CAPÍTULO 25: TODO EN SU LUGAR

El sonido de su respiración regular en su mejilla, la hizo despertar con un movimiento ligero para mirar hacia el hombre que dormía plácidamente en el cómodo asiento acolchonado. Sheva sonrió al mirar dormir a Chris que se veía cansado mientras yacía recargado en el asiento del avión y con una de sus manos la mantenía abrazada contra él. Ella sonrió cuando escuchó el suspiro ocasional provocado por el sueño de Chris y volvió a acomodarse sobre su pecho.

Mientras Chris dormía, Sheva se quedó pensando en los acontecimientos que habían pasado en los últimos días.

Después de que ella y Leon hubiesen perseguido al misterioso cómplice de Piero Gionne, sólo lograron descubrir que se trataba de una mujer, por su larga cabellera que quedó descubierta cuando su máscara de gas cayó al suelo, pero finalmente logró huir, y su búsqueda quedó en manos del ejército irlandés.

Todo el equipo de la BSAA logró huir del laboratorio que fue asegurado de nueva cuenta por el ejército y un helicóptero llegó a recoger a los agentes, llevando consigo una camilla para atender a Tearlach.

Días después de haber finalizado la misión de Irlanda, Leon, Chris, Sheva, Adair y Rebecca se despedían en la sede de la BSAA de Edimburgo en Escocia.

-Fue un honor poder trabajar con ustedes.- Decía Adair a Chris, Sheva y Leon.

-Muchas gracias, para nosotros también fue un placer trabajar todos juntos, Capitán Campbell.- Respondió Leon a Adair.

Después de esa misión, Adair fue ascendido a capitán de la BSAA por su brillante labor en Irlanda, y quedó a cargo de la sede de Escocia mientras Tearlach estaba convaleciente.

-Esperamos que Tearlach se recupere pronto.- Dijo Chris con sinceridad.

-El capitán es un hombre muy fuerte y disciplinado, sabrá salir de esto. Él también les manda muchos saludos y les desea un buen viaje.- Contestó Adair comunicando el recado de Tearlach.

-¿Entonces no vienes con nosotros Rebecca?-Intervino Sheva en la conversación.

-Prefiero quedarme aquí a investigar más a fondo el virus y supervisar por mi misma la salud de Tearlach. Además, quiero ayudar a Adair en lo que necesite.- Habló Rebecca con una sonrisa y tomando por lo bajo la mano de Adair, que también le sonrió.

Sheva se percató de este gesto y no pudo evitar sonreír y emocionarse por lo que parecía ser un nuevo romance entre su amiga Rebecca y Adair. Ella se alegró de corazón, pues en poco tiempo logró encariñarse con ambos.

-Bueno, creo que es momento de despedirnos, o nos dejará el avión.- Comentó Leon extendiendo su mano para despedirse y darle un abrazo a Adair y Rebecca.

Chris hizo lo mismo con la pareja de agentes, y cuando fue el turno de Sheva le dio un fuerte abrazo a Adair y le dijo:

-Adair, gracias por todo, te deseo toda la felicidad del mundo con Rebecca y mucho éxito en esta nueva etapa de tu vida.-

-Muchas gracias Sheva, gracias por conocerte y también te deseo lo mejor al lado del capitán Redfield.- Respondió el joven hombre dándole un fuerte abrazo a Sheva.

Cuando Sheva abrazó a Rebecca, ésta no pudo evitar soltar unas lágrimas y decir entre sollozos:

-Sheva, sé que es poco tiempo, pero en verdad voy a extrañarte, te considero una verdadera amiga… No puedo, soy muy sentimental.- Sollozaba la pequeña mujer mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano.

-Gracias Rebecca, estaremos en contacto, te quiero mucho amiga.- Y diciendo esto ambas mujeres se abrazaron y se despidieron con emotividad.

Cuando llegaron al aeropuerto de Edimburgo, Leon fue el primero en tomar su maleta y dijo mirando a Chris y a Sheva.

-Bien jóvenes enamorados, me despido, es hora de que vuelva a América y ver a mi hermosa princesa Claire que ya me está esperando.-

Sheva no pudo evitar soltar una risita ante la mala cara que ponía Chris cada que Leon hablaba de su hermana.

-Nos veremos pronto.- Habló Leon poniéndose de pie para dirigirse hacia su avión.

-Que tengas buen viaje Leon.- Se despidió Sheva agitando su mano mientras Leon se alejaba por los pasillos.

-Que simpático es Kennedy.- Comentó Chris con cara de pocos amigos.

Sheva le dio un beso en la mejilla a Chris y le dijo con voz dulce:

-Leon es un buen chico y adora a tu hermana. Apenas puedo creer que el Leon gracioso y agradable que acaba de irse, sea el mismo que el Leon serio y calculador de la misión de Irlanda.

-Keneddy se toma muy enserio su trabajo.-Reconoció Chris.

-Sí, es muy bueno en lo que hace.- Añadió Sheva reconociendo la labor de Leon.

-Ahora es momento que yo enfrente a mi cuñado.- Dijo Chris mientras se acercaba para darle un beso rápido en los labios a Sheva.

-Espero que en el transcurso del viaje a África se me ocurran las palabras exactas para decirle a Josh lo nuestro.- Respondió Sheva con cierta ansiedad.

-Todo estará bien amor.- Finalizó Chris dándole un tierno beso en la frente a Sheva.

Después de que llegaron a África, la pareja llegó directamente a la casa de Sheva, para poder empacar entre los dos todas las cosas de ella en cajas y hacer todos los preparativos para una mudanza. Desde su casa, Sheva llamó por teléfono a Josh, haciendo una cita para verlo personalmente y hablar con él.

Cuando se llegó el momento de la cita, Chris desapareció por un rato para darle espacio a Sheva y su hermano adoptivo.

La reunión se dio en la casa de Sheva y como siempre Josh llegó puntualmente a la hora fijada.

-Pasa Josh.- Dijo Sheva abriendo la puerta para que su hermano entrara.

Josh dio unos pasos y enseguida se desconcertó al ver todos los muebles de Sheva cubiertos con mantas y muchas cajas con cosas empacadas.

-¿Qué está pasando aquí Sheva?-

-Siéntate Josh.- Pidió Sheva al capitán Stone y este tomó asiento en una de las sillas que estaban ahí.

"Si la bomba va a estallar, que explote de una vez." Se dijo ella a sí misma y le habló a Josh sin rodeos.

-Me iré a vivir a Estados Unidos con Chris.-

Josh se quedó atónito sin poder decir nada y Sheva volvió a intervenir.

-No pienses mal, pedí mi transferencia a la rama de la BSAA en Estados Unidos y viviré en mi propio departamento, no viviré con Chris exactamente.-

-¿Sheva, te irás con Chris? ¿Pero qué hay de Jill?- Preguntó Josh totalmente confundido.

-Josh, cuando estuve en Escocia para la misión, Chris y yo nos enamoramos, ambos hablaremos con Jill para contarle de lo nuestro.-

Josh se quedó sorprendido al escuchar esas noticias de la boca de Sheva, pero al ver la decisión en sus ojos y en su voz, supo que Sheva era una mujer adulta y madura y que ella estaba consciente de lo que hacía. De repente Chris entró tímidamente por la puerta y al ver el silencio y la tensión entre Josh y Sheva, se acercó para quedarse al lado de ella y tomarla de la mano.

-Josh, supongo que ya sabes lo que hay entre Sheva y yo, y sólo quiero decirte que cuidaré bien de ella, prometo respetarla y asegurarme que sea muy feliz. Sé que en estos momentos debes estar dudando de mí por lo que hubo con Jill, pero te juro que no tienes de qué preocuparte, Sheva ahora es mi vida y te doy mi palabra que jamás la haré sufrir.-

Josh escuchó con atención cada palabra de Chris y pudo ver la sinceridad de sus ojos. El capitán Stone terminó por aceptar la decisión de Sheva de irse a Estados Unidos con Chris, aunque fue muy a su pesar, ya que él en verdad amaba a Sheva como si fuera su hermana pequeña y la extrañaría demasiado ahora que se iría a vivir lejos.

-Si es su decisión, yo la respeto.- les respondió Josh a ambos.

Sheva corrió a abrazar a Josh con emoción por su comprensión y este le devolvió el abrazo a su hermana, muy conmovido.

-Hazla muy feliz Redfield, si no lo haces, tomaré el primer avión a América para patearte el trasero.- Comentó Josh a Chris en una graciosa amenaza.

Ambos hombres soltaron una carcajada y se dieron un abrazo de camaradas, dándole a Sheva nuevamente la tranquilidad de estar en paz con su pareja y con su hermano.

Sheva seguía recostada en el pecho de Chris, cuando de repente en el avión se dieron las indicaciones de que el aterrizaje estaba a punto de comenzar y Chris despertó abriendo los ojos lentamente. Sheva se enderezó para poder abrocharse el cinturón y Chris hizo lo mismo.

-¿Qué pasa mi amor, por qué estás tan inquieta?- Preguntó Chris dándole un beso en la frente a Sheva.

-Sólo estoy un poco nerviosa por lo de Jill.- Respondió Sheva con honestidad.

-Yo también. Pero, esto iba a pasar en algún momento y estaremos juntos.-

Cuando ambos estuvieron en tierra firme y caminaron a través de los pasillos del aeropuerto, Sheva alcanzó a distinguir a Leon entre el tumulto de gente y que estaba tomado de la mano con una mujer pelirroja.

Enseguida Leon vio a la pareja conformada por Chris y Sheva, entonces la mujer que tomaba a Leon por la mano, lo soltó y comenzó a correr esquivando y empujando a todas las personas que estaban a su alrededor para llegar directamente hacia Chris y abrazarlo colgándose de su cuello. Era su hermana Claire.

Sheva se quedó sorprendida por la efusiva bienvenida de Claire para su hermano, al igual se quedó impactada por el gran parecido que tenían, los mismos ojos azules y las facciones finas. Claire era en verdad una mujer muy bella.

-Hermanito, ¡te he extrañado tanto!- Exclamaba Claire mientras abrazaba a Chris fuertemente.

-También te extrañé mucho Claire.- Respondió Chris a su hermana pequeña.

-Sheva ¿cómo estás?- Dijo Leon acercándose a Sheva para darle un abrazo de bienvenida.

-Es genial volver a verte Leon.- Le contestó Sheva respondiendo a su abrazo.

Entonces Claire soltó a su hermano Chris, para ahora darle un fuerte abrazo a Sheva que la veía por primera vez, pero que la recibía como si la conociera de años atrás.

-¡Bienvenida Sheva! Yo soy Claire la hermana de Chris y novia de Leon.- Habló la pelirroja llena de emoción y separándose ligeramente de ella para que pudiera hablar.

-Encantada Claire, yo soy Sheva Alomar.- Respondió ella extendiendo la mano para presentarse ante Claire.

-Leon me ha hablado mucho de ti. En verdad eres encantadora y muy hermosa.-

Sheva se sonrojó ante los halagos de la pelirroja y Chris le dio una mirada de complicidad a su hermana.

-Está bien Claire, creo que ya fue demasiada charla por un día.- Respondió Chris a su pequeña hermana.

-Perfecto, les ayudaremos con sus maletas.- Agregó Claire para que ella y Leon ayudaran a Chris y a Sheva con su equipaje para llevarlo hacia el auto de Leon que ya los esperaba en el estacionamiento.

Cuando terminaron de subir las maletas, los cuatro subieron al auto y enseguida Claire comenzó a hablar para romper el hielo.

-Llevaremos tu equipaje a tu departamento Chris, y luego yo llevaré el equipaje de Sheva a mi casa para que se quede hoy conmigo en mi casa y pueda descansar.-

-Claire, no quiero ser una molestia para ti.- Le contestó Sheva con timidez a la mujer pelirroja.

-No es ninguna molestia Sheva, yo estoy encantada.- Dijo Claire con su mismo tono de felicidad.

-No te niegues Sheva, Claire ha estado haciendo planes para este día durante semanas. Por favor acepta la propuesta de mi novia.- Pidió Leon a Sheva para poder convencerla de que se quedara con Claire esa noche.

Chris le dio una mirada de súplica a Sheva y entonces ella no pudo negarse.

-Está bien Claire, aceptaré tu hospitalidad.-

-¡Genial!, entonces vamos ahora directamente al departamento de Chris.-

-Espera Claire, Sheva y yo necesitamos ir primero al hospital para ver a Jill. Es algo que necesitamos hacer.- Interrumpió Chris a la efusividad de su hermana.

-Está bien, los dejaremos en el hospital, y después Leon y yo volveremos por ustedes.- Mencionó Claire sin minimizar su entusiasmo.

En cuanto llegaron al hospital, Claire y Leon se fueron en el auto dejando allí a Chris y Sheva que caminaron lentamente a través de las puertas del hospital.

-Tu hermana es una chica muy agradable.- Comentó Sheva rompiendo el silencio.

-Es un pequeño monstruo parlanchín.- Contestó Chris en tono bromista.

Mientras tanto en la habitación del hospital de Jill, su enfermera personal Rose abría las cortinas para que el Sol pudiera entrar, a la vez que le daba una noticia a su paciente favorita.

-Cariño, tienes visitas.- Dijo Rose a Jill que miraba al paisaje a través de las ventanas.

-Que pasen por favor, Rose.- Pidió Jill a la enfermera mostrando una mejoría considerable, ya que la agente había recuperado peso, fuerza y el rubor rosado de sus mejillas.

Chris y Sheva entraron con pasos lentos a través de la habitación de Jill y ella los miró sin poder creerlo y con sus ojos llenos de emoción, mientras Rose salía por la puerta para darle un poco de privacidad a Jill y a sus visitas.

-Chris, Sheva, ¡qué gusto volver a verlos!- Decía Jill mientras ambos se acercaron lentamente para darles un caluroso abrazo.

-A nosotros también nos da mucho gusto volver a verte. Y sobre todo ya estando un poco más recuperada.- Habló Sheva con sinceridad tomando de las manos a Jill.

-Gracias, en verdad me he sentido mucho mejor, comienzo a creer que dentro de poco me darán de alta.- Contestó Jill a Sheva dándole una cálida sonrisa.

-Jill, Sheva y yo queremos hablar contigo.- Dijo Chris con seriedad.

-Claro Chris, los escucho.- Respondió Jill enderezándose en su cama para poder escucharlos con atención.

-Jill, Sheva y yo, estamos juntos ahora. Sé qué debimos esperar a que yo te aclarara todo esto personalmente, antes de adelantarme a tomar una decisión, y toda la culpa es mía, te pido perdón por ello. Pero en este viaje me enamoré de Sheva y ahora no puedo estar sin ella. No haber esperado para hablar contigo no tiene justificación, pero creo que es más cruel mentirte a hacer este acto que aún contiene en su fondo un poco de honradez.- Habló Chris con voz algo apenada.

El rostro de Jill se quedó sin expresión alguna y al notar esta reacción, Sheva se apresuró para agregar:

-Jill, en verdad te pido perdón por fallarte, tú me consideraste tu amiga y la manera en que actuamos Chris y yo no fue la mejor. Pero en el corazón no se manda y las cosas simplemente sucedieron…- Terminó Sheva bajando la mirada sin poder decir nada más.

De repente el rostro de Jill se contrajo con una expresión de duda y después de unos momentos en silencio finalmente habló;

-Chris… Sheva... ¿me están pidiendo perdón por haberse enamorado?-

Chris y Sheva se miraron llenos de dudas pero Jill continuó hablando.

-Chris, Sheva, yo no tengo nada que perdonarles. Ustedes son libres de amarse como se debe porque yo no seré un impedimento para su amor. Chris…- llamó Jill a su compañero para que se acercara y ella lo tomó de la mano.- Chris yo no tengo nada que perdonarte, al contrario, quiero pedirte perdón por todo el daño que te hice, durante mucho tiempo actué mal contigo y es momento de que repare ese mal. Sheva…- Dijo Jill ahora para llamar a la mujer que estaba a unos cuantos pasos de distancia.- A ti sólo puedo agradecerte por todo lo bueno que has hecho por mí, por haber ayudado a salvarme de Wesker y por estar ahora al lado de Chris. Quiero pedirles a ambos que por favor sean muy felices, y que no se preocupen por mí, que yo ahora soy la mujer más feliz, al haber saldado mi deuda con ambos y por haber recuperado mi vida y mi salud.-

-Jill, no sé qué decirte, en verdad, nunca esperé un resultado como este.- Mencionó Chris con sinceridad al ver la honestidad en el rostro de Jill.

-No tienes que decir nada Chris. Sólo disfruta el momento.- Le contestó Jill dándole una sonrisa a su amigo.

-Jill, muchas gracias por esta muestra de generosidad y desinterés. Eres una grandiosa mujer.- Habló Sheva dándole un fuerte abrazo a la agente Valentine que se encontraba sentada en su cama.

Finalmente Rose entró por la puerta de la habitación para darles un anunció a Jill y a sus visitas;

-Perdonen que los interrumpa, pero la hora de visitas ya ha terminado y la paciente debe descansar.-

-Supongo que tendrán mucho que hacer. En hora buena los felicito a ambos y que sean muy felices. Se lo merecen.- Felicitó Jill a sus dos amigos por su nuevo romance.

Tanto Chris como Sheva se despidieron de Jill con un abrazo y abandonaron la habitación con la promesa de volver pronto para visitarla.

Cuando ambos estuvieron afuera, a Jill se le escaparon unas cuantas lágrimas que de inmediato secó con la manga de su bata de hospital.

-¿Fue muy difícil, cariño?- Preguntó Rose que miraba a su paciente con ternura.

-Bastante Rose. Desprenderse de alguien a quien amaste durante mucho tiempo no es sencillo, pero es un ciclo que tenía que cerrarse y qué me llena de paz el poder haber hecho algo bueno por las personas que me devolvieron mi vida.- Respondió Jill dando un suspiro de alivio y sintiendo que se había quitado un enorme peso de encima.

-Un nuevo médico vendrá a visitarte hoy en unos momentos, ¿por qué no lees tu rima diaria del libro de Bécquer que te obsequiaron mientas el doctor llega?- Propuso Rose a Jill para distraerla.

-Es una buena idea.- Contestó Jill con repentino entusiasmo.

Rose le dio a Jill en sus manos su libro de rimas de Bécquer, que desde que se lo habían obsequiado, ella leía una rima por día que la hacía sentirse mejor.

Jill abrió la página del libro en donde venía la rima número 21 que era la correspondiente a ese día. Un hombre vestido con traje azul que parecía de cirujano recién salido del quirófano, se quedó en la puerta de la habitación de Jill hablando en voz baja con la enfermera Rose, para tratar de no interrumpir a Jill en su lectura.

Encontrando la página en donde estaba la respectiva rima, Jill la señaló con sus dedos y comenzó a leerla en voz alta.

-"Rima XXI

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.

¿Qué es poesía? Y tú me lo preguntas?

-Poesía… eres tú."- Completó la rima una voz masculina que provenía de un hombre que estaba parado a unos cuantos metros cerca de la cama de Jill.

Jill miró confundida al cirujano que estaba de pie frente a ella y que se acercaba lentamente hacia donde estaba. En cuanto llegó a su lado el cirujano se quitó la gorra y la mascarilla quirúrgica revelando su identidad.

Jill se llevó las manos hacia la boca para poder contener un grito de la emoción, mientras sus ojos se llenaron de lágrimas.

-¿No te emociona verme de nuevo Jill?-

-¡Carlos!- Diciendo su nombre Jill lo abrazo con fuerza y comenzó a sollozar en su hombro.

El hombre que Jill tenía enfrente era el mismo del que se había enamorado hace años. Tenía complexión más robusta y su barba estaba ligeramente recortada. Su peinado y cabello castaño seguía siendo el mismo junto con sus enormes ojos color café que tampoco habían cambiado. Era el mismo hombre apuesto, valiente, y sincero que había conocido hace muchos años, pero ahora mejorado en su semblante por la madurez del tiempo.

-Jill, no llores más, por favor…- Pidió Carlos tratando de consolarla.

-Es que para mí es increíble que estés aquí después de todos estos años.- Le contestó Jill aún entre sollozos.

-Supe que una bella dama que me había flechado desde hace mucho tiempo ahora estaba libre y encerrada en un cuarto de hospital. Así que supuse que sería bueno darme una vuelta por aquí y obsequiarte un libro de poesía, que al parecer fue una buena elección.-

-¿Tú fuiste quien me obsequió el libro?- Preguntó Jill mirándolo por primera vez a los ojos.

Carlos respondió con un asentimiento y Jill volvió a abrazarlo.

-Pero, ¿cómo supiste que yo estaba aquí y todo lo que me había pasado?- Volvió a cuestionar Jill.

-Digamos que en el hospital hay una enfermera que te quiere mucho y que se preocupa por verte feliz.- Le contestó Carlos esbozando una bella sonrisa.

-Rose, ¡tengo tanto que agradecerle!- Exclamó Jill con una voz llena de amor.

-Jill…- le habló Carlos para atraer toda su atención y utilizando un tono serio en su voz.- la primera vez no hice las cosas bien, te propuse que nos fuéramos juntos sin prometerte nada en realidad, es por eso que ahora entiendo el porqué te negaste y porque tuviste miedo de aventurarte conmigo, debido a nunca supiste cuáles eran mis verdaderas intenciones. Pero ahora que la vida me concede una nueva oportunidad de estar contigo otra vez, no quiero volver a perderte, ni alejarme de ti nunca más, es por eso que de ahora en adelante, haré las cosas bien y como siempre debieron haber sido…- y Carlos sacó una pequeña caja de color negro de uno de los bolsillos del traje de cirujano y la colocó encima del libro de rimas de Bécquer.- Es por eso, que hoy estando más seguro que nunca, quiero hacerte esta pregunta; Jill Valentine, ¿Quieres ser mi esposa?-

Jill tomó la pequeña caja en sus manos, abriéndola y mirando dentro de ella colocado en almohadillas de terciopelo, un precioso anillo plateado que tenía un bello diamante incrustado en el medio. Carlos tomó el anillo y lo colocó en el dedo anular de la mano izquierda de Jill, que se quedó sorprendida mirando el anillo lucir en su mano como si fuese un sueño hecho realidad.

-Sí acepto. Carlos yo quiero ser tu esposa.- Dijo Jill derramando algunas lágrimas de felicidad y Carlos acercándose a ella estampó dulcemente sus labios en los de ella, derramando en un beso, todo el amor que se habían guardado durante años.