Hola, lamento la demorá. Ahora escribo aquí arriba sólo para pedirles paciencia con el capitulo. Es lento y posiblemente aburrido, pero era necesario escribirlo.
Va dedicado especialmente a Amy-Light95 y Mistyket que me dejan sus bellas palabras. Lamento que éste no sea tan tierno y bueno como el anterior, pero en serio me costo mucho superar este bloqueo mental hahaha.
Sin más, me retiro deseandoles buen casi fin de semana :)
PS: muchas gracias por leer y en especial a las personas que se toman el tiempo de dejar un review aunque no tengan usuario haha.
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Era extraño que apenas había pasado un día fuera sin visitar el gimnasio y ya se sentía completamente extrañando ese lugar.
Se estaciono lo más cerca posible que pudo de la entrada del lugar y corrió a la puerta del copiloto para abrirla y poder ayudar a la hermosa rubia que venia a su lado.
-gracias, semi-cuñadito- le dijo Daisy con vocecilla burlona
Ash simplemente se encogió de hombros apenado y corrió a abrir la puerta trasera en la cual venia envuelta en colchas sobre su asiento portátil para bebés, la hermosa hija de Daisy y Tracey.
Desabrochó el asiento portátil y lo tomó con fuerza para encaminarla al gimnasio.
-Misty se pondrá muy feliz- dijo alegre abriendo la puerta del gimnasio con su mano libre.
Apenas pusieron un pie dentro detectaron el dulce aroma que llenaba cada lugar proveniente de la cocina.
-¡mamá!... ya estamos aquí- gritó
De la cocina salió una figura femenina limpiándose las manos en el delantal que rodeaba su fina cintura.
-¡Bienvenidos!- dijo Dawn sonriendo cálidamente
-¡Dawn!- se asombró Ash -¿cuándo llegaron?
-Ayer, era sorpresa por eso no avisamos…¿eso es…?- preguntó señalando el bultito
-es mi hija- contestó la rubia feliz
-¿¡puedo cargarla!?- preguntó la peliazul con un aplauso al juntar sus manos con emoción
Daisy asintió y Ash acercó el portabebés a Dawn para que pudiera tomarla. No sabía si era instinto maternal o si todas las mujeres nacían con el don, pero la forma en que tomaba a la pequeña criatura le hizo parecer ante sus ojos que cualquiera podría hacerlo. Vil mentira. Él había sufrido mucho cuando estaba colocándola entre sus brazos, aunque cuando logró ponerla cerca de su pecho fue de los mejores sentimientos que había experimentado.
Escuchó pasos provenientes de la escalera y se encontró con su madre que traía una bandeja con platos vacíos anunciando que Misty estaba teniendo apetito de nuevo.
-¡Ash, hijo… que grata sorpresa has traído!- dijo acercándose a Daisy para saludarla –Misty estará feliz, se ha estado lamentando mucho por no poder ir a conocer a su sobrinita.
-¿Esta Misty disponible?- le preguntó Ash, se moría por darle la noticia de la visita. Al momento que su madre asintió no pudo esperar más y se puso camino arriba.
Al llegar a la recamara escuchó voces y se detuvo en el umbral. Estaba acompañada, y se imaginaba perfectamente por quién.
-Bien, te seguiré contando todo después, te dejaré descansar un poco- dijo Gary notando la presencia de Ash parado en el marco de la puerta. Se puso de pie depositando un beso en la mano de Misty y salió de la recamara –tenemos una platica pendiente, Ketchum- le dijo al pasar a su lado.
Y vaya que la tenían, pero ese encuentro no dejaría que se arruinara su humor, entró a la recamara y encontró a una tímida pelirroja en camisón ligero recostada en la cama. No se había ido por tanto tiempo pero ante sus ojos la veía más hermosa, más fuerte y con un embarazo más avanzado.
Tenía un libro cerca de ella, un pokémon azul durmiendo a sus pies y su mano izquierda depositando suaves caricias a su abultado vientre.
-hola- articuló con voz nerviosa. La pelirroja depositó su mirada en él y le dedicó una sonrisa ligera para regresarle el saludo.
-¿Qué tal tu viaje?
-Ni te lo imaginas- hizo una seña con su mano para preguntar si podía sentarse en el lugar donde había estado Gary antes.
Misty asintió en silencio -¿cómo es ella?- le preguntó curiosa haciéndole espacio en la cama para que se sentara.
-Es hermosa, Myst… tienes que verla. Tiene un mechón de cabello negro que contrasta a la perfección con su piel, unos enormes ojos azules y sus brazos son tan gorditos que podrías morderlos- le dijo emocionado.
Ella permanecía en silencio imaginando lo que le narraba el moreno. Le daba un sentimiento de ternura verlo tan emocionado por esa experiencia y a la vez la hacia sentir segura en una cosa; no cabía duda, sería un excelente padre.
-Suena hermosa, me gustaría poder verla, pero hasta que no visitemos el próximo mes a la doctora no podré salir de casa- dijo con nostalgia abrazándose a si misma
-No te pongas triste- le dijo depositando su mano en la rodilla de la muchacha. Acto que provocó en ella que moviera en defensa agresiva su pierna entera. Aun le costaba borrar el pasado aunque lo estaba intentando.
Nada de lo ocurrido pasó por alto ante Ash, retiró la mano y deposito su mirada al suelo. En verdad se estaba esforzando con ella, sabía que tenía que lograrlo. Era su culpa, su error y tendría que buscar solución.
Había veces que ella no notaba del todo su presencia o que olvidaba y perdonaba como le había dicho, sobre todo cuando hablaban del hijo de ambos, pero ese momento no era uno de esos casos especiales.
-Perdón- dijo
-No, perdóname tú… sé que hice mal y esto es lo que tengo que pagar- le dijo sin mirarla.
Una mano dio dos golpes en la puerta llamando la atención de los jóvenes en la habitación.
-Hola, hola- dijo Daisy entrando con el bulto en brazos –como que venimos a ver a la tía feita.
Misty no pudo evitar olvidar rápidamente el momento amargo y bochornoso que había protagonizado rechazando el toque de Ash hace unos momentos. Se sintió tan feliz de ver a su hermana y a la bebé en cuestión.
Ash se levanto de la cama dando espacio para que Daisy se acercara y pudiera depositar al bodoque en los brazos de la pelirroja. La cual la acepto con una sonrisa de oreja a oreja.
Era una hermosa imagen. Sintió un calor en el pecho que rápidamente se expandió a todo su cuerpo. Ante él estaba el cuadro más bello de todos, Misty se veía feliz y llena de amor con su sobrina en brazos, no pudo evitar esbozar una sonrisa, sería aun mejor cuando tuvieran el suyo propio con ellos. Y salió dejando a las hermanas hablar a solas.
-¿cuándo llegaron?- preguntó Misty sin poder dejar de observar a la hermosa niña en sus brazos.
-hoy, vamos llegando. El semi-cuñado nos trajo- dijo Daisy llamando la atención de Misty –Sé que ustedes terminaron y que no están pensando en volver, pero Ash en serio se preocupa por ti. ¿No te gustaría que tu bebé creciera en una relación tipo estable?
Vaya que lo quería, pero no podía ceder, no del todo. Dejaría que Ash tuviera sus visitas con su bebé, los dejaría pasar fines de semana juntos, pero de ahí a estar en una relación, compartir la casa, la cama y el día a día, no estaba tan segura.
-Es un tema complicado, Dais- le dijo arrullando la bebé –creo que no es momento para hablarlo.
Llegó a la cocina y hurgó por un momento entre las ollas que reposaban a fuego lento sobre la estufa. Tenía tanta hambre, no importaba cuando tiempo pasara, cuantos cambios tuviese físicamente, jamás perdería el toque de tener hambre cada treinta minutos.
Levantó la tapa del último sartén y el olor hizo que su estomago rugiera como un Arcanine.
-Veo que tienes mucha hambre- la peliazul movió una silla en la mesa y tomó asiento con su taza de té –lamentablemente aun le falta un poco más. Ven, siéntate conmigo a esperar.
Ash tomó el zumo de naranja que le ofrecía y tomó asiento frente a ella. Se veía tranquila y sonriente, pero en su mirada pudo notar la seriedad. Algo quería hablar con él.
-¿Cómo has estado últimamente?- le preguntó dando un sorbo a su taza.
-aaam… bien, algo nervioso, pero decidido
-me alegro por ello, me fui muy preocupada por Misty. Si me lo preguntas, yo no me hubiese querido ir, pero Gary es la persona que elegí como compañero de vida- le dijo moviendo su mano izquierda frente a él para dejar a la vista su alianza- y él necesitaba tiempo y espacio.
-si tanto lo necesitaba le hubieses mandado a buscar a Palkia y Dialga- bufó Ash
-¡Ash!- recriminó Dawn –es en serio esto.
-Espera- se acomodo en su silla -¿estas diciéndome que en su pequeño lapsus se casaron?- preguntó más centrado y sorprendido
-lento como siempre- se burlo Dawn haciendo que el maestro pokémon hiciera un mohín –pero sí, nos hemos casado. Decidimos no aplazarlo más. Queremos formar una familia.
Ash no pudo evitar sonreír ante la noticia, se alegraba de ello puesto que Gary tiempo atrás le había comentado el problema que tenía Dawn.
-¿Estas embarazada?- preguntó emocionado
-Me temo que eso es improbable- notó como su rostro denotó algo de tristeza –pero conocimos a un niño, tiene casi 2 años y es un amor. Se llama Kenny.
-¿cómo tu amigovio?
-sí, digamos que no le hace mucha gracia a los celos de Gary- dijo rascándose la mejilla –pero él lo adora tanto como yo, queremos que sea él a quien llevemos a nuestra pequeña familia.
-pues les deseo mucha suerte- dijo levantando el vaso con el zumo de naranja en forma de brindis –en serio deseo que puedan formar esa familia que tanto quieren, Dawn.
-Te lo agradezco- le dijo chochando levemente su taza al vaso –y es ahí donde quiero llegar contigo- comentó haciendo que Ash atorara el liquido en su garganta –No me malentiendas, a lo que me refiero es… que necesitas arreglarte con Misty. Y por ello me refiero a que ustedes se amaban, eran el uno para el otro. Y ahora tendrán un bebé, es motivo suficiente para intentarlo.
-créeme que lo intento, pero me es algo difícil- depositó su mirada al rastro que dejo en el fondo del vaso el liquido ya inexistente.
-¿y desde cuanto un reto ha sido difícil para el gran Ash Ketchum?- lo animó –Nunca. Así que no te detengas por nada del mundo.
Y ella tenía razón, amaba a Misty y el hecho de haber cometido un error, un gravísimo error, no significaba que estaba completamente todo perdido, menos con el factor que había una vida uniéndolos.
-dile a Gary que me busque cuando quiera tener esa charla pendiente -depositó el vaso sucio en la tarja y salió de la cocina.
Las risas y el bullicio no se apagaban aun después de horas de haber comenzado, en la recamara de la pelirroja se vivía una verdadera algarada entre los presentes.
-dos semanas, Daisy- levantó su dedo índice y medio frente a ella –dos semanas y mi sobrina aun no tiene nombre
-es difícil, ya lo entenderás cuando llegue el momento- se excusó la rubia
-¿no tienes ni idea sobre como llamarla?- le cuestionó la mayor de las presentes
-Tracey fue criado por su abuela Heather, así que quiere llamarla como tal y como queríamos un nombre que dicte la tradición de nombrarla bajo una flor, no se pierde nada- suspiró –pero yo tenía en mente algo más lindo y formal. Pero no logro convencerlo.
-¿qué tan malo puede ser para que no puedas convencerlo?
-quería llamarla Heliconia- dijo alegre juntando sus manos –Heliconia Sketchit, ¿no les parece hermoso?
-debes estar bromeando- dijo el morocho que iba llegando con Pikachu al hombro al momento que escuchó el nombre –es el nombre más feo que haya escuchado- gruño llevándose la mano a la frente
-Yo creo que es muy de acuerdo a ella, la heliconia es una flor hermosa- se defendió la rubia
-si no te gusta Heather puedes intentar con otros nombres, ¡hay cientos de flores!- recriminó la pelirroja
-dame un ejemplo
Misty dudo por un momento, en verdad era un tema difícil, rápidamente se hizo una nota mental para ponerse a pensar un nombre para su bebé antes de que naciera y no terminar como su hermana.
-bueno, ustedes tienen nombres sencillos- recalcó Ash –podrías intentar con algo como…Laurel o Rue.
-eres bueno en esto, semi-cuñadito- aplaudió Daisy –espero con ansias saber como llamaran al de ustedes con tanta imaginación que tienen –miró el reloj de su muñeca y se puso de pie –bueno, tengo que ir con Laurel, debe estar por despertar para su cena- La madre de Ash cedió a la niña que había tenido en brazos a la rubia.
Rápidamente Delia y Dawn se pusieron de pie siguiendo los pasos de la rubia, excusándose para ir a preparar la cena.
Ash tomó asiento en la silla donde había estado su madre, a lado de la cama.
-Es un buen comentario- comenzó a decir para romper el silencio –no hemos pensado en un nombre para él o ella.
-ella- dijo Misty –la doctora me mencionó en una de las consultas que era 60% factible que fuese niña –depositó su mano en el vientre y sonrió –además, la he soñado.
Se le iluminaron los ojos al muchacho a lado de ella, era una hermosa noticia, no cabía duda que ese día estuvo lleno de ellas.
-entonces, ¿buscaremos un nombre para una nena?- preguntó con una sonrisa boba en su rostro
-yo estaba pensando en algo como Mackenzie- soltó la pelirroja provocando que Ash abriera los ojos de par en par -¿qué, no te gusta?
-Mackenzie- levantó una ceja en duda -¿estas completamente segura?
-¿qué tenias tú en mente?- preguntó desafiándolo
-no lo sé, algo como "Amy"
-¿Amy?- soltó una carcajada -¿cómo esa chica que solía gustarte? No, ni loca. Antes no me dijiste que querías llamarla Angie o Serena- Estuvo apunto de llevarle la contraria cuando notó el tono de reproche en la pelirroja, ¿eran celos lo que detectaba?.
-¡oh, vamos! Ellas no me gustaban. Siempre y únicamente has sido tú- le confesó en tono ronco haciendo que Misty volteara a verlo con las mejillas ligeramente sonrojadas.
-P-pues no me parece- abochornada acomodó un mechón rebelde tras su oreja –tal vez deberíamos investigar y retomar el tema después
Delia entró a la habitación con el medicamento de la pelirroja rompiendo el momento entre los jóvenes, gesto que Misty agradeció internamente pues no sabía cuando soportaría el escrutinio de Ash.
-Querido, lamento interrumpir pero ¿crees que podríamos hablar?- preguntó cruzando sus manos frente a ella
-sí, claro- contestó Ash poniéndose de pie –Misty, toma tu medicamento, no queremos complicaciones con la pequeña Mackenzie, ¿cierto?- dijo mientras salía tras su madre dejando a la aludida aun más sonrojada y un tanto molesta.
Caminaron por largo y tendido rato en silencio por los terrenos del gimnasio, era una noche preciosa en la que los árboles se mecían al ritmo del viento cálido, vio como su madre pensativa adelantaba unos pasos frente a él y la siguió.
-Ash- lo llamó –no sabes cuanto me costó aceptar las palabras de Gary. Lo que hiciste esta mal hasta el punto que no hay retorno ni perdón- vio de reojo como su hijo bajaba la mirada al suelo y ponía una mano tras su cuello –pero Misty es un ser tan bueno y misericordioso, sin mencionar, sé que el amor que siente hacia ti es tan grande que podría perdonarte. Pero he de preguntarte, hijo ¿te has perdonado tú?.
Esa pregunta lo había tomado desprevenido, la verdad había intentado de todo para ganar el perdón de Misty, había sido atento, cariñoso y había visto a diario por el bebé de ambos, pero no estaba seguro de haberse perdonado por lo que había hecho… aun.
-No quisiera ver la historia repetida- sintió una lágrima correr por su mejilla –eres mi tesoro más grande, y no me arrepiento de nada, pero debo decir que fue muy duro verte enfermar, verte sufrir. Cuando eras un bebé recién nacido visitaba tu cuna a cada momento, pasaba horas mirándote, te costaba respirar. Complicaciones del parto, pero nunca dudé de ti, siempre confié en que saldrías adelante. Y sigo confiando en ti
-Yo… nunca me dijiste eso
-No quería sonar como un mártir, pero si te lo digo ahora- sollozó –es porque no quiero ver en Misty una mujer sola, quiero que te comprometas a ver siempre por ella y por la criatura que lleva en su seno.
Ash tomó las manos de su madre provocando que en ésta un reflejo de sorpresa –No te tienes que preocupar por ello. Yo no soy mi padre, yo entregaría mi vida por ellas, por ustedes- depositó un beso en las tiernas y cansadas manos de su madre –ya les he fallado suficiente para seguir haciéndolo. Ya sé que debo hacer, no te preocupes- dijo pasando sus brazos alrededor de su madre para rodearla en un abrazo cálido y protector, como los que ella solía darle desde que había llegado a este mundo.
El aire acondicionado golpeaba su rostro y aun así el malestar prevalecía. Si había tenido costumbres que lamentaba conservar con el paso del tiempo, mirar las líneas del suelo mientras iba en coche era una de ellas. Antes de su embarazo no le molestaba ir matando el tiempo perdiendo la cuenta de las líneas blancas en el suelo y comenzar de cero, ahora lamentaba mucho no haber desechado ese viejo y estúpido hábito.
Era la 5ta vez que Ash se estacionaba en algún lugar al azar para que ella pudiera respirar y evitar terminar vomitando el tapizado del auto de éste.
-¿quieres agua?- le preguntó a una pelirroja algo pálida.
-No, estoy bien. Sólo dame un minuto- dijo bajando el vidrio de la puerta para recibir aire fresco.
Le sorprendía mucho que casi en su 8vo mes de gestación la pelirroja siguiera teniendo ese tipo de malestares, pero tomando en cuenta que casi no salía del gimnasio más que para ir a revisiones su cuerpo y el bebé no estuviesen acostumbrados provocando malestares en ella.
La vio inhalar y exhalar con fuerza –creo que ya ha pasado. Lo lamento- dijo dedicándole una sonrisa.
Venían de su visita mensual al ginecólogo donde le habían dicho que podía comenzar a caminar pequeños tramos durante el día para comenzar ayudar al bebé acomodarse y facilitar su parto. Aun faltaba más de mes y medio, pero en el estado que se encontraba tenían que estar preparados para todo.
Ash puso en marcha el auto de nuevo, avanzó unos kilómetros más y entonces giró en una salida que Misty no reconoció al camino habitual. Lo cual le provocó un escalofrío. A lo largo de las últimas semanas habían comenzado a llevarse mejor, ya podían sostener una conversación sin silencios incomodos, incluso le había invitado a tocar su vientre cuando la pequeña daba pequeñas pataditas en ella (aunque ésta se detenia al momento que Ash colocaba su mano) cosa que nunca le había permitido intentar antes. Sin embargo, los recuerdos prevalecían y aquella movida la tomó por sorpresa.
-Ash…¿a dónde vamos?- murmuró dudosa
-No te preocupes, sólo quiero mostrarte algo- dijo el muchacho aparcando frente a una casa que Misty no conocía para nada.
Lo vio cruzar frente al auto para ayudarla a salir de éste y la encaminó hasta la puerta de la casa.
Misty estaba dudosa y se quedó en el umbral aun cuando Ash ya había abierto la puerta para permitirle el paso.
-Myst- comenzó a decirle –sé lo que estas pensando, sé que tienes miedo. Pero te juro que no te haré daño- extendió la mano hacia la pelirroja inquieta –por favor, confía en lo que te digo, quiero hablar contigo un momento.
Era duro volver a confiar del todo, pero por Aceus, como amaba a ese hombre, ¿era una idiota por hacerlo? Posiblemente, se lo recriminaba su conciencia a diestra y siniestra, pero tenía que hacerlo, tenía que confiar en él.
Ash la vio cruzar al interior de la casa y la hizo encaminarse a la sala dónde había un legajo en la mesita de café.
-por favor, toma asiento
Ella obedeció. Miro con recelo el legajo frente a ella, ¿qué sería? ¿es eso lo que le había querido mostrar?. Lo vio tomar asiento frente a ella y le acercó más el legajo. –Necesito que lo firmes- le dijo sacándola de sus pensamientos.
-¿Disculpa?
-No te preocupes- le dijo abriendo el legajo que dejo a su vista documentos con sellos y firmas por todos lados –no es nada malo, como puedes ver, la firma de Gary esta presente, es un acta legal y dudo que él la hubiese firmado si fuese algo que te dañara- comentó intentando relajarla.
Misty con manos temblorosas tomó las hojas frente a ella y leyó rápidamente haciendo que sus ojos se fueran abriendo poco a poco en sorpresa.
-Ash, no… no puedo firmar esto- le dijo sin rastro de vacilación en su voz.
-Tienes que… es lo menos que puedo hacer y tú también, por ella
La pelirroja sintió la garganta seca y pasó su lengua intentando humedecer sus labios. Acto que no pasó desapercibido por Ash haciendo que éste se tornara a la cocina para regresar con una botella de agua, la cual ofreció a Misty.
Depositó los papeles de nuevo en la mesa y dio un trago largo a su botella -No puedo, Ash, todo eso es tuyo. Si el día de mañana decides rehacer tu vida, ¿que será de tu nueva familia?
-No pienso rehacer mi vida- sus palabras hicieron que la pelirroja bajara la mirada. ¿Se había sentido decepcionada? ¿estaba esperando que Ash siguiera luchando por ella después de tanto rechazo de su parte?.
Ash la miro y la ayudo a ponerse de pie –Necesito que me sigas arriba, ¿confías en mi?- le preguntó decidido, mirándola a los ojos provocando en la pelirroja ese sonrojo que tanto adoraba.
Misty asintió en silencio. Y él la tomó de la mano guiándola en paso lento escaleras arriba.
-¡Vaya que es una casa enorme! Sencilla y delicada, pero muy bien distribuida, le debió costar una buena cantidad de dinero- pensó al llegar a la parte de arriba donde la encaminó hasta un pasillo donde se alcanzaban a ver distintas puertas.
Anduvieron un momento más hasta que llegaron a una puerta blanca. Ash se hizo a un lado cediéndole el pasó.
-ábrela- pidió
Dubitativa empuño la perilla de la puerta y la hizo girar. Lo que encontró dentro le hizo llevar ambas manos a su boca para ahogar un gritito.
-por favor, entra- le susurro con voz ronca y tierna a la vez
Su voz sonaba tan cálida y sin pensarlo entró como se lo pedía.
-Esto es…
-el cuarto del bebé- completó el muchacho –¿te gusta?- preguntó nervioso
-Ash, esto es hermoso- contestó embelesada por la vista.
Era un cuarto con paredes pintadas en azul con pequeños detalles en color verde, en éstas también se alcanzaban a visualizar pokémon acuáticos pintados en su hábitat natural, muchos juguetes por todos los rincones, también un conjunto de muebles que hacia juego con la cuna. Una cuna blanca en una de las esquinas en la cual reposaban unas sabanas que delataban que Ash no había podido elegir.
Misty se acercó a la cuna y tomó las pequeñas mantitas.
-¿Aun tienes dudas?- le cuestionó mirando detenidamente las mantitas en color azul y color rosa cálido.
-digamos que… las compré cuando me llevaste por primera vez a la consulta contigo- se sinceró –de hecho… desde ese día podría decirse que he estado llenando esta recamara- colocó su mano en su nuca. El tic que indicaba su nerviosismo.
-¿Has estado comprando cosas…?
-desde que vi a mi… nuestro hijo en ese consultorio- tomó las mantitas de las manos de Misty –éstas fueron las primeras cosas que compré, en ese momento no sabía lo que te había comentado la doctora y tampoco que habías soñado con Mackenzie.
-Amy
-¿disculpa?- le cuestionó como si hubiese oído mal
-Pongámosle un nombre fácil que ella misma sea capaz de entender. Y que no sea tortura para ella a la hora de hacer planas en el kindergarten- dijo riendo
Y ahí murió todo esfuerzo sobre humano de Ash por mantenerse al régimen. Esa sonrisa lo hizo salir de sus cabales tomando a la pelirroja por el rostro y depositándole un tierno y apasionado beso en sus labios.
Era tan hermosa, la perfección frente a él. La hizo ladear un poco la cabeza al sentir que ella comenzaba a contestar el beso, y así poder profundizarlo. Sintió como ella colocaba sus manos en su cabeza, enredando los dedos en su cabello azabache. Él por su parte sintió mil descargas eléctricas en todo su cuerpo, pasó una de sus manos por la espalda de la pelirroja hasta detenerla en la cintura colocando la otra mano tras la cabeza de ésta para profundizar más el contacto.
Después de unos minutos, cuando sus cuerpos no aguantaron más, rompieron el beso para tomar aire. Las mejillas de Misty en un tono rojo que tenía mucho sin ver, su respiración era agitada, lo notaba por el subir y bajar de sus senos. La piel en sus brazos delataba el escalofrío que le había provocado a ésta. Efecto que le hizo sentir orgulloso. Sonrió.
La encaminó a una mecedora para que pudiera descansar un momento y bajo por el legajo que había dejado en la mesa de la sala. Cuando volvió se encontró con la pelirroja sonriendo mientras acariciaba su vientre. Ésta le extendió una mano –¡corre!- le apuró –tienes que sentir esto.
Ash se arrodilló frente a ella y colocó su mano sobre el vientre abultado. Como siempre, su pequeña hija dejo de moverse en cuanto él se hizo presente.
Misty lo vio bajar la mirada y la mano abatido.
-Ella no se siente muy a gusto con mi presencia- dijo apesadumbrado
-Tal vez si intentaras hablar con ella
-¿sólo así como si nada?- Misty asentó con la cabeza -¿qué podría decirle?- medito un momento y colocó la mano de nuevo en el vientre de la pelirroja –hola, pequeña. Soy…soy Ash- volteó a ver a la futura madre que le dedico una sonrisa, y continuó
–Soy tu padre. Y sé que soy un tonto, todo mundo me lo dice. Pero no sabes cuantas ganas tengo de tenerte en mis brazos, no sabes cuantas veces he pensado como será nuestra vida. Le he fallado a muchas personas, pero te juro que me esforzaré día con día para ser el mejor, para ti- nada, de verdad que su hija lo rechazaba, o eso pensaba. Bajo la mirada –sé que no te agrado mucho, pero quiero que sepas que te amo, te amo más que a nada en el mundo.
Y entonces lo sintió, ahí estaba. Volteo la mirada para encontrarse con los ojos aquamarinos de la pelirroja –Myst, ¿lo sentiste?- preguntó emocionado sintiendo calor en sus ojos –¡me pateo! ¡Mi hija me pateo en respuesta!- anunció emocionado sintiendo como una lágrima rebelde se resbalaba por su mejilla.
Posó ambas manos en el vientre y depositó besos sobre éste. Misty no pudo evitar la sensación que se formó en su interior y comenzó a liberar las lágrimas que había estado guardando tras las palabras del moreno.
-Ash- lo llamó –firmaré
Éste se puso de pie y recogió los papeles que habían quedado olvidados en el suelo de la recamara. Se los acercó y le extendió la pluma para acercar la mesita donde apoyar.
Misty firmó los papeles donde indicaban que Ash pasaba a sus manos y a su hijo nonato toda ganancia generada desde que se había vuelto maestro pokémon y toda ganancia que se generaría a partir de ese momento.
Había comenzado ese tramite semanas después de la conversación con su madre sobre ser madre soltera. Porque no pensaba dejar a Misty y a su hija vivir sin su cuidado, pero nadie tenia la vida comprada, así que sería un plan a largo plazo, plan que había hablado con Gary y éste con sonrisa burlona había aceptado y firmado como testigo.
-Pero que quede claro, que es sólo un plan de respaldo. El día que quieras puedes retirar todo, yo no estoy pidiendo nada- le dijo cerrando el legajo
-Myst… ya te dije que no voy a formar una familia con alguien que no seas tú- colocó la mano en su vientre –contigo y nuestra pequeña.
