ACLARACIONES: Los personajes no me pertenecen, son creación y obra del mangaka Masashi


Capitulo beteado por Flor Carrizo y Ann Anna, Betas FFAD

www . facebook groups /betasffaddiction/


CAPÍTULO XXIV

HACE MUCHO QUE NO ERA FELIZ (PARTE I)

Vaya… la noche que pasé al lado de esa chica, a pesar de que no tenía experiencia alguna, la disfruté más que con cualquiera que tiene tanta o más experiencia que yo. Para mí, salir con chicas es más una forma de ahogar muchos recuerdos y dolores que pasé a lo largo de los años, es mi forma de perder la soledad, de olvidar mis responsabilidades y todo el peso que, a veces, no desearía cargar.

Mi tío Madara siempre me recuerda cuál es mi deber dentro de la empresa familiar y por qué debo estudiar esta carrera. En realidad me gusta, pero a veces siento que no es exactamente lo que mis padres deseaban para mi futuro. A pesar de estar opacado con la luz de mi hermano, al menos, pude crecer como un niño normal.

También, cuando sólo quedamos Itachi y yo, me dejó ser normal, crecer como un niño normal y ser un adolescente normal. Pero cometí el error más grande, me dejé vencer por mi soledad y me volví completamente rebelde y, a pesar de mis impecables notas, no pensé que lo afectaría, ni siquiera me importaba eso y él jamás me lo quiso demostrar. Él siempre me dio ese toque que me hacía sentir la calidez y el cariño que perdí cuando mamá murió.

Pero ahora, con esta chica es diferente, ella fue más necia de lo que imaginé y puso, en un momento, mi mundo de cabeza, aunque ella jamás lo sepa. Además no pienso tener jamás nada serio para después perderlo, aunque tampoco sería lo mío... lo mío es vivir hasta que el alma resista.

Cuando me despierto, me quedo unos minutos embobado mirando el dulce y suave rostro de esta chica, pero en cuando tengo conciencia de que es una completa estupidez y pérdida de tiempo, me levanto y me visto, cubriéndola a ella y buscando la manera de quitarme la imagen de ella dormida.

La ducha es la peor que he tomado en años, me siento como un maldito adolescente que descubrió el sexo… Por eso necesito una larga ducha, aunque sólo me recuerda mi frase de ayer:

"Y sólo es el primer día y fue de práctica."

Esa advertencia era para ella, pero me afecta más de lo que imaginé. Su pequeño y apretado coño es perfecto y tan cálido que si no hubiera sido la primera vez de ella, hubiera durado hasta que me hubiese vaciado.

—Esto es una estupidez, no puedo pensar sólo con mi polla, además hay mejores coños que ese —me digo mientras pongo la ducha más fría.

Pienso que ponerla más fría me calmará y resulta, pero sólo hasta que recuerdo lo de anoche y vuelvo a sentir ese calor que me pedía más. Pero no puedo dejarme controlar por nada ni nadie, sé que mi polla a veces me gana al pensar sólo en sexo pero, desgraciadamente, no se sintió como sólo sexo.

—Vamos Uchiha —me digo cerrando la llave.

Me visto lo más rápido que puedo y me voy a tomar algo de desayuno, jamás he descuidado mi salud, a menos que sea la época de... de eso.

Me preparo algo rápido y cuando termino me voy a buscar mi amado Porsche y salgo como loco a ese campo que hice para cuando necesito correr hasta que el auto no puede moverse.

.

.

Después de vaciar por completo el tanque de tres de mis automóviles —la verdad jamás había necesitado llegar a tanto— y terminar todo lleno de polvo, no puedo sentirme completamente satisfecho. Pero al menos por un momento olvidé todo y sólo dejé que la adrenalina llenara mi sangre, mientras dejaba el acelerador a todo lo que daba y me quedaba en silencio contemplando el atardecer.

No quiero encontrarla en mi camino de regreso, por lo que espero que el sol baje para regresar a mi casa, donde me espera el silencio y la paz, cosas que muchos esperan tener al menos cinco minutos, mientras que yo estaría feliz escuchando un par de regaños de Itachi, como mi padre me comparaba con mi hermano mayor o los dulces abrazos y cuentos que mi madre me contaba.

—Necesito una cerveza —me digo frustrado, mientras despeino más mi alborotado cabello.

No me gusta tener que pensar en todas esas cosas que ya no están presentes en mi vida. A veces, recordar lo que algún día fue me hace plantearme hacia donde estoy caminando y ver que no soy el orgullo y lo esperado por mis padres, pero tampoco puedo negarme a imaginar que ahora yo soy el que está eligiendo esta vida.

.

.

He pasado una semana de la más pesada, las clases fueron demasiado aburridas e, irónicamente, conozco muchos de los temas. Gracias a los veranos ayudando a mi tío, sé muchas estrategias de negocios y varias teorías que, en más de una ocasión, me explicó Madara para que supiera cómo se maneja la empresa o qué métodos usan para que la empresa se mantenga como una de las mejores.

Pero lo que más me molesta de esta semana, es que no he dejado de pensar en esa chica de cabellos rosas. No pude olvidar su respiración contra la mía o lo suave que resulto su piel cuando mis dedos y mis besos pasaron por ella. En ese momento no pude recorrerla completa porque la hubiese devorado de una sola vez.

También estaba su largo cabello acomodado entre las suaves almohadas de mi cama, pero lo que más recuerdo son sus gemidos y los pequeños suspiros que soltaba cuando la recorrí con mi cuerpo. Estoy completamente jodido y no puedo imaginar cómo sería volverla a tener cuando ya no estuviera tan avergonzada y se dejara llevar por la pasión y me hiciera…

—Maldita sea —susurro.

— ¿Qué pasa Teme? —me pregunta Naruto.

—Hmp. —Arqueo la ceja.

—Como siempre de buen humor —se queja el idiota.

—Sólo déjame —le digo serio y pasando de largo.

No puedo negar que esa chica tiene algo especial y único que me hace pensar tanto en ella y cómo me gustaría follarla. Pero por cursi que suene, también he pensado en otras cosas que hacer, pero siempre termino pensando en su cuerpo sobre el mío y sólo aspirando su aroma a cerezos, que es dulce y adictivo.

Estoy caminando hacia mi precioso volvo, que el día de hoy decidí sacar, pero de repente vi a las amigas de la muchacha que me tiene comportándome como una chica. Comienzo a retirarme pero en ese momento la veo salir…

—Chicas si quieren quítenmelo. —La escucho entre risas mientras camina de espaldas.

—Así te va a ir —le responde la castaña.

—Vamos no es tan difícil. —Parece que las está provocando, pero el único afectado soy yo.

—Hmp… yo te lo quito —le digo a sus espaldas.

Volver a oler su cuerpo con esencia a cerezas me vuelve loco, y más cuando siento su leve rubor cubriendo esas rosadas mejillas y como, por un momento, tiembla su cuerpo por mi cercanía. Lo que más deseo es tenerla en ese momento para mí.

—Vámonos Sakura —la llaman sus amigas.

—Hai —responde muy bajo y un poco ronco.

Tal vez no se da cuenta de lo excitado que estoy, en verdad esta chica puede ser más peligrosa porque no sabe lo sensual que puede ser. Así que, para tomar el control, le tiro sus cosas y la "ayudo" a levantarlas.

—Mañana te espero —le digo fríamente—. Iré mañana desde temprano por ti

— ¿Estás loco? —exclama seria y molesta—. Terminamos la dieta ya.

—Mañana iré a las siete de la mañana. —Me acerco a sus labios, son una tentación—. Hmp… Lo siento —le digo separándome para levantarle las cosas y se las entrego.

Me alejo varios metros de ella y sólo me giro un poco para ver que está paralizada. Parece que está cediendo un poco más, aunque parece que su firme convicción tiene el control… No puedo evitar sonreír por ello.

.

.

Hoy me despierto más temprano de lo que imaginé y, como siempre, duermo del lado izquierdo de la cama. La verdad siempre me he tomado mi tiempo para descansar sólo lo suficiente, a veces el dormir y soñar me perturba más porque en ellos veo a mi familia y alguna de esas tardes que pasábamos disfrutando de los descansos que tomaba papá para estar con nosotros.

Con esas ideas en mi inconsciente no puedo dormir más de seis horas, a menos que tenga una dura sesión de sexo, con alguna chica de mente liberal, que me haga disfrutar de los placeres de la carne. Aunque en realidad sólo he dormido más de seis horas cuando era más joven y me perdía hasta que la conciencia desaparecía y terminaba tirado en algún maldito sillón o cuarto de algún hotel sin saber qué pasó esa noche o día.

Trato de quitar eso de mi mente, me despeino y me meto en el baño. Es temprano, ni siquiera salieron los primeros rayos del sol, por lo que decido estar unas horas entrenado este cuerpo que no se logra sólo comiendo sino con actividad física.

Cerca de las seis de la mañana me doy una ducha y decido vestirme algo casual, con unos pantalones vaqueros y una camisa que muestra mi pecho cuando le abro los primeros botones.

El camino a casa de la chica es más corto de lo que pensaba, no hay mucho tráfico, por lo que no tardo en estar frente a su puerta. Soy recibido por una hermosa mujer, que se parece mucho a ella, pero al mismo tiempo es completamente diferente, no sólo por su físico, sino que su carácter. La mujer parece más abierta y no duda en abrirme la puerta y hacer que espere a Sakura mientras la despierta.

—Espérame aquí. —Escucho que me dice—. Por cierto soy Reira —me saluda—. Esa chica que no me avisó que venías.

—No se preocupe, señora, seguramente lo olvidó. —Soy un maldito descarado que se ganó su confianza.

— ¿Cómo dices que te llamas? —me pregunta mirándome

—Uchiha Sasuke. —Le hago una reverencia que hace que sus ojos brillen.

Mientras me quedo solo, observo la casa. Es algo pequeña pero tiene su lado hogareño, no como la mía. Tiene las paredes blancas y hay unas fotos de buen tamaño colgadas.

La primera es de una hermosa mujer con el cabello corto, en blanco y negro, tiene algunos rasgos parecidos a Sakura, la nariz respingona y la barbilla suave y sensual.

La siguiente foto es de una pequeña niña de no más de un año, con su cabello rosa y peinado con un moño blanco, lo que me causa gran simpatía es que se mordía el labio inferior con sus pequeñas manos en su regazo.

En la siguiente hay un joven de nueve o diez años con una enorme sonrisa y su cabello rojo como el fuego, muy atractivo.

Y la última es de otra pequeña niña con el cabello también rosado y unos ojos brillantes y llenos de luz, pero al mismo tiempo con su propia magia.

—Son las fotos de mi familia —me dice mientras me toma desprevenido.

—Ya veo, entonces debo de adivinar que usted es la mujer de la primera foto —le contesto volviendo a ver esa fotografía.

—Estás en lo cierto, me la tomaron cuando tenía 33 años y ya tenía a mis tres hijos —me cuenta con un tono de orgullo y felicidad.

—Lo imaginé. —Le doy una sonrisa—. La siguiente es de su otra hija.

—No, ella es Sakura cuando tenía un año, siempre ha sido algo más tímida y no ha dejado de morderse el labio desde esa edad

Es curioso lo mucho que ha cambiado desde esa imagen de una pequeña con ojos temerosos. Ahora tiene una mirada más viva y la confundí con la otra pequeña niña, pero me imagino que será cierto por esa manía de morder sus labios, lo noté mucho durante la exposición.

—La otra niña es mi pequeña Jun, es completamente diferente a Sakura, además siempre se han defendido. —Sonríe—. Y el joven que se encuentra ahí es mi hijo mayor, Takumi.

Me habla un poco de ellos, pero cuando sale Sakura me pierdo un poco en lo que me dice.

Sakura se ve muy hermosa, tiene una blusa rosa que acentúa su figura, un pantalón que hace notar lo firme de su trasero y aquel cabello largo y sensual. Rápidamente aparto mi vista para que no sepa lo que provoca en mí.

—Al fin sales Musume. —Escucho a Reira—. Bueno, los dejo y espero volver a verte Sasuke.

—Con todo gusto, Reira-san —le digo con una reverencia.

—Cuídate mucho —le pide su okaasan.

—Yo la cuidaré, no se preocupe. —Le doy una de mis mejores sonrisas—. La veo en la tarde.

—Claro. No olvides, Sakura, marcarme cuando vengan de regreso. —Sonríe.

Salgo detrás de ella, que me ignora olímpicamente hasta que ve mi pequeño auto deportivo.

—Lindo auto —dice fríamente, aunque no le creo nada.

—Hmp —le respondo dándole por su lado.

Manejo como siempre, a una buena velocidad, teniendo un poco de cuidado al notar que ella se queda completamente dormida. Me molesta eso, yo le advertí que llegaría a esa hora y ella ni siquiera tomó en serio mis palabras.

—Hmp —le hablo levemente—, llegamos.

—Hai —me responde somnolienta.

Espero que abra la puerta, pero es demasiado lenta, por lo que espero mirando el jardín de la familia.

— ¿A dónde vamos? —me pregunta.

—Hmp… ven —le respondo caminando delante de ella.

Estoy algo molesto pero no soy un idiota barbaján para no pensar que ambos necesitamos de un buen desayuno, así que caminamos hasta mi cocina.

—Primero desayunaremos —le digo más rudo de lo que pretendía.

—Hai —me responde altanera.

Me encargo de preparar un sencillo desayuno. Pienso en algo diferente para hacer en este día, con ella podía estar en paz aunque por sus ojos podía ver que pensaba en otra cosa. Igualmente se lo dejo pasar, así que termino el desayuno antes que ella.

—Hmp ¿terminaste? —le pregunto serio.

Lo que más me fastidia son esos estúpidos suspiros, no puedo adivinar en qué demonios está pensando y me frustra no poder leer su mente.

—Ya casi término —me responde tranquila.

—Date prisa —le ordeno molesto.

—Tenemos tiempo y yo estoy cansada. —Ella se molesta un poco.

—Hmp… —Finalmente, decido dejarla en paz.

Cuando termina se levanta a lavar los platos y la espero, aunque casi no puedo soportar como me hace enojar.

—Hmp... Date prisa —vuelvo a ordenarle.

—Ya voy —me contesta terminando de lavar—. Además no vamos a salir…

— ¿Quién te dijo eso? —Ella no sabe lo que tengo planeado—. Se nos hace tarde.

— ¿Nani? —Veo su rostro sorprendido—. ¿A dónde vamos?

—Sólo apúrate —le respondo fríamente.

Tomo su mano para llevarla a conocer las caballerizas. La subo con mucho cuidado a la pequeña Sally, una yegua blanca que era la compañera de Tornado, mi caballo pura sangre color negro. Damos una pequeña caminata mientras el cielo se abre por completo al nuevo día.

Por un momento no deseo hablar, así que me muevo a trote ligero mientras la noto ausente. De vez en cuando escucho su celular, pero al menos tenerla cerca es un poco refrescante a la soledad que siempre me acompaña.

De regreso olvido el sentido de su visita, por lo que la llevo al teatro, donde decido poner algunas películas, desde los clásicos del cine hasta un poco de humor que el tarado de Naruto me recomendó para "mejorar mi humor". Pero parece que a ella nada le hace efecto, es como el cristal, frágil y auténtica, pero vacía de sentimientos… como yo.

—Este fue el día dos —le digo—, en la semana seguiremos con el resto…

—Como quieras —me responde después de una pausa.

—Ahora vamos a tu casa. —Pienso dejarla descansar y despejar un poco mi mente.

.

.

Pasaron dos días más rápido de lo que imaginé y, por extraño que parezca, me siento tranquilo. Es la primera vez que recurro a la compañía femenina sin la necesidad de tener sexo. Fue algo cálido pero, extrañamente, de sólo pensarlo me molesta un poco, la idea no es enamorarla sino disfrutar de su coño y tener sexo hasta que me canse. En verdad me estoy volviendo una niña.

Camino por los pasillos, ya que, no me apetece entrar a la última hora. Así que me despedí de mis amigos y me dirijo hacia mi auto cuando la veo a ella… Está algo distraída, aunque no me parece raro, parece que su mente está a kilómetros de aquí.

—Sakura —le llamo.

— ¿Nani? —parece que me responde.

—Hmp… —La detengo—. Te estoy hablando —le digo apretando mi mano en su brazo.

— ¿Nani? —me pregunta mientras me mira a la cara—. ¿Qué te pasa Sasuke? —Se molesta.

—Hoy seguiremos con la dieta —le digo molesto.

—Hoy no puedo, voy a salir —me dice seria—, tengo pendientes de mi clase de mañana.

— ¿A qué hora es eso? —le pregunto mientras me dirijo al estacionamiento.

—Eso no te importa —dice ella en el mismo tono—. Así que déjame entrar a la última clase.

—No te lo estoy sugiriendo, vamos a seguir la dieta —susurro serio—. Así que vamos y te regreso más tarde.

—Espera voy por mis cosas. —Me detiene.

—Te espero en cinco minutos en el estacionamiento norte —le ordeno.

—Hai —me responde al tiempo que la suelto.

Tarda más de lo que pensando dejarla, lo que me molesta aun más por el hecho que me está provocando, por eso se está retrasando. En cuanto la veo acercarse me parece perdida, lo que me provoca un terrible calor en mi interior y unos insospechados deseos de sangre.

— ¿Por qué tardaste tanto? —le pregunto molesto.

—Por nada —me responde con un suspiro.

—Hmp… —Eso me molesta aun más—. Vámonos.

—Hai —me responde.

Me envuelvo en una bruma y seco silencio. Sé que es incómodo para ella por las caras que hace, ella no se da cuenta de que todas sus actitudes, sus silencios y, sobre todo, aquellas cosas que reflejan sus jades ojos.

— ¿A dónde vamos? —me pregunta seria.

—A seguir con la dieta, hoy es el día tres —le digo mientras acelero.

— ¿A dónde me vas a llevar? —me vuelve a preguntar.

En ese momento me paro en un terreno donde muchas veces antes había llevado a alguna chica pero, por estúpido que parezca, no es lo mismo, lo que es muy molesto y, a la vez, muy estúpido.

— ¿Aquí va a ser? —me pregunta.

—Hmp… como dije, día tres de la dieta —le digo—. Ahora ven —le ordeno.

—Hai —me responde muy tranquila, como resignada.

Nunca he sido de muchas palabras, por lo que le indico que me siga a la parte trasera del auto, mientras cierro la capota antes de salir del auto.

En cuanto la tengo cerca de mí la beso, cada vez me siento más estúpido, pero esos malditos labios, con sabor a cereza, son adictivos y necesito marcarlos.

No sé en qué momento la recosté en el asiento trasero, pero se siente jodidamente bien, además deseo ver su cuerpo… Quiero sentir aquella piel como la porcelana, aunque ya toqué su piel de melocotón la vez pasada, no pude evitar imaginar lo que hay debajo de esta ropa.

—Sasuke no quiero seguir —me dice asustada, lo que me saca de mi trance.

— ¿Hay alguien más? —le pregunto molesto, suena tan estúpido pero necesito saber.

— ¿Por qué preguntas eso? —me evade.

—Responde primero. —Quito su cabello de su rostro, para verla mejor.

—Lie, por desgracia nadie se fija en mí —me dice aunque no le creo, es muy linda para eso.

—Bien. —Beso a Sakura con intensidad—. No quiero compartirte por este mes —le advierto.

—Sólo será este mes. —Me responde el beso.

Vuelvo a atrapar esos suaves labios que se tratan de mover a mi ritmo, es un poco burdo, pero es completamente excitante saber que ella me está correspondiendo. Por más que intento no hacerlo demasiado demandante, no puedo evitar saber que, en este momento, soy el único que puede devorarla con un sólo beso. Poco a poco mis besos los paso por su blanco y suave cuello que no deja de emanar su esencia a jabón y el de su propia piel, es completamente adictivo.

—Ah —exclama cuando una de mis manos llega a su objetivo.

Sus pequeños gemidos acompañando mi densa respiración, me vuelve loco… Sólo pienso en penetrarla hasta que grite por más. De un sólo movimiento la siento sobre mis piernas donde mi erecto miembro está esperando por empalarse sobre ella.

—Mmm… así mejor —le digo con completa soberbia.

Jamás he sido de los que se dedican a besar cada trozo de la piel de mis amantes, para eso están mis manos que son expertas, pero con ella todo es nuevo y diferente, inclusive es excitante escuchar sus suaves suspiros, que trata de callar mordiendo esos labios que me llaman por más. La beso con completa devoción y entrega, cosa muy rara para mí.

—Sasuke ya no quiero esto —me dice separándome de ella—. Por favor…

— ¿Por qué? —le pregunto un poco preocupado, pero sin dejar mi tono serio.

—Sólo… ya no quiero seguir —me contesta con firme convicción y sin pensarlo la abrazo.

—Hmp… es sólo una dieta —le digo tranquilo.

—No puedo seguir, ya te había dicho que yo no soy así —susurra con voz ahogada.

—Ya pudiste una ve z, es más fácil ahora…

—Para ti todo es fácil —me dice dolida—, yo trato de luchar día a día.

—Hmp… —Sólo puedo emitir ese sonido.

—Tú lo tienes todo y ese día lo vi, no necesitas luchar, ya tienes todo en bandeja de plata… Inclusive habrá mujeres que te amen y te acosen —asegura seria.

—Hmp… ¿y qué con eso? —pregunto sin entender su punto.

—El punto es que no comprendo… —Toma una bocanada de aire—. ¿Por qué yo?

—Ya habíamos aclarado eso y si esa es tu duda sigamos —le respondo sin dejarla continuar con eso, porque ni yo mismo lo sé.

Sin contratiempos le arranco la blusa, pasando mis manos por su suave piel de melocotón que me pide a gritos que la pruebe, por lo que comienzo a dejar pequeños besos y mordidas por cada parte que toco. Quito el sostén, que se encuentra en mi camino y no me permite seguir y tocar esos pequeños y suaves pechos.

Paso mis dedos por sus pechos, rodeando sus pezones que, con el toque de mis dedos, comienzan a ponerse como puntas que gritan para que los pruebe. Mis dedos comienzan a hacer presión sobre ellos, escuchando como sus jadeos se incrementaban, llevándome a perder mis cabales y reemplazando mis dedos por mis labios que están ansiosos por besar, morder y succionarlos con fuerza, pero sin lastimarla. Después de atenderlos comienzo a lamerlos y soplar un poco, provocando que ella grite con fuerza.

Bajo mi mano izquierda hasta sus muslos donde aprieto su trasero, llevando sus gritos a otro extremo que sólo me hace sonreír de satisfacción, marcando cada sitio como mío. Mis dedos se pasan a su entrada, aún cubierta por ropa, pero ella no deja de moverse. Escucho sus guturales sonidos que sólo provocan que mi miembro se sienta preso en mi ropa.

—Ah… ah… ah… ah… —empieza a gemir.

Mientras ella grita y jadea, comienzo a desnudarme y a desnudarla, sólo dejando sus peculiares pantaletas rojas, que parecían más de niña que de una mujer de su edad. Eso me parece completamente tierno, pero al mismo tiempo más excitante. Cuando sus ojos se encuentran con los míos, arranco la última de mis prendas.

Ella baja su mirada a mi miembro erguido y ansioso por entrar en ella.

—Mmm… creo que ya lo conocías —le digo en un acto de completa arrogancia.

Veo que su expresión cambia a una cara de molestia por mis palabras, lo que me provoca mayor placer. Entre sus cambios de humor, bajo lentamente lo que resta de su ropa observando su cuerpo desnudo. Es tan pequeña y frágil que me resulta excitante verla, con su cabello alborotado y sus ojos llenos de lujuria y rabia, parece una pequeña diosa…

Mi pequeña diosa del deseo… Pero yo no puedo pensar así, me agredo mentalmente por hacerlo. En ese momento agito un poco mi cabeza y pienso en ponerme un condón.

— ¿Lista? —le pregunto comenzando a rozar su intimidad con mi miembro.

—Hai —me dice en un agudo gemido.

La penetro con una certera embestida y ella me presiona para que lo haga lentamente, lo que me permite sentir aun más su pequeño coño, húmedo y listo para mí.

—Tú eres la que debes moverte —le explico, al ver que no sabe qué hacer.

—Hai. —Comienza a moverse un poco lento y burdo.

Tomo sus caderas entre mis manos, llevando un lento vaivén para movernos. Por un momento olvido que ella no tiene mucha practica en esto.

Ella llegó a mi cama completamente inocente y no sabía nada de esto, por lo que yo tomo el completo control… Pero sólo hasta que ella pasa sus manos a mis hombros y comienza a montarme, parece en verdad la diosa del pecado y la belleza, con sus movimientos cándidos y sensuales.

—Sa… —Está por gritar pero calla sin adivinar su razón.

Sus pechos se balanceaban a un ritmo que me tiene completamente embelesado y, de algún modo, me siento expuesto ante su belleza y su sensualidad, cosas que ella aún no sabe que posee y que no pienso revelársela.

Poco a poco los movimientos se vuelven más rápidos y profundos, sintiendo sus paredes contraer y apretar mi miembro, vaciándome por completo.

—Ah… —Fue el grito que exclamamos con nuestros orgasmos, que se volvieron a coordinar.

Ella me abraza y yo le correspondo el abrazo que era demasiado agradable, aun más después de uno de los mejores orgasmos que he tenido en años.

Nos quedamos así por varios minutos donde las palabras sobraban, en cambio sólo puedo respirar su esencia de jabón y su perfume natural de cereza. Es tan dulce ese olor y a pesar de que no me gusta lo dulce con ella es diferente, deseo comerla toda y a todas horas.

—Necesito vestirme —me dice mientras se separa y se levanta.

—Hmp… —Le digo tomando mi bóxer y mis tenis, y salgo fuera.

La espero mientras me coloco el bóxer y me quedo pensado y recordado su abrazo y su respiración hasta que fue tranquila. Fue un momento casi perfecto, ojalá sus palabras no hubieran interrumpido aquel silencio que formamos.

—Sasuke, ya puedes entrar —me dice.

—Hai —le respondo mientras tomo mi ropa y me visto con rapidez.

— ¿Puedes llevarme a mi casa? —me pregunta en cuanto estoy listo.

—Hmp… vamos —le digo como razón obvia.

—Hai —me responde volviendo a su asiento.

Nuestro viaje de regreso es increíblemente tranquilo, nos quedamos en un silencio cómodo, donde por un momento no hay mucho que decir. Me siento sumamente cómodo, se podría decir que feliz, de vez en cuando la miro y veo su cabello moviéndose en el aire y como sacaba pequeños suspiros.

—Llegamos —le digo frente a su casa.

—Hai —me dice saliendo—. Sayonara —se despide de mí.

—Sayonara —le respondo.

Me retiro de ese lugar dirigiéndome a mi casa. Pero por un momento comienzo a sentir la soledad, esa que sentí cuando Itachi me dejó solo. Ahora sólo pienso en tomar un par de cervezas e invitar a mis amigos para evitar pensar en eso de nuevo.


Una disculpa, pero pasaron varias cosas, el siguiente será la segunda parte de estos días...

Elaine Haruno de Uchiha