Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Jane Austen. Yo sólo juego con ellos un rato.

Y aquí está el capítulo. En mi país ya es domingo, pero para FF sigue siendo sábado, así que técnicamente sigo actualizando a tiempo.

Canción recomendada: Wish You Were Here, de Pink Floyd.

Chocolate y café amargo

Capítulo 24

De mal en peor

Nunca había estado en esa situación.

Es decir, no era raro que Bingley se enamorara tan rápidamente de alguna chica que no valía la pena, pero era raro que le durara tanto tiempo como con Jane. Darcy estaba seguro de que su amigo estaba verdaderamente enamorado de ella.

Y eso hacía que lo que estaba a punto de hace fuera mucho más difícil.

Se había pasado una buena parte de la noche anterior dándole vueltas a lo que había visto. A Jane y a un tipo que él no conocía besándose en la calle. Se había alejado de ese lugar rápidamente, intentando racionalizar lo que había pasado.

Pero no había otra explicación.

Jane no estaba tan enamorada de Charles como les había hecho creer.

Ahora, él, como mejor amigo de Bingley, tenía que preocuparse de que el corazón de su amigo no terminara hecho pedazos… una vez más.

Lo mejor que podía hacer era decirle que se fuera de la ciudad. Así podría encontrar a otra chica con la cual olvidar a Jane. Había hablado con un amigo de sus padres que tenía una galería de arte en Londres. Su idea era que él organizara una exposición del trabajo de Bingley ahí, para que él pudiera alejarse de Liverpool lo antes posible. Por suerte para él, esa parte del plan había sido la más fácil de conseguir. Después de ver el portafolio digital del joven artista, el hombre había aceptado sin más. Darcy esperaba que lo hiciera. Siempre había sido un estupendo mecenas de artistas jóvenes.

No era el mejor plan, pero era lo único que tenía en esos momentos. Charles había sido su mejor amigo por años, y era una buena persona. Nadie tenía derecho a jugar con sus emociones de la forma en la que esa chica lo estaba haciendo.

Darcy siempre había sospechado de ella, porque no parecía tan involucrada en la relación como su amigo. Mientras era obvio que el joven pisaba el suelo que ella pisaba, Jane no parecía sentirse de la misma forma respecto a ella.

Le hubiera gustado tener a alguien con quién hablar de todo eso. La opción obvia hubiera sido Caroline, pero no estaba seguro de querer involucrarla en todo ese jodido asunto. Porque estaba casi seguro de que eso haría que todo fuera mucho peor. La chica tenía buenas cualidades, pero la delicadeza no era una de ellas. Ya podía imaginarse lo que le diría a Charles si se enteraba de lo que había estado haciendo Jane a sus espaldas.

O lo que podría decirle a la misma Jane.

A pesar de ser la hermana menor de los Bingley, Caroline protegía a su familia. Naturalmente. La familia iba antes que cualquier otra cosa.

No, lo mejor sería hacerlo por sí mismo.

En ese momento, sintió que la puerta de entrada se abría. ¿Podía ser Charles? Darcy nunca había estado seguro de la hora a la que su amigo regresaba de trabajar, porque a veces se iba directamente al departamento de las Bennet.

—¿Hay alguien aquí?

Sí, era él.

Darcy se levantó de su cama y salió de la habitación. Charles había pasado por la tienda de la esquina y estaba ordenando la comida que acababa de comprar en la pequeña despensa y el refrigerador de segunda mano.

—Oh, hola. ¿No tenías que ir al bar?

—Me toca noche libre —replicó Darcy. ¿Cómo tenía que empezar esa jodida conversación?

—Ya. ¿Me echas una mano con esto? —preguntó Charles, indicándole unas latas que debían ir en la repisa más alta—. Oye, ¿te parece si invitamos a las chicas a la obra que están dando en el teatro de la esquina?

Darcy suspiró. Sabía que tenía que hacerlo rápido, pero no había forma de que lo que iba a hacer sonara más agradable.

—Tengo que contarte algo —dijo, forzándose a sonreír. Le iba a dar una excelente noticia a su mejor amigo, lo mínimo que podía hacer era parecer alegre—. El señor Highwater, el amigo de mis padres me llamó.

—¿El que tiene una galería en Soho?

—El mismo. Quería preguntarme si conocía a algún artista joven que valiera la pena para hacer una exposición.

Bingley movió la cabeza, como invitándolo a seguir con la historia. Parecía haberse olvidado de la comida, porque estaba aún con una lechuga en la mano. En otra situación, Darcy habría bromeado con él acerca de sacarle una foto y subirla a internet. Pero en esos momentos la situación era otra.

—¿Y qué le dijiste? ¿Me nombraste?

—Por supuesto, cabeza de chorlito —se rió Darcy—. Le mandé un link a tu página con tu portafolio.

—¿Y? ¿Dijo algo?

—Dijo que quería hacer una exposición con tu trabajo… en Londres.

Los ojos de Charles se agrandaron aún más.

—Wow… No puedo creerlo… es…. increíble —dijo, sentándose en una de las banquetas de la cocina—. Tengo que contarle a Jane.

Mierda. Darcy no había tenido en cuenta que seguramente Charles querría contarle a la chica con la que salía. Pensándolo mejor, quizás era obvio.

—Con respecto a eso… —se rascó el cuello, intentando buscar las mejores palabras para hablar con su amigo—. Hay algo que tienes que saber acerca de Jane.

Le contó lo sucedido en la calle. Charles lo escuchó, con una mueca extraña en su rostro. Darcy nunca lo había visto tan herido.

—¿Estás seguro? —fue lo único que Bingley pudo decir cuando su amigo terminó de contar la historia. Por supuesto, nadie creería algo así de su novia.

—Joder, Charles. Te digo que lo vi. ¿Por qué te mentiría con algo así?

El joven pareció hundirse ante esas palabras. Porque era perfectamente cierto: su amigo no tenía motivos para decir algo falso respecto a Jane. Sólo lo hacía porque estaba preocupado por él. Darcy sabía que Bingley comprendía que él nunca buscaría hacerle algo así por maldad. Eran amigos desde hacía demasiado tiempo como para algo así.

—Lo siento. De verdad —dijo Fitzwilliam, dándole una palmadita en el hombro.

Hubo unos segundos de silencio.

—¿Cuándo crees que pueda irme a Londres?

-o-

Jane no se había levantado de la cama en todo el día. Lizzie la había visto llegar la noche anterior muy conmocionada y a duras penas había logrado sacarle lo que había sucedido con Roger. Sólo el estado desconsolado de su hermana había impedido que la chica fuera a buscar al coreógrafo y le partiera la cara de un puñetazo. Porque nadie hacía llorar a su hermana de esa forma.

Jane se había negado a hablar incluso con Charles. Había dicho que prefería esperar a estar calmada antes de contarle. Lizzie no estaba segura de si esa era la mejor forma de lidiar con eso, pero su hermana era adulta y capaz de tomar sus decisiones.

Así que había sacado un bote de helado del refrigerador y las dos se habían dedicado media mañana a comer. Lizzie no tenía turno en el café ese día, así que podía pasar todo el día con Jane, que se notaba que lo necesitaba.

Cuando su hermana decidió que dormiría un rato, Lizzie se dirigió a la sala. Sobre la mesa de la cocina estaba su laptop, aún con el cuento que había iniciado la noche anterior a medio terminar. Se acercó a la mesa y releyó lo que había escrito.

Una porquería. ¿Cómo eso le había parecido una idea brillante la noche anterior? Menos mal que Jane la había interrumpido antes de que pudiera terminarla y enviársela a alguien. Qué vergüenza le daría que alguien leyera esa estúpida historia.

Aunque, si lo pensaba bien, la idea principal no era tan mala. Era sólo que la ejecución había sido un completo desastre.

Eso quería decir que aún tenía una oportunidad de arreglar ese desastre. Pero lo haría primero a mano. Siempre había sentido que de esa forma los manuscritos tenían más personalidad que sólo escribir en el computador. Quizás por eso lo que había intentado escribir la noche anterior daba tanta pena.

Eso era lo que le pasaba cuando desordenaba su rutina de escritura.

Cogió su cuaderno, que estaba junto a su laptop y se sentó en el sofá de la sala. Su pluma estaba sobre la mesa de centro. Un regalo de su padre para su graduación de secundaria. No era especialmente lujosa, pero a ella le bastaba. No todo el mundo necesitaba una Montblanc (1), después de todo. No era Iris Murdoch. (2)

Se acomodó en el sofá, apoyando la punta de la pluma en el papel en blanco.

Pero antes de que pudiera escribir ni una palabra, dos golpes en la puerta la obligaron a salir de su estado ensimismado. ¿Quién podía ser? Seguramente no sería Collins. Podía ser que el día anterior le costara entender que ella no quería nada con él, pero seguro que cuando la chica lo había echado de la casa, el mensaje había sido claro.

Aunque conociéndolo, no sería raro que volviera. Pero Lizzie estaba lista para echarlo sin contemplaciones ni delicadeza.

Golpearon de nuevo a la puerta, y Lizzie se levantó para abrir.

No era Collins, gracias a todos los dioses, sino Charlotte. Lizzie llevaba un par de días sin ver a su amiga, que estaba empezando a dictar un taller de pintura que la tenía vuelta loca. Aunque hablaban casi todos los días por teléfono —o se llenaban los respectivos celulares de mensajes—, no era lo mismo que tenerla en persona.

—¿Cómo está Jane? —fue lo primero que preguntó Charlotte. Por supuesto que Lizzie le había contado lo sucedido con su hermana la noche anterior. Ni siquiera había podido contarle la ridiculez de Collins.

—Bien. Está durmiendo ahora, al menos. —Lizzie le indicó a su amiga que se sentara en el sofá y movió su libro a la mesita de centro—. No quiso hablar con Charles ayer, tampoco. Parece que necesita más tiempo para ella.

—Normal. No puedo creer lo que ese idiota le hizo.

—Ni yo —suspiró Lizzie—. Va a renunciar a la compañía, dice que no puede verlo de nuevo.

—Pero si era la estrella…

—Ya. Pero en su lugar yo tampoco querría ver a ese saco de mierda todos los días —dijo Lizzie, dejándose caer sobre los cojines—. Además, es Jane. Todos sabemos que cualquier compañía tendrá suerte de tenerla.

—¿Y no va a denunciarlo?

—No. —Lizzie puso los ojos en blanco, recordando la discusión que había tenido con su hermana la noche anterior—. Y no creas que no he tratado de convencerla. Ese cabrón tendría que pagar por lo que le hizo. Pero Jane dice que no quiere meterse en líos.

Charlotte alzó las cejas. Por supuesto que ella estaría con Lizzie en eso. Las dos habían trabajado de voluntarias en centros de mujeres abusadas cuando estaban en la universidad. No era raro que ellas no quisieran denunciar a sus agresores. Lizzie estaba un tanto frustrada por la negativa de Jane a denunciarlo. Pensaba que su hermana era más lista que eso.

—Por favor, cambiemos el tema —dijo Lizzie—. La verdad es que necesito olvidarme de esto por un rato, porque en algún momento no me voy a poder contener y voy a ir a partirle la cara a ese montón de basura. Por favor, dime que tienes algo más agradable de lo que hablar —suspiró, mirando a su amiga.

Charlotte desvió la mirada, algo que nunca hacía.

Ahí pasaba algo. Su amiga era una de esas personas que siempre miraban a los ojos cuando hablaba con otra persona. A menos que estuviera avergonzada o preocupada por algo.

—Char, ¿tienes que decirme algo?

—No te va a gustar, Lizzie.

De inmediato, millones de cosas empezaron a pasar por la cabeza de la chica. ¿Estaba embarazada? ¿Algo le había pasado a su familia? ¿El café iba a cerrar? No se le ocurrían motivos para que Charlotte evitara su mirada de esa forma.

—Anoche me encontré con William a la salida del café. —Charlotte se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja y respiró hondo—. Me invitó a salir.

—Y le dijiste que no, claro —siguió Lizzie.

—No. —Charlotte negó con la cabeza—. Le dije que sí.

Lizzie sintió que la mandíbula se desencajaba.

Eso no podía estar pasando.


(1) Marca ultra lujosa de plumas y lápices finos, además de relojes de lujo.

(2) Escritora irlandesa, vivió entre 1919 y 1999. Feminista, inteligentísima y considerada una de las mejores escritoras del siglo XX.


Originalmente, este capítulo iba a terminar con la pelea de Lizzie y Charlotte, pero mientras escribía me di cuenta de que ya había demasiado drama en este capítulo. Además, es una escena difícil de escribir.

Por cierto, quiero recordarles a todos los que leen que si alguna vez se encuentran en la situación de Jane (o alguno de sus amigos/familiares/conocidos) TIENEN QUE DENUNCIAR AL AGRESOR. Lo que está haciendo Jane es algo incorrecto y muy dañino para ella misma y otras chicas que puedan ser acosadas por Roger en el futuro. Así que recuerden que nadie puede tocarlos, besarlos, ni nada sin su consentimiento explícito. Si alguien lo hace, es acoso sexual. Y perfectamente denunciable en la mayoría de los países (o eso espero).

En fin, suficiente con el aviso de utilidad pública.

¡Nos vemos el próximo sábado!

Muselina