Capítulo 25

"…encontrar los motivos verdaderos…"

Elen suspiró con pesar mientras avanzaba más y más abajo dentro de la montaña. Gani la seguía de cerca, casi empujándola de a tramos. Sencillamente miraba sus pies y trataba de convencerse de que no era más que una pesadilla. Una pesadilla estando despierta. La celda era bonita, tenía en su centro una cama enorme y mullida, la luz tenue provenía de lámparas de aceite en las paredes que le daban una atmósfera etérea. En uno de los lados una mesa redonda esperaba con un festín sobre ella. Llegó a ver un cerdo glaseado con ciruelas, varias ensaladas de verduras que no conocía, y tres botellas de vino: uno tinto, uno blanco, uno rosado. Eran del Bosque, eso lo sabía; y le trajo algo de nostalgia. Del otro lado pudo ver un armario y un espejo de pie, supuso que estaría lleno de ropa. Pero en la pesada puerta, había un cerrojo más grande de lo que había visto jamás. Era una celda lujosa, pero una celda.

Con un gesto le indicó que se sentara a la mesa. El enano sirvió dos copas de vino, y bebió el tinto con gesto ávido. Elen lo imitó, con el blanco. Se terminó la copa, en un vano intento por nublar un poco la cabeza. Él le sonrió.

-Bueno, aquí me tienes –comenzó ella, mientras pinchaba algo de ensalada con delicadeza. Quizá querría disimular su miedo, aunque lo cierto era que no tenía un ápice de hambre-. ¿Qué quieres?

-Sólo quiero hablar –la media elfa subió una ceja.

-Podrías haberme enviado una carta –resopló con ironía.

-No sabía dónde estabas.

-Sí lo sabías –remató-. En Rivendel –y Gani asintió-. Pensé que éramos amigos –soltó luego de largo rato, y debió morderse el labio para no llorar. Pero no pudo evitarlo.

-No llores, princesa –le sonó raro que la llamara así, pero no le prestó más atención-. Siempre seré tu amigo –y ella negó enérgicamente con la cabeza.

-Dejaste de ser mi amigo cuando me hiciste echar del bosque y mataste a Aldaril –afirmó, con la voz quebrada, mientras tomaba otro sorbo de vino, de la segunda copa que ya estaba más vacía que llena.

-Pensé que si lo quitaba del medio, podrías verme de otro modo –Elen apretó los párpados, sin prestar la más mínima atención al desfigurado rostro sufriente del naugrim-. Sin embargo, no funcionó.

-Así que, y como se te ha hecho costumbre hacerle daño a los hijos de Oropher, fuiste por el otro –Gani negó.

-No lo pensé. Vino aquí a hacer preguntas, no quería que comenzara una guerra, así que tenía que callarlo –la media elfa subió la mirada y le lanzó una expresión asesina.

-No. Querías dinero. La codicia ha envenado tu corazón –pensó un momento-. ¿Será este lugar? ¿Estará maldito o algo así? –Gani negó-. Déjame preguntarte algo, ¿cuándo te diste cuenta de que nunca iba a amarte? –eso lo descolocó, pero contestó.

-Cuando soñabas con Aldaril. Un elfo ama para siempre –Elen puso los ojos en blanco, se mordió el labio y resopló con hartazgo.

-Entonces fue por dinero –sentenció-. A mí me tendrás por una noche, pero los montones de oro que han exigido te durarán por diez generaciones –Gani se encogió de hombros.

-Thrór no iba a apoyarme si no había una parte para él –ella asintió.

-Discúlpame, pero no te estoy siguiendo –subió una ceja, estaba demasiado confundida-. Entonces, ¿por qué has hecho todo esto?

-Te lo dije –suspiró-. Sólo quería hablar –Elen escondió su rostro entre sus manos y dejó que las lágrimas salieran con fuerza. No estaba comprendiendo. ¿De qué se perdía? ¿O era que Gani estaba mal de la cabeza?

Avanzó y la abrazó con fuerza. Escondió su rostro en el hueco de su cuello, sintiendo ese aroma que ya conocía, ahora era tan diferente. Se preguntó por qué todo habría salido tan mal. Deseó con todas sus fuerzas que ese desconocido hubiera sido el niñito que había llevado por primera vez sobre un caballo grande. El pequeñito que trataba de hablarle en élfico, diciéndole que la amaba una y otra vez. Si hubiera cedido, al menos un beso; quizá todo eso no hubiera tenido que pasar, o hubiera sido aun peor. Suplicó por su vida, y también por la del enano. No quería que muriera. Pero bien sabía que Aldaril no le iba a perdonar aquello, que tenía ese lado oculto que lo hacía tan cruel. Sólo había visto un atisbo en sus ojos, pero fue suficiente. Lo iba a encontrar, y no descansaría hasta separar su cabeza de sus hombros. Ella no quería eso, pero nada podría hacer más que convencer a Gani de abandonar todas esas insensateces y huir hasta la cueva más oscura de la Tierra Media.

-Le dí una muerte cruel –balbuceó el naugrim-. Lo dejé ahogarse con su sangre. Debiste verlo, parecía que le faltaba la mitad del rostro –Elen sintió ganas de quebrarle el cuello con sus propias manos, pero no tenía fuerzas para nada. Sólo lloraba, en el pecho de aquel asesino que había fallado.

-Lo he visto –susurró entre lágrimas.

-Fue un error. Perdóname –siguió.

-Nunca –levantó la voz, para que no le temblara. Gani también derramó lágrimas silenciosas-. Fue un error liberar a Thranduil.

-¿Qué? –el enano se sintió confundido. Eso sí que no lo esperaba. Preguntó con la mirada, y ella levantó la voz aun más.

-Idiota. Tenías dos rehenes, a uno lo matas y a otro lo liberas. Oropher hubiera pagado por sus hijos. ¿Pero por mí? No. Sólo soy la novia de un sanador muerto, la amiga de un traidor, ni siquiera soy de su pueblo. ¿Por qué le voy a importar? –el naugrim se sintió algo estúpido. En su amor o en su obsesión, no había pensado en aquello.

-Eres una princesa. Hija del Rey Supremo, hermana de Reyes Supremos. La corona de Beleriand es prácticamente tuya –y ella negó.

-Eso no vale nada. Podría ser la hija de la mismísima Varda que daría igual. Beleriand no existe, los Noldor somos pocos y cobardes. Mi prima diría que son cautelosos, pero para mí son unos sabios cobardes. Ni mi padre ni mis hermanos van a venir desde Tirion a pagar por mí, no pueden. Estoy sola, siempre lo he estado. ¿Qué te hace creer que una corona vale algo? ¿O que el linaje te da poder instantáneo? –el naugrim abrió grandes los ojos, y reflexionó sobre esas palabras. Enseguida negó con la cabeza, como acallando sus propios pensamientos.

-Desnúdate –Elen tembló.

-¿Qué? –susurró.

-Ya me oíste –su expresión cambió, ahora sus ojos estaban llenos de odio.

Quizá se habría dado cuenta de lo equivocado que estaba, y si iba a morirse, no pensaba irse con las manos vacías. Aunque probablemente había sido su plan desde el principio, sino no habría llevado las armas. Hasta entonces no había notado lo armado que iba. Su cinturón pesaba demasiado, una espada y un hacha a cada uno de los lados. Recordó que ella le había enseñado a usar la espada a ese pequeñito. Entonces la empuñó, en tono amenazante. Y ella lo hizo, firme y alta como un árbol brillante. Pero temblando como una hoja. No quiso mirar, pero no pudo evitarlo; y notó la erección que escondía. Nunca había sentido tanto miedo en la vida entera.

-Un honor ser el primero que te contempla –ella recordó a Aldaril, pero prefirió no corregirlo. Sencillamente se quedó callada.

-No hay tierra prometida para los naugrim –comenzó-. No hay Tirion ni Valimar, no hay bruma en el horizonte, no hay esperanza de un reencuentro, no hay una espada esperándote en la Batalla de las Batallas. Muerto, de una vez, y para siempre –Gani se encogió de hombros y avanzó. A punta de espada, presionando su cuello, rozó uno de sus senos con los dedos. Ella tembló.

-No es momento para filosofía –susurró, mientras reemplazaba sus dedos por su boca. Presionó con sus dientes como esperando sacar algo más que sangre. Pensó en gritar, pero nadie iba a acudir, así que sólo lo soportó. Su garganta se hizo más angosta, se quedó sin aire, sintió que iba a morir de angustia y desesperación. Los mordiscos dolían, igual que la espada presionando la garganta con la punta; pero más dolía que fuera su amigo alguna vez el que le estaba haciendo aquello.

-Te lo advierto –lanzó, con agresividad y descarado desdén; con la voz quebrada-. Si no te detienes, ya estás muerto. Muy muerto, de una vez, y para siempre –el enano subió sus ojos, por un momento cruzaron sus miradas. Entonces continuó.


-Hay que hacerlos salir –sentenció Thranduil-. Dentro de Erebor somos débiles –el nuevo Lord Comandante se había tomado la estrategia con mucha seriedad. Era un asunto personal, y no iba a descansar hasta no clavar en picas las cabezas de todos y cada uno de los gobernantes de la Montaña a la entrada del Bosque, decorando la puerta del camino de los elfos. Su padre hubiera dicho que eso era bárbaro, que eran más civilizados que todo aquello. Pero él no había sentido la tortura.

-¿Cómo los haremos salir? –inquirió Aldaril. En tan poco tiempo, había cambiado tanto. Atrás habían quedado los días en que se los pasaba sonriendo y bromeando. Ahora era una criatura sombría, herida y hundida en al miseria. Sus ojos eran más oscuros, la armadura lo hacía intimidante, y sus pómulos se habían hundido. Ni siquiera había probado bocado, ni pegado un ojo; no era capaz de hacerlo. Fugazmente se preguntó si estaba comenzando el camino a morir de pena, pero lo desechó. Intentó pensar en otra cosa. Había atado su largo cabello, nunca lo hacía; pero ahora dejaba ver bien lo desfigurado de su rostro. No sólo por las cicatrices, sino por el dolor y el miedo que lo atravesaban, como agujas. Bien sabía que después de las torturas, Thranduil no estaba mejor que él.

-Les diremos que vengan a cobrar el pago, que traigan a Elen. Se negoció una noche, ya han pasado tres. Les diremos que vengan cuanto antes si quieren recibir algo.

-Sabrán que es una trampa –sentenció Aldaril en tono pesimista.

-No verán más allá del oro –remató el príncipe.

-Entonces los matamos –terminó.

-Sí. No quedará nadie –confirmó Thranduil. En secreto, ambos se deleitaron con la idea de una carnicería de la que nadie saliera vivo. Así aprenderían.


Dís ardía en celos. Nunca se había sentido así antes. Agitaba en sus manos un vaso de licor con hielo mientras veía las llamas bailar en la chimenea. ¿Quién la había mandado a enamorarse de un naugrim tan estúpido? ¿Por qué seguía obsesionado con la media elfa? Eso les iba a costar la vida a todos. Frente a ella había un rollo de pergamino con el sello roto. La cera del sello había sido teñida de azul. Un rombo perfecto, dentro un círculo y dentro otro. En el más pequeño, ocho lenguas de fuego parecían danzar a la luz de las llamas. Por fuera otras ocho, más largas, alternadas con otras cortas. Azul, dorado, y rojo. Nunca había visto aquel escudo, pero debía ser algo importante y antiguo.

El pergamino era una invitación. La tal Dianna, hija de Glorfindel, esposa de Fingolfin, reina de Beleriand; los convocaba a una reunión para efectivizar el pago. Todos los herederos estaban invitados. También Gani y Orier, y todos los miembros de la guardia. Dís sospechó enseguida, pero no iba a tener suerte convenciendo a los demás de que no vayan. Ella no iría. El pequeño Thorin no iba a ir. Pero Frerin era otro cantar, no podría evitarlo. Orier le tenía sin cuidado, y sabiendo que su hermano no iba a ceder, sólo le quedaba tratar de convencer a su amado. Pero de ninguna manera iba a dejar que un guardia cualquiera escoltara a la elfa. Así que bien, sólo le quedaba rezar porque salieran vivos de allí. Porque era una trampa, eso era obvio. Se preguntó cuánta materia gris tendrían en la cabeza como para no ver lo que tenían enfrente.

En eso estaba cuando Gani entró en la habitación. Su rostro tenía el color del más puro mármol, con los ojos desorbitados, como si hubiera visto un fantasma. Se sentó con ella frente a la chimenea y se sirvió un vaso, y luego otro. Recién entonces su rostro recuperó un poco de color. Dís lo miraba con amor, no podría ser otra cosa, sencillamente no quería perderlo. Antes de haberlo tenido, si el enano no podía darse cuenta de sus verdaderos sentimientos a tiempo. Se sentó a su lado y pasó sus brazos alrededor de los hombros del enano. Él dejó salir el aire, y la miró fijamente, pensando en lo hermosa que era aunque no fuera una elfa.

-¿Qué ocurre? –preguntó con dulzura.

-Estaba con Elen, y de pronto sentí que alguien tomaba mi cuello y me ahogaba. Pero no había nadie. Fantasmas o algo –Dís subió una ceja, confundida-. Me desperté en mi propia habitación. Estaba sangrando. No demasiado, lo que fuera no quería matarme, sino asustarme –se arremangó y mostró su antebrazo a la enana. Había numerosos cortes, muy cerca uno de otro, pero ninguno era profundo. Ella lo abrazó, no quería que nadie le hiciera daño. Todo el cuerpo del naugrim estaba cubierto por esos cortes hinchados y sangrantes, que llevaría en forma de cicatrices, como un recordatorio de que debía comportarse.

-No salgas de la montaña –sollozó la enana, intentando contener las lágrimas. Pero él negó.

-¿Qué voy a hacer contigo, pequeñita? –susurró, negando con la cabeza-. Tengo que ir, pero volveré pronto y seremos más ricos de lo que jamás has imaginado.

-Por favor, por favor –repitió, dejando salir las lágrimas. Gani la abrazó con fuerza y besó su cuello. Eso la hizo estremecer.

-Me besaste –recordó-. Pequeña atrevida –dijo, esbozando una media sonrisa, en un intento de animarla.

-Lo haría otra vez, y mil veces más si no te mueres –balbuceó.

-No planeo morirme pronto –afirmó, con ínfulas de superioridad.

-Es una trampa –siguió.

-No, princesa, no –suspiró-. No van a arriesgarse a que Elennim muera –Dís puso los ojos en blanco.

-No sabes nada –sentenció.

Ella lo miró a los ojos, profundos y turbados, pero hermosos. Acarició su sien con dos dedos, apartando el cabello. Se acercó despacio, rozando su nariz con la suya. Eso le provocó sensaciones que no era capaz de describir. Sintió un aleteo en su abdomen, tembló, y él le limpió algunas lágrimas con las yemas de sus dedos. Mientras el fuego de la chimenea les acariciaba el rostro, ella avanzó. Posó sus labios sobre los suyos con mucha delicadeza, rozándolo. Por primera vez, él respondió, sintiendo ese aleteo; y ese anhelo que le hacía reclamarla como suya. Repitió el movimiento con un poco más de fuerza, sintiendo un leve sabor dulce, saboreando la huella del alcohol sobre su piel. Abrió la boca y rozó su lengua con delicadeza. Pero fue apenas un momento, y volvió a sus labios, trazando una línea de besos diminutos recorriendo su labio inferior. Él entrelazó sus dedos con los de ella y no pudo resistir reclamar su boca.

-Melthinmir nin –susurró el naugrim, entre besos y caricias.

-¿Qué significa eso? –inquirió cuando logró juntar un poco de aire.

-Significa que eres la joya más valiosa –se regocijó con esas palabras. Quizá se estuviera olvidando de la media elfa. Dejó salir algunas lágrimas, esta vez de felicidad, y lo besó con fuerza y entrega.

-Te amo. No vayas –suplicó.

-Lo sé, pero debo ir –posó sus labios sobre los de ella por última vez y se levantó sin decir nada. Salió de la habitación sin mirar atrás, dejando a la enana extasiada pero aun más confundida.


Lo primero que sintió fue frío, y lo supo porque ya lo había sentido antes. Se preguntó qué diablos había pasado. Estaba hecha una bolita entre las sábanas de su lujosa celda, cubierta en sudor frío. Todo el cuerpo le dolía, tuvo miedo de ver si tendría marcas. Pasó un cuarto de hora hasta que juntó el valor para hacerlo. Cerró los ojos, levantó las ropas de cama, y volvió a abrirlos despacio. La nívea piel de sus pezones estaba rodeada por marcas moradas y cortes hinchados, pero sólo eso. Suspiró. Quizá Gani había recapacitado ese asunto del sexo forzado después de todo. Recordarlo la hizo temblar, y volvió a envolverse y a llorar. Hubiera querido estar al lado de Aldaril, acurrucada en su pecho, donde él pudiera curarla, dónde ya no tuviera que recordar nunca más haber estado dentro de la maldita montaña.

Suplicó por su padre, hacía tanto que no sabía nada de él. Aunque pensara que la había abandonado, se repetía que no podía ser, una y otra vez. Adar, balbuceaba, incontables veces, con los ojos cerrados. Entonces acudió. Se sintió entre sus brazos, conocía aquel aroma, y sintió que hasta podría arrugar sus ropas y aferrarse a su pecho como había hecho en los primeros días de su vida. Sintió unos dedos finos y delicados recorriendo su cabello, y poco a poco se relajó, escuchando ese suave canturreo, sintiéndose una niña pequeña.

-Todo estará bien, mi niña –escuchó-. Siempre estoy contigo. Siempre te cuidaré –afirmó, y ella lloró más fuerte. Él la apretó contra sí, besando su frente y acariciando su espalda.

-¿Cómo lo convenciste de que no...? –se le quebró la voz, no era capaz de terminar la frase, de pronunciar esa palabra horrenda; pero él comprendió.

-Puedo ser persuasivo –susurró-. Aunque hubiera querido actuar antes. Lo siento –ella negó con la cabeza.

-Gracias –sollozó, e intentó volver a hablar, con la voz quebrada-. Tenía tanto miedo, papi –dolía admitir aquello, pero era verdad. El elfo se mordió el labio y volvió a besarla, ahora en la cabeza.

-Lo sé, también yo. Sabe Eru lo aterrado que estaba.

-¿Dormí mucho? –él asintió.

-El vino. Así aprenderás a no aceptar comida de tus enemigos. Comprenderás que el naugrim ya no es tu amigo –asintió apenas, aunque le dolía saber aquello.

-Ya no me abandones –suplicó.

-Jamás lo hice, jamás lo haré –y ella sonrió a medias.

-¿Mataste a Gani? –él negó.

-Sólo lo asusté. Probablemente Aldaril se encargue, ¿no crees? –volvió a asentir.

-Gracias –repitió.

-No se merecen, quisiera poder hacer más. No pude preveer que actuaría así. Si no hubiera podido detenerlo –se le quebró la voz, y tuvo que contener las lágrimas-. No sé que hubiera hecho. No respondería por mis acciones, eso te lo aseguro.

-No quiero pensar en qué hubiera pasado –suplicó la media elfa.

-Tienes razón. Descansa, me quedaré contigo –dijo con el corazón oprimido, pero ella agradeció como siempre esa compañía.

-Te amo adar –susurró.

-Y yo a ti. Descansa, todo estará bien –y con esto se obligó a relajar sus músculos, mientras repetía esa frase una y otra vez, esperando que de tanto repetirla de convirtiera en verdad.


Holaaa volvi! Tanto tiempo, me extrañaron? Siento la tardanza, han sido motivos logísticos que no me esperaba. Pero bueno, ¿qué les pareció este cap? ¿No esperaban esto de Gani? Sólo diré, faltan más sorpresas de las que parecen. Muchos van a gritar, y será incómodo, lo juro! jajajaja.

Gracias por la paciencia y todo lo demás. Gracias por seguir leyendo, los quiero a todos! Lots of love! :D