¡Actualización rápida! El capítulo es corto, porque es un preludio a lo que se viene en los próximos. Tiene un poco de romance y algunas revelaciones interesantes, espero que les guste. Como siempre no pueden faltan los agradecimientos a todos los que me apoyan en mis historias.

El capítulo tiene un pequeño fragmento de la canción "Electric Blue" de Icehouse, que dicho sea de paso, inspiró el inicio de este fic.

Les dejo el capítulo 25 y me voy a escribir algo de Edda poética, para ver si logro actualizarla este fin de semana.

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Capítulo XXV – Premonición

Aquel mirador se había convertido en su lugar de reunión predilecto. Sentarse sobre el auto de Seiya y contemplar la luna y las estrellas era mil veces mejor que visitar un carísimo restaurante. Y es que eran aquellos pequeños detalles los que los habían unido. Al igual que aquella noche donde ella le pidió que le enseñara a amar de nuevo, sus compañeras, además de la rubia a la que amaba con el alma, eran su guitarra acústica, una libreta y un six pack de gaseosas. Pasar su tiempo al lado de ella era lo que más amaba, pero como músico tenía el deber de componer nuevas canciones, así que de vez en cuando, si una idea llegaba a su cabeza, se detenía un momento para escribirla en la libreta y no olvidarla.

—¿Recuerdas la última vez que nos reunimos aquí? —preguntó de repente Serena, levantando la cabeza, que antes yacía recostada en el hombro de Seiya.

—Ah sí, ese día en que me confesaste que no podías vivir sin mí, ¿cierto? —la rubia frunció el ceño y le dio un pequeño golpe en el hombro. Seiya rió cuando notó el ceño fruncido de su acompañante —¿Qué?, sólo digo la verdad.

—Eres tan arrogante —desvió la mirada nuevamente hacia el cielo —Pero tengo que admitir que tienes razón esta vez —añadió, en voz casi inaudible, que Seiya de igual manera alcanzó a escuchar —Ah, ya recordé lo que quería contarte. ¿Recuerdas cuando te dije que Darien y yo nos dimos cuenta de que somos como hermanos? —Seiya asintió —Pues estoy muy feliz porque él sigue confiando en mí. Ayer me llamó para contarme que le propuso matrimonio a la señorita Helena.

—¡¿Qué dices?! —exclamó el de cabellos azabaches, visiblemente sorprendido —¿¡Le propuso matrimonio?! ¡¿Así tan de repente?!

—Darien la ama en realidad, me pude dar cuenta de eso aquella vez cuando nos encontramos los tres —respondió ella, calmadamente —Sin embargo, me siento algo culpable. Aquel día cuando él me contó la verdad, no me tomé la noticia demasiado bien, por lo que mi reacción seguramente ha provocado muchas dudas en ella.

—¿Ella aceptó? —Serena agachó la mirada con pesar, mientras negaba lentamente con la cabeza —¿Lo rechazó? —preguntó, incrédulo —¿De verdad? —Serena asintió con la cabeza —Vaya, no esperaba eso, si he de ser sincero.

—Me siento algo mal, creo que después de todo su negativa fue mi culpa, ¿sabes?, si yo no hubiera reaccionado de esa manera…

—Después de todo el tiempo que estuviste junto a él, tu reacción fue la más normal, bombón —dijo Seiya, colocando su chaqueta sobre los hombros de la rubia para abrazarla después —Estoy seguro de que ella lo comprenderá. Quizás aún se sienta un poco insegura, porque no quiere verte sufrir.

—Helena es una buena persona, puedo decirlo con sólo haberla visto aquel día, aunque no estoy muy segura de por qué —lo miró a los ojos —¿Te parece una tontería? —él negó con la cabeza, mientras la besaba en la mejilla —Entonces, ¡está decidido!, hablaré con ella y se lo explicaré todo. Le diré que no tiene que sentirse mal por mí, porque yo también soy feliz ahora —Seiya notó cómo las mejillas de Serena se encendían y ella agachaba la mirada, buscando que el flequillo cubriera sus ojos —He encontrado a una persona que me quiere mucho, a quien yo también quiero muchísimo.

Seiya enternecido, estrechó con más fuerza el cuerpo de la rubia entre sus brazos, al tiempo que buscaba los labios ajenos para unirlos con los suyos. Sintió el cuerpo de Serena tensarse por un instante que pasó pronto, mientras ella subía los brazos para enredarlos en el cuello de Seiya, buscando, casi con desesperación, intensificar el contacto. Las manos de Seiya viajaron a la cintura delgada de su acompañante. Rompieron el beso cuando el aire les hizo falta, pero Serena volvió a sujetar a Seiya por la nuca para robarle un nuevo beso, esta vez mucho más sensual.

—Hoy estás más cariñosa que de costumbre —comentó él, gimiendo por lo bajo cuando sintió los labios de la rubia asaltar su cuello. Sintió luego cómo Serena se recostaba en su pecho, así que la abrazó y preguntó: —¿Sucede algo, bombón? No es que me moleste este cambio de actitud, pero…

—Yo sólo… tengo miedo —Serena apretó con fuerza la camisa de Seiya, ocultando su rostro en el pecho del muchacho. Pero antes de que Seiya pudiera decir algo ella continuó —Tengo miedo de hacerte más daño, miedo de decepcionarte, miedo de… que te canses de mí y…

Serena no pudo continuar, porque Seiya colocó un dedo sobre sus labios, mientras negaba con la cabeza. Serena no pudo más que sonrojarse nuevamente en cuanto sus ojos se toparon con aquella encantadora sonrisa que sólo Seiya podía mostrarle. El muchacho la tomó de las manos, las besó y luego le dijo:

—Jamás podría cansarme de ti, nada ni nadie podrán hacer que deje de amarte, bombón. Me hice a un lado cuando Darien regresó porque en ese momento tu felicidad estaba con él; pensé que si tú eras feliz, yo también lo sería. Te esperé y podría esperarte todo el tiempo que necesites, hasta que estés segura de lo que en verdad sientes. ¿Lo entiendes? Quiero estar a tu lado, te amo y eso nunca cambiará.

—¿Lo prometes? —preguntó ella, con el rostro serio —¿Prometes que te quedarás conmigo, que no me dejarás? —Seiya, que no comprendía del todo la preocupación de Serena, la miró directamente a los ojos, dejando que sus orbes cual zafiros le dijeran la verdad.

—Lo juro. Bombón, te amo más que a mi propia vida.

Serena, enternecida, no pudo más que arrojarse sobre Seiya, quien terminó con la espalda contra el vidrio del parabrisas y el cálido cuerpo de la rubia sobre el suyo, en una posición bastante sugerente. La chica lo besó en los labios, para luego recostarse en su pecho. Podía escuchar cómo los latidos del corazón de Seiya se iban acelerando, al tiempo que unas manos traviesas se asían a su cintura, paseándose por su espalda. Serena se estremeció, cuando las manos tibias de Seiya acariciaron la piel por debajo de su blusa. Su corazón comenzó a acelerarse también. Y entonces recordó aquella última noche que compartió con Darien, cuando le regaló su "tesoro". Sintiéndose repentinamente culpable, Serena se separó súbitamente de Seiya y se sentó, dándole la espalda. Seiya parpadeó, confundido.

—¿Bombón? —preguntó él, extrañado.

—Seiya, aún hay algo que no te he dicho —contestó ella. Seiya se incorporó también y se puso de pie enfrente de ella. La rubia no se sentía capaz de mirarlo a los ojos —La verdad es que yo… bueno yo —suspiró profundamente —Ahora que vamos a estar juntos, considero que no debe haber secretos entre nosotros, pero… bueno —Serena levantó tímidamente la vista —¿Prometes que no vas a odiarme?

—Bombón, ya te lo dije, nada va a cambiar lo que siento por ti. Así que puedes decirme qué es eso que te está preocupando.

—Seiya esto, yo… no se lo he dicho a nadie, ni siquiera a mi madre, así que ¿podrías guardar el secreto? —él asintió —Bien, verás, lo que sucede es que…

Serena se acercó para contarle a Seiya su secreto, en susurros. Seiya abrió los ojos, impactado por aquella revelación, para luego dibujar una triste mueca en su rostro. Aquello sí que no se lo esperaba. Y, francamente, no podía negar que le había dolido un poco enterarse de que Darien había sido "el primero". Pensó egoístamente por un momento, él quería ser "el primero", esa persona especial para ella.

Seiya se reprendió mentalmente por pensar de esa manera, cuando se topó con la mirada culpable de Serena. Entonces acarició su mejilla y volvió abrazarla, antes de decirle con voz calmada:

—No me importa el pasado, lo que importa es que desde ahora viviremos juntos nuestro presente y forjaremos nuestro propio futuro —Serena se sobresaltó cuando sintió el cálido aliento de Seiya contra su oído —Voy a hacer que lo olvides. Cada toque, cada caricia, cada palabra que te haya dedicado esa noche, la borraré de tu cuerpo, de tu mente, de tu corazón. A partir de ahora, me aseguraré de que no pienses en nadie más que en mí.

Serena no pudo contener la risa ante aquella declaración que, sin duda alguna, estaba impregnada con un dejo de celos. La rubia volvió a abrazar al chico, separándose un poco para cerrar los ojos y entregarse a aquella placentera sensación de la que nunca podría cansarse. En ese momento, una estrella fugaz pasó surcando el cielo. Serena cerró los ojos y pidió su deseo.

"Deseo estar al lado de Seiya, para toda la eternidad".

—Ahora que lo recuerdo, bombón, —intervino Seiya, rompiendo aquella atmósfera de tranquilidad —la última vez que me llamaste, prácticamente gritaste algo como "quiero gemelas", ¿qué se supone que significa eso, eh? —la rubia se sonrojó al instante y negó con la cabeza, como restándole importancia.

—Nada, no es nada —Serena empujó suavemente a Seiya para apartarlo de ella, mientras caminaba y apoyaba los codos en la barandilla.

—A mí no me parece que eso sea "nada" —se colocó detrás de ella y la abrazó —Anda, dime —ella volvió a negar con la cabeza repetidamente —¿Por favor?

—¡Ya te dije que no! —replicó ella, con fingido enfado. Pero Seiya no iba a aceptar un no por respuesta, por lo que tuvo que recurrir a "medidas drásticas", alias cosquillas —¡No, detente! —exclamó Serena, casi sin poder hablar, mientras unas lagrimillas rodaban por sus mejillas y se carcajeaba —Ya… por favor… te lo diré, te lo diré…

Serena se volteó para encarar a Seiya, que colocó los brazos a ambos lados del cuerpo de la rubia, cerrándole el paso. La chica suspiró profundamente.

—¿Prometes que no te burlarás de mí?

—Lo prometo, ya dime.

—Bueno, te contaré. El otro día, creo que estaba medio dormida y tuve una… extraña visión, bueno no estoy segura de si deba llamarle "visión" pero no se me ocurre nada más. El caso es que en esta visión aparecía una pareja; él y ella se me hacían tremendamente familiares —hizo una corta pausa —La cuestión es que no estaban solos, pues sus… hijas, sí creo que eran sus hijas, estaban con ellos. Eran muy lindas, si he de ser sincera; tenían un brillante cabello negro, así como el tuyo y sus ojos, bueno no sé bien cómo describir el tipo de azul que era —se quedó mirando fijamente los ojos azules de Seiya —Lo único en lo que pude pensar fue en una mezcla entre el azul de tus ojos y el mío. Y claramente las chicas eran gemelas. Entonces pensé que, si algún día soy madre, me gustaría tener unas gemelas tan lindas como ellas. Fin.

Serena respiró profundamente. Por alguna extraña razón, se sentía más liberada ahora que le había contado aquellos pequeños "secretos" a Seiya. Pero se quedó extrañada cuando el otro simplemente guardó silencio, mientras la escrutaba con sus ojos azulinos. La rubia abrió la boca para decir algo, pero entonces Seiya la tomó en sus brazos, abrió la puerta del asiento trasera del auto, la tumbó y se colocó encima de ella.

—¿Se-Seiya…? —el muchacho comenzó a besar su cuello, haciendo que se le escapara un pequeño gemido de placer.

—¿Sabes? —empezó Seiya, repartiendo pequeños besos por el rostro y el cuello de la rubia —Yo también quiero gemelas, unas hermosas gemelas que se parezcan a ti, bombón —la besó en los labios, robándole el aliento —Entonces, ¿qué tal si "practicamos"?

Las manos de Seiya se colaron una vez más por debajo de la ropa de Serena, que puso sus manos sobre el pecho de este, buscando apartarlo, aunque sin demasiada fuerza o determinación. Su mente, que ya casi no era capaz de razonar, se debatía entre dejarlo continuar y detenerlo. Pero la respuesta a su "dilema" vino pronto, cuando Seiya se incorporó y la miró con una sonrisa. Ella se sentó rápidamente, con gesto interrogante.

—¿Qué, querías que continuara? —la rubia se sonrojó violentamente y comenzó a murmurar una serie de cosas ininteligibles —Ah creo que me dejé llevar, lo siento, bombón —él se rascó la cabeza, nervioso —Es que es tan difícil mantener la compostura contigo cerca.

Serena agarró a Seiya del cuello de la camisa y lo atrajo hasta ella, de forma que sus rostros quedaron separados por milímetros.

—Cuando todo esto termine, dejaré que hagas conmigo lo que quieras —murmuró en voz baja Serena. Seiya abrió los ojos desmesuradamente, mientras ella abría la puerta del otro lado y salía, buscando que el aire de la noche enfriara su cabeza y ¿por qué no?, su cuerpo.

—Bombón, ¿qué significa eso? —preguntó Seiya, siguiéndola.

—¡Oh, mira la hora! —exclamó ella, mirando su reloj y haciéndose la desentendida —Será mejor que regrese a casa o mis padres se preocuparán —y dicho esto, recogió las latas, para luego acomodarse en el asiento del copiloto.

Y a Seiya no le quedó más opción que suspirar resignado, ocupar su lugar en el asiento del conductor y dirigirse hasta el hogar Tsukino. Ya tendría tiempo para chantajear a su ¿cómo debía llamarla?

—Por cierto bombón, ¿quieres ser mi novia? —preguntó él de repente, antes de poner el auto en marcha. Serena arqueó una ceja.

—¿Hace falta que te responda? —ella respondió con otra pregunta.

—No, bueno, yo…

—Entonces vamos, quiero presentar a mi novio formalmente ante mi familia.

El corazón de Seiya dio un brindo de emoción. Besó a Serena una vez más, mientras, ahora sí, arrancaba el motor y se ponía en marcha. Ninguno de los dos se dio cuenta de que, cerca de allí, una espeluznante sombra los acechaba.

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Mizuki condujo hasta el taller de diseño de su buen amigo, el italiano Giotto Armani. El edificio se encontraba en las afueras de la ciudad, rodeado de vegetación. La construcción buscaba emular la famosa Torre de Babel, de un tamaño más reducido. En la recepción se exhibía un diseño minimalista, donde se mostraban diseños creados por el mismo personal de la casa Armani. No tardó mucho en saludar a la recepcionista y dirigirse al estudio donde, estaba seguro, la encontraría.

Cuando se encontró con ella aquella mañana, la sorprendió sentada de espaldas en su mesa de dibujo. Tenía el cabello recogido en un moño algo descuidado, que dejaba algunos mechones sueltos rodeando su moreno rostro. Los ojos detrás de los lentes de montura redondeada, miraban fijamente el papel de dibujo, mientras su mano se movía a una velocidad sorprendente. Mizuki sonrió ampliamente y se acercó, con paso lento y sigiloso.

La abrazó por la espalda y sintió que ella pegaba un pequeño salto de sorpresa. Pasados un par de segundos, Setsuna se relajó y colocó sus manos sobre las de Mizuki. Sonrió ampliamente, antes de que él depositara un cálido beso en su cabeza.

—Buenos días —lo saludó ella, dándose la vuelta para mirarlo a los ojos.

—Te amo —respondió él, a modo de saludo, para luego tomarla por el mentón y besar lentamente sus labios —Y buenos días, princesa —Setsuna sintió que se sonrojaba levemente, pues no estaba acostumbrada a tales atenciones.

—Aunque todavía me parece algo increíble, yo también te amo, Mizuki —el rubio la miró, con un gesto de fingida indignación por sus palabras —Lo que quiero decir es que… todo ha sucedido tan rápido que aun me cuesta creerlo —el hombre arqueó una ceja y Setsuna respiró profundamente antes de continuar —Cuando te conocí en persona, cuando vi cómo te desenvolvías ante el público, tengo que ser sincera, pero pensé que eras un arrogante. Sí es que, bueno, eres una estrella, y usualmente las celebridades nunca muestran su verdadera cara al público. Fue entonces cuando Hotaru me dijo una frase que nunca olvidaré: "no debes juzgar a las personas sin conocerlas". Y la verdad es que agradezco el haber seguido el consejo de mi hija. Porque eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Setsuna se sintió como una adolescente enamorada en cuanto terminó de hablar. Sus mejillas de seguro estaban muy rojas y su respiración ya podía percibirla acelerada. Rogó porque el otro no se percatara de aquellas sensaciones que él despertaba en ella, la fría y metódica Sailor Pluto que, en ese momento, no era más que una mujer ordinaria, una mujer enamorada como las demás. Sintió cómo Mizuki la tomaba de las manos, para luego estrecharla en un abrazo.

—No te imaginas lo feliz que me han hecho tus palabras —dijo, tratando de contener la emoción —Siento como si pudiera morir en paz en este momento —Setsuna recordó entonces el grave peligro en el que se hallaba el Universo y no pudo evitar estremecerse.

—No digas tonterías —lo reprendió ella, recostando la cabeza en el pecho de Mizuki —No se te ocurra decir esas cosas, yo te protegeré.

—¿Setsuna? —en cuanto se percató de lo que había dicho, Setsuna se abrazó más fuertemente a él, esperando, rogando porque no la hubiera escuchado bien o porque simplemente se hiciera el desentendido —Yo soy quien va a protegerte, te lo juro. Ya verás que seremos muy felices en un mundo pacífico.

Aunque ninguno de los dos comprendía del todo las palabras del otro, decidieron que aquello carecía de importancia en aquel momento. Setsuna regresó a la mesa de dibujo y Mizuki se sentó junto a ella, mientras la mujer se dedicaba a enseñarle sus nuevos diseños.

—En este momento me estoy concentrando en la nueva colección de vestidos de novia —explicaba Setsuna, mostrándole sus bosquejos —El fashion week será en un mes, por lo que tengo que darme prisa en terminar los dos diseños faltantes.

—Entonces, ¿cuál de estos elegirás para la boda? —preguntó Mizuki, con una sonrisa torcida. Ella, que parecía no estar prestando demasiada atención, respondió:

—La verdad es que sueño con vestir una de las creaciones del señor Armani. Sería como un sueño…

—Eso no será un problema, —intervino entonces una segunda voz masculina —sólo basta que Mizuki y tú fijen la fecha de la boda.

Setsuna levantó la mirada, entre confundida y asombrada, cuando vio aparecer en el estudio a su jefe. Giotto Armani era un hombre de estatura promedio y cuerpo atlético. Tenía el cabello negro largo hasta los hombros y los ojos de un tono verde brillante. Ese día llevaba unos pantalones de vestir negros y una camisa con cuello en V, de color azul claro. Se detuvo a observar a la pareja, con una ligera sonrisa en los labios y los brazos cruzados. La morena se soltó de inmediato del agarre de Mizuki y volteó la mirada al papel, sin embargo, por los nervios, el lápiz que estaba utilizando resbaló de entre sus dedos.

—Oh Setsuna, sabes que me encantaría verte vestida de novia —dijo Giotto, mientras estrechaba la mano de Mizuki —Y tú, Mizuki, ¿qué haces distrayendo a mi diseñadora estrella? —replicó, con fingida molestia —No te pago para que interrumpas su trabajo.

—Gio, no me pagas, ni siquiera trabajo aquí —contestó Mizuki, entre risas —Sabes, a mí también me encantaría verte vestida de novia, princesa, estoy seguro de que serías la novia más hermosa del universo —Setsuna estrechó con tanta fuerza el lápiz entre sus dedos que terminó rompiéndolo.

—Jefe, tengo un poco de hambre, así que me iré a desayunar, si no le molesta —dijo entonces la morena, levantándose para buscar su bolso en uno de los sofás del estudio que estaba cubierto de muestras de tela.

—Anda. Y llévate al meloso de tu novio —Mizuki se despidió de Giotto con un gesto de la cabeza y tomó a una sonrojada Setsuna de la mano, conduciéndola hasta la salida.

—¡Te la devolveré en una hora! —exclamó el rubio, antes de abandonar la habitación.

—¡Más te vale! —contestó el diseñador.

Así, la pareja caminó hasta el estacionamiento donde estaba el automóvil del rubio. Mizuki, como todo un caballero, le abrió la puerta a su novia. Luego, entró en el vehículo lo encendió. Setsuna tenía la vista perdida en el paisaje, con el rostro reposando en la palma de su mano. Mizuki extendió la mano para sujetar la de Setsuna y besarla. La mujer se volteó y le sonrió tenuemente. En ese momento, la pareja percibió lo que parecía ser el flash de una cámara. Setsuna se apartó y miró a su alrededor, mientras Mizuki regresaba al centro de la ciudad.

—¿Paparazis? —preguntó la morena.

—Seguramente —Setsuna se mordió el labio inferior —¿Te molestan? —ella desvió la mirada —A mí no me importa, mejor para mí que todos sepan que estoy profundamente enamorado, que estoy al lado de la mujer que amo.

Enternecida, Setsuna se acercó a Mizuki y lo besó en la mejilla. Esta vez le tocó al rubio sonrojarse. La mujer volvió a entrelazar los dedos de su mano con los de Mizuki, mientras el hombre colocaba la otra mano en el volante.

Ya lo verás, Mizuki, yo protegeré este planeta; este Universo. Y entonces, si logro regresar, quiero pasar el resto de mi vida a tu lado. Porque sí, estoy segura de ello ahora, tú eres la persona con la que quiero compartir esta vida que se me ha dado. Eres el hombre que amo, aunque mi orgullo no me permita decírtelo abiertamente todavía.

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Hospital General de Tokio.

Acababa su turno, por fin. Megumi agradeció mentalmente que el reloj diera las diez de la noche, porque estaba segura de que no sería capaz de aguantar un minuto más. Se bebió el resto del café y recogió su bolso del casillero. Las llaves del auto se cayeron del bolso y se dio cuenta entonces de que no se le antojaba manejar de vuelta a casa. Suspiró profundamente y caminó por los largos pasillos hasta que de repente se encontró enfrente de la habitación número 300. Abrió la puerta despacio y asomó la cabeza.

—Buenas noches, Dra. Hoshida —Megumi se sobresaltó al escuchar una suave voz femenina dirigirse a ella —¿Ha terminado su turno ya? —la mujer entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí.

—Así es, Hilda —respondió. Se dirigía a la paciente que yacía en aquella cama. Se trataba de una bonita mujer de piel blanca, largo cabello plateado y unos brillantes ojos verdes —¿Te sientes mejor?

—Mucho mejor. Han cesado esos terribles dolores de cabeza, pero —agachó la mirada, abatida —lamentablemente aún no puedo recordar nada. Es extraño, cada vez que intento recordar, siento un doloroso pinchonazo en la sien y unas terribles náuseas. Como si mi propia mente estuviera bloqueando esos recuerdos. Casi como si —hizo una pausa y Megumi la miró atentamente, mientras apretaba las sábanas blancas con fuerza —tuviera miedo de recordar algo que no debo.

—No te fuerces, todo a su tiempo, ya te lo he dicho, ¿no? —Hilda asintió —Ahora, descansa, es tarde para que estés despierta.

Megumi ayudó a Hilda a recostarse en la almohada para luego arroparla con las mantas. Encendió la lamparita de la mesa de noche, pues Hilda le tenía pavor a quedarse sola en la oscuridad. Hilda cerró los ojos y las facciones de su rostro se relajaron completamente. Megumi se dio media vuelta para marcharse, cuando sintió que alguien la sujetaba de la bata médica.

—Gracias por todo, Dra. Hoshida, de no ser por usted, no sé qué habría pasado conmigo —Megumi se mordió el labio inferior, mientras un ligero sentimiento de culpa se alojaba en su cabeza.

—No hay por qué agradecer —le dijo —Buenas noches, Hilda.

—Buena noches, Dra. Hoshida.

Megumi apagó las luces de la habitación y cerró la puerta. Caminó hasta la salida del hospital y se encontró con su hermano, que la esperaba en la recepción. Sonrió y, sin decir nada, le arrojó las llaves de su auto. Mizuki las atrapó y la condujo hasta el exterior. La mujer tomó el brazo de su hermano para apoyarse en él.

—No te ves nada bien, Gumi —dijo Mizuki, con semblante preocupado.

—Estoy deshecha —contestó, mientras Mizuki la conducía hasta el estacionamiento y la ayudaba a sentarse en el asiento del acompañante —Tuve que hacer tres cirugías cerebrales; una de ellas se complicó así que tardamos más de lo esperado. Además, tenemos una paciente nueva, una chica que perdió la memoria. Lo único que recuerda es su nombre: Hilda —Mizuki abrió los ojos, sorprendido, mientras encendía el vehículo.

—¿Tienes hambre?

—Muero de hambre.

—¿Se te antoja una taza de ramen? —Megumi asintió con la cabeza, cerrando los ojos para descansar su agotada mente por un momento.

En ese instante, los hermanos Hoshida sintieron una ráfaga de viento filtrarse al interior del vehículo. Mizuki cerró las ventanas, cuando una profunda voz masculina se dejaba escuchar:

—Mi señora, lamento molestarla, pero creí prudente informarle que Yavanna ha regresado de Kinmoku —ambos se voltearon hacia el asiento de atrás, donde había aparecido un hombre de piel morena.

—Ah eres tú, Shivá, qué susto me has dado —dijo Megumi, sonriéndole. Sin embargo, su sonrisa se esfumó en cuanto vio el rostro angustiado del hombre —¿Qué sucede? —preguntó entonces, alarmada.

—Vanna… ella… su alma ha sido devorada.

—¡¿Qué dijiste?! —exclamó Mizuki, pegando un frenazo.

—Mizuki, estaciónate —el rubio aparcó el auto a la orilla de una oscura calle por la que ya casi no transitaba gente. Shivá se llevó las manos al rostro, desesperado —Shivá, ¿quién lo hizo? —el hombre no respondió —Shivá, dime quién lo hizo, por favor.

—Fue… Ker.

—¿Ker? —repitió un incrédulo Mizuki. Megumi abrió sus ojos desmesuradamente.

—El espíritu de Ker estaba encerrado en Kinmoku, fue sellada allí por los poderes de la princesa Serenity de la Luna —dijo la rubia —¿Cómo es que…? —la mujer se llevó ambas manos a la boca —¡¿Acaso…?! —Shivá asintió con la cabeza, mientras sacaba un pergamino del interior de la gabardina negra que llevaba esa noche. Estaba manchado de sangre que ya estaba seca.

—Vanna lo tenía cuando la encontré en las afueras de la ciudad, muy malherida —dijo Shivá, con voz apagada —Tal parece que logró obtener información acerca del famoso Heracles de Varuna, pero la atacaron antes de que pudiera regresar.

—Ese pergamino es…

—Sí, aquel que no puede ser abierto por nadie más que aquel quien posee la llave —Megumi terminó la frase de su hermano —Shivá es la "llave" de Vanna, por lo que es el único que puede romper el sello —la mujer devolvió la vista al pergamino —La verdadera identidad de Heracles de Varuna es… —pero la sangre de la mujer había cubierto esa parte importante, haciéndola ininteligible —Vanna, esto es mi culpa, si tan sólo yo…

—Mi señora, no diga esas cosas, por favor, Vanna se entristecería —la interrumpió Shivá —Ella es una mujer demasiado terca, lo habría hecho de cualquier forma.

—Hermana, tenemos que estar agradecidos con ella. Vamos a sacarle provecho a la información que poseemos ahora gracias a ella.

—Por favor lean lo que está al final —indicó el moreno. Los hermanos Hoshida así lo hicieron. Ambos abrieron los ojos desmesuradamente y voltearon hacia Shivá, incrédulos.

—¡¿Dices que… Ker está en camino a la tierra?! —exclamó Mizuki —Y que va, ¿tras la princesa de la Luna? —el hombre asintió con la cabeza.

—Ker viene por el alma de la princesa de la luna y por todas aquellas almas poderosas de los guerreros del universo que pueda recolectar —explicó Shivá —Según parece, Hypnos le ha enseñado el camino que debe seguir para encontrarse con Keres, el Laberinto del Érebo, sin embargo, para poder liberar a Keres se requiere un alma increíblemente poderosa.

—Así que va tras el poder de la descendiente de Silvano y Serenity. Entonces, supongo que también ha venido a vengarse del sujeto que encerró a su madre en ese lugar —continuó Mizuki.

—¿Cuánto tiempo tenemos hasta que Ker llegue? —preguntó una pensativa Megumi.

—Si mis cálculos son correctos, Ker estará en la ciudad en dos días.

—Así que dos días, ya veo —habló Megumi —Creo que ya entiendo lo que está planeando, es una mujer astuta, sin duda. Mizuki, ¿todavía te quedan entradas para el concierto de Three Lights? —el hombre miró a su hermana, algo extrañado.

—Prácticamente están agotadas, pero puedo conseguirlas. Pero hermana, pensé que no querías ir.

—Cambié de opinión —contestó —Asegúrate de que Surya, Siegfried y Yuki tengan una también. Ah Shivá, dile a Maya que no haga planes para dentro de dos noches. Y tú quédate con Vanna, no te alejes de su lado. Mañana a primera hora quiero que lleves a Vanna al hospital general, yo personalmente la atenderé.

—Entendido —Mizuki puso el auto en marcha y se dirigió al hogar de Shivá. Mientras tanto, Megumi colocó una mano sobre el hombro de Shivá y le sonrió de forma tranquilizadora.

—Traeremos a Vanna de vuelta, te lo aseguro.

—Lo sé, sé que así será, gran señora.

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Toudai.

Se levantó con parsimonia de la amplia mesa de la biblioteca con un montoncito de libros en sus brazos y los fue colocando en su lugar. Por fin había terminado con sus obligaciones de las próximas dos semanas, por lo que ya podía asistir tranquila al concierto de Three Lights, que era lo único de lo que se hablaba en la ciudad. Sonrió al recordar que pronto vería a Taiki cantar nuevamente. Regresó a la mesa para terminar de recoger sus cosas y volver a casa cuando unos murmullos que se escuchaban del otro lado del estante la hicieron detenerse. Y no es que fuera una entrometida, es sólo que en cuanto escuchó aquel nombre su cuerpo se paralizó.

—¿Lo escuchaste? —decía una chica —La chica prodigio de la carrera de filología, Clare Urawa, regresó a Inglaterra ayer.

—¿Qué dices? —respondía otra chica, con voz sorprendida —Creí que tenía una pasantía por dos años en nuestra universidad.

—Pues no lo sé, es lo que me ha contado mi novio, que fue su compañero durante el corto tiempo que estuvo aquí. Él también estudia filología, y al parecer eso fue lo que escuchó de su profesor de Literatura. Pero, ¡eso no es todo! —añadió, al tiempo que bajaba la voz —Parece que no se fue sola.

—¿Qué?

—Sí, al parecer su primo Richard también ha regresado a Inglaterra —Amy abrió los ojos, sorprendida.

—No lo puedo creer, ¿será acaso que extrañaban Inglaterra? —dijo nuevamente la segunda chica —Quién sabe, tal vez dejaron al amor de su vida allá —su amiga rió y ambas salieron de la biblioteca.

—Puede ser.

Amy caminó despacio hacia la salida de la biblioteca, con la duda alojada en su cabeza. Richard y Clare había regresado, pero ¿cómo podía ser eso posible? Él no se iría sin despedirse, ¿cierto? ¿De verdad se habían marchado?, se preguntaba, ¿por qué? Sacó el celular del bolsillo, pensando en llamarlo, pero en cuanto se fijó en la hora se dio cuenta de que le quedaban sólo quince minutos para reunirse con Taiki, así que apuró el paso.

—Richard, ¿en verdad regresaste a Inglaterra?

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Parque de diversiones Megalópolis

El reloj marcaba las diez de la noche cuando el ensayo final para el concierto de rencuentro de Three Lights llegó a su fin. Seiya estiró los brazos y bostezó, mientras Yaten se quejaba del dolor de espalda que lo estaba matando. Taiki hablaba acerca de los últimos detalles con Mizuki. Todos estaban bastante ansiosos por el día que los esperaba, todos querían que el concierto saliera a la perfección.

Seiya y Yaten se quedaron mirando nuevamente la escenografía que el equipo de Solaris se había encargado de montar. El gigantesco escenario tenía forma redondeada. Había dos escenarios más pequeños a ambos lados del principal, conectados por unas pasarelas, que estaban decoradas en los bordes con pequeñas luces con forma de estrellas. En la parte más alta del escenario, estaba colocado el logo de Three Lights. El escenario principal tenía además luces móviles y una pantalla gigante que estaba pensada para mostrar fotografías y vídeos de conciertos anteriores.

La escenografía había sido colocada en la explanada del parque, detrás de las atracciones principales. Era una zona completamente al aire abierto, donde quien llegara primero se quedaba con los mejores lugares, detrás de los VIP claro estaba, que eran aquellos que habían adquirido el pase especial.

—Este lugar es gigantesco —comentó de pronto Yaten, con gesto pensativo —¿Crees que se llene?

—Mizuki dijo que las entradas estaban agotadas ya, así que supongo que así será —contestó Seiya, dejándose caer en el suelo del escenario y tomando su guitarra acústica —Te ves nervioso, eso no es normal en ti.

—Bueno, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hicimos esto, Seiya —replicó el otro, sentándose al lado de su hermano —No sabemos si la gente nos recordará o si les gustará nuestra nueva música. Rayos, la incertidumbre me está matando.

—Yo diría que lo que te está matando más bien es la ausencia de Mina —Yaten frunció el ceño, con las mejillas sonrojadas mientras murmuraba frases que su hermano no alcanzó a comprender del todo. Sin embargo, esto le indicó que estaba en lo cierto —Ya verás que todo saldrá bien, la gente de este planeta nos adora.

—Oh sí, de eso no hay duda —intervino Mizuki, quien se sentó al lado de Yaten, mientras Taiki se acomodaba junto a Seiya —Son tan famosos que las primeras doscientas entradas que pusimos a la venta se acabaron en tres minutos —los hermanos se quedaron sorprendidos —Ya saben, la magia del internet. Nuestro personal de tecnologías tuvo que trabajar horas extra para mantener el sitio web en línea todo el tiempo. No se imaginan la cantidad de transacciones que se realizaban por segundo. En fin, no es momento de hablar de eso, ¿qué tal una última canción antes de irnos?

Los Kou asintieron. Seiya tomó su guitarra y Mizuki tomó la suya también. Taiki comenzó a cantar:

If a boy had a chance

A chance with someone like you

Are you gonna break his heart?

Let him cry for the moon

Luego Seiya y Yaten se unieron:

Are you hiding somewhere behind those eyes?

—Ahora viene esa parte que tanto me gusta —dijo Mizuki, cantando la siguiente estrofa:

I just freeze

Every time you see through me

And it's all over you

Ahora todos juntos:

Electric blue

Mizuki alzó la vista en ese momento, para encontrarse con una brillante luna que, en vez de su brillo platinado, lucía de un brillante color rojizo como la sangre. El rubio parpadeó un par de veces y desvió la mirada, pero para el momento cuando volteó nuevamente sus ojos hacia el cielo, la luna plateada se había ocultado tras las nubes y las estrellas habían comenzado a aparecer. El hombre frunció el ceño, intrigado, mientras devolvía la vista a la guitarra que aún reposaba en su regazo.

—¿Sucede algo? —preguntó Yaten. Mizuki se apresuró a negar con la cabeza.

—Creo que estoy algo cansado, es todo —contestó, poniéndose de pie rápidamente —Ustedes deben estar cansados también, será mejor que vayan a casa. Mañana les espera un día agotador.

—Necesito darme una ducha y acostarme a descansar gen mi cama —dijo Seiya, bostezando nuevamente. Yaten y Seiya caminaron adelante, mientras los miembros de la utilería recogían los instrumentos. Mizuki se quedó rezagado. Taiki también.

—Tú también lo viste, ¿no es así? —preguntó el castaño a lo que Mizuki respondió con una mirada confundida —El brillo de la luna.

—Me temo que no comprendo de qué estás hablando, Taiki —contestó el rubio, tratando de ocultar el reciente temor que se había alojado en su cuerpo —Discúlpame, ha de ser el cansancio. Vámonos ya, le pediré a Echizen que los lleve a casa —y se dio media vuelta, comenzando a alejarse. Taiki sin embargo, le puso una mano en el hombro, deteniéndolo, ante lo cual Taiki no tuvo más opción que voltearse una vez más.

—De alguna manera, siento que te conozco de antes —Mizuki abrió la boca para decir algo, pero el castaño habló primero —Desde hace mucho tiempo. ¿Quién eres en realidad?

Mizuki no respondió, sólo se quedó con los ojos muy abiertos, en gesto de sorpresa. Pero Taiki no dijo nada más, simplemente continuó avanzando detrás de sus hermanos, mientras el rubio se quedaba pensativo.

—Quién soy en realidad, preguntas —dijo él, volviendo a fijar los ojos en el cielo —Bueno, supongo que no falta mucho para que lo averigües.