Hola chicas! ¿Cómo están?, ya sé, seguro molestas, lamento haber tardado tanto, simplemente no tenía inspiración, además de que a lo largo de todo este tiempo en el que no actualicé pasaron muchas cosas que no me dejaban pensar en escribir el fic, me enteré de una noticia que me dejó desconcertada, me dejó muy y además deprimida y angustiada porque fue muy sorpresivo y doloroso a la vez, pero eeeeeeen fin, pasaron muchas cosas, con decirles que hasta me desilusioné del amor porque me rompieron el corazón xD y que además de eso descubrí que subían mi historia en una página que yo ni conocía osea DAFUQ! Pero buaaaano, ya está bien ése asunto, se arregló, por cierto, si alguna de ustedes ve mi historia en una página que no sea Fanfiction ni Wattpad y no tenga mi consentimiento favor de avisarme lo antes posible para que los mutile a los hijos de…digo para que arreglemos el asunto de la manera más civilizada posible jaja, bueno sin más que decir y nada más que agregar, les digo que las hamo y que este final es todo para ustedes, espero lo disfruten y que sus expectativas hallan quedado superadas muak! Besitos ^^, AH se me olvidaba, recuerdan las preguntas que me hicieron?, jeje bueno al parecer eran MUUCHAS! Así que me iba a tardar tanto en responderlas que decidí que sería mejor si me las hacían por así que pueden encontrarme ahí como /ScarlettHersa y con gusto me aseguraré de responderles :3
Bla bla bla"- pensamientos
-Bla bla bla – diálogos.
-Bla Bla Bla- sueños.
/ - cambió de escena.
(Bla bla bla) – notas de la autora
Me enamoré…de una asesino
Capítulo 22
Sus ojos observaban con gran entusiasmo a su víctima, lucía tan serena, tan despreocupada, ajena a lo que pasaba a su alrededor, la pequeña niña dormía en su habitación plácidamente, su respiración lenta y profunda eran pruebas de lo inconsciente que estaba, seguramente estaba soñando con hermosos arcoíris y unicornios, ignorando el hecho de que una ahora asesina se encontraba mirándola en un rincón de su habitación, con las sangre de sus padres manchando su ropa.
-Que hermosa es- susurró Chris acercándose hasta su cama, contemplando como su corto cabello castaño estaba esparcido sobre la almohada, sus regordetas mejillas sonrosadas, su respiración, un hecho más para afirmar que su sueño era profundo, tenía el aspecto de ser un querubín –Pero creo que le falta algo, ¿Qué será?- se preguntó, en su voz un tono sarcástico –Ah, ya lo sé, una bella y amplia sonrisa.
Su frase, seguida de una estrepitosa risa hicieron despertar a la pequeña, quien contempló a la chica con los ojos abiertos como platos, el terror inundando su mirada cuando notó la pintura roja en su ropa, estuvo a punto de gritar cuando la pelinegra le tapó la boca con una mano.
-Shhh, tranquila, sólo quiero hacerte sonreír- pronunció sonriendo cual psicópata, la niña tembló, paralizada por el miedo, sus ojos observaban a la joven con un terror palpable –Sonríe pequeña, la vida es mejor con una sonrisa.
Y entonces la sangre lo salpicó todo…
/
Suspiró presa del aburrimiento, Christine Evans, una chica de dieciocho años, ojos color avellana, cabello negro como el ébano con el flequillo teñido de blanco, una tez blanca haciendo contraste, que para ella era traslúcida, tanto que parecía invisible y era por eso que todo el mundo pasaba de ella como si no existiera, hasta hace pocos días, Chris era antisocial por naturaleza, todos los sabían, pero lo que no sabían, era que esa chica tan callada albergaba secretos en su interior, dentro de ella se desató la locura, su mente estaba llena de ella, pensamientos sanguinarios y terroríficos capaces de ahuyentar a cualquiera, desde hace poco Chris dejó que esos pensamientos se hicieran realidad, sintiendo la sensación más grata que alguna vez pudo haber imaginado, se abandonó a eso que tanto estaba evitando, y descubrió que le gustaba demasiado.
Cuando asesinó a ese hombre, dentro de esa habitación, en aquel callejón, no pudo evitar sentirse más viva que nunca, tanto que buscó a Jake hasta el cansancio y lo asesinó de la manera más cruel que se le pudo ocurrir, días después de haber cometido tales actos tan inhumanos la policía se alarmó hasta el punto en el que la ciudad quedó sometida a tener un toque de queda, aunque eso sólo incrementó las tragedias, Jeff se sorprendió de lo cruel y despiadada que su novia podría llegar a ser, y bueno, a él también le gustaba, DE-MA-SIA-DO.
Su necesidad era grande, tanto podía llegar a ser casi incontenible, si tenía el deseo de matar a alguien, entonces lo hacía, sin remordimiento, sin culpa, y la sensación que experimentaba era jodidamente increíble, en fin, en ese momento Chris se encontraba en su salón de clases, observando a todos tomar sus apuntes, distraerse y jugar con cualquier cosa, estaba aburrida, y lo único que tenía para distraerse eran sus pensamientos, "Podría ser él" pensó al observar a un chico de su clase, pero lo descartó luego de ver su fisonomía, era bajo, enclenque y torpe, ella buscaba algo que fuera algo más ágil y veloz a la hora de escapar, un reto, siguió buscando con la mirada hasta detenerse en un miembro del equipo de basquetbol, delgado, corpulento pero no tanto, algo alto, pero no lo suficiente como para parecer un rascacielos, podía jurar que Jeff era más alto, sonrió de manera maliciosa, "Te tengo", imaginó las mejores maneras en las que podría hacerlo sufrir, tal vez podría cortarle uno o dos dedos para dejar que se viera a si mismo desangrarse, o quizá podría ser que lo torturara de manera mental, dándole la incertidumbre de cuando iba a matarlo y de que forma, tenía tantas posibilidades, y todas le parecían sumamente hermosas, decidió colocarse sus audífonos y subir el volumen de la música a todo lo que daba, siguiendo el ritmo de Wretched and Divine tamborileando con sus dedos en el escritorio.
-¡Chris!, ¡Chris!- la señorita Mounds continuaba llamando a la chica, quien se encontraba absorbida dentro de la música y sus pensamientos, caminó hasta su lugar y se posó frente a ella.
Subió la mirada y se encontró con los ojos de su maestra.
-¿La puedo ayudar en algo?- preguntó la chica indiferente quitándose uno de sus audífonos.
-En realidad, me gustaría que prestaras atención a la clase- habló amablemente la mujer.
-Y a mí me gustaría que no me interrumpiera cuando tengo cosas más importantes que hacer que prestar atención a su clase, pero no todos podemos tener lo que queremos- contestó recargándose en el respaldo de la silla y cruzándose de brazos.
La señorita Mounds quedó sorprendida ante la actitud de la que era su mejor alumna, frunció levemente el entrecejo.
-Quiero que te quedes conmigo después de que termine la clase Evans, necesito hablarte- sentenció y volvió a tomar su lugar al frente de la clase.
Chris bufó y se enderezó en su asiento, lanzando una mirada asesina hacia la mujer al frente del aula y a todo aquel que le mirara.
/
-Quiero saber que te pasa- dijo la mujer de cabellos extrañamente verdes –Chris, no sé que sucede contigo, estás muy rara, ya no te veo conversar con Mike ni con Janet, no prestas atención, te has vuelto más fría, y la mayoría de las veces me doy cuenta de que sigues algo con la mirada que jamás está ahí, es como si estuvieras ausente, quiero ayudarte.
Ella enfureció, la rabia dominando su mente, se levanto y azotó las palmas contra el escritorio de la señorita Mounds.
-¡Todo el mundo dice eso!, "Quiero ayudarte", ¡QUE LOS JODAN A TODOS USTEDES!, ¡No quiero que me ayuden, no quiero que hagan nada, sólo déjenme en paz y continúen sus vidas, no se entrometan en la mía!
-¡Me preocupo por ti!- exclamó mirándola fijamente.
Tomó un gran respiro, tratando de contenerse, no podía dejarse llevar por sus impulsos en ese momento, no sería bueno si alguien la viera salir del salón empapada de sangre, le ordenó a Akira callarse y a todas las sombras quedarse quieta para tratar de controlarse, acercó su rostro al de su educadora y observó sus ojos verdes con una frialdad inmensa.
-No necesito que se preocupen por mí- y con dicha frase salió del aula como si nada, pensando en que quizá el próximo año la escuela necesitaría una nueva profesora de Literatura.
Afuera, recargada en un casillero y sonriéndole de medio lado estaba Alex.
-Vaya, así que volvió la chica ruda de antes ¿no?- le habló con diversión en la voz, Chris arqueó una ceja, para ella Alex era un asunto inconcluso, tan pronto como tuviera la oportunidad de descubrir en dónde vivía le haría una visita para obligarla a sonreír y quedarse callada –Me tomé la libertad de leer tu expediente, espero que no te moleste, pero sentía la necesidad de conocer más a mi mejor amiga.
-¿Mejor amiga?- preguntó –Yo no tengo amigos ni mucho menos "mejores" amigos.
-Oh vamos.
Alex se acercó y le rodeó los hombros con un brazo.
-Yo sé que tu y yo seríamos muy buenas amigas- sonrió con confianza.
Chris frunció el ceño, exasperada por la actitud de la chica, quien se mostraba ante ella con tanta confianza, como si se conocieran de toda la vida, o en realidad, Alex hablaba como si a ella la conociera de toda la vida, entonces se le ocurrió un plan, una ventaja que surgió de repente para librarse de ella, volverse amigas fue repentinamente la mejor idea, cuando menos se lo esperara la mataría sin ninguna compasión, sonrió ante la idea, se regodeaba en su interior por el simple hecho de disfrutar tener la sangre de Alex cubriéndola por completo, "Mantén a tus enemigos cerca, y a tus víctimas aún más cerca".
-Como sea, tengo cosas que hacer- Alex se alejó de ella –¡Nos vemos en el baile!- gritó alzando la mano a manera de despedida –Tendré una gran sorpresa para ti- susurró para si misma con frialdad…
/
Ella no era de asistir a fiestas, en realidad, ella odiaba las fiestas, eran ruidosas y jamás tocaban la música que le gustaba, y sin embargo, ahí estaba ella, sentada y aburrida, luciendo el vestido que Joanne le había regalado en su cumpleaños, su look totalmente inspirado en el aspecto de Taylor Momsen en el video de Make Me Wanna Die, sostenía un vaso de refresco en su mano y miraba a todos sus compañeros de curso bailar en la pista, suspiró llena de pesadez, no podía seguir soportándolo, necesitaba apuñalar algo, lo que sea que fuese antes de que perdiera el control sobre sí misma.
Se levantó de su asiento y dejo el vaso sobre la mesa, se abrió paso a empujones entre la multitud y llegó pronto hasta las puertas del gimnasio, salió al pasillo e inhalo fuertemente, dio un suspiro y comenzó a caminar alejándose del estruendoso ruido, de no ser por la música el lugar sería perfecto como escenario de una película de terror, pero para su mala suerte aún podía sentirla retumbando en sus oídos.
-Eh Chris- escuchó a sus espaldas.
Al girarse encontró a Ray, vestido con su pulcro esmoquin, el cabello negro le caía lacio sobre los ojos azules, el cual distraídamente se apartó con un ligero movimiento de cabeza, le sonrió ampliamente, una sonrisa cálida y radiante, una sonrisa diferente a la que ella dibujaba en las personas.
-Aquí estás- dijo él acercándose.
-No iba a seguir ahí dentro esperando después de que me dejaste sola- respondió frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
-Lo siento- se acercó a ella de modo que estuvieran a poco centímetros de distancia el uno del otro –Estaba ligeramente ocupado con un pequeño asunto- tomó su mano y entrelazó sus dedos con un gesto tierno –Ven, sígueme.
Tirando de ella comenzó a avanzar, el rostro de Ray mostraba una felicidad inmensa con ése simple acto, sin embargo, Chris no podía sentir nada, la guió por los pasillos hasta estar frente a la puerta del salón de usos múltiples, él tomó el picaporte, dedicándole una sonrisa resplandeciente y una mirada cargada de emoción antes de entrar.
Chris le devolvió la sonrisa, aunque sus motivos para sonreír fueran diferentes, su cuerpo se llenó de euforia al ver que el momento que había estado esperando durante toda la noche había llegado, hundió su mano dentro de uno de los bolsillos de su chaqueta, palpando con la punta de los dedos el pequeño y afilado cuchillo que había guardado antes de salir. Ray abrió la puerta, introduciéndolos a ambos en la oscura habitación iluminada por la tenue luz de unas cuantas velas, el silencio reinaba y el único sonido presente era el de sus respiraciones.
-¿Qué hacemos aquí?- preguntó ella con indiferencia.
Ray la atrajo hacía sí , pegándola contra su cuerpo notablemente musculoso, la abrazó fuertemente, como si tuviera el presentimiento de que en cualquier momento alguien llegaría para arrebatarla de su lado.
-Es la manera en la que puedo demostrarte cuanto me importas.
Ella podía oír el latir de su corazón acelerado, retumbando en su pecho como si fuera a salirse, y pensó que en cualquier otro momento del pasado habría sentido lo mismo, ahora su corazón latía por diferentes motivos, aspiro su aroma a hierbabuena e inconscientemente sus pensamientos fueron hacia Jeff, no pudo evitar compararlos, ambos completamente diferentes, los brazos de Ray eran sin duda más cálidos, pero no se sentían iguales a los de aquel asesino, porque cuando Jeff la abrazaba todo a su alrededor desaparecía, era como si el mundo que la rodeaba se congelara y sólo existía él.
-Me importas mucho Chris, más de lo que podrías llegar a imaginarte- incluso cuando se encontraban alejados del baile la canción lenta que había comenzado a sonar aún era perceptible para sus oídos, él la tomó por la cintura y escondió el rostro en el hueco entre su cuello y el hombro.
El corazón de la pelinegra comenzó a agitarse, con cuidado sacó el cuchillo y pasó los brazos por el cuello de Ray, colocando el pequeño y afilado objeto en su yugular, Akira gritaba dentro de su cabeza "Mátalo Chris, hazlo ya".
-Te quiero- susurró el chico en su oído apretándola más, sin percatarse de que seguramente esas serían sus últimas palabras –Te quiero Christine Evans, como jamás he querido a nadie más, por favor, quédate conmigo...
Justo cuando pensaba realizar la tarea algo la distrajo, la alarma de incendios había sido activada, los gritos de los demás llegaron hasta sus oídos, Ray se separó de ella justo después de que escondiera la cuchilla bajo su manga.
-¿Qué rayos…?
Al salir del aula todo parecía un caos, chicos y chicas corriendo por los pasillos para encontrar una salida, la multitud era tanta que terminó alejándolos a ambos, Chris gruño y frunció el entrecejo "Maldita sea" pensó con rabia, cuando intentó avanzar entre toda esa oleada de personas histéricas unas manos la tomaron por detrás, cubriendo su boca para evitar que intentara gritar, el desconocido individuo la arrastró hasta otro salón oscuro, ella forcejeaba inútilmente, entonces algo la golpeó y cayó en la inconciencia.
Minutos más tarde Chris despertó, se encontraba sentada en una silla, cuerdas sujetaban sus tobillos y sus muñecas.
-Bien, bien, bien, así que por fin despertaste- miró hacia arriba al escuchar una voz desconocida, miró a la persona frente a ella y arqueó una ceja.
Una chica, quizá de su edad o algo mayor, con la piel de un color blanco puro, usaba un vestido corto hasta y ceñido negro, tacones de igual color de aguja, la melena azabache le caía en forma de rizos y ondas por la espalda, pero el detalle que más se le hizo notar fue la máscara que portaba, labios y ojos negros, curiosos ojos negros que daban la apariencia de que no podía ver nada.
-¿Quién eres?- preguntó Chris sintiéndose impotente.
-Oh, es verdad, no me he presentado, soy Jane Arkenshaw o como suelen reconocerme mejor, Jane The Killer.
Chris lanzó una fuerte carcajada y miró a Jane, arqueó una ceja y sonrió de lado.
-¿Jane The Killer?, ¿Es una broma?- escupió con sorna -¿Qué eres?, ¿Una especie de copia barata?
Jane miró a la chica con rabia, se acercó a ella y la observó fijamente, sus ojos eran de un color avellana que sin duda le pareció hermoso, de no ser porque la locura los llenaba por completo.
-¿Cuál es el problema Jane?, vamos era un pequeña broma, no irás a sentirte por una pequeña broma ¿cierto?- sonrió ampliamente.
-Tsk, no puedo creerlo, aún cuando parece que le importa la ha convertido en alguien como él.
-¡No hables como si no estuviera aquí!- bramó Chris.
-¿Sabes por qué te tengo aquí Chris?- preguntó Jane.
-¿Para tomar el té?- ironizó la respuesta –No, no lo sé.
-Entonces permíteme explicarte- se inclinó para que ambas miradas se contemplaran fijamente –Ese bastardo llamado Jeffrey Woods destruyó mi vida, he estado cazándolo durante años, aguardando en la oscuridad el momento en que pudiera darle fin a su estúpida vida y ahora tengo la mejor oportunidad para deshacerme de él, para hacerlo sufrir de la misma manera en la que yo sufrí.
Chris no pareció inmutarse por las palabras de Jane, es más, la miró divertida y esbozó una sonrisa burlona.
-¿Y qué?, ¿Quieres que te aplauda?, ¿Cuál es tu punto?
-Pienso arrebatarle lo que más le importa de la misma manera en la que él lo hizo conmigo, tú eres lo que él más quiere, tú eres mi boleto hacia la venganza, tú eres mi víctima.
Chris volvió a reírse, de la misma manera en la que se ríe un psicópata.
-Pobre, pobre Jane, sin familia, sin amigos, no tienes nada, a puesto a que te sientes muy sola, eres tan…patética, pero no te preocupes, eso puede solucionarse, sólo sonríe.
Jane no pudo aguantar más, su mano se estampó con fuerza contra la mejilla de Chris, tomó su rostro y la miro con un profundo odio.
-Te haré sonreír perra psicópata- tomó un cuchillo y cortó su mejilla izquierda violentamente, la sangre salpicó al instante.
Unas cuantas lágrimas rodaron por las mejillas de la chica, la sangre corría de la herida y manchaba su ropa, Chris levantó la vista hacia Jane, quien parecía sonreír triunfante detrás de aquella máscara.
-Gracias, me ahorraste algo de trabajo- dijo mostrando su nueva y según ella mejorada sonrisa.
Al mirar sus ojos lo supo, ella estaba completa e irremediablemente perdida, la locura se había adueñado de su ser, la oscuridad la había atrapado, nadie podría salvarla, tomó un bote de lejía que había colocado en una mesa.
-Espero no vayas a tomártelo muy personal, pero ya sabes, hay cosas que se tienen que hacer, y como puedes comprender, yo tengo que hacer esto- vació el contenido sobre la chica, quien lanzó un aullido de dolor.
Tomó un galón de gasolina y al igual que hizo con la lejía lo vació sobre Chris y por toda la habitación, cuidando de no salpicarse ella misma, incluso lo esparció por todo el pasillo, claramente, Jane no iba a dejarle ninguna escapatoria, tomó por último un encendedor y caminó hasta ella.
Chris miró el encendedor que Jane sostenía, sus manos detrás de su espalda atadas inmóviles no le daban muchas posibilidades, entonces recordó el cuchillo que escondía bajo su manga, sigilosamente comenzó a cortar las cuerdas que la mantenía prisioneras, para su suerte, las cuerdas en los tobillos no parecían estar bien sujetadas, así que se alegró ante el hecho de que liberarse de esa manera sería más fácil.
-Espero que disfrutes el olor a carne quemada, será lo último que recordarás cuando estés de camino al infierno- pronunció –¿Algo que decir antes de morir?.
-Sonríe Jane- dijo levantando la mirada y dedicándole la mejor sonrisa que pudo –La vida es mejor con una sonrisa.
Inesperadamente sus pies se liberaron al propinarle una patada a la otra mujer presente directamente en el estómago, si perder tiempo se levantó de la silla y antes de que Jane pudiera advertirlo enterró el cuchillo en su hombro.
Jane lanzó un alarido de dolor, se preparó para levantarse, pero Chris volvió a patearla justamente en el rostro, sacó el cuchillo de su hombro y salió de la habitación.
No me mal interpreten, no era de su agrado huir como una vil cobarde, pero a Chris le gustaba jugar, y más cuando ambos jugadores se veían más que dispuestos a participar en la actividad, subió al segundo piso y recorrió el pasillo hasta llegar a uno de los laboratorios y se adentró en él, miró su pequeño cuchillo.
-Mierda, debí haber cogido uno más grande- musitó.
Comenzó a escuchar pasos aproximándose al lugar y la voz femenina llamándola.
-¿Qué sucede Chris?, ¿Ahora te escondes?, ¡Que cobarde!, ¡Y yo que pensaba eras más intrépida!, debí suponer que la novia de Jeff sería justamente tan patética como él.
Apretó la mandíbula hasta el punto en que sus dientes rechinaron, sin pensarlo tomó una probeta y la rompió golpeándola contra una de las mesas creando así un "arma" improvisada bastante filosa.
Mantuvieron una pelea de pocos minutos, se alejaban una de la otra y se causaban heridas con ambas cuchillas, rasgaban sus ropas y tenían cortadas que no llegaban a ser profundas.
-¿Yo soy patética, dices?- lanzó una carcajada que no tenía ni el más mínimo atisbo de gracia –Mira quien lo dice, una copia barata, ¡Ja!, ¿Qué eres tú sino una imitación?
Sus palabras la hicieron enfurecer.
-¡Tú no me conoces!- espetó al tiempo en el que se lanzaba contra ella para encajarle el cuchillo, Chris apenas y pudo esquivarlo.
Jane se dejó llevar por la furia, apenas estuvo a poco centímetros de la chica no pudo evitar perder el control, su cuchillo se dirigió hacia ella con velocidad, rasgado su vestido negro en el abdomen, su codo se dirigió a su estómago, golpeándola con fuerza haciendo que se estrellara contra los casilleros.
El aire abandonó el cuerpo de Chris al momento de recibir el golpe, y fue tan fuerte que incluso escupió un poco de sangre, pero no se dejaría vencer tan fácilmente, aún mantenía el cuchillo y la probeta rota bien aferrados, así que en el momento en que cayó al suelo clavó el cuchillo en la pierna izquierda de la mujer causándole una herida profunda y sangrante con una longitud de al menos diez centímetros, sin embargo, aprovechando la oportunidad, Jane también clavó el cuchillo en el costado derecho de Chris e incluso en su hombro, al igual que ella había hecho antes, cobrándole esa herida que tampoco paraba de sangrar.
Ambas se encontraron en el suelo en pocos segundos, jadeando y sangrando, Chris se levantó tambaleante, perdía sangre y todo se nublaba un poco, cayó de nuevo al suelo cuando Jane la tomó por el tobillo para evitar su huida, con las pocas fuerzas que todavía tenía le pateo el rostro para que la liberara.
Trato de correr hacia las escaleras para bajar lo más rápido que podía, Jane no parecía desistir a la idea de acabar con ella, así que de igual manera se levantó y aferró su corto cabello, para estrellarla contra la pared, la adrenalina recorrió el cuerpo de Chris una vez más, golpeó en la cabeza a Jane con la probeta repetidas veces hasta ver que la sangre le salpicaba más, ambas perdieron el equilibrio y rodaron escaleras abajo, hiriéndose más de lo que ya estaban.
El frío suelo contra la mejilla de Chris era lo único que podía sentir en ese momento, escuchó a Jane toser un poco y levantarse para posteriormente caminar, o mejor dicho, cojear hasta ella con lentitud; Chris perdía sangre debido a la herida en el costado derecho y en el hombro, además de mencionar que seguramente se había roto una pierna debido a la caída reciente, la voz de Akira resonaba en su mente, gritando que se levantara y terminara con Jane de una buena vez, pero sus párpados comenzaban a caer débilmente.
Fue entonces cuando hasta a ella llegó el sonido de un cristal rompiéndose, abrió los ojos débilmente y notó como la figura de Jeff forcejeaba con Jane, quien trataba de defenderse ya también si la fuerza suficiente, su visión borrosa pudo distinguir el encendedor en la mano de la mujer, quien trataba de lanzarlo hacia ella, el chico consiguió doblar su muñeca y romperla, Jane calló al suelo de nueva cuenta y aulló debido al dolor.
Chris cerró los ojos por un instante y luego sintió como su cuerpo abandonaba el frío suelo, volvió a abrirlos, encontrándose con la mirada oscura de su novio, si no estuviera tan mareada y desconcertada incluso podría haber jurado que estaba asustado.
-Lo siento-le escuchó susurrar –Perdóname…
Trató de sonreírle, pero en lugar de eso un grito ahogado salió de su garganta al ver como Jane se arrastró hacia el encendedor y lo lanzó, el objeto calló justamente sobre un charco de gasolina y el calor abrasador del fuego la llenó al sentir como el pasillo se convertía en un auténtico infierno rodeado por las llamas…
/
Se sentía adolorida, por todas partes, tenía la garganta seca y le ardía, sentía como si se hubiera tragado un puñado de espinas, abrió los ojos, la luz blanca le dio de lleno en el rostro, una mueca se formó en su rostro y el dolor se incrementó.
-¿Qué rayos…?- trató de hablar, su voz salió amortiguada y grave.
-¡Chris!- su padre se levantó rápidamente de su asiento y corrió a su lado –Gracias al cielo.
Las ojeras debajo de los ojos de aquel hombre denotaban el cansancio y la falta de sueño que seguramente habían producido las noches en vela que había pasado por ella.
-Papá…
-Shhh…no hables ¿sí?- sintió que le acariciaba en un gesto tierno el cabello –Sólo descansa querida, ya ha pasado.
Sus recuerdos volaron hasta la pelea con Jane en la escuela y se alegró de no estar muerta aún.
-¿Cómo…?- trató de formular la pregunta.
-Tranquila, estás bien, tuviste suerte de que el fuego no alcanzara a llegar hasta a ti, la policía sigue buscando a la persona que lo inició todo, estoy seguro de que ése psicópata fue el responsable, seguro él te hirió de esta manera, pero no te angusties, no van a interrogarte, no es conveniente y tampoco quiero que estén atosigándote con preguntas- habló él, aún acariciando su cabello.
Ella simplemente lo miró y trató de sonreír para tranquilizarlo.
-Chris- volvió a escuchar de él –Debido a toda esta serie de acontecimientos, Jehna y yo pensamos que sería una buena idea mudarnos de la ciudad, encontramos una casa, lo bastante grande y con habitaciones de sobra a un muy buen precio en Madison, además tu y Ray pueden estudiar en la misma universidad ahí, podemos dejar todo esto atrás, como si nada hubiera pasado, olvidarlo y superarlo- dijo él sonriendo levemente, Chris sabía que no iba a tener opción de hacer nada para contradecirlo, estaba demasiado cansada como para discutir y sentía que el sueño comenzaba a atacarla nuevamente.
Se limitó a asentir, su padre le besó delicadamente en la frente y procedió a dejarla dormir, sin saber que en aquella mente corrompida un plan comenzaba a formarse, ella no tenía intenciones de irse, y sus métodos para quedarse iban más allá de lo que Joseph pudo haberse imaginado jamás…
El aire frío entraba por la ventana abierta del cuarto del hospital, Chris miraba al techo, apenas siendo capaz de conciliar el sueño, uno, por el dolor insoportable que sentía por todo el cuerpo, y dos, por esa sensación de necesidad que no la abandonaba. Había recibido varias visitas en los últimos días, Jehna había llegado con una gran sonrisa, la trató justo como una madre trata a su hija, cuidó de ella y se quedó a su lado tanto como pudo, Ray estuvo con ella dos días después de que despertara, en sus ojos había preocupación y culpabilidad, Mike y Janet también habían ido, a pesar de todo lo que había pasado entre ellos seguían siendo fieles a esa amistad que lo tres habían mantenido, no eran conscientes del daño mental en ella, no eran conscientes de su vida como asesina, no eran conscientes de lo cerca que estaban de la muerte con ella ahí.
-No son conscientes de nada…- susurró para si misma.
Advirtió una presencia más en la habitación, una que no era ni de su padre, ni de sus amigos, ni de Ray y tampoco la de Jehna. Jeff se acercó con paso sigiloso hasta a ella hasta quedarse parado a un lado de la cama.
-¿Cómo entraste hasta aquí arriba?- preguntó mirándolo.
-Soy bueno escalando- contestó suavemente.
Chris sonrió de lado, él se sentó a su lado y le acarició la mejilla con el pulgar, un gesto tierno y dulce, se miraron por largo rato que para ambos fue eterno, entonces Jeff posó sus labios suavemente sobre la frente de ella y se quedó ahí; Chris podía oír su corazón latir fervientemente.
-Chris- susurró contra su frente –Ven conmigo.
Sus palabras le confirmaron lo que estaba pensando desde hacía mucho tiempo, estar a su lado era lo que más quería, lo que más anhelaba, no era una opción decir que no cuando su mente y alma gritaban con locura que sí, el silencio fue roto al escuchar pasos que se aproximaban al lugar y voces que pertenecían a sus familiares.
Jeff se separó de ella y la miró por unos segundos.
-No tienes derecho a negarte, incluso si dices que no iré por ti y te llevaré conmigo a la fuerza- susurró sonriendo, se acercó y la besó con pasión –Soy el único que tiene el derecho de tenerte.
Y desapareció por la ventana tan rápido como lo haría un fantasma al traspasar una pared…
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El día que Chris salió del hospital llegó rápidamente, estaba completamente recuperada y lista para abandonar el establecimiento que lo único que hacía era enfermarla aún más.
Su día fue agitado, la llevaron a un montón de lugares en los que no quería estar y fue casi obligada a realizar actividades que no deseaba hacer, pero finalmente su día había llegado, era SU día, y le daría a todos algo por que recordarlo.
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Ray despertó justo en medio de la noche, unos ruidos extraños provenían del piso de abajo, decidió ignorarlo y volvió a acostarse, sin embargo, el escalofrío que le recorrió de pies a cabeza le hizo la tarea imposible, tenía el ligero presentimiento de que algo no andaba bien.
Se levantó, cuidando no despertar al pequeño a su lado y salió de la habitación de huéspedes, después de que se hiciera de noche Chris había sugerido que Jehna, él y Henry se quedaran en su casa para conservar el ambiente familiar que se había formado entre todos, la idea le pareció de lo más sensacional y no dudó en aceptar.
Al salir al pasillo se encontró con un frío que le caló en los huesos y un silencio sepulcral que lo dejó paralizado, a sus pies descalzos se encontraba un rastro rojo y líquido que se podía denominar como sangre, avanzó con un paso casi mecánico, siguiendo el camino que la sangre trazaba hasta llegar al pie de la escaleras, bajó cada escalón, su cuerpo temblaba, sus manos sudaban, su corazón se aceleraba más con cada paso y entonces, al llegar hasta el fin de las escaleras notó algo horrible ante sus ojos.
La sala era un baño de sangre, con manchas en la pared, el suelo, los sillones, incluso en el techo, Joseph Evans yacía en el suelo, con los intestinos de fuera, sin brazos ni piernas, la cara le había sido arrancada, Jehna, su madre, sentada en uno de los sillones, una sonrisa grotesca adornaba sus facciones, sus ojos abiertos para mirarlo fijamente gracias a los ganchos que mantenían sus párpados inmóviles, su corazón estaba sobre sus piernas, podía notar que a sus delicadas manos le faltaban unos cuantos dedos y también tenía agujas enterradas por todo el cuerpo, lo más horrendo fue ver a su pequeño hermano, o una parte de él, su cabeza estaba adornando la pequeña mesa, sus ojos estaban fuera de donde deberían y en lugar de eso se encontraban sobre una bandeja.
Ray quiso correr, quiso gritar, quiso hacer muchas cosas, pero simplemente se quedó paralizado, con el estómago revuelto y las ganas de vomitar.
Reaccionó en el momento que sintió como era apuñalado múltiples veces en la espalda, calló al suelo boca abajo, sangrando terriblemente, levantó la vista y se encontró con Chris.
Ella lucía la misma ropa que había llevado al baile, su cabello volvía a tener esos rayos rojizos de antes y la sangre manchaba su piel blanca, sostenía un cuchillo en una mano y un hacha pequeña en la otra, su sonrisa…su sonrisa era una atrocidad, parte de ella era constituida por costuras, y la otra mitad era larga, mal formada y aún sangraba.
-Oh Ray, ¿No te encanta?, lo que le he hecho a nuestra familia, es tan hermoso, es tan bello- ella lo miraba fijamente, sonriéndole cual psicópata.
En sus ojos no había ningún rastro de aquella chica de la cual estaba perdidamente enamorado, ya no quedaba nada de ella, trató de hablar, de gritar, pero sólo pudo llorar, la pérdida de sangre que su cuerpo sufría era tanta que comenzaba a sentirse débil y mareado.
-No te preocupes cariño, no tienes porque llorar, ya he llamado a la ambulancia y a la policía, estarán aquí en poco tiempo- Chris se hincó a su lado y lo miró, lo miró y lo miró y lo miró.
-T-Te…T-e o-dio- alcanzó él a susurrar.
-Shhh…no digas nada, sólo recuerda sonreír Ray- dijo ella, su sonrisa parecía ensancharse cada vez más –Sonríe Ray, siempre sonríe, la vida es mejor…con una sonrisa…
