Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Bulma jadeó. No podía creer los dolores que plagaban su pesado pecho. Su cabello se opacó con el sudor mientras yacía, todavía acurrucada en la enorme cama de Vegeta. Por horas, su cuerpo había sido mecido por filosos dolores, algo parecido a largas hojas hundiéndose en su corazón. Con cada imaginario empujón de la espada, su corazón sólo latía más rápido, tan rápidamente en los puntos que amenazaba explotar a través de ella. Se sentía como un martillo latiendo en su pecho, una y otra y otra vez, cada movida más dolorosa que la anterior.
Por horas yació allí, reducida a una temblorosa bola de auto pena en su desprecio por lo que se había convertido. Pero esto no era baja autoestima. Este no era un dolor imaginario... esto era muy real y la fuente... muy desconocida. Lo que habían sido primeras sacudidas de dolor que apuñala era ahora constante palpitación, adormecientes dolores que parecían desgarrarla en su interior. Ya no podía soportar esto.
"¡Radditz!" jadeó, sacando su resistente cuerpo del frío de la cama. Se sintió tan reacia de dejar su cobijo, porque había estado acostada ahí desde el día anterior. Aunque su fuerza había vuelto a ella en la mañana, había estado reacia a irse, tal vez subconscientemente esperando por su llegada. Porque no podía negar que hasta el punto del cegador dolor, él era todo lo que había quedado en su compleja mente. Eso y la constante elección de suicidio que tarareaba en su cerebro como una ensordecedora fea melodía. Y así había rezado que nunca fuera obligada a irse del atractivo abrazo que era la apelación de la cama. Deseando con todo su empequeñecido corazón que simplemente pudiera dormir por el resto de su miserable vida, incrustada en esta habitación, aparte del constante dolor y pena que estaría en su sentir.
Pero eso fue cuando el dolor había comenzado, y ahora la terrible sensación había abierto a sus ciegos ojos a través de sus puertas, en busca de su único salvador.
"¡Radditz!" Vaciló, sosteniendo su cuerpo en la pared y haciendo equilibro en su mareada visión. El dolor era inimaginable y ella nunca había sentido tal dolor. Era la clase de dolor que volvía a una persona cuerda loca, a una persona loca cuerda.
"¡Mi corazón!" Sollozó, apretando la pared como si fuera una persona consoladora. "¡Mi corazón se siente como si se estuviera rompiendo!" Se hundió en el suelo, hundiendo sus frustrado dolor a través de sus ojos, tratando desesperadamente de liberar el vicioso agarre en su pecho. Era como si alguien le hubiera disparado a través de su seno con una espada, o la hubiera atravesado con una flecha. Sostuvo su cuerpo fuertemente, sollozando y mordiendo su hinchado labio para alejar el chillar en su mente.
"Está bien..." susurró fuerte para sí misma una y otra vez, su mente lentamente alcanzado ese punto de ruptura entre la cordura y la normalidad. Acunó sus rodillas en su pecho, meciéndose en esa enloquecedora manera que sólo los desafiados mentales pueden, de atrás hacia adelante... de atrás hacia adelante. Su espalda golpeando la fría pared de piedra, una y otra vez mientras comenzaba a gritar en su regazo. Su cuerpo fue presionado en una apretada esquina en el pasillo donde se había tropezado. La oscuridad envolvió su cuerpo, aumentando la desesperación de su situación. Abriendo sus ojos, miró alrededor para una hermosa distracción, cualquier cosa para alejar la seria condición que estaba afectando a su martillante corazón. Sudor comenzó a meterse en sus ojos, pareciendo congelarse sobre su frente por el frío del castillo. Y ahí fue cuando la golpeó...
¡¿Frío en el castillo? ¡¿FRÍO? Esto era el Infierno... ¡Esto no era FRÍO! Temblando, puso a su cuerpo de pie, corriendo ciegamente a través de los malvadamente confusos pasillos, rompiéndose un dedo del pie en un momento y ni siquiera importándole.
Se golpeó la cabeza contra una pared, su frente golpeando ferozmente contra la rocosa piedra. Aterrizó con un sordo ruido que le nubló la mente, mirando arriba. Su corazón saltó ante la vista del padre de Vegeta, gruñéndole. ÉL... ¡ESTABA VIVO! Pero pronto descubrió que no era nada más que una pintura. O así parecía, como tamién alguna vez pareció un profundo, aversivo ceño fruncido... pronto fue reemplazado con una malvada sonrisa... como si el ceño nunca realmente hubiera estado ahí.
"Él... está sonriendo..." jadeó, totalmente ajena con cuan loca sonaba.
"Está feliz..." Se sintió casi gritar en esa estridente voz que una mujer puede sólo adquirir a través del verdadero miedo. Pero luego cubrió el miedo y dolor por una impresionante máscara de resuelto desafío.
"¿Por qué?" La pregunta parecía espesar el aire con su intensidad. Y el hermoso Demonio sólo parecía mirar en respuesta, muy parecido a su hijo. Poniéndose de pie, ella le gruñó a su rostro, apretando sus dientes en esa manera sólo conocida por un verdadero Demonio. Tan rápido como la había visto aparecer, la sonrisa fue reemplazada con repugnantes dientes apretados. Ella jadeó, corriendo sus dedos a través de su cabello. ¿Cómo podía ser esto?... Él estaba muerto. No era nada más que una pintura.
Afectada con ajeno valor a su personalidad, empujó su mano hacia afuera y deslizó sus uñas malvadamente a través del rostro de él. Cinco profundos cortes cursaron la alguna vez brillante pintura, y se destacaron sin descanso en su rostro, llevando la semejanza a la de las uñas de un tigre. Pero sin embargo... esos perforadores ojos negros salían a través de la imagen, más vivos que nunca.
Fue entonces cuando la sangre comenzó a aparecer, brotando a través de las ennegrecidas rayas, y filtrándose por la pared en plácidos arroyos. Ella cubió su boca mientras comenzaba a gritar, llenando el castillo con su lamento de alto tono. Se alejó, lo suficientemente lejos para que su espalda golpeara contra una pared, y tembló ante la sensación de estar atrapada por la desgarrada pintura. ¡Esos ojos! ¡Esos ojos!
¡¿Qué significaba? Y fue entonces cuando el repugnante, inducido vómito golpeó a través de ella. El retrato del Rey estaba sangrando. Su hijo posiblemente estaba luchando contra su implacable padre. Cubrió su boca ante el jadeó que estalló en su garganta. La herencia de la familia de Vegeta estaba muriendo. El orgulloso nombre estaba sangrando. Pero... intentó obligar al dolor retroceder a la fuerza que temblaba en su cuerpo... ¿Pero qué pasaba con Vegeta?
Mirando con justicia a la mutilada pintura, arrancó, corriendo a toda velocidad a través de los negros pasillos, ya no sintiéndose tan ciega mientras simplemente seguía el aire que congelaba su carne. Mordía en sus mejillas y nariz, y aún así siguió adelante, intentando ignorar el hecho que esto era todo tan imprevisible. Tan extraño.
Y fue ahí cuando el frío aire onteó a su alrededor... más fuerte y más frío que antes. Y... tan evidentemente filtrándose desde abajo del marco de su puerta. ¡Estaba viniendo de su habitación!
Maldijo la rapidez en tomar el aire que parecía nublar sus pulmones con su fría intensidad. Tembló, y notó su propia respiración apiñada en frente de su visión. Se alejó momentáneamente de la puerta que parecía generar el perforador aire. Sus hinchados labios comenzaron a temblar y sus dientes amenazaron con castañear. ¿Podría entrar allí? ¿Qué podría ver?
Pero entonces... pensemos en esto... ¡¿Eran sus pensamientos razonables en absoluto? Quiero decir... ¡vamos! ¡POR SUPUESTO que debería entrar! ¡DAH! ¿Qué... iba a simplemente quedarse ahí afuera todo el día en caso que no le gustara lo que viera? ¿Qué sucede gente? ¿Por qué demorar lo inevitable? ¿Por qué dudar en lo que ya saben que van a hacer eventualmente? ¡AH! Qué preguntas provocadoras... pero me estoy yendo de tema de nuevo... Disculpen mi insolencia una vez más...
Ahora mi fiel lector... ¿Dónde estaba? Ah... Sí ahora recuerdo...
Sus temblorosos, pálidos dedos alcanzaron la manija de la puerta, tan despacio y atemorizados que casi fue obligada a creer que los dígitos tenían una mente propia. Sus temblorosos dedos tocaron la manija de metal, yéndose hacia atrás como si quemara. Estaba tan fría que la manija de la puerta se sentía como un montículo de hielo. Pero no podía quedarse aquí afuera para siempre (Gruñido. ¿Qué les dije?)... y así, soportando su dolor y locura que ya no podía tomar por sí sola, abrió la gélida puerta, escuchando el sonido de metal oxidado mientras hacía su camino en la habitación.
Echando un vistazo alrededor y permitiéndole a su cuerpo entrar en la gélida habitación, su boca voló a su mano, fallando en sofocar el sangriento grito que destrozó instantáneamente a través de su garganta. Sintió el frío establecerse en su estómago y congelar su cuerpo donde estaba, mirando en horror a la escalofriante escena.
"Ve." Tragó e intentó de nuevo. "¿Vegeta?" Susurró.
Él yacía en el suelo, apoyado contra su pared, su largo pecho moviéndose de arriba a abajo, arriba a abajo... y notó con náusea revolviéndose alrededor de ella... que cada respiro, más y más sangre se filtraba del agujero en su pecho. Él estaba jadeando para respirar, púrpuras labios y la piel de un enfermo matiz de azul. El pálido azulado color que sólo acecha a la carne del agonizante o del muerto. Su pecho con armadura se levantó violentamente hacia arriba mientras sus pulmones rogaban desesperadamente por aire que era egoístamente negado. Los amplios ojos de ella aterrizaron sobre el charco de sangre rodeando su cuerpo, y tuvo que girarse antes de que un vómito se apoderara de su garganta. 'Dios mío...' jadeó internamente. 'Hay. Hay tanta.'
Apenas parecía real. Como si en alguna falsa película de horror, donde simplemente hay demasiada sangre... ¡Ya saben lo que quiero decir! Cuando le dicen a sus amigos de mirarlas con ustedes porque es barbárica y totalmente absurda. Nadie tiene tanta sangre.
No... seriamente, nunca había visto tantas piscinas de carmesí juntándose alrededor de una persona. Era positivamente aterrador. Pero tal vez incluso más repugnante que el hecho de que con cada anormal latido de su corazón, sangre chorreara de su herida y se deslizara como ríos por su cuerpo, juntándose en su regazo y luego hundiéndose en un lago de sangre alrededor de él.
Pero si algo realmente podía convencerla de la realidad de la situación... sería tener que haber visto tu rostro. La sangre caía en cascadas de sus ricos, llenos labios en repugnante baba, filtrándose sobre su pecho. Su suave piel estaba marcada con azules venas y el color más pálido que ella hubiera visto jamás. Sus hermosos, perforadores ojos estaban demoníacamente ensangrentados, y casi completamente negros cículos estaban formados debajo y alrededor de sus ojos. Pero lo que selló su aceptación fue el hecho de que sus pupilas se estaban volviendo blancas.
"Está muriendo." Susurró en el quieto aire que los enredaba. Como si él hubiera estado completamente inconsciente de su presencia, mientras alzaba su mirada a ella, amplios ojos con shock y dolor. No quería que ella lo viera así.
Lágrimas humedecieron sus doloridos ojos y su mano instintivamente se puso sobre su pecho, ubicado sobre su sollozante corazón. Ahora sabía por qué el dolor había estado inflingiéndose sobre ella. Su corazón se estaba rompiendo.
Los labios de el temblaban por el dolor, y ella sintió su estómago torcerse con dominante tirsteza. La abrumó todo otro pensamiento. Él se veía tan joven. Ya no el endurecido guerrero por la batalla que se consideraba a sí mismo, sino el verdadero muchacho de veinticuatro años que había sido abandonado por una madura fachada. A pesar de su apariencia, sus ojos sólo traicionaron mínimas cantidades del dolor que él tan obviamente estaba experimentando. Sólo retrataban una profunda tristeza.
'Tiene miedo de morir.' Susurró dentro de su mente, dándose cuenta con amargo dolor que ella no podía hacer nada para detenerlo. Y así... haciendo lo que toda respetable muchacha hace cuando se queda sin opciones. Lloró.
Hundiéndose junto a él, sus rodillas fueron empapadas instantáneamente por la fría sangre. Bañó su blanco vestido y manchó sus rodillas que estaban ocultas dentro. Era el repugnante espesor de la vieja sangre lo que realmente la sacudió levantándola. ¿Había estado aquí por mucho tiempo?
"¿Vegeta?" susurró, intentando obligar al pánico fuera de su voz. Pero mientras él la miraba calmadamente... la fachada fue destrozada y sus azules ojos de cristal se humedecieron por incesantes lágrimas.
"¡Oh Dios Vegeta!" gritó, sobrepuesta por la tristeza. Estaba desconsolada... no podía hacer nada. No se atrevería a que sus ojos miraran a la filtrada herida que estaba hacia afuera en apariencia de la desgarradora verdad. Él estaba muriendo y ella no podía hacer nada para detener eso.
"Está bien permaneció sólo Princesa." le susurró él, liberando una apretada sonrisa. Un desesperadamente triste intento de calmar su histeria. Pero la sonrisatemporalmente mientras ella sollozaba, perdida en su dolor por él. ¿Había su padre estado diciendo la verdad? Ella. ¿Lo amaba? Él sólo podía maldecir la ironía de la situación. Nunca lo sabría. Tocó su congelada mejilla, intentando detener las lágrimas que se estaban liberando solas sobre el mundo. Admiró su suave mejilla, trazando el estructurado pómulo debajo.
"Lo siento." Jadeó entre difíciles respiros. Miró en sus brillantes ojos.
"No pude." Jadeó duramente, el aire obligándose su camino de entre sus labios.
"No pude. morir. solo." Tartamudeó a través del violento levantar y caer de su pecho. Olvidando todo su acumulado odio por él, ella se inclinó sobre él, intentando desesperadamente evitar causar algún otro dolor, mientras sollozaba sobre su cuello. Era como si estuvieran reviviendo esa legendaria noche cuando un hermoso Rey había despertado a su prisionera en su sueño, y ella... atrapada en su propio trágico dolor, había encontrado consuelo en sus brazos.
"¡Vegeta!..." sollozó, en el máximo pináculo de la histeria.
"Vegeta no digas eso... por favor no digas eso." Rogó, agarrándose a él por la fuerza mientras el dolor envilvía su propio cuerpo. Él enredó su cabello con suaves dedos, enterrando su rostro en las suaves mechas que sabía que recordaría por la eternidad. Vida o muerte. Él nunca la olvidaría.
"Lo siento Ángel." Susurró, voz áspera con el dolor. Ella sólo se sostuvo con más fuerza, como si disminuyendo su agarre, su vida se escapara de ella.
"No te vayas..." susurró en su oído, su mejilla presionada fuertemente en la de él. "No te vayas." Intentó detener el sollozo, pero se encontró enterrándose más profundo en la calidez de su garganta. Yació junto a él por lo que parecían horas, atrapados en su propio dolor y necesidad por el otro. No se iría de su lado. Ni por un momento.
"Ángel..." susurró él finalmente. Los dientes de ella se apretaron mientras temía lo peor. "Ángel... debo irme ahora."
Creo que esas palabras fueron por siempre incrustadas en su mente, y ella permitió un desgarrador sollozo escapar de su cuerpo, viniendo directamente de su maltratada alma.
"No..." lloró sacudiendo su cabeza. "¡No!" "¡No puedes dejarme!... ¡no puedes dejarme así!" Sintió la urgencia de golpear en su pecho en su ira, pero luchó contra la desesperante sensación. Con todo su ser, no podía dejarlo ir. ¿Qué había de todo el tiempo que habían pasado juntos? ¿No sabía cuanto lo necesitaba?
"¡Vegeta por favor!" Rogó, nunca siquiera notando los temblorosos sollozos que ahogaban su voz.
"¡Lucha! Sé que puedes... ¡Lo sé!" rogó, moviéndose para atrás para mirar en sus doloridos ojos. Su fe en él estaba remachando. Su coraje lo hizo sentir el hombre con el que ella había querido estar.
"Princesa." suspiró, sintiendo su dolor aumentar con cada palabra.
"No estaré aquí por mucho más. No puedo luchar." Era la única batalla que él verdaderamente había perdido. Y había sido con la única criatura que ningún hombre podía derrotar. La muerte.
"Pero... no así." Sollozó ella... Tomó su rostro con ambas manos, puestas muy suavemente a los lados de sus mejillas.
"No sabes lo mucho que..." falló, los sollozos rompiendo sus palabras.
"¿No sabes lo mucho que te necesito?" su labio inferior comenzó a temblar en miedo y dolor. Mientras veía sus ojos comenzar a brillar, entró en pánico, haciendo lo único que podía pensar.
"¡RADDITZ!" Gritó, mirando a la puerta. "¡RADDITZ!" Apretó su adolorido pecho con dolor. Como si por algún milagro, él apareció, corriendo por la puerta.
Al ver a su amo y a su amiga, casi vomitó. Los labios de Vegeta estaban azul oscuro, y su color era pálido. Pálido de muerte.
"¡Radditz haz algo!" la Princesa rogó, el vestido arruinado mientras se acurrucaba en una piscina de la sangre de su captor. Sus dedos estaban enredados con los de él, ambos aparentemente sosteniéndose por fuerza, aunque él no tenía ni idea qué poseyó al Ángel. Parecía tan desesperada, agarrándose a la locura como si confiara con el alma en él para salvar la vida de esta criatura a la que le había dado su corazón, de las malvadas garras de la muerte. Se preocupaba tan profundamente por él Radditz sólo podía desear desde el fondo de su corazón que tuviera el poder de hacerlo. Sólo podía imaginar cómo estaría el monstruo Draco, si se le daba el trono para hacerlo. Aún así... deseando no retrasar lo inevitable.
"No hay nada que pueda hacer." Sentenció, intentando ocultar el dolor que envolvió su cuerpo como un virus. El rostro de Bulma cayó, y él pudo haber jurado que casi vio su corazón hacerse añicos en el suelo.
"Lo siento." Susurró, bajando sus ojos de su lamentable mirada.
"Por favor..." Susurró al quieto aire. "Por favor..."
Él salió de la habitación mientras sus propias lágrimas comenzaban a deslizarse por sus mejillas, pidiendo disculpas una vez más por su falla.
Mientras ella lo miraba retirarse, todas las esperanzas vinieron quebrándose como rotos fragmentos de cerámica. Como un jarrón que una vez sostuvo maravillosas, la escena todavía retrataba señales de esperanza, pero en realidad nunca lo haría. Miró rota a Vegeta, golpeada. Le había fallado. Se había fallado a sí misma.
Miró fijamente en esos ojos alguna vez vacíos, ahora tan llenos de sentimientos que alguna vez había dudado que existieran. ¿Cómo había creído por tanto tiempo que él no podía sentir? Lo sentía. Por mucho que deseara no poder él estaba allí. Siempre. Y ahora mientras ella miraba la hermosa vida desvanecerse, esperó que siempre pudiera. Su cabeza cayéndose en vergüenza.
Lo recordó. No a la moribunda criatura ante ella, sino al hombre que había despreciado con toda su viviente alma. Le había temido al principio, nunca sabiendo cuanto de su corazón él tenía el poder de poseer. Él había sido su enemigo, el hombre que había sido críada para despreciar. Pero había fallado en eso también. Pero estaba contenta. Su amor por él la había hecho fuerte, y nunca se arrepentiría de esa hermosa cosa. Se negaba a arrepentirse de cómo se sentía por él.
Podía recordar la primera vez que él la había besado. El beso que no tenía ningún significado para ninguno de los dos que había florecido en un remolino de emoción. Recordó despertarse en una máscara de dolor, y encontrándose envuelta en sus poderosos brazos, consolándola cuando nadie más estaba allí. Preocupándose por ella cuando era la única por la que él se suponía no debía preocuparse. Cuando a nadie más le importó, se habían encontrado mutuamente.
¿Y ahora qué? ¿Quien la abrazaría ahora? ¿Quién la besaría? ¿Se preocuparía por ella?... y luego comenzó a sollozar una vez más, alma tan rota como su desgarrado corazón. ¿Quién bailaría con ella?
Todavía podía sentir abrazándola, sentir el aire girar alrededor de ellos mientras bailaban, saludables y felices en el medio de los demás. Cerró sus ojos, descansando su cabeza en el hombro de él.
Todavía sentía el frío mármol bajo sus pies, el dulce olor a incienso levemente quemando sus fosas nasales, y el viento azotando su enrulado cabello mientras él la giraba a través del aire. Podía... podía recordar su sonrisa. La diabólica sonrisa que una vez había creído estar tan vacía, que sólo el tiempo había revelado, era tan intensa y enérgica como él.
Así es cómo lo recordaría.
Siempre estarían bailando.
¿El fin?
Bueno todos... tengo tarea para ustedes... Ángel Oscuro está subido en una encuesta en el hermoso sitio de Bunni... así que si tienen yahoo, o planean tenerlo... Vayan a
.com/group/bunnibonks
así que si realmente me aman... oh y por supuesto Ángel Oscuro... háganme un enorme favor y revisen el sitio. Gracias a todos por los comentarios... suspiro... Simplemente los amo a todos tanto. Camaro
