XXIII.
No hace falta que salga la luna
Pa' venirte a cantar mi canción
Ni hace falta que el cielo este lindo
Pa' venirte a entregarte mi amor
No encontré las palabras precisas
Pa' decirte con mucha pasión
Que te quiero con toda mi vida
Que soy una esclavo de tu corazón
Solo Dios que me vio en mi amargura
Supo darme consuelo en tu amor
Y mando para mi tu ternura
Y así con tus besos borro mi dolor+
+.+.+.+.+.+.+
"Ya el cielo de la tarde se esta nublando, se esta nublando…"
Cuerdas de guitarra acariciadas por las curtidas manos de un hombre de campo…
"Y todo el horizonte se esta apagando, se esta apagando…"
Erik detuvo su montura un momento para escuchar.
"Toda la abrupta sierra, se baña de tristeza,
Pues el sol ya cansado, se va ocultando…"
Era agradable, la costumbre musical de aquellas tierras, lo absorbía y le regresaba el equilibrio que sentía perdido. A partir de aquel desayuno Clitia se había mostrado tan esquiva como él lo había sido en sus primeros días de relación, allá en su morada, había que aceptarlo, era frustrante, exhaló continuando su paseo, la verdad es que en parte tenia la culpa, al responder a la pregunta del "¿Que hace aquí?" se había mostrado menos elocuente de lo que había ensayado, debido a esto por toda respuesta ella le había mirado con franco escepticismo, no era para menos, pero la cosa no había acabado ahí, con una insistencia que rayo en lo imperativo lo había observado hasta que logro que tomara el contenido del jarrito que humeaba frente a él, fue necesario desamarrar la mascada, doblarla para dejar al descubierto su boca y soportar la mirada de la mujer que sonreía con un ligero toque de malicia, aun cuando aquello fue francamente incomodo y hasta cierto punto injurioso por alguna razón Erik sintió que lo merecía y esa idea le resulto divertida, porque aquello confirmaba una cosa: Que lo sabía! Que era verdad!
Y entonces cuando el café mojo la orilla de la tela doblada con premura, recordó el horror, toda su alegría se evaporo, aquí…, allá…, su imagen no cambiaria nunca, ella pareció notar su amargura.
Terminado el almuerzo, se despidió alegando compromisos y le dejo a un mozuelo para que le mostrara la hacienda, no lo invito a acompañarla, él no lo solicito, su eterna maldición le torturaba corroyendo sus ilusiones. El mozuelo resulto llamarse Felipe, presumió once años mientras lo miraba con curiosidad que pronto se volvió franca camaradería mientras lo llevaba por los corredores, ante las preguntas del chico Erik se permitió soltar un par de cosas.
Venía de Francia? Si.
Conocía a Pierre? Si.
No, no era amigo de ningún hacendado de México.
Para la comida Clitia se había dedicado a detallarle los platos servidos sin salirse del tema y una vez terminada había vuelto a excusarse, entonces Felipe propuso cabalgar por las tierras de la hacienda y ahí estaba, tres días después, en aquel camino, admirando el ocaso entre los cerros…
-Dispense patrón, hay que apurarse ya mero llegamos- murmuro el chico, el hombre asintió mirando hacia la hacienda que se recortaba entre los campos.
Clitia suspiró.
-Hay niña, ese suspiro llego hasta Chalma- bromeó Rosario mientras revisaba la olla del te de canela, la mujer a su lado le dio un codazo –no seas metiche- gruño, Clitia hecho a reír, en la cocina, al amor del hogar se sentía tranquila y sobre todo libre. –Hay chayito, si yo te contara…- sonrió recargada en el muro –puss cuénteme niña ¿Qué le cuesta?- sonrió la otra, la joven de cabellos oscuros negó lentamente con la cabeza mientras abandonaba el lugar, fuera hacia fresco, se envolvió en el chal contemplando el portón de la entrada, su invitado pronto regresaría… ¿Que haría entonces? Exhaló.
-Erik…, mi Erik…
Tantas horas pasadas en altamar desgastando su nombre, intentado idealizar los recuerdos de sus momentos juntos para volverlos irreales, convertirlos en un sueño jamás ocurrido, sin éxito. Pronunciar su nombre era recordar su voz y aquellos roces que la habían desarmado, cuanto se había esforzado por hacerlo a un lado para aquella mañana, al alborear el día, Clitia se encontrara con Apolo en su entrada, suspiró, era demasiado, se dejo caer en la mecedora para acunar su pensamientos, la verdad era que tenerlo ahí era un regalo, el regalo de su compañía, bajo las estrellas de su tierra, al amparo de sus costumbres, lejos de la cansada sociedad francesa, ahí donde el sol entibiara su rostro y le demostrara que no estaba muerto, sonrió.
Si… tal vez aquí pudiesen…
"Me encontraste en un negro camino,
Como un peregrino, sin rumbo y sin fe…"
La voz la aparto de sus pensamientos…
"Y la luz de tus ojos divinos
Cambiaron mi suerte por dicha y placer…"
En aquel momento el caballero cruzaba la puerta llevando de las bridas al animal que lo seguía mansamente.
"Desde entonces yo siento quererte
Con todas la fuerzas que el alma me da.."
Miro hacia la casa y ahí estaba ella…
"Desde entonces paloma querida
Mi pecho he cambiado por un palomar…"
Sus miradas se cruzaron y el último coro de la canción murió en su garganta, los criados encendían silenciosamente los farolillos que iluminaban el patio, flamas en la oscuridad, igual que antes… Dejo las bridas en manos del mozuelo, sus pasos resonaron seguros sobre el empedrado, mientras se acercaba a ella que le sonreía.
No lo esperaba, en realidad jamás habría esperado escucharlo entonando aquello, versos tan amados, en la voz que anhelaba –Buenas noches- sonrió abandonando su asiento, el saludo con una inclinación de cabeza –Buenas noches- pronuncio quedamente como acariciando las palabras, era feliz, de nuevo en la oscuridad que era su aliada, con la mujer que añoraba, siendo aquello que hoy era por ella, era perfecto.
-Sabes vine a Mexico por ti porque…
"Yo se que no hay en el mundo amor como el que me das…
Y se que noche con noche, va creciendo mas y mas…
Y se que noche con noche…
Va creciendo…
Mas… y mas…"
El canto de los grillos reclamo el momento en que el hombre dejo de cantar pues su voz había opacado el concierto nocturno con un solo fin, confesar…
-Te amo Clitia, me disculpo por no haberlo entendido antes y te ruego una oportunidad para enmendarlo, una oportunidad para aprender a vivir en la luz, contigo…
Su voz se perdió en los murmullo de la noche, Clitia suspiro su mirada resplandecía, con calma descendió los tres escalones que la separaban de él y le ofreció sus manos, Erik las tomo con reverencia, ella sonrió plena de dicha acercando las manos del hombre hasta sus mejillas…
-Entonces aprendamos juntos… Amor
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porfinnnnnnn ehhhhhhh son tan feliz llevaba tanto tiempo queriendo escribir esta escena y al final, al final bueee en mi imaginación se vio re bonita, que opinan ustedes?
Espero no tardar con el siguiente cap porque aún no acabamos ya mero pero no.
Espero sus reviews
+Serenada sin Luna. Jose Alfredo Jimenez
