Pecado.

Entonces ella suspiro el oxígeno que aún quedaba en sus pulmones, sustituyendo su molécula vital por algo intangible que le concedería la eternidad.

Sus manos se entrelazaron al quedar uno frente al otro.

Sus ojos quedaron prendados en el del otro como si su cordura dependiera de ello.

Los labios evocadores de palabras de amor y promesas permanecían sellados en sonrisas que prometían sueños por cumplir.

Palabras que solo podrían desembarcar en la boca del otro, cargados con mucho: Amor, cariño, ternura y pasión, un poco de paciencia, diversión, tristeza y añoranza.

La piel que esta al descubierto es acariciada por el sol, quien suavemente disfruta de amplificar la belleza natural de las dos almas que se aman con la mirada.

Él en cambio tomo una bocanada grande de aire, insuflando sus pulmones de eternidad, proveniente de ella.

-Te amo tanto, Saori. –Susurro contra sus labios en una caricia íntima y efímera.

-Te amo demasiado, Seiya.

Nada importaba en ese momento, nada que no fuera el tacto del otro. Sus sentidos estaban completamente enfocados en la persona amada.

-Estamos en problemas. –Murmuro ella en un tono de voz que dejaba en claro que poco le importaba el mundo entero cuando se trataba de ellos. –Estarán enojados porque he pecado al amarte.

-¿Cómo puede ser pecado el amor? Entonces deberíamos pecar todos, sin arrepentimientos, sin dudar, sin consciencia que nos detenga. Me convertiría en el pecado original si eso implica un bocado de tus labios.

No importaba que nombre le pusieran a su eternidad, ya fuera esta amor, deseo o pecado, lo único que existía para ellos era su esencia vital en los pulmones del otro.

-¿Pecarías por mi aun si eso implica que tu alma sea arrastrada a las llamas del infierno? –cuestiono ella en un arranque de preocupación sincera.

-Sin dudar, pero mi alma no iría a las llamas del infierno, no haría ninguna diferencia porque he vivido un incendio a tu lado. Con el fuego de tus besos y el ardor en tu mirada de princesa. –Le guiño un ojo divertido. – Además, yo no tengo alma. Soy un pecador ¿recuerdas? No tenemos derecho a ser propietarios de nuestras almas, simplemente debemos entregárselas a un ángel para que las purifique y nos "devuelva" al camino designado por los dioses.

-¿Y cuál será ese ángel que nos acepte a los dos? –Al ver la confusión en su rostro su sonrisa pícara se amplió –También soy una pecadora por tus besos.

-Que mal, debemos buscar un ángel que acepte a este par de rebeldes descarriados, errantes en su propio camino a la felicidad. –Bromeo con una sonrisa fugaz que desapareció y reapareció en los labios de ella al sentir sus labios.

-Uh. Qué bueno que no tenemos prisa en enmendarnos. Prefiero seguir presa de tus locuras, caballero.

-Y yo no pienso dejar escapar a mi prisionera con facilidad.

Y sin embargo, sus pulmones aun exigían la presencia de oxígeno para funcionar, porque ni siquiera el amor en su forma de eternidad bastaba para hacerlos vivir.

Ella respiraba la inmensidad de su amor.

Él devoraba su pureza como un orgulloso lobo caza a un conejo inocente.

Ella no comprendía de pecados.

Él estaba hecho de ellos.

Ella existía para sí misma y para él.

Él existía por sí mismo y para ella.

Eran un circulo infinito de amor reciproco.

Donde no existía un final pues comenzaban de nuevo, en un descubrimiento eterno.

Él ya no entendía de vidas humanas.

Ella solo deseaba ser más humana.

Ella deseaba experimentar con todos su sentidos mortales el amor.

Él quería más de lo que daban para sentirlo con todo su ser.

Lo único de lo que tenían certeza era de que su amor los guiaría hasta las estrellas.