Nota del autor: ¡Saludos! Quería aclarar que en este nuevo capítulo eh cambiado los signos de los diálogos y los de los pensamientos de los personajes, para que su entendimiento sea más claro. Sólo eso. ¡Disfruten del capítulo!
— (diálogos)
«» (pensamientos)
Destinados por equivocación
Capítulo 25: "El reino de los saiyajín"
Comenzó a sentirse incómoda. Aquel murmullo constante y fuerte la confundía y molestaba. Sintió un malestar en su cuerpo debido a la posición en la que se encontraba. Luego creyó oír lo que parecían pisadas de un caballo junto con aquellos sonidos metálicos tan característicos que hacen las partes de la montura al chocar entre sí. Entre todas aquellas sensaciones, finalmente tuvo fuerza para abrir sus ojos. ¿Qué era aquello que veía?
Chi Chi observó con los ojos a medio abrir, lo que parecía ser un suelo moverse. ¿Un suelo moverse? Definitivamente algo no concordaba.
La peli-negra notó las patas de un caballo que no cesaba su andar. Extrañada y aún sin poder procesar todo en su cerebro, levantó un poco la vista para observar el mar de gente que se movía constantemente. Hombres y mujeres de distintas edades y profesiones, varios niños acompañados de sus madres. Toda una multitud de personas que ella nunca había visto, estaban allí en una actividad constante, concentrados en lo que hacían.
Chi Chi aún estaba un poco confundida, pero enseguida notó que estaba en lo que parecía ser un pueblo o algo por el estilo. No pudo seguir intentando razonar ya que sintió que se detuvo.
—Ah... mi señor Raditz —decía una voz anciana —, parece que ha regresado de su viaje ¿Cómo le ha ido?
«¿Raditz?» en ese momento Chi Chi heló. Levemente giró su cabeza y más arriba (pues yacía boca abajo delante del jinete), pudo ver a ese odioso saiyajín de larga cabellera que parecía estar mirando hacia otro lado. Ahora lo había comprendido. Ella aún permanecía con ese sujeto y lo peor es que recordó su intento de escape. Seguramente él la había dejado inconsciente y ahora ella no tenía la menor idea de nada sobre lo que sucedía.
—¡Hum! Eso no es de tu incumbencia. —dijo seriamente el saiyajín de élite a quien parecía ser un viejo mercader.
—Ah... pero veo que trae a una señorita con usted... —dice al notar a la joven, aparentemente inconsciente sobre el caballo —, y veo que es muy bella ¿Al señor le interesaría negociar? —preguntó pícaramente.
Al oír esto, la peli-negra se puso tensa. Lo mejor era fingir permanecer inconsciente, mientras intentaba comprender lo que sucedía, y esperaba que ellos no se dieran cuenta.
—¿Negociar?— Raditz levantó una ceja.
—Si, señor. Este mes tengo muy buena mercadería en la que seguramente un soldado de élite como usted, estará interesado. Ha resultado muy difícil, pero gracias a mis contactos he logrado conseguirlas... —el anciano se acercó más a Raditz y le susurró —. Son las nuevas armas provenientes del caído reino Tsufuru.
—¿El reino Tsufuru, has dicho? ¿Te refieres a esas espadas casi indestructibles? —preguntó interesado.
—Si, mi señor. Y eso no es todo. En mi tienda tengo un ejemplar único. Es una espada muy resistente que al parecer, perteneció a un tsufuru de un alto rango. Sin duda es digna de Usted.
—¿Qué es lo que quieres a cambio? —le preguntó sin rodeos.
—Como sabe, mi señor, he estado reclutando a las mujeres más bellas de los reinos para que presten sus servicios a los hombres. Es un negocio que deja muchas ganancias. Bueno, usted lo sabe bien, mis niñas le han prestado sus servicios en más de una ocasión je-je. En estos momentos, estoy muy interesado sobretodo en muchachas como la que acompaña a mi señor. Mujeres de esas características, últimamente han sido muy pedidas por los hombres saiyajíns. Hoy en día, en este mercado, cada vez es más difícil encontrar jóvenes hermosas a un precio razonable.
—No —le respondió —Fija otro precio.
—Pero mi señor, alguien como usted puede conseguirse a la joven que desee, no le resultará difícil encontrar a otra con sus características. Pero para un anciano como yo, prácticamente no hay esperanzas dentro de este negocio. Cada vez es más complicado reclutarlas, cada vez ponen mayor resistencia. Además, se lo estoy dejando a un muy buen precio. Esa joven y simple mujer a cambio de una espada muy resistente y famosa.
—¡Hum! Viejo, no tienes idea de quién es esta mujer. Ninguna espada que me ofrezcas se le equiparará en valor.
—¿Posee incluso más valor que una espada forjada por un tsufuro? Me ha dejado intrigado ¿Quién es esta mujer que tanto valor parece poseer? —preguntó el anciano con curiosidad.
—Eso no te incumbe, viejo.
—Si mi señor me revelara la identidad de la joven, quizás podría ofrecerle algo que esté a la altura de su valor.
—Ya te lo he dicho, no tienes nada que pueda equipararse a esta mujer. —dijo el hermano mayor de Goku cuando ya se disponía a continuar su camino.
—¿Ya le he dicho que esa espada de la que le hablo, fue forjada por nada más ni nada menos que el herrero tsufuru Raichi.
Raditz se paró en seco y volteó su cabeza para mirar al anciano.
—¿Raichi? ¿Es cierto eso? —preguntó sorprendido.
—Si, mi señor. —el viejo mercader esbozó una sonrisa al ver que había captado la atención del soldado de élite.
—Dime, viejo ¿Acaso... acaso es...?
—Hatchhyack, la famosa espada forjada por el odio hacia los saiyajíns. —dijo el anciano terminando la oración de Raditz.
El saiyajín de la larga cabellera estaba más que sorprendido. ¿El viejo tenía en su poder a la famosa espada? ¿Cómo rayos la consiguió?. Pronto fue sacado de sus pensamientos por la voz del anciano.
—Entonces, mi señor ¿Está interesado en obtenerla?
—Debo decir que has llamado mi atención, anciano. —le dijo seriamente, intentando ocultar su asombro.
El mercader sonrió.
—Bien, mi señor, pero sin ofender... ahora soy yo el que siente que está en desventaja haciendo este trato. Como verá, la espada es de gran valor y muy codiciada por los guerreros, pero... ¿Cree que esa mujer esté a la altura de su valor?
—¡Hum! Anciano, esta mujer que ves es nada menos que la princesa del reino de Flypa. Es una prisionera de guerra y un punto clave para ganar esta nueva guerra en la que hemos entrado. ¿Tienes idea de cómo te recompensaría el rey Vegeta si se la entregas? —luego sonrió —. Además... nadie ha dicho que debes entregársela ilesa.
A estas alturas Chi Chi estaba en el pánico total. Debido a que ambos hombres hablaban con una voz muy baja para que el resto de las personas no los escucharan, no podía entender del todo su conversación. Pero había entendido gran parte ¡Los hombres estaban negociando con ella! ¿Cómo podía ser que tuviese tanta mala suerte? Estaba aterrada ¿Qué sería de ella, ahora? Lo peor es que parecía que de una forma u otra terminaría en manos del rey Vegeta.
El anciano abrió los ojos sorprendido.
—¿Esa mujer es la princesa de uno de los reinos más importantes? Ahora entiendo el por qué no quería negociar por una simple espada tsufuru, aunque éstas fueran escasas. —luego esbozó una sonrisa. —. De acuerdo, me parece un trato justo.
Ante lo dicho, Raditz entrecerró los ojos con desconfianza. ¿El viejo había accedido a intercambiar la espada más famosa sólo por una princesa? Era cierto que si esa mujer, era en verdad, la princesa del reino de Flypa, el rey Vegeta desearía tenerla en sus manos para realizar una interesante estrategia. Pero no había forma de que el viejo comprobara si ella era o no la verdadera princesa. Ni siquiera él estaba seguro de eso. Pero lo más sospechoso de todo, es que él estaba seguro que esa espada valía mucho más que la mujer que yacía inconsciente. Y estaba seguro que el viejo también lo sabía.
«Ese viejo planea algo. Maldita sabandija ¿Querer engañarme a mí? Se arrepentirá de siquiera haberlo pensado.» Meditaba el soldado de élite «Lo más probable es que esa susodicha espada que dice poseer sea falsa. Aún así, no tengo de qué preocuparme. Seguiré al viejo a donde esconde el arma y comprobaré si es o no la verdadera. De ser falsa, lo asesinaré. Si es la auténtica... también lo asesinaré jaja. Tendré en mi poder tanto a la princesa como a la poderosa Hatchhyack.»pensaba mientras reía para sus adentros.
—Bien... te sigo, viejo. Llévame hasta la espada. —dijo el saiyajín al servicio del rey.
El viejo mercader asintió y comenzó a caminar hacia alguna dirección entre la multitud, mientras Raditz lo seguía montado en el caballo junto a Chi Chi.
«Oh, no, oh, no, oh, no... por favor, no...» se repetía mentalmente la peli-negra, aún fingiendo estar inconsciente.
—¡TEN CUIDADO MUCHACHO TONTO! ¡CASI NOS VAMOS POR EL ABISMO!— le regaña el anciano Roshi a su discípulo, al notar que estuvieron a escasos centímetros de ser arrastrados junto con aquella enorme roca.
—Lo siento maestro Roshi, pero... —decía Goku concentrándose y esforzándose con las riendas para guiar al caballo, lo cual era casi imposible en aquel terreno. —, es muy difícil.
—¡Pues mejor que lo hagas bien o no quedará ni rastros de nosotros! —decía mientras se tambaleaban con caballo y todo, sobre terreno peligroso.
—Ya-Ya lo estoy intentando. —contestaba con esfuerzo el saiyajín más joven.
—¿¡Intentando!? ¿¡A eso le llamas intentar!? ¡Lo que te falta es más entrenamiento bajo mi supervisión! Cuando lleguemos te tendré un entrenamiento especial para tí. Haz estado muy perezoso ultimamente. Todo es culpa de Gohan, él siempre te malcrió.
—Je-je no diga eso, maestro. Mi abuelito también era un poco severo conmigo.
—¡Severidad es lo que aprenderás con mi nuevo entrenamiento! —dijo Roshi con energía para luego usar un tono nostálgico—. Pareciera que fuera ayer cuando me pediste que te entrenara como a Gohan.
—Se lo agradezco maestro. —dijo Goku con una sonrisa en su rostro.
Roshi sólo lo observó por un momento, recordando al niño al que había entrenado. El mismo que había robado el corazón de tantas personas con su encantadora y rara personalidad, incluído el suyo. Luego, volvió al presente.
—No creas que así te salvarás de mi entrenamiento. — dijo el anciano, haciendo que Goku se pusiera nervioso y con cara de susto.
A pesar de que no lo recordara, tenía el presentimiento de que aquel entrenamiento que le había dado el maestro Roshi, había sido bastante duro.
—¡Tus amigos tampoco se salvarán! Necesitan escarmiento. Sobretodo N°18 ¡Muchacha loca! ¿Cómo se le ocurre enseñarte este camino? —decía el anciano, cuando de pronto divisó algo—. ¿Eh? Pero si es...
—El reino saiyajín. —completó la frase, Goku, haciendo que el caballo detuviese su andar.
El joven saiyajín lo observaba detenidamente. Allá, no tan lejos, podían verse las intimidantes murallas, la gran y pesada puerta, las banderas flameantes del reino... Todo aquello que estaba viendo y sintiendo se le hizo tan familiar... como si ya hubiese estado antes allí, parado en ese mismo lugar, observando aquel reino en donde había nacido y pasado gran parte de su vida.
—Estamos cerca... —dijo en voz baja, Goku. «¡Resiste un poco más, Chi Chi!» pidió mentalmente al mismo tiempo que azotaba de nuevo las riendas.
—¡Maldita sea!— dijo el príncipe de los saiyajíns mientras guiaba al caballo hacia distintos lados para evitar que las flechas les dieran de lleno.
Bulma sólo se limitaba a sujetarse lo más fuerte posible del jinete.
—¡Vegeta! ¡A-A la izquierda!
El saiyajín obedeció a la peli-azul y guió su caballo hacia la izquierda evitando así unas nuevas flechas que se dirigían hacia ellos.
—¡A-A la derecha!¡Izquierda!¡Derecha!— continuó la princesa un poco alterada pero a la vez sintiéndose compenetrada con el saiyajín puesto que sin explicarle, éste entendía a la perfección a qué ella se refería.
El ataque era constante, pero para suerte de la pareja, hasta el momento habían logrado evitar eficazmente el ser alcanzados por alguno de esos objetos amenazantes.
Mientras seguían aquel camino, éste comenzó a mostrar un follaje más espeso. Ambos tuvieron que agacharse un poco para no ser alcanzados por alguna rama. Entonces notaron como las flechas dejaron de caer a su alrededor, iban disminuyendo hasta que finalmente cesaron por completo. Sin embardo, el caballo no dejó de cabalgar.
—Parece... que ya no nos atacan. —dijo la peli-azul notando el cese de la emboscada.
—No te confíes. Esto no ha acabado. —respondió el príncipe de los saiyajín observando detenidamente hacia todos lados.
—¿¡Cómo!? ¿¡Estás seguro!? ¿Pero... pero quiénes eran los que nos atacaban? ¿Qué es lo que quieren, Vegeta?
—¡Shh! ¡Silencio! —dijo el saiyajín, deteniendo la cabalgata y agudizando su oído.
Estudiaba el lugar detenidamente y con suma cautela. «¿¡Dónde están!? Estoy seguro que lo escuché. ¡Maldición! Ya estamos en tierra saiyajín, por lo que dos candidatos se me vienen a la mente. O la guardia real de mi padre ya dio conmigo, o han sido...» pensaba Vegeta cuando de pronto, fue interrumpido de sus pensamientos por un ruido cercano que provenía de los árboles.
—¡Hiá! —gritó azotando las riendas al instante, para ir en dirección opuesta de donde provenía el sonido.
Bulma sólo se sujetó lo más fuerte que pudo de él. Parecía que la persecución había continuado. Entonces ambos notaron que el follaje comenzó a moverse en la misma dirección que ellos. Había alguien que ocultos seguían su andar.
—¡Ahhrrg! — gritó Vegeta adolorido al sentir un terrible dolor en su hombro, cerca de su omóplato.
—¡Vegeta! —exclamó la princesa al ver la flecha clavada en el cuerpo del saiyajín. Pronto su uniforme estaba notablemente manchado con sangre.
—Grr Esto... ¡Esto no es nada! ¡Ni creas que este simple ataque servirá para derrotarme, miserable sabandija! —gritó fuertemente el príncipe mientras con su mano opuesta partía una parte de la flecha y la arrojaba.
—Ve... Vegeta... —susurró impresionada Bulma, ante tal acto de valentía y testarudez.
Pero entonces, alguien salió de entre el follaje y con la velocidad y peso de su cuerpo, derribó a la peli-azul cayendo ambos al suelo. La princesa no tuvo ni siquiera tiempo para gritar. Sólo sintió un gran peso sobre ella que la arrastró hacia el suelo.
Vegeta notó rápidamente lo que había sucedido y mirando hacia atrás para comprobar el estado de la mujer, paró el caballo de un tirón. Pero tal fue su distracción que no notó el nuevo derribe, ahora sobre él. Cuando quiso entender la situación, notó el suelo en su espalda y sobre él a una mujer rubia que tensaba un arco, apoyando la punta de una flecha amenazadoramente en su cuello.
—Zorra... Con que eras tú. Debí suponerlo. —dijo el príncipe de los saiyajín mientras esbozaba una media sonrisa.
—No veo el por qué de tu maldita sonrisa, Vegeta. Hoy te ha llegado el día, asqueroso príncipe. —contestó la mujer saiyajín, entrecerrando los ojos con odio.
—¡Jajajaja! ¿Que me ha llegado el día, dices? No me hagas reír. Una basura como tú no es rival para mí.
—¡Maldito! ¡Voy a vengarme por todo lo que has hecho! —gritó la rubia clavando aún más la punta de la flecha en la garganta del hombre debajo de ella.
Su sed de venganza era insaciable. ¡Quería eliminarlo a como de lugar! Tanto tiempo y al fin tenía a uno de sus más grandes enemigos donde lo quería. Sólo debía hacer un movimiento y todo se habría acabado para ese malnacido. Pero no comprendía el por qué de su nerviosismo. ¿Por qué tenía aquella sensación de inseguridad? Sólo debía relajar su brazo y el arma haría todo por ella. De pronto se sorprendió y sintió hervirle la sangre al notar una sonrisa de seguridad y confianza por parte de su oponente. La miraba victorioso y con desprecio.
—¿Acaso estás temblando? —preguntó divertido, Vegeta.
—¡N°18!
Una voz familiar la sacó por un instante de su conversación y pensamientos.
—¡N°18! Tenemos a la mujer. —dijo en tono serio una voz femenina.
N°18 desvió sus ojos hacia la persona que la llamaba. Pudo ver como una mujer de cabello rubio y enrulado tenía inmovilizada a la nueva rehén. En ese mismo momento, comenzaron a aparecer de entre los árboles un número reducido de hombres y mujeres que parecían estar aliados con ambas mujeres saiyajín. Casi todos estaban armados con arcos y flechas.
Fue sólo un segundo, sólo un instante de distracción por parte de ella, para que su oponente aprovechara la situación. En un rápido movimiento y de un fuerte golpe, Vegeta empujó el arco hacia un lago, haciendo que N°18 disparara la flecha y ésta se clavara en algún lugar lejano. Se abalanzó sobre la saiyajín tomándola fuertemente del cuello, casi asfixiándola. Ante tal acto, todas las demás personas presentes apuntaron al príncipe para eliminarlo, pero éste fue más rápido y desenvainando su espada, la colocó en el cuello de la mujer.
—¡Un movimiento y su líder muere! —dijo Vegeta con voz de mando.
Todos los guerreros se quedaron petrificados, esperando alguna orden por parte de sus superiores.
—¡Maldito! —gritó furiosa la mujer que tenía capturada a Bulma—. ¡Déjala ir!
—¡Cierra esa boca, mujer! No me hagas deshacerme de esta basura tan rápido. —contestó el príncipe mientras se levantaba del suelo, pasando un brazo por alrededor del cuello de su rehén y apuntaba su espada al mismo. De esta forma, tenía inmovilizada a la mujer al mismo tiempo que la usaba de escudo.
—Eres un maldito... —dijo N°18 mirando de soslayo a Vegeta.
El príncipe sólo se limitó a reír ante la situación. Luego, miró seriamente a Bulma, la cual tenía una cara de susto y confusión.
—Libérala. —ordenó seriamente mirando de forma intimidante a quien había capturado a la princesa.
—¡NO! ¡NI SE TE OCURRA HACERLO, LUNCH! —ordenó N°18.
—¡CIERRA LA BOCA O TE MUERES! —dijo el príncipe haciendo presión con su brazo, casi ahogando a su rehén.
—¡N°18°! —llamó preocupada su amiga y compañera.
—No... lo... hagas... —pidió la rubia con gran esfuerzo por la presión en su cuello.
La mujer llamada Lunch analizó la situación por un momento, intentando encontrar una solución. Luego puso cara de resignación.
—Debo hacerlo.
—¡No! —gritó 18 y a continuación, con todas sus fuerzas le dio un codazo en el estómago a Vegeta.
—¡Ahg! —se quejó el saiyajín quedándose sin aire, pero rápidamente se repuso. Por un segundo había aflojado el agarre y la mujer casi se le escapa, pero sus reflejos fueron más rápidos y volvió a capturarla con brusquedad —. Maldita zorra. Quieres morir ¿Verdad?
—¡NO LO HAGAS, LUNCH! ¡DISPAREN! ¡NO IMPORTA LO QUE SUCEDA CONMIGO! ¡DEBEN ASESINARLO! ¡LO PROMETIMOS POR LA CAUSA! ¡MI VIDA NO TIENE IMPORTANCIA! —exigió rápidamente la saiyajín a sus colegas, cuando volvió a ser capturada.
Los demás saiyajíns estaban a punto de obedecer pero una nueva orden los detuvo.
—¡DETÉNGANSE! ¡NO DISPAREN! —ordenó Lunch a sus camaradas.
—¿¡Qué... Qué estás haciendo, Lunch!? —preguntó la rehén rubia.
—N°18, no puedo hacerlo... se... se lo prometí a Krilyn. —contestó seriamente su colega.
La rehén rubia la miró sorprendida al mismo tiempo que un leve brillo apareció en sus ojos.
—No... ¡No seas tonta! ¡Debes hacerlo! — volvió a exigir.
—¡Ya déjense de estupideces! —dijo Vegeta, ya harto de tanta palabrería— ¡Tú! ¡Libera a la rehén!—ordenó a Lunch.
La mujer rubia liberó a Bulma y ésta muy confundida la observó por unos instantes. Luego, rápidamente se fue junto a Vegeta.
—Así me gusta. Ahora me llevaré a esta mujer y ni se les ocurra seguirnos. Bastará sólo un leve presentimiento para asesinarla. —dijo el príncipe de los saiyajíns mientras retrocía con ambas mujeres, sin dejar de observar a los revolucionarios que tenía enfrente.
Bulma estaba muy perturbada. No sabía quiénes eran esas personas, pero dedujo que eran viejos enemigos del príncipe, pues parecían conocerse. Por un momento, se preguntó si debería haber traicionado a Vegeta y ayudado a esas personas. Después de todo, él la había raptado y siempre amenazaba con asesinarla. Incluso, lo más probable era que cuando llegasen a destino y encontrara a Goku, la eliminaría sin compasión alguna. Pero tampoco podía sacar conclusiones apresuradas. No tenía ninguna garantía de que esas personas que anteriormente los habían emboscado fuesen a ayudarla. Además... no sabía por qué, pero había algo en ese hombre que la atraía como ninguno. Era cierto que muchas veces le temía, pero también eran muchas veces en las que él había demostrado aunque sea una pizca de preocupación por ella. Aunque claro, seguramente era para no quedarse sin guía. Con estos pensamientos en su mente, seguía al príncipe sin saber qué ocurriría a continuación.
No había pasado mucho tiempo, sólo algunos minutos, cuando el caballo se detuvo nuevamente. Ambos hombres miraron hacia ambos lados para cerciorarse que nadie los siguiera o viese. A continuación, entraron por una especie de callejón el cuál estaba desierto.
—Está dentro de mi tienda. Le aconsejo que me acompañe pues no queremos hacer pública su aparición ¿verdad? —habló el anciano.
Raditz asintió y se apeó del caballo. Sabía perfectamente que nadie sería tan estúpido como para robar el pura sangre de un soldado de élite. Pero sabía que si la princesa despertaba, era muy probable que huyera. Así que tomó a la mujer supuestamente inconsciente y la cargó sobre su hombro. A continuación, entró a la tienda por esa entrada poco usual, junto con el mercader.
—Espéreme un momento. —dijo el viejo, cuando bajó unas escaleras hacia un lugar oscuro.
Raditz inspeccionaba el sitio. Si, él ya había estado allí en situaciones anteriores. De vez en cuando el anciano tenía buena y exótica mercadería, pero nunca objetos de semejante valor. Analizó la posibilidad de que hubiese hecho un buen negocio y realmente tuviera la verdadera espada.
—Aquí está. —escuchó, cuando el viejo había regresado con un objeto que estaba envuelto en una tela un poco sucia.
Con curiosidad, el soldado se acercó para inspeccionar la espada.
—Mírela bien, mi señor. Una belleza que sólo pocos han tenido el privilegio de ver. —dijo el mercader mientras quitaba la tela dejando ver una increíble espada.
Raditz tomó la espada con su mano libre, pues con la otra cargaba a la princesa. La observó cuidadosamente. Era un arma increíble. Los detalles que poseía eran exquisitos. El doble filo parecía poder cortar cualquier cosa que se le atravesase. Pero había algo en su empuñadura...
El soldado sonrió.
—Es falsa.
—¿Cómo dice? —preguntó sorprendido el anciano.
—Con que pasándote de listo ¿verdad, viejo? —decía Raditz con la réplica de la espada en su mano, mientras se acercaba amenazadoramente al mercader.
—N-No s-señor. Es auténtica ¡Lo juro! —dijo con una voz temblorosa mientras retrocedía, intentando alejarse del soldado. «¡Ma-maldición! ¿C-Cómo pudo haberse dado cuenta? ¡Era una réplica exacta!¡Nunca nadie se había dado cuenta antes!» pensaba el mercader. Pero al ver que el soldado cada vez se acercaba más, sintió el miedo recorrer su cuerpo. De pronto, tomó una de las tantas armas que tenía en el lugar destinadas a venderse, y se puso en una posición de combate.
Raditz lo miró divertido.
—¿Hu? Jajaja te arrepentirás de haberme desafiado, viejo.
A continuación lanzó un ataque hacia su oponente. El anciano lo bloqueó con su espada, pero su defensa era muy débil y la fuerza del soldado de élite era demasiado fuerte para él. El mercader cayó al piso mientras que su espada caía en un lugar lejos de él. Comenzó a temblar tras estar seguro que su muerte estaba pronta.
—L-Lo siento, mi señor. F-Fue una estupidez de mi pa-parte. ¡Pu-Puede llevarse lo que quiera! ¡Es gratis! ¡Por favor! ¡No volverá a suceder! ¡Lo juro! —suplicaba temblando el anciano.
—Eso tenlo por seguro. —dijo Raditz mientras levantó la espada para dar el golpe final.
—¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! —gritó fuertemente Chi Chi, mientras se movía ferozmente sobre el hombro del saiyajín, sorprendiendo al mismo. Ya no soportaba más muertes ni peleas, ni violencia. Quería que esa horrible pesadilla se terminase de una vez.
En uno de esos rápidos movimientos, la princesa sin querer le dio un fuerte codazo en la cabeza a su raptor, dejándolo aturdido. Lo que provocó el afloje del agarre a la peli-negra, haciendo que esta quedase libre.
A penas se sintió liberada, instintivamente Chi Chi salió del lugar corriendo lo más rápido que pudo. Atravesó la entrada y salió velozmente de ese callejón. Enseguida se topó con el mar de personas que había visto anteriormente. Corría lo más rápido que podía, aunque ya entre la multitud era casi imposible. Nunca volteó hacia atrás por temor a que si lo hiciera, vería nuevamente a ese horrible hombre. No sabía dónde estaba, no sabía quiénes eran esas personas, no sabía a dónde iba. Pero tenía muy en claro que quería alejarse lo más rápido posible.
Continuó corriendo, abriéndose paso entre la multitud. Estaba muy acalorada. El sol era demasiado fuerte y el estar sumergida entre tantas personas comenzó a sofocarla. No se sentía bien. Fue disminuyendo la velocidad pero aún así siguió hacia adelante. De vez en cuando, la gente la empujaba para abrirse su propio camino. Era todo muy confuso... tantos rostros, tanto movimiento... comenzó a sentirse mareada. Entonces de repente lo vio. Justo en frente de ella, a lo lejos. ¡Era él! Chi Chi comenzó a sentir su corazón latir aún más rápido. Así, cansada como estaba, volvió a aumentar la velocidad. Intentó abrirse paso lo más rápido que pudo. Su respiración era muy agitada pero continuó adelante. Por un segundo lo perdió de vista y se desesperó, pero volvió a ubicarlo. Ya estaba cerca...
«Sólo un poco más...» pensaba agotada la peli-negra.
Podía sentir su rostro sonrojado por el calor. Pero no le dio importancia. Él estaba ahí, a sólo unos pasos. Lo había logrado. Corrió rápidamente con todas las energías que le quedaban y lo abrazó con fuerza mientras enterraba su rostro en su pecho.
Ante tal acto, el saiyajín masculino levantó una ceja.
—Has... has venido por mí... —decía agitada, con los ojos cerrados y una sonrisa de felicidad en su rostro. Luego abrió sus bellos ojos negros y lo miró emocionada directamente a los ojos.—. Te amo... Goku. —terminó de decir cuando sintió que todas sus energías se esfumaban, provocando que se desmayara.
Rápidamente, el saiyajín la tomó en sus brazos para evitar que cayera. Notó que la mujer no estaba del todo bien, parecía tener fiebre y signos de agotamiento. Lo mejor era alejarla de ese lugar. A continuación, la cargó en sus brazos y se alejó de toda esa gente.
No sabía quién era esa mujer, pero era evidente que lo había confundido con su hijo.
Continuará...
Capítulo 25. Tras los horribles momentos vividos junto a aquel malvado hombre, Chi Chi finalmente logra escapar. Inesperadamente se cruza con alguien a quien, sin saberlo, ella desconoce ¿Qué sucederá ahora? ¿Cómo reaccionará la princesa de Flypa al saber la identidad de aquel a quien cree su prometido?. Por otro lado, Goku finalmente ha divisado el reino saiyajín ¿Podrá encontrarse con Chi Chi? ¿O sus enemigos lo encontrarán antes?. ¿Y qué sucederá con el príncipe saiyajín, Bulma y su nueva rehén?. Para averiguarlo, no se pierdan el próximo episodio.
Capítulo 26. Reencuentros en el reino.
¡Hola a todos! Finalmente he subido el capítulo 25, y en un par de semanas subiré el 26. ¿Qué les ha parecido? Por favor, no olviden comentar pues me interesa mucho su opinión. No se preocupen, en el próximo capítulo, finalmente Goku y Chi Chi se reencontrarán. Sé que seguro lo estaban esperando, así que ya se los adelanto ¿Cómo será ese reencuentro? pues para eso deberán de esperar hasta el capítulo 26. En fin, no les robo más su tiempo.
¡Saludos!
GokuxMilk
