Ep. 25:
Ino permaneció en su cuarto durante los tres días siguientes meditando profundamente, aunque para toda la familia ella estaba indispuesta, pero tanta cavilación era demasiado para una persona con una naturaleza tan exuberante. Ella había cometido un error, no era el fin del mundo... al menos, por el momento. Y el destino no podía ser tan cruel como para hacer hincapié en la única y clara evidencia que demostraba su pecado. Ino creía en eso de todo corazón, pero esperaría a tener pruebas contundentes antes de festejar.
Mientras tanto, siguió adelante con su rutina diaria, con una importante salvedad. Dejó de cabalgar por un tiempo o de hacer todo lo que pudiera obligarla a ir al establo por cualquier motivo. Por supuesto que eso la mantenía prisionera en su casa y era algo que tampoco podía digerir.
Finalmente, empacó algunas cosas en un baúl y fue a pasar una larga temporada en casa de Sakura, poniendo a su padre la excusa de que ambas debían planear innumerables detalles para su próximo viaje a Kiri y que podrían hacerlo mejor si estaban juntas... cosa que no era nada del otro mundo para el caso. A lo largo de los años, con mucha frecuencia se habían quedado una en casa de la otra, de modo que la actitud de Ino no daría lugar a comentario alguno ni tampoco implicaría que estaba huyendo de algo. Sólo un arrogante criador de caballos podía llevarse esa impresión, pero a ella le importaba un rábano lo que él pensara.
Por lo menos, hasta que Gaara se presentó en casa de Sakura al tercer día de su estancia y solicitó hablar con ella. Aparentemente, su ausencia del establo no le había perturbado siempre y cuando se quedara en su casa y estuviera accesible, pero ahora que ella se había marchado de allí él tenía algo que decir.
Por supuesto que Ino se negó a atenderle. Y él se fue (¿qué otra cosa podía hacer?) sin dejar mensaje alguno, lo que indicó que no querría nada serio. Pero al día siguiente volvió, y también lo hizo el siguiente, y el otro, de modo que la joven Yamanaka tuvo que concluir lo contrario. Ese hombre no se daría por vencido hasta que dijera lo que tenía que decir, pero ella era muy obstinada. No iba a escucharle.
El problema era que esa nueva guerra silenciosa que estaban librando no podía pelearse en privado. Los sirvientes de los Haruno empezaban a cuchichear. La propia Sakura se moría de curiosidad y el mayordomo, en calidad de hombre, comenzaba a tomar partido en el asunto y a dirigirle a Ino miradas de reprobación.
Claro que la muchacha podía soportar bien la situación. La obstinación tenía sus ventajas y ella tenía para derrochar. Lo que le resultaba muy difícil de controlar eran sus propias necesidades, y a pesar de lo que había pasado, irónicamente echaba de menos a Gaara. Añoraba las peleas con él, el solamente poder verle, que por más furiosa que estuviera con él siempre le resultaba placentero.
De todas maneras, se negaba en rotundo a recibirle en casa de su mejor amiga. Y tampoco regresaría a su casa, pues allí él tendría libre acceso para buscarla por todas partes hasta que Ino pudiera decirle, con toda sinceridad, que no tenía nada de qué preocuparse, que no habría ningún resultado indeseado de la indiscreción que ambos habían cometido.
Ni siquiera le culpaba por lo sucedido, más bien culpaba a su propia curiosidad. Culpaba a su cuerpo por gozar en demasía de lo que el Ichibi le hacía. Y culpaba también a esa parte de su cuerpo que había insistido en que él le enseñara a besar, aun a pesar de que el sentido común le había aconsejado lo contrario desde un principio.
- ¿Alguna vez vas a contarme por qué estás tan rabiosa con él? - le preguntó Sakura un día durante el almuerzo, después de que Ino había dado la orden, por novena vez, de comunicarle a Gaara que no podía atenderle.
- ¿Parezco rabiosa?
- Bueno, no... pero debes estarlo. De lo contrario, ¿por qué te niegas a recibirle?
Ino trató de restarle importancia a la cuestión.
- Tú me aconsejaste que me mantuviera lejos de él, ¿recuerdas?
- ¿Y desde cuando sigues mis consejos al pie de la letra? - contrapuso la pelirosa - Anda, vamos, ¿por qué estás escondiéndote aquí?
- No me estoy escondiendo.
- Estás hablando con tu mejor amiga.
Ino suspiró. Se asombraba de que Sakura hubiera mantenido la boca cerrada durante tanto tiempo, pero por lo menos podía elegir dos vergonzosas experiencias para una confesión, y la primera ya no era tan importante como la segunda.
- Ese hombre cree que es mi padre.
- Oh, vamos - se quejó la joven Haruno - Su interés por ti no puede ser paternal.
- En este caso sí lo es - insistió Ino - Sostiene que yo necesito un guardián y ha reafirmado ese concepto asumiendo un rol autoritario, tomando medidas disciplinarias. Él... él...
- ¿Él qué? - la presionó Sakura con impaciencia.
Ino clavó la mirada en su plato. Sentía que las mejillas le ardían.
- Me pegó en el trasero.
- ¿Que hizo qué?
- Me puso sobre sus rodillas y...
- ¡Ya sé cómo se hace! Pero él es... es sólo un... ¿cómo se atrevió?
- Muy fácil. Gaara no se comporta como debiera, jamás lo hizo. El hecho es que no tiene un ápice de sirviente... supongo que es una de las razones que lo hacen tan fascinante. Simplemente, no cuadra en el orden natural de las cosas. Es un criado pero no acepta órdenes, no se le puede despedir y tiene más arrogancia que diez nobles juntos.
- ¿Estás excusándole?
La rubia alzó la vista y comprobó que el estado de sorpresa de Sakura iba in crescendo.
- Claro que no – le aseguró a su amiga, y luego se encogió de hombros - Pero me preguntaste cómo se atrevía. Así se atreve.
- Entonces debe de haberse sorprendido bastante cuando le despidieron a pesar de aquella ridícula cláusula en el contrato de venta del caballo - dijo Sakura, llegando a conclusión equivocada - ¿Por eso está tratando de verte? ¿Para implorarte que le perdones y recuperar así su trabajo?
Esa idea tan descabellada la hizo reír a carcajadas.
- ¿Gaara implorar? No sabría cómo hacerlo.
- No pensará que puede obligarte a restituirle en el cargo, ¿verdad?
Ino sintió que ya no podía dejar de admitirlo.
- Él no fue...
Afortunadamente, en ese momento se salvó porque el mayordomo de los Haruno golpeó y abrió las puertas dobles para anunciar con tono ofendido:
- Ha vuelto, Ino-sama. Y dice que esta vez no se irá hasta que usted le atienda.
Sakura se puso de inmediato de pie.
- ¡Pero por todos los...! Yo me encargaré de esto.
La Yamanaka también se puso de pie.
- No, espera...
Pero Sakura ya había salido, e Ino pudo escucharla acosando al pelirrojo en el vestíbulo.
- Su audacia es sorprendente, Ichibi-san. Se atreve a presentarse aquí después de lo que hizo, que está fuera de toda comprensión. Y aunque Ino hubiera aceptado recibirle, yo no habría estado de acuerdo. De modo que váyase ya mismo y no vuelva... aguarde un mom... ¡usted no puede...!
Ino se preparó. Esperaba ver a Gaara entrar en el comedor, cosa que hizo, y no se detuvo hasta llegar a su lado. Aunque era una situación que había deseado evitar, sus sentidos se deleitaron al verlo.
- ¿Le contaste?
- No le conté eso - le respondió en un murmullo furioso - Sólo lo otro.
- ¿Qué otro?
- Que me pegaste en el... trasero.
- Ah - dijo él aliviado, la furia desapareciendo de su expresión para dar paso a una auténtica preocupación - ¿Estás bien, Ino?
- Seguro - contestó ella con sarcasmo, bastante incómoda.
- Tenemos que hablar.
- No.
- No puedes esquivarme toda la vida.
Gaara dijo eso con tanta confianza que la obstinación de Ino resurgió con toda intensidad.
- En realidad, sí puedo. Hasta que esté casada... con otra persona.
Esa contestación no fue del agrado de Gaara. De hecho, le puso tan furioso que la chica se estremeció al ver su reacción, pero él no contestó. Sólo salió del comedor, aunque gruñó en dirección a la tiesa figura de Sakura que estaba de pie junto a la puerta.
- Se lo merecía.
- Bueno, ¡si no lo veo no lo creo! - dijo Sakura por lo bajo y dio un portazo detrás de él - ¿Es ése el comportamiento que tuviste que soportar? Debieron haberle despedido mucho antes, por más cláusulas que hubiera en ese contrato.
Ino se sentó. Sentía una especie de depresión que le daba ganas de llorar. En tono cansino, comentó:
- No le despidieron.
- ¡No puedes decírmelo en serio! ¿En qué piensa tu padre?
- Él no sabe ni una sola palabra de todo esto. No le dije nada.
- ¡Pero Ino! ¿En qué estás pensando tú? Si ésa no fue razón suficiente para despedirle y algo peor...
- ¿Aunque me lo mereciera?
- Sí, aunque te lo merecieras. No le cabía a él enmendarte... ¿de veras lo merecías?
- En parte sí, pero ya te dije que se preocupa más de la cuenta por mí, y esa noche se puso más furioso que de costumbre por el peligro que corría.
- ¿Esa noche? ¿Sucedió la noche en que le seguiste?
- La misma.
- ¿Y lo mantuviste en secreto cuando me contaste la historia? - le reprochó Sakura.
Ino se sentía cada vez peor, y por último cedió ante su necesidad de ponerse a llorar.
- Tampoco quería mencionarlo - dijo muy triste - No me sentí demasiado orgullosa de recibir el trato que se le da a una niña.
- Oh, Ino, no - dijo Sakura afligida - Yo no me hubiera entrometido.
- ¿Para qué están las amigas sino para averiguar todas las cosas? - replicó la Yamanaka.
Pocos segundos después, ambas reían por esa tontería. Ino se secó las lágrimas y agregó:
- Gaara sólo trataba de abrirme los ojos para que me diera cuenta de que lo peor puede sucederme cuando no utilizo el sentido común. ¿Entonces por qué no le presté más atención? - se preguntó con amargura.
Pero la voz de su conciencia se quedó en silencio en esta oportunidad. Una semana después, Ino ya no pudo ignorar la verdad. Después de todo, el destino sí había sido cruel.
