Epílogo

Galopaba a toda velocidad, había viajado desde tierras Galas. Hacía seis años desde la última vez que había estado en Inglaterra, y los caminos parecían los más polvorientos que había recorrido.

Con fiereza y destreza me adentraba en el territorio inglés; había llegado a mí una carta, una carta que por completo había destrozado mi corazón. El padre de William había fallecido y era Clash la que me lo revelaba. Al parecer había sucedido meses atrás y William se empecinaba en no regresar a Escocia…

Los rayos del sol del medio día me dejaron ver Havenwoods apenas sobresaliendo de la maleza del bosque. Dejé a Destello y bajé en dos zancadas. Para mi poco regocijo su escudero se encontraba ahí, así que sin más saqué una de mis espadas, y con un movimiento lo derribé.-No he viajado durante tanto tiempo, para discutir con vos. ¿Dónde está William?- Pregunté certera.- Sin más por el alboroto, Sir Thomas y Liam, me encontraron a la entrada. Liam corrió y me levantó en brazos- ¡Has regresado!- Me dijo con una gran sonrisa. -Así es y debo ver a William.- Rápidamente Liam me encaminó a su cámara. Nada había cambiado, excepto claro que ahora había muchos tapices bordados a mano, relatando cada una de sus batallas y victorias; era realmente hermoso contemplarlos.

Me adentré a la cámara con el corazón casi estallando en mi pecho. Sin levantar la vista William dijo:-Sir Thomas, ahora no tengo hambre, deja la bandeja en aquella mesa.- ¡Tan pronto me habéis olvidado, después de haber jurado que me amabais!- Le dije acercándome a él. El rostro de William se impresionó y al mismo me ofreció la más hermosa de las sonrisas. Le sonreí, contemplando con felicidad su hermoso rostro.-¡Ella! ¡Ella! ¡Por Dios! ¡Decidme qué no estoy soñando!- Me dijo tomándome entre sus brazos, acercándome a su pecho.-¡No estáis soñando mi hermoso y amado Caballero!- le dije abrazándolo, queriéndolo en ése abrazo. William llenó de tiernos besos mi rostro.

El me sostenía en sus brazos mientras casi embargada por la emoción pude articular palabra. Acaricié su rostro, y su sus dorados rizos.- Seguís siendo hermoso, mi leal Caballero.- ¡Puedo decir lo mismo de vos! Os llevaría a la cama en éste instante si no temiera la aparición de Sir Thomas.- Me confesó conmovido. Reí con fuerza, seguía siendo el mismo de siempre. Y mi corazón sabía que siempre lo amaría.-¡William, siento mucho lo de vuestro padre!- Le dije abrazándolo.- Ya ha sido hace tiempo, mi dulce ángel.- Y aún así permanecéis aquí; vuestra gente os necesita.- Le dije, delineando su rostro, con una suave caricia.- No hay nada para mí en Escocia.- Me respondió.-William, han sido más de diez años los que habéis pasado al servicio del Rey. No habéis podido estar para despedir a vuestra hermana y ahora vuestro padre ha muerto. Debéis pedir vuestra licencia, ahora que habéis cumplido vuestro deber.- Le aseguré pegándome a su pecho.

-No hay nada para mí en Escocia.- Me repitió de nuevo.-¿Ni siquiera una hermosa rubia, de verdes esmeraldas, que llora vuestra ausencia?- Le dije, mientras él me miraba atónito.-¡Qué decís! Ella ha ¡muerto!- Me dijo desesperanzado.-No es así William, yo no sueño a muertos ajenos. Al parecer el llanto de ésta bella doncella llega a mí, porque vos habéis decidido ignorarla. Aún tenemos una conexión William, especial y única. Sé cuándo estáis triste o feliz, y ahora sé que debéis ir a vuestro hogar.- Se sentó conmigo en su regazo, en ése gran sillón, sobre el que muchas veces nos habíamos amado. Abrazó mi cintura y un gesto de sorpresa lo invadió.-¡Ella!- Me dijo, mientras suavemente acariciaba mi vientre.- Lo sé, tengo apenas cuatro lunas con el bebé.- Le dije suavemente, mientras recargaba mi mano sobre la suya.-¡Entonces te llevaré conmigo a Escocia! ¡Seré el padre de éste hermoso bebé!- Me dijo emocionado.-¡Yo no haría eso, si no queréis que mi esposo os decapite antes de alcanzar la frontera!- Le dije sonriendo, amándolo por ser siempre tan generoso conmigo.-¡Qué habéis dicho! ¡Quién ha permitido que os casarais!- Me dijo, algo ofendido.-¡Qué no he dado mi permiso para ésos asuntos!- Dijo claramente ahora algo exaltado. Sólo podía mirarlo con ensoñación, era por demás una hermosura de hombre. -¡El Barón me ha dado su permiso, junto con Felipe, el Rey de Francia!- Espetó a sus espaldas, también alguien a quien no había visto hacía mucho tiempo.-¡Alistear!- Dijo William, francamente sobrecogido.-

Se puso de pie y me llevó hasta su lecho, dónde me depositó tiernamente. Acarició mi vientre y lo besó. Alistear lo veía todo, alzando la vista al cielo y contando hasta el quinientos por paciencia.-¡Oh! ¡Alistear! ¡Y porqué no nos habéis roto una pierna el día de vuestro enlace!- Le encaró Sir William, con una expresión fatídica, alcanzando a poner su mano sobre su corazón.-Porque debíais saber que Sir George me estuvo vigilando, y cuidó de mí. Él nos casó finalmente, cuando, cu, cuando…- Dijo sin saber cómo decirlo. -Cuándo nos hemos enterado que esperábamos a un Cornwell.- Le dije felizmente, puesto que no cabía de la felicidad.-¡Qué ha sido todo esto!- Preguntó William, francamente exaltado.-¡Tranquilo William! ¡No mates a Alistear!- Entraron Clash y Sir George a detenerlo.-¡Qué ha sido un logro que éste par de tórtolos se casaran! No querían casarse hasta que vos os enterarais, pero ha hecho una pataleta franca de un niño de cinco años el Barón, que no hubo más remedio. Nos ha dicho que él ya era viejo para estar esperando Caballeros de gallardía a una boda a la que no había sido invitado.- Dijo claramente Sir George, con una sonrisa dibujada en el rostro.-¡Es verdad!- Le aseguramos Alistear y yo al unísono. William se aproximó hasta Alistear.-¡Alistear! ¡Alistear! ¡Venid aquí!- Le ordenó, después lo abrazó fraternalmente y las cosas se relajaron, reímos de buena gana y William, lo felicitó de corazón.- ¡Te habéis llevado un tesoro!- Le dijo, mientras me veía a mí una lágrima de felicidad, se me escapaba por el rabillo del ojo. Amaba a ésos dos hombres. Alistear había conquistado mi corazón, y William siempre habitaría en él.- Lo sé William, lo sé.- Le respondió firmemente. Ése mismo día celebramos y comimos juntos, cómo si hubiera sido ése día el que Alistear y yo nos hubiéramos unido en matrimonio, volvimos a ser siete y uno más, en ésa conmemorable ocasión. Después de mucho de no haberlos visto, me emocioné hasta las lágrimas cuándo mis ojos vieron de nuevo a Starn y a Sir Archibald.

A los pocos días, Havenwoods pasó al mando de Sir Lenox, un leal, apuesto y fiel caballero del Rey. William, se dirigía a Escocia. Se había ganado a pulso la libertad de su pueblo.

Alistear y yo finalmente habíamos conseguido la atención del Rey Normando, y con un regimiento organizado por William, reconquistamos Pembleshire. Lord Devereaux no sobrevivió ni un embate de mis espadas.

Durante los seis años que pasamos juntos antes de volver a Inglaterra, Alistear y yo, vivimos muchas más aventuras. La historia de nuestro amor, no está escrita en éste libro. Ahora contemplo los jardines del castillo de Pembleshire y escucho las risas de mis pequeños viajando con el viento mientras juegan con su padre a los caballeros...

La paz con Gales finalmente se firmó y disfrutamos de muchos años de prosperidad entre las dos naciones, hasta que después el hijo de Guillermo el Normando, Roberto se opuso a su padre, y ésa. Ésa es otra historia…

Pembleshire se volvió la frontera próspera y el paso seguro hacia las tierras escocesas desde Inglaterra. Los Cornwell conquistaron ése terreno inglés, por el corazón, dejando una generación de muchos fieles y gallardos caballeros. Las tierras de mis ancestros habían vuelto a florecer…

Se dice que Havenwoods aún existe, que se encuentra custodiada por sus ángeles, y que siempre aparecerá para aquellos que han perdido la esperanza y que desean volver a vivir…

(***)

Resplandece sobre el cielo, ya de Alba la señal

pendón de auríferas sedas, que la cruz protegerá

De tierra agreste y lejana clamor escuchado ha

Varón que a golpe de hierro la justicia ejercerá

Cual río de sol y fuego con prestez descenderá

Con el poder de los vientos, con denuedo luchará

El zafiro y los olivos su frente coronarán

y en el puño de su espada blandirá la libertad

(Fragmento del Cantar de Westseas, siglos XI ó XII d.C.)

(***)

FIN

(***)

Dedicado a mis dos angelitos:

Three Swords

y

Ertsevl Andrew.

Three Swords, éste relato nunca hubiera existido de no ser por tí, gracias por toda tu paciencia y tu gran amistad.

Ertsevl gracias por compartir conmigo tantas alegrías, por aguantar mis locuras y por ser una gran amiga.

A todas las maravillosas chicas que me acompañaron en ésta aventura, que me hicieron saber su sentir y me encausaron a terminar éste relato.

Dedicado a la memoria de todas las guerreras que alguna vez habitaron en ésta tierra…

Con mucho cariño,

Elle Andrew…