Editado:25/10/18


El gran día llegó. La boda era grande, suntuosa y elegante. La nueva pareja se mostraba plenamente feliz y enamorada. Aun así, eso no evitaba que Izayoi tuviera un ojo vigilante en todo momento hacía su pequeño y travieso hijo, quien se la pasó todo el tiempo jugando con sus primos.

Los niños lo aceptaron con los brazos abiertos y dispuestos a jugar a cualquier cosa con el hanyō. A diferencia de los mayores, que se mostraron reacios a la idea de que un medio demonio se incluyera en su familia.

Inuyasha se sintió incómodo por todas las miradas de los adultos, pero Ren lo tranquilizo diciéndole que lo envidiaban porque ya eran viejos y amargados, y ya no podían jugar como él.

Finalmente, después de tantos sucesos, la noche llegó. La joven familia se encontraba en su nuevo hogar. Cada uno tenía sus respectivas habitaciones, por lo que el niño estaba solo y la pareja ya tenía la privacidad para formalizar su unión. Sin embargo, los problemas se avecinaron.

Inuyasha tan acostumbrado a estar con su madre o algún familiar cercano, se aterró al ser trasladado a una nueva y grande habitación para él solo. Inuyasha corrió a la habitación de su madre y Takemaru, durmiendo entre ellos y arruinando todo acto de romanticismo entre la pareja. Por más que llevaron al hanyō a su propia habitación y lo obligaran a permanecer ahí, Inuyasha siempre volvía a ellos.

Decidieron dejarlo dormir y cuando durmiera lo devolverían a su cuarto, pero al final el plan fracasó porque ellos también terminaron durmiendo.

Y así fueron los demás días. Inuyasha parecía todo tranquilo y divertido en el día, pero durante la noche ya era otra cosa; lloraba cada vez que debía dormir en su habitación a solas. Y no dejaba de visitar los aposentos de su madre y Takemaru cada que podía.

Era en esos momentos en el que Takemaru se dio cuenta que no sólo era de jugar con el niño, aceptarlo y casarse con el amor de su vida, sino también actuar en consecuencia como un padre.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-


Sesshomaru estaba aburrido. Odiaba las clases y a sus compañeros, e Inuyasha había dejado de visitarlo desde hace unos días; la última vez que lo vio fue cuando le pintó el rostro (aún seguía un poco enfadado por eso).

Ya no encontraba entretenimiento en la lectura, había leído la mayoría de los libros de su habitación que ya no los encontraba entretenidos. Sus maestros esperaban mucho de él al igual que los otros yōkais y estaba demasiado cansado como para salir de su habitación y actuar de acuerdo con su condición.

Se recostó en la cama, simplemente mirando hacia la nada, hasta que escuchó unos suaves golpes a la puerta.

—Sesshomaru, ¿Puedo pasar? — preguntó la voz de Inu no Taisho del otro lado de la habitación.

Sesshomaru se levantó con rapidez, tomó cualquier libro cerca de él y se sentó en su lugar usual fingiendo leer.

— ¿Sesshomaru?

—Sí— fue la respuesta del príncipe.

Inu no Taisho entró a la habitación de su hijo.

— ¿Está todo bien? — preguntó Sesshomaru por la inusual visita de su padre, pero sin perder la vista del libro.

—Sí, yo… —el daiyōkai suspiró sin encontrar las palabras para expresarse así que cambió el tema— ¿Qué lees?

Esa pregunta fue desprevenida para Sesshomaru, no tenía ni una idea de lo que leía, para poder responderla le dio un vistazo rápido a la lectura enfrente de él.

—La, la primera guerra— respondió tratando de sonar lo más seguro posible, no estaba seguro si de eso trataba el libro, pero era la única palabra que encontró primero.

—Suena interesante, aunque desde aquí puedo ver que se trata de Insectos.

Sesshomaru palideció, cerró un poco el libro para ver la portada y lo vio Los insectos y su mundo. «¿Quién diablos escribe un libro dedicado a insectos y para qué?, ¿Qué hace este libro en mi habitación?» pensó, y la pregunta más importante, ¿Qué clase de vista tenía su padre? Era todo un misterio.

—Los insectos son unos formidables guerreros— añadió Inu no Taisho para aligerar el ambiente.

Sesshomaru miró nuevamente el libro en la hoja que tenía, había un párrafo que hablaba de una guerra entre unos insectos que eran desconocidos porque el tema principal de su página eran las mariposas.

—Yo no sabía que las mariposas peleaban— comentó Inu no Taisho.

Sesshomaru ya no pudo más, cerró el libro de golpe y miró a su padre. —Bueno, el libro habla de todos los insectos y… «Piensa en algo», Las mariposas también pelean cuando son orugas. Las orugas tienen una guerra consigo mismas para convertirse en mariposas…Es un proceso complicado—. Sus palabras no tenían sentido y se regañó internamente por no poder pensar en algo más inteligente.

Inu no Taisho notó lo nervioso e incómodo que se encontraba Sesshomaru. Rió internamente ante esto.

—Está bien, Sesshomaru. No vengo a interrogarte o al menos no por el libro.

Sesshomaru comenzó a preocuparse, ignorando su vergüenza anterior. — ¿Qué sucede, padre?

—No sucede nada, Sesshomaru. Yo solo vine a disculparme.

— ¿Disculparte?... ¿Por qué?

Su padre no había hecho nada de lo que debería disculparse, sus problemas habían sido solucionados y no pasaba tanto tiempo con él como para discutir.

Inu no Taisho reflexionó por un momento sus palabras y habló con completa sinceridad— Siento no pasar tanto tiempo contigo como debería, estoy tan concentrado y ocupado todo el tiempo con el reino, que no he tenido tiempo de estar contigo, con tu madre e incluso con Inuyasha.

Esta declaración tomó por sorpresa a Sesshomaru que comenzó a pensar lo peor… pareciera que su padre se despedía y eso le asustaba. Él aun necesitaba a su padre.

—Padre…— Sesshomaru dijo en voz baja, sonando casi como un cachorro y sorprendiendo a Inu no Taisho, desde hace años que no le oía de esa manera. Sesshomaru rápidamente recordó sus modales y su edad —Padre, no tienes por qué disculparte, el reino es tu deber como tu prioridad.

—Al igual que mi familia. Y quiero cambiar eso, quiero darle prioridad a mi familia, por lo tanto, tomé algún tiempo libre.

Sesshomaru no sabía que pensar.

—Quita esa cara, Sesshomaru, todo saldrá bien. Tengo todo bajo control. Así que como rey y como tu padre, te ordeno que pasemos un tiempo juntos como padre e hijo.

Sesshomaru estaba desconcertado, una parte de él y su lado más joven lo ansiaba, pero por otro lado sus responsabilidades y su deber de príncipe le decían que rechazara la idea.

Las cosas no eran como Inu no Taisho imaginó, creía que Sesshomaru aceptaría sin pensarlo, pero, al contrario, Sesshomaru seguía congelado.

—Muy bien, Sesshomaru. Tú ganas. Iremos a ver algunos de los alrededores del reino, observar que todo esté bien y después a cazar.

Sesshomaru seguía sin palabras así que simplemente asintió.

Su padre le dio una gran sonrisa —Perfecto, ¿estás listo?

—Sí, padre—. Respondió con algo parecido a una pequeña sonrisa cosa que fue suficiente para Inu no Taisho.

Ambos daiyōkai salieron del palacio y volaron por los alrededores, era el método más sencillo para ver que todo estuviera en orden. Inu no Taisho no quería que el paseo fuera monótono y silencioso así que lo convirtió en un juego.

—Sesshomaru, ¿Crees que puedas seguir mi ritmo? —preguntó.

—Por supuesto.

—Muy bien, entonces el primero que llegue al bosque Shibu. Gana.

Sesshomaru no entendió—El primero que llegue… —pero ya era demasiado tarde para terminar, su padre ya estaba muy delante de él.

La naturaleza competitiva de Sesshomaru despertó y no tardó en seguirle el ritmo a su padre.

Inu no Taisho estaba tan entusiasmado que Sesshomaru siguiera el juego, que era momento de un cambio.

— ¿Crees que puedas correr tan rápido como vuelas? — preguntó.

Sesshomaru sonrió con tan absurda pregunta, y se adentró al bosque corriendo y saltando por los árboles.

Fue turno de Inu no Taisho de correr detrás de Sesshomaru.

En ocasiones uno tenía la delantera y después el otro, o iban parejos, ya sea volando, corriendo o saltando.

Estando cercas del bosque Shibu, ambos daiyōkai dieron lo mejor de sí para salir victoriosos. Ninguno de ellos estaba dispuesto a perder.

Llegaron a diferencia de unos cuantos microsegundos.

Honestamente a Sesshomaru le daba igual el ganador, jamás se había divertido tanto y no le importaba si perdía contra su padre.

—Eres muy veloz, Sesshomaru, y acepto mi derrota—. Felicitó su padre, dejándose caer al suelo a tomar un respiro.

— ¿Gané? — preguntó Sesshomaru, desconcertado, pensó por un segundo en no ensuciarse, pero estaba demasiado exhausto así que imitó a su padre.

—Sí lo hiciste. Te guiaste por tu instinto y lo hiciste muy bien, así que te felicito, eres un gran competidor y eso me hace muy orgulloso.

Sesshomaru se sintió completamente orgulloso de sí mismo y sonrió internamente.

Ambos quedaron en un silencio cómodo tratando de normalizar sus respiraciones.

Inu no Taisho se levantó de pronto y se sacudió el polvo.

—Vamos a buscar algo de cenar. Tu madre está de visita con una de sus amigas y creo que cenará con ellas.

Sesshomaru asintió, se levantó un poco menos agitado y se sacudió la suciedad.

— ¿Quieres pescado o carne?

—Lo que sea está bien.

Inu no Taisho inspeccionaba que era lo más cercano para cazar.

—¿Padre, puedo hacerme yo cargo de la cacería?

Inu no Taisho lo pensó por un segundo, no quería dejar a Sesshomaru vagando por ahí a solas.

—Está bien, yo prepararé la fogata, pero ten cuidado y no te alejes mucho— ordenó su padre.

Sesshomaru asintió un poco a regañadientes con lo último, pero satisfecho porque le demostraría su valía a su padre y le haría ver que ya no era aquel cachorro inexperto que visitó por primera vez ese bosque. El lugar se había convertido en un pequeño lugar de recreación para su padre y él cuando era más joven; un cachorro torpe e inseguro.

Tal y como prometió. Sesshomaru no se alejó mucho y rápidamente cazó a dos conejos regordetes y dos grandes pescados de un pequeño río cercano.

Caminó de vuelta a donde se encontraba su padre, quien ya había preparado una fogata y se encontraba mirando hacia la nada. Tan perdido estaba Inu no Taisho en sus pensamientos que no escuchó llegar a su hijo.

—Padre, padre ¿Estás bien? —toda diversión se disipó en Sesshomaru, realmente creía que había algo serio y por eso su padre estaba actuando de esa manera.

—Estoy bien, Sesshomaru— tranquilizó Inu no Taisho—Sólo pienso que estará haciendo Inuyasha en estos momentos.

— ¿Por qué no ha venido? —preguntó Sesshomaru, tratando de sonar desinteresado de su medio hermano, mientras preparaba el pescado y los conejos para cocinarlos.

— Tiene que pasar tiempo con su madre y adaptarse a su nuevo hogar. ¿Lo extrañas?

—- «Sí» No, en lo absoluto, es un odioso— respondió Sesshomaru, fingiendo molestia.

Inu no Taisho sonrió y fue a ayudarle a su hijo con la comida.

—Lo dices por el accidente de las pinturas.

—No sólo ese accidente. Es un terco y un odioso— se defendió el joven príncipe.

—Es tu hermano, y sé que puede a llegar a ser un poco travieso… Está bien, muy travieso, pero es la edad.

—Es lo que me dice madre todo el tiempo— dijo en voz baja no queriendo discutir con su padre lo que siempre le decía su madre.

—Porque es verdad, algún día dejara de ser así de travieso, de todos modos, hablaré con él para que se tranquilice un poco. Te lo prometo.

Cuando terminaron de acomodar todo y esperaban a que la cena estuviera lista se sentaron a charlar un momento sobre los sucesos del día. La comida no tardó y pronto se prepararon a devorarla. Entre bocados Inu no Taisho le contaba sobre cómo ser rey y algo de política, a veces hablaban de las travesuras que hacía Inuyasha y otras veces de las clases de Sesshomaru.

Terminaron el alimento y había algo que molestaba a Inu no Taisho desde que Irasue le dijo.

Inu no Taisho se acercó a Sesshomaru sentándose junto a él y tomó una postura mucho más protectora y sería.

—Tu madre me contó sobre el entrenamiento, Sesshomaru.

No era tan difícil adivinar de que día hablaba, no siempre llegaba en ese estado a casa.

—No fue nada— mintió el joven daiyōkai.

—Sesshomaru, esos golpes indican que algo sucedió.

—Son golpes normales que le darían a cualquiera en un entrenamiento.

—Sesshomaru, dime la verdad… me preocupas.

El joven príncipe se sintió algo avergonzado y vaciló por unos instantes— Fue por una estupidez, no volverá a pasar.

—Sesshomaru— insistió Inu no Taisho—Pase lo que pase, estoy para ti y lo sabes. Escucharé todo lo que tengas que decirme.

El joven daiyōkai se sentía medio culpable por no decirle a nadie, su madre también había insistido en el tema, pero no recibió ninguna respuesta de su parte. Tal vez ya era momento de decirle.

Sesshomaru suspiró y confesó—Me metí en una pelea.

— ¿Qué? — preguntó Inu no Taisho, desconcertado, pensando que era algo mucho más grave.

—Lo sé, es estúpido. Un príncipe no puede dejarse llevar por los arrebatos o unas simples palabras.

—Espera, Sesshomaru, quiero saber qué pasó… desde el principio.

Sesshomaru pensó cual historia contar, la larga o la corta. La corta sonaba mejor y menos problemática, así que empezó por ahí.

—Todo empezó por Rayden, comenzó a insultarme, siempre lo hace y realmente no me importa. Comenzó a insultar a los hanyō, cosa que tampoco me importa, pero se metió con Inuyasha y eso no me gustó.

Inu no Taisho guardó silencio para procesar toda la información, cosa que Sesshomaru malinterpretó y creyó que era juzgado.

—Es algo estúpido y torpe, el maestro estaba ocupado en otras cosas, estábamos solos. Rayden no dejaba de hablar mal de Inuyasha y no pude detenerme. Me defendí, lo subestimé, sus amigos se metieron y todo terminó mal.

Inu no Taisho seguía sin hablar y eso hacía que Sesshomaru aumentara su culpabilidad.

—Pido una disculpa, padre. Me dejé llevar por mis arrebatos infantiles, no volverá a suceder.

Su padre le dio una sonrisa y eso puso mucho más nervioso a Sesshomaru.

—No tienes que disculparte, Sesshomaru, defendías a tu hermano. Dices que fue Rayden el que empezó todo, ¿No era él con el que discutías cuando eran mucho más jóvenes?

—Lo es y sigue siendo igual de insoportable.

Inu no Taisho creyó que era algo mucho más grave al igual que Irasue, siendo que Sesshomaru era muy reacio a contarlo, pero ahora que lo sabía se dio cuenta que Sesshomaru sólo trataba de ocultar una anécdota que para él era vergonzosa e infantil.

—Tú madre y yo creíamos que era algo mucho más preocupante— Confesó en voz baja.

—¿Peor?... sí es algo grave. Como yo, Sesshomaru, puedo dejarme llevar tan rápido por unas simples palabras.

Inu no Taisho rió en voz baja y comenzó a apagar el fuego.

—Gracias por tener la confianza de decírmelo, pero está mal que entraras a una pelea tan rápidamente. Recuerda que no toda en la vida se soluciona de esa manera.

—Lo intento… pero no entiende con palabras.

—¿Por lo menos le diste su merecido? — preguntó Inu no Taisho para que Sesshomaru no lo tomara como un regaño, ya que no era un regaño lo que había dicho anteriormente.

Sesshomaru dio una media sonrisa —Lo hice.

Inu no Taisho hizo una señal de aprobación. La oscuridad había llegado y era hora de irse.

—Volvamos a casa, hijo. Tu madre comenzará a preocuparse.

Sesshomaru estaba satisfecho de haber pasado tiempo con su padre, después de todo no era tan malo ser un cachorro de vez en cuando, o hablar de cosas que le molestaban.

Mientras tanto, Inu no Taisho estaba feliz de haber pasado tiempo con su hijo, pero seguía faltándole alguien, tenía que dedicarle tiempo a su compañera de vida.