Capitulo 25: "Una Cruel Maldición"

Si solo nunca te hubiera conocido…
Nada de esto estaría pasando…
Y mi corazón no se marchitaría al imaginar perderte
.

¡Naraku, le había arrebatado sus poderes!

– Maldito… – mascullo apretando los dientes mientras aferraba a Kagome que aun se encontraba dormida, al parecer tenía un profundo sueño para no notar todo el barrullo que se había desatado hace solo minutos. Con un brazo la envolvió desde la espalda y con su mano libre le tomo la nuca escondiéndola en su pecho, observo hacia donde caían ¡estaban cayendo de cabeza!

Dolería… y mucho.

Las copas de los arboles se mecían con fuerza a causa de la peligrosa tormenta que golpeaba sus cuerpos con las gotas de lluvia que parecían ser baldes de agua. El viento era frio y gélido congelándoles las piernas, brazos, dedos y demás extremidades. Torno su mirada hacia el frente entrecerrando los ojos para evitar que las gotas de la lluvia tocaran sus ojos mientras que intentaba divisar si se encontraban allí sus compañeros, para su alivio así era. Miroku estaba cayendo al igual que ellos, inconsciente, como Shippo que estaba un poco más alejado de ellos… ¡maldición! Todos caerían al suelo y él no podía utilizar sus poderes porque el infeliz de Naraku se los había arrebatado quien sabe en qué momento. Se aferro mas a Kagome y cerro sus ojos con fuerza rogando porque no le sucedieran nada… a ella.

El impacto fue duro, cayeron encima de los follajes de los arboles siendo arañados por las ramas puntiagudas, golpeados también por ellas, llenándose de hojas, rasgando un poco sus ropas. Atravesaron los follajes mientras que el hombre soltaba de vez en cuando un gruñido de dolor, sin soltar a Kagome, hasta que aterrizaron en un arbusto pequeño, se escucho un gemido y un golpe sordo junto con el crujir de las ramas que quebraron al aterrizar con brusquedad. Espero un minuto inmóvil hasta que paulatinamente abrió sus ojos… todo se encontraba en penumbra apenas se podía divisar los árboles, arbustos y hierva del lugar ya que la lluvia era espesa mezclándose con una neblina incomoda que confundía las cosas que apenas se podían ver. Recorrió con la mirada el lugar, incorporándose despacio hasta quedar sentado encima del arbusto, tratando de vislumbrar algún cuerpo de los muchachos.

No había nadie.

Frunció su ceño no creyendo lo que sus ojos le mostraban. Se irguió con dificultad al sentir su cuerpo adolorido, hizo una mueca cerrando un ojo notando de pronto una fuerte punzada de dolor en su pierna izquierda, ladeo el rostro hacia un lado tratando encontrar la herida, pero fue imposible ya que la maldita tormenta era tan molesta que le salpicaba el rostro haciéndolo entrecerrar los ojos para proteger sus ojos. Apretó los dientes llevando su mirada ahora a la joven que se encontraba dormida en sus brazos. Tenía la cabeza inclinada hacia atrás dando una tentadora visión de su suave piel nívea –se relamió lo labios– parecía aterciopelada… una gota rodo por la curva de su cuello lentamente clamando porque él la retirase con su lengua, sintió temblar sus labios mientras que estoicamente ignoraba esa parte de su cuerpo ladeando el rastro para otro lugar. Tenía que encontrar un buen lugar en donde pudieran descansar para recuperar fuerzas y ver una manera de salvar la vida de la mocosa…

Naraku le había arrebatado sus poderes… no sabía cómo… pero lo había hecho. Los dejo escapar sin siquiera alguna advertencia o…

Ohhh… claro que puedo… aun tengo algo que te importa demasiado… ¿acaso lo has olvidado, Inuyasha?

Sí, había dejado una advertencia.

Ese gusano podía manejarlo a su antojo ya que sabía el punto débil de Inuyasha: ella. Endureció su mirada acomodando a Kagome en sus brazos. No podría proteger a la mocosa… lo tenían amenazado, no podría estar con ella cuando lo necesitase… ¡maldición¡¿Por qué la vida era tan dura con él! Había olvidado a Kagome, por culpa de Naraku… había acecinado a Kikyuo por culpa de Naraku, se había alejado del lado de Sango por culpa de Naraku… ¡todo había sido por la culpa de ese malnacido! Y ahora no podría proteger a la niña que él había jurado proteger… nada de eso estuviera pasando sino se hubiera molestado y hartado del mundo de Avalón, si no hubiera ayudado a Kagome… si no habría conocido a Kikyuo… ¡si solo su padre no fuere un ser con magina!

«Nada estaría pasando…»

Un rayo surco el cielo iluminando todo ese bosque mostrando a lo lejos una pequeña cueva abandonada… se paró en seco, parpadeando repetidas veces para aclarar su vista por si le estaba jugando una mala pasada. Para su suerte, no lo era.

La única manera de proteger a la mocosa era…

Llevarla a Avalón.

A ese mundo de maricas, donde estaba lleno de risas, colores, paz… cosa que él hace tanto tiempo no tenia. Ella sería feliz en ese mundo… tendrá amigos, sonreiría con ese gesto tan natural, radiante para ella, hasta podría conseguir un buen… esposo.

Endureció las facciones de su rostro, el solo hecho de imaginarse a Kagome en brazos de otro lo llenada de ira, una ira que no podía controlar… estaba sintiendo algo por Kagome… su corazón latió con fuera ¡sentía algo por Kagome! La observó mientras la lluvia bañaba su impávido rostro. No podía estar fijándose en ella más que una en mocosa a la cual él había jurado protegerla ¡no le estaba permitido! Podría sucederle lo mismo que a Kikyuo… todo a lo que él quería siempre sufría… no… no podía fijarse en ella.

Aunque se estuviera muriendo por dentro…

No podía…

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Seré su guardián milady

Ella lo observo perpleja y sin parpadear pregunto:

- ¿Lo dices enserio?

Él le clavo su mirada en la de ella, observándola minuciosamente y cerio, dejándola sin aliento.

- Lo juro por mi honor, que es lo único que es mío…

Abrió lentamente sus ojos, mientras que esas extrañasimágenes se desvanecían de su campo visual.

Ya no estaban.

Se incorporo de súbito al ver que ese hombre ya no estaba en su mente.

Observo hacia los lados de su rostro con premura buscándolo con la mirada, pero no se encontraba ningún vestigio de ese hombre. Había visto su cuerpo pero no su rostro… algo en ese hombre le era familiar pero no sabía que era. Notó que se encontraba en una cueva pequeña que era iluminada solo por una luz naranja, tenue, que se movía y crujía como si estuviera partiendo algo: era una fogata.

Perpleja descubrió que Inuyasha se encontraba sentado enfrente de la fogata avivando el fuego con pequeñas ramitas que lanzaba, no la observaba, su mirada estaba fija en las llamas que danzaban lentamente, su rostro estaba endurecido, sumiso en quien sabe que. Parecía estar en su mundo meditando algo importante.

Busco con la mirada a Shippo o Miroku, pero sin mucho éxito. Ninguno de ellos se encontraba en aquel lugar. El alma parecía haberla abandonado su cuerpo cuando recordó los sucesos que habían ocurrido: Hoshinki enfrentándose solo a Naraku, Inuyasha llevándosela lejos de la posada en donde pensaban descansar, Shippo transformado en dragón, la tormenta… ella aferrada al pecho de Inuyasha y luego…

Lo demás no lo recordaba.

– ¿En donde están los demás? – pregunto en un hilo de voz. Inuyasha no la observo mientras que contestaba, frio y distante.

– Cuando caímos… desaparecieron…

¿habían caído?

¿Cuándo?

¿Por qué?

¡No lo recordaba!

– ¿Caímos? – exclamo dudosa.

– Sí…

– ¿Por qué! – exigió angustiada sintiéndose invadida por el temor. Él pareció inmutarse ante la reacción de la chica y aun sin observarla respondió.

– Shippo, de un momento a otro se desmayo y todos caímos separados – ¿Por qué no los había encontrado? La presencia de ninguno se sentía, eso lo dejaba muy intranquilo, se suponía que al ser seres con magia los podría encontrar aunque se encontraran a lenguas lejos de él… pero por alguna extraña razón no los pudo detectar. ¿Ese infeliz los habría raptado? Si ese era el caso…

No quería ni imaginárselo.

Sintiéndose invadida por el miedo la joven penmerlin trago con dureza al ver como su corazón latía con una inimaginable rapidez.

– ¿Nos atacaron?

«No, pero el malnacido de Naraku tiene algo que ver con eso.»

– No… la tormenta se había desatado demasiado fuerte para volar, al parecer fue demasiado para el demonio – dijo. No podía decirle que se había presentado Naraku enfrente de él y que Hoshinki había muerto… si, se lo estaría ocultando, pero no quería que su mocosa se alterara más de lo que estaba, suficiente tenían ya para otro problema más. – solo fue eso.

– Y con tu magia… ¿no los puedes encontrar? – vio como el Merlín tubo un leve tic en su ceja izquierda sin responderle. Le estaba ocultando algo… podía afirmarlo sin titubear. Ella frunció su ceño y más firme que antes volvió a preguntar. – ¿no los puedes encontrar?

No, claro no que podía. Pero no podía decírselo, la alarmaría más de lo que ya se encontraba. Haciendo caso omiso a la indagación de la chica se levanto de su lugar caminando hacia más adentro de la cueva recogiendo una tela blanca del suelo.

– Ten – dijo extendiéndole la prenda a la muchacha que la observo dudosa. – es ropa seca… te servirá hasta que la tuya se seque.

– ¿Y tú?

– Feh, soy mucho más resistente que tu. No como los humanos que tienden a pescar un resfriado en un abrir y cerrar de ojos.

Las palabras del hombre la dejaron muda. Por primera vez desde que se conocieron él estaba demostrando ser un poco más considerado con ella, no como siempre que la trataba como si fuera un hombre y no una mujer. Tomo la prenda sin mucha confianza mientras que le lanzaba una mirada suspicaz cuando él volteo a sentarse en el mismo lugar donde lo vio cuando despertó. Entorno los ojos al notar algo.

– ¿En dónde me cambiare?

Inuyasha alzo una ceja, recorriéndola con la mirada de arriba abajo.

Al sentirse minuciosamente observada se cubrió con la prenda que él mismo le había dado.

– Donde quieras…

¡Uuyy¡Menudo pervertido! Siempre con sus comentarios con doble sentido. Indignada por el comentario del hombre se irguió de un respingo notando recién que sus piernas estaban acalambradas del frio, se tambaleo hacia los lados al tiempo que comenzaba a sentirse mareada… no tenía fuerzas. Lentamente fue cayendo hacia atrás cerrando levemente sus ojos al sentirse débil y agotada…

Unos cálidos brazos la sujetaron de la espalda.

– Te sientes bien – escucho la voz masculina.

Puede que ésta no sea la última vez que nos veamos. – resonó una voz dentro de su cabeza era similar a la de Inuyasha, pero no podía ser cierto, esa voz era la del hombre que vio en su sueño antes de despertar.

Lo observo viéndolo borroso.

– Me siento débil… – susurró. Los ojos dorados se clavaron en los suyos dejándola sin aliento una vez más. Siempre sucedía lo mismo cuando él la mirada de esa manera, su calor era abrasador y quemaba atravesándole la ropa empapada de ella, llegando hasta su piel. Esos extraños cabellos plateados rozaron su rostro ya que caían por los lados del rostro masculino hacían cosquillas y la perturbaban enormemente. Alzo su mano hacia ese rostro perfecto, hermoso… tan familiar… – bésame… – sentencio en un ronroneo casi inaudible, sus dedos tocaron la caliente piel de él mientras que los ojos de Inuyasha la observaban confusos por el repentino impulso de la joven. Ni siquiera ella misma entendía el porqué había dicho aquello pero de la nada había comenzado a sentir un calor que la abrumaba: era de Inuyasha. Su calor le hacía sentir sentimientos que no entendía, quería que sus cuerpos estén lo más cerca posible que le robara mas de un beso… que jamás se alejara de su lado. Comenzó a sentir cosquillas en el estomago al notar lo grande y fuerte que era la mano de Inuyasha… como podría acariciarla…

Como…

Él se inclino hacia delante.

Capturo sus labios.

Gimió satisfecha al sentir la los labios de él cubriendo los suyos mientras que su otra mano la acomodaba para que se colocara derecha y pudiera tenerla más cerca de él que la otra incómoda posición, de instinto alzo sus brazos cruzándolos por detrás del cuello masculino mientras que se colocaba de puntitas e Inuyasha la arrimaba más cerca todavía rosando sus cuerpos con delicadeza sintiendo rosar las piernas embriagada por el aroma masculino del hombre. La lengua del hombre lentamente se deslizó de su boca adentrándose a la cavidad de ella explorándola incitándola a acariciar sus lenguas en un bailé suave único, solo de ellos…

El aire se estaba acabando y los roces de sus bocas se estaban volviendo mas apasionados y menos delicados como queriendo devorar el uno por el otro, uno ola de calor la golpeo con fuerza deseando que él no solo la abrasara… sino que…

Se separo aturdida.

Con los ojos aun cerrados se abraso al pecho de Inuyasha escondiendo la cabeza. Jamás había pensando en nada parecido a lo que su mente imagino cuando sentía que los besos del hombre no bastaban. ¿Qué era lo que deseaba realmente¿Por qué lo estaba sintiendo? Sin entender a lo que su menté la había hecho llegar levando su mirada encontrándose con la penetrante de él. Parecía los rajos de sol, eran tan cálidos, tan hermosos, no parecían tristes como cuando lo había conocido, hace tiempo que no veía esa mirada tan glacial… suspiro mientras que posaba su mentón en el pecho masculino observándolo, esta vez, minuciosamente.

– No entiendo aun porque apareciste en esta historia… – él frunció levemente. – y tampoco sé porque justamente yo tengo que ser la penmerlin que mantiene un su interior a un ser que es capaz de salvar a estos mundos. Pero sé algo que me llena de tranquilidad después de tanto sufrimiento vivido… – él la miro expectante esperando que terminara lo que había comenzado. Kagome sonrío llena de ternura por esa mirada curiosa que por un segundo había aparecido en los ojos de ese tosco y bruto hombre. Le beso con rapidez la punta de la nariz colocándose de nuevo en donde estaba. – que gracias a ti, puedo confiar en alguien, que gracias a ti no me encuentro sola.

Esas palabras le dieron un vuelco en el corazón.

– Kagome… yo…

Coloco su dedo índice en la comisura de sus labios impidiendo que hablara.

– Por favor… no lo arruines…

Eso lo desconcertó. Ella había adivinado o presentido que él estaba a punto de decir algo que cortaría ese precióso momento en dos. Suspiro asintiendo mientras que la volvía a abrasar posando su frente en el hombro de ella, ejerciendo un poco mas de fuerza en ese abrazo.

Se moriría si la dejaba partir, si ella no se encontraba a su lado, no supo cómo o cuando, pero la mocosa se había colado en su corrupto corazón convirtiéndose en la cosa más importante para él. Pero aunque se le partiera su alma en dos –si es que tuviera– no podría permanecer con ella. Naraku lo utilizaría para que él mismos la matara con sus propias manos como cuando sucedío con su Kikyuo… y su madre

Inuyasha atónito observaba un punto indefinido donde minutos antes se encontraba el cuerpo de Kikyuo siento atravesado por su propia espada ¡la había matado¡Él¡A su querida Kikyuo! A su único amor… a la persona que lo había aceptado tal y como era. Inerte y no consiente de lo que hacía, bajo la espada que aun se encontraba extendida hacia el frente, incrédulo con los ojos abiertos como platos observo el cuerpo pálido de Kikyuo bañando el pasto con hierva que la rodeaba con su sangre, sus ojos estaban abiertos con su rostro ladeado y los labios semi abiertos. Su corazón dejo de latir, el alma ya no parecía estar en su cuerpo, no escuchaba nada, su respiración se volvió agitada mientras que sus ojos se estaban nublando con algo parecido a la lluvia, y salinado: eran lágrimas. Incrédulo a lo que había sido capaz de hacer por no medir ni estar atento a lo que hacía cayó de rodillas al suelo con los hombros caídos, la espalda encorvada y la mirada fija en el cadáver de su ya fallecido amor…

Todo era su culpa.

Habían pasado tanto momentos juntos, la había amado tanto, soñó con tener una familia… poder llegar a ser feliz… tantas cosas para que de un momento a otro un infeliz llegara y le arrebatara lo que él había llegado a valorara más que su propia vida.

Ese maldito infeliz…

Naraku sonrió satisfecho al sentir como lentamente la mente del mocoso ese, se estaba desordenando sin sentido, comenzaba a perderse en la locura, un poco más y no sería capaz de controlar sus poderes. Indago con su magia en la memoria del chico, muchas partes de esa miserable vida habitaba la mujer que había utilizado para protegerse, tenía una madre que él quería mucho, la jefe de los merlines también se encontraba… Avalón… había estado gran parte de su vida en aquel lugar… una mocosa…

Con el demonio de Hoshinki…

¡Esa mocosa!

¡había encontrado a la nueva penmerlin!

El oráculo del destino se lo había dicho… al encontrar a ese mocoso encontraría al demonio que era capaz de abrir las siete puertas… sonrió con malicia. La había encontrado gracias a ese mocoso… ahora no le serbia de nada. Podía matarlo cuando quisiese… y…

- ¿Lo dices enserio?

La nueva penmerlin se encontraba junto con ese muchacho. Estaban platicando, él sonreía y ella muy emocionada lo abrazaba… mmm… asique ese chico era el guardián de la mocosa esa. Su sonrisa se ensancho. Capas no sería necesario matarlo… por ahora… le podría ser de utilidad. Pero primero debía borrar los recuerdos de ese mocoso, tenía un gran poder, su padre de seguro era un ser con un fuerza inmaculada.

«Los hijos se parecen mucho a los padres.»

– Bien… no será tarea difícil. – se acerco a Inuyasha extendiendo su mano junto con los dedos de ella acercándolos a la sien del joven cuando de un solo movimiento, el joven de cabellos plateados tomo su espada partiendo en dos el antebrazo de Naraku dejándolo levemente sorprendido por el ataque que no lo había presentido. Jamás nadie lo pudo tocar sin que él lo hubiera presentido antes ¿Cómo era posible que ese simple chiquillo lo haya tocado? Lo vio erguirse lentamente ocultando su semblante con el flequillo de su frente haciéndolo ver aterrador, maligno. Eso lo regocijo… podría controlarlo si sentía maldad.

– Hijo de puta… – gruño con una voz ronca y áspera. – te sacare las entrañas.

– Lo dudo mucho.

Inuyasha gruño dejando ver unos ojos opacados por la ira sedientos de sangre que deseaba beber… tocar… tener en sus manos. Movía la espada como si no pesara siquiera nada, cortando el aire haciéndolo silbar con cada corte en el aire, haciendo que Naraku se moviera más rápido de lo normal e Inuyasha sin quedar atrás, eso lo dejo impactado, ese mocoso podía seguir su velocidad cuando estaba sediento de sangre.

Podía controlarlo.

Con cada movimiento con la espada, Naraku iba retrocediendo mientras que Inuyasha abarcaba terreno, todo parecía denotar que el joven ganaría cuando de un momento a otro Naraku poso dos de sus dedos en la frente del chico, haciendo que las pupilas del chico desaparecieran…

Estaba invocando un hechizo.

Naraku murmuraba unos conjuros mientras que cerraba sus ojos y se concentraba en eso dejando a Inuyasha inmóvil sosteniendo sin moverse un milímetro la espada arriba de su cabeza. Los ojos ámbares, ahora opacados, se encontraban abiertos desmesuradamente mientras que el conjuro era desatado. Cuando el demonio termino, de los dedos que estaban en la frente del chico salió una luz pequeña de color negro volviéndose inmensa en un segundo.

Todo se volvió negro.

– Olvidaras cada una de las cosas que te sucedieron… olvidaras las promesas… a las personas que creías querer, todo. Serás mi peón, mi mano derecha, obedecerás cada uno de mis mandatos, sin reclamos, sin quejas, nada. Lo único que aras será obedecerme, y cuando llegue el momento… te morirás.

Esas palabras resonaban una seguida de las otras mil veces hasta que se hicieron un susurro y todo fue blanco en ella. Ya no había madre, promesas, muerte, culpa, remordiente, nada. Solo la voz de Naraku y el mandato de obedecerle. Para probar que él aria cualquier cosa que el demonio le mandase le ordeno que matara a sangre fría a su madre. Y así lo hizo, corto su cuello con el filo de su espada mientras que sonreía al ver la sangre recorrer por sus manos, por la platinada espada. En los ojos dorados se veía cuanto le había gustado aquello y quería más, mucho más, no quería detenerse. Pero de un momento a otro una voz que no era la de Naraku lo invadió resonando en su cabeza sin detenerse «despierta…»

Gruño al sentir una punzada de dolor tan fuerte en su sien que creyó moriría, era sorprendentemente dolorosa, jamás había sentido un dolor tan grande como ese y por un momento casi pierde la conciencia, cerro sus ojos con fuerza mientras los susurros lo mareaban haciéndole doler más de la cuenta. Las palabras de Naraku se mesclaban con las nuevas que invadieron su mente, la imagen de su madre lo golpeo de lleno aturdiéndolo, mil cosas atravesaron su mente, las palabras de Naraku fueron las principales pero rápidamente iban tomando segundo plano al llegar más información, la sangre de Kikyuo, los promesas de que le hizo a la pequeña niña, Sango y Avalón… estaba recordando…

La sangre de su madre.

Soltó un grito tan lastimero, áspero, sufrido, tan lleno de dolor mientras que se tomaba la cabeza apretándola con las palmas de sus manos para hacer parar todo lo que estaba viendo y escuchando, se estaba volviendo loco.

Naraku se materializo enfrente de él observándolo con desdén. Al parecer ese mocoso era mucho más fuerte de lo que creía. Tenía que hacerlo que lo obedeciera a toda costa si quería tener a la penmerlin. Chaqueo los dedos llevándolos a un lugar oscuro en donde no se veía el inicio ni el fin, todo era negro y por alguna extraña razón lo único que se veía eran los cuerpos de Inuyasha y Naraku.

– ¿Quieres olvidar? – le pregunto con parsimonia. Lo escucho gruñir pero no responder. – lo temare como un sí… pero… se ve que tienes un poder muy fuerte que es capaz de deshacer mi conjuro… eso te pone en una situación algo difícil, tienes que obedecerme y así yo podre ayudarte mmm… que situación eh ¡ah! Ya se – su mirada se volvió satánica. – todo lo que este cerca de ti padece… o tiende a morir como vimos en los últimos casos – el joven parecía no prestarle atención provocando en el demonio irritación, frunció su ceño e hizo que Inuyasha dejara de removerse inquieto por el dolor que sentía, quedándose quieto enfrente del demonio con la mirada sin brillo sin pupilas en los ojos, solo el ámbar opaco de su mirada. – mucho mejor. ¿En que estaba…¡ah! Como decía, tienes mala suerte con las personas que se acercan a ti… asique sino tu no piensas cooperar conmigo, tendrás una maldición. Todo lo que aprecies o ames lo eliminaras a sangre fría como hiciste con tu madre y la mujer que amabas y si planeas quitarte la vida el alma de tu madre no será libre jamás, ya que se encuentra en mi poder, si, así es, el alma de tu madre me pertenece y mas te vale obedecerme… sino la vieja no tendrá paz eterna y… será profanada por demonios. Recordaras todo esto, pero no te volverás loco ya que te ayudare para que eso no pase, vivirás bajo mi mandato y se hará lo que yo diga ¿entendiste?

El joven poseído por los poderes del demonio asintió.

– Bien… y una cosa más… – exclamo con sorna. – la promesa que le hiciste a la penmerlin… no recordaras nada que se encuentre vinculado con esa mocosa.

Desde ese entonces Inuyasha fue obligado a vivir bajo la voluntad de Naraku. Haciendo todo lo que el demonio quisiese se cumplía, todos los caprichos él los hacía, siempre siendo amenazado por Naraku… siempre pensando en que ella, su madre, estaría en cualquier momento siendo profanada por demonios… siempre estando atormentado por las imágenes de las muertes que tanto dolor le causaron…

A Kagome no le podía pasar lo mismos.

No, jamás lo permitiría.

Continuara…

N/A: ¡El misterio que les carcomía la cabeza ya esta debelado! Siento sino era lo que se habían imaginado o si tanto para nada, lo lamento pero esto de los misterios muchas veces no me queda como quiero que quede. No olviden que hace poco estoy con esto de los fics, y que tal vez mis historias no son muy emocionantes, pero no olviden que con el tiempo uno va puliéndose lentamente. Bien espero que les haya gustado y… me muero del sueño…

– Por esa maldición Inuyasha se había alejado del lado de Sango.
– Por eso Inuyasha no recordaba a Kagome. El destino ya estaba escrito, su encuentro ya estaba destinado desde que nacieron, ellos tarde o temprano se iban a conocer y para evitar que Inuyasha pudiera advertirle a Kagome de lo que le pasaría en el futuro Naraku borro todo recuerdo que se encuentre relacionado con la chica.
– Por eso es que él no puede amar Kagome.
"Ella" siempre fue la madre de Inuyasha.
– El recuerdo de Inuyasha que vimos en este cap, es la continuación del otro en donde él había matado a Kikyuo.

Espero que ya varias cosas estén aclaradas… si me falta algo avísenme… aunque creo que no falta nada… ¿cierto?

Gracias por leerme, no olviden de dejar reviews.

Dormir es lindo… despertar es lo feo.

Dulce Kagome Lady-