DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la trama me pertenece.
Capítulo 24
Alice P.O.V.
Me levanté de la cama y me puse mi bata para tapar mi cuerpo ataviado únicamente con la ropa interior. Sulpicia seguía sentada en la cama y me miraba con una expresión agradable. ¿Qué querría?
-Gracias por haberlo echado –le agradecí a Sulpicia con una pequeña sonrisa forzada.
-No se merecen, cariño –me dijo mientras daba palmadas en la cama para que me sentara a su lado-. ¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño?
Negué con la cabeza tomando asiento a su lado.
-No.
-Pero Jane… Jane sí que te ha hecho daño, ¿verdad? Aro me lo dijo –dijo volviéndome a coger de la mano.
-Sí –contesté secamente.
No tenía ganas de volver a pensar en eso. No tenía ganas de revivir la corta pero espantosa estada en aquella celda con Jane.
-¿Me permites? –dijo señalando mi espalda.
Había algo en ella que me hacía sentirme bien, que hacía que creyera poder confiar en ella. Asentí y me levanté delante de ella y deslicé la suave bata de seda por mis hombros hasta llegar a la cintura. De reojo pude percibir el rostro de horror de Sulpicia. Por su gesto, me convencí de que tenían más mala pinta de lo que yo creía.
-¡Ay por favor! –dijo cubriéndose la boca con la mano.
Se levantó de la cama, se puso delante de mí y me subió la bata hasta volver a tenerla bien puesta. Me la abroché, y en esos instantes se vivieron unos incómodos segundos de silencio. Me di cuenta de que el sujetador me apretaba las heridas y me hacía daño.
-Sulpicia… no es nada. De verdad –dije quitándole importancia al asunto.
No entendía por qué se preocupaba. Yo pensaba que Sulpicia me odiaba por ser el mayor deseo de su marido, pero estaba ahí, plantada delante de mí horrorizada por mis heridas, provocadas indirectamente por su marido.
-¿Pero cómo que no es nada, pequeña? –dijo.
E hizo algo que me pilló completamente por sorpresa. Alargó sus brazos y me rodeó con ellos, apretándome desde la cintura hacia ella, para no hacerme daño.
-Sulpicia yo…
-No entiendes por qué estoy aquí, ¿verdad? –me preguntó obligándome a sentar en la cama de nuevo.
-Pues no mucho. Yo creía que tú… bueno en fin. Creí que me odiabas.
-No podría odiarte –me dijo sonriendo-. Se ve que eres una chica de lo más agradable. Además, que mi marido te desee no es culpa tuya. Reconozco que he llegado a estar celosa de ti. Hace un tiempo, cuando Aro y yo teníamos intimidad, se le escapó tu nombre. Me enfadé mucho, pero nunca te he odiado, no podría. A él sí que lo odio por todo lo que le está haciendo a una chica tan linda como tú. ¿Te encuentras bien? Tienes las ojeras muy marcadas… y los ojos muy oscuros.
-Estoy sedienta –dije tocándome la garganta a la vez estando sorprendida por su relato-. Me duele mucho la garganta.
-Te he traído una cosa –dijo levantándose y dirigiéndose a coger la bolsa que había traído consigo. Regresó junto a mí y abrió la bolsa.
-No es demasiado, pero espero que consiga calmar la sed –me dijo rebuscando en ella.
-Sulpicia yo…
-Sé que no quieres la sangre humana, y yo lo respeto y es más: te admiro por ello. Toma –dijo tendiéndome una botella de agua pequeña rellena con sangre-. No hay mucha, pero espero que te baste para saciarte un poco. Es de conejo y de no sé qué más.
Me quedo sin palabras, estupefacta. No sé qué decir, ni cómo actuar. Simplemente no me esperaba este detalle por su parte. Cómo las palabras se niegan a salir de mi boca, actúo dándole un abrazo fuerte y un beso en la mejilla.
-Muchas gracias, Sulpicia –le digo-. Nadie había sido bueno conmigo durante lo que llevo aquí. Gracias.
-No me agradezcas tanto y bebe –dijo riendo.
Abrí la botella y pude oler el dulce sabor de la sangre. Me llevé la boca de la botella a mi boca y el líquido rojo empezó a descender por mi garganta, calmándola a su paso. Qué satisfactoria sensación… ¡tanto tiempo sin beber! Me acabé la botella. Aun no estaba saciada, pero al menos no me ardía la garganta.
Sulpicia, a mi lado, me miraba sonriente.
-Siento no haberte podido traer más, pero me ha costado encontrar animales –dijo en tono de disculpas.
-Muchas gracias por esto, Sulpicia. Nunca voy a poder agradecértelo –dije cerrando la botella vacía.
Ella me quitó la botella de las manos y la metió de nuevo en la bolsa. Rebuscó en la bolsa y sacó una caja pequeña, que me tendió inmediatamente.
-Toma –me dijo.
Abrí la caja. Dentro había un bolígrafo, hojas de papel y sobres para cartas.
-Aro controla lo que les dices a tu familia siempre que puede. Puedes escribirles cartas y yo personalmente me encargaré de llevarlas a correos, sin que Aro se entere.
-¡Oh! ¡Muchas gracias! –le dije-. Ya sabía que Aro siempre estaba pendiente de mis llamadas, e incluso había pensado en comunicarme con ellos de otra forma.
-Pues ahora ya la tienes.
Supe que podía confiar en ella. No sería necesario emplear el libro como mensajero, aunque lo haría igualmente… sólo por si acaso. No es que no me fiara de Sulpicia, pero Aro era muy listo y no quería poner en peligro a Sulpicia por mi culpa.
-Me voy ya, no sea que a alguien se le ocurra venir y vea todo esto –me dijo.
Se levantó y se dirigió hacia la puerta, pero antes de que pudiera salir por ella, me abalancé sobre ella y le di otro abrazo. Al fin había encontrado una amiga en aquel infierno italiano.
-Gracias –le dije-. Me alegro de haber encontrado una amiga.
-Y yo también –me dijo.
Salió por la puerta, y me quedé allí en la habitación durante un largo rato. Estaba aburrida, pero prefería estar aburrida que estar con Aro haciendo algo.
A media tarde decidí salir de mi cuarto y me fui a arreglar las flores del precioso jardín del castillo. No había nadie por los pasillos.
Cogí mis herramientas de poda, podé algunos setos y quité las flores secas de los rosales. Con un cubo, cogí el agua del pozo y me puse a regar las hermosas plantas, que lucían espléndidas bajo aquel sol abrasador que hacía que mi piel brillara en miles de destellitos.
De repente, escuché un extraño ruido del fondo del pozo. Me acerqué y empecé a mirar adentro. Seguro que fueron imaginaciones mías, me dije a mi misma al comprobar que no había nada.
Volví a mi faena, pero volví a escuchar un ruidito providente del interior del pozo. Volví a acercarme, pero no se veía nada.
-¿Hay alguien ahí? –pregunté, aun sabiendo que no iba a obtener respuesta alguna.
Pero para mi sorpresa, sí que obtuve respuesta.
-¡Miau! –escuché.
¡Un gato! Había un gato dentro del pozo.
Agudicé la vista y efectivamente, allí, en un pequeño saliente había un pequeño gatito asustado.
Bajé el cubo, para que subiera, pero estaba tan asustado que no pudo moverse. Así que cambié de táctica: bajaría yo.
Estaba a bastante profundidad, pero gracias a mi agilidad y a mi poco peso, descendí por la cuerda hasta llegar a atrapar al pequeño felino, que rápidamente se arrojó sobre mí, clavándome sus uñas, pero no me hizo daño. Volví a subir por la cuerda, hasta volver a salir al jardín. Una vez fuera, miré a mi alrededor, asegurándome que nadie me había visto, y me senté en el suelo detrás de unos arbustos.
-Hola pequeño –le dije al gatito acariciándolo.
Era un gato precioso. Tenía el lomo negro, y las patitas y la barriga blancas. Tenía cara de asustado y se aferró a mí con las uñas. Me miraba con una cara de ternura que no me pude resistir. Lo cogí en brazos y le di un abrazo. El ronroneó ante mis caricias y justo en ese momento decidí que me iba a quedar con él. ¡Sería mi amigo secreto!
Ninguno de los Vulturis debía enterarse nunca de la existencia del pequeño gatito. Metí al gato dentro de mi chaqueta y me dirigí corriendo hasta mi habitación. Una vez allí, cerré con llave y dejé al gato en mi cama.
Me senté con él y lo abracé. Él se quedó quieto, estaba tranquilo.
-Chis… no te preocupes. No te haré daño –le dije acariciándole el lomo. ¡Era una ricura!-. Tenemos que pensar un nombre, ¿no te parece?
El gato ronroneó y se puso aun más cerca de mí.
-A ver… ¿cómo te podrías llamar? –pensé durante un rato mientras seguía acariciándole-. ¡Ya está! ¿Qué te parece Jazz?
¡Sí! Ese nombre me gustaba, así parecería que Jasper está más cerca de mí.
Le di un besito en la cabeza a Jazz y cogí el teléfono para llamar a Jasper.
-¿Alice? ¡Qué alegría escuchar tu voz de buena mañana! –dijo en un tono bastante alegre.
-Buenos días mi amor –lo saludé-. ¿Qué estás haciendo?
-Estaba jugando con Emmett a la consola… intentan mantenerme distraído las veinticuatro horas del día.
-Eso está bien –dije. Menos mal que mi familia estaba cumpliendo lo que me prometieron-. ¿Sabes qué?
-¿Qué? ¿Vuelves casa? –me preguntó esperanzado.
-No aun no –Escuché un gruñido-. Sulpicia y yo nos hemos hecho amigas.
-¿En serio? Me alegro por ti cariño. Al menos sé que no estás sola. Te echo mucho de menos, Alice. Te necesito.
-Y yo a ti, cariño. Te prometo que pronto volveré, de verdad.
-¡Quiero hablar con ella! ¡Quiero hablar con ella! –escuché la voz de Emmett al otro lado del teléfono.
-Alice, te paso a Emmett un momento.
-De acuerdo.
Me apetecía mucho hablar con mi hermanito. Cómo echaba de menos sus bromas…
-¡Enana! ¿Cómo estás? ¿Me echas de menos? ¿Te tratan bien? ¿Tengo que matar a alguien? ¿Por qué no me has llamado a mi móvil? ¡Soy tu hermano! ¿Volverás pronto? Te quiero.
-Estoy bien, oso pardo. Sí, te echo de menos. No puedo quejarme. No estaría mal que mataras a más de uno. ¡Por que a través de Jasper ya os enteráis de todo!, además que me tienen muy vigilada. No sé cuando volveré. Y o también te quiero –dije respondiendo a una y cada una de sus preguntas.
-Todos aquí te echamos mucho de menos… Rosalie está destrozada. No nos lo dice, pero sólo hace falta verle la cara. No han ido de compras, ninguna de ellas. Dicen que les recuerda demasiado a ti. Hazme el favor y llámala.
-De acuerdo. Tengo muchas ganas de hablar con ella. Luego la llamaré.
-¿Y tú qué? ¿Has ido de compras?
-Pues… no.
-¿¡CÓOOOOMOOOO!? ¿No has ido de compras en más de dos semanas? ¡Ay por Dios!
-¡No me lo recuerdes que me entra un trauma! –dije bromeando. La verdad era que las compras poco me importaban en ese momento.
Seguí hablando un rato con Emmett ¡cuánto lo echaba de menos! Y luego volví a hablar con Jasper.
-¿Y si yo voy a hablar con Aro te dejará volver?
-¡Ni se te ocurra! –le grité.
Grité tan fuerte que el Jazz el gato se cayó de la cama.
-Jazz cariño, ¿estás bien? Ooooii mi niñito que se ha caído de la cama. Ya está, ya está- dije acariciándolo. Pero volvió a saltar de la cama.
-¿Alice? ¿Con quién hablas? –preguntó un estupefacto y sorprendido Jasper al otro lado de la línea.
El gato se metió en el armario y empezó a escarbar mis prendas.
-¡Jazz! ¡No, no! ¡Fuera de ahí! –le dije al gatito-. No seas malo, va. Veeeeeeeeeeeeeen. ¡Ay mi cielito!
-¿Alice?
-¡Perdona Jasper! –dije a mi marido cuando saqué a Jazz del armario-. Es que Jazz se ha asustado y entró en mi armario.
-¿Quién es Jazz?¿No era yo?
-Mi gatito –le dije-. Sí tú también lo eres, ¿por qué te crees que lleva ese nombre? ¡Por ti tonto! Me lo encontré en el pozo del jardín y lo he adoptado. Es negro y blanco. Es muy cariñoso. Ya verás cómo te encariñarás con él cuando regrese a casa.
-No sabes lo contento que me pone que no sólo hayas hecho una amiga sino que también tengas una mascota. Seguro que me encantará.
Seguimos hablando y luego nos despedimos, prometiéndole llamar más tarde. En cuanto colgué, decidí llamar a Rosalie, que seguro que estaba de caza con mamá.
-¿Alice?
-¡Rosalie! ¿Cómo estás hermanita?
-Oh Alice… -me respondió. Pero su voz era triste. Emmett tenía razón, estaba mal.
-¿Estás bien? ¿Rosalie?
-Lo siento, lo siento. No, no estoy bien. Te echo de menos Alice. ¿Cuándo vuelves?
-Pronto, Rose. Te lo prometo. ¿Está mamá contigo?
-Sí, tengo el manos libres puesto.
-¡Hola mi pequeña! –me saludó Esme-. ¡Te quiero tanto!
-Yo también te quiero mamá.
Hablé un buen rato con ellas, en el que las tres acabemos llorando desconsoladas, y eso me partió el corazón. Era consciente de que intentaban hacerse las duras ante la resta de la familia, pero por lo que vi, al escuchar mi voz se derrumbaron. A Jasper le pasa igual, pero él también se hacía el duro conmigo. Lo notaba en su manera de hablar… estaba destrozado, pero quería aparentar normalidad ante mí, para que no me preocupara.
Me tumbé con Jazz en la cama y me dejé llevar por mis recuerdos. Mañana sería un día duro. Seguro.
Rosalie P.O.V.
Aunque quisiera hacerme la dura ante todos, me pasaba las noches enteras llorando a escondidas en el baño. No quería que Emmett me viera, aunque era consciente de que me escuchaba, pero respetaba que quería estar sola.
Alice me hacía mucha falta. ¡Éramos hermanas desde hacía mucho tiempo! Le prometí que nunca dejaría que le pasara nada, y no lo he podido cumplir. Haría cualquier cosa para que Alice estuviera conmigo.
Ya llevaba más de dos semanas fuera, y se me están haciendo insoportables. Delante de mi familia me hacía la fuerte, no quería que vieran que estoy sufriendo. Jasper es el que peor lo está pasando. Cuando habla con Alice por teléfono se le ve feliz, pero en cuanto cuelga, vuelve a parecer un zombi. Se pasa el día en su habitación, pero entre todos lo sacamos para que haga cosas. Nessie es la que mejor lo hace, pues Jasper cuando está con ella está un poco menos infeliz. Me da mucha lástima por él, porque para mí es como si fuera realmente mi gemelo. Nos entendemos a la perfección, es el hermano perfecto. Por eso, además de porque quiero muchísimo a Alice, una de las cosas que más me duelen de la partida de Alice es por Jasper. Está destrozado y me duele verle así.
Fui a cazar con Esme cuando sonó mi teléfono móvil. Era Alice.
-¿Alice? –pregunté para asegurarme que era ella y poniendo el manos libres para que mamá, que estaba a mi lado con una sonrisa, pudiera escucharla.
-¡Rosalie! ¿Cómo estás hermanita? –respondió su preciosa voz que tanto había extrañado. Se me encogió el corazón, dificultándome el habla.
-Oh Alice… -respondí como pude.
-¿Estás bien? ¿Rosalie? –preguntó. No quería preocuparla, así que intenté cambiar el tono de voz.
-Lo siento, lo siento. No, no estoy bien. Te echo de menos Alice. ¿Cuándo vuelves?
-Pronto, Rose. Te lo prometo. ¿Está mamá contigo?
-Sí, tengo el manos libres puesto –dije mirando a Esme.
-¡Hola mi pequeña!–me saludó Esme-. ¡Te quiero tanto!
-Yo también te quiero mamá.
Hablar con Alice me había ido muy bien, aunque eso hizo que mi añoranza por ella aumentara. Ansiaba tanto tenerla a mi lado, yendo juntas de compras y de caza, hablando de cosas de chicas…
Esme estaba igual de emocionada que yo. Era consciente de que ella también lo estaba pasando muy mal, al fin y al cabo Alice era su hija. Aunque no hay nadie de esta familia que no la eche de menos. ¡Es tan fácil querer a Alice! Incluso los chuchos, cada vez que llegan a nuestra casa lo primero que hacen es preguntar si hay noticias de Alice. Eso ha hecho que me caigan mucho mejor.
Llegamos a casa, los chicos estaban jugando a la consola, incluso Carlisle, pero Jasper no. Jasper estaba sentado en uno de los sillones mirando por la ventana. Seguro que Alice lo había llamado hacía poco.
Me acerqué hasta donde él estaba sentado y le cogí de la mano. Hice que se levantara y me lo llevé escaleras arriba hasta la biblioteca, donde cerré la puerta una vez dentro. Necesitaba estar un rato a solas con él.
-¿Rosalie, te pasa algo? –me preguntó.
-Me ha llamado Alice –dije con una pequeña sonrisa y con la voz temblorosa.
-¿Qué te ha dicho? –dijo rodeándome con los brazos. Apoyé mi cabeza en su pecho y rodeé su cuello con mis brazos.
-Que espera volver pronto, que Sulpicia y ella se han hecho amigas y que me echa de menos.
-Alice te quiere mucho, lo sabes.
-Sí, y yo a ella –dije sollozando-. La echo mucho de menos –dije ya llorando.
Jasper me levantó el rostro y me dio un beso en la mejilla, rozando después su nariz con la mía.
-Lo sé –me dijo-. Sé lo que sientes.
Levanté la mirada y vi que Jasper estaba triste, y me sentí culpable por ello.
-También te echa mucho de menos a ti –dije besándole la mejilla-. ¿Crees que volverá pronto?
-Eso espero. Estas dos semanas han sido terribles. No creo poder aguantar mucho tiempo sin ella. Mi vida no tiene ningún sentido sin ella. Tengo una familia a la que quiero y que me quiere… pero… Alice es…
-Alice es la luz que ilumina tu vida. Lo sé. Sólo hace falta ver cómo la miras cuando está a tu lado. Estoy segura que Aro la dejará volver pronto.
-¿Sabes lo que más me preocupa? Que la noto rara. Tiene la voz rara. Me preocupa que Aro no le esté permitiendo cazar.
-¿Se lo has preguntado a ella? –Él asintió-. ¿Y qué te ha dicho?
-Que los animales de allí no la sacian demasiado, pero yo creo que me miente.
-¿Quieres decir que crees que Aro no le permite ir a cazar? –le pregunté alarmada.
-Espero equivocarme, pero creo que sí –dijo bajando la mirada-. No creo que Aro le consienta demasiado que se alimente de animales, él quiere que sea igual que él.
Lo consolé durante un largo rato, estaba triste aunque se hacía el fuerte. El amor que hay entre Alice y Jasper era muy fuerte, tan fuerte que nadie podría romper nunca los lazos que había entre ellos.
¡Hola! ¿Ven? No he tardado xD pues tenían ustedes razón: Sulpicia se ha hecho amiga de Alice… menos mal, ¿no? Y no sólo se ha hecho amiga de Sulpicia, sino de un hermoso gatito (la descripción de gatito es del mío, que en realidad se llama Rem xD) me da mucha penita Rosalie… sólo les diré que mientras escribía su trocito se me han saltado las lágrimas imaginándome la situación… con Jasper también destrozado consolándola también… aix
En el próximo capítulo, Alice hará otr amig (y el últim que hará en Volterra de momento)… ¿adivinan quién es? Una pista: Jane no será xD
Espero que les haya gustado el capítulo, y prometo estar aquí muy prontito! Tengo muchas ideas, mis musas están inspiradas, y con muchas ganas de escribir este fic! ^^ el martes habrá otro capi ;D
Gracias a todas por sus maravillosos comentarios que tan feliz me hacen ^^
Besos,
Christina.
