CAPÍTULO 024

Llegó al pequeño apartamento de Clive una hora después de sortear a los fotógrafos. Kate tuvo más suerte y tras el plan de despiste pudo salir de casa sin ningún tipo de sorpresa desagradable.

- ¿Todo bien? - se acercó Kate cuando lo vio llegar al salón precedido por Clive.

- Bien, bien, bien, no. Pero al final he conseguido deshacerme de ellos. - entrelazó su mano con la de la agente.

- ¡Mira, Rick! - Anne le enseño su última obra de arte.

- ¡Qué bonito dibujo! Has nacido para ser una artista. - le sonrió - ¿Y habéis pensado ya qué hacer? - miró al resto de los presentes.

- O vamos todos a un hotel o no vamos ninguno. - sentenció Alexis.

- Más igualitas no podéis ser. - suspiró.

- Richard, creo que tienen razón. Es mejor estar unidos. Si vais a un hotel, podréis analizar fríamente todo sin estar pendientes de la ventana, de cómo salir o cómo entrar. - Clive.

- Analizándolo como tú, es la mejor opción pero, por ejemplo, en dos o tres días llegará la mudanza de Kate, ¿qué haremos entonces? - Richard.

- ¿Nos vamos a otro castillo? - Anne tiró del pantalón de Richard.

- ¿Otro castillo? - susurró el escritor - ¡Claro! ¡Ya está! ¡Nos mudamos! - sonrió encantado con su gran idea.

- ¿Nos mudamos? - respondieron sorprendidas tanto Alexis como Kate.

- No me avasalléis sin escucharme primero. - Richard.

- Adelante. - le invitó Kate.

- Es la mejor idea de todas. Nos vamos unos días a un hotel y miramos otra casa o un apartamento, otro sitio donde vivir.

- ¿Y no crees que te perseguirán igualmente?

- Hay ciertas urbanizaciones que no permiten la entrada, completamente seguras.

- ¡Eso está a las afueras de la ciudad! - se quejó Alexis.

- Conozco una de ellas y no está fuera de la ciudad. - rebatió Richard con seriedad - Podemos mirar ahí si el problema es alejarnos del centro de la ciudad.

- ¿Podrá entrar Clive? - Alexis.

- Alexis... - susurró Clive algo inquieto por la reacción de Richard.

- Si tú única preocupación en estos momentos es que nuestro problema no perjudique a Clive, vamos mal.

- Podría irme a vivir con él.

- ¿Cómo? - Richard.

- Alexis... - Kate.

- ¿Qué? ¡Esa era mi idea hasta que aparecisteis!

- Ya hemos hablado de eso. - Richard se acercó hasta ella - ¿Cuál es el problema ahora?

- ¡Tú y tu maldita popularidad!

- ¡Parar los dos! - se interpuso Kate - Y no digáis cosas de la que luego os podáis arrepentir.

- Es cierto, Alexis. Tienen razón. - Clive.

- ¿Tú también?

- Vamos, tienes lo que cualquier persona desearía tener. Has encontrado a tus padres. Dales una oportunidad. Pero de verdad. Porque te conozco y sigues con las espadas en alto.

- No quiero volver con los malos. - sollozó Anne ante la sorpresa de todos.

Kate la alzó y la abrazó contra su cuerpo. - No vas a volver con los malos, cariño. A veces los mayores levantan un poco la voz pero eso no significa nada.

- Para ella si significa. - susurró Alexis recordando su última casa de acogida.

- Entonces, terminar de discutir y hablemos. - Kate acarició la espalda de la pequeña.

- Yo no he sido quien ha empezado. - Richard.

- Rick... - Kate achicó sus ojos fijándolos en él - Demuestra quien es el padre, ¿sí?

- Está bien. - miró a Alexis - Soy tu padre. Acabo de llegar a tu vida, es cierto, pero soy tu padre. Tengo tu custodia y voy a ejercer como tal. Así que nos mudaremos a un sitio más seguro tanto para ti como para tu hermana y tu madre. - aquellas últimas palabras las pronunció tajante, intentando enviar a todo el mundo el mensaje de la familia que estaban construyendo - Y tú novio, Clive, podrá venir con su moto siempre que quiera pero informándonos antes. - miró a todos - Estos días, nos instalaremos en un hotel. Lo haremos desde hoy mismo. Voy a hacer una llamada. - Clive le indicó la puerta de la habitación y entró a llamar.


Kate entró al cabo de dos minutos, tras calmar a Anne.

- Estás nervioso, Rick. - acarició su espalda que se tensó.

- No me gusta no controlar las cosas.

- No vas a poder hacerlo siempre.

- He vivido momentos malos con la prensa y no quiero que viváis algo similar. Termina quemando, Kate.

- Conozco a la prensa. No he vivido situaciones como las tuyas pero sé que, a veces, resulta complicado de llevar y que su presión termina agotando. Pero discutir entre nosotros no va a ayudar. Sabes cómo es Alexis. Nos va a medir siempre. Al menos hasta que se convenza de que no la volveremos a abandonar.

- Hemos firmado esos papeles, debería servir para darle seguridad.

- Ojalá fuese tan sencillo.

- Lo sé. Estoy molesto conmigo. He sido un irresponsable.

- Lo estás haciendo bien.

- Me gustaría saber quién ha sido el responsable de lanzar la información porque te aseguro que si lo tengo enfrente, no se escapa.

- Lo encontraremos. Daremos con esa persona.

- Sí. - se volvió hacia ella y le acarició las mejillas - Lo importante ahora es que vosotras quedéis fuera de toda esta presión. Voy a hablar con Paula para prefijar un plan.

- ¿Qué tipo de plan?

- He pensado que sería bueno dejarme ver por algunas fiestas.

- Si y con alguien del brazo, ¿no? - se enfadó, apartándose de él. Aunque Richard fue más rápido y la retuvo entre sus brazos.

- No voy a hacer nada si no estás de acuerdo y no pensaba llevar a nadie del brazo, solo hacer acto de presencia.

- No.

- ¿No? Esto no es negociar. Y te recuerdo que luego eres tú quien pide...

- No quiero verte en listas de los solteros de oro. Porque no estás soltero. - le cortó.

- ¿Leías esas listas? ¿Tú?

- Alguna vez me tropecé con un par de periódicos.

- Seguro que verme ahí te alegraba.

- No te tomes esto a broma.

- No lo hago. - buscó sus labios, jugando con ellos.

- ¿Qué pensarías si yo salgo en una lista de esas?

- Creo que te plantaría un beso en medio de la ciudad. - se burló, buscando contacto con su cuello.

- Prométeme que cuando hables con Paula no vas a dejarte llevar por lo que te diga sin hablar conmigo.

- Le llamo y la pongo en altavoz y hablamos los tres.

- Eso me gusta mucho. - lo besó.


Una vez tomadas las decisiones más urgentes, volvieron al pequeño salón donde se tropezaron con una estampa bastante singular. Los tres estaban dormidos y acurrucados entre ellos.

- Se ven tan vulnerables. - Kate.

- Se ven como una pequeña familia. - Richard.

- La que tuvieron que formar a contracorriente para sobrevivir.

Richard se acercó hasta ellos y alzó a Anne, acomodándola en su cuerpo. - Alexis. - susurró.

- ¿Sí? - abrió sus ojos un tanto desorientada.

- Queríamos comentar contigo lo que queremos hacer y ver si estás de acuerdo.

- ¿Qué pasa?

- Vamos a ir a un hotel. Iré yo a buscar ropa para todos y Paula lanzará un comunicado diciendo que tengo un par de citas en Europa. En esos días aprovecharé para buscar una casa.

- Vale.

- Para no levantar sospechas extrañas, el bar será remodelado y creamos un nuevo Pub. Las obras serán la excusa para que la prensa crea que me he mudado a un hotel. Y contaremos con ese tiempo de margen para trazar los próximos movimientos.

- A mí me parece excelente. - Clive se incorporó - Es perfecto, Alexis.

- Sí, es verdad. - reconoció.

- Entonces si todos estamos de acuerdo, ya podemos ir hacia el hotel.

- ¿Y mi peluche? - se despertó Anne para sorpresa de todos que sonrieron.

- No me he olvidado de él. Luego voy a buscarlo. Prometido. - besó su frente.

- Vale. - se volvió a acomodar en el hombro de Richard.


Clive se quedó completamente sorprendido al ver el lujo de aquel hotel. Estuvo perplejo mirando cada una de los espacios. Aquella planta de hotel que había reservado Richard era cuatro veces su apartamento.

- ¿Qué haces? - lo abrazó Alexis por detrás.

- Lex... Tú padre. - se zafó de ella.

- ¿Va a ser así siempre a partir de ahora?

- Al menos hasta que tú padre y yo nos hagamos amigos.

- Eso puede tardar.

- No quiero arriesgarme a enfadarlo y que me prohíba verte.

- Vale, vale. Tú ganas.

- Es increíble este sitio.

- Sí. Quién nos iba a decir hace unos meses que hoy estaríamos aquí. La vida es un poco rara.

- Os ha dado a todos una nueva oportunidad, no la dejes escapar Lex. Por favor.

- ¿Por qué dices eso?

- Porque te conozco. Eres la persona más cabezona de este mundo y eres capaz de arriesgarlo todo con tal de no dar tu brazo a torcer.

- No te pases Clive.

- Estoy en lo cierto.

- ¿Qué quieres que haga? ¿Que lo pinte todo de color de rosa?

- No. Sé que no es sencillo, que todo el pasado pesa y mucho. Pero están aquí, Lex. Y todo esto... - señaló aquella habitación - ...es por tu custodia. No la quieren perder. Ni quieren que Anne sufra porque eso repercutiría en ti. La gente se equivoca. - acarició su mejilla - No somos perfectos.

- Me abandonaron Clive. No lo puedo olvidar de un día para otro.

- Están de vuelta. Podrían no estarlo. Lo sabes. Has conocido muchas casas, muchos padres de acogida.

- ¿Qué es lo que me estás pidiendo?

- No juzgues sus acciones de ahora por lo que hicieron en el pasado.

- Clive...

- ¿Crees que esta vez podrías darme la razón?

- Puede. - sonrió.

- Te van a necesitar. Tengo la intuición que esto no ha hecho más que empezar. Podrías demostrarle lo bien amueblada que tienes esa cabecita. - le guiñó un ojo.

- No hace falta que me adules. Voy a intentarlo. Te lo prometo. - se abrazó a él.


Las siguientes horas fueron un torbellino. Constantes idas y venidas de Richard y Kate con todo lo necesario para los próximos días. Para ello Clive les fue de una inestimable ayuda que mantuvo a los periodistas ocupados y despistándolos cada vez que recibía la señal de aviso de la agente.

- Clive, muchas gracias por tu ayuda. De verdad. - Richard lo acompañó hasta la puerta.

- No tenéis que agradecerme nada. Cualquier cosa que necesitéis, estoy aquí.

- Gracias por quererlas tanto.

- Son especiales. - sonrió - Richard, yo quería comentarte una cosa antes de irme.

- ¿Ocurre algo?

- El rato que he estado con aquellos fotógrafos... - pensó bien sus palabras - Uno de ellos parecía controlar bastante información de Kate y de ti, como si tuviese algún tipo de confidente.

- ¿A qué te refieres?

- Información de primera mano creo que se dice.

- ¿Has oído algo en especial?

- Ha insinuado como que la información que le llega a él viene de primera mano. De alguien cercano a vosotros.

- Alguien cercano... - Richard frunció el ceño - ¿No ha dicho nada más?

- Antes de irme ha dicho que pasará lo que pasará el tenía cubiertas las espaldas ante la ley.

- Clive, ¿podrías acercarte aquí mañana cuando vuelvan de sus clases?

- Claro, trabajo por la mañana y aún no estoy en exámenes. No hay problema.

- Bien. Lo que me has dicho es de gran ayuda. - le sonrió agradecido.


Entró en la habitación un tanto aturdido por las últimas palabras de Clive. Se echó en la cama, exhausto.

- ¿Qué te ocurre? - Kate se echó a su lado.

- Pensaba.

- Malo. - sonrió.

- Si la persona que transmite información nuestra está cerca, da igual lo que hagamos.

- ¿Qué quieres decir?

- Que no digamos nada a nadie. Solo Anne, Alexis, Clive, tú y yo. A nadie.

- ¿Sospechas de Will?

- Incluso de Paula. A veces puede ser muy capulla con tal de subir las ventas. Aunque esta vez la he visto preocupada de verdad.

- La prensa estará buscándote. - susurró Kate.

- Seguramente. - besó su cabeza y Kate se acomodó en su pecho - Si esto que estamos preparando no sale como pensamos y todo se complica...

- ¿Me ves? - se incorporó un poco.

- Sí.

- Voy a seguir estando aquí. Si todo se complica, entonces, me tocará a mí tomar las riendas. - le guiñó un ojo y se perdió en sus labios.