—¡Tú, pedazo de mierda! —Draco se lanzó al cuello de Neville en cuanto lo vio. Harry intentó apartarlo pero Draco logró liberarse y le dio un buen golpe al castaño—. ¿Cómo pudiste hacerle eso a mi hijo?
—Draco... no sé qué sucedió. Yo estuve esperando a Ian durante toda la tarde de ayer. Nosotros estamos bien —El castaño tenía un deje histérico en la voz. Le estaba consumiendo no saber qué pasaba con Ian.
—No digas mentiras, animal. Engañaste a mi hijo y ahora él está en las calles mientras tú estás aquí poniendo esa cara de inocente que no soporto.
—Draco, cálmate —Harry acunó el rostro de su rubio entre las su manos—. Déjame hablar con Neville, ¿ok? —El rubio asintió de mala gana. Harry se giró para encarar a Neville—. Lo último que sabemos de mi hijo es que pidió un permiso especial para irse a tu casa desde el jueves por la mañana. En la noche del jueves se encontraba en el colegio y no en tu casa. Le dijo a Daniel que le habías engañado... —La voz de Harry se volvió amenazante—. Habla, es mejor para ti.
—Te juro por mis padres que no sé de qué me hablas. El domingo yo recibí la noticia de que una de mis fábricas estaba por quebrar. Desde ese día trabajé en eso y el jueves casi por la mañana yo dormía, estuve cuatro días sin hacerlo. Jamás vi a Ian en Kerry.
En ese momento entraron al despacho Remus acompañado de Ron. Hermione se apareció junto con un hombre que Ronald Weasley conocía muy bien y al que jamás le hubiera gustado volver a ver: Viktor Krum.
Los ojos azules de Ron se abrieron y el dolor de años atrás pareció revivir en ese momento. Harry observó a su amigo y una angustia más se formó en su ser cuando vio que Ron salía del despacho apresuradamente.
—Ve con él, yo ayudaré a Draco —Harry agradeció tener a Severus Snape en su vida, porque a pesar de molestarse constantemente sabía que podía contar con él en los momentos más difíciles. Claro, no era por él, Draco siempre había sido el mayor interés de Severus.
Harry encontró a su amigo en la siguiente pieza mirando hacia la nada.
—¿Estás bien? —Ron no hizo amago de moverse.
—¿Tú lo sabías? ¿Desde cuándo? —Harry pasó saliva nerviosamente.
—Desde que Draco regresó, yo... lo descubrí —Un silencio pesado llegó—. Ron, es mi hijo el que está perdido y tengo que echar mano de todo lo que me pueda ayudar. Viktor Krum es el mejor investigador que he visto...
—No preocupes Harry. Te entiendo, yo haría lo mismo por mis hijos. Ahora, por favor... déjame solo —Harry quería decir algo pero su mente estaba en otro lado. Como gesto de amistad simplemente le dio un apretón en el hombro. Al girarse para irse, se encontró con la mirada preocupada de Hermione.
—Ron...
—No quiero hablar ahora Hermione.
—Yo...
—El hijo de nuestros mejores amigos está perdido y es nuestro deber ayudarles. Por favor, déjame solo. Cuando todo esto pase podremos hablar.
Ron escuchó los pasos de su mujer alejándose. Cerró los ojos intentado evitar esa amarga sensación que le invadía. Al terminar la guerra todo mundo buscó su camino, Hermione decidió irse a Noruega para estudiar y Ron que aun estaba de luto, decidió quedarse con su familia. Durante meses Hermione y él mantuvieron conversaciones por medio de cartas. Fue en una de tantas que Hermione le confesó que se había reencontrado con Krum y poco después se fueron a vivir juntos. Tres largos años pasarían para que pudiera reencontrase con ella. Hermione se había separado de Krum; según sus propias palabras lo dejó porque no podían establecerse. Viktor Krum siempre iba por la aventura, estuviera donde estuviera.
Ron siempre tuvo dudas del motivo por el cual Hermione se casó con él. Pues Ron no estaba seguro hasta qué grado había influenciado el hecho de que él era pura seguridad para Hermione, un hombre establecido, con una buena familia y que la amaba. Porque estaba seguro de que su mujer se había enamorado de Viktor Krum a tal grado que dejó todo. Vivió con él y se olvidó de Ronald Weasley; y ahora, después de tantos años, saber que su mujer mantenía contacto con Krum a escondidas de él hacia mella en su autoestima y hacía que las dudas se levantaran en forma de grandes focos rojos.
Draco se sentía como una fiera enjaulada, lo único que lo mantenía era sentir el tacto de la mano de Harry sobre la suya. Para el rubio, Ian era algo muy suyo porque para su pesar casi fue moldeado por él y ahora su hijo estaba lejos, sufriendo y él no podía hacer nada. Observó casi en cámara lenta a las personas que estaban en ese momento esperando alguna solución
Remus y Severus parecían serenos pero Draco conocía la suficiente a su padrino como para saber que, al igual que él, se estaba muriendo de la preocupación. De verdad quería a Ian, para él era un nieto. Sarah además de preocupada, intentaba mantenerse alejada de Ryan quien a su vez se mantenía sumamente pendiente de Neville.
Cuando llego a él, Draco casi le salta a la yugular. Ese hombre que creyó bueno, maduro y sensato, le había hecho tanto daño a su hijo... Draco se arrepentía terriblemente, jamás debió permitir que esa relación insana siguiera. Porque Neville se había vuelto la peor de sus pesadillas.
Hermione regresó a la estancia, Draco la observó triste, llorosa, preocupada y lo peor de todo... culpable. Sintió pena por ella, hasta cierto punto su matrimonio se estaba tambaleando por esa ayuda que le estaba brindando. Hermione le había confesado que se había casado sin amor, solo para poder tener la familia que tanto quería. Porque Ron Weasley sería el mejor de los padres, ¿eso seguiría siendo así? ¿Ella aun amaría a Viktor Krum? El apretón de la mano le hizo regresar a la realidad.
—Hay un lapso de una hora en que lo perdemos —Para sorpresa de todos, Viktor Krum había perdido cualquier acento y ese porte que tenía le hacía ver más imponente.
—Sí —continúo Severus—. Me pidió permiso para visitar a Longbottom. Se iría el jueves por la mañana y regresaría el domingo.
—Pero regresó antes, ¿no? —Severus lo afirmó, Krum hizo una anotación en su block—. Bien, debo ir a Kerry —Neville y Ryan se pusieron de pie con intenciones de acompañarle.
—¿Puedes ir con ellos Sarah? —La chica asintió a la petición de Draco—. No confío en ninguno...
—Draco... —Neville quiso defenderse. Ni siquiera tenía muy en claro de qué se le acusaba y por qué. La fiera mirada de Harry le hizo olvidarse del intentó, además, lo importante era encontrar a su chico. Sin decir más, sujetó el brazo derecho de Krum y desapareció.
Ian tenía cuarenta y ocho horas de desaparecido y Draco estaba que se subía por las paredes. Sabía que todos los aurores estaban buscando a su hijo. Harry no había dormido más de una hora. Seguía coordinando brigadas, trazaba planes y estrategias para encontrarle pero todo parecía inútil. Hasta Krum tenía horas sin regresar.
—Un café mi rubio —Draco lo tomó de mala gana.
—¿Y el tuyo?
—Tengo que seguir con los reportes y mandar otro grupo de búsqueda —Draco lo miró intensamente—. ¿Estás bien?
—No Harry, no estoy bien. Me siento como un mueble más, necesito salir a buscarlo.
—Calma mi rubio, lo encontraremos —Draco, sintiéndose furioso, se puso de pie y se dirigió al moreno de forma amenazante.
—Es mi hijo, Harry. Jamás habían pasado más de veinticuatro horas sin que supiera donde estaba y ahora... está perdido —Harry se debatía entre el sentimiento de impotencia y el dolor de saber a lo que se refería Draco con esa frase.
Draco pareció entender que era lo que había dicho. Suavizó sus facciones y dijo—: Lo siento Harry, no quise...
—No te preocupes. Todos decimos cosas raras cuando estamos molestos.
—Harry...
—Anda, daré una conferencia con los aurores Americanos. Puedes auxiliarme, conoces más ciudades que yo.
Draco besó tiernamente a Harry y se prometió a si mismo que cuando esa pesadilla acabara le resarciría cada mala palabra y mal modo. De verdad, su marido se merecía una buena recompensa. Durante las siguientes horas, tanto Draco como Harry estuvieron estableciendo contactos con casi todo el país.
Unas horas antes de anochecer, Neville, Krum, Sarah y Ryan estaban de regreso. Los cuatro tenían el rostro desencajado; pero el peor era el ex león que aun no entendía como toda la felicidad que sentía se había marchado de esa forma. Harry y Draco llegaron hasta ellos esperando alguna respuesta.
—¿Y bien? —preguntó Draco bastante fastidiado por la actitud de los recién llegados.
—Brian Duval fue la persona que hablo con su hijo en el castillo de Kerry —El rubio miró a Neville. Este cerró los ojos un segundo pero se obligó a recomponerse.
»Creemos que puede estar en el mundo muggle —continuó Krum.
—Pero... él no conoce a nadie en... No puede...
—Teddy debe saber si conoce a alguien en el Londres muggle. Enviaré por él y por Daniel Nott —Severus rápidamente se comunicó al colegio.
—Ya estarás contento, ¿no? Tenías que seguir revolcándote con Brian y mira lo que le hizo a mi hijo —Neville empuñó sus manos—. Ahora ya te puedes largar.
—Me iré un momento Draco pero regresaré. No voy a descansar hasta volverlo a ver —Neville se desapareció.
Teddy y Daniel llegaron a la mansión Malfoy dispuestos a ayudar en lo que fuera. Harry, quien era el más apto para los interrogatorios empezó con preguntas leves y tranquilas para llegar justamente a lo que quería saber.
—¿Saben de alguien a quien pueda conocer en el mundo muggle? —Teddy negó pero Daniel se quedó mirando a la nada por un segundo. Después se decidió.
—Edmund y Eve —Harry casi podía suspirar de alivio. Una pista siempre era buena.
—¿De dónde los conoce?
—En una de las noches que salimos. Llegamos a un lugar, nos encontramos a Edmund primero y luego Eve se nos acercó. La primera vez de Ian con una mujer fue con ella.
—Bien —interrumpió Krum—, es suficiente.
—Pero... —Para Harry definitivamente eso no era suficiente.
—Conozco un par de personas que podrían decirnos quiénes son ellos. Tranquilo Potter, estamos muy cerca de encontrarlo —El moreno desvió la mirada para observar a Draco. Ambos querían creer que era así.
Neville se apareció frente a la puerta del departamento de Brian sin ninguna precaución. De hecho ni siquiera recordó que aquel lugar estaba lleno de muggles. Lo único que tenía en mente era conseguir una explicación y sobretodo, encontrar a Ian. Golpeó la puerta violentamente, Brian abrió y se impactó al verlo ahí.
—¿Por qué? —Fue lo único que Neville pudo decir en cuanto lo vio. Brian se hizo a un lado para dejarlo pasar.
—¿Estás bien, Neville? —El castaño lo miró fijamente.
—¿Por qué lo hiciste? —Brian tragó saliva pero se decidió a hablar.
—Es un niño, un chico que solo quiere jugar. Un...
—Un niño, sí. Pero soy suyo, caí como un imbécil, me enamore de él —Neville no pudo evitar que sus lagrimas cayeran. Estaba tan desesperado, sentía que la felicidad se le iba sin siquiera saber por qué.
—Estás equivocado Neville, es un niño que solo te ve como un padre.
—¿Y tú, como me ves? Para ti soy el príncipe de un castillo pero no me conoces. No sabes nada de mí. Crees que soy el final feliz de un cuento de hadas pero no hay nada más lejos de la realidad. No soy perfecto, no soy un santo, no soy lo que crees...
—Neville...
—Entiende que me enamoré de él. Que lo necesito para vivir, para respirar. Me siento perdido sin su presencia —En ese momento Brian lo supo. Neville jamás había sido suyo y entonces el dolor caló profundamente.
—¿Y yo? ¿Qué fui Neville? Si tú no me puedes amar, ¿quién lo hará? —Neville intentó apartar su sufrimiento para ponerse en el lugar de Brian.
—Lo hará quien se enamore de ti. La persona que te ame, verá un futuro contigo y le importará muy poco tu pasado —Brian se acercó a él para abrazarlo con desesperación.
—¿Por eso tú no te enamoraste de mi? Porque fui un... —Neville lo alejó de él.
—No, nunca tuvo que ver con eso. Es algo en Ian, una luz vital que llena mi ser...
—Algo que yo nunca desperté.
—Vales mucho Brian, encontrarás a alguien. Pero yo no soy, ¿entiendes? —Brian bajó la cabeza, envuelto en una agonía que no podía apartar de su mente—. Brian, se escapó de su casa. Dime qué le dijiste, eres la última persona que vio en Kerry —El rubio se perdió entre sus recuerdos. No podía mentirle a Neville, se aclaró la garganta y empezó a contarle todo.
—Yo no quería hacerte daño —dijo Brian unos minutos después—. De verdad creía que podía tener una oportunidad contigo. Espero que lo encuentren pronto —Neville suspiró y, abatido se fue del departamento. Brian mantuvo la mirada perdida por un momento, pero después tomó la decisión de levantarse. Neville Longbottom no sería el fin, porque él se merecía encontrar a alguien que lo amara de verdad.
Neville se apareció a las afueras de la mansión Malfoy, caminó unos cuantos metros. Se detuvo al encontrar la figura del imponente Severus Snape. El castaño sudó frío al verlo pero aguantaría lo que fuera con tal de seguir ahí y encontrar a Ian.
—No puedes entrar Longbottom —Neville paró en seco y retó al profesor con la mirada.
—Con todo respeto profesor. Usted no me puede detener y si lo intenta, créame, me defenderé —Severus enarcó una ceja. No tenía ánimos de burlarse de él.
—Estoy seguro que sí Longbottom, pero eso no quiere decir que salga vivo de esto. Por otro lado, te estoy pidiendo que no entres a la mansión. Draco no se sentirá tranquilo con tu presencia. Sé que le tienes aprecio a mi ahijado y apelo a eso para que te alejes —Neville negó. No podía, ni quería irse—. Me comprometo a mantenerte informado. En cuanto sepamos algo, le diré a Remus que te lo comunique.
—Yo...
—Ian y Draco comparten similitudes. Ahora mismo mi ahijado está muy decepcionado de ti y de él mismo por todo lo que pasó...
—No le fui infiel Profesor. No le mentí —Severus suavizó su mirada, sujetó a Neville de los hombros.
—No me debes de convencer a mí. Cuando Ian regrese, entonces necesitarías de toda tu suerte Gryffindor para que te escuche, ahora, por favor... vete. Dale un poco de paz a esos dos padres que sufren un poco más que tú —Neville bajó la mirada y con el dolor de su corazón, asintió y se desapareció. Severus suspiró, intentó tranquilizarse al sentir la mano de Remus enredándose en la suya.
—Lo encontrarán —Severus afirmó y le dio un leve beso en los labios.
Draco tuvo que esperar seis horas más para que Krum apareciera con noticas. El rostro desencajado del investigador fue preocupante para ambos padres. Harry se levantó del sofá donde estaba sentado justo al lado de su rubio. Ron se quedó detrás de él, ambos lo miraron expectantes.
—Lo encontramos —Hubo un suspiro general por parte de todos los presentes en aquella estancia.
—¿Dónde está? —Ante la pregunta, Krum titubeó un poco. Observó a cada uno de los miembros de esa familia.
—En un picadero, al sur de Londres —Los ojos de Harry se aguaron. Ron de inmediato lo tomó de un hombro y tragó saliva. No podía ser que su amigo tuviera que pasar por eso de nuevo. Draco, al ver la escena se preocupó aun más, se puso de pie para encarar a Harry.
—¿Qué pasa? ¿Está bien? Harry... —El moreno se recompuso. Draco no tenía porque saber en dónde estaba su hijo.
—Está bien Draco, iré por él ahora mismo —Draco estaba casi seguro que algo andaba mal.
—¿Qué es un picadero Harry? —Ron y Harry intercambiaron miradas. Por nada del mundo Draco debía saber que era un lugar así.
—Es una zona muy peligrosa de Londres —dijo Ron—. Acompañaré a Harry, no te preocupes —Draco no se tragó la explicación pero no discutiría mientras tuviera a su hijo de regreso—. Vamos Krum.
Londres, ciudad orgullosa por su encanto, no podía erradicar del todo un lugar como ése. Quizás el ultimo picadero de toda la urbe, una zona oscura donde existían sombras de los seres humanos que fueron y que ahora estaban en el inframundo. Una tierra desconocida para casi todas las personas: Un picadero de heroína.
Dónde los seres humanos apenas y se diferenciaban de los animales. Dónde los jóvenes se drogan para vivir y vivían para drogarse. Deambulaba por el lugar como criaturas autómatas, en medio de la podredumbre y el olvido de su familia. Harry conocía tan bien ése lugar que le daba escalofríos de sólo pensar que su hijo podía estár ahí.
—Por allá, Edmund acostumbrá a inyectarse. Según mis informes, Ian debe estár con él —Ron y Harry caminaron por el lugar intentando no prestar mucha atención—. Krum se detuvó empezaron a buscar a Ian entre mares de rostros. De jóvenes que ya no tenían un sólo sueño que vivir.
Entre las penumbras, Harry alcanzó a distinguir a un chico que no era más que una piltrafa humana. Caminó hasta la harapienta figura con el corazón a punto de salirse de su pecho. Los ojos del chico navegaban extraviados, su respiración estaba agitada. La esquelética y titubeante mano del joven empezó a hurgar entre las bolsas de su pantalón. Sacó un envoltorio de plástico y lo miró con devoción. Harry observó como el cuerpo del chico se tranquilizó y alcanzó a percibir el mal olor que desprendía el cuerpo de ese joven.
Depositó el contenido del envoltorio en el fondo de una botella y le agregó agua, con un encendedor le dio calor hasta que aquello se trasformó en un líquido que Harry conocía muy bien. De otra bolsa de su pantalón sacó una jeringa desechable. Estaba usada pero eso no importaba mientras sirviera para sorber la sustancia. Llevó la jeringa hasta su boca y la aprisionó entre los resecos labios.
Tembloroso, se desabrochó el pantalón. Con su mano derecha recuperó la jeringa usada. Se cercioró de que el líquido fluyera. La mano izquierda sosteniendo su pene erecto y con la derecha apuntó sobre la hinchada vena del miembro.
Instalado en su efímero paraíso, respiró con los ojos cerrados. Su mirada se avivó, las facciones de su rostro se suavizaron. Intentó acomodarse la ropa para unirse con los demás congregados. Harry cerró los ojos y agradeció a los dioses que ese no fuera su hijo pero al mirar todo el lugar supo que no importaba, porque estaba ahí...
—¡Harry...! —El moreno corrió en dirección a la voz de su amigo. Ahí, acunado entre los brazos de Ron, estaba su hijo. Con la ropa desgarrada, manchada de vomito, oliendo a orina y completamente perdido. Al lado del irreconocible cuerpo de su hijo estaba una lata de cerveza, un pequeño envoltorio y una jeringa—. Está bien, algo desorientado, pero bien. Vámonos.
—No, no puedo llevárselo a Draco es este estado. Iremos a un hotel.
—Draco querrá verlo —Harry tomó entre sus brazos el cuerpo de su hijo y le dio un tierno beso en su frente.
—Le diremos que nos detuvo el papeleo muggle. No sé, lo que sea para que él no sepa que lo encontramos así.
—Tiene que saber lo que es su hijo.
—Y lo sabrá, pero no tiene porque ver el estado en el que está —Ron asintió.
Harry observaba como el suero caía gota a gota. Era una mezcla que conocía muy bien. Poción revitalizante y un poco de suero muggle. Ayudaba a despabilar los sentidos y evitaba los dolores del día siguiente.
Sabía que algún día tendría que pagar todo lo malo de su vida, pero nunca creyó que el destino le cobraría con una de las personas que más amaba en la vida. Su propia sangre atrapada en el infierno que él había vivido. Fue tan ciego, estaba tan ocupado solapando y siendo permisivo, jamás se dio cuenta de lo que era su hijo... su...
—Ahg —Harry detuvo la mano de Ian que iba directamente a la aguja intravenosa.
—Calma, calma. Te está ayudando —Ian observó a Harry y de inmediato recordó todo.
—¿Cómo me encontraste? —Harry le sonrió.
—Conozco el picadero del sur. Muchas veces termine ahí —Ian no sabía que decir ante la confesión y se impresionó cuando su padre empezó a llorar.
—Hay tantas cosas, tantos sentimientos y cosas que yo... que nunca —Era tanto el dolor de Harry. Imaginar a su hijo en el mismo infierno que él—. Tenemos que hablar, tengo que decirte —Era tanto el sufrimiento que notaba en ese hombre que decidió ablandarse.
—Habla.
Durante las siguientes horas, Harry desquebrajó su ser frente a su hijo. Desde la muerte de sus padres, los maltratos de sus tíos, la guerra. Ian escuchó todo y en un momento tomó de la mano a su padre. Ante él estaba un hombre cansado de sufrir, de equivocarse. Un hombre que buscaba redención. Por primera vez se puso en su lugar y escuchó se dio cuenta de que no fue el único que sufrió.
Cuando escuchó el paso de su padre por el picadero se sintió tan cercano a él. Afianzó el agarre de su mano y se prometió a si mismo nunca olvidar lo que sentía en ese momento. El momento en el que se dio cuenta que todos los seres humanos se pueden equivocar.
—¿Desde cuándo consumes? —La pregunta de su padre le llegó profundo.
—Desde hace un año. Todo empezó como un juego, para probar y luego cada vez que iba al mundo muggle y ahora...
—Saldremos de esto hijo. Se lo diremos a tu papá —Harry acarició con ternura el negro cabello de su hijo. Ian lo supo, lo sentía desde hace mucho pero nunca quiso decirlo. Sin embargo en ese momento se sentía tan vulnerable y tan harto de luchar. Quería recuperar su vida, recuperar su familia.
—Te quiero padre.
No me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo.
Juro que vale la pena esperar y esperar, y esperar un suspiro.
Una señal del destino.
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido.
Este silencio esconde demasiadas palabras.
No me detengo; pase lo que pase seguiré.
No me doy por vencido...
