DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

¿ DIFERENTES ?

CAPITULO 25

Dios mío.

Tenía frente a mí a una preciosa chica completamente desnuda. Esperaba algún rubor o cierto nerviosismo de su parte, pero sin dudas era una profesional.

Y yo estaba allí para intentar plasmarla lo mejor posible.

Me parecía ridículo que los estudiantes del primer año de Arte y Pintura compartiéramos aula con los que llevaban años allí, pero el taller era así.

Así que, aunque evidentemente, nuestros retratos no se parecerían a los que harían quienes tenían experiencia, nuestro profesor quería ver algo sobre nuestras técnicas, y nuestros fallos y aciertos.

Así que allí estaba yo, mirando una chica vestida nada más que con pendientes y collares de cuentas, e intentando hacer un buen trabajo.

Me entusiasmé. Me entusiasmé como hacía tiempo no me entusiasmaba con nada. Y cuando la clase que duraba una hora, acabó, me sentí obligada a permanecer allí y me quedé una hora más.

- Me gusta su técnica, señorita Swan – me dijo el viejo Banner – Creo que tiene un gran potencial

- ¿De verdad? – pregunté con el entusiasmo de una chiquilla

- Sí, sin dudas – dijo mirando mis primeros esbozos – Trazos firmes, seguros, buena perspectiva. Creo que sabe posicionar los ejes. Me gustaría que siguiera con este retrato antes de pasar a algo más.

- Gracias, señor. Claro que lo haré.

- Tiene potencial – repitió haciéndome henchir de orgullo – Si, tiene potencial – dijo nuevamente pero alejándose de mí

Salí del campus entusiasmada, y en lugar de ir a mi departamento, corrí hasta la estación del metro y media hora después golpeaba en el departamento de Edward.

- Hey, Bella – me saludó Emmett mirándome sorprendido

- Hola, Emmett

- Hola – dijo haciéndome entrar – No te esperaba, no sabía que vendrías.

- Lo sé, en realidad es una visita sorpresa. ¿Edward está?

- Sí, está en su habitación – dijo señalando la puerta de Edward – Pero déjame advertirte que no está de muy buen humor.

- ¿Por qué? ¿Sucedió algo?

- Creo que alguna historia de papeleo, trabajo, no sé. Estaba hablando con su abogado.

- ¿Edward tiene un abogado? – inquirí sorprendida y el rostro siempre desenfadado de Emmett se tornó carmesí

- Eh, ah, bueno, creo que sus padres tienen uno

- ¿Y por qué necesita un abogado? ¿Le han despedido?

- ¿Eh? Qué va, cómo crees. No sé, ya te lo explicará él.

Fruncí el ceño intrigada pero decidí que Emmett no me iba a decir nada más, así que me dirigí a la habitación de Edward.

La puerta estaba entreabierta así que no creí que estuviese entrometiéndome cuando le escuché hablar con un tono duro que nunca le había escuchado antes.

- No, Carlisle, no... no sé lo que pretende conseguir, pero no va a sacarme nada más... Esos derechos son míos y me importa una mierda que fuera su hermano... Son mis acciones y no es mi problema que él fuera un pésimo administrador...

Edward estaba sentado en la silla giratoria frente al escritorio que tenía en su habitación, mirando la pantalla de un ordenador portátil de última generación que nunca antes había visto allí.

Di dos suaves golpes en la puerta abriéndola y quedando de pie bajo el quicio.

Giró la silla aún con el teléfono en la oreja, escuchando a su interlocutor, y me vio allí.

Su primera reacción fue de sorpresa pero en seguida se recuperó y sonrió, levantándose de la silla y caminando hacia mí.

Besó mi frente y rodeó mis hombros con su brazo. Respiré su exquisito perfume y rodeé su cintura con mis brazos apoyándome en su pecho.

- Lo sé, Carlisle, lo sé... ya he hablado con Jenks, él se encargará... – dijo al teléfono – No te preocupes. Ahora tengo que colgar, te llamaré mañana. Sí... dile... de acuerdo, pásamela – dijo y se quedó esperando en silencio acariciando mi espalda – Hola, mamá – dijo después de un momento – Bien... lo sé... intentaré tomarme unos días aunque no sé cuándo podré hacerlo... ya... no hay problema, lo arreglaré, no te preocupes. Tengo que dejarte, mamá... – dijo haciendo un divertido mohín de fingida exasperación – de acuerdo, te amo, mamá – dijo finalmente con ternura antes de colgar.

Cortó la comunicación y lanzó el teléfono sobre la cama.

- Hey, nena – susurró levantando mi rostro hacia él y dedicándome su sonrisa más dulce – ¡Qué magnífica sorpresa! No te esperaba – reconoció antes de descender sobre mis labios para besarlos con ternura.

- Espero no molestarte – murmuré cuando se separó de mí

- ¿Molestarme? ¿Cómo crees? Me encanta que estés aquí. Sólo que es bastante tarde – dijo y miré mi reloj dándome cuenta de que ya eran las 9.

- No pensé que fuera tan tarde, acabo de salir de la universidad.

- ¿A esta hora? – dijo tirando de mí para sentarse en su cama y ubicarme en su regazo

- Sí. Tuve clase de arte y me entusiasmé mucho.

- ¿En serio? – sonrió – Cuéntame.

- Primero cuéntame tú. Emmett dijo que tenías algún problema en el trabajo.

- Oh, no, no es nada – dijo restándole importancia – Cuéntame tú.

- Venga, dímelo. Parecías bastante alterado al teléfono. ¿Hablabas con tus padres?

- Sí – reconoció con un suspiro

- ¿Has tenido algún problema con ellos?

- No – respondió escueto

- ¿No quieres contarme?

- En realidad ahora mismo me gustaría escuchar tus buenas noticias – explicó y me sentí obligada a darle gusto.

- Dios, Edward – exclamé recuperando el entusiasmo que tenía antes de salir del taller de pintura – Me ha encantado. No te lo imaginas. Mi profesor dice que tengo potencial. Es tan... no sé cómo expresarlo... es... dios, nunca pensé tener ese subidón...

- Me encanta, cariño – sonrió divertido con mi verborrea – Veo que realmente te ha entusiasmado.

- No lo imaginas. Al principio, cuando la modelo se sentó frente a mí, pensé que sería incapaz de hacerlo, pero luego los trazos surgieron solos del carbón, fue... es inexplicable... fue como una epifanía

- Vaya, nena – sonrió – Entonces ha sido una buena idea que te decidieras por Arte.

- Uff, eso no lo sé, ya que ahora mismo sólo quisiera pintar todo el tiempo... y todavía tengo que ocuparme de mis otras asignaturas.

- No te preocupes, preciosa, eso es porque es la primera clase, ya verás que podrás darle el lugar que corresponde.

- Estoy tan contenta de haberlo elegido.

- Me alegra, nena – aseguró estrechándome en sus brazos – ¿Vas a quedarte a dormir? – ronroneó contra mi cuello rozando su mejilla áspera contra mí.

- Si me invitas...

- Estás invitada – aseguró poniéndose de pie y llevándome con él en sus brazos – Vamos a comer algo.

Me llevó en brazos hasta la cocina, para dejarme sentada frente a la barra.

Emmett estaba frente al microondas esperando que terminase de calentar su cena.

- Hay lasagna que dejó Rose – nos informó y Edward sirvió dos porciones para meter en el microondas después de Emmett.

Nos sentamos los tres y le conté a Emmett sobre mi clase de arte, haciéndolo reír cuando le prohibí a Edward ir a verme pintar, ya que seguramente se toparía con una chica preciosa y desnuda.

- ¿Y tú, Edward? ¿Has podido arreglar algo? – preguntó Emmett y Edward revolvió su comida con nerviosismo.

- Algo – dijo vagamente – Está en manos del abogado.

- Es un cabrón – soltó Emmett y me sentí frustrada porque Edward me ocultara sus problemas.

- ¿No vas a contarme qué sucede? – pregunté ciertamente acongojada

- No pasa nada, cielo, no es importante – intentó desentenderse

- No pasa nada, no es importante, pero hay abogados involucrados – dije molesta dando un último bocado a mi lasagna – Me voy a la cama – anuncié levantándome de mi asiento y dejando el plato en el lavavajillas, antes de salir claramente irritada.

- Hey, Bella – dijo tomando mi brazo al pasar y deteniéndome.

- Me voy a la cama – repetí zafándome de su agarre.

Le escuché hablar con Emmett cuando entré en la habitación.

Me desnudé y me puse una camiseta de Edward. Estaba en el lavabo cepillándome los dientes cuando Edward entró y se paró detrás de mí.

- Hey, cariño – dijo rodeando mi cintura por la espalda para mirar mi rostro enfadado a través del espejo – No te enfades, nena.

Bajé la cabeza para enjuagarme la boca y cuando volví a erguirme observé molesta su reflejo.

- Lo siento, Edward, pero no puedo dejar de molestarme al ver que me ocultas cosas y no sé por qué lo haces.

- No te oculto cosas – suspiró y me volteé hacia él

- Sí que lo haces. Lo haces y lo sabes. Emmett sabe lo que te sucede pero yo no tengo idea porque cada vez que te pedí que me lo dijeras me has contestado con evasivas – gruñí antes de alejarme de él y entrar en la habitación para meterme bajo las mantas.

Edward estuvo un rato en el baño preparándose para dormir. Cuando salió yo estaba acostada de espaldas a él.

Se metió en la cama poniéndose de costado y tirando de mi hombro hacia él.

- Bella, nena... – me llamó pero me sentía furiosa con él

- Estoy cansada, Edward – gruñí sin voltearme

Inspiró y exhaló profundamente antes de acostarse pegado a mi espalda y rodear mi cintura con su brazo.

- Mi tío me está reclamando un dinero que en realidad no le corresponde – explicó y no pude evitar ablandarme – Mi abogado está ocupándose de demostrar que es así.

- ¿Tu tío? – pregunté girándome para quedar de cara a él.

- Sí. El hermano de mi padre.

- De tu padre ¿Carlisle?

- No. De mi padre biológico.

- ¿Es aquel que quería obtener tu custodia cuando murieron tus padres? – indagué recordando algo que Edward me había contado hacía tiempo en una de nuestras primeras citas.

- El mismo.

- ¿Y por qué te reclama dinero? – pregunté confusa, ya que Edward no parecía ser una persona que tuviera mucho dinero.

Suspiró y tardó un momento en contestar.

- Él y mi padre tenían un pequeño negocio juntos en Chicago.

- ¿Qué clase de negocio?

- Un estudio de grabación – confesó y entendí el amor de Edward por la música – Bastante pequeño. Comenzó siendo algo a medias, pero mi tío es un jugador y a medida que fueron pasando los años fue vendiéndole sus acciones a mi padre. Cuando mis padres murieron, el estudio aún era pequeño, y Carlisle le compró para mí, las pocas acciones que le quedaban. Hace un año, vendimos el estudio, y él reclama que, ya que ahora el estudio era más importante que hace diecisiete años, le debemos una parte de la venta.

- Eso es una tontería – aseguré

- Lo sé, pero el caso es que ha presentado una demanda.

- ¿Qué abogado suicida ha contratado?

- Él asegura que cuando le compramos las acciones era previsible que el valor del estudio crecería.

- ¿Por qué?

- Qué sé yo – murmuró frustrado – Se supone que hicimos trabajar al estudio de una forma que no se había hecho antes.

- Eso no tiene nada que ver.

- Lo sé – dijo apretándome contra él – ¿Podemos dejar de hablar de él?

- ¿Por qué no querías contármelo? – pregunté en voz baja con la mejilla pegada a su pecho desnudo.

- No es que no quisiera contártelo, pero es un tema que me pone de los nervios y cuando estoy contigo me gusta disfrutarte.

- Quiero que compartas todo conmigo, Edward.

- Lo sé, cielo, pero honestamente, a pesar de ser un cabrón es mi tío, es parte de mi familia y la verdad es que me avergüenzo de él.

- Dios, qué tontería. No tienes que avergonzarte de nada delante de mí, ¿o crees que yo estoy orgullosa de mi hermana?

- Lo dudo – sonrió restregando su mejilla en mi cabeza

- Exacto, pero como sé que tú me amas, no me importa que sepas de ella

- Tienes razón – reconoció – Te amo, Bella.

- Y yo a ti – aseguré y nuestro pequeño malentendido quedó olvidado.


Gracias a todos/as por todo.

Dejo un adelanto del próximo capi:

- Entiendo – dijo asintiendo – ¿Hay algo que quieras preguntarme sobre eso? Tal vez pueda llenar las lagunas que Rose dejó.

- No quería entrometerme en tu vida, Edward.

- No me gusta que cotilleen sobre mí a mis espaldas.

- No estábamos cotilleando sobre ti – discutí incómoda – ¿Tú nunca hablas de mí con tus amigos?

- No ando curioseando sobre tu vida.

Besitos y nos seguimos leyendo!