Simplemente perverso

Capítulo 24

— ¡Mama, no quiero verlo!

—Bella, tienes que hacerlo.

Bella se dio la vuelta para mirar a su madre, que había invadido su dormitorio al romper el alba con una bandeja de desayuno y una conferencia.

— ¿Por qué debo verlo?

—Porque le debes una explicación.

—Él ya tiene una explicación. ¡Gracias a tu intervención, él ya estaba aquí la pasada noche! Estoy segura que él escuchó todo lo que necesitaba enterarse de mis transgresiones.

—No hay necesidad de ser grosera. —Helene arregló su falda alrededor de sus rodillas. —Obviamente no está satisfecho si insiste en tener una reunión contigo de nuevo esta mañana.

—Probablemente sólo quiere decirme que no quiere volver a verme nunca más.

— ¿Por qué haría eso?

—Porque sabe lo que hice, lo sabe todo.

—Sabe que tu matrimonio estuvo lleno de problemas y que tu marido causó la mayor parte de ellos.

Bella rodeó a su madre, con los puños apretados a los costados.

— ¿Por qué eres tan agradable conmigo? ¿Por qué nadie me culpa?

— ¿Para qué? Te casaste con Jacob de buena fe, ¿oui? No sabías que después de unos días de matrimonio él se presentaría de repente con un amante masculino.

—Por supuesto que no lo sabía, pero no lo detuve, ¿no? Le dejé creer que estaba bien, que lo entendía, que… —Se quedó sin palabras y se quedó mirando desvalidamente a su madre. —Dios, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para retenerlo. Yo quería una familia propia tan desesperadamente.

Helene suspiró y le ofreció su mano.

—Bella, siempre me has tenido a mí y a los gemelos, ¿Por qué haces que suene como si hubieses estado sola?

—Me sentía sola, Mama. Siempre he tratado de ser una madre para los gemelos, pero sabía que ellos abandonarían el convento pronto e irían junto a ti. Sabía que no me necesitarían más. Cuando conocí a Jacob, él parecía la respuesta a mis oraciones.

Helene dejó caer la mano en su regazo.

—Lo siento, Bella. Siento tanto haberte dado esa carga. Nunca debí haberte abandonado de ese modo.

Bella se arrodilló a los pies de su madre.

—Está bien. Sé por qué lo hiciste, Mama. Lo entiendo. Por favor, no te sientas culpable.

Helene suspiró.

—Sabía que algo andaba mal cuando lo conocí en Dover después de tu matrimonio. Debería haber hecho caso a mis instintos y haberte insistido en que me dijeras qué sucedía.

Bella tomó la mano de su madre y la apretó con fuerza.

—Y yo habría seguido mintiéndote. Ya había tomado mi decisión de casarme con Jacob, y estaba dispuesta a vivir con esa decisión.

— ¿Y ahora? ¿Vas a destruir la posibilidad de ser feliz con Edward Masen para siempre por vivir en el pasado?

—Pensé que no aprobabas mi relación con Edward.

Helene sonrió ligeramente.

—He cambiado de opinión. Creo que tiene potencial para convertirse en un hombre extraordinario. No has respondido a mi pregunta. ¿Vas a permitir que tu culpa por Jacob agrie tu futuro con Edward?

— ¿Pero cómo lo puedo saber, Mama? ¿Cómo puedo saber si es el hombre adecuado para mí? No he sabido escoger muy bien hasta ahora.

— Edward me dijo que Lord Minshom compartió todos sus secretos contigo, y que tú no te apartaste de él. ¿Es eso cierto?

— ¿Por qué debía?

La cara de Helene se suavizó.

—La mayoría de las mujeres lo harían, querida. ¿Crees que él te lo hubiera contado por sí mismo si Minshom no hubiese forzado la cuestión?

Bella encontró la mirada escrutadora de su madre.

—Sí, creo que sí, en verdad, lo hubiera hecho.

— ¿Y tú tenías intención de contarle acerca de tu complicada relación con Jacob?

—Sí, la tenía.

Helene sonrió.

— ¿Entonces, cuál es el problema? Lord Minshom os ahorró un montón de problemas, ¿no?

Bella pensó en eso. Pensar en Lord Minshom en el poco probable papel de casamentero era decididamente extraño, aunque le había ayudado a contactar con Sir Harry al final y se había alejado de Edward…

—No sé si Edward me quiere, Mama. Sé que valora nuestra amistad, pero nunca ha hablado de amor.

Helene acarició la mano de Bella y la soltó, luego se puso de pié con un susurro de seda azul.

—Vosotros dos tenéis buenas razones para no querer enamoraros. Los dos teméis ser vulnerables de nuevo. Te sugiero que veas a Edward y le digas cómo te sientes y ver lo que él dice a cambio.

—Haces que parezca tan fácil, Mama.

—Apenas lo es. —Helene abrazó a Bella. —Me llevó casi diecinueve años entender que amaba a Philip. No podía creer que alguien me encontrase remotamente amable, pero estaba equivocada. No malgastes tu vida como lo hice yo, Bella, sé honesta contigo misma, olvida el pasado y encuentra la felicidad.

Bella miró a su madre a la cara y asintió.

—Lo intentaré, Mama.

—Estoy tan contento de que accedas a hablar conmigo.

Edward hizo una reverencia cuando Bella vaciló en la puerta. A pesar del entorno, él trató de parecer lo menos amenazante posible. Se había despojado de su abrigo y chaleco, y podía sentir el frío de la primera planta de la casa aún sin calefacción en sus huesos. A las diez de la mañana, el lugar parecía más inofensivo, un marcado contraste con los excesos que normalmente se llevaban en la esta etapa de placer sexual extremo.

Bella llevaba un vestido simple marrón, su largo cabello recogido en un nuevo moño en la nuca. Se veía demasiado pálida para su gusto, pero después de la serie de golpes que había sufrido a lo largo de los últimos días, casi no podía culparla. Sus manos estaban entrelazadas en los extremos de un chal de color crema sobre sus pechos.

—No quería verte. Mi madre me convenció.

Él sonrió. Su honestidad siempre le conmovía.

—Pero estás aquí, y estoy agradecido.

—Creo que te conozco lo suficiente para entender que si no trato contigo ahora, me perseguirás hasta que lo haga.

Edward se encogió de hombros.

— ¿Qué puedo decir? Me he vuelto muy tenaz en los últimos tiempos. Me he dado cuenta que no puedo permitir que otros dicten el ritmo de mi vida o tomen decisiones por mí.

Bella se movió hasta el centro de la habitación, con sus ojos azules fijos en él.

—Eso es bueno. Me alegro por ti.

Se hizo el silencio mientras contemplaba su próximo movimiento. Pendiente de sus reacciones, estaba inseguro por dónde comenzar. Su mirada se posó en el último rincón de la habitación, y alcanzó la mano de Bella. Ella se dejó llevar hasta sus momentos más oscuros, al lugar donde todavía tenía pesadillas.

—Solía desnudarme completamente y mantenerme encadenado aquí. —Él señaló el suelo desnudo, las esposas cubiertas sobre un soporte junto a látigos de todo tipo de longitudes. —En la esquina de castigo, un hombre ya no tiene el derecho de decir no, o de denegarle a nadie la oportunidad de follarlo o hacerle daño.

Bella no habló, pero tampoco se apartó de él. Él reunió valor.

—A veces disfrutaba de ello, de dejar las responsabilidades de mis necesidades sexuales a otros, a veces anhelaba el dolor. Al principio lo hice para borrar las pesadillas sobre Alistar, el hombre que me violó. En mi ingenuidad, decidí que si debía experimentar ese tormento sexual todas las noches, prefería que fuese real. Aprendí pronto que era un error, y tampoco tenía control de las nuevas pesadillas.

Soltó la mano de Bella y se agachó para acariciar el metal frío de las esposas.

—Y por supuesto para aquel entonces ya era adicto a la emoción sexual de todo aquello, pensando que lo merecía, pensando que Alistar y Minshom tenían todo el derecho, que yo había nacido para ser sumiso y anhelar el dolor.

—Y entonces una mañana desperté sólo, cubierto de contusiones y del semen de Minshom y comprendí que no podía aguantar más. —Alzó la vista hacia ella. —Sé que suena ridículo, pero así es como fue. Me di cuenta que había permitido a otros dictar mi sexualidad durante demasiado tiempo y que me merecía la posibilidad de averiguar lo que quería para mí.

Suspiró.

—Y luego Christian nos presentó. Y sentí tal conexión contigo desde el principio… me fascinaste. Traté de convencerme a mí mismo que simplemente eras la primera mujer con la que había tratado de ser honesto, que sólo era atracción por mi parte. Pero no era así, ¿verdad?

Bella sacudió la cabeza pero no habló, así que Edward siguió a delante.

—A pesar de que conoces mis preferencias sexuales, he tenido muchas oportunidades de tener mujeres en mi cama, incluso aquí, y nunca sentí la necesidad de hacerlo hasta que te conocí.

— Edward, ¿estás diciendo que he sido la primera mujer con la que has hecho el amor?

Él trató de sonreír.

—Si pasas por alto a la Lady que Emmett me presento la cual me introdujo en la casa del placer donde me mostró como dar placer a un una mujer con mi boca y dedos, entonces sí.

—Me siento honrada.

Edward dejó caer las esposas al suelo y se levantó.

— ¿Honrada por ser mi primera mujer? Pensé que te reirías de mí.

Le miró fijamente con expresión seria.

— ¿Por qué me reiría? Has debido tomar mucho coraje para probar algo diferente, para romper con lo que estabas acostumbrado.

Él sostuvo su mirada, interesado en dirigirse al quid de la cuestión, abrirse a ella, rezando por su comprensión.

—Pero eso no lo cambia todo. Todavía sigo disfrutando de mi inusual vida sexual. Creo que siempre lo haré.

— ¿Quieres volver con Minshom?

Él se estremeció.

—No, en absoluto.

—Entonces, ¿qué quieres? —Ella gesticuló hacia los estantes de los látigos, las máscaras, las cadenas colgadas de las paredes pintadas de rojas y negras. — ¿Lo que hay aquí te haría sexualmente feliz?

—No lo sé. No trato de ser tímido, realmente no me conozco a mí mismo lo suficiente, Edward Masen en realidad disfrutaría.

Bella tomó una de las fustas de la pared más cercana y la estudió. A pesar de sí mismo, el pulso de Edward se aceleró.

— ¿Disfrutas cuando estas atado, verdad?

—Sí, y cómo pudiste ver, David Gray es un experto en eso.

Ella se acercó, el extremo de la fusta acariciando su mano.

Él no podía apartar los ojos de ella.

— ¿Pero cuándo es suficiente el dolor, Edward? ¿Cómo puede saber tu amante cuándo parar?

Él apartó la mirada de ella.

—No lo sé.

—No creo que pudiera hacerte daño.

Él exhaló despacio y forzó una risa.

—Está bien, aprecio tu honestidad… lo entiendo. —Se volvió hacia la puerta, su corazón se sentía como un peso de plomo en el pecho. —Sólo quería explicarte, decirte la verdad, a…

Ella le cerró el paso con la fusta, empujándola contra su pecho.

—No te alejes de mí. Tú pediste verme, insististe en ello.

—Porque tenía la estúpida idea que te preocuparías por mí, que era posible que desearas ayudarme a descubrirme sexualmente. Pero ahora entiendo que eso sería demasiado desagradable para ti.

—Eso no es lo que dije. —Bella suspiró—. ¿Por qué yo? No soy la mujer que pensaste. ¿No preferirías a una debutante joven que fuese demasiado ignorante para entender mejor tus preferencias y probablemente ajena a participar en ellas si fueses cuidadoso?

— ¿Y vivir mi vida en una mentira? ¿Incapaz de compartir mi yo verdadero con la mujer con la que decida casarme? —Vaciló, haciendo que sus miradas se encontrasen. —Prefiero vivir con una mujer que sepa lo peor de mí y me ame a pesar de todo. ¿No preferirías tú una relación así?

—No es lo mismo, ¿verdad? Un hombre puede desviarse sexualmente, y nadie piensa nada mal de ello. Si una mujer casada es infiel, ella se convierte en un objeto de desprecio.

—Bella, ¿piensas realmente que creo que eres un objeto de desprecio?

—No, prefieres fingir que era totalmente inocente sobre cualquier cosa que ocurrió en mi matrimonio, y no es cierto. ¿No me oíste decir que me hubiese acostado con Harry si eso hubiese significado que Jacob se quedase junto a mí? Estaba tan obsesionada en ocultar mi pasado, y en convertirme socialmente aceptable, que estaba dispuesta a hacer casi cualquier cosa.

— ¿Y qué? Te conozco Bella. Eres increíblemente leal, y puedo entender que habrías hecho cualquier cosa para salvar tu matrimonio.

—No es tan simple. —Ella luchó para encontrarse con su mirada. —Estaba intrigada con la idea de acostarme con dos hombres.

Edward sonrió.

— ¿Y piensas que eso me impresiona? Vi el modo en el que reaccionaste cuando David me ató. Sé que disfrutaste de ello.

— ¿Entonces te sentirías cómodo conmigo follando con cualquier hombre que quisiera?

Él agarró la punta de la fusta, dirigiéndola hacia su cuerpo.

—Si fueses mía, no tendrías que joder con otro hombre.

— ¿Porque tú los follarías por mí?

Él la miró a la cara, absorbiendo su dolor, junto al suyo, permitiendo que las emociones que fluían dentro de él se solidificaran y condensaran, para sacarlas fuera, hacia ella.

—Bella, te amo, ¿no lo entiendes?

— ¡Eres indignante! —Trató de darle una patada en la espinilla, él la acercó a él aún más.

—Yo sólo follaría a otra persona si tú me lo pidieras. En verdad, es probable que me gustara si lo hicieses. Y sólo a hombres. No querría a otra mujer que no fueses tú. —La besó en la coronilla—. Tienes razón, no debo ser egoísta. Si lo preguntases amablemente, te dejaría participar. —Vaciló. —Y por supuesto, si me pidieses que no tocase a nadie más que a ti, trataría de hacer eso también.

— ¿Quieres decir que después de todo lo que acabas de decir, estarías dispuesto a renunciar a todos tus gustos sexuales por mí?

Él suspiró.

—Seguramente lo intentaría. No sé lo que quiero. No sé lo que desear y de lo que puedo prescindir. —Ella trató de alejarse, pero él la sujetó. —Estoy tratando de ser honesto, Bella. ¿Puedes al menos darme crédito por eso?

— ¿Qué quieres que haga entonces?

— ¿Ayudarme? ¿Explorar todas las posibilidades conmigo?

Lo miró, su labio inferior atrapado entre sus dientes. Él inclinó la cabeza, lamiendo el punto sobre que había mordido, probando su sangre. Ella gimió cuando su lengua se deslizó en su boca, tomando posesión en un duelo con la suya. Ella se retiró, jadeando.

— ¿Por qué haría eso?

— ¿Porque me quieres? ¿Porque te preocupas por mí?

— Edward, no estoy segura de ser la mujer correcta para ti. Tal vez necesitas experimentar más antes de tomar cualquier decisión.

— ¿Porque sólo he hecho el amor contigo? —La soltó, dando dos pasos hacia atrás, dejando a la vista sus pantalones abultados. —Quizás soy un hombre que por fin sabe lo que quiere.

—Pero me acabas de decir que no lo sabes.

—Lo que sé, Bella, es que eres una cobarde. —Señaló la puerta. —Prefieres que salga por esa puerta y pase los próximos seis meses probando todo lo que la casa de placer tiene que ofrecerme. ¿Crees que querría luego volver corriendo hacia ti con una lista para que puedas tomar la decisión de si podrías soportar amarme?

—No lo entiendes, no puedo arriesgarme a cometer otro error. No puedo…

—No puedes arriesgarte a amarme. — Edward hizo una reverencia. —Tengo que ir a hablar con mi padre. He decidido aceptar su oferta y convertirme en su administrador de fincas durante los próximos seis meses. No es la solución, pero al menos será una experiencia valiosa si decido diversificarme por mi cuenta otra vez.

Recogió su abrigo y su chaleco y se dirigió hacia la puerta, con la boca incómodamente seca cuando se tragó su agonía.

—Adiós, Bella. Avísame si cambias de opinión.

— Edward …

Él oyó el ruido de la fusta en el suelo, pero no podía volver atrás. Lo había arriesgado todo y había perdido, pero también había aprendido algo. A pesar de su angustia, no podía volver a la vida que había llevado antes. Hizo una mueca en la oscuridad de la escalera. Quizás debería seguir su propio consejo y empezar una carrera de desenfreno y verdadero libertinaje. Siempre y cuando follase con mujeres, a su padre no le importaría.

Se paró bruscamente en el primer rellano. Pero no quería hacer eso. No quería a otra mujer que no fuese Bella. Brevemente, cerró los ojos. Una mañana gastada con su padre era la cura perfecta para cualquier tentación de demostración emocional que pudiera tener. Pero no curaría el dolor en su corazón, dudaba que nada lo hiciese jamás.

Bella se quedó mirando el suelo desnudo, hasta que el sonido de los pasos de Edward desapareció por completo. Había perdido los nervios, se había asustado, se puso en duda a sí misma, y finalmente había logrado apartar a Edward. Tragó con fuerza. ¿La amaba? Apretó su chal más cerca alrededor de su cuerpo.

Dios, tenía que pensar. ¿Podría soportar no verle nunca más, no tocarle nunca, no despertarse nunca con su cuerpo sobre el de ella? Tembló sólo con pensarlo. ¿Acababa de cometer una colosal equivocación? ¿Tenía Edward razón? ¿Era una cobarde?

Se dirigió hacia la puerta ya salió sigilosamente hacia el pasillo desierto. Había sucedido todo demasiado rápido. Lo conocía desde hacía sólo unas pocas semanas. Después del desastre de su primer matrimonio, tenía razón al ser cautelosa, ¿verdad? Miró por la ventana. Edward estaría ahora a mitad de camino hacia la casa de su padre, listo para comenzar una vida nueva sin ella. Oh, Dios, ¿qué había hecho?