Regalo para Ayumi por su cumple, ¡espero que te guste!

.


PEQUEÑOS MOMENTOS

~ Explícito ~

—¿Y bien?, ¿me vas a decir ya que quieres como regalo de cumpleaños?

Yamato sonrió observando sus movimientos. Sora dejó la vasija en el fregadero y se volteó expectante, momento que aprovechó Yamato para levantarse e ir hacia ella.

—Sabes que no quiero nada especial.

Abrió el grifo. Aunque él hubiese hecho la cena no quería que ella fregase sola. Prefería compartir la tarea, se hacía ameno fregar a su lado. Rió por el puchero de Sora que hasta se cruzó de brazos. Al final parece ser que también fregaría él.

—Quiero regalarte algo este año. Tengo presupuesto para hacerlo.

—No quiero que te gastes todos tus ahorros en mí.

Sora torció el morro, mojándose las manos junto a las suyas.

—No he dicho que me vaya a gastar todos mis ahorros, he dicho que tengo presupuesto, no hablé de cuanto.

Aprovechando la cercanía, Yamato le depositó un tierno beso en la sien.

—Pues guárdalo —dijo paternalmente lo que enrabietó más a la joven.

—Voy a hacerte un regalo lo quieras o no —Yamato suspiró— ¡Algún sueño tendrás!

Tragó saliva apurado y se volteó. Sora sonrió por creer que al fin había dado en la tecla.

—Dímelo —pidió. El rubio gimió—, ¡venga! —insistió, clavándole el dedo en el abdomen reiterativamente.

Finalmente Yamato cerró el grifo y se secó las manos. La enfocó y Sora quedó confusa por la timidez que desbordaba.

—He tenido un sueño últimamente —dijo al fin. Giró el rostro al mismo tiempo que un leve rubor se aparecía en sus mejillas.

Sora estaba desconcertada. Llevaban años de relación, aún no vivían juntos oficialmente pero su dinámica del día a día era casi como si conviviesen. Se habían entregado el uno al otro tanto físicamente como sentimentalmente. No había ningún secreto entre ellos, ningún muro que no hubiesen traspasado ya y ahora descubría que aún existía algo que le daba apuro compartir. No podía permitirlo, por ello le tomó las manos cariñosamente.

—Cuéntamelo y haré todo lo posible para que se haga realidad.

El chico titubeó.

—Es que, no estoy seguro si será de tu agrado.

A cada segundo aumentaban los nervios por esta incertidumbre, aún así se mostró templada para trasmitirle confianza.

—Si no es de mi agrado te lo diré y ya está, pero quiero seguir pensando que entre nosotros podemos compartir todo.

Yamato alzó la mirada y sonrió. Esa complicidad que habían tenido siempre en todos los aspectos de su relación seguía ahí. Debía quitarse la vergüenza y compartir uno de sus más ocultos sueños.

Se acercó a ella y como una caricia las palabras entraron en su oído. Sora tragó incómoda al mismo tiempo que el rojo teñía su rostro por completo. Apartó sus manos y lo miró detenidamente, Yamato desvió la mirada.

—¿Y desde cuando sueñas ese tipo de cosas? —acertó a preguntar tras unos minutos de asimilación.

Yamato se rascó la nuca, queriendo pasar un poco desapercibido.

—Últimamente es algo bastante recurrente.

Sintió que el calor invadía su cuerpo.

—¿Explícito?

El chico alzó la cabeza y no se resistió a sonreír. Se estaba mostrando más receptiva de lo que había imaginado.

—Sí, bastante explícito, ¿quieres detalles?

Sora se revolvió con apuro.

—No.

—¿Tú no sueñas explícito? —se atrevió a preguntar, con un tono insinuante. Hasta acortó un poco las distancias entre ellos.

Takenouchi cerró los ojos tratando de calmar su sofoco.

—No hablamos de mis sueños —lo dijo contundente para así zanjar la comprometida conversación. Yamato lo captó y detuvo su avance. Se inclinó hacia la mesa y la miró con reservas.

Al cabo de unos minutos Sora lo enfocó.

—¿Qué tal un juego nuevo de púas?, hace tiempo que no tocas.

Yamato quedó expectante unos segundos y finalmente asintió con una complaciente sonrisa.

—Perfecto.

...

—¿Me invitas a pasar? —preguntó Yamato antes de entrar.

—Que tonto eres —fue la respuesta de Sora tirando de su camisa para adentrarlo.

Con el impulso Yamato aprovechó para tocarla, abrazarla y besarla.

Era su cumpleaños, habían salido a cenar juntos, habían bebido quizá un poquito de más pero no lo suficiente como para no poder disfrutar de la noche plenamente. Sora, haciendo un gran sobreesfuerzo, lo detuvo cuando este ya empezaba a tirar de su ropa. Ronroneó en su cuello pero cedió.

—No te he dado mi regalo —dijo ella con una juguetona sonrisa.

—Tampoco tengo intención de tocar nada esta noche que no seas tú —contestó, tomando su mano para tirar de ella y volver a tenerla entre sus brazos.

Se resistió y Yamato tan solo pudo seguir sus movimientos con desesperación. Ella sacó un paquete del cajón del armario y se lo entregó.

—Genial púas nuevas —dijo él, desechándolo a un lado. Sora le golpeó la mano en reprimenda.

—¿Quieres abrirlo?

El rubio suspiró.

—¿No me harás tocar para probarlas, verdad? —Sora se limitó a cruzarse de brazos y voltearse y Yamato pensó que tal vez su actitud la habría molestado. Conociéndola, seguro que habría pasado horas eligiendo las púas más adecuadas—. Perdona —dijo, abriendo el paquete con cuidado.

Sora no pudo reprimir la sonrisa de nerviosismo al escucharlo rasgar el papel. Tuvo la tentación de voltearse para ver su rostro pero se contuvo. Pese a todo, la situación le producía bastante vergüenza.

—Esto sí lo quiero usar esta noche —dijo, tras unos segundos de parálisis.

Sora cerró los ojos unos instantes, inspiró para darse fuerzas y se volteó. Automáticamente su cara se tornó roja al ver como Yamato sostenía al aire esas esposas.

—No he dicho que las vayamos a usar —quiso sonar firme pero no lo logró.

Yamato sonrió abiertamente.

—Solo una cosa, en mi sueño eran negras —apuntó, mirando divertido ese recubierto de pelo rosa.

La mujer dio un vergonzoso lamento al mismo tiempo que acortaba las distancias con su novio.

—Me daba vergüenza pedirlo en otro color así que cogí el primero que vi —excusó. Yamato disfrutó de su cercanía, examinando las esposas junto a él, compartiendo este sueño que hacía unos días le parecía tan lejano. Ahora le resultaba un poco tonto su pudor. Sora llevaba demasiados años comprendiéndolo y amándolo, no era necesario ocultarse nada. Ni tan siquiera lo que creía demasiado pervertido para ella.

—Están bien, me recuerdan a la bufanda que llevabas aquella Nochebuena.

Sora lo miró totalmente enternecida. En esa clase de detalles se basaba el romanticismo de Yamato.

—No perviertas mi bufanda de adolescencia —regañó amenamente.

Tomó las esposas, ya dejando a un lado la vergüenza pues disfrutaba demasiado de la intimidad junto a Yamato. Las novedades a parte de ser excitantes podían llegar a intimidar, pero al sustentarse en una base tan fuerte de confianza y compenetración siempre encontraban la forma de adecuarse a la situación. Entre ellos no existían los secretos ni los sueños prohibidos, todo se volvía increíblemente natural. Siempre podían ser ellos mismos.

Sora disfrutaba de esa parte de ella que solo Yamato era capaz de liberar, esa precisamente a la que no le avergonzaba tener unas esposas en la mano.

—Necesitaré detalles —pidió, jugueteando a esposarle.

—¿Explícitos? —enarcó una ceja él, dejándose hacer.

Sora respondió con la mirada, una que dio escalofríos a Yamato pues vio un fuego que tan solo él podía reconocer porque tan solo él podía provocar. No solo se sintió satisfecho, también amado, complementado.

Y esposado de una mano, Yamato se dejó guiar al dormitorio.

—¿Te puedo contar mi sueño sobre un traje de cuero?

-OWARI-

.


N/A: Sinnamon roll! espero que te haya gustado y que disfrutes de tu día!, ¡besitos! soratolove/sorato4ever

26/6/2016