Advertencias: OoC. Lo típico. Yaoi. Ortografía. Errores de cohesión.
Timing
Mansión Uchiha. 11:52 p.m. 24 de diciembre.
No dejaron de besarse ni tocarse mutuamente en ningún momento. Entraron en un calor tan vehemente que tuvieron que separarse un poco, pero sólo por unos minutos.
Madara levantó al ojiazul del sofá para llevarlo a la habitación. Una vez ahí volvieron a recostarse, con las suaves sábanas acariciando a ambos. Deidara se encontraba debajo del Uchiha, quien comenzó a retirar las prendas que vestía mientras el ojiazul correspondía con el mismo movimiento.
El delicado cuello del rubio se lleno de sutiles besos, acompañados de sus suaves gemidos. Aún cuando morían de ganas por hacerlo, deseaban disfrutarse con calma, tenían bastante tiempo esperando por aquello.
El abundante cabello negro caía por los costados, sintiendo la suavidad de sus hebras, junto con la suavidad de sus manos asciendo sus piernas y tocando cada rincón posible. Sin palabra alguna, el ojiazul pidió nuevamente sus labios, besándolos y mordiendo con sutileza, acariciando sus brazos desnudos para después empujarlo y girarlo para sentarse en su abdomen. Su dulce aroma no hacía más que excitar aún más al ojiazul, y con intención de apreciarlo todavía más, besaba sus clavículas, dando paso a su lengua y besaba todo su pecho desnudo, bailando con sensualidad sobre sus botones de carne, los gemidos de Madara eran más que encantadores. Tocando sus costillas y disfrutando cada fibra de sus músculos, paseo las yemas de sus dedos por todo su abdomen. Creando una línea imaginario justo en su centro, creo un camino de saliva bajando cada vez más, palpando su piel a cada centímetro que avanzaba. Llegando justo al borde del bóxer, acarició con descaro el enorme bulto entre sus piernas, implorando para ser liberado. Encima de la ropa se atrevió a tomarlo con sus dientes con suavidad, para después acariciarlo con dulzura. Tomo el borde la ropa interior para finalmente quitarlo. Su visión era más que estimulante, reluciendo una increíble erección, dura, caliente y casi palpitante, queriendo comprobar su dureza lo tomó con su mano estimulándolo, los gemidos fueron aún más profundos y eso lo motivo a continuar moviendo su mano, con intención de masturbarlo. Habiendo encontrado el ritmo adecuado, dejó la cabeza libre, que ya relucía de fluido en la uretra, liberando liquido pre seminal por lo caliente que estaba y sin dudarlo, acarició un poco con la punta de la lengua sin soltar el ritmo. Poco a poco fue tomando mayor parte de aquel trozo de carne con su boca, ahora empleado sus labios para besarlo al mismo tiempo que se aseguraba de dejarlo bastante mojado. Paso a paso, su boca iba ocupando mayor extensión y la lengua ya se paseaba por todo su largo, en espera de ser completamente cubierto. No tardó demasiado en meterlo por completo a su boca, retirando sus manos para permitirlo con mayor profundidad, justo como los gemidos del Uchiha. quién se acomodó sobre sus codos para apreciar la maravillosa vista de su adorado artista haciéndole una felación. El grueso del Uchiha en ocasiones podía ser una proeza al momento del sexo oral. Su cabeza empezaba a moverse de arriba hacia abajo, asegurándose de empapar bien su pene mientras ejercía presión sus labios. Una vez que estuvo bastante mojado, empezaba a hacer uso de su propia saliva para usar de lubricante y volver a masturbarlo con sus manos, al mismo tiempo que sus labios volvían a la cabeza. Aquello era demasiado sensual y procurando derramar suficiente saliva, su lengua bajo nuevamente hasta encontrase con sus testículos, llevándose por completo uno a su boca mientras su mano continuaba masturbando de arriba hacia abajo. Todo su rostro e incluso rubia cabellera comenzaban a llenarse de su propia saliva, y es que al tocar tantas veces su garganta con el miembro del Uchiha su cuerpo empezaba a interpretar que necesitaba salivar más tomar el instinto reflejo de devolver, pero no fue así. Su miembro estaba bastante bien dotado y hacerle una felación era cada vez más un arte.
Su paquete ya estaba increíblemente empapado, así que tuvo la determinación de terminar y apoyarse sobre sus rodillas para comenzar a sentarse sobre él. La necesidad de ser empalado era urgente y los gemidos de Madara lo habían excitado demasiado. Sin preparación previa, Deidara ubicó su entrada y poco a poco, comenzó a entrar por su cuenta. Madara no lo detuvo, también su urgencia era demasiada.
Con dificultad y dolor, se abría paso, al mismo tiempo que el Uchiha encontraba maravilloso volver a entrar en su adorado artista. Sintiendo su cálido cuerpo y sus estrechas paredes apretando su tan hinchado pene.
Una vez completamente adentro, suspiro y gimió con dolor al mismo tiempo de sumo placer. Necesitaba un momento para adecuarse a la intromisión, sus manos descansaban sobre el pecho de Madara, buscando un punto de apoyo, poco a poco el dolor se iba, así que tuvo el placer de comenzar a moverse poco a poco para el disfrute de ambos. Madara comprendió de inmediato su intención y ya sin fuerza de voluntad, comenzó a embestirlo. La fuerza aplicada en el momento regresó el dolor por un momento en su pequeño cuerpo, pero siento ahuyentada rápidamente por el disfrute. Trataba de complementar los movimientos de Madara, pero estos eran bruscos, rápidos y bastante profundos, Deidara dejó los gemidos y su garganta comenzaba a vociferar gritos demasiado altos. El placer que le otorgaba el Uchiha era demasiado placentero. Olvidaba incluso que su miembro tan grueso acompasaba demasiado bien su interior. No tardó en descubrir que su entrada disfrutaba en demasía la forma en particular del Uchiha. Finalmente, Madara redujo su velocidad y esto permitió al ojiazul comenzar a cabalgarlo a su propio ritmo, más mesurado, procurando disfrutar cada estocada. Madara lo tomó de sus brazos y lo jalo hacia él, besando y mordiendo sus labios con salvajismo, tomando su cabello y encerrándolo en su mano para que el menor no fuera a separarse. Su boca estaba siendo invadida por la lengua del pelinegro, saboreando cada rincón de ella. Entre el apasionado beso y el miembro en su interior los gemidos eran ahogados en la garganta contraria. Madara encontraría aquello insuficiente y abrazándolo por completo, cambió de posiciones, nuevamente encima de él. Su urgencia por dominarlo era demasiado y ansiaba por tenerlo debajo de él, retorciéndolo de placer. Sin previo aviso reanudó las duras embestidas, entrando y saliendo sin piedad, los gritos de Deidara no hacía más que estimularlo aún más y sus propios gemidos salían por si solos al sentir el delicioso paraíso que encontraba siempre que estaba en el interior de su artista. Encontró aquel punto tan intenso del rubio y este, ya sin poder contenerse terminó en su abdomen. Madara, bastante complacido por aquello permitió que su anillo de carne lo abrazara aún más en el momento en que se tensó por el orgasmo y finalmente también terminó en su interior, lanzando un gutural ruido en el acto.
Madara se dejó caer sobre Deidara, quien lo abrazó a la altura de su cabello y una vez que su hinchazón bajo, salió de su interior, acostándose al lado de su artista.
La respiración era agitada, ambos cuerpos estaban completamente sudados, pero la relajación era demasiado gloriosa. Por meses haber estado extrañando estos intensos encuentros. Deidara no encontró respuesta de sus piernas cuando intento moverlas, el Uchiha, notando esto, tomó las sábanas para cubrir del frío que habían olvidado que estaba afuera. Delicados besos fueron audibles y la sonrisa en el rostro de ambos era inconfundible.
—Cómo extrañaba esto. — Respondió Madara, abrazando a su artista contra su pecho.
—También yo. —
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Centro de la ciudad. 5:12 p.m. 27 de diciembre.
Faltaban pocos días para la inauguración de la Academia y todo estaba quedando mejor de lo esperado. De inmediato hubo una respuesta internacional al darse a conocer el proyecto. Eso era más que buenas noticias, hubo cientos de artistas de todo el mundo más que interesados en conocer la nueva agenda que conformaba el recinto, además de futuras aplicaciones para los interesados en formar parte de. Al ser parte esencial del área de fotografía y por su gran talento, de inmediato Sasori fue nombre coordinación principal del área. Todo un honor para aquel hombre. Cuando el ascensor abrió sus puertas fue recibido por cientos de compañeros en espera de nuevas indicaciones y para informar de los acontecimientos respecto a la organización de la inauguración, dando órdenes correspondientes y nuevas indicaciones, su asistente personal, Sora, le dio una extraña noticia.
—Sasori sempai. Llegó una visita inesperada. Estuvo a punto de decirle que sólo puede verle con cita previa, pero… —
—¿¨Pero"? —
—Pero… él, es un empresario. Es… Un empresario y bastante importante. — Sin decir más, permitió que su jefe se dirigiera hacia allá.
El pelirrojo sólo conocía a uno y no era de su especial agrado. Con sorpresa abrió las puertas y encontró a Madara disfrutando la vista a través de las ventanas.
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Mansión Uchiha. 7:41 a.m. p.m. 25 de diciembre.
Algo en su interior volvió a renacer. No sentía enojo o molestia con Deidara, en lo absoluto. De hecho, sentía como si nunca hubieran estado separados por tanto tiempo.
Y esos días habían sido un infierno.
No escuchar su voz, no sentirlo, no hablarle, no tocarlo, no verlo. Era una incertidumbre abrumadora. Su trabajo en la empresa era su tabla de salvación. Verse inmerso todo el día ahí, ocupado siempre en lo que siempre ha amado toda su vida, era un ligero alivio. Pero sólo ligero. Volver a casa y encontrar que su amado artista no lo esperaba ahí, era demasiado. No recibir sus buenos días, no verlo cada día antes de irse a trabajar, no ver sus creativos manos puestas en alguna expresión artística, no aprender de él y de lo que conlleva el proceso creativo junto con la maravillosa historia del arte.
Lo extrañaba, lo necesitaba, lo deseaba y, sobre todo, lo amaba.
Pero no podía hacer más. En circunstancias normales hubiera intentado sus tantas formas de persuasión, sin embargo, el inmenso dolor que le transmitía su adorado artista calaba en el fondo. No entendía porque estaba desesperado por irse de su lado y al preguntarle recibió aún más enojo por parte del ojiazul. Algo en el estaba sufriendo y no sabía como ayudarlo. Él no se lo permitía y dejó de insistir sabiendo que se frustraría aún más y simplemente lo dejó ir.
Nunca fue una persona peleada con la soledad. Pero después de conocer el cielo, la Tierra se vuelve el infierno.
Su más grande alivio, aunado a su amado trabajo fue el tiempo que compartió con su rubio. Fueron prácticamente sólo tres meses, y aún así tenía la seguridad de describirlos como los mejores de toda su vida. Agradeció cada instante dedicado a su persona y también se sentía en deuda por haber sido amado por alguien como su adorado artista.
Terminó. Lamentablemente todo eso terminó.
Era un riesgo que sabía que era posible. Aún así lo tomó. No podía asegurar que las cosas salieron mal. Simplemente no terminaron como hubiera deseado.
Pero, aún después de todo aquel oscuro abismo, Deidara volvió a sus brazos.
La mansión se vio inundada del aroma a café. El Uchiha se encontraba en la cocina colocando la cafetera. La tormenta jamás disminuyó y débilmente el ambiente comenzaba a aclararse.
Deidara despertó sumamente cansado, agotado, su cuerpo dolía horrores y su garganta ardía. Vio que eran cerca de las 6 de la mañana. Apenas y durmió un par de horas. Aún cuando su cuerpo le pedía descanso, Madara jamás permitió que durmiera. No cuando lo tenía entre sus piernas mordiendo cada rincón de su cuerpo. El ojiazul siempre estuvo consciente que desde el instante en que puso seguro a la puerta de la habitación no lo dejaría salir pronto. Y es que siempre que el artista estaba con él, afloraban emociones demasiado intensas. Madara aprendió a conocer a su artista en muy poco tiempo, memorizó muy bien sus puntos erógenos, los ritmos que a él más le complacían y, sobre todo, como provocar los orgasmos más intensos que ha sentido en su vida.
No esperaba que de inmediato el Uchiha exigiera su presencia en las sábanas. Podía incluso sentir que no estaba listo para experimentar toda aquella intensidad. Pero rechazar a Madara otra vez, sería incluso ofensivo.
Como pudo, logró ponerse nuevamente ropa y con dolor y torpeza, bajaba las escaleras, maravillado por aquel aroma. Al llegar, Rin acompañaba a Madara esa mañana, dio los buenos días y ofreció nuevamente un medicamento para la inflamación de su cuerpo, sabiendo que la exigencia de Deidara lo pondría en un estado lacerante. La dulce chica se retiró, Madara sirvió una taza de café para su artista y se sentó a su lado.
Habiendo calmado toda necesidad de urgencia, tenían el dialogo frente a ellos, pero Deidara se sentía incapaz de empezar.
—Rin, Obito, Itachi e Izuna me contaron todo lo que hiciste para llegar hasta aquí. —
Deidara escupió su café derramándolo en su regazo e incluso la barra de la cocina. Lo que le faltaba. Estaba seguro de que él no tenía porque conocer aquellos detalles. Se sintió profundamente abochornado y escondió su ahora ruborizado rostro entre sus manos.
Madara, en cambio, sonrió con complicidad al verse confirmado aquello que le dijeron. Por supuesto que no creyó en lo absoluto aún cuando cinco personas distintas le atestiguaron como Deidara lo buscó desesperadamente. No tardó en llegar un reporte firmado por el mismísimo Itachi detallando como un rubio encolerizado amenazó a su propia seguridad personal. Su artista era un verdadero encanto. Un muy dramático y orgulloso encanto.
Sin dejar de sonreír, despejó sus manos y parte de su cabello del rostro, besándolo con dulzura, casi comprobando que realmente estaba ahí.
—Gracias… mi adorado artista. — Susurró mientras volvía a besarlo, acercándolo cada vez más cerca de él. Se sentía profundamente agradecido, amado y sobre todo, apreciado. Cuando se enteró de que su amado rubio convocó semejante odisea únicamente para decirle que lo amaba, era más de lo podía pedir. Incluso se llegó a preguntar si se hubiera completado el vuelo, él sería capaz de seguirlo. No lo sabía y no importaba nada más.
Deidara lo siguió inalcanzablemente hasta donde fuera que el estuviera y él, en cambio, haría lo mismo por él.
Supo por boca de su propio hermano que por eso lo cito de inmediato a la mansión, ya que sabía que Deidara estaría ahí y apreció aquel significativo gesto.
Se separaron sólo unos breves segundos.
—Feliz cumpleaños. — Susurró Deidara, quien aumentó la intensidad del beso y sin pedir permiso, introdujo su lengua a la boca del pelinegro, quien gimió de gusto. Pensándolo bien, podía esperar otro par de horas encerrados en la habitación.
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Centro de la ciudad. 5:13 p.m. 27 de diciembre.
—De verdad este lugar es bastante bohemio. — Dijo Madara, tratando de romper el ambiente creado.
Sasori no sabía ni que decir. Esto había sido demasiado inesperado. Cientos de ideas asaltaron su mente de la repentina visita nada esperada ni menos bienvenida. ¿Esto era una burla, acaso?
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabías donde encontrarme? — Escupió con hastió. Sabía que había dejado ir a Deidara por él, pero no significaba que eso mejoraba su relación, seguía odiándolo simplemente por sus encuentros previos.
—Deidara me dijo. — Respondió, al mismo tiempo que tomaba asiento en el lugar asignado para visitas.
—¿Vienes a burlarte de mí? — Preguntó sin pensar.
—Eso sería poco apropiado, ¿no crees? — Respondió con la misma calma, tratando de calmar un ambiente que comenzaba a tensarse. —Vengo a agradecerte. —
Eso fue sin duda bastante inesperado. ¿Esto era real?
—Te agradezco haber cuidado de Deidara por tanto tiempo. Por haberle ayudado cuando necesitaba de alguien. Las cosas entre tú y yo son irrelevantes, lo importante siempre será su bienestar. No pretendo quedar bien contigo, porque yo no necesito tu aprobación. Pero sé apreciar el valor de un hombre cuando se comporta como tal y quiero reconocerte tu increíble gesto. Es admirable. Así que deseo informarte que tienes mi apoyo que espero no necesites, pero estará a tu disposición cuando así lo requieras. —
El pelirrojo tomó asiento en su silla detrás de su escritorio pensando en todo lo dicho por Madara. Jamás espero que llegara el día en que esto pasaría, pero la verdad ambos sabían que era necesario. Una diplomática tregua a errores del pasado.
Deidara había tomado su decisión y esa decisión era Madara.
—No… gracias a ti. Hiciste demasiado por Deidara y lo sabes. Así que también quiero que sepas que también mi apoyo. Sé que él estará bien contigo y aprecio que realmente lo quieres de forma desinteresada. —
El Uchiha hizo un asentamiento y tendió su mano al pelirrojo, quién respondió al apretón de manos.
Las disputas entre ambos debían terminar y sinceramente, era algo que los dos hombres buscaban. Eran consciente y sobre todo maduros de que, por el bien de todos, lo mejor era una reconciliación.
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Mansión Uchiha. 2: 04 p.m. p.m. 24 de diciembre.
—Nunca deje de pensar en ti. Nunca dejé de extrañarte y sólo quería volver a tu lado. Cuando terminé contigo no fue porque realmente yo quería volver con Sasori. Sólo que encontrar aquel anillo, saber que el quería dar pie al matrimonio, primero, me hizo recordar la relación tan bonita que tuvimos y que realmente yo también quería algo así con él. Segundo, un miedo increíble. Un maldito miedo que me cegó sentía que iba a morir si me iba contigo a otro país. Trabajé tanto, sufrí, me desgasté, lloré incluso. Desde el primer instante en que salí de mi hogar para entrar a la Facultad de Artes ha sido un dolor indescifrable, quisiera saber porque me auto-saboté, tirando a la basura años de trabajo duro y rechazando la oportunidad de toda una vida. Quizá aquel desliz fue demasiado para mi. No lo sé. Cuando volví con Sasori estaba enojado, muy enojado. Porque sentía que me hicieron pasar y me hicieron sufrir por cosas que yo jamás debí haber pasado. Y todo por la mediocridad de aquella estúpida mujer de color rosa. Pero… ese sufrimiento me hizo ser quien soy, me hizo ser lo que soy ahora y simplemente cerrar todo eso por el capricho idiota de ella es… es una estupidez. Fue toda una estupidez. No entiendo como pude dejar pasar tanto tiempo hundido en la miseria, sintiendo vergüenza por mi mismo, pretendiendo que ya estaba bien y que todo había acabado. Nunca terminó Madara, Jamás, al contrario, yo lo prolongué. Fueron mis estúpidas decisiones lo que me hicieron casi perder de mis más grandes logros, creyendo que estaba bien consigo mismo. Lamento tanto haberte arrastrado a esto. Lamento haberte lastimado por mis caprichos y lamento simplemente irme sin darte una explicación. La merecías y yo te la negué. —
Por primera vez en meses (que el ojiazul sintió que fue más de un año), Deidara se sinceró consigo mismo. Retó realmente a aquello que lo hacía miserable y darse cuenta de que era simplemente un miedo al fracaso resultaba incluso absurdo. ¿Cómo pudo permitir que ese absurdo lo abnegara de ese modo? No lo sabía. Y era vergonzoso encontrar cuanto tiempo había pasado, tanto tiempo perdido. Se encerró en si mismo. No salió de nuevo. No hablo con nadie, no quiso ver a nadie. Rechazó toda oferta de trabajo que le fue ofrecida, sus amigos deseaban verlo y el simplemente no aparecía, se encerró en si mismo, no volvió a salir más y se hizo creer a sí mismo que todo estaba bien. Que sólo… que sólo estaba descansando de todo aquel desastre que resultó por aquella mujer salida del mismo infierno.
Basta de engañarse.
El mundo real lo alcanzó y él debía dejar de escapar.
Sí, fue víctima de una mala persona. Pero victimizarse aun más, era una estupidez.
Vivió lo que tuvo que vivir y debía avanzar.
Por su parte, Madara, quien sólo vestía un pantalón negro terminaba de fumar su cigarrillo. Hábito al que había regresado después de su ruptura con su artista. Jamás dejó de escucharlo ni muchos menos de prestarle atención. Habiendo tirado la colilla, volvió a la cama, lo abrazó con suma compresión para después besar su frente.
—Tenemos batallas que debemos vivir solos. — Respondió simplemente.
Y Deidara se soltó a llorar.
Vivir todo ese proceso sin Madara, fue demasiado. Cometió errores y conocer esa soledad fue más de lo que pudo soportar. Pero volver a él y que fuera recibido era demasiado.
—Yo comprendo si deseas irte sin mí. — Respondió Deidara.
El Uchiha, bastante sorprendido por esa respuesta, se separó de inmediato para verlo detenidamente a los ojos. ¿Qué?
—He sufrido demasiado por ti como para pensar que renunciaría a ti tan fácil. Claro que no acepto eso. Tú vendrás conmigo, así como yo estaré dispuesto de seguirte. Claro que aún el convenio sigue vigente y si quieres llamar ya mismo para reanudarlo, serás bienvenido. —
Deidara, emocionado por aquello, se levantó el mismo de la cama para ponerse un pijama y fue corriendo a tomar el teléfono. Claro que seguiría al Uchiha a donde fuera. Tendió el teléfono de inmediato y en la habitación hizo presencia el presidente de las empresas más importantes en Japón, anunciando que su artista estrella volvería al acuerdo previo.
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El Aeropuerto Internacional de Haneda. 1:36 p. m. 29 de Diciembre.
Lo sabía, había sido culpa suya y no podía levantar ninguna queja al respecto. Madara estaba bastante tranquilo leyendo una simple revista de deportes en la sala de espera. Deidara se encontraba a su lado, cansado, desvelado, bastante intranquilo porque nunca había tomado un vuelo tan largo. Haber pausado su acuerdo con la escuela de artes y de repente retomarla había sido un caos. Recomprar su boleto de avión, reencontrar un vuelo disponible por el tiempo tan breve en que fueron elegidos, esperar que el clima fuera favorable, buscar toda su documentación importante, retomar su equipaje. Ah, ni hablar del punto en que tuvo que volver a casa de Sasori porque sus pertenecías ahora estaban ahí.
¿Cómo pudo lograrlo en tan poco tiempo?
Ni hablar de la temporada alta por vacaciones navideñas.
Malditasea todas sus decisiones. Pero sabía que estaba tomando la mejor y prueba de ello era que estaba Madara a su lado y tomando su mano. Faltaba cerca de 20 minutos para empezar a abordar y su impaciencia fue a segundo plano cuando escuchó
—¡Ey rubia! — Deidara se levantó con sorpresa. Hidan, Kakuzu, Kisame, Itachi, Zetsu, Obito, Rin, Nagato, Yahiko, Konan e incluso Sasori estaban ahí. —¿Crees que simplemente te vas a ir sin despedirte?
Con gran alegría fue abrazar a todos y cada uno de ello, siendo respondido con ánimos para seguir con el viaje y la futura promesa de verse eventualmente. Madara conocía bien el trabajo de cada uno de ellos y su increíble talento, así que un puesto en su empresa fue asegurado por el mismísimo Uchiha en un futuro no muy lejano. Finalmente, llegó a brazos de Sasori, a quien no encontraba palabras exactas para decirle lo que sentía.
—Gracias por todo, Danna. —
—Sabes que mereces ser feliz. —
Hubiera deseado que aquello se prolongara, pero el aviso final de abordaje finalmente podía leerse en la pantalla antes del pasillo. Tomando su maleta de mano, ambos entraron. Increíblemente felices por lo que próximamente acontecía. E increíblemente agradecido con Sasori, sin duda de los mejores hombres que ha conocido en su vida y que más amo alguna vez en su vida.
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Nueva York. 5:27 p.m. 31 de diciembre.
El metro se encontraba aglomerado, sobre todo al encontrarse en las estaciones más frecuentadas de la ciudad. El evento sería en unas horas y se enteró que el puente de Brooklyn estaba prácticamente inhabitable de tantas personas que se quedaron varadas intentando cruzar.
No podía ni imaginar como estaría Times Square en espera de recibir millones de personas para el evento de año nuevo.
Agradeció por un momento el siempre bochornoso ambiente que se formaba en el subsuelo, el clima en el exterior era increíblemente helado. Recordaba que su teléfono celular marcaba cerca de -15 grados bajo cero. El aire estaba congelado, pero sin presencia de nieve ni siquiera neblina densa. Pero era parte del día a día de los neoyorkinos tal descenso de temperatura por lo que las actividades diarias no disminuían en lo absoluto. El vagón marcado con el número "3", entró al andén, una vez que los pasajeros descendieron, volvió a llenarse de personas. Agradeciendo encontrar un asiento vacío se permitió descansar unos minutos, ya que en sus manos tenía una enorme porta láminas y un estuche invadido de acuarelas y oleos.
Madara le brindó transporte personal para su uso exclusivo, pero sabía que no podía depender siempre de aquel hombre. Quería aprender a utilizar el metro de la ciudad de Nueva York y aunque le costó terminar en la isla equivocada o del otro lado de la ciudad en varias ocasiones, disfrutaba inmensamente de aquella ciudad.
Jamás en su vida observó personas de tantas nacionalidades distintas en el mismo espacio. Aún le costaba darse a entender en su idioma natal, pero pronto comenzaría sus clases de idiomas y eso lo tranquilizaba. Su sistema GPS se había convertido su aliado en esos días cuando no estaba con Madara y todavía no podía acostumbrarse a todo el ruido usual de las calles de Manhattan. Cerca de 8 paradas después, llegó a la zona de Greenwich Village, barrio que Deidara describió como "Es el lugar donde pertenezco."
Llegó al bohemio edificio que hacía juego con todo el barrio, hasta el piso donde el Uchiha lo esperaba. Al entrar al departamento, agradeció inmensamente aquel extraño gusto que tenía Madara con las chimeneas, que llameaba desde hace un par de horas brindando calor. Sobresalía el piso de madera y el suave olor a aserrín, el departamento estaba cimentado en un edificio recién construido. Llamaba mucho la atención los enormes ventanales en ciertos ángulos del área, parecía que los neoyorkinos no gustaban de usar muros.
Entró a la sala, poco acostumbrado a no dejar los zapatos en el genkan. Entró al estudio que poco a poco se transformaba en su rincón artístico y creativo, ansioso por ser usado.
Las vistas eran pura arte arquitectónica. Desde los clásico edificios que llevaban años, hasta los nuevos rascacielos, aun cuando el centro de Tokio solía ser también una increíble urbe, aquel escenario tenía un ambiente tan embriagador que parecía aún un sueño encontrarse caminando por las calles. Llegó a la impecable cocina, en espera de servirse un poco de té y permitir que le arrullara el calor de la chimenea.
A su lado descansaba cientos de documentos, del sólo verlo ya podía sentir la tensión. Con vergüenza admitió que no esperaba terminar en la ciudad que nunca duerme, ya se había resignado a una vida lejos del Uchiha, haciéndose miserable él mismo y peor, llevándose a Sasori con él.
Pero agradeció que siempre estuvo rodeado de increíbles amigos y aun cuando él trato de alejarlos, ellos volvieron para recordarle quién era y de lo que era capaz de hacer.
Madara entró a hacerle compañía y dejando la taza en la mesa al lado de él, ocupo sus manos acariciando su rostro para después besarlo.
—Gracias. — Respondió.
—Yo no hice nada. Todo esto es fruto de tu trabajo y esfuerzo. — Respondió el Uchiha.
Deidara se sonroso por aquel cumplido. Era una maravilla cuando le reconocían su trabajo y bastantes personas en esa ciudad lo hacían, así que podía acostumbrarse a los halagos. Sonrió a su pareja y sensualmente dijo.
—¿Sabes…? Nunca he tenido sexo en la ciudad de Nueva York. — Dijo el ojiazul pícaramente, cuando con descaro puso sus manos en el paquete del Uchiha.
—Eres todo un encanto. ¿Lo sabías? —
—Te amo. —
—Yo también te amo, mi adorado artista. —
Dejó unos momentos su ocupada agenda. Ya tendría tiempo para continuar con ella. La casa aún no estaba terminada y las maletas aún no se vaciaban.
No importaba.
Aquello no estaba terminando. Todo lo contrario, comenzaban una nueva etapa romántica y académica. Era abrumador. Demasiado. Pero mientras se tuvieran el uno al otro, no importaba nada más. Y el Uchiha aún seguía sin poder creer que el artista que amó por tanto tiempo ya estaba con él entre sus brazos. Menos podía creer que fue después de que el mismo Sasori reconociera su relación como tal y les deseara felicidad plena. Habían acordado escribirse de vez en cuando, después de todo, llevaban una relación cordial y sobre todo, al ser artistas podían trabajan en un futuro lejano. Madara también agradeció profundamente que tuviera la cortesía de decirle que talla de anillo era su adorado artista.
Fin.
Finally! Ya, ya paso, ya, ya lo deje ir. Tiene errores que muy seguramente deje pasar y ya después me tomaré mi tiempo para corregirlos, ahora no me ha dado tiempo para hacerlo.
Este capítulo fue bastante significativo, no sólo porque es el capitulo final, también porque aqui vacié tantas emociones y sentimientos vividos en todo el año 2018. Desde enero hasta diciembre de ese año, siento que todos esos 365 días han sido vaciados en este capitulo.
El título es precisamente por la cantidad de cosas que están pasando por mi vida ahora y pude sacar a través de este episodio. No sólo fue especial por ser el ultimo, también porque es una carta hacia mi misma y el duro proceso que viví en el ultimo momento de mi carrera. También involucra cuando en octubre del 2018 viaje a Nueva York con toda mi familia, siempre había sido mi sueño conocer esa ciudad y no puedo describir con palabras el momento en que llegamos ahí, ahí también fui con el amor de mi vida y fue algo bellisimo. Esta historia se escribió en el 2011 y siempre estuvo contemplada la ciudad de NY como escenario, nunca espere que cuando describiera la escena en esa ciudad, seria basándome en mis propias experiencias vividas allá.
En general, toda la historia termino siendo un plasma de mi vida, mis emociones, mis sentimientos y también cosas que estuve reprimiendo por mucho tiempo. Y jamás me di cuenta hasta ahora, ¿que clase de psicologa soy?:(
El capitulo flujo demasiado bien, cuando escribí esta carta de mi hacia mi sacando lo que estuve guardando por mucho tiempo, tenia un gran nudo en mi garganta. Después, muchas otras cosas fluyeron. Yo no iba a escribir este lemmon, para nada estaba contemplado pero simplemente surgió y no podía dejarlo pasar. También sentí que descargue lo que sentí cuando vi al amor de mi vida después de meses de no verlo.
Este capítulo es demasiado para mí porque soy yo exponiéndome a todos los que tuvieron su tiempo y dedicación de leerme. Es una carta de amor para ustedes.
Mil gracias por quedarse hasta el final. Muchas gracias por seguir al pendiente de mi aun cuando no daba señales de vida, muchas gracias por sus reviews, sus mensajes maravillosos y sus buenos deseos. Mil gracias por desearme siempre cosas bonitas y leer mis dramas aun cuando no era su obligación hacerme caso.
Gracias por estos años, gracias por este proceso y gracias por ayudarme a sanar.
Espero de verdad que el capitulo compense un poquito el gran agradecimiento que siento por ustedes. Y sobre todo, espero hayan disfrutado muchisimo la historia.
No tengo nada más que decir, simplemente gracias, ya puedo seguir con babysitter y etereo, fics que tambien terminaron en hiatus. Ahí seguire escribiendo mis tonterías(?)
Neilayos: Eres muy considerada! Ais, lamento haberte sacados tus lagrimas!:c Me encanta que percibas a Madara de esa forma, yo tambien siempre lo veo tan caballeroso y poderoso, me alegra saber que puedo plasmarlo de aquella manera. Muchas gracias por tus palabras! Y siii! Puedes escribirme a mi correo para mandarte toda la historia por word, muchas gracias por leerme linda, eres un encanto! Te mando mucho amor y un gran abrazo.
Roms: ¿Qué puedo decir? Lo mismo, hablar contigo es liberador, deberíamos hacerlo más seguido. Gracias por la oportunidad que te diste el dia de hoy! sabes a que me refiero linda, espero todo te salga muy bien! Sii! Ya tenía que terminarlo, ya debía ser terminado esto! Gracias por seguir y te mando un gran abrazo :3
