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Veinticinco.
De bailes anuales e invitados inesperados
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Ella era un hermoso desastre.
A Sai le gustaba pensar que aparte de ser uno de los más exitosos emprendedores de su edad, también era un pintor. Un artista, si ustedes quieren—alguien que podía ver más allá de lo físico, alguien que podía encontrar belleza en las grietas y las fisuras, alguien que realmente podía ver.
Sakura siempre había sido bonita. Definitivamente no era el tipo de tíralo-al-suelo, pero Sai sabía de belleza y sabía que ella era atractiva. De hecho, ella pintaría una muy fina imagen ahora, parada orgullosamente con una sonrisa adornando en sus labios y comportándose con absolutamente perfectos modales con quien fuera que se le acercara. Sonreía a aquellos que le sonreían, respondía con una clara voz calmada a las preguntas y asentía con educación a quienes atrapaban su mirada. Su cabeza estaba postrada en alto, su barbilla alzada, todo su lenguaje corporal formal pero no rígido. Quizás lo más curioso era sus ojos; aunque sus labios se curvaban y la risa se escapaba de sus labios, esos ojos esmeralda no sonreían. En cambio, eran indiferentes, distantes—casi fríos.
Una paradoja.
Cuando ella lo atisbó, sonrió brillantemente y habló, su voz demasiado baja como para que nadie más que él escuchara, —Mi vestido pica.
—Se ve bien con tus tacones.
—Mis tacones también pican —murmuró para sí misma, todavía sonriendo como si nada estuviera mal, —Sai, ¡no estoy disfrutando esto para nada!
—No creo que se trate de que lo disfrutes —replicó de forma seca, —Además, estás montando un show. Como deberías.
Ella suspiró. —Cierto.
El Baile Anual de los Miyazawas era un evento de reunión para cualquier involucrado de alguna forma u otra con la compañía, desde los empleados de nivel básico hasta el consejo de directores y clientes y cualquier otra persona. El propósito era simple —demostrar lo amigables que los Miyazawas podían ser— y era como cualquier otra baile de celebración, con vino costoso y decoración hermosa. Esa noche, sin embargo, también era la noche en que Akihito decidiría presentarla —de forma oficial— al público al comienzo del evento, como la 'Miyazawa perdida desde hace mucho pero finalmente siendo encontrada'. A pesar de que Akihito había declarado que las preguntas iban a ser traídas en la programada conferencia de prensa en un futuro próximo, no ayudó al mar de reporteros y periodistas aglomerándose en el salón, todos con ojos y oídos envolviéndola a ella.
Junto con la noción de que Sasuke podría estar esa noche ahí, no calmó sus nervios.
Así que Sakura estuvo de pie ahí, luchando para mantenerse calmada con la copa de vino en mano, estudiando el salón. Se comportó como fue esperado; encantadoramente amable sin ser exageradamente amigable o cálida. Se estaba volviendo buena para eso, con la práctica que había tenido en la cena mensual varios días atrás. Como Akihito secamente lo había puesto, se volvería cada vez más difícil distinguir entre lo artificial y lo natural después de unos cuantos meses más con Ougi y viviendo como una Miyazawa.
Aceptar el apellido había sido la primer parte del negocio. El proceso era lento y mucho del aspecto legal era requerido. Prometía más problemas que nada, enserio, pero podía usar el tiempo para adaptarse.
En cuanto a la segunda parte del negocio… todavía no sabía qué pensar. Debió haber visto esa venir, enserio, pero había estado demasiado absorbida en otros asuntos que había pasado totalmente por alto esa posibilidad. Ahora la estaba viendo directo a los ojos y tenía qué decidir. Pronto, pero no esa noche, gracias a Dios.
—Sonríe.
Ante la advertencia de Sai, Sakura se dio cuenta que había estado frunciendo el entrecejo. Automáticamente arregló sus facciones, sus labios formando de nuevo otra pequeña sonrisa, la arruga entre sus cejas suavizándose como si nunca antes hubiera habido una. Aceptó el brazo de Sai mientras él la acercaba hacia él, su brazo envolviendo la cintura de ella.
—¿Qu—
—Sonríe.
Sakura hizo lo que le dijo, dejando que su mirada vagara por el salón mientras se presionaba a su lado por puro reflejo.
Y luego, por supuesto, lo vio a él.
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Sasuke quería atragantarse.
Ella se veía hermosa. Casi serena. Y tan… tan indiferente.
Era tan inadecuado, tan mal—e irónicamente, le quedaba de una morbosa forma retorcida. El brazo de Sai estaba alrededor de ella mientras esta estaba presionaba contra él, y Sasuke casi pudo ver la barrera que Sai ponía entre ellos y el resto del mundo. Ella estaba sonriendo ahora, asintiéndole a él mientras hablaban entre sí. Sasuke estaba demasiado lejos como para leer sus labios, pero cualquier espectador llegaría a la conclusión de que ellos eran una pareja, dada la cómoda atmósfera relajada que los dos irradiaban y lo cerca que estaban parados el uno del otro. Lo peor de todo, a ella pareció no importarle, incluso parecía aceptar la protección—
Como si ella perteneciera ahí, en los brazos de él.
Y no aquí conmigo, una parte de él —¿su cabeza? ¿su corazón?— susurró a modo de burla, de traición.
Sus ojos se entrecerraron de forma oscura. Era tonto, por supuesto, considerando el estado actual de su relación y lo poco que él ahora sabía de ella.
—¿Bebida, Sasuke?
Sasuke aceptó la copa de Naruto y se tragó el contenido. El fuerte y casi amargo sabor fue una bienvenida distracción, aunque todavía no podía quitar los ojos de ella.
—Entonces, ¿quién es el hombre con el que ella está?
—Arakaki Sai —respondió Sasuke con rigidez. —Su exnovio.
—Enserio —la diversión adornó la voz de Naruto, —Su ex, ¿huh? Parecen tener una muy… amistosa relación. Casi romántica —una parte de él quiso reír cuando Sasuke puso una mala cara pero se frenó, sabiendo que todavía habían botones por presionar. —¿Cómo ocurrió eso?
A regañadientes, el Uchiha admitió, —No lo sé.
—Bueno —comenzó el rubio, un condescendiente aire en su rostro, —Lo sabrías si le preguntaras a ella. ¿Ahora, quizás?
La loca parte del cerebro de Sasuke estuvo de acuerdo, de forma ruidosa, con la sugerencia de Naruto. La parte sana replicó que si él se acercaba a ella sin tacto, las oportunidades eran de que él nunca consiguieran expresar su punto. Y hombre, sí que tenía que expresar muchos puntos esa noche.
Asentó la copa sobre la mesa. —Quizás.
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La estaba observando.
Era imposible de omitir, enserio, con la intensidad que sus ojos mantenían. Los mismos ojos que se habían arrugado con diversión siempre que ella bromeaba, los mismos ojos que estaban llenos de picardía cuando coqueteaban, los mismos ojos que estaban fijos en ella en ese mismo momento, incluso mientras se movía entre los brazos de Sai al guiarla hasta la pista de baile.
Los mismos ojos, ella se dio cuenta con ironía, que habían ardido en odio varios días atrás.
Sólo una cosa estaba clara: si Sasuke estaba ahí, eso significaba que Akihito realmente había hecho lo que ella le había pedido y estaba ahora esperando a que ella mantuviera la parte del negocio.
Su rostro se desplomó con desaliento y sus ojos se enfocaron en el hombre que estaba ahora sosteniéndola.
—Sai —susurró, —¿Qué crees que Akihito quiera de mí? Él no sólo pudo haber hecho que yo me cambiara de apellido, ¿o sí?
El hombre la miró, suave diversión cruzando por su rostro, —¿Has estado pensando en eso todo este tiempo?
—Y-yo tengo qué —murmuró, ligeramente a la defensiva, un bonito sonrojo en sus mejillas, —Es decir, no sé qué esperar, es decir, ¿me dará un contrato de trabajo? ¿Deducir cincuenta por ciento de mi salario?
—Sakura —suspiró Sai, —Te olvidas de que es Miyazawa Akihito con quien estás lidiando. Él no necesita más dinero de lo que ya tiene ahora.
—Eso no significa que él no lo quiera. Yo sólo—
—Simplemente no hay un punto —le dijo con calama, —Pensar en eso ahora —Cuando ella frunció el entrecejo, él dimitió. —Hablaremos de esto después.
Ella sonrió con debilidad. —Bien.
—Bien —resonó, —Porque aquí viene Uchiha Sasuke.
Sakura se giró —fue tiempo para ella de hacerlo— y con rapidez se volteó en los brazos de Sai, rostro blanco como las sábanas y ojos ensanchándose con alarme. Sasuke realmente estaba cruzando la pista de baile con una mirada determinada en su rostro, ojos pegados en ellos.
En un acto de desesperación, apretó la mano de Sai, la súplica en sus ojos, —Quédate conmigo.
—Lo haré.
Sasuke estuvo en frente de ella en no más de tres segundos.
—Sakura —dijo el Uchiha y luego, un poco a regañadientes, agregó, —Sai.
—Ah, Sasuke —Sai regresó de forma lánguida, desacelerando aunque no la dejó ir, sus brazos fortaleciéndose alrededor de la cintura de ella y su espalda presionada con su pecho. —No estaba consciente de que ya nos tuteábamos.
—Los tiempos han cambiado —regresó Sasuke de forma rígida y luego se giró a la mujer envuelta en los brazos de Sai. —Sakura…
—Hola —ella sonrió, pero la calidez no llegó a sus ojos, —No esperaba verte esta noche aquí. Bienvenido. ¿Estás disfrutando el vino? Lo importaron especialmente de… ¿de dónde era, Sai?
—Paris —suplió Sai de forma ágil.
—¡Ah, cierto, París! —agitó una mano y rió de forma frívola, —Qué tonta.
La garganta de Sasuke se endureció. No había esperado esto. Golpearlo, quizás. Abofetearlo, patearlo, lastimarlo, incluso gritarle blasfemias. Eso se merecía y eso era para lo que estaba preparado en aceptar. Pero esto—
—De cualquier manera, escuché de mi abuelo que la transacción no ocurrió —continuó Sakura con suavidad. Negando con la cabeza, su expresión se tornó en una de compasión, —Qué pena. Los Uchihas realmente hubieran estado bien bajo el manejo de nuestra compañía.
—Sakura—
—¿Sí?
—¿Por qué… —se detuvo, dudando, —¿Por qué estás actuando de esta forma?
Los labios de ella se curvaron, —¿Por qué estoy actuando cómo?
—Como… si no fueras tú —respondió el Uchiha, casi tentativo.
Como si fueras una Miyazawa. Como si tuviera razón… excepto que no quiero tener la razón. Quiero estar equivocado, sólo sobre esto.
Pero ella lo conocía demasiado bien.
—¿Cómo si fuera una Miyazawa? —supuso, casi con morboso deleite, —Eso es porque soy una. Tenías razón sobre todo… pero para nada esperaste esa, ¿cierto? —la compasión llenó sus ojos, —Oh, Sasuke.
Su voz fue neutral. Objetiva. No era fría, pero era indiferente, taciturna. Distante. No era Sakura, notó con dolor. Se suponía que la voz de Sakura era cálida, amigable, Sakura. Y demonios, no se suponía que ella lo mirara así. No se suponía que ella lo mirara como si lo que fuera que ellos hubieran tenido fuera meramente negocios, como si ella no lo conociera más allá de eso, como si lo que sea que hubiera ocurrido entre ellos hubiera acabado y terminado. Se suponía que ella era… Sakura. Cálida. Inocente. No así. Su suponía que ella… no.
No. No.
—Y-yo necesito hablar contigo —se movió para tomar su mano.
—¡No!
Los ojos de Sasuke se agitaron con sorpresa cuando ella alejó su brazo de él de forma violenta, como si el roce de él doliera, como si quemara.
Sakura también estuvo sorprendida de lo fría que sonó. Más que eso, sin embargo, estuvo sorprendida de cómo se sintió cuando los dedos de él rozaron su piel. Sólo le tomó un segundo darse cuenta del desgarrador sentimiento en el fondo de su estómago.
Era demasiado pronto. Demasiado crudo. Mirarlo traía de nuevo eventos de la última vez que se vieron y por un momento, eso fue todo lo que ella pudo pensar. La palabras que le había dicho en la cara. Cómo sus ojos habían rebosado con odio y disgusto. Cómo su voz había sido muy afilada. Toda la desconfianza que le mostró—
—y oh, cómo dolía.
La pelirrosa observó la mano de él y luego repitió, con más suavidad y más calma, —No. Para su propia incredulidad, una tajada de dolor destelló en los ojos de él, tan intensa, tan cruda que por un segundo ella se olvidó de cómo respirar.
—Necesito hablar contigo —repitió Sasuke luego de recobrar la compostura, y su mirada la imploró, —En privado.
—Lo que sea que quieras decirme, Sai también lo puede escuchar —regresó con calma restaurada, —Sasuke-san.
El sufijo lo golpeó más que su nombre en los labios de ella lo hizo, porque con eso ella lo ponía en su lugar—el cual no estaba a lado de ella, en frente de ella, o ningún lugar cercano a ella. Si él era Uchiha Sasuke y ella era Miyazawa Sakura, entonce eso sólo podía significar una cosa: su relación era inexistente. Ni siquiera era conocidos, mucho menos amigos.
Ellaos no eran nada.
Él no era nada.
Esto es lo que tú le hiciste, maldito bastardo, una voz se burló en el fondo de su cabeza, y con un desgarrador sentimiento reconoció su propia voz, esto es lo que tú le hiciste. Todo esto es tu culpa, escoria. Es un milagro que ella todavía esté siquiera aquí, luego de lo que le hiciste. Que ella no corra ante la vista de ti. Que todavía pueda sonreír y ser toda cordial. ¿Y a quién culpar? A ti. Tú le hiciste esto a ella. Fuiste tú, fuiste todo tú—¿estás feliz ahora?
Él alzó la vista y de repente Sai estuvo parado en medio de ambos, gentilmente envolviendo un brazo alrededor de ella. El corazón de Sasuke se estrujó cuando se dio cuenta que ella no negó la protección.
—Sakura —dijo con voz ronca, voz grave y casi suplicante, casi desesperada, —Sakura, lo siento. Lo siento mundo. Sólo… ¿podemos hablar? He sido—sido tan jodidamente estúpido y necesito… hablar contigo. Yo no… yo… sólo dame unos minutos. Escúchame por cinco minutos. Cinco minutos, esto es todo lo que estoy pidiendo, Sakura—por favor—
Ella se puso rígida ligeramente, su mirada cayendo al agarre que él tenía en su muñeca. Él maldijo en el interior —no se había dado cuenta que la había agarrado, de nuevo— y rápidamente la soltó. Su agarre debió de haber sido demasiado fuerte ya que hubieron líneas rojas en la blanca piel donde la había sujetado.
Y luego ella negó con la cabeza, labios presionado con fuerza mientras traía las manos a su pecho, pareciendo casi cuidosa de ellas.
Su corazón se estrujó. —Sakura—
—Sasuke.
Él se detuvo.
—¿Qué es —sus labios de curvaron en una pequeña sonrisa triste, —lo que hay que hablar?
Él abrió la boca, pero ella sólo negó con la cabeza, y luego pareció tan rota que el corazón de él dolió como si hubiera sido hecho trizas.
Los brazos de Sai se envolvieron en su figura por instinto, poniendo la cabeza de ella bajo su barbilla mientras veía a Sasuke. —No creo que ella quiera hablar contigo, Sasuke-san —su voz fue extrañamente agradable al hablar, aunque el brillo en sus ojos dijo lo contrario, —Quizás deberías irte.
—Yo solo… —flaqueó Sasuke, deteniéndose. Su corazón se apretó aunque se hizo para atrás, —Yo… —dudó, pareciendo claramente angustiado. —Lo siento —las palabras se escaparon de sus labios antes de estar siquiera consciente, —Lo siento. Lo siento mucho.
Se giró sobre los talones y luego desapareció entre la multitud.
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A Sai no le estaba gustando a dónde estaba yendo esto.
En sus brazos estaba la mujer que él solía amar, la mujer quien solía andar tras su propio corazón, la mujer quien él había querido proteger con su vida —y todavía quería, incluso ahora, incluso cuando las cosas eran diferentes, incluso cuando ya no eran quienes fueron— especialmente cuando ya no eran quienes fueron.
Porque esta Sakura no era la Sakura que él conocía. Ni siquiera estaba cerca.
—Sakura.
Con lentitud, la pelirrosa alzó la mirada hasta su rostro, encontrándose con sus ojos sin estremecerse. Había una perturbadora calma en el aire alrededor de ella, un destellante contraste con su expresión de tan sólo minutos atrás. Estaba sonriendo, pero no era la sonrisa de Sakura. Demonios, estaba sonriendo pero no era una sonrisa—él ni siquiera sabía cómo eso era posible.
—¿En qué estabas pensando? —preguntó.
—Claramente, no lo estaba —regresó, —Pero está bien. Se ha acabado y terminado.
—No mientas.
—No estoy mintiendo —para probar un punto, ella le sonrió de nuevo, alegre y brillante.
Sai entrecerró los ojos. —No sonrías así —dijo, —No te queda.
La sonrisa desapareció cuando se apoyó en él, los brazos de él envolviendo su cintura casi por reflejo, por instinto.
—Lo siento —murmuró en su hombro, —En verdad lo siento mundo.
Sai rió de forma seca, —¿Por qué te disculpas?
—Por todo —su voz estuvo amortiguada. —Por ser patética. Por sonreír tan estúpidamente. Por… no ser suficientemente fuerte. Yo sólo… —se atragantó, y él intensificó el agarre, —Lo veo y me rompo. Eso es estúpido. Eso es patético —rió y al alejarse, todavía en su agarre, su rostro estuvo de repente alegre de nuevo, —No estoy lista para verlo, pero eso está bien. Ya se ha terminado y acabado. De hecho, creo que ya casi lo he superado a él. No he pensando en él tanto—
—Sakura —su voz fue plana, —No tienes por que mentir.
—Pero—
—No tienes por que mentir —repitió, —No a mí. No puedes mentirme, de todos modos. Y tampoco le puedes realmente mentir a él. Eres una terrible mentirosa, Sakura. Ni siquiera lo intentes.
Sakura se pudo rígida por un segundo, pero luego sus labios se curvaron con tristeza. —Eso es cierto —rió, casi amarga, —Siempre me has tenido resuelta, ¿cierto? Nunca te puedo mentir. No en ese entonces, no ahora… no nunca, quizás.
—No necesitas mentir —Sai le dijo, aun más suave esta vez, —No a mí.
Y luego la sostuvo y comenzó a mover los pies, manos cayendo hasta su cintura, consolándola en la única forma que él conocía. En respuesta, ella entrelazó los brazos en su cuello y se aferró a él tan cerca como pudo, el rostro todavía escondido en su hombro, siguiendo los movimientos de él en una lenta rutina de baile.
—Lo sé —susurró, —Lo sé.
Permanecieron así por un muy, muy largo tiempo.
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En algún lugar de la esquina del salón, sosteniendo una copa de vino y sonriendo para sí mismo ante la escena desarrollándose frente a él, Akihito se sintió muy, muy complacido.
Sakura y Sai estaban en lo que pareció ser un muy íntimo abrazo, ¡aferrándose el uno del otro como un halcón pero estaban demasiado sumergidos en su propio mundo como para siquiera notarlo! La cosas estaban yendo exactamente como él quería que fueran y no podía estar más feliz.
Esto, Akihito decidió con alegría, era muy fácil. Demasiado fácil.
De repente, los dedos de Yukina se envolvieron con fuerza alrededor de brazo, sacándolo de su ensimismamiento.
—Yukina, ¿qué—
—Akihito —lo interrumpió de forma abrupta, pareciendo casi atemorizada al ver en la dirección de la gigantesca entrada del salón, —Dime… ¿están mis ojos engañándome?
Confundido, él siguió la mirada de ella sin palabra alguna.
Parada bajo la arcada de plata estaba una mujer en el más vívido vestido turquesa, su flameante cabello rojo adornado con la más hermosa pieza de pasador, sus ojos viridián escaneando todo el salón con interés reprimido. Había una cierta especie de elegancia en la forma que ella se sostenía, un pequeño secreto juguetón en sus ojos. Cuando ella comenzó a caminar, su andar fue lento pero agraciado, incluso al girarse para hacer un gesto al hombre escoltándola. Ella miró por el salón de forma inquisidora antes de que sus ojos finalmente encontraran los de Akihito y una muy silenciosa sonrisa guardada curvara sus labios mientras verde oscuro se encontraba con verde oscuro.
La copa de Akihito se cayó con un suave sonido sordo y el vino rojo se esparció como sangre, creando una enorme y fea mancha en la alfombra.
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tbc.
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Todavía no lo he editado. Lo haré más de ratito. Son las 12 y mañana tengo clase a las 7 AM. Beeeeh.
En una hora me eché este... récord mundial. Enserio. XD
Y, bueno, claramente ya es hora de que Sasuke sufra. Ñijiji.
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...Usui Takumi ._.
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Y la pregunta del millón: ¿alguien quiere una sasugalleta o un sasupeluche?
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Sasuke-glamour off!
