenazaba con romperse en cualquier momento―. Y parece que es solo un resumen muy comprimido de todo lo que te han hecho sufrir.
Rick le dio una sonrisa suave.
―Son muchos años para resumir en cinco minutos.
Kate movió la cabeza de arriba abajo.
―Pero me gustaría contarte todo lo que he suprimido poco a poco.
Ella entre abrió la boca en un gesto de sorpresa que hizo que él se armara de valor. No sabía que le deparaba el futuro, sin duda tenía muchos miedos debido a sus fracasos anteriores, pero quería luchar, quería luchar por ella.
―Estoy dolorido por dentro, tengo tantos miedos e inseguridades que construí un muro dentro de mí. Ni siquiera estoy preparado para tener novia o ningún tipo de relación seria ―vio como los hombros de ella se tensaron―. El muro me protege, protege a mis hijos.
―Entiendo. Por eso me alejaste de los niños ―Kate bajó la cabeza―. No tienes que pedirme disculpas, puedo entender todo lo que has hecho.
Ella giró su cuerpo hacia el coche, pero Rick le cogió de la mano y la giró con suavidad hacía él.
―No estoy acostumbrado a hablar de mis sentimientos, de mis miedos. Tengo cientos de problemas. Estoy roto Kate ―apretó la mano de ella con suavidad, para luego soltarla―. Pero quiero llegar a estar bien. Quiero ser capaz de afrontar ese muro poco a poco y eliminar cada ladrillo, cada problema que este representa.
Los nervios le invadieron ante lo siguiente que iba a decir. Podía notar la mirada de ella clavada en sus ojos; una mirada acuosa que no sabía si alguna vez podía ver brillar con amor hacia él. Pero debía intentarlo.
―Hasta que no llegue ese día, no seré capaz de tener una relación con nadie.
Una indirecta. Él solo fue capaz de darle eso. Una promesa lejana de que iba a intentar ser mejor persona, por ella, por los niños y por él mismo. Pero sabía que no podía poner un tiempo específico para cumplirla, y entendía que ella no quisiera estar allí. Que no sintiera nada o simplemente, que prefiriera a alguien mejor, alguien por el que no tuviera que esperar.
Ni siquiera sabía si ella entendería lo que le estaba ofreciendo.
La vio respirar por la boca. Su ojo bueno había adquirido un brillo verde que estaba clavado en la mirada de él. Ella pestañeó, estuvo un rato así, sin decir nada, quieta, como si se hubiera convertido en una estatuilla de jardín.
El móvil de ella sonó rompiendo el momento.
Kate cogió el móvil, pero en vez de contestar, lo silenció y volvió a mirar a Rick.
―Hay novedades sobre el caso de Gina y tengo que irme. Pero volveré esta noche.
― ¿Volverás? ―preguntó para luego coger una gran inspiración de aire.
Ella miró hacia la casa y Rick se maravilló cuando notó que sus mejillas se volvían rosadas.
―Intentaré venir todos los días después de trabajar para veros. Lo prometo ―lo miró de reojo―. Me gusta estar con vosotros ―susurró y Rick sintió que su corazón se volvía loco.
―Los niños y yo prepararemos una cena especial para ti.
Ella lo miró directamente con una sonrisa. Rick la vio preciosa. Incluso con la ropa arrugada, los moratones y el pelo despeinado, Kate era la mujer más bella que conocía.
―Entonces... ―ella jugueteó con un mechón de pelo, un gesto que hipnotizó a Rick―. Será mejor que me vaya a trabajar.
―Sí, será lo mejor...
Con una sonrisa de mejillas sonrojadas, Kate le dedicó una última mirada por debajo de sus pestañas. Después la vio subir en el coche, levantó la mano en forma de despedida y él hizo lo mismo. Cuando Kate arrancó el coche Rick se quedó allí, quieto en la acera, mirando hacia el horizonte con una sonrisa en los labios.
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Perdonar el retraso, tuve problemas para escribir y no me salía este capítulo. Lo reescribí muchas veces. Así que espero que merezca la pena la lectura. Yo seguiré escribiendo, aunque no pueda actualizar tan a menudo como me gustaría.
