L'éternité d'un instant.

25. Misery.

Olvidar lo ocurrido y volver a ser amigos, ese había sido un acuerdo mutuo que ambos aceptaran sin ningún reproche en su momento, mas llevarlo a cabo resulto ser más difícil de lo que Ruki pensó. Si, la convivencia entre ellos había crecido pero de algún modo no habían podido llegar a ese punto en el cual se encontraban antes de que todo lo de la confesión ocurriera. Y eso era algo que por más que intentara la Makino no podía ignorar.

― ¿Lista? — Sacándola de sus pensamientos Juri se encontraba de pie a lado suyo, con su almuerzo entre las manos y a su espera.

― Ahm, de hecho primero tengo que ir a la sala de profesores por unas hojas de trabajo, pero si quieres puedes adelantarte con Jenrya. — Estando en la misma clase que el ojigris, ya era natural para las chicas el salir junto con él al almuerzo, ya fuera que lo quisieran compartir con el resto de sus amigos o bien ellas por separado.

― Pero él ya se fue. ― Ruki, que en ese momento se encontraba ordenando sus cosas, dejo de hacerlo y de inmediato volvió su vista al lugar que le correspondía a su amigo, solo para encontrarlo vacío y sin rastro alguno de su dueño dentro del aula. Efectivamente él se había ido antes, lo que solo podía significar una cosa.

.

.

.

— Estúpido Jen. — De camino a la sala de profesores, y sin razón aparente, Ruki no dejaba de sentirse molesta ante el hecho de que el ojigris se fuera como lo había hecho.

Suspirando y deteniendo su andar, miro por la ventana que daba al jardín trasero de la escuela y lo que vio no le sorprendió en lo absoluto.

No es que no lo entendiera después de todo Jenrya era un chico amable, considerado, inteligente, bueno en los deportes y peligrosamente atractivo; cualidades que fácilmente capturaban el corazón de cualquier chica, por ello era natural que de vez en cuando alguna reuniera el valor suficiente y confesara su amor. Pero aun entendiéndolo, para Ruki no se trataba más que de una tontería, pues todas aquellas chicas que presuntamente lo amaban no veían mas allá lo que él demostraba; ellas no habían visto su lado oscuro, desesperado, vulnerable, aquel que solo se muestra a ciertas personas, aquel que él le había demostrado en más de una ocasión.

— De verdad que eres un estúpido — Mirando a través del cristal, la Makino observaba con mirada triste y apenada el final de una nueva confesión para su amigo.

Si, Jenrya tenía cualidades que capturaban corazones, pero ninguno de ellos era aceptado por él.

Al menos no aun.

.

.

.

A pesar de aprovechar cada oportunidad que tenían para pasarlo juntos, la mayoría del tiempo Ruki optaba por separarse de sus amigos al finalizar las clases y tomar su propio camino a su hogar. Aunque por supuesto nunca podía decirse que se iba realmente sola, al considerar la presencia de la zorra dorada constantemente al pendiente de ella. Pero aquel día, Juri le había insistido tanto en acompañarla a una nueva cafetería que al final la Makino cedió y en lugar de caminar directo a casa como era su costumbre, desvió su camino.

Grave error.

Ahí, en el lugar en donde preparaban los pasteles más deliciosos que pudieras probar ― según las palabras de la misma Juri ― , en una mesa cerca del ventanal, una pareja disfrutaba del tiempo juntos, o al menos así lo parecía por la forma en la Jenrya probaba un bocado de pastel dada por una bella joven rubia, que por un instante a Ruki le pareció familiar.

― Lo siento Juri, pero creo que he perdido el apetito ― dijo de forma casi mecánica y antes de que su amiga pudiera contestarle, la Makino ya se encontraba alejándose de aquel lugar, quizá no corriendo pero si huyendo de lo sus ojos habían visto.

Olvidar lo pasado, volver a ser amigos, ese había sido el pacto con el cual en su momento estuvo de acuerdo, pero que en el fondo sabia no podría cumplir. No, si se trataba de un roba corazones como lo era Jenrya Lee.

― Ruki… ― al llegar a casa y tumbarse en el suelo de su habitación, la voz preocupada de su fiel compañera se dejó escuchar, pero en esos momentos no quería oírla.

― Déjame ― pidió y aun cuando en ningún momento pudo verla, supo que la zorra la había dejado sola.

Finalmente Jenrya había aceptado un corazón.