hola hola fieles lectores.. jeje espero ke la vida no ls este tratando tan mal.. jeje espero les guste el cap..

recuerden de ke nada me pertenece..

Capitulo 25

Entraron después de Jasper y allí se quedaron de modo que él no era conciente de su presencia. Esto le convenía a Alice. No tenía ninguna prisa ahora que se encontraba en el mismo salón que él. Y la expectativa era agradable, mucho más porque tanto Lazar como Serge estaban seguros de que Jasper iba a disgustarse cuando la viera allí. Estaban tan convencidos de ello que se habían negado a ir con ella, de manera que sólo Emmett estaba a su lado para acompañarla. Sin su intervención la habrían llevado de vuelta a su cabina después de la cena. Aceptaba de mala gana que debía agradecérselo aunque detestaba mostrarle su agradecimiento por algo, inclusive si se trataba de una manera de vengarse.

El hecho de simplemente fastidiar a Jasper no era suficiente aunque aún no habían dilucidado qué otra cosa podría hacer. Sin embargo se le ocurrió una idea cuando percibió que el apostador que estaba sentado justo enfrente de Jasper le prestaba más atención a ella que a las cartas que tenía en la mano.

Era un hombre grande, muy ancho a la altura del pecho y, por lo que podía ver, nada de su robustez era grasa. Además su aspecto no era nada desagradable. Probablemente tenía unos año más que Jasper, el cabello castaño oscuro y los ojos más oscuros. Al igual que los otros caballeros que estaban sentados a la mesa, se había quitado la chaqueta y se había levantado las mangas de la camisa, posiblemente para que nadie pudiera acusarlo de hacer trampa. De cualquier modo, daba la impresión de haber tomado el juego en curso muy seriamente... hasta ahora.

Había mucho dinero sobre la mesa, una cantidad enorme, pero la mayor parte se encontraba delante del apostador de cabello castaño. Los otros dos jugadores tenían pilas modestas delante. Jasper estaba arrojando sus últimos dos billetes para la mano en juego. El juego continuó, se repartieron las cartas. Alguien tuvo que recordarle al apostador robusto que era su turno para apostar porque había vuelto a depositar su mirada en Alice y no en sus cartas.

—¿Juega o no juega, señor Barany?

Alice se sobresaltó cuando se dió cuenta de que el hombre a la derecha de Jasper le había dicho la pregunta a él. Nunca antes había oído su apellido, tampoco se le había ocurrido averiguarlo pero, pensándolo bien, Lazar era el único de ellos que se había presentado en el nombre completo. Tal vez había un Thomas o Johnson entre ellos que echaría por tierra su historia de ser nobles extranjeros. Jasper metió la mano en el interior de su chaqueta para sacar más dinero. ¿Más? El hombre no sabía cuando retirarse pero ella ya había conocido ese aspecto de su persona de forma complicada. Sólo que esto tenía que ver con el dinero... y con perderlo. ¿A él le importaba? Una mirada de Emmett le hizo comprender que no estaba preocupado en absoluto. Por supuesto ese hombre probablemente no supiera cómo verse preocupado o alguna otra cosa, excepto aburrido o despreciativo.

Hizo un gran esfuerzo pero Alice finalmente le sonrió y no lo hizo tímida o evasivamente. Después de todo había observado a las muchachas de la taberna durante años. Conocía señales sutiles y la manera en que movían el cuerpo cuando estaban interesadas en un hombre y quería hacérselo saber. De cualquier manera, no estaba segura de si lo estaba haciendo bien pero supuso que sí cuando el hombre también sonrió, con una sonrisa grande y espléndida que le hizo parecer infantil y decididamente interesado.

Pero para no exagerar la actuación, Alice bajó los ojos y llegó a ver los tres reyes de Jasper antes de que los pusiera boca abajo sobre la mesa, con lo cual declaró, sin decirlo, que no podía superar los tres cincos. No tenía sentido. Ella no conocía todos los detalles del juego pero sí sabía que tres reyes superaban a tres cincos. ¿Jasper no sabía que tenía la mano ganadora? Sintió deseos de decírselo. Pero se contuvo. Ayudarle no estaba en sus planes.

Volvió a mirar al apostador robusto mientras éste se ponía de pie para recoger con el rastrillo el pozo ganador. Estaba sonriendo y mirando directamente a Alice cuando dijo:

—Tendrán que disculparme, caballeros pero me siento obligado a retirarme algunas manos.

—No es sabio abrirse con una racha ganadora, Corbell —se quejó el hombre a su derecha.

—Ya lo sé —se rió Corbell—. Simplemente voy a dirigir esa racha hacia otros canales por un momento.

El hombre que se había quejado siguió la dirección de su mirada y también se echó a reír. Jasper finalmente pareció percibir esta intención. Alice se puso rígida. Esperaba que se diera vuelta. Pero no lo hizo. Se puso de pie y se interpuso en el camino de Corbell, que era más grande de lo que había supuesto Alice, más alto que Jasper y mucho más ancho.

—Me temo que cometió un error, señor Corbell —dijo Jasper con calma—. Ella no está disponible.

Alice resolló. Jasper ni siquiera la había mirado y, sin embargo, sabía que estaba de pie detrás de él y también sabía cuál había sido la intención de Corbell con su sutil juego de palabras. Pero la montaña no se había amedrentado. Además, ¿por qué debería hacerlo? Un hombre tendría que estar loco para enredarse con alguien de su tamaño.

—Yo diría que ella no piensa lo mismo —contestó Corbell—. Entonces, ¿por qué no se hace a un lado?

Jasper no se movió.

—Lo que ella siente o desea es totalmente irrelevante —luego sin darse la vuelta dijo—. Emmett, llévala de vuelta a mi cabina mientras me dedico a convencer al señor Corbell de su error.

—Espere un minuto...

Eso fue todo lo que Corbell pudo decir antes de que se pudiera oír el sonido característico de los nudillos cuando golpeaban la carne. Alice sólo pudo oír lo que sucedió. Emmett la estaba sacando del lugar tan rápidamente que ni siquiera tuvo la posibilidad de mirar hacia atrás. Luego, la arrojó a los brazos de Serge, quien había estado esperando afuera de salón de apuestas junto con Lazar. Ni siquiera hubo un intercambio de palabras. Emmett y Lazar regresaron al salón mientras Serge no le dió a Alice otra alternativa más que regresar a la cabina.

—¿Cuánto daño causo esta vez, su alteza?

¿Esta vez? Alice intentó detenerse para contestarle pero Serge siguió caminando arrastrándola detrás de él.

—¿Qué es lo que le hace pensar que yo tengo la culpa? —preguntó a sus espaldas.

—Era obvio, inclusive para mi, que quería entrar allí expresamente para causar problemas.

Eso podía ser, ¿pero cómo lo sabía él? Y si él lo sabía, también los otros. Tampoco le llevaría mucho tiempo a Jasper dilucidarlo. Bien, ¿y qué? Pero ya no se oponía a que la llevaran a su cabina.

Pensó en acostarse de inmediato y fingir estar dormida. Obviamente, si Jasper estaba lo suficientemente enojado, el hecho de que estuviera durmiendo no le impediría hacérselo saber de inmediato. En cambio, caminó por la cabina e intentó pensar en una manera de refutar las alegaciones que iba a hacerle. ¿Y si estaba herido? ¿Estaba loca? Por supuesto que iba a estar herido. Ese Corbell era un verdadero gigante. Pero eso no era lo que había querido. Simplemente había deseado causarle alguna dificultad a Jasper para compensar un poco las cosas.

La puerta se abrió mucho antes de lo que había esperado. Alice se volvió de repente conteniendo el aliento. Jasper estaba cerrando simplemente la puerta con llave como hacía cada noche antes de irse a dormir. Incluso cuando la miró, no parecía estar disgustado con ella o con cualquier otra cosa. Pero al intentar determinar su reacción ante el aspecto que ella tenía para evaluar el estado de ánimo y si estaba herido, se encontró mirándole nuevamente, mirándole sin el calor enrojecido de su ira obstruyéndole la visión.

¡Por Dios! La atracción seguía existiendo más intensa que nunca. Su pulso se aceleró. La tensión que había sentido ahora se transformaba en algo más. ¿Hasta qué punto llegaría la injusticia? Después de todo lo que le había hecho, no debería ejercer ningún efecto en ella en absoluto y mucho menos esa agitación vertiginosa en su interior que conocía como deseo. No podía seguir deseándole. Se negaba a hacerlo.

—¿Se divirtió?

Teniendo en cuenta lo que estaba experimentado, le llevó un instante darse cuenta de que se refería a lo que había sucedido en el salón de apuestas. Volvió a ponerse rígida. Sospechaba de su tono indiferente.

—¿Está herido?

Jasper se encogió de hombros y dejó caer su chaqueta sobre el baúl de ropas.

—Algunos magullones. Nada de qué preocuparse.

—No estaba preocupada. Simplemente me preguntaba porqué no le había dicho sencillamente que era su esposa, como le dijo a todos los demás. Eso podría haber hecho que las cosas fueran distintas.

—No tuve ganas de hacerlo.

Eso era demasiado indiferente para su creciente intranquilidad.

—¿No tuvo ganas? ¡No tuvo ganas! —estalló—. ¿En cambio sí tenía ganas de que lo mataran a golpes?

—No fue a mi a quien tuvieron que llevar en volandas a su habitación.

Alice hizo un esfuerzo para que su voz no trasuntara sorpresa.

—¿Quiere decir que ganó?

—Así es.

—Oh, así es. ¿Cómo podía haberlo dudado? Él sólo era una montaña caminante.

—El sarcasmo no le sienta bien, Alice. Y él podría haber sido grande pero era torpe. Los hombres grandes por lo general lo son.

—Usted es grande —no pudo evitar comentar.

—No tanto pero hay excepciones a la regla.

—¿Y con qué reglas estaba jugando esta noche cuando desperdició la mano ganadora? —cuando Jasper frunció el entrecejo Alice aclaró su pregunta.— Vi los tres reyes que tenía, Jasper.

El se sonrió e hizo un movimiento con la mano.

—Eso es solo una idiosincrasia personal. Siento una especie de injusticia al dejar que los reyes ganen por mí.

Este comentario no tenía sentido. Como tampoco el hecho de que no estuviera enojado con ella. Pero el que ella estuviera enojada porque él no lo estaba era lo que menos sentido tenía.

—Bien, estoy complacida de que se haya divertido —dijo rudamente—. Pero, ¿cómo no iba a divertirse? Las apuestas, las peleas, todas esas son diversiones que les gustan a ustedes los hombres ¿no es verdad?

Alice ni siquiera había percibido que él se había aproximado lentamente hacia ella. Ahora estaba lo suficientemente cerca como para tomarla del brazo —cosa que hizo— y llevarla contra su cuerpo. Alice se puso rígida. El no se dio cuenta. La tenía abrazada con los dos brazos sin dejarla mover. Esperó que ella no mirara antes de decir:

—Olvidó mencionar esa diversión con la que usted está tan familiarizada, pequeña hurí —se sonrió—. Eso significa doncella hermosa, no lo que usted está pensando.

—Seguramente sí —dijo Alice en tono de burla, a pesar de la confusión que sentía respecto de si él podría volver a desearla. Pero esa confusión no sería tranquila—. Jasper...

—Si quería un hombre debería haberlo pedido —le advirtió gentilmente—, y no intentar atraer a un extraño.

—¡No lo hice!

Su negación no le molestó simplemente la ignoró.

—Me di cuenta en el preciso instante en que lo provocó, Alice. Estaba allí, en su rostro. Pero disculpo su actitud porque no tuvo... porque paso mucho tiempo desde que... —la segunda explicación tampoco le debió haber parecido adecuada. En realidad parecía estar aturdido. Finalmente optó por olvidarse de lo que estaba diciendo—. La cosa es que, esta noche, causó problemas en forma deliberada. Prefiero pensar que necesita un hombre con tanta desesperación que me aceptaría incluso a mi.

¿Incluso? ¿No sabía que él era el único hombre que aceptaría? No, por supuesto que no lo sabía. Pensaba que había hecho lo que había hecho porque estaba desesperada por un hombre, cualquier hombre, porque la habían mantenido apartada de la ocupación que, según ellos, ejercía. Alice no sabía si explotar de indignación o se risa. En realidad, no podía hacer ninguna de las dos cosas. En este momento, él estaba convencido de que su intención no había sido causar un problema. Si comenzaba a cambiar de opinión estaría furioso. De cualquier modo había disfrutado de esa maldita pelea, de manera que no estaría tan furioso, probablemente lo suficiente como para volver a ponerla sobre sus rodillas. Pero no iba a hacer el amor con él mientras pensara que le estaba haciendo un favor. Si alguna vez hacía el amor con él, tenía que ser porque él estaba desesperado por poseerla. Alice no quería otra cosa que la exquisita pasión que le había hecho sentir esa noche junto al río, no esta vacilación que no era propia de él. En realidad se dio cuenta de que quería mucho más de él pero si por algo se caracterizaba era por ser realista.

—¿La sorprendí? —preguntó Jasper cuidadosamente.

—¿Parezco sorprendida? Creo que lo estoy, lo cual es comprensible después de su reacción ante mi rostro bien refrescado. ¿Qué sucedió? ¿Se me ensució la cara esta noche? ¿Por eso, de repente, vuelvo a parecerle aceptable?

Su tono de voz sonó lo suficientemente despectivo como para que la soltara.

—Usted bien sabe que esta noche se ve excepcionalmente hermosa.

Sin embargo, no la había mirado ni una sola vez. Hasta Emmett la había inspeccionado de arriba a abajo. Y todos los hombres que había visto esa noche habían mirado, al menos una vez, el espacio entre sus senos. Pero Jasper no miraba más abajo de su rostro. Y su cumplido había sido tan inexpresivo que bien podría haber estado hablando del tiempo. ¿Y eso supuestamente tenía que convencerla de que la deseaba?

—Usted no me quiere, Jasper —fue todo lo que dijo.

El no intentó corregirla. Simplemente dijo en un tono distante:

—Una noche puedo entregarme a bellezas como usted. Una noche... sin emoción... sólo placer.

Fueron esas palabras, "sin emoción", lo que le llegó, lo que agudizó el dolor que le había causado sus palabras y lo que le dejó una sensación de rabia contenida.

—¿Qué pasa si no es suficiente con una noche? ¿En ese caso tendré que visitar a Lazar y después a Serge?

Su provocación finalmente le afectó a él también. Ya no parecía tan insensible.

—Se olvidó mencionar a Emmett —dijo con firmeza.

—No, no lo olvidé. No aceptaría a ese pavo real condescendiente no importa cuán desesperada esté. Pero se dará cuenta de que ya no me siento necesitada. El hecho de sentirme compadecida de alguna manera cura todo.

—¿Compadecida?

—No finja no entender lo que estoy diciendo —dijo bruscamente—. No se preocupe. Si descubro que necesito un hombre otra vez sabré dónde buscarle.

Deliberadamente le dejó pensando en esto último que había dicho. Le dió la espalda y se metió en la cama, completamente vestida como siempre. Jasper salió de la cabina dando un portazo. Muy bien. Ahora estaba furioso pero no lo suficiente.


oh oh solo peleando pasan esos 2.. ke barbaros.. bueno.. nimodo..

espero reviews

cuidence