Hola a todos!

Aquí, como prometí, os traigo el capítulo el VIERNES.

Se que muchos de vosotros, el capítulo anterior no fue de vuestro agrado (y por qué negarlo, no fue uno de los mejores en mi opinión). Así que espero que este capítulo sea una compensación ante esto.

MUCHAS GRACIAS A TODOS POR VUESTROS LINDOS REVIEWS! Al igual que los favs y los follows que recibo. Cada vez somos más! Como ya mencioné en el capítulo anterior, llegamos a los 300 reviews, y me impresionó bastante por que, para el especial de los 300 ha sido el parto de Eren. ME ha encantado escribirlo. Espero que lo disfrutes de la misma manera con la que yo la he escrito... o incluso más!

Y sin más que decir... Os dejo el cap.


Capítulo 25: La luz de mi vida

Rivaille cabalgaba lo más rápido que los cascos de su caballo le daban. Había salido disparado detrás de Eren en el mismo momento en el que vio al muchacho coger su caballo y salir del castillo en dirección al bosque.

No tardó mucho en ensillar su caballo, el cual ya le estaba esperando, y con maestría pudo finalmente encaminarse en la busca de Eren. En el instante que salía de las caballerizas, Ángela, junto a su subordinado Dylan, llegaban a éste a realizar una de las revisiones de los caballos.

-Rivaille, ¿a dónde vas? – Preguntó la rubia con sorpresa.

-Eren se ha ido. Tengo que salir en su busca. – Respondió seco, sin más información. No hacía falta darla.

-¿Qué…? – miró a Dylan, el cual se encontraba en estado de estupefacción. – ¡Espera! – Voy contigo – gritó al ver al sargento salir cabalgando por el camino de tierra que daba salida al bosque.

Ángela se apresuró a ensillar su caballo, mientras Dylan la seguía de cerca. No era certero el ensillar también a su caballo, así que decidió cabalgar en los lomos del caballo blanco de Ángela, justo a su espalda.

La joven accedió a llevar a su subordinado, mientras que Rivaille se perdía por el horizonte, llegando al espeso bosque.

Llevaba cerca de media hora cabalgando sin parar, en busca de alguna pista que le indicaba donde estaba el paradero de Eren. Pero no encontraba nada. Se estaba desesperando. El castaño podía llegar a ser muy impulsivo, pero desde que se enteró de su embarazo, era mucho más cuidadoso. ¿Entonces por qué?

Recordó su discusión de hace apenas unas horas, y bufó con molestos. Sabía que le estaba mintiendo. Lo veía en sus ojos. Aquellos ojos aguamarina que eran tan claros como el agua; tan puros como un manantial; tan expresivos como un libro abierto. Eren no era bueno mintiendo… y lo que realmente le preocupaba es el por qué de su mentira.

-Estúpido mocoso impertinente…. – soltó al aire, intentando tranquilizarse. – Espero que no hayas hecho ninguna tontería…

Los cascos de Flin – el caballo de Rivaille – se detuvieron de golpe al oír un desgarrador grito proveniente del interior del bosque, cerca del claro de río. Rivaille intentó calmar a su caballo, el cual estaba bastante alterado por aquel sonido tan estrambótico. Alzó la mirada al cielo, el cual estaba comenzando a tornarse anaranjado.

Un segundo grito, más fuerte que el anterior y mucho más claro, pusieron en alerta al sargento. Esa voz era la de Eren. Era Eren el que estaba gritando.

-¡EREN! - gritó todo lo que sus pulmones le dieron.

Golpeó el lomo de Flin con rudeza, haciendo que el caballo reaccionara, comenzando a cabalgar a gran velocidad. Debía encontrar a Eren…. Un mal presentimiento le recorría el cuerpo.

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Ángela cabalgaba a lomos de su corcel blanco, mientras Dylan se sujetaba con insistencia de la silla de montar. Había sido una mala idea aquello de compartir caballo. Aun que la sargento fuera menuda, él era demasiado grande. Cerró los ojos al sentir como el caballo saltaba una de las raíces del árbol que se encontraba a su costado. Ese bosque era inmenso, era prácticamente imposible encontrar a Eren en ese lugar.

Sintió un escalofrío al oír, a lo lejos, un grito desgarrador. Dylan cerró los ojos con fuerza, al sentir que su estómago se encogiera de forma alarmante. Ese grito había sido de Eren, no había duda.

-¿Ese grito era de…? – intentó preguntar, pero Ángela se le adelantó.

-De Eren. Así es. – Pronunció preocupada – debemos llegar lo antes posible. Ese grito solo puede significar una cosa…

-Está de parto…. – pronunció en un susurro Dylan.

-Si… Está de parto. – Ángela aumentó la velocidad del galope al azotar las riendas del caballo.

Eren estaba en peligro. Un embarazo de titán era uno de los embarazos más peligrosos, sin contar que Eren era un hombre. Tragó saliva con dificultad. Esperaba no llegar demasiado tarde.

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Se volvió a agarrar el vientre con fuerza mientras retenía otro de los gritos que intentaban salir de su garganta. Se había desgarrado la voz con el último grito que había soltado. El dolor era insoportable. Nunca se había imaginado que algo así pudiera doler tanto. Ahora entendía cuando su madre le comentó que el parto es una de las cosas más bonitas del mundo, pero también la más dolorosa.

Dios santo… sentía que se desmayaría del dolor en cualquier momento. Ni siquiera cuando le arrancaron aquellos titanes las extremidades tuvo tanto dolor.

Intentó ponerse de pie, pero otra contracción volvió a sentarlo en el frío suelo. Había sido un estúpido. Un completo estúpido por no haber oído las indicaciones de Hanji de no montar a caballo. Por no hablar de la de mantenerse al margen de escenas fuertes que pudieran alterar sus emociones.

Se encogió en el sitio, sintiendo que la cabeza le iba a explotar. Sentía como un fuerte calor le llenaba y como se agolpaba en sus sienes. Un enorme vértigo le recorrió, haciendo que se acostara en la nieve. Estaba solo. De nuevo. Como siempre en las peores ocasiones. Había sido un cabezota y un confiado. No debería de haberle dicho esas cosas a Rivaille… no precisamente en esos momentos.

Pero las palabras de Dylan le habían llevado a tomar esa decisión… debía proteger a Rivaille a como diera lugar.

-No puedo hacerlo, Dylan… - soltó con lágrimas en los ojos.

-Es lo mejor, Eren. – El moreno le agarró de las manos, las cuales descansaban en si regazo. – La única forma de proteger a Rivaille y a tu bebé es viniendo conmigo al Norte.

-Pero… ¿por qué? Dímelo… - los ojos suplicantes de Eren hicieron meya en Dylan, el cual suspiró con resignación.

-La única forma de mantenerte a salvo de "Ella", y por tanto a Rivaille también, es alejándote de aquí, y escondiendo al bebé.

-No entiendo… ¿qué quieres decir? – pronunció confundido. Las palabras de Dylan le aturdían.

-"Ella"… seguro que ya la conoces. Es una anciana que frecuenta el mercado de Trost. La que te dio ese extraño collar hace tiempo. – Eren recordó al instante a la anciana, y se tocó por inercia el cuello. El collar había desaparecido hace tiempo ya… después de quedarse embarazado, no había vuelto a ponérselo. No había encontrado necesidad de hacerlo.

-"Ella" quiere matar a Rivaille a como dé lugar. Sólo quiere a tu bebé, Eren. Y eso es algo que no voy a permitir. – Apretó el agarre de su mano. – Vente conmigo.

Ni siquiera entendía ahora por qué había aceptado. Sintió como sus ojos se nublaban por las lágrimas que se agolpaban en estos. Después de todo… había sido un cobarde…y un idiota.

Sollozó.

Y otro grito desgarrador salió de su garganta, mucho más fuerte que el anterior. Y, de repente, un enorme charco de sangre empapó el blanco de la nieve, formando un río carmesí.

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Rivaille escuchó de nuevo ese grito, sintiendo que su corazón se encogía por momentos. Eren estaba a pocos metros de distancia, lo intuía. Sabía dónde podía encontrarlo. La cabalgata se hizo cada vez más rápida, mientras sentía que su garganta se secaba por el frío del día. El vaho salía con velocidad de su boca por culpa de su respiración frenética.

Los cascos de su caballo chocaban por el suelo lleno de barro, hielo y nieve, haciendo un sonido desagradable. Podía visualizar la salida del bosque, hacia el claro del río. Sentía que Eren se encontraba allí. Y así era.

Le vio tirado en el piso, en posición fetal. Tenía las manos agarradas a su abultado vientre, y la nieve que le rodeaba estaba impregnada de sangre. Una sensación de miedo se apoderó del cuerpo del sargento, acercándose con rapidez al cuerpo semiconsciente de Eren.

Se bajó del caballo, importándole poco si se escapaba o no. Debía verificar que Eren estaba bien. Se arrodilló a su lado, llamándole con suavidad. Lo tomó entre sus brazos, sintiendo el cuerpo del menor rígido por el dolor. Sabía por lo que estaba pasando, aunque nunca lo haya experimentado en su propia carne. Pero le comprendía. Vio la cara contraída del menor por el dolor, mientras un fuerte sonrojo escapaba de sus mejillas.

-Rivaille… - pronunció en un susurro, aun con los ojos cerrados. – perdóname… yo… yo no quise… perdóname.

-No importa, Eren. Ahora lo importante es que me cuentes que ha pasado. Por favor. – le agarró de la cara, verificando lo que más temía. Estaba ardiendo en fiebre. – estar ardiendo…

-Perdóname… perdóname… Rivaille – El sargento le miró preocupado. Después de eso, otro fuerte grito salió de la garganta de Eren, haciendo que sus cuerdas bocales se resintieran. Sentía la garganta arder por el esfuerzo, y sus fuerzas disminuían.

Rivaille lo comprendió. Eren estaba de parto, y la fiebre estaba haciendo que el joven delirara. Chasqueó la lengua con fastidio mientras cargaba a Eren con delicadeza a su caballo. Debía llevarlo con Hanji enseguida.

Aun a sabiendas que no era lo mejor el llevarlo a caballo, no había remedio. Era o llevarlo con Hanji o asistir el mismo al parto. Y la segunda opción no estaba dentro de sus planes.

Se montó detrás del muchacho, haciendo que Eren se recostara en su pecho, mientras se sujetaba el vientre con fuerza. Las contracciones cada vez eran más seguidas, y el joven titán sentía que no aguantaría mucho despierto.

Por suerte Rivaille conocía el camino de memoria. Llegarían en menos de diez minutos.

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Ángela vio pasar a Rivaille a escasos diez metros de ellos. Aun estando en el espeso bosque, distinguir al negro corcel del sargento no era muy difícil, y más si portaba un bulto entre sus brazos.

Su caballo dio un giro de 180 grados en menos de dos segundos, haciendo que el cuerpo sentado a sus espaldas casi se callera del caballo. Los reflejos de Dylan siempre le sacaban de apuros, y el movimiento brusco ocasionado por el cambio repentino de sentido casi le hizo venir abajo.

Después de bufar con molestia por aquella acción, divisó a lo lejos el corcel de Rivaille. Al igual que Ángela, distinguió un bulto entre sus brazos un enorme bulto que identificó como Eren.

-Date prisa, Ángela. – rogó Dylan. Estaba preocupado.

Y para no estarlo. En la nieve que quedaba en el suelo, se podían distiguir las pequeñas gotas de sangre que escurrían por el negro caballo. Un mal presentimiento le invadió. Eren estaba en peligro.

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Una castaña se encontraba apoyada en el ventanal que daba a la salida del castillo. Siempre había dicho que el despacho de Erwin era el que mejores vistas tenía. Había ido a aquel lugar en compañía de Armin para recoger unos papeles para la próxima investigación que estaban a punto de llevar a cabo.

El joven cadete se encontraba sentado en el escritorio de Erwin, el cual se encontraba leyendo un libro en el cómodo sillón rojo de la esquina, al lado de la estantería. Últimamente, Erwin había estado muy raro, al igual que el pequeño rubio. Y eso Hanji había podido notarlo.

Ya se sabía a leguas la relación que ambos poseían. Era más que obvio: Armin, siempre que el comandante llegaba, se volvía torpe y tembloroso, mientras que Erwin no dejaba de comérselo con la mirada y estar atento solo a la mitad de las cosas que había ido a hacer – y eso era decir mucho.

Hanji suspiró con cansancio mirando a ambos.

-Bueno… ¿Me van a explicar que es lo que sucede? – Preguntó directa. Estaba harta del silencio de ambos. Y de antemano sabían que Hanji no poseía mucha paciencia.

Ambas miradas azules se posaron en ella. Armin la miraba sonrojado y con el ceño levemente fruncido. Mientras, Erwin la miraba con su semblante serio de siempre.

-No sé de qué habla, señorita Hanji – respondió Armin, carraspeando su voz después de hablar.

-No me vengas con esas, Armin. Siempre que Erwin viene, estas babeando por las esquinas. – Erwin frunció el ceño con recelo. – En cambio, ahora, no es así. Algo ha pasado entre los dos y quiero saberlo. – Finalizó cruzándose de brazos.

-No es de tu incumbencia, Hanji – pronunció el rubio mayor. La castaña frunció el ceño e infló los mofletes con notable gesto de enojo.

Esos dos eran como dos tumbas. No se las podía sacar información así como fuera. Pero lo averiguaría, estaba segura de ello.

-Y que tal si… - fue interrumpida por la entrada espontánea de Historia, la pequeña rubia de la guarnición 104.

-¡Señorita Hanji! Es urgente. Es Eren. – miró a la castaña con súplica.

-¿Qué pasa? - preguntó preocupada, acercándose a la puerta.

-Se ha puesto de parto, señorita. – respondió con los ojos llorosos.

Y al finalizar la frase, Hanji salió corriendo a la enfermería. No tenía un bien presentimiento.

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Eren volvió a gritar por cuarta vez desde que habían llegado al cuartel. Había sido llevado con rapidez a la enfermería, mientras esperaban a Hanji, la cual había sido avisada por Historia.

Los compañeros de Eren esperaban afuera con impaciencia. Ymir esperaba a que Historia llegara con Hanji; Connie se comía las uñas; Sasha estaba recostada en el hombro de Jean con el rostro impregnado en preocupación, mientras Jean – sonrojado – no dejaba de mover su pie con insistencia.

Hanji no tardó ni dos minutos en aparecer en el lugar para introducirse en el improvisado paritorio.

En la estancia se encontraba Eren, con claros signos de desmayarse en cualquier momento; Rivaille a su lado, sujetándole con fuerza la mano derecha; y Dylan, el cual preparaba las cosas para la intervención.

Se sorprendió al no ver a Ángela en el lugar. Se suponía que ella también era médica, o eso tenía entendido.

-Ángela ha ido a distraer a Anabel mientras nosotros nos encargamos de Eren. Ella no debe saber que está pasando. – le explicó el joven científico.

Hanji simplemente asintió y se aproximó a Eren, examinándolo. Tenía altos indicios de fiebre, el cual Rivaille estaba controlando con apósitos fríos sobre su frente. Su cuerpo sufría los espasmos de las contracciones, mientras que las sabanas se iban impregnando de rojo.

Esto iba mal, muy mal.

Hanji comenzó a explorar a Eren. El joven no estaba dilatado, ni mucho menos con intenciones de hacerlo. Soltó un suspiro de resignación mientras bajaba las piernas de Eren y le colocaba en la camilla adecuadamente.

-Dylan. – le llamó con seriedad. – Prepárate para intervenir. Hay que procesar a la cesárea.

Dylan la miró sorprendida, pero de pronto entendió. Era lo más normal en esos casos. Y él ya había sido partícipe de unos cuantos.

-Está bien, señora.

Mientras, Rivaille no dejaba de ver con preocupación a Eren. El muchacho estaba más pálido por la pérdida de sangre, a la vez que la fiebre no bajaba.

-Eren… - susurró su nombre, haciendo que el joven abriera los ojos levemente. – aguanta… ¿Sí?

Eren intentó sonreír, pero otra contracción le llevó a gritar de nuevo. Estaba en el límite. Sus poderes de titán no surtían efecto. Todos ellos se centraban en proteger al bebé en gestación. Y estaban consumiendo poco a poco la vida de Eren.

-Voy a proceder a inyectarle anestesia.

-¿Crees que es el mejor momento para anestesia? Eren ya no puede aguantar más – pronunció exaltado Rivaille.

-¿Quieres que le abra en canal sin anestesia? ¿Quieres que me lo cargue más que salvarlo? – le miró con enfado. Era su trabajo, no debía inmiscuirse. – Piensa con la cabeza Rivaille, no estás siendo lógico.

Introdujo la aguja en el abultado vientre de Eren, mientras esperaba unos segundos a que el dolor pasase. La cara de Eren se relajó a los segundos, dándole a entender a Hanji que la anestesia estaba surtiendo efecto.

-Perfecto… - levantó la mano en dirección a Dylan. – Bisturí.

Dylan se lo pasó con rapidez. Estaba asustado, pero intentaba que no se notase. No quería que nada malo le ocurriera a Eren, o al bebé. Sintió que la sangre se le congeló al ver aquel trozo de metal esterilizado atravesar la carne de Eren con lentitud. Apartó la mirada unos segundos. No podía verlo.

Rivaille estaba atento a todos los movimientos de Hanji. Sabía de antemano que la mujer, por muy loca que estuviera, sabía lo que hacía. Sabía que nunca dejaría que Eren muriera.

-Necesito que mantengas a Eren consciente, Rivaille. Así que háblale. – pidió la mujer a través de la mascarilla. Rivaille asintió.

-Eren… - susurró su nombre, acariciándole los cabellos. - ¿Cómo estás?

-No… no siento nada… - pronunció con la voz pastosa, con los ojos entornados.

-Eso es por la anestesia. No te preocupes. – siguió acariciando sus cabellos – pronto conoceremos a nuestro bebé-

-Nuestro… - susurró el castaño – que bien suena…

Rivaille sonrió mientras seguía hablándole a Eren. Hanji seguía con su labor hasta que terminó de cortar. Dylan se encargó de limpiar la zona de sangre. Después, la mujer procedió a introducir sus manos entre la carne de Eren para encontrar al bebé. Sabía que no estaba lejos, pero la sangre no permitía ver con claridad.

Una gran bolsa de color rosado sobresalía sobre lo demás. Ahí estaba. Con cuidado, cortó la bolsa, intentando no dañar al bebé.

De su frente escurría una pequeña gota de sudor, que fue detenida por Dylan.

-Gracias. – pronunció con concentración. Era una operación delicada. Lo sabía.

Finalmente pudo cortar la bolsa y tocar la piel del bebé sobre su guante. Con cuidado lo sacó del lugar. La pequeña criatura comenzó a moverse con inquietud al haber sido sacado de del vientre materno.

-Ya casi, Eren. – Pronunció la castaña.

-¿Has oído eso, Eren? – Pronunció Rivaille, con cierta emoción en sus palabras. Eren solo pudo sonreír con ligereza.

Y un pequeño llanto se oyó en el lugar. Un sonido hermoso para los oído de Eren. En un esfuerzo, abrió los ojos para ver a la pequeña criatura que era separada de su cuerpo. Sus ojos se inundaron de lágrimas.

-Es un niño. – pronunció Hanji. – Es un niño hermoso, Eren.

El castaño intentó alzar las manos para tocar a su bebé, pero le pesaban demasiado. Hanji lo colocó a su lado, entre él y Rivaille. Era demasiado hermoso y pequeño. Parecía increíble que algo así hubiera estado dentro de él. Una lágrima se escurrió por su mejilla al oírlo llorar de cerca. Podía sentirlo. Era el fruto de lo que habían consumado él y el sargento.

-Rellie… - susurró Eren.

-¿Qué? – preguntó Rivaille aún es estado de asombro.

-Su nombre… Rellie…

Hanji volvió a su lugar pare verificar que todo estuviera bien. Mientras, Dylan se llevó al bebé para bañarlo, bajo la atenta mirada acusadora de Rivaille. No soportaba que el teniente tocara a su hijo.

Con cuidado, Hanji procedió a explorar y extraer la placenta del cuerpo de Eren. Pero algo no andaba bien. Había algo más.

No podía ser…

-Rivaille… - el aludido dejó de mirar a Dylan para centrarse en la mirada atónita de Hanji. – Hay… hay otro…

-¿Qué…? – pronunció sorprendió.

Eren levantó la mirada para ver la cara de Hanji al escuchar la conversación. ¿Qué esperaba otro? ¿Enserio?

Hanji procedió a emplear el mismo proceso que con el anterior bebé. Esta vez con mayor cuidado. Al estar más escondido, necesitó de la ayuda de unas pinzas especiales para la cirugía. Rivaille volvió a agarrar la mano de Eren, besándole la ardiente frente por la fiebre. Se asustó al ver que la fuerza con la que Eren le sujetaba la mano descendía, y el color de su piel era cada vez más pálida.

-Hanji, date prisa. Eren está perdiendo mucha sangre – pronunció preocupado.

-Ya lo sé. No me pongas nerviosa.

La respiración de Eren se hacía cada vez más lenta, más pausada. Sentía que su alma se extinguía.

Hasta que otro llanto le hizo abrir los ojos de nuevo por unos segundos. El bebé era mucho más pequeño que el anterior.

-Eren… - carraspeó su garganta. – Es... es una niña…

Eren sonrió al verla de cerca, la cual fue cargada por Rivaille.

-Es… es hermosa… - pronunció antes de caer rendido.

Rivaille se asustó al instante, dejando a su hija al cuidado de Dylan, el cual ya había acomodado a Rellie en una de las camas de la enfermería.

-Eren… Eren…. – le llamó, pero no obtuvo respuesta. Verificó su pulso, y no estaba. – ¡Hanji, haz algo!

La mujer, la cual había estado encargándose de la hemorragia, intentó por todos los medios hacer algo… más no pudo.

-Imposible… - Susurró. – Eren… - le acarició los cabellos. – no me hagas esto… por favor… - soltó una lágrima. – por favor…

Acunó su rostro entre sus manos, depositando un ligero beso en éstos. Suspiró contra estos, intentando devolverle a la vida. Pero sabía que era imposible.

-Lo siento Rivaille… - susurró Hanji.

Rivaille cerró los ojos con fuerza. No podía ser verdad… no ahora… No precisamente ahora que podía tener una familia.

-Si hubiera alguna manera… - susurró aún con la frente pegada a la de Eren.

-Si la hay. – La voz de Dylan le sorprendió. Levantó la mirada encontrándose con la del moreno. – hay una forma de salvarlo.

-Haré lo que sea. – pronunció decidió.

Dylan sonrió.

Y una luz cegadora inundó el lugar.

::

Sentía su cuerpo pesado. Una pesadez insoportable, pero agradable a fin de cuentas. Poco a poco podía sentir el tacto entre sus extremidades. Movió los dedos, con cuidado, intentando descifrar que había entre ellos. Sintió la suavidad de una tela debajo de estos y encima de su cuerpo.

Pudo apreciar las costuras de esta con cuidado. Y pudo respirar con tranquilidad, llenando sus pulmones. A través de sus párpados, pudo distinguir la luz que se filtraba a su lado. Intentó abrir los ojos con cuidado, mientras intentaba acostumbrarse a la claridad de esta.

Su mirada borrosa se fue aclarando hasta, finalmente, distinguir el lugar. Estaba en la enfermería. Intentó incorporarse, pero un dolor en su vientre le hizo retroceder. Se miró a sí mismo, sintiendo que algo no andaba bien.

¡Claro!

Su panza. Su enorme panza.

Se tocó sobre la tela que traía puesta, levantándola con desesperación, encontrándose una venda sobre esta. Y lo recordó.

Después de todo. No había sido un sueño. Había tenido a su hijo.

No.
A sus hijos.

Desvió la mirada hacia la entrada del lugar al apreciar que era abierta. La figura de Rivaille se hizo presente en la estancia. Portaba entre sus brazos un pequeño bulto, mientras era seguido de Hanji, la cual portaba otro.

-Veo que ya has despertado. – pronunció la científica. – Has estado durmiendo un día, guapetón.

Eren intentó sonreír, pero en vez de eso, le salió una mueca. No se sentía con ánimos de chistes ni habladurías. Y menos de Hanji. Ambos se acercaron a Eren, mientras Hanji le daba a Eren el bulto que poseía ella.

-Creo que Rellie te ha echado de menos. – pronunció al ver al pequeño aferrarse al pecho de su "madre".

-Eso parece. – pronunció Rivaille.

La castaña, al ver que sobraba en el lugar, decidió salir por patas, dejando a la pareja a solas. Eren veía como su bebé aferraba su puño sobre la camiseta que portaba. No había reparado en que su bebé tenía el mismo color de pelo que Rivaille: azabache. Sonrió. Se sentía feliz.

Rivaille, por su lado, se sentó al lado de la cama, con el bulto entre sus brazos. El bebé se removió entre éstos, intentando buscar el calor de su "madre". Parecía como si sintiera que estaba a su lado.

-Edriel también te ha echado de menos. – dijo Rivaille con la bebé en brazos.

-¿Edriel? – preguntó con cierto asombro.

-Ya que tú elegiste el nombre del varón, yo decidí darle el nombre a la niña.

-¿Y qué significa?

-Amada por todos – pronunció con cierto toque de cariño en su voz.

Eren rió ante eso. Edriel era un nombre muy poco común y extraño. Pero le agradaba para su bebé.

-Y… ¿me quieres decir que significa Rellie? – preguntó con cierto recelo el mayor. Eren se sonrojó al instante.

-Pues… simplemente hice un juego de palabras con nuestros nombres… - bajó la mirada para centrarse en su pequeño Rellie, el cual sujetó su dedo con ansia.

Rivaille le miró sorprendido. Ese chico nunca cambiaría. Sin avisarle, se acercó a él, con intenciones de besarlo. Y así lo hizo. Un beso cómplice que sus hijos guardarían en su memoria toda la vida.


Bueno bueno!

Qué os a parecido el cap?

Espero que os haya gustado, y que haya sido normal, no cortito =D

Ahora bien... decidme!

Os gustan los nombres que he elegido para los bebés?

Uno de ellos me lo dijo mi querida coproductora! Y se lo agradezco en el alma! El nombre del varón era muy complicado para mi, no se me ocurría ninguno, y mi queridísima me dio la solución! TE amo! =D

Y bueno, el nombre de la niña... era un nombre que siempre me ha gustado, y el cual tiene procedencia elfica. Así que simplemente lo puse. Me parece adorable, al igual que su significado.

Así, os deseo un feliz fin de semana, y que os lo paseis genial!

AH! Una cosa más...

FELIZ SAN VALENTÍN A TODOS! Da igual si no tienes pareja... pásala con tus amigos, es un día bonito.

Hasta la próxima! =3