"Así, calladamente
sin grandes estridencias
dejaré de quererte
casi sin darte cuenta.

Dejaré de sentirme
muñeca, entre tus brazos,
dejaré de temblar
por tus caricias
nuevas.

Y así… pausadamente
como llega la noche
aún estando a tu lado
comenzaré a estar muerta".

-Poema "En silencio" de CARMEN SÁNCHEZ IBÁÑEZ.

.

Todo el mundo dice que el amor duele pero realmente no saben cuanto. Aunque ellos están equivocados, por que el amor, por si solo es perfecto y hermoso, es el rechazo el que duele, la incertidumbre, las mentiras y el engaño el que duele, son los que te destrozan los sueños y las ganas de soñarlos. Son los que te dejan sin esperanzas, con un gran agujero en tu pecho que se expande con cada lágrima que no eres capaz de derramar. Es la soledad, no, es la necesidad de la compañía la que te lastima.

Mis dedos se deslizaron sobre el teclado, había agotado todo lo que tenia para escribir de ese día. Lo miré con el ceño fruncido, no podía culpar a la inspiración, ella no había tocado a mi puerta desde hacia semanas y yo tenia que sobreponerme a ese hecho. Es sólo que la desesperación no es buena consejera.

—¿Karim? —Me llamó Val asomándose por una de las paredes de mi cubículo—, ¿Estas bien? —parecía realmente preocupada.

—Sí, sólo escribía algunas cosas —rápidamente había guardado aquel archivo en mi USB. No era que no me gustara que Val leyera lo que escribía, según sus palabras yo era su escritora favorita, solamente que no quería que viera lo patética que me sentía en esos momentos—. ¿Necesitas ayuda? —me ofrecí.

—No es eso además tú tienes tu propio trabajo —me sonrió levemente.

—Bueno de hecho —miré indecisa la pantalla de mi computador—, terminé hace unos minutos —le sonreí débilmente.

—¡¿Qué?! —dijo sorprendida.

—Que-ya-termine —le dije separando las palabras brevemente.

No sabía si debería sentirme alegre por la expresión en su rostro o bastante triste por darme cuenta que al parecer tenia una especie de terapia con el trabajo que me hacía ser adicta a el.

—Vaya, eso es rapidez —la expresión de su rostro se relajó después de unos segundos, como si hubiera leído mis pensamientos—. Yo aun tengo que terminar la columna —escondió su rostro entre sus manos—. Es probable que no salga a desayunar —comenzó a gimotear dramáticamente.

De inmediato me puse de pie.

—Yo te ayudaré a terminar —le reiteré mi oferta.

—¡Para nada! —me dijo ella—. Tienes que comer algo y si se puede tomar al menos cinco segundos de sol —me miró de arriba abajo—, estás más pálida que un fantasma.

—Val de verdad… —antes de que comenzara a explicarle porque no sentía ganas de salir sola a tomar el desayuno, que en mí constaba de una rosquilla y un expreso, el teléfono de mi bolso comenzó a sonar. Mi corazón dio un vuelco en mi pecho expectante

"¡Es él!"

Gritó mi esperanza, pero ésta se perdió al ver el nombre en la pantalla, con la bonita foto de un chico con una sonrisa de blancos dientes.

—Es Roger —le dije a Val que se mostraba realmente interesada.

—Contesta —ella parecía más calmada ahora.

—Pero… —realmente no me sentía muy bien como para hablar con él.

—¡Contesta! —y sin esperar mi reacción tomo mi teléfono y presiono la tecla para contestar.

—¿Ho-hola? —respondí.

—Karim, pensé que no contestarías —su voz se deslizo con una nota de alivio.

Era extraño pero sabía que estaba sonriendo.

—Sólo estaba algo ocupada —me excuse.

—Creía que era tu hora para desayunar —apuntó él.

—lo es, sólo que aun no salgo de la oficina —por alguna extraña razón la mirada que me dirigía Val me ponían un tanto nerviosa.

—Genial, entonces podemos desayunar juntos —aquello más que una proposición era un hecho.

—Oh escucha le dije a Val que… —pero antes de que pudiera terminar Val había hablado.

—No, Karim estoy perfectamente ve a desayunar con Roger —ella habló lo suficientemente alto para que él la escuchara del otro lado de la línea.

—Creo que ella estará bien —me dijo Roger riendo un poco.

—Sí, cierto —solté una risa que fue todo menos casual y espontanea.

"Estas muerta".

Le susurré lentamente a Val que sonrió ampliamente divertida.

—Entonces te veré en la cafetería de siempre en diez minutos —dijo Roger aun del otro lado de la línea.

—Claro, claro ahí estaré —le dije yo tomando mi bolso y apagando el monitor de mi computador.

—Entonces hasta luego —se despidió él sin colgar.

—Hasta luego —hablé yo, sin atreverme a colgar tampoco.

—Esto no es como en secundaria ¿o si? —soltó una risa.

—No, no para nada —pero ambos seguíamos sin colgar, la situación comenzaba a ponerse realmente extraña—. Nos vemos —le dije antes de colgar.

—¿Mhhh? —Val alzó una ceja inquisitiva.

—Esto no significa nada —tomé mis cosas y salí del lugar hacia el asesor sin antes escuchar una fuerte risotada detrás de mi.

—¡No te olvides de preguntarle lo de la fiesta! —me recordó Val.

La fiesta, la dichosa fiesta.

Sabía lo que Val quería y bueno Roger, era un buen sujeto, me agradaba estar con él, pero ahora… simplemente no me parecía apropiado estar a su lado. Quizá en el pasado yo hubiera podido aceptar sin rechistar y hubiera sido una buena relación pero ahora, ahora… era diferente, yo era diferente y lo más importante era que estaba loca por un cantante.

De nuevo miré mi teléfono celular con una pequeña plegaria. Sin pensarlo un suspiro se escapó de mis labios. Odiaba sentirme así, no podía llamarlo y él no llamaba.

Para mi salvación personal el ascensor llego a su destino y yo volví a dejar mi celular dentro de uno de los bolsillos de mis jeans.

Salí del edificio no sin antes mirar sobre mi hombro esperando no encontrarme con una mata de cabello rojo a mis espaldas. No sabía que era peor, encontrarme con ella o no, justo ahora pensaba que Camil se había comportado realmente bien en estos últimos días y eso no anunciaba nada bueno.

Después de unos minutos de caminar llegue hasta la cafetería, como lo tenía pensado Roger ya se encontraba ahí; sentado en una silla debajo de una cómoda sombrilla que estaba dispuesta para cubrir a los comensales del sol.

Lo saludé con un movimiento de mano a lo que él respondido de la misma forma, poniéndose en pie y saludándome.

—Ya ordene —me anuncio—. Espero que no te moleste —una amplia sonrisa se extendió por su rostro mientras ambos tomábamos asiento.

Ciertamente me molestaba, pero nunca se lo diría.

—Que… considerado —¿Acaso esa era la palabra?—. Yo solamente quería un café y quizá unas galletas de avena —él alzó ambas cejas—, de verdad no tengo mucho apetito —me estiré para alcanzar un panecillo de la cesta.

—Tienes que comer —aquello sonó realmente rudo, tanto que lo miré atónita antes de morder mi panecillo—. No puedes dejar que ésa depresión te gane —de pronto había adoptado un tono serio.

—Estoy bien, ¿lo ves? –Y mordí aquel panecillo—. Y no tengo ninguna depresión —le aclaré, no me gustaba a donde se dirigía ésta conversación.

Aparté mi mirada de la suya, nunca me había gustado que la gente se metiera en mi vida privada, por eso siempre procuraba no llamar la atención.

«Karim, calma. Él sólo se preocupa por ti». Me gritó mi subconsciente. Al que por una vez quise hacerle caso.

—No fue mi intención molestarte —me llamó Roger extendiendo su mano hasta tocar la mía que descansaba a un lado de la cesta de panecillos.

Aquello seguía sin gustarme.

—No importa —retiré lentamente mi mano de la mesa y la puse en mi regazo intentando aparentar que no había notado eso—. ¿Qué ordenaste?

—Un Omelet de Queso Crema y Cilantro, y un Smoothie de Fresa y Naranja —dijo triunfante.

—Suena genial, ¿y que desayunare yo? —pregunté ingenuamente.

Roger me miró incrédulo y divertido al mismo tiempo.

—Eso es lo que desayunaremos ambos.

—Oh —fingí no parecer muy inconforme.

—¿No te gusta? —pareció dudoso.

—No, no es eso —me apresure a decirle—. Sólo que no estoy acostumbrada a que ordenen por mí.

—Pues deberías irte acostumbrando —su sonrisa se ensancho y pude detectar un brillo en sus ojos.

—Roger escucha… —pero antes de que pudiera terminar un camarero nos trajo nuestros platos.

Él parecía un chico agradable con la piel aceitunada y amplias espaldas, tenía los ojos cafés y una pequeña sonrisa mecánica.

Si tan sólo me hubiera enamorado de él… o de Roger, no estaría hoy aquí fantaseando con encontrarlo a él en una mesa contigua a la mía, soñando con que llegaría a verme desayunando con Roger y montaría en cólera. Él iría hasta nuestra mesa me tomaría entre sus brazos, yo intentaría explicarle pero me sellaría los labios en un beso profundo y apasionado. Miraría a Roger con desdén y le diría que se alejara de mí. Después ambos abandonaríamos aquella cafetería, tomaríamos un taxi hacia la playa para pasar el día juntos y…

—¿Karim?

La voz calmada de Roger me saco de mi ensoñación. Pacientemente deslizaba la palma de su mano enfrente de mi cara.

—La tierra llamando a Karim —hizo una mala imitación de un astronauta.

—Lo-lo siento —dejé el tenedor que conservaba en mi mano.

—Parecías estar a punto de que la baba se te callera —me informó recargándose cómodamente en el respaldo de la silla.

—Yo solamente —le dirigí una mirada al resto de las mesas, ningún romántico y apasionado rockstar a la vista, tuve un encogimiento de lo que parecía ser mis ilusiones—, estaba soñando despierta.

—Sí, lo note —Roger se acercó un poco más a mi—. ¿Todo en orden?

—Claro, de hecho —no quería morderme la lengua mientras masticaba algo de aquel omelet—, hay algo de lo que debo hablarte.

—Oh ya veo —su sonrisa apareció de nuevo.

—¿Qué? —inquirí.

—Val me dijo algo.

La asesinaría cuando regresara a la oficina.

—Entonces no importa si no te lo digo —tomé un sorbo del Smoothie, extrañamente me gusto su sabor.

—No, no, dime —él parecía realmente interesado de pronto.

—Hum… no lo sé —yo no podía creer que estuviera coqueteando con él.

—Karim, por favor —su voz sonaba suave y sus ojos me miraron intensamente.

—Bien, es… bueno la revista dará una fiesta y quería saber si tu irías conmigo —aquello había salido con relativa facilidad.

Roger me observó con los ojos como platos, parpadeando varias veces.

—No importa si no quieres —no quería verme como una loca desesperada que en cuanto su chico ideal se iba se arrojaba sobre los brazos del tipo que tenía más cerca, tal como esa chica de las películas de vampiros que brillan y hombres lobo.

—No, ¡es grandioso! —una alegría se filtro por su voz-. Claro que iría contigo estaría encantado.

—Genial —dije con fingida felicidad que no era ni la sombra de la que él gozaba—. Te enviare los detalles por correo —miré distraídamente mi celular—, ahora debo irme —me puse de pie y Roger me imito, aun con esa sonrisa imborrable.

—Por supuesto, te llevo —me ofreció.

—No, no, sé que también tienes que atender la biblioteca no te preocupes —sólo quería estar a solas.

—La independiente Karim, ¿Eh? —le hizo una seña para que el camarero se acercara.

Lo miré distraídamente.

—Sí, eso creo —dije con poco aplomo.

—Suerte que no me molesta —guiñó un ojo.

¿Qué se suponía que significaba aquello?

Yo simplemente le dedique una sonrisa y me despedí. No tenia que ser un genio para saber a lo que llevaría aquella charla, y pese a que me hubiera gustado aclararle lo que era nuestra relación de amistad, no pude, quizá no era muy diferente a aquel personaje de películas de vampiros y hombres lobo.

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—Estoy muerta —dije tendiéndome sobre el sofá.

—Apenas estas resintiendo el trabajo —me evaluó Val—, esa es una buena señal —sonrió.

—Sólo sé que agradezco que el día terminará, jamás vi tantas personas en la biblioteca.

—Lo sé, es por el lanzamiento de ese libro ¿no? El del ángel sexi —una amplia y bastante incomoda sonrisa se abrió paso por sus labios.

—Es un ángel caído —le informé.

—Genial, siempre me han gustado los chicos malos.

Intente ignorar el gruñido de entre sus labios.

—Por favor no perviertas a los personajes de los libros —le pedí.

—Como quieras —se hundió de hombros—. ¿Realmente no quieres que me quede?

—No soy muy divertida mientras duermo.

—Ni siquiera despierta —le lancé una mirada asesina y ella se encogió de hombros—. Sólo bromeaba.

—Ja-ja —dije sarcástica—. Pero enserio Val, estoy rendida.

—Como gustes —se levanto del sillón, realmente no sabía como soportaba sus tacones del diez si yo no aguantaba mis pies y sólo llevaba unas balerinas—. Te veré mañana.

—Claro, hasta mañana —me despedí, sabía que a ella no le molestaba que no la acompañara hasta la puerta.

—Descansa —me dedico una última sonrisa y se esfumo por la puerta.

Yo decidí que tomaría un tiempo para meterme en la tina y leer un poco. Fui hasta el televisor y lo encendí, era un habito siempre que me duchaba, quizá el silencio pese a lo que yo decía no era mi mejor amigo. Había un noticiero y no me moleste en cambiar el canal, realmente no me importaba. Fui hasta mi cuarto para quitarme la ropa y enredarme entre las toallas, pero no fue hasta que escuche ese nombre, su nombre, cuando salí de mi aletargamiento feliz.

Lentamente me arrastre hacia la televisión y fue como sumirme en un profundo poso oscuro. La voz del presentador se hacia cada vez más lejana mientras sus palabras me atravesaban como dagas envenenadas.

"Bill Kaulitz y su novia la modelo Sarah en la presentación de la nueva película de…"

Ni siquiera pude leer el encabezado completo.

Crack, crack…

Sin pensarlo busque como una desesperada mi teléfono celular, las manos me temblaban y las lagrimas dificultaban la búsqueda hasta que finalmente lo encontré. Las palabras del conductor seguían torturándome. No busque su numero porque me lo sabia de memoria.

-Contesta… -pedí con la voz estrangulada.

Dos, tres, cuatro timbres y colgué.

No podía soportarlo solo de pensar que ella pudiera contestarme me destrozaba.

«Tenia que haber alguna explicación» Me repetía a mi misma mientras me pasaba las manos temblorosas por el cabello.

Cualquiera que fuera, no importaba yo me aferraría a ella como un naufrago a un pedazo de madera.

Finalmente me senté en un sillón aun intentando calmarme, deteniendo las lágrimas tratando de pensar en una salida. Él llamaría, él me lo explicaría.

Fue ahí cuando perdí el control.

De pronto el aire se volvió pesado y mi visión se nublo, lágrimas, lágrimas y preguntas.

Se suponía que él no podía anunciar una relación, se suponía que él te quería proteger de los paparazis, pero… ahí frente a mis ojos estaba él tomado de la mano de alguien que no era yo, ella se acercaba a él, ambos sonreían a las cámaras, a esos paparazis que él odiaba.

Corrección Karim, él no quería una relación contigo ¿Acaso no lo estas viendo? Él está con alguien más, con alguien que pertenece a su mundo, alguien que lo entiende.

Pobre y tonta ilusa…

Ella era una modelo como pretendías competir con ella. Como si quiera pensaste que él podría ser para ti, que él de alguna manera estaría contigo, con una mediocre periodista y aburrida bibliotecaria.

Podía sentir las lagrimas calientes descender por mi cara y aunque la nota hace mucho que había terminado se repetía una y otra vez en mi mente.

No sabía que hacer, o tal vez no quería saber. Que otra explicación necesitaba.

"Deja de molestarlo Karim".

Me reprendió mi subconsciente cuando intente tomar de nuevo el teléfono.

"Él jamás regresara".

Ya no tomaría la ducha, ya no leería mi libro y ya no dormiría. Sólo subí mis piernas al sillón y coloqué mi cara en ellas. Aquella mancha de tinta se extendía por todo mi pecho agonizante.

Todo el mundo dice que el amor duele, pero realmente no saben cuanto.

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Continuara…

Lamento haber estado ausente! Pero no tenia mucho tiempo y no sé esto de tardarme en los finales ya es como tradición :S

Aquí les dejo el cap 25 espero les guste, como a mi me gusto. Se aceptan los pañuelos desechables :'(

Bueno las dejo no sin un gran saludo, abrazo y beso aplastantemente lindo!

Siempre suya: Deka.