(La historia no me pertenece es propiedad de Sarah J. Maas, la traducción tampoco me pertenece, le pertenece a Traducciones Independientes y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

*nota: si están inconformes con que utilice su traducción, favor de avisarme.

Capitulo 24.

Terry pasó por delante de las tiendas negras del carnaval, preguntándose por enésima vez si este era el mayor error de su vida. Había perdido el valor de venir ayer, pero luego de otra noche sin dormir, había decidido ver a la vieja bruja y enfrentar las consecuencias luego. Si él terminaba en el bloque del verdugo por eso, seguramente se patearía a sí mismo por ser tan temerario, pero ya había agotado cualquier otro camino para averiguar por qué estaba plagado de magia. Ésta era su última opción. Encontró a Baba Yellowlegs sentada en los escalones traseros de su vagón gigante, un plato astillado colmado de piezas de pollo asado reposaba en sus rodillas, una pila de huesos chupados ensuciando el suelo debajo.

Ella alzó sus ojos amarillentos hacia él, sus dientes metálicos destellando en el sol del mediodía mientras mordía una pierna de pollo. —El carnaval está cerrado por el almuerzo.

Él se tragó su irritación. Obtener respuestas dependía de dos cosas: Estar en su lado bueno y que no supiera quién era.

—Esperaba que tuvieras unos pocos minutos para responder algunas preguntas.

La pierna de pollo se partió en dos. Él trató de no estremecerse con los sorbidos mientras succionaba la médula. —Los clientes que tienen preguntas durante el almuerzo pagan el doble.

Él rebuscó en su bolsillo y sacó cuatro monedas doradas que había traído. —Espero esto pueda comprar todas las preguntas que quiero, y tu discreción. Ella arrojó la mitad limpia de la pierna en la pila y siguió con la siguiente, chupando y royendo. —Apuesto a que te limpias el trasero con oro.

—Creo que eso no sería muy cómodo.

Baba Yellowlegs susurró una risa. —Muy bien, señor. Escuchemos tus preguntas.

Él se inclinó lo suficientemente cerca para poner su oro en el escalón más alto junto a ella, manteniéndose lejos de su marchita figura. Olía atroz, como moho y sangre descompuesta. Pero mantuvo su rostro inexpresivo y aburrido mientras retrocedía. El oro desapareció con un golpe de una mano callosa. Terry miró a su alrededor. Los trabajadores estaban dispersos por todo el carnaval, todos establecidos para un almuerzo donde fuera que encontraran asiento. Ninguno de ellos, notó, se sentó cerca del vagón pintado de negro de o de la matrona del carnaval. Ni siquiera miraban en esta dirección.

— ¿Realmente eres una bruja?

Ella cogió un ala de pollo. Crack. Chunch. —La última bruja nacida del Reino de las Brujas.

—Eso te haría de más de quinientos años de edad.

Ella le dedicó una sonrisa. —Es una maravilla que me he mantenido tan joven, ¿no es así?

—Entonces es verdad: las brujas son realmente bendecidas con los largos ciclos de vida de las hadas.

Ella arrojó otro hueso al pie de los escalones de madera. —Las hadas o Valg. Nunca supimos cuál.

Valg. Él conocía ese nombre. —Los demonios que robaron a las Hadas para aparearse con ellas…lo que hizo a las brujas, ¿verdad?, — y, si recordaba correctamente, las hermosas brujas Crochan habían salido luego de sus antepasados Hada, mientras que los tres clanes de las Brujas Dientes de Hierro surgieron luego de la raza de demonios que habían invadido Erilea al inicio del tiempo.

— ¿Por qué un señorito tan hermoso como tú se molesta a sí mismo con esas historias perversas? — Despegó la piel de la pechuga de pollo y la engulló, saboreando los labios marchitos juntos.

—Cuando no estamos limpiando nuestros traseros con oro, necesitamos encontrar alguna manera de divertirnos. ¿Por qué no aprender un poco de historia?

—En efecto, — dijo la bruja, —Así que, ¿Bailarás por allí todo el día mientras me cocino en este miserable sol, o preguntarás lo que realmente viniste a aprender?

— ¿Realmente se ha ido la magia?

Ella ni siquiera alzó la vista de su plato. —Tu clase de magia se ha ido, sí. Pero hay otras, poderes olvidados que aún funcionan.

— ¿Qué clase de poderes?

—Poderes que jóvenes como tú no tienen porqué saber. Ahora haz tu siguiente pregunta.

Él le dio una expresión juguetona y herida que hizo a la mujer rodar los ojos. Le hizo querer correr en la otra dirección, pero tenía que continuar con esto, mantener la farsa tanto como pudiera. — ¿Puede una persona de alguna manera tener magia?

—Niño, he viajado de una costa de este continente a la otra, a través de cada montaña, y dentro de los oscuros y sombríos lugares que los hombres no se atreven a pisar. Ya no queda magia, incluso las Hadas no pueden acceder a su poder. Algunas siguen atrapadas en su forma animal. Miserables. Saben a animales, también. — Rió, un graznido de cuervo que erizó el vello de su nuca.

—Así que no, una persona no podría ser excepción a la regla.

Él mantuvo su cuidadosa máscara de ocioso aburrimiento. — ¿Y si alguien descubrió que repentinamente tenía magia…?

—Entonces serían unos malditos tontos, y pedirían la horca. Él ya sabía eso. Eso no era lo que estaba preguntando. —Pero si fuera cierto, hipotéticamente. ¿Cómo sería eso posible?

Ella paró de comer, ladeando la cabeza. Su cabello plateado resplandeció al sol, contrarrestando su piel bronceada. —No sabemos cómo o porqué desapareció la magia. De vez en cuando escucho rumores de que existe poder en otros continentes, pero no aquí. Así que esa es la verdadera pregunta: ¿Por qué la magia desapareció solo aquí, y no a lo largo de toda Erilea? ¿Qué crímenes cometimos para hacer que los dioses nos maldijeran de esa manera, quitándonos lo que una vez nos dieron? — Lanzó las costillas del pollo al suelo.

Hipotéticamente, si alguien tuviera magia y quisieras saber por qué, yo empezaría descifrando por qué la magia se fue en primer lugar. Tal vez eso podría explicar cómo podría haber una excepción a la regla.

Ella lamió la grasa de sus mortales dedos. —Extrañas preguntas para un joven que vive en el castillo de cristal. Extrañas, extrañas preguntas.

Le dio una media sonrisa. —Más extraño aún que la última bruja del Reino de las Brujas se rebajara tanto para pasar su vida haciendo trucos de carnaval.

—Los dioses que maldijeron estas tierras hace diez años maldijeron a las brujas siglos atrás.

Debieron ser las nubes que pasaron frente al sol, pero él pudo haber jurado que vio un brillo oscuro en sus ojos, una oscuridad que le hizo preguntarse si era aún más vieja de lo que aparentaba.

Quizás su título de, la última bruja nacida, era una mentira. Una fabricación para ocultar una historia tan violenta que no podía imaginar los horrores que ella había cometido durante esas antiguas guerras de brujas.

Contra su voluntad, se encontró a sí mismo buscando por la antigua fuerza inactiva dentro de él, preguntándose si de alguna manera eso lo protegería de Yellowlegs de la manera en que lo hizo de la ventana rota. El pensamiento le mareó.

— ¿Alguna otra pregunta?— dijo, lamiendo sus uñas de hierro.

—No. Gracias por tu tiempo

—Bah— ella escupió, y le despidió.

Él se alejó, y no fue más allá de la tienda más cercana cuando vio al sol haciendo brillar una cabeza dorada, y Roland caminaba directo hacia él, lejos de la mesa donde había estado hablando con esa maravillosa rubia música que había tocado el laúd la otra noche. ¿Le había seguido hasta aquí? Terry frunció el ceño, pero le dio a su primo una inclinación de cabeza a modo de saludo mientras Roland se situaba a su lado.

— ¿Leyendo tu fortuna?

Terry se encogió de hombros. —Estaba aburrido.

Roland miró sobre su hombro hacia donde estaba parqueado el vagón caravana de Baba Yellowlegs. —Esa mujer me hiela la sangre.

Terry bufó. —Creo que ese es uno de sus talentos.

Roland lo miró de soslayo. — ¿Te dijo algo interesante?

—Solo los disparates normales: Pronto conoceré a mi verdadero amor, un glorioso destino me aguarda, y seré rico más allá de lo imaginable. No creo que supiera de quién estaba hablando. — Evaluó al Señor de Meah. — ¿Y qué haces aquí?

—Te vi salir y pensé que querrías compañía. Y luego vi hacia donde ibas y decidí mantenerme alejado.

O Roland lo estaba espiando o decía la verdad. Terry honestamente no podía decirlo. Pero él había hecho un esfuerzo para ser agradable con su primo durante los últimos días, y en cada reunión del consejo Roland había apoyado cualquier decisión que Terry hacía sin titubear. La irritación en los rostros de Perrington y su padre fue un inesperado deleite también.

Así que Terry no cuestionó a Roland sobre por qué le había seguido, pero cuando volteó a ver a Baba Yellowlegs, pudo haber jurado que la vieja mujer le estaba sonriendo.

Había sido hace pocos días desde que Candy había rastreado a sus objetivos. Oculta en la oscuridad, se mantuvo en las sombras de los muelles, sin poder creer lo que estaba viendo. Todos los hombres de su lista, todos a los que había estado siguiendo, los que podían saber en lo que el rey estaba… estaban dejando. Había visto a uno de ellos colarse en un carruaje sin marca, y lo había seguido hasta allí, donde él había abordado un bote listo para partir a la marea de medianoche. Y luego, para su consternación, los otros tres habían aparecido, también, con sus familias a cuestas, antes de ser conducidos rápidamente bajo cubierta.

Todos esos hombres, toda esa información que había estado juntando, solo-

—Lo siento, — dijo una voz familiar tras ella, y se giró para ver a Archie aproximándose. ¿Cómo era tan cauteloso? No lo había escuchado acercarse. —Tenía que advertirles— dijo, sus ojos en el barco preparándose para partir. —No podía vivir con su sangre en mis manos. Tienen niños ¿Qué sería de ellos si entregas a sus padres al rey?—

Ella siseó. — ¿Tú organizaste esto?

—No, —dijo suavemente, las palabras apenas audibles sobre los gritos de los marinos desanudando las cuerdas y preparando los remos. —Un miembro de la organización lo hizo. Mencioné que sus vidas podrían estar en peligro, e hizo que sus hombres subieran en el siguiente barco fuera de Rifthold.

Ella puso una mano en su daga. —Parte de este trato recae en ti dándome información útil.

—Lo sé. Lo siento. — ¿Preferirías que solo fingiera tu muerte ahora y te ponga en ese barco también?— Tal vez encontraría otra manera de convencer al rey de liberarla pronto.

—No. Esto no sucederá de nuevo.

Ella dudó seriamente eso, pero ella se recostó contra la pared del edificio y cruzó sus brazos, mirando a Archie observar el bote. Después de un momento, se volteó hacia ella. —Di algo.

—No tengo nada que decir. Estoy demasiado ocupada debatiendo si solo debería matarte y arrastrar tu cadáver ante el rey. — No estaba mintiendo. Luego de la noche anterior con Albert, estaba empezando a preguntarse si la simplicidad sería lo mejor. Lo que sea para evitar que Albert fuera atrapado en un desastre potencial.

—Lo siento, — dijo de nuevo Archie, pero ella lo despidió y miró al barco preparándose. Era impresionante que hubieran organizado un escape tan rápido. Tal vez no todos fueran tan tontos como Davis. —La persona que mencionaste de esto, — ella dijo luego de un rato. — ¿Es un líder del grupo?

—Creo que sí, — dijo Archie silenciosamente. —O lo suficientemente alto como para que cuando le lancé la pista sobre esos hombres, fuera capaz de organizar un escape inmediatamente.

Ella masticó el interior de su mejilla. Quizá Davis había sido una casualidad. Y tal vez Archie estaba en lo correcto. Tal vez esos hombres solo querían un gobernante que se ajustara mejor a sus intereses. Pero cualesquiera hayan sido sus motivos financieros y políticos, cuando había habido personas inocentes amenazadas, los habían movilizado y puestos a salvo. Pocas personas en el imperio se atreverían a hacer eso- menos personas seguían saliéndose con la suya.

—Quiero nuevos nombres y más información para mañana por la noche— le dijo a Archie mientras se alejaba del muelle, regresando al castillo. —De lo contrario lanzaré tu cabeza a los pies del rey y dejaré que decida si quiere que la bote en las cloacas o la clave en los portones frontales. — Ella no esperó por la respuesta de Archie antes de desaparecer en las sombras y la niebla.

Se tomó su tiempo para volver al castillo, pensando en lo que había visto.

Nunca hubo bien absoluto o mal absoluto (aunque el rey era definitivamente la excepción). E incluso si estos hombres eran corruptos en algunos sentidos, también estaban salvando vidas.

Mientras era absurdo que clamaran tener contacto con Aelin Galathynius, no podía evitar pensar en sí realmente había fuerzas juntándose en el nombre de la heredera. Si en alguna parte, en la pasada década, miembros de la poderosa corte real de Terrasen se las habían ingeniado para esconderse. Gracias al rey de Adarlan, Terrasen ya no tenía una armada permanente, sólo fuerzas cualesquiera que acampaban a lo largo del reino… Pero esos hombres tenían algunos recursos. Y Annie había dicho que si Terrasen alguna vez se alzaba en pie, plantearía una amenaza real a Adarlan. Así que tal vez ella ni siquiera tendría que hacer nada. Tal vez no tendría que arriesgar su vida o la de Albert.

Tal vez, solo tal vez, cualesquiera fueran sus motivos, esas personas encontrarían una manera de detener al rey, y liberar también a toda Erilea. Una lenta y renuente sonrisa se extendió en su cara, y solo se ensanchó mientras caminaba hacia el brillante castillo, y hacia el Capitán de la Guardia que la esperaba allí.

Habían pasado cuatro días desde el cumpleaños de Albert, y había pasado cada noche desde entonces con Candy. Y las tardes, y mañanas. Y cada momento que podían escatimar de sus propias obligaciones. Desafortunadamente, esta reunión con sus guardias principales no era opcional, pero mientras escuchaba los reportes de los hombres, sus pensamientos seguían volviendo a ella. Apenas había respirado durante esa primera vez, y había hecho lo posible para ser gentil, para hacerlo lo menos doloroso posible para ella. Ella todavía hizo una mueca de dolor, y sus ojos habían brillado con lágrimas, pero cuando le había preguntado si necesitaba parar, ella solo lo había besado. Una y otra vez. Todo gracias ha esa primera noche que la había sostenido, y permitirse a sí mismo imaginar que así era como cada noche por el resto de su vida sería. Y cada noche desde entonces, él había trazado las cicatrices en su espalda, silenciosamente jurando juramento tras juramento que algún día, él volvería a Endovier y echaría abajo ese lugar piedra por piedra.

— ¿Capitán?

Albert pestañeó, dándose cuenta que alguien le había hecho una pregunta, y se movió en su silla. —Dilo de nuevo, — ordenó, negándose a sí mismo ruborizarse.

— ¿Necesitamos guardias extras en el carnaval?

Diablos, él ni siquiera sabía por qué lo estaban preguntando. ¿Había habido algún incidente? Si preguntaba, entonces ellos definitivamente sabrían que no había estado escuchando.

Él se salvó de parecer un tonto cuando alguien golpeó la puerta del pequeño salón de reuniones en las barracas, y entonces una cabeza dorada apareció. Sólo verla le hizo olvidar el mundo alrededor de ellos. Todos en el cuarto se movieron para mirar la puerta, y mientras ella sonreía, él combatió el impulso de golpear las caras de los guardias que la miraban con admiración. Esos eran sus hombres, se dijo a sí mismo. Y ella era hermosa, y les asustaba casi hasta la muerte. Por supuesto que la miraban, y admiraban.

—Capitán, — dijo, manteniéndose en el umbral. Había color en lo alto de sus mejillas que hacía brillar sus ojos, haciéndole pensar en cómo se veía cuando estaban enredados entre sí. Ella inclinó su cabeza hacia el pasillo. —El rey quiere verte.

Él hubiera podido sentir una sacudida de sus nervios, hubiera empezado a pensar lo peor, si no hubiera atrapado ese brillo de picardía en sus ojos.

Se levantó de su asiento, inclinando su cabeza hacia sus hombres. —Decidan entre ustedes sobre el carnaval, e infórmenme más tarde, — dijo, abandonando rápidamente el cuarto.

Él mantuvo una respetable distancia hasta que rodearon la esquina hacia un pasillo vacío y se acercó, necesitando tocarla.

—Phillipa y los sirvientes se han ido hasta la cena, — ella dijo roncamente. Él apretó los dientes ante el efecto que su voz tenía en él, como si alguien arrastrara un dedo invisible por su espina. —Tengo reuniones el resto del día, — se las arregló para decir. Era la verdad. —Tengo otra en veinte minutos. — A la cual seguramente llegaría tarde si la seguía, considerando cuánto tiempo tomaría caminar a sus cuartos.

Ella hizo una pausa, frunciendo el ceño. Pero sus ojos se deslizaron hacia la pequeña puerta de madera a solo un pie de distancia. Un armario de escobas. Ella siguió su mirada, y una lenta sonrisa se extendió en su rostro. Ella se giró hacia allí, pero él agarró su mano, acercando su rostro al de ella. —Tendrás que ser muy silenciosa.

Ella alcanzó el pomo y abrió la puerta, tirándolo hacia adentro. —Tengo la sensación que te estaré diciendo eso en unos pocos momentos, — ronroneó, sus ojos brillando con desafío.

La sangre de Albert rugió a través de él, y la siguió dentro del closet y acuñó una escoba bajo la manija.

— ¿Un armario de escobas?— dijo Annie, sonriendo como un demonio. — ¿En serio?

Candy yacía extendida en la cama de Annie, y arrojó una pasa cubierta de chocolate a su boca. —Lo juro por mi vida.

Annie saltó sobre el colchón. Ligera saltó junto a ella y prácticamente se sentó en la cara de Candy y meneó su cola a la princesa. Candy gentilmente empujó al perro a un lado, y sonrió tan extensamente que su cara dolió. —¿Quién diría que me había estado perdiendo semejante diversión?— Y dioses del cielo, Albert era... bueno, ella se sonrojó al pensar sobre lo mucho que lo disfrutó luego de que su cuerpo se había ajustado. Solo el roce de sus dedos en su piel la podía convertir en una bestia feroz.

—Podría haberte dicho eso— dijo Annie, extendiéndose sobre Candy para agarrar un chocolate del plato en la mesa de noche. — Aunque pienso que la verdadera pregunta es, ¿Quién hubiera adivinado que el solemne Capitán de la Guardia sería tan apasionado?— Ella se recostó junto a Candy sonriendo también. —Estoy feliz por ti, mi amiga.

Candy sonrió de vuelta. —Creo... Creo que también estoy feliz por mí.

Y lo estaba. Por primera vez en diez años, ella estaba verdaderamente feliz. La sensación enroscaba cada pensamiento, un zarcillo de esperanza que crecía con cada respiración. Ella tenía miedo de mirarlo por demasiado tiempo, como si reconociéndolo pudiera de alguna manera hacerlo desaparecer. Tal vez el mundo nunca sería perfecto, tal vez algunas cosas nunca estarían bien, pero tal vez ella tenía una oportunidad de encontrar su propia clase de paz y libertad. Ella sintió el cambio en Annie incluso antes de que la princesa dijera una palabra, como una corriente en el aire de alguna manera fría. Candy echó un vistazo para encontrar a Annie mirando el techo. — ¿Qué está mal?

Annie corrió una mano por su cara, soltando una profunda respiración. —El rey me ha pedido hablar con las fuerzas rebeldes. Para convencerlos de dar marcha atrás. De lo contrario los matará a todos.

— ¿Te amenazó para que lo hagas?

—No directamente, pero estaba implícito. Al final del mes, estará enviando a Perrington al refugio del duque en Morath. No dudo ni por un minuto que él quiere a Perrington en el límite sur para que monitoree las cosas. Perrington es su mano derecha. Por lo que si el duque decide que es necesario lidiar con los rebeldes, él tiene el permiso para usar cualquier fuerza necesaria para eliminarlos.

Candy se sentó, cruzando sus piernas bajo ella. — ¿Así que volverás a Eyllwe? Annie sacudió su cabeza. —No lo sé. Necesito estar aquí. Hay... hay cosas que necesito hacer aquí. En este castillo y en esta ciudad. Pero no puedo abandonar a mi gente para otra masacre.

— ¿Pueden tus padres o tus hermanos lidiar con los rebeldes?

—Mis hermanos son demasiado jóvenes e inexpertos, y mis padres tienen suficiente en sus manos en Banjali. — La princesa se sentó, y Ligera posó su cabeza en el regazo de Annie, extendiéndose entre ellas, y dándole a Candy algunas patadas con sus patas traseras en el proceso. —He crecido sabiendo el peso de mi corona. Cuando el rey invadió Eyllwe esos años atrás, supe que algún día tendría que hacer elecciones que me atormentarían. — Ella apoyó su frente en una palma. —No pensé que sería tan difícil. Pero no puedo estar en dos lugares a la vez.

El pecho de Candy se apretó, y puso una mano en la espalda de Annie no era de extrañar que Annie hubiera tardado buscando sobre el acertijo del ojo.

La vergüenza coloreó sus mejillas.

— ¿Qué haré, Elentiya, si él mata otras quinientas personas? ¿Qué haré si decide poner un ejemplo matando a todos en Calaculla? ¿Cómo puedo darles la espalda?

Candy no tenía respuesta. Ella había pasado la semana perdida en pensamientos de Albert. Annie había pasado su semana tratando de balancear el destino de su reino.

Y Candy tenía pistas esparcidas en el suelo a sus pies, pistas que podrían ayudar a Annie en su causa contra el rey, y un mandato de Elena que prácticamente ella había ignorado.

Annie tomó su mano. —Prométeme— dijo, sus ojos oscuros brillando, —Prométeme que me ayudarás a liberar a Eyllwe de él.

Hielo se disparó a través de las venas de Candy. — ¿Liberar a Eyllwe?— —Prométeme que verás a mi padre restaurado en la corona. Que verás a mi gente regresar de Endovier y Calaculla.

—Solo soy una asesina— Candy retiró su mano de la de Annie. —Y la clase de cosas de las que estás hablando, Annie...— ella se levantó de la cama, tratando de controlar sus rápidos latidos. —Eso sería una locura.

—No hay otra manera. Eyllwe debe ser liberada. Y contigo ayudándome, podríamos empezar a juntar una multitud de-

No. — Annie parpadeó, pero Candy sacudió su cabeza. —No— repitió. —Por nada del mundo te ayudaría a reunir un ejército contra él. Eyllwe ha sido golpeado fuerte por el rey, pero tú apenas tuviste una probada de la clase de brutalidad que desató en otras partes. Tú alza una fuerza contra él, y él la eliminará. No seré parte de eso.

— ¿Entonces de qué serás parte, Candy?— Annie se levantó, empujando a Ligera de su regazo. — ¿Para qué lucharás? ¿O sólo lucharás para ti misma?— Su garganta dolió, pero Candy forzó las palabras a salir. —No tienes ni idea qué clase de cosas te puede hacer, Annie. A tu gente.

— ¡Él masacró quinientos rebeldes y a sus familias!

— ¡Y él destruyó a mi reino entero! Tu sueñas despierta sobre el poder y el honor de la corte real de Terrasen, y aun así no te das cuenta de lo que significa que el rey fuera capaz de destruirla. Ellos fueron la corte más fuerte en el continente, ellos fueron la corte más fuerte en cualquier continente, y él los mató a todos.

—Él tenía el elemento sorpresa, — contestó Annie.

—Y ahora él tiene un ejército que se cuenta en millones. No hay nada que pueda ser hecho.

— ¿Cuándo dirás suficiente, Candy? ¿Qué te hará dejar de correr y enfrentar lo que está ante ti? Si Endovier y la súplica de mi pueblo no te mueven, ¿qué lo hará?

—Soy una persona.

—Una persona elegida por la Reina Elena, ¡Una persona cuya frente llameó con una marca sagrada ese día en el duelo! Una persona que, a pesar de las probabilidades, sigue respirando. Nuestros caminos se cruzaron por una razón. Si no estás bendecida por los dioses, ¿Entonces quién lo está?

—Esto es ridículo. Esto es una locura.

— ¿Una locura? ¿Una locura luchar por lo que es correcto, por las personas que no pueden valerse por sí mismas? ¿Piensas que soldados es lo peor que él puede enviar? Hay por muchas cosas más oscuras juntándose en el horizonte. Mis sueños han sido llenados con sombras y alas, el auge de las alas crecientes entre pasos de montaña. Y cada explorador y espía que enviamos al Colmillo Blanco, a La Brecha de Ferian, no regresa. ¿Sabes lo que las personas dicen en los valles debajo? Dicen que pueden escuchar alas, también, montando los vientos a través de la brecha.

—No entiendo una palabra de lo que estás diciendo. — Pero Candy había visto esa cosa fuera de la biblioteca.

Annie fue hacia ella, agarrándola por las muñecas. —Tú sí entiendes. Cuando lo miras, sientes que hay un mayor y retorcido poder alrededor de él. ¿Cómo un hombre como él pudo conquistar el continente tan rápido? ¿Solamente con poder militar? ¿Cómo es que esa Corte de Terrasen cayó tan rápido, cuando sus sirvientes habían sido entrenados por generaciones para ser guerreros? ¿Cómo la más poderosa corte en el mundo fue borrada en cuestión de días?

—Estas cansada y molesta— dijo Candy tan calmada como pudo, tratando de no pensar en lo similares que eran las palabras de Annie y Elena. Se sacudió del agarre de la princesa. —Tal vez deberíamos hablar sobre esto luego…

— ¡No quiero hablar sobre esto luego!

Ligera gimoteó, introduciéndose ella misma entre ellas.

—Si no atacamos ahora— continuó Annie, —entonces lo que sea que él esté tramando crecerá con más poder. Y entonces estaremos más allá de cualquier chance de esperanza.

—No hay esperanza— dijo Candy, —no hay esperanza en alzarnos contra él. No ahora, ni nunca. — Esa era la verdad de la que lentamente se estaba dando cuenta. Si Annie y Elena estaban en lo correcto acerca de esta misteriosa fuente de poder, entonces ¿cómo podían ellos derrotarlo? —Y no seré parte de cualquiera sea el plan que tengas. No te ayudaré a conseguir que te maten, y hacer caer a más personas inocentes durante el proceso.

—No ayudarás porque todo lo que te importa eres tú misma

— ¿Y qué si es así?— Candy extendió los brazos. — ¿Y qué si quiero pasar el resto de mi vida en paz?

—No puede haber ninguna paz, no mientras él reine. Cuando dijiste que no estabas matando a los hombres en su lista, pensé que finalmente estabas tomando un paso hacia un levantamiento. Pensé que cuando el tiempo viniera, podría contar contigo para ayudarme a empezar un plan. ¡No me di cuenta que solo lo estabas haciendo para mantener tu conciencia limpia!

Candy empezó a avanzar hacia la puerta. Annie chasqueó su lengua. —No me di cuenta que solo eres una cobarde.

Candy miró sobre su hombro. —Dilo de nuevo.

Annie no vaciló. —Eres una cobarde. No eres más que una cobarde.

Los dedos de Candy se apretaron en puños. —Cuando tu gente esté tirada en el suelo muerta alrededor de ti— siseó, —no vengas llorando a mí.

No le dio a la princesa la oportunidad de replicar antes de salir del cuarto, con Ligera pisándole los talones.

Continuara…

¡Dios! ¡Solamente de saber lo que va a pasar me dan ganas de llorar! ¡Odio la música de fondo!