Título: Un Viraje En El Camino.

Categorías: Romance/Drama/Angst/Crime/Family/Suspense/Mystery/Hurt/Comfort

Advertencias: Ninguna por el momento

Capítulos: 23/(23)

Epilogue: (1/2)

N/A: Oh, llegamos al epilogo y lo dividiré en dos partes, si me es posible subiré el 2º epilogo el Jueves, pero no prometo nada ya que todo depende si tengo tiempo ya que tengo MUCHAS tareas, proyectos, etc. Ojala les guste la primera parte y si no…pueden joderme e.e

Contesto reviews la próxima vez!

Disclaimer: Todos los personajes del Anime/Manga Bleach son propiedad de Tite Kubo.

RECOMENDACIÓN MÚSICA: Entre CaminosMotel

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¡Gracias por sus reviews, alertas y que han agregado esta historia a sus favoritos! Y también gracias a las personas que leen en silencio. © N.S

Epilogue I

Entre Caminos

UN POCO MÁS tarde, esa noche, Ichigo abrió la puerta. Rukia estaba de pie en el umbral, mirándolo sin palabras, hasta que Ichigo dio un paso afuera, cerrando la puerta detrás de él.

― Kon está en casa ―le dijo él―, hablemos afuera.

Rukia se cruzó de brazos y miró hacia el jardín. Ichigo siguió el trayecto de sus ojos.

― No estoy segura de por qué vine ―le dijo ella―. Agradecerte no suena muy apropiado, pero no puedo ignorar lo que hiciste.

Ichigo asintió casi imperceptiblemente.

― Yo no sabía nada lo de Hanatarō. De verdad que no lo sabía ―repitió Rukia.

― Lo sé ―dijo Ichigo, mirándola fijamente―. No debí pensar lo que pensé, discúlpame por las acusaciones.

Miró a lo lejos, casi peleándose con las palabras.

― Supongo que debo agradecerte por dejarme saber qué sucedió realmente.

― No tenía otra opción ―Rukia unió sus propias manos―, ¿cómo está Kon con todo esto?

― Bien. Él no sabe nada, pero supongo que algo sospecha por la manera en que he actuado últimamente.

Rukia se pasó una mano por el cabello.

― ¿Puedo hacerte una pregunta? No tienes que contestármela.

Ichigo la miró:

― ¿Por qué deje ir a Hanatarō?

Ella asintió.

― Vi el perro.

Rukia se sorprendió.

― ¿Quieres decir que fuiste hasta allí y sucedió que te lo encontraste?

― No exactamente. Lo busqué.

― ¿Para saber si Hanatarō decía la verdad?

Ichigo movió la cabeza afirmativamente.

― Yo sabía que me había dicho la verdad, pero tenía que hacer algo. Alguien tenía que pagar por lo que sucedió, pero no sabía quién hasta que me mordió. Fui por el arma de mi padre y a la noche siguiente salí a buscar al maldito perro.

― ¿Fuiste para dispararle al perro?

Él se encogió de hombros.

― No estaba seguro hasta no tener la oportunidad, pero al asomarme allí estaba.

― ¿Entonces lo hiciste?

― No. Estuve cerca pero cuando lo vi bien me di cuenta de cuán insano era todo eso, es decir, lastimar a la mascota de alguien. Sólo una persona muy dañada puede hacer eso. Me di vuelta y me fui a mi automóvil. Lo dejé ir.

― Al igual que Hanatarō ―ella buscó la mano de él y él dejo que la tomara―. Me alegra.

― A mí no. Hay algo en mí que me dice que debí hacerlo. Al menos ahora sabría que hice algo.

― Si hiciste algo ―dijo ella.

Ichigo presionó la mano de Rukia antes de dejarla.

― Lo hice también por mí. Y por Kon. Era tiempo de dejarlo ir. No importa qué suceda con Hanatarō, Orihime no regresaría.

Ninguno dijo nada durante un buen rato. Las estrellas en el cielo estaban en todo su esplendor sobre ellos y Ichigo se encontró observando la Estrella del Norte.

― Voy a necesitar un poco de tiempo ―dijo despacio.

Rukia asintió. Sabía que ahora él hablaba de ellos dos.

― Lo sé.

― Y no puedo decirte cuánto tiempo me llevará.

Rukia lo miró a los ojos.

― ¿Quieres que te espere?

Le llevó un buen tiempo responder.

― No puedo hacer ninguna promesa, Rukia. Quiero decir, acerca de lo nuestro. No es que ya no te ame, porque te sigo amando. Me pasé los últimos dos días agonizando. Eres lo mejor que me ha ocurrido desde que murió Orihime. Y a Kon también. Pero no importa cuánto quiera seguir, hay algo que me resulta inimaginable: olvidar lo que sucedió. Y tú eres su hermana.

Rukia apretó sus labios. No dijo nada.

― Yo no sé si pueda vivir con eso, aun si que tú tengas nada que ver. Porque estar conmigo implica, de algún modo, estar con él también. Él es tu familia, y eso no puedo manejarlo. Tampoco sé si alguna vez estaré preparado.

― Nos podríamos mudar ―sugirió ella ―, podríamos comenzar desde cero.

Él negó con la cabeza.

― No importa cuán lejos vaya, esto me seguirá. Tú lo sabes…―arrastraba la voz hasta que la miró a los ojos:

―No sé qué hacer.

Rukia sonrió con tristeza.

― Yo tampoco ―admitió ella.

― Lo siento.

― Yo también.

Después de un momento, Ichigo se acercó y puso sus brazos alrededor de ella. La besó suavemente y luego la sostuvo durante un buen tiempo, con el rostro entre sus cabellos.

― Te amo, Rukia ―susurró.

Ella se esforzó en despejar el nudo en su garganta y se inclinó hacia él, sintiendo su cuerpo tan cerca del suyo, preguntándose si esta sería la última vez que lo tendría así junto a ella.

― Yo también te amo, Ichigo.

Después de que Ichigo la soltó, ella retrocedió intentando detener las lágrimas. Ichigo permaneció allí de pie sin moverse. Rukia sacó de su bolsillo las llaves. No encontraba la forma de decir adiós, porque sabía que esta vez podría ser la última.

― Ve de nuevo junto a Kon ―le dijo.

En el leve resplandor de la luz del porche a ella le pareció ver que también tenía lágrimas en los ojos. Rukia secó las suyas.

― Le compré un regalo de Navidad a Kon. ¿Te parece adecuando que lo traiga?

Ichigo miró a lo lejos.

― Puede que no estemos aquí ―explicó él ―. Pensaba ir a la semana próxima a Hags Head. Kensei tiene un lugar allí y me dijo que podría usarlo.

Ella asintió.

― Estaré en casa si quieres llamarme por teléfono.

― Muy bien ―murmuró él.

Con una sonrisa apretada, ella se dio vuelta y fue hasta su auto, esforzándose por mantener el control. Sus manos temblaban un poco al abrir la puerta y miró hacia atrás. Él no se había movido; tenía los labios apretados.

Subió al auto sentándose frente al volante.

Mientras Ichigo la miraba, deseó llamarla en voz alta y pedirle que no se fuera, que iban a encontrar el modo, que las cosas funcionarían. Que él la amaba, ahora y siempre. Pero no lo hizo. Ella encendió y Ichigo subió las escaleras. El corazón le dolió. Rukia se dio cuenta de que Ichigo caminó hacia la puerta. No iba a detenerla. Dio marcha atrás y se fue. El rostro de Ichigo se iba obscureciendo y él se volvía más y más pequeño a medida que ella se alejaba. Rukia sintió los ojos arrasados en lágrimas.

Mientras Ichigo abría la puerta, ella tuvo la sensación de que sería la última imagen que tendría de él. No podría quedarse en New Bern. Encontrar a Ichigo por aquí o por allá sería demasiado duro; tendría que buscar otro trabajo. Y quizá en algún otro lugar podría comenzar de nuevo. Una vez más.

En el camino aceleró un poco. Estaba oscureciendo y ya no quería mirar hacia atrás. "Estaré bien", se dijo. "No importa qué ocurra, lo conseguiré, como lo logré antes. Con o sin Ichigo lo podré hacer".

"No, no puedes", sentenció una voz dentro suyo.

Entonces se quebró, las lágrimas cayeron con fuerza y dispuso el auto hacia un lado del camino. Con el motor apagado y las ventanillas empañadas, Rukia lloró como nunca antes lo había hecho.

Continuará…