Naruto y sus personajes no me pertenecen.

"Pensamientos".


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Capítulo 24

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Si pudiera ser dueño de una máquina del tiempo, me gustaría viajar y borrarte de mi vida.

Escuchó la melodía del violín, ir y venir con el viento cálido que chocaba contra su rostro, y que a veces se mezclaba con el ruido de la calle y las sirenas de policía a lo lejos. Sasuke se había tomado en serio lo de practicar y componer canciones, y realmente se le veía mucho más animado de lo que nunca antes lo fue.

Ino lo observaba, haciéndole compañía en el balcón, tarareando algunas palabras tontas que pretendían darle letra a la hermosa música de Sasuke. Y aunque él brillara tan perfecto y tan hermoso, con el torso al descubierto y shorts oscuros, no podía remediar sus pensamientos, y evitar caer en lo mucho que aquel hombre lograba inquietarla.

No podía existir relación entre él y Sasuke. Y, sin embargo, las coincidencias eran muchas; por más vueltas que le diera a su cabeza, no conseguía calmar su ansiedad.

—Sasuke —lo llamó cuando éste terminó de tocar y le besó en los labios—. Tú tienes un hermano mayor, ¿cierto?

El joven de inmediato frunció el ceño. Ino sabía que se encontraba caminando por un terreno turbio hacia el pasado de Sasuke, poniéndolo a prueba con un tema que era bastante delicado, que podía traer de regreso los malos recuerdos, pero, aun así, se animó a continuar.

—Cuéntame algo de él.

—¿A qué viene tu repentina curiosidad en mi hermano? —chasqueó la lengua, Ino se sobresaltó.

—Te equivocas, Sasuke, no es acerca de tu hermano sino de ti —lo tocó por el hombro y pudo ver su semblante severamente consternado—. Somos pareja… o al menos tenemos algo, algo romántico. No lo sé —se rascó nerviosamente la cabeza y el pelo se le enmarañó—. Pero nos queremos, y eso es suficiente para hacerme creer que puedes confiar en mí, y liberar de una vez todo lo que hasta ahora has evitado contar.

Sasuke se metió a la alcoba, pasándose una toalla por el cuerpo sudoroso.

—Ya te conté lo suficiente de él. ¿Qué más quieres saber? —habló con resentimiento, como si estuviera reviviendo una a una las pesadillas de su niñez. Dejándose caer en la cama, contempló el techo con una mirada vacía que provocó que Ino se mordiera la lengua por imprudente—. Quizá estés interesada en aquella ocasión que se burló de mí mientras mi padre me golpeaba. ¿O prefieres que te diga lo mucho que me desprecia y me odia? Tal vez, pueda contarte cuando él me vendió a otro país para mantenerme alejado de los negocios. De él —rió sarcástico—. ¿Qué es lo que quieres saber? Porque tengo mil historias fascinantes sobre mi hermano y yo, y en todas me odia.

Por un momento, Ino se sintió tan torpe como un pez fuera del agua. ¡Había metido la pata otra vez!

—No me refiero a eso, Sasuke —se sentó junto a sus pies y apoyó ambas manos a las rodillas del azabache, éste bufó—. No solamente a lo malo. Háblame de lo bueno.

—Tks. Me molesta tu interés, Yamanaka, y no sabes cuánto —los resortes del viejo colchón chirriaron cuando Ino se acostó a su lado y lo abrazó por el abdomen, mirándole suplicante—. Pero sé que contigo no tengo opción. No sabes quedarte callada, ni cuándo rendirte.

Ino sonrió alegremente, aunque en el fondo percibía miedo. ¿Qué clase de cosas podría contarle Sasuke de su hermano? Le asustaba descubrirlo.

—Itachi era… —guardó silencio.

—Itachi… —repitió en un susurró que Sasuke no pudo escuchar.

Una sensación de malestar la acompañó al mismo tiempo que lo nombraba mentalmente. Itachi, Itachi, Itachi. El mismo nombre que llevaba el misterioso "diablo" que la escuchaba cantar todos los días.

Ino dirigió una mirada rápida a Sasuke, notando lo intranquilo que se ponía y los ojos oscuros que viajaban turbadamente por la habitación. Quizá era buen momento para detenerse, aunque ni siquiera habían comenzado.

—Itachi era la persona que más amaba en el mundo, creo que te lo dije —concluyó, demasiado tarde como para detenerlo—. Siempre creí que era afortunado por tener un hermano como él. Sentía que todo lo demás servía de nada si él estaba conmigo y me protegía. Nunca me importó que mi padre no nos hiciera caso, porque Itachi se ocupaba de las cosas que Fugaku no —hizo una pausa para aclararse la garganta. ¡Se notaba el esfuerzo que le ocasionaba aquella charla!—. Cuando era niño, Itachi se metía a la cocina de noche para robar caramelos o pedazos de tartas de chocolate, cosas que teníamos prohibido comer, y entraba de puntillas a mi cuarto para compartirlo.

Sasuke se quedó callado, levantando la mano derecha al cielo como si pretendiera tocar la imagen de su hermano, pero ésta se desvaneció en sus dedos. Él suspiro largamente y se dio la vuelta. Ino acarició su espalda y la besó.

—¿Qué ocurrió después, Sasuke?

—Lo que pasa en todas las familias: crecimos.

—No puedo creer que haya actuado de esa forma. Tu hermano siempre fue muy amable contigo, ¿qué lo habrá hecho cambiar? —recostó la cabellera dorada encima de él—. Debe haber una muy buena razón para justificarlo.

—¿Lo quieres justificar? —se mofó—. El dinero es la justificación que buscas.

Ino se encogió de hombros y no preguntó nada después de unos minutos.

—¿Cómo es él? Físicamente.

—¿Qué? —apretó el ceño y la miró.

—¿Se parece a ti, tal vez?

Chasqueó la lengua una vez más.

—Es alto. Es como yo… No sé. ¿Qué se supone que deba decirte, que es guapo?

Ino carcajeó sonoramente.

—Si es como tú, seguramente lo es.

—No lo sé, Ino. Pasaron tres años, no estoy seguro de que sea igual a como lo recuerdo; incluso yo crecí, puede que esté a su altura ahora, como puede que yo sea más alto.

—¿Y cómo luce en tus recuerdos? —Sasuke le echó un vistazo confundido, e Ino se adelantó a la pregunta que le estaba formulando con sus ojos—. En Japón escuché mucho de él en las noticias y en las revistas, pero nunca vi su rostro. Tengo curiosidad, es todo.

Él respiró hondo, rendido.

—Supongo que en apariencia somos casi idénticos: cabello y ojos oscuros. Pero Itachi se dejó crecer el pelo durante su adolescencia, desde entonces se lo ata en una coleta, como una niña —se burló.

Ino abrió los ojos, y tuvo que esconderse entre la almohada para que Sasuke no tratara de analizarla.

Un hombre de cabellos oscuros que peinaba en una coleta, y ojos igual a los que seguramente el diablo tendría.

—Sasuke… —habló bajando la voz, provocando que Sasuke se acercara para escucharla—. ¿Quieres apagar la luz? Ya es muy de noche y debemos dormir.

Se ocultó de él. Seguramente Sasuke se posaba con una mueca única, de confusión y estupefacción. Para sorpresa de ella, él no la cuestionó sobre su actuar incongruente, en cambio, la obedeció al momento de apagar la lámpara.

Comenzó a besar sus hombros, trazando líneas horizontales por todos sus brazos, marcando y mordiendo la piel de Ino. Ino jadeó ante el inesperado contacto, pero no se quejó. No obstante, aunque disfrutaba del placer que Sasuke ocasionaba en ella, en esa ocasión no se sentía tan accesible. En su mente todavía rondaba la idea de que el hermano de Sasuke y el diablo que ella conocía, eran la misma persona.

Sasuke acarició sus pechos con desesperación y en un segundo se puso encima suyo para levantarle la blusa y besar sus senos desnudos. Ino gimió cuando la cálida lengua de Sasuke se enroscó en su pezón. Los espasmos se trasladaron a su columna vertebral y tiró de los cabellos azabaches.

Después de un minuto, Sasuke se detuvo y le besó en la frente, luego adoptó de nuevo su cómoda postura a lado de Ino.

—Duérmete ya.

Ordenó secamente y cerró los ojos, como si el sueño lo hubiera vencido. Ino se quedó estática, con la sensación ardiente de los labios de Sasuke y la saliva fresca en sus pezones. Probablemente Sasuke había adivinado su sentir, o había percibido su renuencia; esperaba que se tratara de lo primero. De todas formas, no pudo evitar sonreír bobamente y regresarle el beso en las mejillas.

—Te amo, gruñón.

Susurró en su oído y se tapó con una manta.

Ino lo contempló a lo lejos, muy seguro de sí mismo y con aquella aura poderosa a su alrededor. Él la vigilaba con sus penetrantes ojos y una sonrisa ladina en el rostro.

Al terminar sus canciones, Ino se quedó quieta, como esperando la llegada del diablo hasta su lugar. Efectivamente, no bastaron ni tres segundos para que él se acercara lentamente. Ella lo saludó con una seña y sonrió.

—Te has escuchado fabulosa el día de hoy —felicitó con una expresión más serena—. Toma.

—¡Oh! No, lo de los 50 euros era sólo una broma —negó con las manos los billetes que el hombre le extendía—. Guárdalos, Itachi, no los voy a tomar.

Itachi rodó los ojos y luego rió.

—Al menos acepta mi invitación a comer.

Ino lo meditó. No podían ser la misma persona; el hermano de Sasuke era, sin duda cruel y despiadado. Él, en cambio, era alguien más amable cuanto más lo conocía, el apodo del diablo ya no le venía a juego.

—No… yo no debería —movió la cabeza en negativa—. No te conozco muy bien, y debo decir que tu traje negro me pone increíblemente inquieta.

Él inquirió una ceja, levantando una parte de su saco para mirarse.

—Bueno, se supone que sea así —escapó una risilla ante los ojos sorprendidos de Ino—. No soy un mafioso.

—Realmente espero que no seas uno —le palmeó amistosamente el hombro, y ahora fue el turno de Itachi para sorprenderse—. Te diré algo: aceptaré una invitación tuya a comer, el día que vengas a escucharme con ropa normal —lo observó discretamente de arriba a abajo—. Ropa informal. Jeans, camisetas; seguro tienes algo de eso, ¿cierto?

Se encogió de hombros. Ino levantó la cabeza para mirarlo directamente, dándose cuenta de que apenas y alcanzaba su mandíbula. Él era, muchísimo más alto que Sasuke.

—Te veo mañana, Ino.

Alzó la mano para despedirse mientras le daba la espalda y caminaba en dirección opuesta. ¿Se habría molestado con su propuesta?

Aprendió a conocer a Ino más de lo que imaginó, supo interpretar sus gestos, sus palabras y también su silencio. La había visto sonreír un millón de veces, la vio jugar como niña en más de una ocasión, la vio al borde del llanto, en sus momentos de crisis, la vio con el cabello despeinado al despertar, la vio desnuda y la vio retorcerse de placer en sus brazos. Sasuke conocía mucho de ella.

Intuía que algo le sucedía, no algo malo, pero algo que la tenía distraída la mayor parte del tiempo.

—¡Sasuke! —gimió, acalorada, con el cabello pegándosele a la cara.

Sasuke la embistió una vez más, jadeando por el éxtasis. Ino enredó los brazos a su cuello y le besó la clavícula.

Los gemidos de Ino inundaron la habitación, y Sasuke se aferró con fuerza a sus glúteos, marcándolos con sus manos para llegar más profundo en su interior. Los fluidos corrían y humedecían la cama, entre gritos de excitación y el sonido de sus genitales chocando.

Ino llegó al clímax, abriendo los labios en una perfecta "o", y su imagen fue suficiente para que Sasuke alcanzara el suyo. La penetró con más intensidad hasta que no pudo soportarlo más y terminó derramándose dentro de ella.

Se quedó unos segundos encima del cuerpo de Ino y besó sus labios.

Ino podría estar ocultándole algo, pero no le importaba, porque la amaba. Sasuke también había comprendido que Ino podía llegar a ser tan frágil, y que de vez en cuando necesitaba su espacio, al igual que él. No eran la típica relación sin secretos; ambos sabían que había cosas que podían ser guardadas únicamente para uno mismo, y eso estaba bien.

—Ino —exclamó, aún con la respiración entre cortada—. Hoy me llegaron noticias de Hidan.

La rubia le prestó atención, abrazando el cuerpo desnudo de Sasuke.

—¿Logró llegar hasta Taiwán?

Él negó.

—Está en prisión.

—¿Es en serio?

Asintió, acariciando el antebrazo de Ino.

—Lo juzgaron como a un parisino —se aproximó a sus labios y los besó con devoción—. Le haré una visita. Quiero ir primero yo y asegurarme que no hay peligro para que después me puedas acompañar.

La platinada iba a protestar, pero Sasuke fue firme y duro.

—Vuelves con traje —refunfuñó. Itachi rió suavemente.

—No dispongo de tiempo suficiente para ir a cambiarme antes de venir a escucharte.

—Un hombre ocupado —se llevó una mano al mentón—. Me pregunto en qué consiste tu trabajo.

Itachi ladeó los hombros.

—Sólo trabajo por aquí y por allá.

Ino extendió sus ojos azules.

—¡¿Eres traficante?!

Itachi carcajeó sonoramente, mostrando sus dientes blancos. La expresión de su cara le transmitió una sensación desconocida a Ino que provocó que se sonrojara tenuemente. Ocultó el rostro para evitar que él le mirara.

—Sólo soy un hombre ocupado. ¿Aceptarás mi invitación a comer?

—No, pero tengo una idea mejor —le guiñó un ojo. Se apresuró a guardar sus cosas en el estuche de guitarra, y de su bolso sacó una bolsa de papel—. Puedo compartirte de mi almuerzo. Tengo suficiente para dos.

El hombre pareció no estar de acuerdo, pero Ino lo tomó de la mano y lo guió hasta una banca. Le tendió un pedazo de emparedado que sacó de la bolsa.

—Te gustará. Yo misma lo preparé —dijo y luego le dio una gran mordida a su mitad.

Itachi observó el trozo de pan con carne en sus manos.

—Al parecer eres una chica con muchas cualidades —olfateó el sándwich—. ¿Puedo preguntar tus razones para cantar en la calle? Estoy seguro que con tu voz podrías gustar de cualquier disquera.

—No, no —se apresuró a tragar el pedazo que tenía en la boca—. Mi sueño no es convertirme en cantante. Si canto en público es porque es el único medio que tengo para ganar monedas.

Él hizo una mueca inconforme.

—Hay muchos otros medios para ganar dinero. El tráfico de órganos, por ejemplo.

Ino casi se ahoga con su comentario. Itachi rió con su reacción, dándole suaves golpes en la espalda.

—No quiero encajonarme con un trabajo estable ni nada parecido. Regresaré a Japón muy pronto.

Miró que Itachi mordía el emparedado y luego abrió los ojos, como diciendo que sí se podía comer, y se sintió ofendida.

—Y, ¿cuál es tu sueño? —preguntó al cabo de dos mordidas.

—Mi sueño… ¡Las cámaras y la fotografía!

—Entiendo —sacudió las migas de pan que quedaron en su traje—. Con tu físico no dudo que seas exitosa. Eres muy hermosa.

Ino se ruborizó hasta la frente.

—Tú... ¿tú crees que soy hermosa?

—No sólo hermosa. Tú le das otro significado a la palabra, eres más que eso —aseguró—. Serás la modelo más bella.

—¡Oh! —separó los labios asombrada—. Yo no quiero ser modelo. En realidad, yo soy fotógrafa profesional. Lo que deseo es viajar por el mundo y tomar unas cuantas fotografías.

Él cerró los ojos, y el cabello azabache se movió suavemente por la brisa primaveral. Extendió sus largas manos y accidentalmente tocó la de Ino, posando la suya encima de la de ella. Ino enrojeció en mayor medida, sintiendo que sudaba hasta por las axilas, incómoda de repente por su contacto, pero sin atreverse a quitar su mano.

—Me da gusto saber, entonces, que soy uno de los afortunados que puede admirar tu belleza.

Se animó finalmente y apartó su mano. Itachi abrió los ojos al percibir el movimiento brusco.

Ella carcajeó para destensarse y se colgó la guitarra a la espalda, poniéndose de pie.

—¡Mira la hora! —fingió mirar su muñeca, pero no tenía ningún reloj—. Debo irme ya.

Dio unos pasos apresurados, sin despedirse.

—Espera —la tomó por el codo—. No quería ser inoportuno. Disculpa.

—Yo… —titubeó—. No te preocupes.

—En realidad eres la única persona con la que he hablado desde que llegué a París —se puso serio—. Si estás de acuerdo, me gustaría verte el fin de semana.

—¿Verme?

—Una cita.

—¿Eh? —su corazón palpitó apresuradamente.

—No lo tomes de esa forma si no lo quieres —sonrió—. Sólo digamos que podrías mostrarme algunos lugares de París, tú puedes tomar muchas fotografías, y podremos conocernos un poco más. Además, te prometo que usaré ropa cómoda.

Ella lo pensó sabiamente. Tendría una oportunidad para aclarar sus dudas. Si resultaba ser el hermano de Sasuke, correría a decírselo, si no lo era, no pasaba nada.

—De acuerdo. Te veo el sábado a las 12 en este sitio.

Itachi asintió. Se despidieron e Ino se precipito para tomar el autobús lo más rápido que pudo.

¡Tenía que contarle a Sasuke!

Hidan se convirtió en una persona entrañable. Al principio lo odiaba, como a muchos, como a casi todo el mundo, pero en sus últimos momentos, Hidan demostró ser alguien de confianza, e inevitablemente, lo llegó a estimar como un hermano.

Se regañó mentalmente por pensar así. Hidan no estaba muerto, sólo preso. Y aunque mereciera todo lo que le pasaba ahora, no podía deshacer el nudo que le ocasionaba verlo sometido a un lugar como ése.

No obstante, el nudo de su garganta desvaneció cuando lo vio llegar con una gran sonrisa. Tenía las esposas alrededor de sus muñecas, y dos policías, verdaderamente fortachones y morenos, lo escoltaban, pero Hidan sonreía. Sasuke no dudó que su "amigo" la estuviera pasando bien, incluso en prisión.

—¡Hey! Pero si es el hombre más guapo de toda Francia en persona —se dejó caer sobre una silla. Sasuke se sentó en el otro extremo.

—Tks. Bonito traje —ironizó.

Hidan se enorgulleció.

—¡Dime que el naranja combina con mis ojos!

Sasuke frunció la boca demostrando asco.

—¿Acaso la cárcel te volvió afeminado?

—Yo te aseguro que nunca había extrañado tanto a una mujer. Me hace falta un buen trasero… o al menos una de esas muñecas que hacen maravillas —carcajeó y Sasuke recordó lo muy ruidosa e irritante que era su risa.

—Creí que madurarías estando en prisión.

—Eso jamás pasará. Al contrario, en un lugar como este, es de mucha ayuda las bromas y el sarcasmo —hizo la señal de victoria—. Me pone muy contento que me visites, Sasuke, como un perro moviendo la cola. Después de todo lo que pasó, no te mentí cuando dije que eras mi mejor amigo.

Sasuke también podría llamarlo amigo, aunque no considerara justo para Naruto referirse a Hidan como su mejor amigo.

Hidan le preguntó sobre Ino, y Sasuke hizo un resumen sobre los hechos más relevantes después de su huida. Le contó prácticamente que Ino regresó a vivir con él, que estaba bien y que estaban más unidos que antes.

Siguieron charlando. Hidan contaba chistes y le relataba a Sasuke cómo era la prisión por dentro. Su plática era muy oscura y tenebrosa, pero Hidan siempre parloteaba animadamente.

—Recluso número 264 —escuchó a su espalda la ronca voz de uno de los policías—. Tienes otra visita.

Hidan se impresionó y Sasuke por igual; no sabía que Hidan fuera tan querido, siempre pensó que sus muchos amigos eran falsos.

Los dos se quedaron expectantes, contemplaron a un guardia al frente de uno de los pasillos, y detrás de él, la figura de un hombre. Conforme se acercaba, Sasuke pudo verlo con más claridad.

¡Oh, no! Eso tenía que ser una broma. No podía ser cierto, no, claro que no. ¿Él?

Empuñó la mano, exaltado. "Esto no es real, no es real, no es real".

Hidan también pareció sobresaltarse porque tamborileó los dedos una y otra vez.

"¡Tú!". Lo maldijo internamente. El hombre apareció frente a ellos con una sonrisa forzada y autoritaria. Entonces Sasuke lo miró con despreció, no creyendo que él estuviera de verdad ahí, después de tantos años, de tantas humillaciones.

Quiso lanzársele encima y golpearlo, pero no lo hizo.

El hombre carraspeó la garganta y lo miró también a él, totalmente ecuánime, justo como lo recordaba.

—Sasuke. Qué inesperada sorpresa, jamás creí encontrarte aquí.

Todavía su voz sonaba igual de egocéntrica.

—¿Qué haces tú aquí? —masculló con odio, sintiendo amargura con cada palabra—. ¡¿Qué haces en Francia?!

—Asuntos que no te incumben —Sasuke crujió los dientes, amenazándolo, pero éste no se inmutó—. Es una muy grata casualidad verte aquí, hermanito.

—Itachi.

Hidan tosió ruidosamente.

—Estoy muy agradecido por sus visitas, pero… ahora quisiera refugiarme en la seguridad de mi celda —dijo Hidan.

—No es el tipo de recibimiento que esperaba al verte, hermano.

—De verdad me gustaría volver a mi celda —habló Hidan, pero nadie le hacía caso. Los policías prestaban más atención a los hermanos, dispuestos a intervenir si suscitaba una pelea.

—Has crecido mucho, Sasuke.

—¡¿Qué rayos haces en París?!

—¡En serio qué tiene que hacer un reo aquí para que lo metan en su cochina celda! —gritó impaciente—. Algo muy malo va a pasar, y no quiero ser testigo del caos de estos dos hombres.

—No vine a verte a ti, es lógico —señaló a Hidan—. Tengo cosas que arreglar con este sujeto.

—Si golpeo a un policía, ¿cuánto más me tendrán encerrado? Eso es mejor que…

—Hidan —pronunció Itachi—. Tenemos que hablar.

—Demonios.

—Hermanito, después te haré una visita —le sonrió.

Sasuke lo fulminó a él y a Hidan con la mirada, los mandó a la mierda y salió echando chispas.

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Continuará

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N/A:

Gracias por leer :)

Qué opinan de las decisiones de Ino?, está bien salir con Itachi?

Gracias a quienes tienen la historia en favoritos, a los lectores fantasmas (aunque creo que no hay ninguno), y especialmente a quienes se animan a comentar. Gracias infinitas a quienes leen fielmente: ALE-SAN KATYCAT, GrayWolf, Marlen, Clary, onlyalexis, Juvia, Hitomi Fubukii y Ana de Uchiha.


Respondiendo comentarios Guest

. GrayWolf: Hola! Ojalá esté capítulo te guste. Siempre espero con mucha intriga tus comentarios, porque eres muy objetivo y me ayudas a mejorar con tus criticas constructivas. Ya irás descubriendo con qué intenciones apareció Itachi, pronto se resolverán los misterios que quedaron pendientes. GRACIAS!

. Marlen: Itachi enfermo? Puede ser, puede ser. Poco a poco salen a la luz algunas cosas del pasado. Nos acercamos al final de la historia, eso es seguro. Espero disfrutes la lectura de este capítulo.

. Clary: Tardaste mucho en volver a comentarme, pensé que te habías olvidado de mí. Cómo has estado?, espero que bien, y también espero que te guste este capítulo.

. Juvia: Hola! Qué gran gusto volver a leerte por aquí. Espero que tengas mucho éxito en tu universidad, sé que todos tenemos pendientes muy diferentes y a veces es imposible estar al corriente, así que no te preocupes. Me da mucho gusto también, que fuera de tu agrado la aparición de Itachi. La verdad es que sí vivió muy solo, sin un hermano, sin padres, y sin alguien que lo quiera, pero todo cambiará, también tendrá un final feliz. Y con respecto a Ino, bueno Itachi no sabe que Ino es novia de Sasuke, pues Sasuke nunca habló de ella con su hermano, el único que se enteró de ella fue Naruto. Ojalá que este capítulo te guste también, espero tu comentario.