Disclaimer: Harry, Draco y sus amigos pertenecen a Joanne Rowling y sus asociados, los walkman pertenecen a quien los haya inventado. Yo sólo soy responsable de los momentos robados que me permitieron escribir esta historia. Como se dice por ahí, por amor al arte.
Notas de la autora: hola, he resurgido de la trinchera. Jajaja, en realidad, ha sido una semana para el recuerdo y el olvido. En lo personal y académico he estado muy cargada, pero sus reviews son un vaso de agua en el desierto. Muchas gracias a todos. Catzeruf, también a ti. Siempre me alegra leerte. Y Cinoet, es una pena no poder contestarte directamente. En tanto, diría que no hay problema a lo que me pedías, aunque me gustaría saber más al respecto.
Ahora sí, que no los hice esperar para hablar sobre mí. Adelante, corre capítulo.
Capítulo 25: cómo impresionar a tu interés romántico sin morir en el intento
"First kiss just like a drug, under your influence
You take me over
You're the magic in my veins
This must be love/
El primer beso es como una droga, bajo tu influencia
Tú me dominas
Eres la magia en mis venas
Esto debe ser amor"
Boom Clap, Charlie XCX
Harry bajó el libro que leía, apoyando la cabeza contra el respaldo de su butaca. Desde hacía tres días, le era imposible concentrarse por largos periodos de tiempo. Y la culpa recaía sobre cierto chico de cabellos rubios y labios exquisitos. Era algo de lo que podía dar buena fe. Cerró los ojos, recordando una vez más los acontecimientos de esa noche. Los dos, cubiertos con la capa de invisibilidad, sintiendo la respiración del otro, bebiendo de la respiración del otro…
-Voy a besarte.
Draco lo vio con miedo, alzando una mano cuyo propósito parecía detenerlo, aunque no hacía mucho por su causa. Y él no podía sostener ese sentimiento por más tiempo, no podía acallar el deseo que su corazón le gritaba con voz vehemente. Atendiendo a lo que con tanta fuerza anhelaba, unió sus labios a los del tembloroso chico. Sí, Draco temblaba entre sus brazos. Lo sintió inhalar entrecortadamente, y no pudo más que alargar la mano hacia su espalda y acercarlo todavía más. Era maravilloso y contradictorio, porque Draco temblaba pero también era enloquecedoramente cálido. Porque sus labios dudaron sólo un segundo antes de corresponder con ansias.
Podía ser Harry quien había dado el primer paso, pero era Draco quien ejercía poder sobre él. Y se dejó llevar como no lo había hecho nunca. Permitió que las sensaciones se desbordaran, aferrándose a los hombros delgados, aferrándose a algo más que su cuerpo. No podría dejarlo ir. No cuando los labios finos lo recibían sin reparos y el pecho de Draco vibraba pegado al suyo. ¿Cómo había podido dudarlo siquiera un segundo? ¿Por qué había temido hacerlo? Si finalmente parecía que el universo giraba en la dirección correcta. Dio un paso atrás, sintiendo que las piernas le flaqueaban. Escuchó un rumor de tela y abrió los ojos, encontrándose con los oscurecidos irises plata. La capa de invisibilidad yacía en el suelo alrededor de ellos.
El Slytherin bajó la mirada, aun estrujando su camiseta. Harry sentía que tenía tanto por decir… aunque, ¿era realmente necesario? ¿No había demostrado de forma bastante explícita sus sentimientos? Y más allá de eso, estaba teniendo serios problemas para retomar el control de su cuerpo. Los labios le hormigueaban y sentía regusto a canela. Draco inhaló despacio una vez más y se empujó contra él. Por un momento, Harry temió que fuera a taclearlo, quizás incluso a darle una golpiza por asaltarlo de esa manera, pero… era un abrazo.
Miró con fascinación la cabeza rubia apoyada en el hueco de su cuello, se deleitó con la fuerza con que esos brazos aun temblorosos lo rodeaban, con la respiración agitada de Draco. Echó un vistazo alrededor. De alguna forma, esperaba que el mundo se viera diferente después de lo ocurrido. ¿Cómo era posible que el mundo siguiera impasible mientras todo dentro de él parecía haber sido sacudido?
Se concentró en Draco de nuevo. A pesar de ser más alto que él, el chico se había inclinado para encajar entre sus brazos. Harry no podía explicar por qué ese gesto hacía saltar a su corazón con más ímpetu que un beso. ¿Lo estaría escuchando Draco? Esperaba que sí. Así no tendría que dar explicaciones.
-Creo que tú y yo tenemos que llegar a un acuerdo –apuntó con la voz enronquecida- para no volver a distanciarnos por una tontería.
El chico rió brevemente, deshaciendo el abrazo.
-¿Y qué propones? –cuestionó.
-Que cuando dudemos algo, le preguntaremos directamente al otro.
-Suena apropiado.
-¿Algo más que agregar?
-Yo sólo… no necesito que te hagas cargo de mis problemas –expuso, como si estuviese haciendo un esfuerzo sobrehumano para empujar las palabras- …pero en estos días me di cuenta que… me gustaría que estés ahí –rehuyó su mirada, sacudiendo la cabeza-. Creo que no me expresé bien.
Harry lo miró con una sonrisa ladeada, percibiendo como su corazón se estremecía ante la visión del titubeante chico frente a él.
-Estaré para ti cuando sea que me necesites –dijo-, ¿qué te parece eso?
Draco suspiró hondo y asintió, contemplándolo entre sus mechones despeinados.
-Entonces es una promesa –concluyó.
-Lo es.
-¿Tienes un nuevo método para estudiar, compañero? –la voz de Ron lo sobresaltó, recordándole que estaba en la sala común de Gryffindor y no en un pasillo cerca de las mazmorras.
-¿Qué?
-Ya sabes… lees una página y luego te quedas viendo al infinito por media hora. No parece muy productivo –una risita secundó el comentario del pelirrojo. ¿En qué momento había llegado Hermione? La chica estaba sentada en el reposabrazos de la butaca de Ron.
-Yo no estaba…
-¿O ya te habías dormido? –Harry observó el libro. Se había quedado en la sección IV. Ejercicios básicos para hacer magia manual.
-Estaba pensando.
-Con la concentración de un ninja, al parecer –le hizo una mueca de reproche a su amigo, cerrando el libro con un golpe sordo.
-Ya basta, Ronald –intervino Hermione, finalmente-. ¿Algo que quieras contarnos, Harry?
-Es que, no sé…
Claro que quería contarles. Desde que había regresado esa noche quería gritárselo a todos, que supieran del milagro que había ocurrido. Pero al mismo tiempo, quería guardarlo para sí mismo, almacenarlo en la parte más resguardada de su memoria, protegerlo como el tesoro más valioso encontrado jamás. Nadie más tenía porqué ser partícipe de ello, era algo que les pertenecía a ambos.
-Ron… -dijo tras un rato. Sus amigos eran la excepción, siempre lo habían sido. Y si los había tenido a su lado en las épocas más difíciles, con mayor razón debía compartir con ellos su dicha- Recuerdo que dijiste que si algún día pasaba eso que yo temía que pasara, tú…
-¿Entonces es eso? –interrumpió Hermione, inclinándose hacia adelante, a la expectativa.
-Bueno…
-¿Cuándo? –Harry le dio una ojeada a Ron, pero el chico no parecía disgustado ni incomodo con la conversación.
-El lunes.
-Oh, Harry.
-¿Entonces tú…? –cuestionó Ron, invitándolo a hablar.
-Lo besé.
-¡No puedo creerlo!
-¡Gané! –sus amigos hablaron al unísono, aunque entendió perfectamente las palabras de ambos.
-¿Cómo que…? ¿Ganaste?
-Eh… -Ron se rascó una oreja, su rostro pecoso mostraba su inconfundible expresión de culpabilidad.
-Ay, Ron –masculló Hermione, que por algún motivo parecía compartir el sentimiento.
-¿Chicos?
-Fue… eh… una apuesta.
-¿Disculpa?
-Es que… fue durante las vacaciones. Creímos que al regresar te le tirarías encima… ugh, quizás no tan literal. Pero entonces se distanciaron y creí que ya no tenía sentido esperar que…
-Ron… ¿Me estás diciendo que apostaron sobre quien besaría a quién? –cuestionó, percibiendo que la irritación desplazaba su regocijo.
-Claro que no, Harry –desestimó Hermione.
-Sabíamos que serías tú. Apostamos sobre cuándo lo harías.
-¡Ronald! –gritó la chica, tapándose el rostro con una mano.
-No puedo creer que ustedes… cuánto… ¿Qué?
-¿Cuánto? Cinco galeones. Yo dije que lo besarías antes de fin de mes. Y ella dijo que esperarías un poco más. Pero te conozco bien, amigo. Sé que eres valiente –elogió, como si estuvieran hablando de que Harry era capaz de bañarse con agua fría en invierno.
-Realmente no sabes las ganas que tengo de golpearte ahora mismo –declaró con calma y después giró para encontrar la mirada avergonzada de su amiga-. Y a ti… tengo ganas de esconder tus libros favoritos. Yo que tú los vigilaría de ahora en adelante.
-¡Harry! –quiso permanecer enojado un rato más, pero fue imposible. Desvió la mirada hacia la chimenea y se echó a reír. Sus amigos no tardaron ni un segundo en acompañarlo.
-Así que… ¿Es oficial? –Preguntó Ron- ¿Estás saliendo con él?
-Yo… no hablamos de ello.
-¿Eso que significa, Harry?
-Eso… lo besé, después… -carraspeó- nos abrazamos un rato. Luego lo acompañé hasta las mazmorras y nos dimos las buenas noches.
-Pero lo has visto también estos días, ¿no?
-¿Cómo lo sabes?
-Resulta que "el curioso caso de las desapariciones de Harry Potter" no es curioso para mí –comentó con ironía-. Los he visto caminando por los jardines en la mañana y te he escuchado llegando a la torre a media noche.
-¿Es que no duermes, Herm?
-Ese no es el punto. ¿Entonces?
-Nos reunimos para estudiar, ya sabes. Aunque también tenemos estos momentos… -rememoró el día anterior, cuando habían estado junto al lago. Draco había admitido estar cansado, así que él le propuso finalizar con la sesión de estudio y reposar un rato. Entonces se habían tendido sobre la hierba, la cabeza rubia sobre su brazo, la mano pálida jugueteando con la corbata roja y dorada…
-¿Te perdimos de nuevo?
-¿Qué?
-Estabas haciendo de nuevo la cosa de la mirada perdida y la sonrisa de idiota –informó Ron, amablemente.
-¿Momentos de qué, Harry?
-Ah, claro. Momentos de… cercanía. Eso no pasaba antes.
-Te perdimos –declaró Ron tras un suspiro dramático.
-¿De qué hablas? Sigo prestándoles atención.
-No me refería a eso. Es que hablas de él con la misma cara que yo hablo de Mione, y yo estoy perdido, así que tú te perdiste también –explicó. La aludida lo observó con el entrecejo fruncido.
-No siempre entiendo tu lógica, pero esta vez en serio estoy conmovida… creo.
Harry los miró en silencio y se echó a reír de nuevo. Parecía una buena noche para reír. Quizás cualquier noche lo era cuando alcanzas eso que tu corazón más desea.
-Repíteme, ¿qué diablos fue lo que pasó? –exclamó Harry el sábado por la mañana, inclinando la cabeza de un lado a otro, buscando el mejor ángulo para comprender el desastre que sus ojos miopes no conseguían enfocar.
-Este… yo quería impresionar a Hermione.
-Esa parte sí la entendí.
-Y decidí practicar transformaciones –siguió.
-Ahí es donde empieza a tornarse confuso.
-Es que… quería probarle que sus lecciones son excelentes, aunque siempre me esté quejando de eso. Creí que un par de encantamientos inofensivos…
-¿Inofensivos? ¿Llamas a esto inofensivo? –saltó, señalando al bulto que yacía en la cama del chico.
-Bueno… supongo que copié mal los encantamientos.
-Ron, confiesa. ¿Estabas comiendo mientras los hacías? Ya sabes que cuando hablas con la boca llena…
-¡No estaba comiendo, Harry! –aseguró, indignado.
-Escucha, si alguien aquí tiene derecho a estar indignado, es el gato. Porque… sigue vivo, ¿verdad? –preguntó con temor, sin animarse a corroborarlo.
-¡Claro que está vivo!
-Bien, bien, sólo quería cerciorarme –Crookshanks no se movía, aunque tampoco parecía estar rígido, así que debía seguir vivo. Harry se movió hacia la izquierda-. ¿Qué encantamientos se supone que usaste?
-Para cambiar el color del cabello y para alargarle los bigotes –se giró hacia su amigo. El amor podía ser una cosa confusa y extraña, al parecer-. Pero no… no funcionó.
-¿En serio? ¿Así que el color verde-rosado-azul chillón no fue a propósito? ¿Ni tampoco pretendías que el cabello le creciera diez centímetros y se volviera anti gravitacional? ¿Y qué me dices de los tentáculos que…?
-¡Harry! Ya sé que salió muy mal, por eso te pedí ayuda.
-¡No soy tan bueno en transformaciones, Ron! ¡Por eso no voy por ahí usando de sujeto de práctica al gato de mi novia! –gesticuló hacia la cama, remarcando su punto.
-Es que tú no tienes novia –masculló.
-Y tú la perderás pronto si sigues de esta forma.
-¿Vas a ayudarme o no?
-Realmente no sé cómo revertirlos –admitió- y este gato es medio Kneazle, es probable que por eso resultaran mal. Lo siento, amigo. Pero no soy la persona indicada para ayudarte, deberías…
-Hermione no puede enterarse –negó de inmediato.
-Entonces busca a alguien igual de capacitado.
-¿McGonagall?
-Esa es la clase de cosas que tienes que decir frente a Herm, por Merlín. No es necesario que experimentes con su gato.
-¡Harry!
-Padma Patil es muy hábil en eso, podrías buscarla.
-¡Claro! ¿Me acompañas a…? –Harry miró de refilón su reloj. Se le estaba haciendo tarde.
-Quedé con Draco.
-¿A qué hora?
-Hace cinco minutos. Ron, llévate la capa. Es todo en lo que puedo ayudarte –decidió-. Además, le pedí a Hermione…
-¿Vas a hablar con ella ahora?
-Sí, me prestará el Walkman de nuevo. Descuida, no le diré.
-Bien –Harry tomó su varita de la cómoda, y después de echarle una última mirada de lástima al gato, salió de la habitación.
La sala común estaba atestada de gente, algunos estudiando para los exámenes y otros relajándose un rato. Seamus y Dean jugaban al snap, mientras que Neville repasaba unas tarjetas que usaba para estudiar pociones. Harry cruzó la estancia, yendo a las gradas que conducían a los dormitorios de las chicas.
-¡Las gradas…! –oyó que gritaba Neville.
Se le ocurrió regresar, pero no quería que Draco tuviera que esperarlo demasiado tiempo, así que siguió subiendo hasta el rellano. Cuando estuvo frente a la primera puerta, se quedó con la mano en el aire. ¿Era ese el dormitorio de Hermione? Miró hacia arriba. ¿Cómo es que no sabía cuál era el dormitorio de su mejor amiga? La puerta se abrió y ella se quedó de pie frente a él, boquiabierta.
-Ah, gracias por el Walkman –dijo, extendiendo la mano. Hermione parpadeó un par de veces y se lo tendió despacio.
-¿Cómo es que estás aquí?
-¿Subí las gradas?
-Eso no es posible, Harry. ¿Usaste algún hechizo para anular…? –inesperadamente, la chica apartó la mirada, riendo entre dientes. Tenía las mejillas coloradas- Ya veo. Creo que la magia nunca dejará de sorprenderme.
-¿A qué viene eso?
-¿Lo olvidaste? Se supone que las gradas tienen un encantamiento que no permite que los hombres lleguen hasta nuestros dormitorios –explicó, aun con una sonrisa-. Pero supongo que de alguna forma, las gradas notaron que no estás particularmente interesado por… las chicas.
-Oh –miró tras Hermione, al dormitorio circular decorado en rojo y dorado. La cama más cercana era un completo desastre, con libros y pergaminos cubriéndola casi por completo. Supuso que era la de su amiga-, qué pena. De haberlo sabido antes, me hubiera ahorrado meses de dudas. ¿Ya ibas a buscarme?
-No sólo eso. Desde la mañana que no veo a Crookshanks y el encantamiento de rastreo dice que está en tu habitación.
-Ah, eso.
-¿Harry?
-Yo… es tarde. Draco es impaciente, así que… -sonrió con nerviosismo, jugueteando con los cables de los auriculares.
-Harry…
-Ron no lo hizo a propósito. Y está tratando de remediarlo. No se lo tengas a cuenta –balbuceó, retrocediendo-. Gracias por el Walkman, te veo en la cena –bajó las gradas de dos en dos.
Definitivamente no le gustaría ser Ron en ese momento.
-Siento la tardanza, Ron me entretuvo un rato –dijo por saludo, llegando hasta donde Draco lo esperaba.
-¿Venías corriendo?
-Después de ocho años, he comprobado repetidas veces que no hay situación más peligrosa que cuando una chica está molesta –explicó- y te aseguro que las cosas están por ponerse muy feas en la torre –Draco sonrió de lado, balanceando las piernas. Estaba sentado sobre uno de los ya-no-polvorientos escritorios.
-¿Qué hizo ahora?
-Un combo de hechizos desafortunados. En un gato medio Kneazle –el rubio hizo una mueca-. ¿Qué tienes ahí?
-Le llegó a Pansy esta mañana –comentó, desenrollando un montoncito de papel brilloso-. Lo siento, Harry. No sé cómo vas a afrontar esto…
-¿Qué?
-Es que… las editoras de corazón de bruja dieron el resultado final y… -hizo una pausa, con expresión afligida- No ganaste.
Harry se echó a reír, arrebatándole la revista. La portada mostraba a un mago de unos treinta años, atlético y de ojos azules. "Devon Mithz, guardián estrella de los Falmouth Falcons. Ganador no sólo del premio al mayor número de quaffles atajadas, sino del corazón de cientos de lectoras".
-Pues sí tiene una sonrisa encantadora –comentó distraído. Draco chasqueó la lengua.
-¿Qué traes tú?
-Ah, esto. Es un Walkman.
-¿El artefacto muggle para escuchar música? –cuestionó, más animado.
-El mismo. Hermione dijo que no es propiamente rock, pero que podría gustarnos. ¿Te animas? –el chico tomó el estuche, observando la fotografía que mostraba un circulo azul con un barco en medio y le dio la vuelta, repasando los títulos de las canciones.
-De acuerdo.
Una media hora después, Harry miraba fijamente la pared, admirado de la sencillez y belleza de las letras. Draco, por su parte, permanecía con los ojos cerrados. Durante los cuarenta y cinco minutos que una canción sucedió a otra, no emitió comentario alguno, entregándose por completo a la música. Incluso cuando cesaron los últimos acordes, conservó esa actitud de introspección.
-¿Te dormiste?
-Por supuesto que no –respondió de inmediato.
-La música ya terminó.
-Lo sé. Sólo estaba pensando –compartió, quitándose el auricular.
-¿Sobre algo en específico?
-Ahora puedes elegir. ¿Qué es lo que sientes? ¿Es real esta vez? –citó.
-¿Quiere decir que te gustó el álbum?
-Fue todo un viaje, es lo que puedo decir. Cada pieza transmite tanto… pero una de las últimas –chasqueó los dedos-. No sé, creo que soy una persona diferente después de haberla escuchado.
-Realmente te gusta la música –comprendió- ¿A qué canción te refieres?
-No sé cuál sea y no entendí cada palabra, supongo que me gustó más por lo que me hizo sentir.
-¿Cómo te hizo sentir?
-Pequeño.
-¿Y eso es bueno?
-Es muy bueno. Recordar tu pequeñez, lo efímero que es todo. Hoy estoy aquí contigo, pero en unos meses todo habrá cambiado y quizás hasta entonces nos demos cuenta de lo afortunados que éramos en este momento –Harry notó el tenue movimiento del pecho del chico, impulsado por un suspiro inaudible-. Supongo que es lo que pasa siempre. No nos damos cuenta de lo simple que es la vida, de lo bueno que tenemos, hasta que se ha ido.
Harry apagó el aparato y se deslizó un poco, apoyando la cabeza en el hombro del rubio. Así que era eso. No era tan sorprendente, en realidad. Desde la primera vez que habían hablado de música, fue porque él había admitido sentirse nostálgico.
-¿Extrañas cómo eran las cosas antes?
-Es confuso, en realidad. A veces lo extraño, cuando nada era complicado, cuando sólo era un crío idiota presumiendo el dinero de papá. Pero realmente, no quisiera volver a eso. Es cierto que me siento a la deriva y mi vida es un desastre en muchos sentidos, pero si tuviera la oportunidad… no volvería atrás.
-¿Por qué te sientes a la deriva?
-Hay muchas cosas cambiando. Todo alrededor se mueve demasiado rápido y yo… es como si la vida es un tren de mercancías y está a punto de arrollarme.
-Sólo hay una opción, ¿no? Seguirle el paso. Me lo dijo Luna una vez –Draco se encogió de hombros.
-¿Qué pensabas tú?
-Ahora mismo, que tu hombro es una muy mala almohada –comentó, moviendo la cabeza. El slytherin rió en voz baja.
-No recuerdo haberte invitado a que me usaras de almohada.
-¿Cómo qué no? ¿Olvidas lo que dijimos? "Estaré para ti cuando sea que me necesites" –remarcó, señalando hacia ningún lugar en específico-. Pues hoy estás aquí y te necesito como mi almohada –concluyó. Draco se echó a reír.
-Esa es una forma bastante simplona de hacer cumplir una promesa –dijo.
-¿Qué otra forma sugieres?
-Acabo de recordar que me debes una salida, a dónde yo elija. Y hay un lugar al que he querido ir desde que inició el curso.
-Dime.
-Creo que he estado rehuyendo de eso, aunque… también quiero hacerlo –Draco apoyó la cabeza contra la suya.
-Espero que no me dejes el cabello lleno de gomina –pinchó, aunque la verdad era que ya apenas usaba el producto, dejándose el cabello con un estilo más ligero.
-Y yo espero que las propiedades anti peines de tu cabello no sean contagiosas –devolvió. Harry rió, agitando la cabeza en un pretendido intento de infectarlo de los males de cabello.
-¡Deja de hacer eso! –Pidió entre risas- Además, hablábamos de algo serio, ¿recuerdas?
-Lo siento, me dejé llevar.
-¿No lo haces siempre?
-Supongo. ¿Qué decías? –Draco suspiró, dándose unos golpecitos en las piernas.
-Quiero ir… Quiero que me acompañes a la tumba de Dumbledore.
-¿Alguna razón en específico? –cuestionó, percibiendo una tenue opresión en el pecho.
-No sé. De alguna forma, él sigue siendo uno de mis asuntos por resolver.
-De acuerdo –el rubio asintió y volvió a sumirse en sus pensamientos.
Harry alzó una mano, concentrándose. Se hizo la imagen mental de una corriente azul moviéndose por su brazo y alcanzando sus dedos. Movió la palma hacia arriba y sacudió dos dedos, como si estuviera llamando a alguien. Su mochila, que estaba desprolijamente tirada en el escritorio de enfrente, se agitó, y de ella salieron un par de ranas de chocolate. Imaginó una caña de pescar y dos segundos después, las golosinas llegaron a su mano.
-¿Desde cuándo…? –exclamó Draco, girándose hacia él.
-Tuve algo de tiempo para leer en vacaciones. Y ya que después estuvimos ocupados asumiendo lo que pensaba el otro, aproveché para practicar un poco –admitió.
Tras los encantamientos iniciales que aparecían en el libro, había intentado hechizos más complejos. Sorprendentemente, lo consiguió de manera bastante natural.
-No es posible –dijo aún sorprendido, quitándole una de las ranas-. Tienes que prestarme ese libro.
-O puedo enseñarte directamente.
-¿Presumes de tus dotes de profesor? –inquirió, arqueando una ceja.
-Dame tu mano.
-¿Qué?
-Dame –insistió, apoderándose de la mano izquierda del chico-. Así, de esta forma –juntó por completo sus brazos, desde el codo hasta los dedos-. No te muevas –volvió a concentrarse a pesar del obstáculo que imponía la forma en que se sentía estar tan cerca de Draco. Un momento después, el Slytherin jadeó, contemplándolo con incredulidad.
-¿Eso fue…?
-Vibraciones de magia canalizada –explicó.
-Quiere decir que…
-Literalmente, acabas de sentir mi magia, Draco –el chico mordisqueaba su labio inferior, aunque el gesto no era efectivo para ocultar su sonrisa entusiasta.
-¿Podrías… podrías hacerlo de nuevo? –pidió, con voz vacilante.
-Por supuesto.
Harry apartó la mirada, luchando por volver a concentrarse. Tal vez debía sugerirle a Ron que hiciera algo semejante, si es que en realidad quería impresionar a Hermione.
O quizás debía guardarlo sólo para ellos. Porque realmente era fascinante la forma en que los ojos grises brillaban, acompañando la cálida sonrisa que Draco ya ni siquiera intentaba contener.
Notas finales: por si a alguien le interesa, el álbum que escucharon los chicos fue "Point of know return" de Kansas, uno de mis favoritos de la banda. La canción que cita Draco es "Hopelessly Human" y a la que hace referencia sobre sentirse pequeño es "Dust in the wind". Fue complicado elegir qué escucharían, debo agregar. Primero quería tomarlo con humor y pensé en ponerlos a escuchar a los Backstreet boys, jajaja. Pero después decidí darle más profundidad al asunto. Algunos de los álbumes que consideré fueron de artistas como Bon Jovi y Journey. Como siempre, gracias por estar aquí cada viernes y nos leemos la próxima semana.
En el siguiente capítulo: sobre la verdadera amistad y los cielos estrellados.
Allyselle
