Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de Rochelle Allison,yo solo la traduzco.
Hola, os dejo el penúltimo capítulo de esta historia, que pena me da que termine :(
Capítulo 25: Veterano
Charlie, Sue y yo pedimos que nos trajeran el desayuno a la habitación por la mañana. Durante el café, los huevos y el bacon, hablamos a la ligera las cosas, como si este fuera un día cualquiera. Era más fácil de esa manera. Ya habíamos hablado de las discusiones fuertes y de los tiempos tristes y lo habíamos aceptado. No se podía evitar lo inevitable, así que nos movíamos hacia adelante.
No era muy terrible, pero tampoco era alegre, porque en cuanto la conversación se quedó en silencio, la realidad de mi vida me golpeó como una bofetada, y eso era todo lo que podía hacer para empujar hacia abajo la tristeza. Eso era todo. Era mi vida. Las decisiones que tomé hace años, meses, días... todo influiría en el resto de mi existencia.
A las siete de la tarde alguien llamó a la puerta.
Emmett y Rosalie entraron, seguidos de Jacob, Sam y Paul. Tenía una debilidad por estos chicos. Yo había llegado a conocerlos bastante bien durante el último año y medio, y aunque estaban simplemente 'haciendo su trabajo', se habían convertido en elementos de mi vida. Le di a cada uno de ellos abrazos rápidos, incluso a Paul, quien sonrió antes de alejarse un paso.
—Yo... gracias por vuestro servicio —les dije, tragando saliva—. Habéis hecho un excelente trabajo al mantener a salvo y yo —di una respiración profunda y tranquilizadora, mis emociones estaban a flor de piel, era un milagro que no estuviera tomando otra vez mis medicinas— solo quiero que sepáis que os lo agradezco. Por favor, tened cuidado.
—Siempre —dijo Jacob, arrugando los ojos con amabilidad. Quizás más que cualquiera de los otros Marshals, a él lo había llegado a conocer mejor, y a veces pensaba que detectaba un poco de cariño saliendo de él. Sin embargo, siempre tenía cosas profesionales. Yo sabía que él tenía un gran respeto por Edward, y por lo que había pasado—. Ha sido un placer.
Le di a Emmett un rápida y fuerte abrazo cuando nos sentamos. Él me dio palmaditas en la rodilla y se aclaró la garganta, obviamente listo para ponerse a trabajar.
—Bueno, Bella, esto es todo. Una vez que acabemos con eso, te llevarán al aeropuerto con tus documentos de identidad nuevos. Esto es todo. Nunca serás Bella Swan de nuevo, ¿de acuerdo?
Asentí con la cabeza, la enormidad de todo ello amenazaba con alcanzarme. Esto era una locura.
—Aunque eres libre de hacer lo que quieras, es evidente que deberás evitar el área de la Bahía y las regiones circundantes, debido a los miembros de los sindicatos del crimen que aún no han sido identificados o encarcelados. Sencillamente, no es seguro para ti estar allí. Nunca vayas. Te sugiero que evites Forks y Phoenix, Arizona, por las mismas razones. No querrías ponerte voluntariamente en una situación en la que alguien te pueda identificar.
Sue, sentada a mi lado, me apretó la mano.
Me quedé mirando el fajo de papeles delante de mí.
—Lo entiendo.
—Está bien. Tu vuelo es de dos horas y media. Vamos a terminar con esto y a hacer lo que tengamos que hacer.
… …
Muy por encima de las nubes, yo sorbí agua y miré el infinito azul fuera de mi ventana. Mi mente recordaba todo lo que había pasado, y sentí que iba a pasar algún tiempo antes de que lo olvidara totalmente. Era difícil de creer que en realidad ya había terminado, que Aro y Cayo y la mayoría de sus compinches estaban tras las rejas, o, en algunos casos, muertos.
Algunos estaban en la clandestinidad, por supuesto. Hubo algunos que huyeron cuando las cosas comenzaron a ir hacia abajo, gente que esperó a que el polvo se asentara. Podrían capitalizarlo cuando fuera el momento adecuado, y la vida continuaría. Luego estaban los que, como yo, testificaron a cambio de la libertad o de protección. No sabía quiénes eran, al igual que ellos no me conocían a mí, pero yo sabía que estaban en el Programa de Protección de Testigos.
Y luego estaba Alec... mis recuerdos de él. Antes de mudarme de Forks le di a Emmett el anillo de compromiso para pedirle que lo vendiera. Él lo hizo, depositando el dinero en una cuenta especial, una que estaría disponible cuando empezara mi nueva vida con Edward. El otro anillo, el que yo había tenido desde la secundaria... era uno más difícil de eliminar. Era un símbolo de tiempos más felices, cuando lo único entre mí y Alec era amor y esperanza.
Yo no vendería ese.
En cambio lo arrojé a un río durante uno de mis paseos con Edward mientras vivíamos en Forks. Pareció apropiado, de alguna manera. Él no preguntó y yo no le dije nada, pero creo que lo sabía. Era mi manera de estar de luto por la vida de Alec, y la forma horrible en la que terminó.
Ahora las joyas que me ponía eran los anillos de Charlie y de Edward. No podía esperar para ver a Edward. Ya habían pasado meses, y aunque habíamos compartido un par de llamadas telefónicas, gracias a Emmett y a Jacob, no era nada como estar juntos. Antes de los juicios había visto a Edward casi todos los días de mi vida durante los últimos dos años y medio.
Ahora apenas faltaban unas horas más.
Acabada mi agua, puse el vaso vacío sobre la mesa de la bandeja a mi lado. Metí la mano en mi equipaje de mano para coger mi libro, una novela que Sue me dio para el vuelo. Para mi sorpresa, ella había escrito una breve nota en el interior.
Pensando en ti y orando por ti siempre.
Te quiero, S
Sonriendo, pasé mi dedo sobre las letras, preguntándome cuando había tenido tiempo para escribirlo. Entonces, algo se deslizó por entre las páginas. Era una postal, no había nada está escrito en ella.
Era el puente de la bahía, centrándose en Yerba Buena.
Mi corazón se contrajo. Lo miré de cerca, pensando de manera automática en Charlie, y luego lo vi, escrito en letra pequeña en la esquina.
Vive tu vida. No contengas la respiración.
Yo siempre había recordado eso, nunca me había dado cuenta de que él también.
Las lágrimas se derramaron. Metiendo la postal de nuevo en mi libro, apreté los ojos cerrados y giré la cara hacia la ventana. Sollozos silenciosos atormentaron mi cuerpo, pero los mantuve dentro, no quería hacer una escena. Este era mi momento, y yo no quería compartirlo con nadie.
Después de un tiempo, la tristeza pasó. Estaba cansada ahora, la acumulación y la posterior liberación de los sentimientos y emociones me habían dejado exhausta. Acurrucándome por debajo de mi sudadera de lana, me dormí.
… …
El aeropuerto de Miami estaba completamente loco.
La última vez que estuve aquí fue en mi viaje de regreso de las Islas Caimán. Increíble cómo mi vida había cambiado desde entonces.
Esperaba que Edward estuviera aquí. Yo no tenía un teléfono, pero él sí, y Jacob se habían asegurado de que informarle a él sobre mí lo más pronto posible. Eché un vistazo alrededor de zona donde se recogía el equipaje, pero no estaba por ningún lado, así que cogí mis propias maletas y fui hacia la acera, pensando que igual estaba conduciendo todavía.
Un minuto más tarde, un Volvo plateado se detuvo. Yo entrecerré los ojos hacia él, y en el interior había un rubio sonriendo. Me pasé tímidamente una mano por mi corte de pelo, aterrada por si él lo odiaba.
Él salió y se acercó poco a poco, esa sonrisa sexy y torcida jugaba en su boca.
—Hola, Charlotte.
—Hola, Peter.
Nos miramos el uno al otro por un momento, inseguros y agobiados.
—Te lo has cortado —dijo, acercándose.
— ¿Está bien? —pregunté, tocándomelo de nuevo.
—Más que bien. Es sexy —dijo, finalmente acercándose lo suficiente como para tocarme. Creí que cogería mis maletas, pero en lugar de eso me tomó en sus brazos y me apretó contra él—. Te he echado de menos.
—Yo también —respiré, pasando los dedos por su pelo. Estaba largo otra vez—. Rubio.
— ¿Está bien? —bromeó, y sabia que él estaba tan inseguro sobre su pelo como yo por el mío.
Aunque sin duda lo prefería con su color bronce natural.
—Está bien —le dije, besando la comisura de su boca. Él me devolvió el beso, pasando sus manos por mi cabello. Se sentía increíble, la verdad. Tal vez podría acostumbrarme a mi pelo.
Él se alejó, cogiendo mis maletas.
—Vamos a salir de aquí. Tenemos bastante camino por delante.
Edward no estaba bromeando. En el momento en el que finalmente acabamos nuestro camino por el área de Miami, donde la carretera se estrechaba en la I-95, eran pasadas las once. Emmett y Jacob lo habían mantenido al tanto de lo que estaba pasando, y yo sabía que había partes del juico que no estaban disponibles para el público a través de las noticias, pero yo le rellené los detalles personales. Él hizo lo mismo por mí, me describió nuestra nueva casa como que era diferente de cualquier cosa que jamás hubiera experimentado.
Si él tuviera que pasar el resto de su vida en un solo lugar, dijo, estaría infinitamente contento de que fuera Islamorada, un grupo de islas en los Cayos de Florida. Casi no lo podía creer, y si los Cayos eran majestuosos a la luz de la luna, rodeados de agua resplandeciente, solo podía imaginar cómo se verían en el día.
Aquí nadie sabía quiénes éramos, pero Edward hizo un par de amigos como Peter. Iba a tomar algún tiempo acostumbrarme, no solo para responder a otro nombre, sino para ser otra persona. Edward, por lo menos, había tenido un montón de práctica con eso.
—Holaaa —dijo, moviendo los dedos—. ¿Estás despierta?
—Sí. Estoy aquí —me giré hacia él, sonriendo adormilada.
—Pensaba que te había perdido.
—No, solo pensaba. Va a ser difícil ser otra persona.
—Se necesita tiempo. Solo... tú sigues siendo tú. Son las cosas hacia el exterior las que cambian, no la esencia de qué y quién eres tú. ¿Tiene sentido?
Sus palabras me recordaron algo que me dijo una vez hacía mucho, mucho tiempo. Y, como estaba segura que él lo esperaba, fue tranquilizador.
—Sí.
—Bien.
—Así que... háblame acerca de tus nuevos amigos.
—Bueno, está Randall, veterano de la Segunda Guerra Mundial, que vive una calle más abajo. Él ha estado conmigo en la escuela de pesca —. Él sonrió, moviendo la cabeza—. Y Alice y Jasper, nuestros vecinos. Siempre me están invitando a cenar. Creo que sienten lástima por mí.
Recordé que los mencionó durante una de nuestras llamadas telefónicas.
— ¿Por qué?
—Porque siempre estoy suspirando por ti.
—Para —me reí. Aunque, honestamente, yo también había estado suspirando por él.
—Lo digo en serio —dijo—. La historia es que tú tenías que quedarte para cuidar de tu madre—, me miró en la semi-oscuridad, las luces parpadeantes pasaban por su cara.
Sus dedos se entrelazaron con los míos. Asentí con la cabeza.
—Emmett me lo dijo.
Con el tiempo, mi jet lag empezó a pasarme factura y aunque no quería caer dormida todavía, permití que la conversación me agotara. Los puentes y las carreteras se convirtieron en las principales vías, que pronto dieron paso a pequeñas calles residenciales. Edward se detuvo en un amplio e iluminado camino de entrada enmarcado por grandes árboles: palmeras y robles y musgo español por el aspecto del mismo.
—Así que... esto es todo —dijo, apagando el motor.
Miré hacia la casa. Era de dos pisos, no demasiado grande, nada extraordinario desde el exterior. Perfecta.
Cogimos mis maletas y caminamos hacia la puerta principal, que estaba, curiosamente, en un lado de la casa. Se acercaba el verano, y a pesar de que era tarde en la noche, el aire era sofocante y húmedo. No podía imaginar lo que iba a ser por la mañana.
—Me gustaría mostrarte los alrededores, pero es un poco tarde —dijo Edward, dejando sus llaves sobre la encimera de la cocina. Estaba apenas aceptando que ésta era mi casa. Mi casa con Edward. Para siempre. Cuando estuviéramos realmente casados, esta casa iba a estar a nombre de los dos. Nuevos nombres, pero nuestros nombres, no obstante. Era surrealista todo este asunto. Estaba medio asustada por despertarme sola en algún lugar, y que esto hubiera sido un largo sueño, una locura.
—Sí, yo solo quiero ducharme y dormir —le dije, bostezando. Quería hacer el amor también, pero por una vez estaba demasiado cansada.
La casa, lo que vi de la misma, era agradable, aunque necesitaba un toque personal. Un toque femenino, el mío. No podía esperar. Pero por ahora, lo único que importaba era la cama grande y cómoda y las puertas corredizas de vidrio que daban al agua. Me di una ducha rápida, procurando no mojar mi cabello porque no tenía ganas de secármelo, y caí en la cama. Las sábanas estaban frescas, y Edward y yo nos deslizamos en ellas por un tiempo, dándonos besos de bienvenida y de buenas noches. Me sentía muy bien al estar con él de esa manera, sabiendo que por fin éramos libres para amarnos el uno al otro y vivir normalmente.
El choque sordo de las olas podía ser escuchado si se escuchaba con atención, y eso fue lo que oí mientras me dormí.
Bueno, pues ya han aparecido los dos nombres que faltaban (Alice y Jasper) aunque solo falta un capitulo, pero bueno, ellos estarán en su nueva vida :)
Nos vemos mañana ya con el último capi :(
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