—1—
Cruzaron el patio con agilidad, esquivando a un par de gigantes que peleaban entre ellos a pesar de estar en el mismo bando. Mortífagos y combatientes se apartaban rápidamente, huyendo de los gigantes coléricos, lo que hizo que los chicos pudieran colarse con rapidez entre las piernas de las enormes criaturas, llegando al Vestíbulo directamente.
Harry se paró con un pie apoyado en el primer escalón de las escaleras. En su mano izquierda, disimuladamente, llevaba la snitch de su primer partido, el objeto que Dumbledore le había legado en su testamento. Hermione recordaba las horas que Harry había pasado tumbado en el sillón, tirando al aire la bola dorada esperando que se abriera. La frase, 'Me abro al cierre', que Dumbledore había colocado para abrir el dispositivo era demasiado enigmática, y ni siquiera Hermione había sabido qué hacer para que se abriera.
Pero Harry, su mirada verde y lánguida en esos momentos, le hacía ver que ya había averiguado lo que debía hacer para abrir la pelota pequeña. El chico se relamió los labios, viendo a sus dos amigos fieles y a un nuevo amigo y aliado esperando órdenes, y dijo:
— Chicos, tengo que hacer algo antes de enfrentarme con Voldemort. — les confesó. Incluso Ron, que no era muy avispado, sabía que se trataba de la bola. —Voy a ir a la oficina de Dumbledore, y abriré… Esto. — señaló la pequeña snitch. Luego, añadió incómodo, — Vosotros no…
— Te dejaremos a solas, Harry. — dijo Ron con voz grave. En cierta forma, a Ron le interesaba: con Harry al lado, tenían una misión que completar; pero si él se iba, Ron podría vengarse por las heridas de Fred. Y en eso, pensó Hermione, Draco y Ron estaban juntos. Harry asintió con seriedad, les sonrió una última vez y corrió escaleras arriba.
Draco, Ron y Hermione se quedaron en la base de las escaleras, viendo a Harry desaparecer por el pasillo del primer piso. Se giraron rápidamente cuando un mortífago viejo y de voz cascada gritó '¡Harry Potter!'. Al instante, Draco abrió los ojos, sorprendido de escuchar esa voz, y Ron sonrió, pensando en ese como el primer mortífago al que iba a eliminar como venganza personal. Hermione tragó saliva, un poco asustada al ver a Ron sonreír de esa manera.
— Nott. — susurró Draco a su derecha. Hermione lo miró, primero a Draco y luego al mortífago, Nott, acordándose del tímido chico de slytherin llamado Theodore Nott. No recordaba que Draco y Nott se llevaran bien o fueran algo más que compañeros de casa.
Sin embargo, dejó de pensar en ello: Ron se lanzó hacia delante con un grito de guerra, su varita describió un arco amplio y lanzó su primera maldición. Aunque Nott, el mortífago, era viejo y apenas se movía, eso no significaba que fuera débil: sus maldiciones iban en rápida sucesión, alternando defensa con ataque de forma tan rápida que daba miedo.
Hermione y Draco se unieron rápidamente a Ron, que estaba demasiado concentrado en el combate como para prestar atención a su alrededor. Las maldiciones que lanzaban los tres chicos estaban poniendo en apuros al mortífago, que empezó a retroceder lentamente. Y justo cuando la maldición de Ron iba a golpearle en el pecho y lanzarlo de lleno a los terrenos de Hogwarts, una voz más infantil gritó:
— ¡Protego totalum! — la enorme burbuja de protección envolvió a Nott, haciendo que la maldición saliera desviada en dirección contraria. Ron se agachó, esquivándola, y Draco se giró hacia la derecha. Theodore Nott, alto, de pelo y ojos castaños, y una mueca de odio en la boca, le apuntaba con la varita. — ¿Qué crees que estás haciendo, Malfoy, con la sangresucia y la comadreja? — señaló a Ron y Hermione, que fruncieron el ceño de forma idéntica. Draco, sin embargo, hizo lo que nunca había pensado que haría:
— No los llames así, Nott. — Theodore rió sin humor, burlándose de Draco.
— O si no, ¿qué? — le gritó, bastante enfadado. Draco levantó un poco más la varita, volviendo a respirar un poco mal. El invento que Snape había arreglado para él no era muy efectivo, pero al menos era suficiente para poder luchar en condiciones durante unos minutos. — ¿Me invitarás a una fiesta del té, como hacen los perdedores?
— No me obligues a hacerlo, Nott. — le amenazó Draco, intentando persuadirlo para que se marchara. Los dos sabían que Draco se refería a un duelo, no a la burla de Nott, pero Theodore volvió a reír, lenta y burlonamente:
— No me das miedo, Malfoy. — Draco esperó su hechizo pacientemente, sin querer pelear contra Theodore.
Theo y él habían sido amigos desde pequeños; quizás no era lo mismo que con Crabbe y Goyle, pero le apenaba de igual forma, pues Nott era listo y entendía a Draco como no lo hacían sus guardaespaldas idiotas. Quizás si no hubiera estado tan obsesionado con Harry Potter esos seis últimos años, intentando vencerlo en quidditch, ponerlo en ridículo y averiguar que tramaba, podría haberse hecho verdaderamente amigo de Theo. Pero las cosas eran como eran, y ahora tenía que pelear contra Theodore sin titubear, pues eran sus convicciones lo que estaba en juego, en cierta forma.
Empezaron a moverse con rapidez, resbalando por el polvo que había en el suelo del Vestíbulo. Draco gritó un 'bombarda' a la columna más cercana a Nott, y cuando el polvo y las rocas cegaron a su adversario, entendió porque el colegio estaba tan destruido. Su segunda maldición, un 'enverte statum', empujó a Nott hacia atrás, desequilibrándolo. El rayo de la muerte del slytherin golpeó en uno de los apliques que todavía funcionaban, rompiéndolo por completo.
Nott se levantó del suelo sacudiéndose el polvo de la túnica y el pelo y con una mueca colérica en la cara. Parecía creer, y estaba en lo cierto, que Malfoy no se estaba esforzando mucho. Por supuesto, si después de desequilibrarlo le hubiera lanzado la maldición asesina, habría terminado el duelo favorablemente, pero no iba a hacerlo. A pesar del odio y el rencor acumulado por la muerte de su madre, Draco seguía sin estar preparado para matar a alguien con la maldición asesina.
Theodore comenzó a lanzar maldiciones en rápida sucesión, haciendo a Draco retroceder. Su espalda golpeó contra una columna y Nott sonrió cruelmente, volviendo a gritar '¡Avada Kedavra!'. Draco rodeó la columna y se cubrió, respirando ruidosamente. El fogonazo de luz verde le dio escalofríos: esa maldición había sido tremendamente potente.
Salió de su escondite, dispuesto a terminar con su adversario y su varita describió un círculo en el aire, lanzando la primera maldición. A su derecha, Hermione gritó '¡Expulso!' y el padre de Nott salió volando por la vidriera rota, cayendo al otro lado del patio por la fuerza del hechizo. Theo bajó levemente la varita, mirando a su padre caer cerca del lugar donde los gigantes se peleaban a gritos y rugidos, y Draco aprovechó el momento:
— ¡Expelliarmus! — imprimió tanta fuerza en el encantamiento de desarme que la varita de Nott acudió a su mano, mientras el chico volaba y chocaba contra el muro, aturdido. Draco guardó la varita en su túnica, a buen resguardo, se acercó a Nott y le miró desde arriba. — Desmaius. — alcanzó a ver la mirada de terror de Nott antes de desmayarse. Su cabeza cayó colgando, su barbilla golpeaba el pecho, mientras simplemente resbalaba por la pared y caía al suelo, golpeándose la cabeza.
Draco se apartó un poco, tosiendo sin control. Hermione y Ron se acercaron rápidamente: Hermione tenía de nuevo esa mirada de preocupación en los ojos y Ron se había dejado de ver como un psicópata. Se lanzaron una mirada de entendimiento, pues a pesar de ser rivales, comprendían cómo se sentía el otro. Draco tosió un par de veces, más, apoyándose en Hermione, y luego susurró:
— Cubridme un momento. — se apartó a una esquina oscura, sacó la varita y susurró, — Anapneo. — volvió a sentir las arcadas y vomitó sangre. Tosió un par de veces, se aclaró al garganta y se levantó, sintiéndose mareado pero de nuevo bien. Hermione le miró, como discurriendo, y finalmente dijo:
— Claro, anapneo. No sé cómo no se me había ocurrido antes probarlo, es simplemente lógico. — Draco y Ron sonrieron a la vez, esperando esa reacción por parte de la chica. Bueno, a fin de cuentas podía apostar toda la fortuna Malfoy a que decía el nombre de un hechizo y Hermione sabría conjurarlo a la perfección, porque siempre iba preparada para cualquier eventualidad.
Y entonces, cesaron las risas y los ruidos. El campo de batalla se quedó en silencio y Ron se asomó por la ventana rota, palideciendo de golpe. Draco le empujó para ver y comprendió el motivo de todo ese silencio: Lord Voldemort, con una mirada roja y encarnada, caminaba hacia Hogwarts. Nadie se atrevió a ponerse en su camino y Draco quiso huir en ese instante. Si entraba en el castillo, lo primero que haría sería revisar el Vestíbulo, donde estaban ellos.
Como una lejana letanía, escucharon los susurros de Bellatrix mientras corría cual perrito faldero hacia su Amo. Voldemort sólo le dirigió una mirada antes de apartarla de su camino de malas formas y, sin una pizca de resentimiento, Bellatrix le siguió a una distancia prudencial, intentando no enfadar a su señor.
Los pasos de Lord Voldemrot resonaron en el Vestíbulo del castillo, mientras Ron, Draco y Hermione le miraban entrar escondidos en las penumbras. En realidad, no se escondían, pero tampoco iban a cometer la estupidez de ponerse en su camino y retarle, no si eso no servía para nada. La varita de tejo de Voldemort les apuntó: en su cara no había sonrisa cínica ni burla, sólo odio. Era obvio que el monstruo ya no se consideraba tan superior y que no estaba de humor para jugar con sus presas antes de cazarlas. Bellatrix, detrás de ellos, fulminó a su sobrino con la mirada, considerándolo indigno.
— ¿Dónde está Harry Potter? — preguntó Voldemort con su voz aguda. Apenas movió los labios finos y pálidos, casi inexistentes y disimulados en su cara de reptil, pero las palabras salieron lentas y suaves. Tragaron en seco, con las manos sudorosas pero incapaces dar marcha atrás: si para cubrir a Harry debían morir, que así fuera. Esperó unos segundos antes de alzar la voz dos octavas y repetir, — ¿Dónde está el chico?
— Aquí está Harry Potter. — una voz muy conocida resonó por las paredes del castillo. Harry bajaba las escaleras, varita en mano. Ya no llevaba la snitch en la mano, así que debía de haber encontrado la forma de abrirla y ver lo que había dentro, y eso le había dado fuerzas para enfrentarse al monstruo. Bellatrix contorsionó la cara detrás de su Amo, queriendo matar al chico. Los tres jóvenes magos vieron a Voldemort sonreír burlonamente, casi de forma paternalista, mientras abría los brazos y preguntaba:
— ¿A quién vas a sacrificar ahora, Harry? — el chico bajó las escaleras, poniéndose a la misma altura que Voldemort, que retrocedió. El Vestíbulo era pequeño para un duelo de semejante magnitud, así que salieron al patio. Todos los combatientes, en silencio, se apartaron a su paso. Ron, Draco y Hermione se quedaron en la puerta del castillo, mirando. Harry alzó su varita, preparándose para el combate, y respondió:
— A nadie. — Harry bajó la mirada un momento, antes de levantarla de nuevo. Fijó sus ojos en los rojos de Voldemort al decir, — Es cierto que me he escudado en otras personas. Personas que tú has matado, personas que no merecían morir. Cada hombre, cada mujer, cada niño que hoy está aquí luchando por la Luz, es un alma inocente que yo he condenado por tu culpa, Tom. — Voldemort gruñó al escuchar el horrible nombre suyo. — Pero ya no. Nadie se va a interponer entre tú y yo, nadie más va a morir por mí. Esto termina aquí y ahora, Riddle.
Los ojos de Harry, extrañamente, poseían una luz de esperanza que nadie creía que debiera estar ahí. Se iba a enfrentar a duelo con el hombre que tantas personas había asesinado, que tanto odio había engendrado en esa sociedad mágica: todos esperaban, en cierta forma, que Harry tuviera un brillo asesino en los ojos, no que su cara reflejara semejante paz.
— Y tú serás quien muera, Harry Potter. — la varita de Voldemort se alzó y, de nuevo, los núcleos de sus varitas reaccionaron. El rayo dorado que las unía hacía que las puntas de sus varitas soltaran chispas que quemaban el suelo. La cara de Voldemort, parecida a la de una serpiente, estaba contorsionada por el odio y el esfuerzo, pero Harry, sin embargo, seguía mostrando esa paz en los ojos, aunque era evidente que estaba poniendo cada onza de energía que tenía en el cuerpo en resistir los embates de Voldemort. La varita de Harry cortó el aire y el rayo se partió en dos, saliendo disparado hacia el cielo negro y sin estrellas.
— No conseguirás nada si cambias de varita, Tom. — Harry pareció leerle la mente al Señor Oscuro, que ya buscaba con la mirada a Bellatrix para conseguir su varita, aunque eso significara condenar a su seguidora más fiel a la muerte. — Tú mismo has creado la conexión que nos une, al intentar matarme cuando todavía era un bebé. Esa parte de ti, que todavía está en mi, morirá cuando tú mueras. — le explicó Harry. Era obvio para Ron, Draco y Hermione que Harry había hablado con Dumbledore y este le había explicado todo. Y ahora, ante la explicación, Voldemort se mostraba incómodo y nervioso. — Ya no tienes más seguros, ya no hay más horrocruxes. Los he destruido, todos ellos.
— ¡Tú no sabes nada, Potter! — Voldemort alzó su varita de nuevo, quizás más asustado que furioso, y Harry lo imitó. — ¡Avada Kedavra!
— ¡Expelliarmus! — gritó Harry a su vez. Los hechizos chocaron y, frente a la cara estupefacta de Voldemort, su maldición asesina rebotó y le golpeó en el pecho, unida al encantamiento de desarme. La varita, en vez de saltar de sus manos, se quebró en dos mitades exactas longitudinalmente hablando, y Voldemort miró a Harry entreabriendo la boca.
No sonreía, ni se burlaba de él y de su derrota y muerte. Sólo le miraba con lástima, como si le doliera haber tenido que hacerlo. Voldemort no tuvo tiempo ni fuerzas para enfadarse, sus brazos cayeron a sus costados y la varita cayó al suelo, resonando con varios golpes secos. Luego, el Lord Tenebroso se desplomó, sin vida. Harry, con la varita en alto, esperó pacientemente. Esperaba una explosión, que el cuerpo se desintegrase o algo que le hiciera ver que su tarea no había finalizado pero, después de unos segundos, bajó la varita, sonriendo levemente.
Extrañamente, la batalla se reanudó. Todos los mortífagos comenzaron a correr, queriendo llegar al límite de desaparición del colegio y huir. Bellatrix gritó, su aullido de dolor escuchándose por encima de las voces asustadas de sus compañeros, y comenzó a lanar hechizos a diestra y siniestra.
Y mientras los combatientes de la luz derrotaban a los mortífagos, Ron, Hermione y Draco se acercaron a Harry. Ron le puso una mano en el hombro, Hermione, a su lado, le dio la mano, y Draco sonrió, cansado. Ahora, después de la frenética batalla, de las pérdidas dolorosas, de la vorágine de sentimientos, era momento de volver a sus vidas, de asimilar que había gente que ya no estaba entre ellos, de guardar luto y vestirse de negro. La guerra había terminado oficialmente esa madrugada del uno de mayo.
Nota: vale, antes que nada... ¡sobrepasamos los 10.000 views y los 100 reviews! Enhorabuena por mí, o algo así. La verdad, este proyecto ha sido todo gracias a ustedes, no a mí. Así que... Estoy feliz, qué puedo decir.
Como ya se habrán dado cuenta antes, por el número del capítulo, el siguiente será el epílogo y Final de la historia. Y lo subiré el domingo, para cumplir plazos, a pesar de que este lo estoy subiendo un martes por la noche (yo no quería, pero las circunstancias me obligan).
Y por último, espero que les haya gustado la 'épica' discusión entre Harry y Voldemort, y el combate último en sí. La verdad, seguramente es de los mejores discursillos que he hecho, lo cual lo hace un poco penoso, peeeero... Mientras les guste, a mí me gusta.
TBC...
