Nota del autor: ¡Hola! Sé que ha pasado muchísimo tiempo, y que tal vez nadie lea esto, pero bueno, al fin esta listo el penúltimo capitulo de este fanfic. ¿Qué si estoy seguro de eso? En definitiva. El trabajo y la escuela consumen mucho tiempo y energías, además de que está ese extraño sentimiento de no querer acabar y a la vez sí, o bien, no saber como acabar.
Sin más, este es el capitulo 25, a uno de terminar esta historia. Ahora si, prometo que no tardaré en subir el final de este fic.
Al Dolmaan OUT!
Paparazzi
—Master-san. Sea sincero con nosotros, por favor. ¿Cuántos secretos tiene VOCALOID? —me preguntó el señor Matsumoto. Ese tipo siempre me recriminaba por no manejar al grupo como se debe. Me pregunto cómo es que semejante tipejo tiene una hija tan simpática—. ¿Se da cuenta, Master-san, que podemos despedirlo por esto?
—Y no solo afectará su carrera, sino también a sus representados —alardeó el señor Suzuki, otro de los viejos de la disquera. Hojeó de nuevo el folder amarillo que ya tenían rato revisando—. Sin duda, el día que estas fotos sean publicadas todo su trabajo se irá a la basura. Es una suerte que primero las recibiéramos nosotros.
—¿En serio? ¿Dejarán que un estúpido paparazzi nos ponga en jaque? —pregunté molesto, no, furioso—. ¿No hay algo que puedan hacer?
—¡Master! —y llegó el rugido que quería evitar. El folder había terminado en manos de Kirihara Masaru, el "respetable" presidente—. El único culpable aquí eres tú. Te fue encomendada la labor, dirigir a estos niños durante su carrera como idols, y eso incluía vigilar su comportamiento. Si te dejamos a ti a cargo, fue por recomendación de Kamui-san, pero veo que estábamos muy equivocados.
—Kirihara-san, yo hice lo mejor que pude.
—¿Lo mejor? ¿Esto es lo mejor? —arrojó el folder a la mesa. Pude ver de nuevo las fotografías que un paparazzi anónimo mandó: Luka y Miku besándose en un camerino, Gakupo en terapia con el psicólogo, Kaito paseando desnudo por el techo del edificio donde vivimos, Meiko en una carrera clandestina y otra en la que parece golpear a un fotógrafo. Sí, esto pintaba muy mal—. Ellos tienen un contrato, un código de conducta que deben seguir ¡y no veo que lo hagan en estas fotografías!
Jodido, así era el asunto. Siempre supe que en algún momento se sabrían todas las faltas que habíamos cometido, pero nunca creí que sería tan repentino y menos por culpa de un maldito paparazzi. Los diccionarios definen al paparazzi como un fotógrafo de prensa especializado en tomar fotos indiscretas de personas famosas. Yo los defino como la escoria del mundo del espectáculo. ¡Los odio! En especial a uno y con justa razón. Y por más que quiero ponerme en su lugar, no logro entender como una persona puede llegar tan bajo con tal de ganar unos cuantos billetes. ¡En serio! La paga ni es tan buena como para permanecer atento hasta de un estornudo de Len. ¿Qué les pasa? Dejen el chico con su resfriado en paz.
¿Recuerdan el rumor de las Olimpiadas? Ese que rodó por internet: VOCALOID cantará en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Rio 2016. Pues eso lo inició un paparazzi cuando vio a uno de nuestros compositores con un gafete del comité olímpico de Japón. El autor tenía esa identificación porque su hermano es un atleta y se acababa de ir a registrar como parte de su equipo técnico. Pero a este fotógrafo ni se le ocurrió investigar nada, soltó el rumor y el mundo perdió la cabeza. Hay que pensar un poco… ¿qué tiene que ver VOCALOID con Brasil? No tendría sentido.
Otro asunto muy difundido fue el incidente de Luka en un restaurante. No voy a culpar del todo al impertinente paparazzi, ¡pero vamos! VOCALOID está formado por personas y como cualquier otro ser humano en el mundo, también se enojan. ¿Por qué cuando un famoso expresa molestia o rompe con su pareja o haga lo que sea en su vida privada, tiene que ser tan importante para todo el mundo? Lo importante debe ser el talento, sus canciones, películas, series, o qué sé yo. Las miradas deberían enfocare en el trabajo, no en su vida privada. ¿Se nota mi odio? No es para menos, por su culpa estoy metido en graves problemas. Y pensar que todo era perfecto hace una semana.
—¡Último concierto en Tokio! —gritó Rin arrojándose al sillón más cercano. Acabábamos de llegar de Seúl después de una semana.
—¡Al menos podrías ayudarnos con el equipaje! —le reclamó Len quien, con ayuda del primo Kii, cargaba las cinco maletas que Rin traía a casa. Y ella dejó Japón solo con una…
—Pero estoy cansada.
—Dormiste todo el camino… —murmuró el chico rubio, ya fastidiado.
—En una posición muy incómoda —respondió su gemela inflando las mejillas. Es imposible ganarle una discusión.
Por mi parte, no podía sentirme tranquilo. Desde que bajamos del avión me sentía inseguro por algo. Tenía un mal presentimiento, pero no sabía por qué. Sentía cómo si nos estuvieran siguiendo el paso, pero por más que revisé y llamé a seguridad, no había nadie sospechoso alrededor, solo lo normal: un par de reporteros, un ejército de fanáticos, el amigo Big C y un subordinado de Otoya. Las cosas parecían en orden, pero no podía calmarme. Pensé que era por algún correo importante que olvidé responder, por lo que de inmediato me senté en el comedor y revisé mis correos en el celular. Supongo que mi inquietud era muy notoria, pues Luka y Miku se sentaron a mi lado, claramente preocupadas.
—Master… ¿estás bien? —preguntó Miku.
La miré a los ojos. Parecía realmente preocupada. Luego vi a Luka, con su eterno rostro serio, pero en su mirada era evidente su interés por mí actuar. Cuando llegamos de alguna gira, lo primero que hago es ir directo a mi cama y dormir cerca de trece horas, no sentarme a revisar correos electrónicos.
—Sí, no se preocupen. Solo creí que había olvidado algo impórtate, pero pareces que no.
—¿Ningún contrato sorpresa de Otoya-san? —bromeó Luka. Se levantó y fue al refrigerador.
—No, ni uno solo por suerte.
—Tienes que relajarte un poco de vez en cuando, Master —Miku me quitó el celular y dejó al centro de la mesa—. No puede vivir todo el tiempo tan estresado.
—¡Oigan, que quieren pedir de comer! —escuché a Luka que les decía a los demás mientras volvía a la sala. Claro, nuestro refrigerador estaba vacío.
—Lo sé, lo sé; Thelma lo dice mucho también. Pero ustedes son una gran responsabilidad, con tantos proyectos, ensayos, sin contar todos nuestros secretos y el hecho de que buscan cualquier pretexto para despedirme…
—¡No dejaremos que eso pase! Si ellos se atreven, nosotros renunciaremos.
—Gracias Miku, pero no hace falta que lleguemos a esos extremos. Ya sé —me apoyé en el respaldo de la silla—, después de este último concierto pediré unas largas vacaciones para todos. Tal vez a los viejos no les guste la idea, pero ya me las ingeniaré.
—¿De verdad? —y puso esa cara de niña feliz tan común en ella—. ¡Eso sería genial!
—Ya verán, será lo primero que les diré después del último concierto.
Sí, como no. Por supuesto que tuve una reunión con ellos, pero no para negociar unas merecidas vacaciones. Pero no me adelanto a los hechos.
No sé de quién fue la grandiosa idea (léase con sarcasmo) de cerrar la gira a lo grande y propuso el Tokyo Dome para ello. Era costoso, ostentoso, arriesgado, atrevido, pero también significaba una importante suma de dinero, no solo con la venta de los boletos, también se planeó grabar el concierto y lanzar un disco y un blu-ray. Para dicha producción se había invertido mucho dinero en equipo, vestuarios, iluminación, músicos, escenario y quien sabe que tantas cosas más de las cuales no fui testigo y ni quise saber. En verdad no tengo idea de cuánto se invirtió, nunca me dejaron ver el presupuesto y tampoco es que me importara mucho. Lo mío era estar al pendiente de los ensayos, llevar a los chicos con el médico y vigilar de cerca las entrevistas que les hacían. Sin embargo, aunque todo parecía normal, no estuve cómodo en toda la semana. Desde que salíamos en la mañana hasta nuestro regreso alrededor de las ocho de la noche, sentía que alguien nos seguía. Mi inseguridad me hizo mandar varias veces a los guardias del edificio a buscar gente sospechosa, incluso le pedía ayuda a Big C para patrullar, sin resultado alguno. Sí, algo estaba mal y no sabía qué. Incluso pensé que me estaba volviendo paranoico, que tanto estrés me volvía loco con cada día que pasaba, hasta que una noche Gakupo me pidió que nos quedáramos un momento en el estacionamiento.
—Alguien nos sigue desde que salimos del estudio —murmuró, apenas para que yo lo escuchara.
—¿Lo notaste?
—Desde que llegamos de Corea. Pensé que no lo sabias Master.
—Cuando regresamos sentí que algo estaba raro —en cierto modo me tranquilizó saber que también él lo había notado—. ¿Crees que sea otro loco como Fujimaki?
—Puede ser… ¡Sh, espera!
Corrió de pronto hacia su auto y abrió la cajuela, de donde sacó una espada de madera. Se acercó de nuevo a mí con el arma empuñada y la mirada fija en la entrada del estacionamiento. Yo no sabía si moverme o no, podría irme o llamar a los guardias de seguridad, incluso tomar una escoba del tipo de la limpieza y ayudar a Gakupo con el intruso. Aún estaba indeciso cuando el muchacho corrió hacia la entrada, listo para atacar. Escuché un grito ahogado y vi que detrás de los contenedores de basura salía corriendo otro tipo. Decidí seguirlos a ambos. Salimos del estacionamiento; el intruso era flaco pero con una condición física deplorable, contrario a Gakupo que lo alcanzó de inmediato y antes de poder cruzar la calle, el joven samurái le barrió los pies con la espada. Aquel tipo cayó al suelo de bruces. En ese momento vi cargaba con una cámara, misma terminó a unos cuantos centímetros de sus manos. Desesperado, el flaco intentó recuperarla, pero la espada de Gakupo fue más rápida y le golpeó en ambas manos. Sin decir nada, tomó la cámara y me la dio.
—Revisa que fotos tiene, por favor —me dijo Gakupo. Luego se volteó hacia aquel sujeto y lo amenazó con el arma de madera.
Nunca lo había visto actuar así. De inmediato accedí a la galería para ver que había ahí, pero por más veces que revisé, solo había cinco fotografías: un par de palomas en la estación de tren, un grupo de colegialas, unos tipos jugando shogi y dos fotografías del grupo, una en la mañana cuando íbamos al ensayo y otra de hacía unos minutos, cuando regresamos del estudio. No había duda, ese era un paparazzi.
—No tiene gran cosa, pero nos ha estado esperando —suspiré. Borré ambas fotografías, solo como una pequeña maldad—. Es un paparazzi.
—Oiga, yo solo quiero ganar un poco de dinero extra.
—¿A costa de nosotros? —Gakupo endureció la voz. Rozó la punta de su espada en la garganta del paparazzi—. ¿Pensabas tomar una fotografía sin sentido y venderla después de inventarte un rumor sin fundamento? Qué vergüenza me das.
—Tranquilo —balbuceó el flaco—. Para ser un idol estas portándote muy rudo.
—Solo actúo según el poco honor que tienes —sentenció el chico. Me pidió la cámara y al instante se la di. La apagó y la dejó en el suelo—. Ahora vete, ¡déjanos en paz!
Sin duda, el momento se hubiese tornado más épico si Gakupo usara una espada de metal y la hubiera envainado después de darse la vuelta. Pero no era momento de pensar en esas cosas, mi atención se centró en el actuar de Gakupo. No es la primera vez que un paparazzi no molesta, ni la primera vez que tenemos un conflicto con uno, pero este actuar por parte de él era muy extraño. Estaba muy callado y parecía molesto. Lo alcancé antes de entrar en el ascensor, así que pudimos tomarlo juntos. Fue un momento de tensión, ninguno de atrevía a hablar. Yo miraba a todos lados mientras buscaba la manera de hablarle, si, normalmente es muy sencillo pero al verlo tan enojado dudé en cómo debía dirigirme a él. A diferencia mía, el joven samurái permaneció inmóvil, con los ojos fijos en las puertas. Fue un momento bastante incómodo.
El elevador se detuvo en nuestro piso y bajamos. Mi tiempo se acababa y tenía que hablar con Gakupo sobre lo que acababa de pasar, aunque no supiera como abordar el tema. De pronto, él se detuvo frente a la puerta. Miró su espada de madera y suspiró. Se giró para verme, luego torció los ojos a su espada y lo volvió hacia mí una vez más.
—¿Fui muy rudo, Master?
—Ah bueno, tal vez, yo diría que, quizá un poco… bastante, digo, lo tiraste con una espada de madera. Gakupo —suspiré. Me rasqué la nuca con algo de nerviosismo—, sé que estos tipos son molestos pero parecías estar furioso con él. Dime, ¿ese flaco ya te había molestado con sus fotografías?
—No se trata de mí, Master. Ese tipo de seguro buscaba a Luka y Miku.
—A ellas… ¿por qué? No me digas que lo de su relación ya se sabe.
El muchacho vaciló unos segundos. Sí, ese era el problema. No importa si las vieron o no, el solo rumor ya es capaz de atraer a un ejército de fotógrafos que buscan obtener una prueba de la relación prohibida.
—No lo sabes aun —dijo resignado—. Veras, cuando llegamos a Corea, Gumi subió una fotografía a su página de Facebook.
—Sí, la vi. ¿Qué tiene de raro? Solo era ella abrazando a los gemelos.
—No. Al fondo se veía a Luka y Miku tomadas de las manos. Como era de esperarse, Internet se volvió loco. Algunos decían que eran pareja, otros que no era nada importante.
—Y por eso ese paparazzi en el estacionamiento… y mi delirio de persecución.
—Desde nuestro regreso nos han espiado, pero aun no consiguen ninguna foto que signifique algo.
—Al menos —me lleve las manos a la cabeza. Esto significaba más problemas para todos. Ahora tendría que conseguir más guardias, quizá pedir apoyo a la gente de Big C o un favor al señor Kamui—. Pero eso no explica tu comportamiento.
—Eso fue por un juramento que hice —tomo su espada con ambas manos y me miró con suma seriedad. En sus ojos se notaba un sentimiento de melancolía pero al mismo tiempo una firme decisión—. Por el amor que alguna vez le tuve a Luka, juré por mi orgullo de samurái que no permitiría a nadie interponerse en su relación con Miku y eso incluye a los quieran aprovechare de la situación para afectar al grupo.
—Vaya —Gakupo me dejó sin palabras. Quizá aún no podía renunciar del todo a Luka, pero estaba determinado a apoyarla en su relación con Miku, aunque fuera muy a su manera, pero lo haría. Esta semana había estado llena de emociones y apenas era miércoles. Aún faltaba lo más intenso.
Llegó el gran día, el magno cierre de la gran gira mundial de VOCALOID terminaría con un concierto memorable en el Tokyo Dome. Se habían preparado hasta lámparas con forma de cada ítem de los integrantes del grupo, se consiguió el mejor equipo de sonido posible, todos los instrumentos eran nuevos, las pantallas eran las más grandes que he visto en mi vida, hasta se usarían hologramas para cambiar la ambientación entre las canciones. ¡Sí! ¡Hologramas! Hasta parece ciencia ficción, ¿no? Imaginen esto: en un momento está Gakupo cantando Dancing samurai con cientos de berenjenas holográficas bailando a sus espaldas, al terminar aparece una casa antigua de la que salen Miku y Luka para cantar Kakome, kakome y después, esa casa abandonada se trasforma en la sala de la corte para Capriccio Farce. Es un ejemplo, ese orden requiere muchos cambios de vestuario. En fin, lo que sería hasta el momento el máximo concierto de VOCALOID atacaría por todos los frentes: canciones populares, un despliegue increíble de recursos tecnológicos, un lugar atiborrado de gente y unos vestuarios asombrosos que la misma Gumi diseñó con ayuda de Mori Cho. ¿Saben la cantidad de dinero que se invirtió? Hasta llevaron un bufet exclusivo al grupo, comida, postres, bebidas… alcohol. ¿Saben lo difícil que fue mantener sobria a Meiko antes del concierto? ¿O que Kaito no se quite la ropa por estar nervioso? Es todo un reto. Pero pudimos sobreponernos a todo eso. Claro, en estos eventos siempre pasan imprevistos, como el hecho de que a medio baile se le rompió un tacón a Gumi y tuvo que terminar la canción sentada al filo del escenario, o un tropiezo del primo Kii que manchó con jugo el saco de Len. Nunca había visto correr tan rápido a Thelma, en diez segundos regresó con otro saco. Pero salvo esos detallitos que nadie supo, el concierto fue un éxito. Pude ver incluso como quedaba la filmación y es un hecho que será una producción asombrosa.
Todo era perfecto y aunque estábamos cansados por el trabajo de esa noche, ante un estadio lleno de fans, y con las gargantas más secas que nunca, celebramos el éxito obtenido con la comida del bufet que habíamos logrado conservar desde la tarde que llegamos al recinto. Solo faltaban Kaito que estaba en el baño y Luka y Miku que se quedaron en el vestidor, como siempre lo hacían. Los platos iban y venían por todos lados, lo mismo las botellas de agua y refresco, vino y cerveza para Meiko, por favor; todo era alegría en ese momento. Recuerdo que estaba a punto de comerme un trozo de pulpo ante la insistencia de Rin cuando escuchamos el agudo grito de Miku. Nos levantamos y corrimos hacia el vestíbulo donde lo vimos. Era el flaco que nos espiaba en el estacionamiento. Gakupo fue el primero en correr tras él, tomando un par de platos para arrojárselos al invasor. Como si de shuriken se tratasen, Gakupo atacó al fotógrafo flaco sin éxito alguno, lo platos solo se estrellaban en las paredes del pasillo. En medio de la persecución, el paparazzi tiro un cesto de basura que provocó un resbalón a Gakupo y frenó su carrera.
—¡Va al estacionamiento! —nos gritó.
—¡¿Y la seguridad donde quedó?! —escuché exclamar a Thelma.
—¡Meiko! ¡Atrapalo! —dije alzado la voz sobre nuestro propio escándalo. Ella se sonrió y corrió al estacionamiento. ¡Que falta nos hizo Big C esa noche! Pero él tenía su propio evento.
Me volvió hacia Miku. Estaba temblorosa, casi llorando a causa del flaco, mientras Luka sostenía sus manos con firmeza, aunque se seguro estaba tan ansiosa como ella. No quise profundizar en detalles, solo les pregunté qué pasó en el vestidor. Ambas dijeron que solo se habían besado y en ese momento notaron el flash de la cámara. Al menos solo fue un beso y no otra cosa.
Por un momento suspiré aliviado, pero el gusto me duró poco, pues recordé que Meiko tenía en sus manos la vida del paparazzi. De inmediato me llevé a Kaito y Gakupo para evitar una desgracia mayor, mientras que Thelma y el primo Kii volvían a los vestidores con el resto del grupo. Corrimos lo más rápido posible, algo ya difícil para los dos chicos que estaban cansados por el concierto.
Salimos al estacionamiento y ahí vimos a Meiko correr detrás del molesto paparazzi. Sin duda, las actividades físicas no eran el fuerte de ese tipo, que a cada paso se veía más cansado. De un repentino salto, Meiko lo tacleó y ambos terminaron en el suelo, forcejeando por hacerse con la cámara fotográfica. Nos acercamos para ayudarla y evitar que matara el acosador, pero antes de que les pusiéramos las manos encima, un flash nos petrificó a todos. Montado en una motocicleta, otro paparazzi tomaba fotografías de tan peculiar momento, sin quitar su amplia sonrisa del rostro. Aprovechando la distracción, el flaco empujo a Meiko, que cayó sentada con la cámara en sus manos. Sin importarle, aquel tipo fue con su compañero y antes de que pudiéramos reaccionar, ambos se marcharon, internándose en las calles de Tokio.
—Maldición —murmuro Gakupo sumamente frustrado.
—Se fueron esos infelices —dije. Al menos teníamos un leve consuelo—. Y dejarán a Meiko mal parada ante la prensa, pero nada que no se pueda solucionar con un par de llamadas y una entrevista.
—Em… Master —balbuceo Kaito hecho un manojo de nervios. Sentado a un lado de Meiko, revisaba los archivos que esa cámara contenía… o eso se suponía—. Tenemos un pequeño problema.
—¿Qué quieres decir con eso?
—No hay ningún archivo —murmuró Meiko con la mirada vacía y la mandíbula desencajada—, está vacía. Y el otro tipo me tomó fotografías forcejeando con ese flaco.
—Parece que ni siquiera estaba prendida —agregó Kaito. Esto era malo, muy malo.
—¡¿Qué?! ¡¿Nos tendieron una trampa?!
Unas cuantas horas después, apenas amaneció, recibí una llamada. Esperaba que fuera de la gente de Big C o del señor Kamui, pues habíamos recurrido a ambos para buscar al par de fotógrafos. Lamentablemente, la llamara era de mis superiores. Me citaron de inmediato en su oficina para tratar un tema muy delicado, mismo que ya me suponía cual era. Después de tanto tiempo, al fin habíamos perdido la batalla por la privacidad de VOCALOID; no era difícil imaginarme lo que vendría después: primero una reprimenda tremenda a todos, en especial para Luka y Miku; quizá hasta deberían hacer un video o pedir disculpas, que sé yo; luego una prohibición, de algún modo se acabarían todas las relaciones que hay en el grupo; y al final, me despedirían. Lo único que me quedaba era negociar con los jefes para que el castigo no fuera tan severo para mis chicos, porque yo estaba hundido…
—Entonces, Master-san, ¿qué propone? —me dijo Kirihara-san, saboreando cada palabra—. Estos tipos nos proponen un trato, una cantidad de dinero a cambio de no publicar las fotografías. Podemos pagarlo, claro, pero ese dinero debe venir de algún lado, ¿no? Casualmente, la cantidad que nos piden equivale al salario de alguien que no ha cumplido con su trabajo satisfactoriamente.
Guardé silencio. Ya no había nada que pudiera hacer…
—Master-san, ¿se sacrificaría por sus queridos VOCALOID? —preguntó Kirihara con una repulsiva sonrisa.
—Yo… —apreté los puños. Si con esto ellos estarían en paz, no tenía otra opción, después de todo, estos viejos ya se darían cuenta de su error al no darles la libertad necesaria a mis representados, tendrían malos resultados y el único que podría salvarlos sería yo. O… ¿tal vez mi error fue guiarlos de una manera occidental? —. Renuncio.
