Capítulo 24: Un intento.
El silencio se extendió, tenso, por lo que pareció una eternidad. Shang dejó caer los brazos a sus costados, temblando. El cansancio se estaba apoderando rápidamente de él, lo que confirmaba al menos la cantidad de energía que un ritual así necesitaba. Miró a Yao, los labios apretados en una línea recta. No había sido reducido a polvo —eso era una buena señal—, pero tampoco había indicios de que algo hubiera pasado realmente. Suspiró, levantándose de su sitio. Era demasiado tarde, y él estaba aquí, gastando horas de sueño en intentar revivir a una criatura que él mismo derrotó. Era absurdo. Le dio un par de empujoncitos en la mejilla con el zapato. Sin reacción.
—Al menos ten la decencia de regenerarte, como la otra vez en casa de Jia Long —se quejó entre dientes, mirándolo con un gesto mitad decepción, mitad culpa.
Nada. Se rascó la nuca, suspirando de nuevo. Ahí iban sus esfuerzos del día. Se fue a su cuarto arrastrando los pies, agotado.
