Los personajes mencionados son propiedad de Masashi Kishimoto. Solamente la historia es de mi pertenencia.

Leve Ooc.

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Lazos de Sangre.

25.

El niño de aquella vez.


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Algunos años atrás.

Ir a casa de su tío, siempre era un consuelo, Madara Uchiha era una persona que para el mundo, quizás sería un hombre sin escrúpulos, pero que para él, para él había sido su salvador.

Él y Nana.

Nana lo había cuidado desde aquel día en el que fue abandonado por sus padres, le había alimentado sin queja alguna, lo había vestido también; le había dado el calor de un hogar cuando él lo había creído perdido.

¿Pasa algo, Nana? –Preguntó el niño. Al frente de él, un hombre de gran altura, con el cabello largo y una mirada fría lo veía desde arriba como si él fuera inferior.

¿Obito? –Preguntó. El niño asintió. –Soy tu tío, he venido a llevarte a casa.

¿Puede usted corroborar su parentesco con este niño? –Nana se aferró fuertemente al pequeño cuerpo. Obito tembló visiblemente. ¿Por qué querían regresarlo nuevamente a aquel lugar? Él no quería irse, él ahora era feliz.

Soy Madara Uchiha. –Mencionó secamente mientras metía la mano en los bolsillos de su chaqueta y sacaba una foto. –Soy hermano mayor de tu padre. –Le mostró la foto al menor y el niño palideció al ver que él, era el hombre al cual su padre había definido como una mala persona.

¿Papá lo mandó a buscarme? –Preguntó con recelo el niño. El mayor arqueó la ceja con diversión.

Tu padre no es quien para darme órdenes. –Soltó con una risita sarcástica.

¿Qué quiere usted? –Preguntó la mujer alterada. Él la miró como si fuera poca cosa.

Naturalmente, deseo y quiero que me entregue al niño sin tener que recurrir a la fuerza. –Sonrío ligeramente. –Considerando que usted es una señora mayor, no creo tener que decirle a mis amigos. –Señaló a un par de hombres que estaban detrás de él. –Que tengan que venir a mediar con usted. ¿Verdad? –Preguntó amablemente.

Obito se aferró fuertemente a los brazos de la mujer. Rin, una joven niña contemporánea con su edad estaba entrando en casa cuando el pequeño niño decidió que debía irse.

¿Te vas? –Preguntó la castaña al verlo despedirse de su abuela. El pequeño asintió. – ¿Volverás a venir en algún momento? –Hizo aquella pregunta con una pequeña lágrima deslizándose por su mejilla.

Mi tío es quien debe permitirme ahora las cosas. –Mencionó viendo directamente al hombre que hablaba por teléfono. –Dile a Kakashi que cuide de ti. –Susurró con una sonrisa mientras le revolvía el cabello. Rin se ruborizó ante la mención del nombre de su amigo.

Todos, de alguna forma u otra, terminaran yéndose de aquí. –Susurró vacíamente. – Este viejo lugar. –Señaló aquel ambiente en el cual se encontraban. –Todos terminan huyendo de los campos y las fincas.

Volveré. –Le aseguró él. –Y seguiremos siendo grandes amigos. –Ella asintió.

Esperaré aquí a que regreses nuevamente, Obito. –Susurró mientras él iba camino al carro. Madara la vio por un momento para luego adentrarse también en aquel carro e irse de aquel lugar.

Desde los nueve años él había formado parte de la familia de Madara, comía con él, se vestía como él, hablaba como él, actuaba como él.

Madara le había dicho que en algún momento, él llegaría a ser heredero de todo lo que poseía, por lo cual, debía comportarse exactamente como se esperaría de un Uchiha.

¿No tienes hijos a quien heredar esto? –Preguntó el niño con curiosidad. El mayor se tensó visiblemente e ignoró el comentario.

¿Qué te parece la comida que hicieron hoy? –Preguntó cambiando el tema y con aquello, Obito supo que no debía preguntar más sobre el tema en cuestión. –¿Tus padres nunca te llegaron a comentar porque te dejaron abandonado? –Preguntó.

Ni siquiera sabía que me dejarían ahí. ¿Cómo puedo saber entonces el motivo de que me abandonaran?

¿Nunca tuviste algún problema con ellos?

¿Por qué mi padre nunca quiso que usted fuera a casa? –Preguntó el niño con extremada curiosidad. Madara palideció y la única respuesta que Obito obtuvo, fue un frío silencio antes de que el mayor se parara de la mesa y se fuera del lugar.

Y así pasaban los días, la misma rutina al despertar, la misma vestimenta, el mismo peinado y quizás, hasta las mismas actitudes, Obito llegó a cumplir los trece años cuando nuevamente vio a Rin, Madara lo había dejado ir a visitar a su amiga mientras que él atendía algunos asuntos de la empresa con la cual trabajaba para aquel tiempo.

Mi tío Madara es asombroso. –Mencionó llenó de una extrema felicidad. –Es atento y cuida de mi todo el tiempo, se preocupa por mí de verdad.

Es eso esplendido, Obito. –Le celebró Rin mientras revisaba la canasta de comida que habían llevado para tener un pequeño picnic en aquel lugar. – Y tu tío sabe sobre… –Obito palideció y con ello, Rin supo que aquel magnifico hombre, no sabía sobre la existencia de aquello que Obito decía que compartía cuerpo con él. – ¿Le dirás algún día sobre él?

No. –Susurró. –No quiero perder a la única persona que cuida de mi.

¿Le has dado un nombre? –Preguntó la castaña con curiosidad. Él negó.

Entonces tengo la solución. –Sonrió la castaña. –¡Llámalo como tu tío!

Obito la miró sin entender.

Cuando hablas de tu tío, me recuerdas muchas veces en las cuales hablabas sobre tu otra personalidad, ese que siempre estuvo contigo y que de cierta forma, nunca te dejó solo. –Sonrió. –Puede que si le das un nombre, no sea tan problemático. ¿No crees? –Obito asintió feliz con aquella idea.

Y sería en honor a mi tío. –Susurró viendo fijamente al cielo. –Gracias. –Le agradeció dándole un fugaz beso en la mejilla. Ambos se ruborizaron y luego rompieron en carcajadas.

Rin nunca sabría que aquella propuesta, sería la principal causa de todos sus sufrimientos en el futuro.

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Y siguió pasando el tiempo, y él estaba ahí, comiendo con él, conviviendo y aprendiendo todo lo que debía de emplear en el futuro, usando la misma ropa y dejando el mismo peinado, alimentando aquella identidad sobrante que residía en él. Porque… ¿Qué tenía de malo aquello? ¿Por qué no darle un lugar a aquella otra presencia que vivía en él? Y… ¿Por qué no debía darle un nombre? ¿Qué tenía de malo? Nada, absolutamente nada. Era su mayor secreto, su mayor tesoro. Y debía mantenerlo así, debía seguir con aquello en secreto, porque de cierta forma, Obito nunca dejaría que el orden y la paz reinante que estaba entre Madara su personalidad extra y él, se derrumbasen.

Y fue creciendo, y cada día se alejaba más del niño de aquella vez, aquel niño que había sido abandonado como si de la basura se tratase, aquel pequeño niño roto en medio de la multitud.

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Ahora tenía veinte años, su estatura sobrepasaba el metro setenta y su cabello estaba atado en una coleta, no le gustaba el cabello largo, pero Madara decía que de esa forma se parecía más a él, y eso ya no quería discutirlo.

Mientras subía las escaleras para ir a la habitación de Madara, vio una mujer de servicio de limpieza acomodándose la ropa apresuradamente mientras algunas lágrimas descendían por su cara, ella le miró pidiéndole ayuda con aquellos grandes ojos, pero como siempre, Obito había pasado de ella como si no fuera gran cosa lo que su tío hacía.

¿Estás despierto? –Preguntó llegando a la puerta. Escuchó el sonido de pasos en la habitación y su tío le abrió la puerta algunos minutos después.

¿Por qué llegas tan temprano hoy? –Preguntó con una ceja alzada el mayor mientras se abotonaba una camisa. Obito miró el desastre en aquel cuarto e iba a hacer un comentario sobre ello cuando la misma chica que había visto salir unos minutos, regresaba a la habitación y empezaba a acomodar el lugar. –¿Necesitas ayuda, Sussana? –Preguntó con un deje de ironía y a la vez burla en su voz. La joven se tensó visiblemente y empezó a acomodar todo más rápido.

¡¿Por qué las tratas así?! –Preguntó secamente. –No son de tu pertenencia.

Viven en mi casa. –Mencionó despreocupadamente. –Y deben atenderme lo mejor que puedan.

¡Eso no incluye el que sean violadas por ti! –Gritó. Madara se tensó y se acercó a la joven.

Cariño. –Susurró cerca de su oído. La mujer palideció. – ¿Qué hemos tenido hoy?

S-sexo co-consensual. –Susurró la mujer pálida como un muerto. Él sonrió para luego empujarla al suelo.

¿Lo ves? –Preguntó. –Las mujeres solo sirven para esto. –Suspiró. –Ese es el trato que debe dárseles. –Rió con sorna.

Obito apretó los puños fuertemente. Aquello no le gustaba, pero de cierta forma, él no podía hacer nada para cambiarlo.

Fui elegido en la universidad que tú querías. –Susurró cambiando de tema. Madara lo vio sin entender porque el semblante de mal humor en Obito.

¿Y eso tiene algo malo? –Preguntó con sorna.

Le prometí a Rin que iría con ella a la universidad de su… –Madara rompió en risas.

¿Pretendes ir a una universidad de cuarta con la pueblerina esa que ni siquiera sabe vestirse? –Rió con burla. – Esa mujercita no es nada en tu vida, para tus necesidades quizás puedas usarla, pero para casarte. –Negó con una sonrisa. –Para eso ya elegí a alguien para ti.

Obito lo miró con rabia contenida. ¿Qué derecho tenía aquel hombre sobre él y sus decisiones?

Soy un hombre grande. –Susurró. –¡No me puedes seguir controlando la vida! –Exclamó con voz alta. Sussana salió de la habitación lo más rápido que pudo al ver que se podía desatar una contienda entre el mayor y el joven.

Serás el heredero de todo lo que poseo. –Le dijo secamente. – ¡Esa muchachita dañará todo!

La amo. –Gritó Obito. –¡Estoy enamorado!

Esa mujer será tu perdición. –Dijo secamente. –Te hunde profundamente en ese abismo asqueroso y cree que todo lo que haces está bien.

Me ama.

¡Se aprovecha de ti! –Gritó. –Eres un pobre loco y ella solamente hace caridad contigo.

Obito abrió los ojos desmesuradamente ante aquello.

¿Qué crees? –Preguntó con una risita adornando sus labios. – ¿De verdad creías que esa mujer te amaba? –Susurró con desdén. –Esa mujer vendió tu secreto. –Susurró fríamente. – ¡¿Madara?! –Rió. –Has llamado a eso que vive en ti como yo. –Esbozó una firme sonrisa de burla y sarcasmo. – ¡¿Cuándo pensabas decirme que te faltaba un tornillo, Obito?! –Gritó.

Ella no. –Negó él menor llevándose las manos a la cara. –Mientes. –Siseó con veneno.

Cielos Obito. – Susurró. – ¡¿Duele?! –Preguntó. –Perder el amor y ser traicionado por éste.

¡¿Por qué?! –Preguntó. – ¡¿Por qué me estás diciendo esto?!

Crece Obito. –Le pidió el mayor. –Mira el mundo como es. –Susurró acercándose a él y chocando su frente con la de Obito. –El mundo allá afuera es cruel. –Sonrió débilmente. –Los fuertes son los únicos dominantes. – Mencionó fríamente. –Y los débiles como tú, son arrojados a la basura.

¡¿Por qué haces todo esto por mi?! –Exigió saber viéndolo fijamente a los ojos. Lágrimas caían libremente por su rostro. Madara suspiró sonoramente. – Si soy un débil y además, un loco. –Susurró. – ¡¿Por qué?!

Porque eres mi hijo. –Susurró secamente viéndolo a los ojos. –Eres sangre de mi sangre.

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La lluvia caía fuertemente mientras que él seguía ahí sentado en aquel columpio. Su mirada estaba nublada y su cuerpo temblaba visiblemente. El agua parecía no querer dar marcha atrás y a él parecía importarle muy poco su destino y si por aquello; pescaba alguna enfermedad.

¿Alguien te ha dicho lo ridículo que te vez ahí sentado, amigo? –Preguntó un pelirrojo con cara de indiferencia mientras lo cubría con su paraguas. Obito lo miró fijamente y el negro ónix de sus ojos chocó directamente con la frivolidad de los ojos café.

¿Quién eres tú? –Preguntó Obito.

Un errante de este cruel mundo. –Susurró con una sonrisa de lado. – Un alma perdida. –Suspiró. –Por lo visto, tú también lo eres.

¿Cómo te llamas? –Preguntó mientras veía que le joven se sentaba en el columpio del lado.

Sasori. –Susurró secamente. – ¿Tú?

Obito. –Suspiró temblando por primera vez por el frío. La lluvia bajó solo un poco de intensidad. El pelirrojo le tendió un impermeable que llevaba en las manos.

¿Qué hacías en medio de la lluvia? –Susurró luego de colocarse aquello. –No es normal que alguien esté vagando por la calle con este aguacero cayendo. –Suspiró viendo el piso.

Tampoco es normal que alguien esté aquí sentado en un columpio dejándose mojar.

Descubrí que mi padre biológico no era el que siempre pensé que era. –Susurró viendo a la nada.

Yo estaba enterrando un cuerpo. –Mencionó tranquilamente como si aquello fuera una mentira, y de hecho, en aquel momento Obito así lo creyó.

¿Y hubo mucha sangre? –Preguntó con un tono de burla. Sasori rió. Un extraño brillo apareció en aquellos vacíos ojos color café. Él lo miró fijamente y una sonrisita de burla apareció en aquel rostro.

Mucha. –Susurró tétricamente. Un fuerte frío invadió al pelinegro. Sasori se levantó y lo miró por última vez. –Fuiste tocado por un Dios. –Susurró. – Recuerda siempre aquel pobre diablo que estuvo sentado contigo bajo la lluvia; nunca sabes lo caprichoso que puede ser el destino. –Con una última sonrisa avanzó hasta un carro que estaba en la esquina de aquel parque. –

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Días después de que Madara le contara sobre lo que Rin había hecho, él decidió visitarla. La castaña corrió a sus brazos y él la aferró fuertemente por última vez. Ella le besó y también correspondió.

Porque era la última vez.

¡¿Por qué?! –Le preguntó siguiéndole. La castaña volteó para interrogarle con la mirada. – ¿Por qué le contaste a mi tío sobre mi problema?

Ella se tensó visiblemente.

N-No sé de que habl-las. –Tartamudeó. – ¿Qué te han dicho? –Preguntó. –Cualquier cosa que te dijera Nana, es mentira. –Susurró. Obito abrió los ojos desmesuradamente.

Nana… –Susurró con la voz rota. –Así que ella también sabía… –Susurró viéndola fijamente.

Eras una persona hermosa Obito. –Susurró. –Pero cuando no eres tú… Eres tan diferente. –Sollozó. – Me forzabas a hacer cosas que no quería.

Mientes. –Apretó los dientes. – ¡Nunca te haría daño!

Eres un monstruo. –Gritó con dolor. –Me obligaste a… –Él gritó y ella tembló por el miedo.

No lo recuerdo. –Susurró. – ¡No sé de qué estás hablando! –Se dio la vuelta y empezó a caminar de regreso al carro.

Puedes matarla. –Susurró una voz dentro de sí.

Cállate. –Demandó en voz alta.

¡¿Obito?! –Preguntó Rin. – ¡¿A quién mandaste a callar?!

No soy yo… ¿Tu único amigo? –Preguntó aquello. – Soy otra versión de ti.

¡Cállate! –Exclamó.

¿Obito? –Preguntó la mujer acercándose.

Déjame ser yo quien tome la mejor decisión. –Y no fue consciente de lo que hacía cuando su mano derecha se dirigió directamente al lugar en donde reposaba el arma, la sostuvo fuertemente en manos y le apuntó directamente en el lugar donde reposaba su corazón.

Te amo. –Susurró ella con la voz rota. –Obito. –Suplicó. – No hagas esto.

¿Esto? –Preguntó con una sonrisa. – ¿Qué es esto? –Cuestionó. – ¿Obito? –Rió con sorna. – ¿Quién dijo que soy Obito?

Perdóname. –Susurró la mujer.

No creo en el perdón. –Rió. –Creo que todo lo que se hace, se paga, amiguita de cama. –Rió con burla. –Eres una pobre infeliz que hoy debe morir.

Tampoco fue consciente, cuando disparó y el cuerpo de la mujer que amaba cayó al suelo, de los gritos de Nana, una mujer mayor al ver el cuerpo de su nieta lleno de sangre en aquel piso, en aquellos momentos, nunca se dio cuenta de las palabras que Nana, la mujer que lo había cuidado le decía, del dolor en su mirada.

Tampoco la vio cuando acabó con su vida.

Solo fue consciente de aquello, cuando nuevamente volvió en sí, cuando vio el cuerpo de la mujer que amaba tirada en aquel piso, sin vida, junto a la mujer que fue su madre también.

Abrazó a Rin mientras las lágrimas salían inconscientemente de sus orbes negros.

Te amo. –Susurró con la voz rota abrazando aquel cuerpo. –Te buscaré. –Le mencionó viendo la palidez en aquel rostro. –Te buscaré en todo lo que vea. –Susurró. –Pero por favor… Por favor no desaparezcas tú también.

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Supo de algo que podía conservar la belleza en el cuerpo de Rin y sin duda alguna lo intentó. Embalsamó y plastinó aquel cuerpo convirtiéndolo en una muñeca de frío plástico, la última expresión de Rin fue una fría media sonrisa en su rostro. Cuando inyectó el formaldehido en aquel cuerpo, pensó que aquello era lo mejor. Si quería conservar al amor de su vida. ¿Por qué no conservarlo en las mejores maneras posibles? ¿A caso fue un delito querer conservar su belleza aunque sea un poco.

La amaba.

La quería demasiado.

Y él no podía soportar aquella perdida.

Por lo menos de aquella forma, él la vería siempre cuando quisiera.

De aquella forma, él podría recordar que cualquiera del mundo; podía traicionarle, incluso aquel que jurara amor eterno.

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Madara Uchiha había muerto seis años después de contarle aquella verdad, y como se lo había mencionado alguna vez en el pasado, fue el heredero de todo lo que él había construido.

Murió de un infarto al corazón en la soledad de su cuarto. Por lo menos, eso fue lo que le dijo aquel doctor al cual ordenó mantener aquello en secreto. Obito fue quien arrastró su cuerpo hasta el patio trasero de aquella casa y en aquel lugar, disfrazando el olor con vinagre, lejía, y carbón, ocultó el cuerpo de quien creyó que era su tío, y resultó siendo su padre.

Solo debo ser tú. ¿No? –Susurró con una sonrisa mientras veía el piso en donde había enterrado aquel cuerpo. –Entonces que así sea.

Y desde aquel día, todo lo que tenía que ser trabajo de Madara, había sido tomado por él, las informaciones que llegaban sobre asesinatos sin solución y un nuevo enigma en las calles.

Un ángel de la muerte… Un Dios.

Y lo empezó a estudiar en silencio, armando patrón tras patrón, pensando realmente en quien podía ser aquel hombre. Dos años después, a su cargo había caído la división de Kakashi y su grupo. Entre ellos distinguió el nombre de aquel que había compartido una charla con él bajo el aguacero que caía aquella fría noche.

Sasori.

Y empezó a mostrar demasiado interés por aquel sujeto, por el cual, muchos de los que trabajaban a su cargo, empezaron a decir que era su favorito, el privilegiado por el gran jefe.

Y aquel deseo de saber más, lo llevó a pensar y a querer descubrir si aquel hombre, era la mente detrás de todas aquellas muertes, aquel hombre que se había sentado junto con él en aquel columpio, si aquel hombre que bromeó con él acerca de haber enterrado a un hombre era la mente brillante que él admiraba.

¿Entonces Sasori encontró a la mujer desaparecida? –La voz del otro lado de la línea suspiró.

Madara, lo has dicho. –Escuchó la voz de Kakashi. –Ese hombre es un genio.

¿Todos están de acuerdo con ello? ¿Nadie tiene dudas de él? –Cuestionó.

Todos creen en él. Yo también. Es un héroe.

Y lo supo aquel día cuando lo vio cara a cara, cuando lo vio caer en una especie de vacío y matar a aquella mujer frente a sus ojos.

Aquel hombre de aquella vez, aquel pobre diablo que le había ofrecido un impermeable.

Ese hombre era su nueva meta.

Por él había dejado de actuar con sensatez, por él terminó dejando a su otra personalidad tomar el control de su vida. Y lo supo en aquel entonces, aquello era admiración a la grandeza de aquella mente, era una especie de necesidad que tenía él por ser reconocido por aquel hombre, aquel hombre al cual también llamó Dios, aquel hombre al que quiso superar.

Aquel hombre que lo hizo olvidar al niño roto de aquella vez y lo convirtió, en el nuevo enigma de dos caras. El jefe de la justicia y a la vez, una pesadilla para la delegación.

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Actualmente. – Estación de policía.

Kakashi estaba sentado revisando aquel plano que había llegado a la delegación tratando de entender que pretendía Madara, o mejor dicho, Obito con aquello.

–Es una cacería. –Mencionó secamente Neji. – Debes estar consciente de que ese tipo quizás piense matarnos.

–¿Matarnos? –Preguntó Kakashi con una ceja arqueada. – Tú no irás con nosotros.

–Iré a donde vaya mi prima, Kakashi.

–Es peligroso, Neji. –Dijo secamente. – No puedo garantizar tu protección en todo momento, debo guiar a mi equipo, y… Tú actualmente solo eres un fiscal, no tienes manejo de armas, no…

Pero Neji se había ido. Y él quedó hablando completamente solo.

Se revolvió el cabello incómodo mientras la frustración, la decepción y el dolor lo rodeaban en un fuerte manto. Nunca había sentido la traición de esta manera, o quizás sí, cuando aquel joven de cabellera roja y ojos color café lo había mirado.

Era aquel rostro de aquel joven que siempre protegió, pero a la vez, era aquel retorcido asesino.

Aquel jodido demonio que había atentado contra la vida de muchos y que también; le había arrebatado a algunos miembros de su equipo.

¿Quieres decirme alguna razón? –Preguntó esperanzado. Kakashi veía aquel joven sentado en la esquina de aquel cuarto, una sonrisa de burla adornaba su rostro mientras ambas miradas se encontraban en una desafiante batalla por tener el dominio absoluto de aquella situación.

Te quise como un padre. –Susurró con voz rota y la mirada perdida en algún punto de la nada. Su cuerpo temblaba en aquel lugar. –No quise… No quise hacerte daño.

Lo hiciste.

Kakashi. –Sonrió. – Eres la mejor figura paterna que pude tener en la vida.

¿Por qué eres tan falso? –Gritó el mayor. – ¡Estás jugando conmigo!

Te quiero como al padre que nunca tuve. –Mencionó sin importar la mirada de odio que el mayor le mandaba. –Te amo por cuidar siempre de mí.

¿Amor? ¿Tú?

Sasori palideció.

Amor… ¿Qué es el amor y por qué siempre debo llevarlo en mis conversaciones?

¿De qué estás hablando?

Dan nunca amó al bastardo de su hijo. –Rió sin control. –Pensé que nunca encontraría el calor de un padre. –Lo miró fijamente. –Pero me equivoqué.

Deja de querer jugar conmigo.

Déjame decir lo único que siento. –Dijo secamente. –Estoy siendo sincero maldita sea, Kakashi. –Gritó con los ojos desorbitados. – Estoy pudriéndome aquí en este maldito lugar. –

Tú lo buscaste.

Lo sé.

Estás perdido.

Lo sé.

No puedo perdonarte. –Susurró con dolor el mayor.

Eso también lo sé, pero de todas formas… –Susurró. –Perdón, Kakashi.

Él había cuidado de aquel joven, le había tendido la mano en momentos difíciles… ¿y que recibía a cambio de ello?

Traición. Absoluta y pura traición.

Kakashi. Es bueno verte. –Mencionó el pelinegro. –Rin te extraña mucho.

¿Cuándo la veré nuevamente? –Preguntó apretando la mano de su amigo. Obito hizo una mueca de dolor.

Quizás en uno de estos días podrás verla.

La verdad es que tampoco esperaba la traición por parte de Obito. ¿Cómo lo veían aquellos hombres a él? ¿Como un idiota? ¿Cómo su diversión de turno?

–¿Kakashi? –Sintió una fuerte mano zarandearlo en su asiento, cuando fue consciente de aquello, Itachi lo veía con preocupación mientras que Sasuke mantenía una actitud aburrida.

–¿Durmiendo en hora de trabajo? –Mencionó con burla Naruto mientras tomaba asiento. –Llevamos media hora esperando a que nos prestaras atención.

–Supongo que estaba distraído. –Mencionó secamente mientras se acomodaba en la silla. – ¿Han entrado sin llamar la atención?

–Alguno de los agentes de prensa nos vieron, pero no pasó nada grave, Gaara los detuvo antes de que llegaran con sus preguntas fuera de lugar.

–¿Ya tienen sus posiciones? –Preguntó levantándose repentinamente. Los hombres dentro de la sala asintieron. – Sasuke. –Llamó. –Sigo pensando que no deberías estar solo.

–Sé cuidarme.

–Eres un hombre valioso dentro de esta unidad, si muer… –El pelinegro rió.

–Si llego a morir, me aseguraré de llevarme a ese maldito conmigo.

Itachi negó con una sonrisita.

–Sasuke tendrá cuidado, es eso lo que quiso decir. ¿Verdad? –Preguntó viendo al menor.

–Hmp. –El azabache rodó los ojos con fastidio.

–Salimos dentro de diez minutos, cuando lleguemos al lugar. –Suspiró. – Que la suerte nos acompañe a cada uno.

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Sasori caminaba lentamente por aquel reten viendo los rostros de los presos en aquel lugar. Todos le veían con asco pues, en aquel momento representaba a la justicia que los había encerrado en aquel lugar, escuchó varios comentarios insultantes en su contra, pero aquello le importó muy poco a decir verdad.

–¿Kakuzu e Hidan? –Preguntó parándose al frente de una de las celdas que se encontraban en el ala sur de aquel lugar.

–Nos han mandado a nuestro carcelero. –Mencionó con burla Hidan mientras llamaba la atención de su compañero.

–Tsk, Hidan, que fastidio. –Mencionó Sasori. El albino lo miró sin entender. –Solo muevan su sucio culo. –Los miró desafiantemente.

–¿Quién eres, enano? –Preguntó Kakuzu viendo al pelinegro al frente de él.

Dios. –Sonrió con burla.

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–¡Aún no puedo creerlo! –Exclamó Hidan cuando llegó a aquella casa. –Soy jodidamente libre.

Kakuzu rió por lo bajo mientras que el albino alababa a Jashin y todos los dioses que se le pasara por la mente.

–Dios siempre cumple. ¿Recuerdan? –Ambos asintieron. –Me deben un favor.

–¿Qué tenemos que hacer a cambio?

–Buscaré a Madara hoy. –Suspiró. Los dos hombres escucharon atentamente. –Quiero que cubran mi espalda en todo momento en aquel lugar.

–¿Tienes miedo de morir? –Preguntó con sorna Hidan. Sasori rompió en carcajadas alterando el orden en aquel lugar.

–¿Miedo? –Preguntó. –En realidad no. –Suspiró. –Quiero que vigilen al grupo que va con Hinata.

–¿La loca enamorada de ti? –Preguntó con una risa sarcástica Kakuzu. Él asintió. – ¿Quieres que la cuidemos? –Preguntó. –No somos niñeros.

Sasori rió.

–¿Cuidarla? –Preguntó entre risas. –Quiero que en el primer momento que puedan, la maten.

El silencio reinó en aquella habitación.

Hidan empezó a reír estruendosamente. Se llevó las manos al estómago cuando sintió que el dolor en éste por las fuertes carcajadas.

–¿Ya no se abrió de piernas para el gran Sasori, o te cansaste?

–Tsk.

–Sasori, pensé que estabas colado por esa mujer.

Las apariencias engañan. –Suspiró. –Uso todo a mi antojo. –Sonrió con burla. –Y bueno, los hombres tienen necesidades. –Se encogió de hombros.

Las risas no tardaron en aparecer en el lugar, Braun empezó a ladrar llamando la atención de los presentes.

–¿Pasa algo, amigo? –Preguntó Sasori mientras el perro se sentaba fielmente a su lado. Su teléfono sonó llamando su atención. –Es la hora. –Mencionó levantándose. –Pónganse las cosas que están en el cuarto de invitados. –Suspiró. –Tenemos que ir a cazar a nuestra presa.

–En el nombre de Jashin. –Sonrió el albino mientras miraba al cielo. –Por más almas para tu reino, amado padre.

–Religioso estúpido.

–Sasori. –Sonrió el albino. –Cuenta con nosotros.

El pelirrojo asintió para verlos ir hacía la habitación de invitados. Sasori se sentó nuevamente y arrastro hacia él una pequeña maleta negra, la abrió y en este habían dos jeringas.

–Para ti y para mí. –Sonrió él viendo aquello. –Los dos deberíamos morir hoy.

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Kakashi llegó a la zona en la cual Madara/Obito mencionó que estaría, aquel lugar él lo conocía perfectamente, aquel pueblo en donde tres niños habían crecido, en donde los lazos se habían formado y, en donde irónicamente; también terminarían.

–Sasuke. ¿Estás seguro que quieres ir solo? –El pelinegro rodó los ojos con fastidio mientras se ponía los guantes. – ¿En dónde está Sakura?

–Lejos de aquí. –Mencionó secamente.

–No te dejes…

El pelinegro le interrumpió.

–¿Matar? –Preguntó con sorna. – ¿Crees que sería tan estúpido cómo para dejarme matar? – Sonrió con una expresión vacía en su rostro. –Toma esto como mi venganza personal, Kakashi. –Suspiró. –Ese hombre mató a mi padre.

–Tu padre no era una gran persona.

–¿Y solamente por eso debía morir?

–No quise decirlo de esa forma y lo sabes. –Mencionó Kakashi con incomodidad. –Yo solamente. –Sasuke lo ignoró mientras lo dejaba con la palabra en la boca. Sintió la mirada de alguien más encima de él y se encontró con los curiosos ojos de Itachi.

–No puedo decir nada para que ignores su comportamiento, sé que ha sido un poco pesado últimamente pero…

Kakashi lo dejó pasar.

–Se lo debo. –Suspiró. –Nunca creí en él.

–¿No sé sabe nada de Sasori? –Preguntó con recelo el pelinegro. Kakashi negó.

–Al parecer, la tierra se lo tragó.

Itachi suspiró sonoramente antes de reunirse con su equipo de búsqueda, Kakashi vio a Naruto trabajar con un grupo de novatos, la mayoría tenían la cara tan pálida como el papel y podía jurar que alguno de ellos seguramente iría a vomitar dentro de poco.

Tenían miedo y él no podía recriminarles. Gaara estaba en la división central junto a Hinata, aquella jovencita miraba todo como si fuera nuevo, o como si creyera que no fuera verdad.

¿Vendrás? Se preguntó inconscientemente mientras veía a la pelinegra avanzar lentamente por aquel lugar bajo la estricta vigilancia de Yamato.

¿Qué estarás pensando ahora, Sasori? Miró el lugar tratando de reconocer aquella mirada de poder y burla.

Aquellos ojos que transmitían mucho. Y pensó que por un momento los había encontrado, pero en lugar de ser color café, era un verde oliva. Aquel joven de menos de un metro sesenta que avanzaba hacia él tenía una mirada igual de penetrante como alguna vez lo tuvo aquel joven prodigio que había cuidado.

Eung. –Susurró el pelinegro de ojos verdes. –Me llamo Eung y he sido asignado a la búsqueda de Madara Uchiha.

Kakashi enarcó una ceja al ver aquel hombre. Lo conocía de algún lado,

Pero no recordaba de donde.

Aquella mirada era pesada y de burla, aquella fina sonrisa que se empeñaba en ocultar con un perfil serio.

–Iras con Uchiha Sasuke. –Mencionó sin perder detalle de nada. Pudo divisar en el fondo de aquellos ojos, una especie de brillo.

–¿En qué sector está ubicado?

–Solo consigue a Sasuke. –Mencionó él encogiéndose de hombros. –Que él mismo te lo diga.

Tsk. –Murmuró con fastidio mientras se daba la vuelta y se iba de aquel lugar.

¿Sasori? –Preguntó. El pelinegro se detuvo. – ¿Eres tú?

Eung dibujó una sonrisa en su rostro mientras le daba la cara una vez más a Kakashi.

–¿Tiene usted alguna fantasía con ese pequeño hombre? –Preguntó sarcásticamente.

–Creí verlo en usted. –Mencionó despreocupado. El pelinegro asintió.

–Si usted llegara a verme nuevamente. –Susurró con una sonrisa. – Quizás le responda quien soy realmente.

Kakashi rió sonoramente llamando la atención de los presentes.

–Vas a matarlo. –Mencionó secamente. –E irás preso cuando esto acabe, Sasori.

–Eung. –Siseó con veneno. –Todavía sigo siendo Eung.

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Habían pasado dos horas desde que habían llegado a aquel lugar y Hinata podía jurar que más de mil mosquitos la habían atacado. Pasó su mirada por el lugar observando fijamente a los hombres que le acompañaban. Uno tenía cara de aburrimiento y el otro simplemente estaba más dormido que despierto.

Aquella idea pasó tan fugaz por su mente que cuando se dio cuenta, solamente se había quedado estática a mitad de camino mientras aquellos hombres seguían avanzando por aquel camino.

No lo dudó ni un segundo cuando sus pies dieron marcha atrás. Escuchó a aquellos hombres gritarle y llamarle, pero ella los ignoró. Mientras avanzaba hacía algún rumbo desconocido. Escuchaba los pasos detrás de ella mientras que algunas maldiciones salían de los labios de aquellos hombres.

Pero hubo un sonido que la hizo parar en seco.

Aquel sonido que era capaz de quitar la vida.

Volteó precipitadamente y abrió los ojos desmesuradamente al ver los cuerpos de aquellos hombres en el piso. Avanzó lentamente hacia ellos mientras revisaba con cuidado en los bolsillos del hombre. Cuando consiguió lo que buscaba, la encajó como pudo en sus manos y sacó de sí aquellas esposas que fastidiaban sus manos. Miró a todo su alrededor alerta, necesitaba saber quién había hecho aquello.

–¿Quién está ahí? –Preguntó secamente mientras se levantaba.

–¿Hinata? –Preguntó un hombre vestido de negro completamente. La pelinegra lo miró sin entender. –Soy Neji.

–¿Neji? –Preguntó. – ¿Qué… Qué hiciste? –Preguntó escandalizada corriendo hacía donde estaba el castaño. Neji la apretó con él en un fuerte abrazo.

–Él te iba a matar. –Susurró. –Y yo… Yo no podía dejar que eso pasara.

La pelinegra se dejó abrazar mientras su mirada estaba fija en aquella arma que el castaño portaba. Su mano fue directamente hacia aquel objeto y Neji se tensó visiblemente.

–¿Qué estás haciendo? –Preguntó.

–La necesito. –Respondió sin más.

No puedes. –Susurró él. –Estoy ayudándote.

No necesito que nadie cuide de mí, Neji. –Gritó de repente aferrando sus manos fuertemente en aquella arma. El castaño también ejerció presión para no dejarse quitar aquello.

–Vine a salvarte.

No lo necesitaba. –Susurró. –Necesito esta arma, Neji. –Le pidió suplicante. –Solo con ello puedo…

Hinata. –Suspiró empujando a la mujer. La pelinegra cayó al suelo con los ojos abiertos grandemente en señal de sorpresa.

Neji jamás la había tratado de aquella forma.

Soy yo quien tiene el control. –Susurró. –Iremos a casa. –Mencionó dándose la vuelta y empezando a caminar. La pelinegra se le lanzo encima haciendo que este cayera contra el piso.

–¡No lo entiendes!–Exclamó fuera de sí mientras buscaba la forma de voltear a Neji. –¡Yo necesito acabar con esto! –Susurró fuera de sí. –Él debe morir.

–Sasori no está aquí.

–Sí lo está. –Mencionó dando por fin con el arma. Se la quitó cuidadosamente y vio al castaño tirado en aquel suelo con una expresión de dolor. –Lo siento, pero debe ser así.

Ella empezó a caminar lentamente mientras varios recuerdos venían a su mente. Era doloroso, pero así tenía que ser, si ella portaba aquella arma, la culpa de la muerte de esos dos hombres caerían sobre sus hombros y no sobre los de Neji. Si sus huellas cubrían las de Neji, él sería libre de todo mal mientras que a ella quizás se le sumarían algunos años más de cautiverio. Pero… ¿Aquello estaba mal?

No.

Esto era, un sacrificio por amor, por amor a aquel hombre que la había cuidado, por amor a aquel castaño que la trató como su igual desde el mismo momento en que la vio.

–Hinata. –Escuchó su nombre de aquellos labios. Ella volteó dudosa y cuando se dio cuenta, hubo un forcejeo por aquella pistola, ambos estaban dispuestos a arriesgar todo por tener el control de aquella arma, ambos querían llevársela pero solamente uno podría tenerla. Neji jaló fuertemente de ella mientras la miraba desesperado, ella recibió aquella mirada y trató de ignorar aquella súplica silenciosa por parte del castaño.

Lo único que pudo separarlos, fue escuchar aquel sonido nuevamente.

Un disparo.

Ambos se quedaron viendo fijamente mientras que sus ojos se abrían desmesuradamente ante aquello.

Los dos cayeron al piso mientras la comunicación visual seguía sin ser rota, pero aquel hijo rojo de sangre que salía de la boca de Neji le confirmó a Hinata lo que había pasado.

No. –Susurró con dolor. –No. –Mencionó con la voz rota mientras veía sus manos cubiertas de sangre. El arma cayó al piso mientras el temblor aumentaba en su cuerpo. El cuerpo de Neji cayó inerte sobre ella mientras Hinata aún trataba de asimilar lo que había pasado.

Él estaba muerto.

Neji estaba muerto.

Su mirada se cristalizó y grandes lágrimas empezaron a descender por su cara mientras se aferraba fuertemente al cuerpo del castaño. La negación seguía presente mientras ella trataba de buscar la forma del que castaño reaccionara, de que la viera y le dijera que se encontraba bien.

Pero nada pasó. Él seguía ahí, con los ojos abiertos y con aquella misma expresión.

Con aquella suplica que quedaría grabada en ella para siempre.

Hinata. –Escuchó la voz de Neji. – Debemos ir a casa.

La niña sonrió.

¿Estaremos juntos siempre? –Sonrió con timidez mientras veía a la gente pasar a su alrededor. Neji asintió con una sonrisa.

Solo la muerte puede ser capaz de separarnos.

Neji. –Susurró con voz rota mientras se llevaba las manos cubiertas de sangre a la cabeza. –No puedes estar muerto. –Susurró con voz rota. –No puedes, tú… Tú dijiste que estarías… Sí, dijiste que estarías ahí, siempre. –Mencionó rápidamente mientras su mirada estaba perdida y grandes lágrimas salían de sus ojos. – Estamos bien. –Sonrió. –Sí, estamos bien, tú estás bien, yo estoy bien. –Sonrió. –No pasa nada. –Rió viéndolo en el piso. –Deja de fingir que la bala atravesó tu corazón. –Gritó desesperada. –Debes estar bien. –Sollozó. –Sin ti, sin ti yo… Sin ti yo estoy tan perdida que no… No podré sin ti. ¿Entiendes? –Gritó aferrándose al cuerpo del joven. – ¡Neji! –Exclamó con dolor. –Por favor… Por favor despierta. –Tembló visiblemente. –Yo…

Una risa escandalosa retumbó por aquel lugar, cuando Hinata fue consciente de aquello, sintió la presencia de alguien más detrás de ella, y algo tan frío como el acero reposar sobre su nuca.

–Estuve ahí. ¿Sabes? –Escuchó aquella voz. – ¿Me recuerdas?

Ella negó con lágrimas descendiendo por su cara.

–¿Lo recuerdas? –Preguntó. –Tú le quitaste la vida a un joven con futuro con solamente disparar a su cabeza.

–Lo sé. –Mencionó con voz rota. –Yo…

Shhh. –Musitó él. –Soy yo el que puede hablar, estúpida mujer.

–¿Qué quieres? –Preguntó.

–Recuerda esto, pequeña Hinata. –Obito sonrió. –El karma es una perra. –Y apretó de aquel gatillo arrebatando en segundos la vida de aquel cuerpo. Ella cayó de lado con los ojos aún abiertos, Obito quiso cerrarlos pero le pareció gracioso que aquellos dos tuvieran la misma expresión en su mirada. Aunque de cierta forma, él seguramente suplicaba mientras ella trataba de hacerle entender algo. –Lastima. –Susurró con una sonrisa cargada de maldad. – Pudiste haber sido una gran jodida persona. –Rió con sorna mientras seguía su camino. Limpió las pequeñas manchas de sangre que habían caído en su mano. –Pensé que sería más divertido arrebatarte la vida.

Por favor… –Quizás aquello fue lo que él quiso decirle.

Perdóname… –Quizás eso fue lo que ella quiso responder.

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Sasori miró sin emoción alguna aquel cuerpo tirado en el piso, se agachó sin perder detalle de nada a su alrededor, su mano se movió inconscientemente hacía los párpados y los cerró con un solo toque. Suspiró sonoramente al ver también el cuerpo del castaño y repitió la misma acción.

Eras una persona rota que insistía en buscar tu lugar en el mundo equivocado. –Susurró viendo fijamente el cuerpo de la pelinegra. Había un pequeño charco de sangre debajo de su cabeza y el sonrió irónicamente. –Has muerto de la misma forma en la cual arrebataste aquella vida. –La sonrisa en su rostro se ensanchó aún más. –Cielos… El karma golpea fuerte. –Mencionó levantándose. –Me pregunto cómo… –Suspiró. –¿Cómo será que yo moriré? –Mencionó con una mueca indescifrable en su rostro. Sacó su teléfono y escribió rápidamente.

Pueden irse, su trabajo ya terminó.

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Sakura avanzó lentamente mientras veía atentamente a su alrededor. Sabía que era un error estar en aquel lugar, pero algo le decía que debía estar ahí, sabía que había actuado mal con Ino cuando la sedó y la dejó en su apartamento, pero ella debía de ver aquello con sus propios ojos.

El final de todo.

Escuchó los pasos de alguien más detrás de ella y casi saltó en su lugar al ver quien era la persona al frente de ella.

Vaya. –Susurró Obito. – ¿Me he encontrado con una mujercita en peligro? –Rió con sorna mientras disminuía la distancia que existía entre él y la pelirrosa.

No sé de que hablas. –Susurró tratando de ignorar el miedo que crecía dentro de ella al ver al hombre a solo pequeños pasos de distancia. –Yo…

Sasuke. –Gritó. –Ya puedes salir de tu escondite. –Sakura abrió los ojos desmesuradamente cuando vio a Sasuke salir de un montón de arbustos detrás de Obito.

–Pensé en ignorarte un poco más, pero ciertamente, me dio fastidio escucharte gruñir a cada rato. –Ni Sasuke ni Sakura vieron el momento en el cual Obito avanzó rápidamente hacia Sakura y la apretó fuertemente en sus brazos mientras reposaba el arma en la sien de la mujer.

Muy lento, sobrino. –Rió. –O debería quizás decir… ¿Primo? –Sonrió con burla. Sakura jadeó por la dificultad del aire. Sasuke elevó su arma hacia Obito y éste enarcó una ceja con diversión. – Sasuke. –Mencionó. – ¿Sabes que antes de que puedas disparar, yo podría matar a tu mujer en segundos, no? –Rió fuertemente mientras Sasuke seguía con el arma apuntándole. –Piensa solo un poco… ¿La dejarás morir?

–No tengo intención de dejar que eso pase.

–¿Y cómo piensas evitarlo? –Preguntó con burla mientras enarcaba una ceja.

–Supongamos que recibe ayuda divina de alguien. –Escuchó aquella voz y toda la burla se borró de su rostro. –Cielos, nunca pensé que serías tan jodidamente alto. –Mencionó con burla Sasori. –Estuve pensando que serías de mi altura.

–Vives en un mundo de fantasías, Sasori.

–¿Yo? –Preguntó secamente. – ¿Estás seguro de ello?

–¿Qué quieres?

–Entrégale a mi hermana. –Dijo secamente. –Tú problema es conmigo.

–No eres el centro de atención, Sasori.

–Huh, yo pensé que sí. –Se recostó de su espalda mientras rompía en risas. Sasuke se sentía claramente incómodo con aquello. Pero también estaba molesto, y una de las razones por la cual estaba molesto, era que Sakura estuviera justamente ahí, en las manos del enemigo nuevamente.

–Te dije. –Escuchó el tétrico tono de voz de Sasori. –Te dije que no la quería metida en esto.

–Se suponía que ella estaba en casa. –Siseó con rabia contenida.

Obito rió por aquello.

Nadie lo vio venir, nadie escuchó cuando aquello pasó, excepto Sasori. El cuerpo de Sakura fue arrojado violentamente hacia Sasuke y ambos cayeron al piso, Obito pensó que podría haber dejado aturdido a Sasori, pero la sonrisa de superioridad se desvaneció de su rostro cuando el arma del pelirrojo reposaba en su frente. Ni tiempo le dio a Obito de levantar su pistola cuando el impacto de la bala dio contra él.

El cuerpo cayó al suelo rápidamente mientras la sangre salía de este. Sasori miró aquello sin emoción alguna mientras volvía a disparar, esta vez su objetivo fue directamente al corazón del pelinegro. Una sonrisa triunfal se dibujó en su rostro mientras alzaba su mirada; sus ojos hicieron rápida conexión con los de Sakura. Él avanzó lentamente con el arma en mano, el vacío de aquellos ojos hicieron a Sakura temblar visiblemente.

Sabía lo que él estaba pensando.

–Vamos a casa los dos juntos. –Mencionó con una sonrisa mientras le apuntaba. –Regresemos con mamá.

No. –Susurró ella. –Por favor, Sasori.

–¿Qué? ¿Por qué súplicas? –Rió. –¿Acaso no sabes que me encanta eso, Sakura? –Preguntó con curiosidad. –Me das poder.

–Sasuke, él…

–Es una jodida mierda que puede seguir adelante con su hija.

–Yo… Yo no quiero dejarle.

–¿Por qué? –Preguntó con una sonrisita. – ¿Le amas?

Ella asintió mientras veía al pelinegro.

–¿Y debería importarme? –Ella agarró fuertemente la pistola en su mano, descolocando al pelirrojo por completo.

Hazlo. –Susurró.

Estás loca. –Murmuró.

Hazlo. –Pidió nuevamente sin vacilar. –Vamos a casa.

–Sakura…

¡Hazlo! –Exclamó fuertemente. – Iré contigo. –Susurró. –Estaremos bien ahora. ¿Lo entiendes? –Levantó la mirada con lágrimas cayendo por su cara. – Quiero ser una buena hermana. –Sasori se dejó caer en el piso mientras sus manos temblaban visiblemente, no supo cuándo se aferró fuertemente en un abrazo con Sakura.

Él estaba roto.

Jodidamente roto.

Pero ella estaba ahí.

Seguía ahí.

–No sé... No sé qué decir. –Tartamudeó con la voz rota mientras la apretaba fuertemente entre sus brazos.

Vete. –Susurró Sakura con la voz rota. Él se separó para mirarle fijamente. –Huye.

–Es imposible. No podré.

–Nadie te reconocerá.

–Sasuke. –Mencionó al pelinegro en el piso. – ¿E-esta b-bien? –Preguntó con interés.

–Lo estará. –Mencionó. –Ahora necesito que tú también lo estés.

–¿Volveremos a vernos? –Le preguntó taladrándola con la mirada. Ella asintió.

Es una promesa que jamás olvidaré. –Susurró viéndole fijamente. Él la miró por un largo tiempo antes de depositar un casto beso en la frente de Sakura. Observó el maletín que llevó consigo y lo agarró rápidamente. –Iré a casa. –Susurró. – ¿I-Irás a…

Lo haré. –Susurró con una sonrisa. –Ahora vete. –Le gritó.

Él se levantó del piso y la miró por última vez.

Por favor… –Suplicó aquello con una voz rota y con una expresión de tristeza. –Por favor no te olvides de mí.

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Fin del capítulo n25.


Finalmente aparecí con el penúltimo capítulo de esta historia.

El fin de todo.

O por lo menos, de algunos personajes.

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Siento que debí jugar con el karma, y usé eso de… Quien a hierro mata, a hierro muere.

O sea papus, si mataban con armas, así mismo iban a morir.

Okya.

Creo que con el pasado de Obito, pudieron ver porque éste se encontraba de cierta forma interesado en Sasori.

Lo había conocido, lo había cautivado.

Desde aquel día bajo la lluvia.

(?)

Sé que no debería decirlo ahora, pero muchas gracias por el apoyo que han mostrado conmigo y mi fic.

No saben cuánto me alegran, en serio.

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Gracias por los reviews, favoritos y alertas.

Muchas gracias por aún permanecer aquí.

De cierta forma, hice lo mejor que pude, atravieso un momento difícil en mi vida, estoy deprimida y tengo problemas de los cuales no puedo hablar, pero, ustedes han sido una motivación para mí.

Muchas gracias por ello.

Nos leemos nuevamente en el capítulo 26 que viene siendo el final de esta historia.

¿Qué pasará con Sasori?

Quien sabe:v

Sus respuestas a reviews las daré pronto, lo prometo.

Por PM.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior.

Saludos… Rosse Valderrey.

Agradecimientos a: Lilia por ser beta de este capítulo y también a Hikari que beteo la primera parte de esto.

Lamento mucho cualquier error.

Gracias por leer.

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