25
A House lo despertó un fuerte dolor en las costillas. Abrió los ojos e intentó adaptarse a la oscuridad. Le costó varios segundos darse cuenta de que estaba en el sofá de Cuddy y de que había una figura a su lado golpeándole sin descanso.
Se incorporó y sujetó a su agresor por las muñecas. Sus ojos ya se habían acostumbrado a la penumbra y pudo distinguir que se trataba de Laura, la hija mayor de Cuddy.
-¡Lárgate de mi casa!-dijo la niña intentando no alzar la voz.-¡A dormir la mona a la puta calle!
-Tranquila, amiguita-contestó él, soltándola.-Tu madre me ha permitido dormir en el sofá y hasta donde yo sé, esta casa es más suya que tuya.
-Ella hará lo que yo diga. ¿O te crees que le va a hacer caso a un médico desgraciado antes que a su propia hija?
-¿Cómo sabes que soy médico?
House alargó la mano y encendió la pequeña lámpara que había al lado del sofá. Sentado aún, pudo observar detenidamente a la muchacha que se encontraba delante de él, mirándolo con furia.
Tenía el pelo castaño claro, casi rubio. Aunque no tan rubio como Rob, el angelote autista. Tampoco era tan bonita como su hermano. Tenía los ojos marrones, como su padre y las facciones un poco juntas. Era alta y desgarbada y definitivamente había salido a Henry, con su pelo pajizo y su mirada de sabueso desconfiado.
-Sé perfectamente quien eres, doctor House-dijo la cría intentando darse importancia.-A mi padre no le gustabas y a mí tampoco me gustas.
-A mí tampoco me gusta tu padre, así que ya tenemos algo en común.
-Pues esta es su familia. Así que si no te gusta, te vas a la mierda.
-Si esta es su familia que venga a defenderla. ¿Cuántos años hace que no te manda una tarjeta de cumpleaños?
-Mis padres acabaron muy mal…
-Ya y eso es excusa para largarte y desentenderte totalmente de dos niños pequeños.
-Él era un hombre muy ocupado, tenía muchos negocios.
-¿Muchos negocios? Trapicheaba con coches de alta gama y sus deudas superaban a sus beneficios. Tu madre te ha mantenido siempre con su trabajo. Y por cierto, ésta no es la familia de tu padre, ésta es la familia de tu madre. ¿O acaso olvidas que tienes otros dos hermanos pequeños que no tienen nada que ver con Henry?
-¿Qué te traes con mi madre?
-Somos amigos.
-Estás en el pueblo todos los fines de semana, la gente te ve. ¿Por qué vienes a verla? Está claro que no le gustas.
-¿Y cómo lo sabes?
-Si le gustases no te haría dormir en el sofá.
House la observó un momento, mientras intentaba asimilar el eco de sus últimas palabras.
-Le gusto lo suficiente como para abrirme las puertas de su casa y permitirme dormir en su sofá. Supongo que a ti te permite dormir en una cama porque no le queda más remedio.
-¿Insinúas que no le gusto a mi madre?
-Eres fea como un demonio y desagradable. No sé a quien podrías gustarle.
-¡House!-dijo Cuddy desde la puerta del pasillo. House se giró instintivamente.
-Ella ha empezado.
-Ha empezado él-replicó la niña con rabia.
-Tú me has molido a puñetazos mientras dormía.
-Y tú estabas ocupando mi sofá cuando me quería sentar en él.
-Laura,-intervino Cuddy-¿le has pegado una paliza a House?
-Hombre, así dicho suena más grave de lo que es-contestó él.
-Estaba en mi sofá-dijo Laura a la defensiva.
-El sofá es mío, cariño. Todo lo que hay en esta casa es mío, porque yo lo he pagado. Y si yo invito a alguien a dormir, lo mínimo que puedes hacer es respetar a esa persona. Si te parece bien o mal, mañana lo discutiremos. Pero no vuelvas a hacerme esto.
-¿Te pones de su parte? ¡Me ha insultado!
-¡Tú me has pegado!-dijo House.
-Aún no he acabado contigo-dijo sin dirigirle la mirada.-Vete a dormir, Laura.
-¡No lo quiero en casa!-respondió la niña mientras se daba la vuelta para marcharse.-Que se quede esta noche si quiere pero no lo vuelvas a traer. No vives sola.
-A dormir.
La chica desapareció en la habitación y Cuddy permaneció de pie en frente de House.
-No vuelvas a insultar a unos de mis hijos. O la próxima vez seré yo la que te rompa las costillas-dijo girándose para salir del salón.
House se quedó paralizado en el sofá, mucho después de que ella hubiese vuelto a su habitación. Sabía que se había pasado con la niña pero le dolía en el alma que ella fuese tan dura con él.
En el fondo, era consciente de que nunca podría ocupar en su corazón el lugar que ocupaban sus hijos. Pero no podía evitar que le fastidiase. Tener celos de unos críos era absurdo. Y sin embargo los tenía. Los tenía porque sabía que él nunca podría aspirar a ser el centro de la vida de Cuddy y eso era realmente lo que más deseaba.
Si pudiese elegir estarían solos en el mundo y no habría nadie más a quien rendir cuentas, de quien tener celos o de quien tener que preocuparse. Pero la vida nunca había sido tal y como él había deseado y sabía que si quería estar cerca de ella, tendría que adaptarse a su mundo y a sus circunstancias, le gustase o no le gustase.
Se levantó y se dirigió a la habitación de Cuddy. Quería que el asunto quedase zanjado. No iba a permitir que una absurda pelea con una niñata lo echase todo a perder.
Abrió la puerta sin llamar. Cuddy tenía la luz de la lamparita encendida y estaba sentada, dentro de la cama, llorando.
-Cuddy, te juro que ha sido una pelea absurda. Los dos nos hemos dicho cosas horribles pero…
-Mi niña odia mirarse en el espejo.
-Todas las adolescentes odian mirarse en el espejo.
-No vuelvas a decirle que es fea, por favor. Está demasiado acomplejada.
-Por mi parte no tienes de que preocuparte.
-Laura puede parecer algo brusca, pero es una buena chica. Si no fuese por ella, yo no podría trabajar tantas horas y no saldríamos adelante. Ella cuida de los niños y se hace cargo de las tareas del hogar. Ha adoptado el papel de madre en esta familia porque sabe que yo no puedo ser padre y madre a la vez. Y no es justo, ¿sabes? Sólo tiene trece años.
-Sabes que con el tiempo llegará a aceptarse.
-No lo sé, House. A mí me duele ahora. Los hijos nos duelen en cada una de las etapas de sus vidas. Y mi hija no levanta cabeza desde que nos dejó su padre.
-Pero nunca habláis de él.
-Casi nunca.
-¿Y te ha dicho que no se siente a gusto consigo misma?
-Una vez encontré dos hojas de papel en su mochila. Su maestra le había pedido que se describiese en una redacción.
-¿Era una redacción de dos hojas?
-No. Una de ellas era la que pensaba entregarle a la maestra. En ella se describía con gran seguridad. Como lo haría una niña feliz que confía en lo que ve cada mañana. La otra hoja describía sus auténticos sentimientos.
-Supongo que no te gustó lo que leíste.
House observó como dos lágrimas resbalaban por sus mejillas. Él nunca había sido padre, pero estaba seguro de no podía haber nada más triste en esta vida que saber que un hijo es infeliz. Y Laura lo era. Tanta amargura a tan temprana edad era clara señal de insatisfacción.
-¿Por qué crees que escribió esa segunda versión?-preguntó House tras comprobar que ella no seguía hablando.
-Porque no soporta la mentira.
-Te ha mentido descaradamente cuando te ha dicho que he sido yo el que ha empezado la pelea.
-No digo que no sea una mentirosa. Digo que no soporta la mentira. Estoy segura de que ahora mismo está dando vueltas en la cama sin poder dormir.
-No creo que sea sólo por haber intentado cargarme el muerto.
-No, pero es parte de ello. Cada vez que miente intenta buscar una manera de compensarlo. Se siente incómoda cuando falta a la verdad.
-¿No has enseñado a tu hija a ser sincera?
-Sí. Pero también ha aprendido que la mentira a veces puede salvarle el culo.
-O sea, que apruebas que mienta.
-No, pero tampoco se lo prohíbo.
-¿Y cuándo te miente a ti?
-A mí no me miente. La conozco demasiado bien.
-Hace un rato te ha mentido.
-Y sabe que no me lo he creído. Lo ha hecho para demostrarte que quedaría por encima de ti, fuesen cuales fuesen las circunstancias.
-¿Le dijiste que habías leído la carta?
-¡No! Eso habría supuesto una gran humillación para ella. Laura es demasiado orgullosa y nunca me lo habría perdonado.
-Ella es tu espinita, ¿no es cierto?
-Todos lo son.
-Sí, pero ella lo es más. Y supongo que Rob en cierto sentido, también…
-No quiero hablar de Rob.
-Rachel y Mike son críos normales, nada de que preocuparse ahí.
-House, no vamos a seguir hablando de mis hijos.
-Has dejado de llorar mientras hablábamos. Puede que no te venga tan mal.
-Estoy cansada y mañana tenemos que trabajar. Tú terminas al medio día pero yo tengo que quedarme hasta el cierre.
-Hablando del trabajo, llevo un día y medio y estoy reventado. ¿Cómo aguantas?
-Soy más joven que tú.
-Yo soy más guapo. Y ligo más.
-Más quisieras.
House se dirigió a la puerta y puso la mano en el picaporte. Cuddy lo observaba divertida. Antes de irse al sofá había bajado al coche y se había puesto una camiseta vieja y unos horribles calzoncillos que le llegaban hasta la rodilla. Pensó que incluso así resultaba realmente atractivo.
-Cuando quieras lo ponemos a prueba. Tú y yo en un bar. Tú en una punta de la barra y yo en otra. A ver cuantos viejos desesperados se te acercan a ti y cuantas bellezas despampanantes se me acercan a mí.
-¿Viejos desesperados? ¿Bellezas despampanantes? Ah claro, por eso nos hemos acercado el uno al otro.
-No eres una belleza despampanante.
-Pues tú si eres un viejo desesperado.
-Por eso estoy aquí.
-House, me estás cansando.
-Vale, cierro el pico.
-Mejor.
-Siento haber insultado a tu cría.
-Y yo siento haberte hablado de esa manera.
-Te perdono si me dejas dormir en tu cama.
-El sofá es más de tu categoría.
-Tú te lo pierdes.
-Mira que pena.
-¿Cuándo me vas a besar otra vez?
-Cuando tú quieras.
House volvió a la cama. Se sentó en frente de ella y con la mano le acarició la mejilla. Luego acercó su boca a la de Cuddy y la besó varias veces. Ella respondió cerrando los ojos y haciendo pequeñas ventosas sonoras contra sus labios que les hicieron sonreír.
-Te he dado un par de besitos y ya estoy sudando-dijo él alejándose de su boca.-Será mejor que me vaya.
Ella rodeó su nuca con las manos y lo atrajo de nuevo, besándolo suavemente y sintiendo como su corazón se quería ir detrás de él cuando, por fin, le pidió que se marchara.
