Disclaimer: ¿Por qué no son míos aún? ¿Qué hice para merecer este mal? ¡Sesshomaru-sama!
Advertencia: Pueden haber algunos errores ortográficos que se me hayan pasado por alto, por favor, discúlpenme Q_Q
Peroooo, antes de comenzar:
"¡FEEEEEELIIIIIIIIIIIIZZZZZZZ AÑOOOOOOO NUEVOOOOOO Y FELICEEES REEEEYEEES MAGOOOOOOS!" -Gritó eufórica al público.
El público calló y hubo un silencio sepulcral en el escenario. Titita se vio confundida, ¿qué había dicho mal?
"Titita-san, esas festividades ya pasaron" -Le informó su manager por el audífono en su oído.
"¡Oh! jeje, uppssi" -Sin más, el público arrojó tomates, manzanas, lechugas, zanahorias, pasteles y hasta un zapato a la pobre y desorientada chica.
ADVERTENCIA: PUEDE QUE HAYA UNO U OTRA PALABRA SOEZ O MUCHAS, TAMBIÉN ESCENAS FUERTES O DESGARRADORAS. LEEN BAJO SU PROPIO TÉRMINO.
"SOLDADO AVISADO NO MUERE EN BATALLA Y SE MUERE FUE POR DESCUIDADO" -ABUELA DE TITITA
Si se encuentran con alguno errores ortográficos, me disculpan por favor.
MARATÓN 3/3 (¡Sorpresa!) (/.\)
Su cerebro pauso todo el ajetreo que tenía en su interior y se quedó completamente en blanco. Imposible. Lo había visto ella misma, todos lo habían visto. Nadie podría salvarse de eso, su cuerpo fue atravesado por más de un tentáculo.
— ¿Qué? — Preguntó con un hilo de voz.
— Bueno, ya te lo dije, descansa pequeña. — Abrió los ojos y se medio levantó sólo para darle un beso en la coronilla.
— Koga, espera… — Pero ya era muy tarde, su hermano se acomodo a su anterior posición, dejando su brazo derecho extendido para ella y se durmió. Así de simple.
Y dicho y hecho, el Ookami fue arrastrado al mundo de los sueños.
Kagome se levantó y tanteó con cuidado el rostro del lobo, en efecto, ya se había quedado dormido. El lobo tenía esa increíble capacidad por quedarse dormido tan rápido que incluso había comenzado a roncar.
— Maldito lobo tramposo. —Y sin más remedio, le dio la espalda y se recostó en el fornido brazo de Koga, utilizándolo como almohada, casi como siempre ha sido, a los pocos minutos, ella también llegó al pacífico mundo de los sueños, había pasado mucho en un día y para colmo, las noticias le habían dejado trastornada.
La mañana llegó tan rápido que sintieron que las horas que habían podido descansar, habían sido tan sólo unos minutos.
Koga se removió incómodo al sentir los primeros rayos del alba colarse por la ventana y dar en su cara, arrugó la cara molesto, odiaba el sol. Por eso ellos y su manada, preferían alojarse en las cuevas que en el castillo. Trató de estirar los músculos agarrotados, pero no pudo hacerlo porque sintió como su brazo derecho estaba siendo retenido.
Abrió los ojos y levantó la cabeza para verificar si su brazo seguía ahí y en efecto ahí estaba, sólo que su querida y delicada hermana lo abrazaba como si fuera un lobezno. Su brazo estaba doblado de manera que ella lo tuviera como a un bebé.
Dejó caer su cabeza en el futón y trató de idear un plan para salvar esa parte de su anatomía, sin despertar a la fiera que dormía a su lado, cualquiera en su buen juicio sabría que hacerla enojar o despertar, era la condenación total.
Comenzó a jalar su brazo con mucho, pero mucho cuidado, logró poder mover la muñeca, pero el resto seguía atrapado por los brazos de Kagome, jaló un poco más y el bicep ya estaba fuera, ahora solo faltaba el antebrazo, continuó jalando hasta que sintió como su hermana se removía, se quedó quieto, sin respirar. Así permaneció por casi treinta segundos, jaló con menos cuidado y en casi nada, su brazo estaba libre.
Se levantó del futón, aún con el cuidado de no despertarla, ató su cabello en la cola alta que siempre solía andar. Ojeó que Kagome siguiera durmiendo, pero no fue así, la sacerdotisa estaba de pie junto al futón, tratando de recoger su largo cabello con una tira blanca, Koga supo de inmediato que ella querría hablar con su maestra con respecto al tema del perro pulgoso.
Ninguno dijo nada.
Recogió su armadura del suelo y estaba por ponersela cuando la puerta corrediza se abrió con un estruendo y Kirara apareció en su campo de visión y gritó a todo pulmón:
— ¡Es hora de levantarse, bellos durmientes! ¡Junta en el Gran Salón en unos minutos! ¡Tenemos… invitados… — La voz de la nekomata se fue apagando y sus ojos se abrieron sorprendidos. Koga se apretó el puente de la nariz con los dedos, estaba por gritarle que se largara… Pero en lugar de eso, la vio a los ojos.
Sus ojos abiertos como platos, su boca formaba una pequeña "o" Koga la vió confundido, notó a duras penas las sombras detrás de ella y se percató muy tarde de quienes eran.
Koga enmudeció.
Bajo la mirada un momento y se dio cuenta que estaba con el pecho descubierto.
«Maldita sea, Kirara» — Gruño para sus adentros. —. «Nada podría empeorar esto»
Pero si que lo hizo.
— Kirara, deberías aprender a tocar antes de… — Abrió sus ojos para encarar a la nekomata, pero fue lo peor que pudo haber hecho.
Kirara estaba en la entrada, como se esperaban los dos hermanos, a quién no esperaban detrás de ella al General Yuu y a Sesshōmaru, observando con detenimiento, como la sacerdotisa de cabellos largos y desordenados, estaba vestida solo con un haori blanco que le cubría hasta la mitad de los muslos y con el olor del lobo por todo su cuerpo.
El ambiente era tirante y palpable, nadie sabía si moverse o no.
Pero Sesshōmaru lo hizo al marcharse primero, no sin antes lanzarle una mirada de soslayo a la sacerdotisa, Kagome apartó la mirada abochornada, por un lado sentía que su hermano tuvo razón, debió haberlo dejado pasar la noche en otra alcoba, pero por otro su maldita consciencia no paraba de recalcar: «Aliada del Oeste» No se tendría que estar preocupando por lo que él pensará, aunque no importa a quién engañe, le preocupaba.
Yuu en cambio, él sí estaba sorprendido. Pasaba por ahí justo de casualidad junto a su Señor e hija, no esperaba… Bueno, ver… Había escuchado rumores de la sacerdotisa de Shikon y su inusual forma de viajar acompañada por mestizos o demonios, en especial de un demonio lobo, jamás pensó que fueran tan… cercanos.
Avistó sin querer sus descubiertas piernas, eran moldeadas, de apariencia firmes, lo suficientemente largas y perfectas para ser enrolladas en su cintura. Se sacudió la cabeza al descubrir la línea de sus pensamientos indecorosos.
Koga dejó salir un gruñido gutural de su garganta. Las chicas y Yuu lo miraron desentendidos.
— Yuu, ¿serías tan amable de no ver a mi hermana como si fuese un apetitoso conejo? — Recalcó la relación de ellos, no quería malentendidos, a pesar de que se vieran como unos.
Yuu parpadeó varias veces al escuchar al Ookami hablar.
— Yo no… No era mi intención… Yo… — Tartamudeó nervioso.
— Ahorratelo dragón, puedo oler tu excitación desde aquí.
Si los dragones podían controlar el fuego, Yuu parecía una viva antorcha en estos momentos.
— Disculpen, no era mi intención. — Aclaró sin mirar a los ojos a Koga o Kagome, quien se tapo de inmediato con la sábana al escuchar a Koga, reverenció con gran vergüenza y se retiró del lugar de inmediato.
— Kirara… — Gruño Koga. —. ¿No pudiste tocar?
— Lo siento, pensé que ambos ya estaban listos, no sabía que justo en el momento que ellos pasaran frente a tu alcoba, ustedes todavía… estarían… bueno… lo que sea que hayan estado haciendo.
— No es lo que piensas, Kirara. — Kagome halló su voz en un débil susurro.
— Lo que yo piense no importa, el problema es… Lo que pensará el resto.
— ¿El resto? — Preguntó Koga desorientado. —. Yuu no sería capaz de decir algo de lo que vio. Y Sesshōmaru está descartado.
— No me refiero a ellos.
— ¿Entonces? — Quiso saber Kagome.
— Pues… Hay unos invitados muy particulares en el salón, Kagome.
— Lo mencionaste, ¿quienes son?
— Son ellos. — Respondió sin más, los hombros de Kagome se tensaron. —. Y saben que ustedes durmieron juntos, tienen a un demonio con ellos, ¿recuerdas? — Se encogió de hombros totalmente avergonzada.
— Shippo. — Cerró los ojos y asintió. —. Maldición. — Se pasó una mano por el cabello frustrada.
— Me adelantaré, con suerte no sabrán que soy yo. Ritsuka-sama escondió mi esencia.
— ¿Estás segura? — Kagome la observó dubitativa.
— No, pero tenía que pasar en algún momento. — Deslizó la puerta corrediza.
La nekomata se dirigió al Gran Salón, donde todos aguardaban la presencia de la Guardiana de Shikon y el Lord del Norte.
— Kag… — La llamó.
— No. — Calló. —. No digas nada Koga, sólo…. No lo hagas.
— Kag, pequeña...
— No lo hagas. — Lo cortó. —. Sólo… pásame mi hakama, ¿quieres?
— De acuerdo.
Al terminar de cambiarse, salieron de la alcoba y caminaron por el pasillo a la salida, pasaron por el patio que aún tenía restos de demonios y entraron por las puertas dobles que estaban abiertas, que daba al Gran Salón, una enorme estatua de Buda meditando se encontraba al final del mismo, velas rodeando cada columna de la habitación, le daban un aspecto casi lúgubre, en el centro había una mesa lo suficientemente larga para abarcar al menos veinte invitados, sabían que tarde o temprano ellos llegarían, por lo que decidieron realizar la primera junta entre aliados.
De los cuáles; Shiro, Ikki, Ryo y Ryu estaban en el lado derecho de la mesa; Manae, Ritsuka-sama, Yuu, Reiji, Haku y Kirara en el lado izquierdo frente a los demás, inclusive Lord Sesshōmaru estaba presente, por supuesto, sentado en la cabeza; presidiendo la asamblea, Rin ocupando su izquierda; como su hija, a su lado derecho, dos asientos estaban vacíos y el siguiente almohadón estaba ocupado por Kirara seguida del resto.
Koga logró vislumbrar que al lado de Ritsuka estaba Manae amordazada con las manos en frente y sentada en flor de loto, como si nada. Nada cubría su boca ni ataba sus piernas, ¿acaso querían que escapará? bueno, al menos tiene sus manos atadas, o eso quería creer el lobo, puesto que las tenía escondidas en las mangas largas de su yukata. Lo más seguro es que sí, ¿quién dejaría suelta a una extensión de Naraku?
Kagome y Koga los pasaron de largo, Yuu bajó la mirada apenado al sentir a la sacerdotisa pasar detrás de él y tomaron asiento en los almohadones vacíos a la derecha de Lord de Occidente, Kagome se sentó en seiza y colocó las manos en su regazo como toda una dama.
Los invitados estaban en la otra punta de la mesa, lo más alejados de ellos, con la sacerdotisa antigua en la cabeza, el kitsune a su derecha y la exterminadora y el monje a su izquierda.
Los soldados gemelos y los dos generales miraban a Koga por el rabillo del ojo, sabía que el resto de los demonios, podían oler el aroma de Kagome impregnado en su ropa y viceversa, por primera vez desde que conoce a su pequeña, se arrepiente de haber complacido uno de sus caprichos.
Kagome no pudo cambiar su haori, por lo que entendía las miradas curiosas del resto de los demonios, el olor de su hermano emanaba de su ropa y piel, lo supo cuando noto la sonrisa triunfante de Shippo.
— Parece ser que ya tienes un reemplazo de InuYasha, Kagome. — Comentó Shippo mordaz.
Kagome apretó la mandíbula, no podía perder los estribos cada vez que alguien le insultaba.
— Esta es una asamblea pacífica entre alianzas para determinar lo que haremos a continuación, no para saber quién calienta mi futón, así que abstente de esos comentarios, pequeño zorro.
Koga negó con la cabeza, ¿por qué no se sorprende de la imprudente boca de su hermana?
Shippo la vio mal, estaba por lanzar otro comentario sarcástico, pero la voz de Sesshōmaru lo detuvo.
— Es hora de comenzar. No tengo todo su tiempo, que esto sea breve. — Sesshōmaru lo fulminó con la mirada.
Shippo tembló levemente ante la orden y la mirada fría del demonio.
— Muy bien, primero que nada; tengo que preguntar: ¿qué hacen ustedes aquí? — Las miradas cayeron a los miembros del InuTachi. La pregunta de Kagome no sonó brusca ni mucho menos, pero sí quería saber qué hacían ellos ahí.
— Venimos por InuYasha. — Contestó tajante Sango.
— Eso es imposible. ¿Algo más? — Respondió de mismo modo Kagome.
— ¡¿Cómo dices?! ¡¿A qué te refieres con que es imposible?! — La exterminadora sonaba ofendida, estaba por ponerse de pie para discutir con Kagome cuando su esposo la tomó del brazo y la hizo calmarse.
— Disculpa, señorita Kagome. Pero creo que estamos en nuestro derecho saber que ha sido de nuestro amigo. — Habló con calma el monje.
— InuYasha está muerto. — Le contestó de tajo, tal vez con eso se daban por vencidos y se marchaban de una vez, le molestaba y aún le dolía mucho su mera presencia.
— Lo sabemos. — Respondió Kikyo, su vista se desvió a la blanquecina de Rin, culpandola con la mirada.
La responsabilidad sobre la muerte del mestizo la carcomía por dentro, bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas, como si fueran lo más interesante del mundo.
— ¿Cómo lo saben? No estuvieron en batalla. — Les contestó Koga, percatandose del cambio de humor en la pequeña Taishō.
— Eso no les importa, queremos el cuerpo de nuestro amigo. — Debatió Shippo.
— No está en mi poder esa decisión. — Contestó Kagome.
— Además, el chucho ya está muerto, ¿para qué lo quieren?
Kikyo y Sango miraron mal a Koga.
— InuYasha merece un digno entierro.
— Él merece ser quemado para que su alma descanse en paz y sus restos estén junto a los de su madre eternamente.
Rin sintió una opresión en el pecho al escuchar hablar así a la sacerdotisa de InuYasha, ella no quería dejarlo ir, quería salvarlo y decirle lo que sentía, quería verlo… Quería estar con él.
— No pueden hacer eso. — Habló con la voz queda, la joven princesa.
Koga la vio con el ceño fruncido y Kagome con pesar.
— ¿Por qué no? Eso es lo que pasa cuando mueres, niña. Queman tus restos, ¿no te lo explicó tu madre?
Kagome dio un sonoro suspiro.
— Tú serías la ideal para explicar ese tema, Kikyo. Después de todo, ya lo viviste. — Confronta Kagome.
— InuYasha no le pertenece ni a ti. — Señaló a Kagome. —. Ni a ti. — Y luego a Rin. —. ¿Acaso crees que te pertenece sólo porque salvó tu patética vida?
— Tranquila Kikyo, no te atrevas a hablarle así de mi hija. — Kagome se apoyó con las dos manos hacia adelante.
— Tan sólo soy honesta, Kagome.
— ¿Honesta, tú? Kikyo, hace 56 años moriste siendo parte de una mentira y volverás a morir siendo parte de otra. — Los ojos azules de Kagome relampagueaban por un segundo de rosa a azul, dando una señal de advertencia.
— ¿Te atreves a amenazarme?
— No es una amenaza. — Tomó asiento con soltura. —. Es una advertencia.
— Recuerda que soy tu predecesora, Kagome. Tú tan sólo eres mi reencarnación. — Soltó con sorna.
— Y mírame, soy mejor que tú en cualquier aspecto. — Le respondió con una ceja alzada y son una sonrisa burlona.
— Estas llegando muy lejos, señorita Kagome.
— Y de ser así, ¿harás algo al respecto, monje? — Ahora fue el turno de Koga de amenazar. Ya que todos lo hacían, él también quería intentarlo.
— Nunca se llega ni tan lejos ni tan cerca, joven Koga. — Debatió el sagrado errante
— Sólo venimos por el cuerpo de InuYasha. — Dijo por cuarta vez aburrido el kitsune.
— Eso no pasará, olvídenlo. — Rin no estaba dispuesta a dejarlo ir, debía, no, sentía que había una forma de salvarlo.
— ¡No tienen ningún derecho sobre él! — Gritó exasperado Shippo, golpeando con ambas manos la mesa.
— Espera. — Alzó la mano derecha en busca de silencio. —. Hace un rato dijiste que el cuerpo de InuYasha no le pertenecía a mi hija, sólo porque él sacrificó su vida por ella, ¿no es así? — Había algo que aún no le quedaba claro a Kagome.
— Así es. — Contestó la sacerdotisa antigua con la mirada puesta acusatoriamente sobre la chica.
— ¿Cómo supiste eso?
Kikyo apartó la mirada de Rin y la dirigió a su reencarnación, su pregunta la había descolocado.
— ¿Qué dices?
— ¿Cómo sabes que InuYasha se sacrificó por Rin? Es más, ¿cómo supieron que había muerto? Ninguno estuvo en la batalla del día anterior y no sentí a ninguna de tus cazadoras de almas cerca.
— Es porque ya no son necesarias, ya no pertenezco al barro.
— Lo sé. — Dijo triunfante Kagome. —. Así que dinos, ¿cómo supieron de lo que había sucedido?
Kikyo apretó la mandíbula, había olvidado el pequeño detalle de las cazadoras de almas, de ninguna manera iba revelar cómo se enteró de lo sucedido, pero debía inventar algo ya.
El ligero recuerdo de una Saimyosho* (avispa venenosa del Infierno), pasó como un borrón por su cabeza y decidió usar eso.
— Cuando veníamos en camino, Naraku nos interceptó y sus extensiones nos atacaron. — En su memoria comenzaron a proyectarse las imágenes tal y como las decía, como si fueran un lejano recuerdo.
Todos se vieron los unos a los otros con total disimulo, los hombros de la mayoría eran una línea recta debido a la tensión, las palabras de la sacerdotisa, heló la sangre de otros, más que nada por ese detalle que no pasó desapercibido por ningún aliado de Occidente y Manae. Desde que el InuTachi entró ninguno se fijó en ella o en la chica nekomata, sólo en los soldados, generales y demás... Es como si ellas fueran invisibles ante sus ojos.
El Ookami del Norte, inspeccionó sin levantar sospecha, las expresiones del InuTachi, pero estos estaban con los ojos puestos en el resto de los miembros, los observaban a todos con aburrimiento, como si lo que dijeran fuese verdad. Como si en verdad hubiese sucedido.
Pero eso es imposible. Y aunque lo fuese… Las posibilidades eran bajas, nulas, casi inexistentes.
Inclusive Manae se vio confundida por el hecho, ella había visto cuando sus hermanos huyeron lejos de Naraku, de ser así, ¿cómo los atacaron a ellos?
Manae sintió una mirada fuerte sobre ella, levantó la vista y su confundida expresión dio a entender a Koga una cosa:
Kikyo mentía…
Koga abrió los ojos de impacto, observó a Kagome, miraba a Kikyo con sospecha, su boca era una línea recta, su cuerpo se notaba rígido.
Kikyo continuó narrando su versión de los hechos.
— Como es usual de él, se burló de nosotros y dijo que iríamos a nada, que él había logrado su cometido y de paso se mofó por haber… por haber… — Kikyo cerró los ojos y tragó grueso, Sango tomó su mano y la apretó, dándole consuelo de esa manera.
… El InuTachi mentía…
— ¿De qué se mofó, Kikyo? — Kagome tenía miedo de su respuesta, tenía miedo de averiguarlo, tenía miedo de saber que todo fue una mentira, a pesar de todo, tenía miedo de asesinar a los que fueron sus amigos por traición, tenía miedo.
Los puños los tenía apretados bajo la mesa, Koga notó su desesperación por escuchar la bellaca mentira Kikyo, colocó su mano sobre la de ella para lograr calmarla un poco, gesto que no pasó desapercibido por Sesshōmaru, en especial, por Sesshōmaru.
… Y todos en el salón lo sabían…
— Se burló de haber asesinado a InuYasha, dijo que él había saltado frente al ataque para acabar con la niña del Oeste, no le creímos, pero su seguridad era tal que… — Ahogó un sollozo y fulminó con la mirada a Rin, pero ésta ya no estaba cabizbaja, estaba tensa y la mirada ardiendo. —. Corrimos tan rápido como pudimos, pero tal parece que llegamos tarde. — Una silenciosa lágrima rodó por su mejilla.
Silencio.
Un silencio total los cubrió a todos.
De no haber estado ahí en plena batalla, le creerían cada palabra, pero ese el problema. Todos habían presenciado la batalla, aunque había una remota posibilidad de que las extensiones y Naraku se hayan reunido más adelante era mínima, Kagome quiso corroborar antes de proceder.
— Entiendo. ¿Dijo algo sobre las piedras?
— ¿Las piedras? ¿Te refieres a la Aoi y Akai Ishi? — Manae recordó cuando robó la primer piedra con Kagura, los soldados imperiales casi las atrapan, era más que obvio que el Occidente y sus aliados sabrían sobre ella, debió matar a ese anciano, pero aún así, el InuTachi no estaba presente y por lo que tenía entendido, ambos grupos no se llevaban bien, entonces... ¿cómo supieron ellos de la existencia y nombres de la piedra?
— Sí, esas mismas. — Su corazón bombeaba con fuerza.
Todos expectantes por la respuesta de la miko.
Kikyo maldijo internamente. Recordaba vagamente que la Saimyosho le había dicho algo sobre las piedras, pero cuando le dijo su mente estaba por explotar cuando le dio la noticia de su amado InuYasha, por lo que no puso mucha atención.
Estaba segura de que había mencionado algo sobre ambas piedras y teniendo en cuenta el estado de la capilla tras la batalla, sólo daba una respuesta.
— Sí, aseguró que ahora que las tenía en su posesión, podría dar rienda suelta a su venganza contra todos nosotros. — Respondió con la mirada perdida, segura de su respuesta.
Kagome tragó duro y evitó que el nudo en su garganta le impidiera hablar.
— Ambas piedras, ¿eso dijo él? — Repitió Kagome. Kikyo notó algo raro en la mirada de su reencarnación, estaba por cambiar la respuesta, pero su kitsune se le adelantó y se maldijo por ello.
— ¿Acaso ya no escuchas? — Le dijo de mala gana el kitsune. —. ¡Por supuesto que eso dijo!
— ¿Están seguros? — Preguntó perdiendo la esperanza.
— Más que seguros, señorita. Lo recuerdo muy bien.
— Pues sí, eso dijo. ¿Para qué preguntas tanto? ¿No te queda claro una vez? — Respondió Sango ya harta.
— Bien. — Asintió dolida. Desvió su mirada hacia la de Sesshōmaru.
El Daiyoukai la observó con detenimiento y por un segundo se sintió envuelto en el azul profundo de sus ojos. Pudo entender lo que le decía con la mirada, así como también captar varias de sus emociones, esas que trataba de suprimir.
Sesshōmaru le dio un leve asentimiento de cabeza y ella con el dolor de sentirse traicionada por segunda vez por las mismas personas, hizo lo debía hacer, aún con su corazón latiendo dolorosamente.
Kagome se puso de pie ante la atenta mirada de todos, le dirigió una mirada a su maestra y ésta con pesar entendió, se puso de pie, apoyándose en el hombro de Manae y ambas colocaron su dedos índice y medio junto a sus bocas y en voz baja recitaron la misma plegaria.
— ¿Por qué realizan una plegaria? — Preguntó Miroku.
Pero nadie le respondió.
Shippo vio confundido a su grupo y luego a Kagome y la anciana, movió sus orejas un poco y logró escuchar la última frase de la plegaria de las sacerdotisas, poniendo sus pelos de punta.
— … Y retén cautivos a aquellos que nos traicionaron… — Pronunciaron al unísono en un tenue susurro.
En cuanto finalizaron, el suelo comenzó a emitir un brillo rosa pálido acompañado de uno morado igual de claro, de él emergieron varias cadenas de dos colores, las cuales chocaron y rugieron entre sí, de inmediato, las cadenas púrpura rodearon a Miroku, Sango y Kikyo, las rosa rodearon a Shippo desde el cuello hasta los pies, Shippo comenzó a quejarse del dolor, Manae tembló al recordar la sensación de esas cosas sobre su cuerpo, apartó la mirada, la sacerdotisa de Shikon, podía ser muy despiadada si se lo proponía, él brilló cesó y los cuatro cuerpos cayeron como costales contra el suelo.
— ¡¿Pero que mierda haces?! — Vociferó una enfurecida Sango.
— ¡Señorita Kagome! ¡Libéranos en este instante!
— ¡Maldita perra! ¡¿Qué crees que haces?! — Chilló Shippo entre sollozos.
— ¡No sabes con quién estás tratando, Kagome!
Kagome se acercó con pasos lento a su predecesora, se puso en cuclillas cerca de ella y en voz baja, sin que nadie escuchará, le susurró con asco:
— Claro que sé con quién trato, Kikyo. No eres más que la marioneta favorita de Naraku, siempre lo has sido. — Kikyo abrió los ojos espantada. —. Me das asco, Kikyo. Hasta tú caíste bajo.
El InuTachi continuó protestando hasta que la profunda y gruesa voz de Sesshōmaru los calló de tajo.
— A partir de hoy, serán juzgados por alta traición hacia el Occidente y sus aliados. Ahora son propiedad del Oeste.
Agradecimientos especiales a:
°Faby Sama
°Raquel Taisho
°mimato bombon kou
°Veros
Sé que no suelo ser muy activa y todo, pero este año tengo como meta organizarme mejor, así que decidí una de mis metas como prioridad sería publicar cada 10 días, empezando de hoy, hahaha. Por lo que por eso traje una maratón de tres capítulos. Espero que les haya gustado y lo hayan disfrutado. La trama va avanzando lenta pero segura!
Mil gracias por tomarse su tiempo de leer y comentar, nos vemos el 2 de Febrero mis galletitas!
